domingo, 1 de julio de 2012

El Ritual de los Condenados V


Capitulo V

"El Tiempo No para"

Sombras en los espejos y Escritos en las paredes


"Sitting Ducks" Un viejo sótano a cinco cuadras de Troncor Street y Shiffield era uno de esos bares que oscilan entre ser un antro y no serlo. Por un lado la fachada estaba bastante bien, una bonita escalera con guirnaldas descendía hasta la puerta de acceso, con dos hojas de madera y vidrios donde estaban impresas letras doradas. Un gigante con la cabeza rapada y el cerebro arruinado por esteroides guardaba la valla, acompañado por la usual mujer objeto que invita a los transeúntes a pasar con sus pantalones ajustados hasta casi reventar y las tetas escapandosele por el top. Desde la calle podía escucharse rugir el "pop-rock-classic-gag-fantasy"

Música


El lugar era, como dije anteriormente, difícil de clasificar. La cerveza llegó fría y traída por una camarera de buen aspecto, pero se la sirvieron en un vaso alto de plástico y en vez de maní le dieron los odiosos palitos salados por  un supuesto faltante de ese insumo tan indispensable a la hora de ir a un bar. Puede que no se los toque en toda la noche, pero los manís deben estar allí.

Daniela resulto tener 18 años, nada muy lejos de los cálculos de Rise. Y por las actitudes y modales que la caracterizaban el Dracida supo que era una muchacha intentando parecer más adulta, cosa que seguramente  aprendió trabajando en "Chikis" donde la clientela tendía a pasarse de la raya con los halagos y ser de mano larga con las chicas.

Rise y Daniela bebieron una o dos cervezas charlando de muchas cuestiones. Aunque como es común, Rise intento hablar lo menos posible de su vida y sacó el guion de siempre "Soy electricista" Cosa que no era del todo mentira. Los Jethis de Bilingord tienen como don especial el manejo de aparatos electrónicos, la reparación y creación de los mismos. Un conocimiento que, en situaciones extremas, es muy útil. Armar una pequeña bomba con los elementos más comunes o desarmar un dispositivo de seguridad cuando se esta encerrado son cosas que a un Dracida siempre le serán útiles. En la ciudad Rise se ganaba la vida con changas de este estilo, electricista, plomero y hasta reparador de pcs en su tiempo libre.

En determinado momento, cuando la conversación comenzó a girar en torno al tiroteo Daniela le preguntó, tratando de elevar su voz por sobre el volumen de la música, que ahora había cambiado de estilo y se dedicaba a reproducir los "viejitos" de la época en que Rise era adolescente.

Música
- ¿Si no sos policía porque te enfrentaste al tipo ese?
- ¿He? Preguntó  Rise mientras la guitarra de una banda Punk en los altoparlantes le taladraba el ceso.
Ella repitió la pregunta
- Ah...bueno, digamos que vivo hace mucho en el bajo y se como se manejan las cosas . Si dejas que entre cualquier pelotudo a tu casa a hacer lo que quiere, después va a volver. Es como en el viejo oeste, los edificios son pueblos para esta gente. Si no los sacas a los tiros a la primera se adueñan de las cuadras o las plazas, como pandillas. 
- ¿Osea que no lo hiciste por mi? Dijo ella bajando sus lentes de marco grueso mientras las luces rojas, azules y verdes disparaban su psicodelica luminancia en todas direcciones.
- También, aunque en segundo termino...- Rise se rió y ella también. El Dracida se mando unos cuantos palitos salados luego de terminar lo que quedaba de cerveza y se levantó para ir al baño. - Treaete otra después...-Dijo Daniela gritando.

Rise se abrió paso entre ese montón de sombras bailando. No eran Ninjas pero sin duda la mitad eran zombies, con sus ojos desorbitados impactados por el volumen de la música y las luces hipnotizantes. Al pasar entre aquella masa de cuerpos noto que un pequeño patio se abría a su derecha. Teniendo en cuenta que no se podía fumar adentro gracias al alcalde de Blondres, Rise pensó que antes de ir a mear fumaría ese delicioso pucho luego de la birra.

Al encontrarse en un especie de cubibulo de dos por cuatro encontró a otros adictos como el fumando apresuradamente para regresar a la fiesta de adentro. Entre ellos un viejo amigo de Rise, sentado en unas cajas de vino, fumaba observando la noche. Rise se le acercó, contento de ver nuevamente a Nanda, un muchacho de pelo largo hasta la cadera que vivió por algunos años en el bosque buscando profundizar su entrenamiento. Lo último que supo del Dracida de la orden de Dalstein era que estaba haciendo un curso de liderazgo en algún call center.

Nanda lo recibió con el afecto acostumbrado, lo abrazó y le preguntó muchas veces "¿Todo Bien?" Luego de actualizarse un poco acerca de sus últimas actividades y vivencias, Nanda le dijo:
- Te vi con una piba, no quería joderte. - Rise pensó que seguramente era una mentira grande como una casa. Nanda era de esos tipos que se acercan a uno así se este cagando en el baño para comentarle alguna estupidez.
- No es nada...me esta devolviendo un favor.
- Ah...no sabía que te gustaban las pibitas Rise... te hacia con minas más grandes como Miranda.
Rise le pegó en el brazo a modo de alerta.
- No seas tarado, tiene 18 años...
- ¿Es tu alumna o algo así?- Pregunto Nanda tratando de ver a Daniela por sobre las cabezas de los demás.
- No...nunca ejercí el grado, no les tengo paciencia.
- Ya me parecía raro que estuvieras entrenando a alguien de Dalstein.
Rise sintió que le estaban tirando un balde de agua fría.
- ¿He?
- Si boludo, es una Jethi de Daltein de acá a la chonia. Nosotros sabemos reconocernos, no se si esta despierta o no pero lo siento. Vos te estas poniendo viejo si no te diste cuenta...

El jethi de Bilingord se pasó las manos por la cara totalmente cansado y frustrado. - Lo último que necesito ahora es tener que hacerme cargo de esta flaca...

Hay un código entre los Jethis que ni siquiera los más malvados de ellos se negarían a cumplir. Cuando un Dracida encuentra a otro que aun no ha despertado su Rettem, debe al menos informárselo. Si no es la regla primera entre ellos, anda cerca. Esto se debe a la simple razón de que los Jethis son muy pocos a comparación de los Vlaind y están siempre en desventaja numérica en las negociaciones o los enfrentamientos. Dejar pasar una oportunidad así era algo que no le convenía a ninguno de ellos.

Rise se preguntaba porque no pudo identificarla como tal, toda la gente de su especie siente una profunda sensación de dejabu cuando se cruza con un potencial Dracida. La sangre, el Rettem los lleva a estar juntos para que, eventualmente, descubran la verdad. Algo así como un imán invisible que se gesta una vez se conocen.

El paso siguiente a ello es buscar a alguien que pueda entrenarlo y ponerlo en la senda de Heills. Rise no estaba seguro de querer comunicarle a la muchacha cual era su verdadera condición. En parte porque pensaba que sería mucho más feliz en su vida humana.
- La puta madre...-Dijo Resignado a Nanda.
- Si queres te hago el favor...- Dijo su compañero observando a Daniela venir hacia ellos. - Esta bastante buena ademas.
Rise le pegó un corto en las costillas. -¡No seas pajero! Yo me ocupo...

La muchacha llegó con otra cerveza en la mano. - Pensé que te habías perdido Rise. ¿Que haces acá?
- Hola querida...-Intervino Nanda sacando toda su "galantería" a muestra. Rise le echó una mirada de reprobación.
- Un gusto volver a verte juanito.- Le dijo Rise sabiendo lo mucho que Nanda odiaba su verdadero nombre. Tomó a Daniela por el brazo y la alejó de allí. "No voy a decirle" pensó. "No voy a decírselo ni que me lo pida Mitril. Vine a la ciudad a hacer otra vida y punto.Que se encargue otro..." Con esas reflexiones en su cabeza fue hasta el baño y Daniela quedó en la mesa esperándolo pensando en preguntarle si el había visto lo mismo que ella en el momento del enfrentamiento, aquella alta sombra que había sido demasiado real para ser algo de su mente. Normalmente se hubiera callado la boca, pero tenía mucho alcohol encima y no era la primera vez que presenciaba una cosa así...


***

Música
"Nanda es un tarado para algunas cosas. Más de una vez Nehuen dijo que ese pibe no podía encontrarse el culo con las manos, no hay nada de que preocuparme" Pensaba Rise mientras se miraba al espejo del baño, un lugar amplio de muros y puertas escritas con fibrones. Los números de teléfono con mensajes sexuales abundaban en "Sitting Ducks" y uno podría pasarse la noche tratando de descubrir que historias, felices o tristes, llevaron a alguien a dejar su marca allí.

El Dracida estaba preocupado principalmente por dos cuestiones. Más allá de si Daniela fuera efectivamente o no uno de los suyos, el hecho de no haberse dado cuenta antes lo tenía aterrado. "¿Me habré enfriado tanto?" se preguntó a sí mismo mientras observaba su rostro algo demacrado y ojeroso en el cristal.

"Enfriarse" en el mundo de los Jethis significaba perder parcialmente los poderes que vienen con el Rettem. Como hemos dicho antes en el prólogo de este relato, los Dracidas son sujetos que han sido concebidos para la guerra, en tiempos antiguos no existía el "enfriamiento" porque había muchos lugares donde reunirse con viejos compañeros para al menos mantenerse en forma y avivar la llama del dragón de vez en cuando para no perder sus virtudes. Ademas en ese tiempo el mundo era mucho más peligroso y oscuro que hoy en día, por lo que un enfrentamiento en los caminos de Himburgo era casi inevitable.

Luego de la guerra y la caída de la Orden del Dragón muchos Jethis desempleados o sin misión se dedicaron a trabajar como custodios de reyes, mercenarios y poco a poco fueron rebuscándose en los tiempos corrientes. Pero estamos hablando de muchos cientos de años atrás, cuando la fe, la pertenencia y el rigor aun estaban muy presentes en la cabeza de los Dracidas. Ellos no venían de una lucha callejera, sino de salvar al mundo de nada más y nada menos que Namidian y sus hijos. Una herencia pesada que los nuevos Dracidas nunca supieron muy bien como continuar, porque ya no había guerra, ni Dioses, y los seres sobrenaturales iban desapareciendo con el tiempo.

Algunos se "enfriaron" al no querer o poder encontrar la forma de mantenerse en su estilo de vida. Otros se refugiaron en el Bosque de Hosmusilias de donde Rise venía. Aquella vigésima fronda en el noreste del país, que tiene el tamaño casi de una pequeña provincia fue desde entonces el lugar donde los ritos, los entrenamientos y la sabiduría se mantuvieron vivos.

Pero Rise llevaba, ya en el bosque, muchos años de una vida bastante tranquila. Mientras habito en Hosmusilias tenía el trabajo de ser el supervisor de la cocina y en la tarde oficiaba como guardián de las fronteras. Con el paso de los años se ganó el grado de Maestro de Bilingord pero nunca se animó a entrenar a los jóvenes Dracidas de Hosmusilias por la simple razón de que no se veía apto para hacerlo. No sentía que aquel fuera el sentido último de su vida, como parecía serlo para Miranda y otros compañeros.

Por lo que al estar lejos de las actividades que suelen mantener a temple la llama, comenzó a enfriarse más de lo que el imaginaba. Tanto así que ni siquiera pudo reconocer a Crisald como el Vlaind que era cuando entro a su apartamento...Cualquier Jethi, borracho o no, puede sentir a un hijo de Namidian tan pronto como lo tiene a una distancia de 100 metros o más dependiendo su poder. Rise recordó que tampoco se dio cuenta de que Crisald estaba en el mismo tren que él antes de llegar a Blondres.

Una pareja entro en el baño a los besos de forma muy desenfrenada. Como suele suceder en "Sitting Ducks" se metieron en los reservados a hacer "sus cosas" ignorando por completo al Dracida que estaba como piedra mirando su cara al espejo. Encendió un cigarrillo asaltado por una súbita sensación de profunda angustia y consternación.
¿Si en verdad no le interesaba más su vida como Soldado de Heills entonces porque le dolía perder para siempre aquello que lo hacia uno?


Observó sus manos, llenas de mugre y de pequeñas cicatrices de tanto jugar en los arboles y cortarse con las duras cortezas de sus pinos. Manos que un poder antiguo habían escogido como herramientas de una sagrada misión...manos hechas para pelear como lo hizo (casi sin querer) horas atrás en Troncor Street. Para cuidar de gente como Daniela.

Lo cierto es que el gran mandato divino del pasado a Rise nunca le interesó demasiado, cuando el anciano Mitril, quien llevó a los Jethis a ese bosque con la intención de contenerlos luego de la primer guerra, le contaba acerca de las cuatro maravillosas ordenes sus sueños de adolescente volaban por sobre los campos verdes de Hosmusilias llenos de ansiedad por llegar a ese único objetivo: Ser un héroe, ser un caballero, ser un Dracida para que los hombres malvados del gobierno que molieron a palos a su padre tuvieran algo en que pensar antes de hacer una cosa parecida.

En el Bosque de los Dracidas, bajo la conducción del viejo (como lo llamaban al buen Mitril) aun se respiraban los aires de los viejos tiempos. Todos vestían según la época y cargaban espadas en sus anchos cinturones. Comían en tazones de madera y contaban historias de tiempos remotos, llenos de fantasmas, de Blondies y de reyes. En el Sagrario aun se hablaba en Sixvandes, los hombres tenían poderes mágicos como los de Thargo, Elian Tindar o Elkham el justo, o Bilingord, o Balabord...o tantos otros nombres famosos.  Todo alrededor era un cuento de hadas insertado en el mundo moderno.

Pero Rise creció y se dio cuenta que solo era una pantalla, un intento desesperado de un grupo de refugiados por continuar creyendo que eran especiales, que tenían un poder real para cambiar las cosas y que eran necesarios. No algo que los hombres han guardado en el desván para visitar de tanto en tanto en películas de baja calidad o libros de dudosa autoría.

Cuando supo que no podría llevar su espada al pueblo que se encontraba a solo dos kilómetros del bosque, o que no debía ni pasarsele por la cabeza salir a buscar aventuras en los centros urbanos porque allí los Vlaind dominaban casi todos los territorios, o  porque la policía lo arrestaría por ser un demente, Rise comenzó a preguntarse que puto sentido tenía seguir viviendo en ese campamentos de locos. ¿Que no hubiera sido mucho más feliz sabiendo de buenas a primeras que su alma estaba destinada a rondar por quien sabe cuantos años entre la soledad y el exilio ? Con aviso previo podría haber lidiado con ello desde un primer momento. 

La única mujer que conocía aquella realidad de antemano era Miranda. Sin embargo la diferencia entre él y ella era que la muchacha nunca creyó que en verdad fuera algo especial, sino mas bien un accidente de los tiempos modernos. Eso mantenía a Miranda muy tranquila y cuerda en el bosque, Rise no se podía permitir aceptar que los Dioses pudieran ser tan crueles. A menudo solía decirle a Miranda que ser un Jethi en la actualidad era como ser un jugador de Football de una selección que nació en una época en que el Mundial se dejo de jugar hace cientos de años.

Alguna vez, cuando comenzó a considerar seriamente la posibilidad de abandonar el bosque tuvo una extensa charla con Mitril. Ahora, algunos años después en el frío baño de Sitting Ducks recordaba las palabras de ese anciano tan paternalista como misterioso:

"Es verdad Rise, el tiempo de los castillos, de las armaduras y los estandartes se ha marchado para no regresar. Algunos creen que nacer siendo un Jethi en la actualidad es una maldición, pues nunca termina de estar muy claro cual es nuestro rol en estos tiempos. Pero si quieres la opinión de este anciano te diré que tu generación tiene algo mucho mejor que una guerra para sentirse útiles. Y eso es que ustedes, a diferencia de nosotros pueden elegir que hacer con su fuego. Cada uno habrá de encontrar su camino, su verdad y su justicia. Tu encontraras la tuya con el tiempo, sea aquí o prestando atención a las cosas que suceden a tu alrededor intentando hacer esa pequeña diferencia que tanto se extraña una vez esta consumada la injusticia"

Rise descubrió entonces que tenía esta única posibilidad de ayudar a uno de los suyos a entender que el pasado esta muerto y enterrado. Dejarle claro de buenas a primeras que no tiene porque buscar una justicia ideal, Rise podría enseñarle a Daniela aquellas cosas que en Hosmusilias ningún libro dice o maestro conoce. Como no perder la cabeza en un universo de extraños y ajenos para convertir la carga del Rettem en una virtud...como lo fue en el tiroteo contra aquel Vlaind en los pasillos de el numero 4 de Troncor Street.

***
El Dracida regresó a su mesa mientras intentaba no chocar con los repetitivos movimientos de los zombies que danzaban en la pista. Pudo ver los ojos de muchas personas, conversando animados frente a otro igual de sus cosas de la semana, de sus trabajos, de su dinero, de sus parejas...Ahora le tocaba entender que probablemente para él nunca seria igual, Miranda tenía razón o al menos algo de ella: Sí, era un accidente, hay quienes piensan que todo es eventual, pero una aparente casualidad podía resultar en solo la pequeña parte de una gran canción, tal y como los Vlaind creen. 

Rise se sentó junto a Daniela más relajado, sin pretensiones de ocultar nada, dejó que la cerveza llevara la conversación a donde quiera que esta terminara y mientras la muchacha intentaba formular su pregunta acerca de aquella sombra el Jethi notó por primera vez que los ojos de Daniela habían tomado (debía ser la luz) estaban (tenía que ser la luz del lugar)...Amatistas. 
- ¿Que me decís de eso?- Volvió a preguntar Daniela intentando hacer reaccionar a Rise. 
- ¿Eh?-
- ¿Te paso antes? 

Era muy temprano para hablarle a Daniela sobre las Sombras comunes y las que pueden ver los Jethis o los Vlaind en ciertos momentos. Por lo que decidió que, muy despacio, iría tanteando el terreno para decidir si en verdad Nanda estaba en lo correcto. Después de todo no quería que la piba pensara que estaba completamente del marulo.
- Vamos a caminar y me contas...-

Ambos pagaron y se marcharon de allí. Afuera la poca gente que quedaba eran los vagabundos que no tenían lugar donde pasar la noche invernal. Rise se ajusto el piloto para evitar que la ventisca se infiltrara por sus ropas, Daniela poso sobre su cabeza un gorro de lana y vistió una campera de esas que parecen infladas. Haciéndose el distraído, Rise volvió a ver a los ojos a la muchacha y el color Amatista seguía allí. Nunca, en muchos años, había visto una cosa como esa.
Música
- Era como una silueta muy alta...- Decía la muchacha mientras cruzaban las calles húmedas con sus semáforos llenos de carteles y papeles que promocionaban todo tipo de negociosos ilegales. - Pero al mismo tiempo parecía cambiar de forma...no sabría como explicártelo. Supongo que lo imagine...
Rise, que conocía bien algunos asuntos con respecto a este tipo de visiones le preguntó:
- ¿Tenía algo característico?-
- ¿Como que?
- Mmmm no se...- "Tal vez como una corona plateada de tres puntas, ojos colorados y un mandoble" pensó Rise en contestarle. Pero tenía que recordar que no estaba seguro de que la chica fuera una Jethi y aquel color de ojos le sonaba a algo muy distinto...aunque no podía recordar que. 
-Tal vez... algún tipo de joya...
- No se, fue todo muy raro. No es que no halla visto cosas así antes. De chica siempre me gustaron las cosas sobrenaturales y mi imaginación por lo general me jugaba malas pasadas. Mi viejo pensaba que estaba loca y me dieron medicación desde los once. 

Daniela, que tenía más dinero que Rise evidentemente paró en un puestito conocido como "El Pato Negro" un negocio callejero de esos que parecen hechos de lata atendido por un simpático hombre anciano que hacía sus ventas con los jóvenes que buscaban algo de comer una vez terminada la noche de baile. Algún que otro trabajador de ojos cansados y manos pesadas bebía su primer café de la mañana allí. En la cuadra de enfrente se levantaba una pequeña iglesia que hasta hace algunos años yacía abandonada en la Peterson Street. Su vieja fachada había sido adornada por una cruz blanca de Neon que invitaba a pasar. Aquella intermitente señal cristiana iba y venía entre la oscuridad callejera. 

- Bueno...no es lo primero que le cuento a la gente cuando me conoce. Dijo Daniela. - Pero supongo que viene al cuento. A partir de mis once años vi muchas cosas como sombras en las paredes o escuche voces...Siempre pensé que se trataba de alguna forma de estress. En mi casa todo era siempre un quilombo con mis viejos, por eso me fui. Desde que llegue a la ciudad no había tenido un episodio así.
- A veces uno cree que las cosas están enterradas hasta que vuelven...- Dijo Rise casi hablándose a si mismo. 
- Es verdad. Daniela le dio un sorbo al cafe. - Pero creo que lo más extraño de esta noche fue lo que dijo ese tipo antes de matar a Rick... sonó como algo en latín. Quizás sea un pirado de esos que andan por esta iglesia.- La mujer apunto con su cabeza hacia la capilla de San Jorge.

Ahora si que Rise prestó mucha atención. Era normal que los humanos vieran cosas extrañas, no eran tan torpes ni tan poco "mágicos" como la mayoría de sus compañeros creían. Pero el hecho de que se les presentaran en presencia de un Vlaind podía significar algo más interesante.
- ¿Que dijo?
- Idu Era Sivalion- Contestó Daniela luego de hacer un esfuerzo para recordarlo. Una sensación extraña nació en Rise al escuchar esas palabras, probablemente paso lo mismo a quien atendía ese puesto, quien hasta el momento estaba espiando su conversación. Una vez las palabras de Daniela salieron de su boca retomó sus asuntos. Casi como si su ser más primario, de forma sutil, le indicara que no se metiera en cosas peligrosas...en las cosas del submundo. 
- ¿Como dijiste?- Pregunto Rise mientras dejaba su café quieto, congelado en sus manos producto de la sorpresa. De no haber una mujer delante de él lo hubiera escupido. 
- Idu Era Sivalion...¿Que tiene eso de importante?- Pregunto Daniela.
El Jethi trató de recuperar el aliento. Luego acomodó su compostura para no parecer un enfermo mental delante de Daniela, quien ahora si lo mirara como si fuera un extraterrestre. Para ella el asunto del crimen no era otra cosa que un jueguito entre los tarados que se juntaban con Rick en ese hotel de idiotas. Aunque nunca le había pasado si había escuchado cientos de cosas parecidas en el Chikis
- Nada...- Dijo finalmente Rise. Luego permaneció en silencio un momento mientras los autos pasaban cerca de la acera haciendo el estruendo acostumbrado. - Vamonos a casa Daniela, ya es muy tarde.

Ambos se levantaron para marcharse, y Daniela no dijo nada mÁs entendiendo que Rise no se encontraba allí con ella en ese momento. En sus ojos verdes podía leer una consternación o un miedo muy intenso, casi podía sentirlo en su propia piel, le daba escalofríos...tanto o más que las sombras que veía de pequeña. Tanto o más que el día en que Rise descubrió porque algunos Vlaind eran malos...más que malos eran el mal puro. Eso fue hace siete años en una casa en los suburbios del norte de Blondres, una casa de una familia cuyo apellido no recordaba...una casona imponente llena de huecos de balas, quemaduras de un incendio y una frase escrita con sangre en la pared del salón de baile..."Idu Era Sivalion"

A algunos Kilometros de Distancia, Crisald convencia a su esposa de que debia ir a una reunion de amigos en Hellens y ella le creia con toda su hermosa inocencia. La besaba en los labios y en la mejilla luego de ir al cine, enfrente a la entrada del departamento. Crisald le mentía a Liena y se sentía horrible por hacerlo.

El portero presenciaba de lejos la discusion, no escuchaba que decian, pero el señor Larentheguer gesticulaba animado y sonriente. La mujer evidentemente no queria quedarse sola esa noche y no entendia bien que pasaba. Crisald la volvia a besar una y otra vez, sin dejar de pensar en que debia marcharse a su "casa de trabajo" una bonita y antigua vivienda en las afueras de la ciudad donde lo esperaba una buena botella de Vino caro importado, las balas nuevas de su Desert Eagle y muchas horas de planeamiento metódico sobre como como llegar al Chikis sin ser visto y dejar que el Ritual continuara su sanguinoliento camino  hacia el salón de los espectros.

Entre tanto Rise seguía caminando en medio de la noche Blondinense, los edificios continuaban igual de grises, el panorama desierto y desolador, las sirenas de algún coche policial se hicieron presentes en un momento fugaz y el vapor emergía de las alcantarillas. Pero esta vez Rise caminaba acompañado por Daniela, la sombra de Rise ya no andaría sola por allí.


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