martes, 31 de julio de 2012

El Ritual de los Condenados VIII


Capítulo II

Motivos Superiores



"Dicen que el Hogar es donde tienes el Corazón" 
Max Payne/ Max Payne II The fall of Max Payne
Música
Las luces de los faroles colgantes sobre postes telefónicos, tenían un resplandor fatuo que pasaba por las ventanillas de la camioneta de manera fantasmal. La provincia de Platino, sus pequeños poblados y ocasionales moteles a la vera de la ruta permanecían tan silenciosos e inmóviles como Rise los recordaba. Llevaba más de un día en ese camino, medio en la camioneta robada que tuvo que cambiar por el Reno luego de que este soltara su último suspiro de vida unos cuantos kilómetros atrás. Al Dracida no le gustaba mucho ostentar con carros nuevos y relucientes, pero si iba a afanar algo al menos tenía que valer la pena. La XTL Explorer aun olía a nuevo y podía imaginar las puteadas del terrateniente al llegar a su garaje.

Una de las cosas más extrañas en los Jethis de Bilingord es que son personas de principios muy fuertes y obviamente robar no esta entre su lista de "good stuff", sin embargo cuando tienen una misión en la cabeza o un motivo que consideran superior también son capaces de cometer delitos. Aunque nunca tan graves como los de Rolando. 

En pocas horas Rise había hecho muchas cosas necesarias para llevar a cabo su misión, una que nadie le asignó. Pero tal vez fuera por cariño, por ansias de sentirse útil  que Rise pensaba que debía cuidar de Daniela al menos hasta ponerla a salvo de los Dragones Negros.

Si Daniela supiera alguna vez las cosas que hizo Rise en el camino por mantenerla a salvo probablemente se enamoraría de él. Primero debieron cambiar de auto y robarse la camioneta del Club Agrario de Platino. No era tarea fácil. Mientras ella soñaba con unicornios rosados en el costado de la ruta, Rise se enfrentó a cuatro guardias de seguridad para poder conseguir un nuevo vehículo. Claro que no mato a ninguno de ellos, se valió de sus poderes mentales para doblar la voluntad de alguno y tuvo que dormir a los puños limpios a otro (lo que le valió una cicatriz en el costado derecho de una navaja que escondía uno de los guardias). Aquello fue solo unas tres horas después de abandonar la ciudad.

Ya a plena luz del día Rise tuvo que conseguir la gasolina faltante para la nueva Ford. Lamentablemente no fue capaz de convencer al playero que le diera ese precioso liquido gratis o a bajo precio. Mientras Daniela soñaba con algún cantante que amaba en su adolescencia más temprana, Rise salia corriendo del mini mercado con todo el dinero de la caja registradora, luego de haber cargado el tanque a punta de pistola. Uno de los granjeros presentes se animó a sacar un revolver y a dispararle pero no hubo suerte. Como si se tratara de un bandido del viejo oeste (esos que le gustaba a Rise ver por Televisión) salió de allí disparando los últimos cartuchos de hitaca que le quedaban, aunque sin gritar "AYJAAAAA" sino más bien "¡Perdon! ¡Perdon!¡Perdon!¡Perdon!" mientras sus pies bailaban para evitar que el plomo lo alcanzara.

N/A: Casi como una ironía, Bilingord, quien fue el fundador de la Orden del Dragón comenzó su vida de héroe como un famoso ladrón en el norte del país hasta que fue iluminado por su maestro. Se cree que las especialidades de infiltración de Bilingord y su gran destreza en pasar desapercibido fueron aprendidas en esos años de tabernas, robos y huidas. 

No importaba demasiado, los hacendados de Platino podían llegar a tener una camioneta para cada día de la semana y color del arcoíris y con respecto a la estación de Nafta...bueno, las petroleras eran uno de los enemigos más jurados de Rise, por lo que lo disfrutó bastante.


No había un motivo superior que lo justificara, no había que salvar al mundo, ni a los Dracidas de los Vlaind, ni se haba anunciado el Apocalipsis. Ni siquiera podríamos decir que estaba enamorado de ella, era muy joven para un tipo como él...¿Entonces porque estaba ahí? ¿Porque no le dijo "No gracias"? el día que ella lo invito al bar de su amigo como hizo antes con otras damiselas en peligro. 

Mientras avanzaba rugiendo con su motor poderoso sobre el asfalto algo húmedo debido a la bruma reinante en rededor (muros altos que apenas si dejaban ver cercas de madera y alambre a los lados) observaba a Daniela dormir en el asiento del acompañante. Su bien formado y tatuado cuerpo estaba tapado por su piloto verde. Su rostro, ceñido por sus lentes para la vista (de esos con mucho estilo de marco negro) dejaba ver que la mujer descansaba en sus sueños.

Decidido a estirar las piernas, Rise se desvió de la carretera y estaciono cerca de un extenso campo donde pastaban vacas y algunos caballos. La humedad de la bruma le llegó a la cara en un instante al igual que limpio olor a campiña mojada, su cabello rubio (nunca peinado) se mojó en un instante por el roció de la madrugada. Eran las 2:30 de la mañana, según anunciaba "Radio Imperio" la única que podía sintonizarse en esos parajes rurales. Un monstruo que sobrevivía aun a los tiempos del imperio y la dictadura. El boletín informativo escupía odio hacia el nuevo gobierno democrático cada 30 minutos y Rise no se lo perdía por nada. Ahora mismo hablaban de los problemas de inseguridad en el país desde que se volvieron a instaurar los derechos civiles.

Rise entró en la camioneta para buscar en la guantera sus cigarrillos, encendió la luz de la cabina con la falsa esperanza de que Daniela despertara de una vez. Pero su cuerpo había sido sometido a tal esfuerzo que probablemente dormiría unas horas más...o hasta quizás, nunca despertaría.

El despertar de un Dracida es extremadamente peligroso y complicado. Casi impredecible decía Nehuen en el bosque. Algunos despiertan y ya, como sucedió con Rise. Otros despiertan y quedan parapléjicos producto del daño cerebral. Otros reciben el abrasante fuego de una forma tal que solo consiguen a cambio un sueño eterno que no es la muerte. Y claro...otros mueren.

Mirándola, allí dormida como un angelito de los tiempos corrientes, Rise se preguntaba si viviría las mismas desgracias que él. Si la gente que amaba se apartaría de ella por no poder reconocerla, si debería ir de casa en casa y de país en país buscando un refugio seguro.Aunque el decidiera no decirle nada y abandonarla en medio de la ruta, la vida de Daniela no podría ser nunca la misma...simplemente comenzaría a pensar y a actuar distinto para terminar acabando en alguna de las miles de organizaciones Dracidas de este mundo, o bien juntando latas en el bajo para poder comer. Y por que no, también, en una bolsa de plástico. 

Aprovechó el párate para cambiar de estación de radio y limpiar sus armas bajo la anaranjada luz de la cabina. Se dio cuenta de que necesitaría comprar o robar más cartuchos de escopeta y unos cuantos clips de Berretta en Old Bridge Town, el pueblo donde unos 30 años atrás había nacido Rise Thomas Kenneth hijo de Ben Thomas Kenneth, obrero de la planta metalúrgica que se instauró allí poco después de la segunda guerra mundial.

Ya en camino al poblado, con todas las cosas ajustadas y sus pensamientos un poco más ordenados, Rise condujo a su antiguo hogar. Tenía pensado alojarse en su vieja casa de adolecente, un inmueble bonito y discreto que un amigo suyo cuidaba de tanto en tanto para que no fuera intrusada ni demolida como las demás casas del Barrio Obrero de Old Bridge Town.

El sol apareció por el este y una espada de color naranja cruzaba ahora toda la larga extensión de campo que precedía al pueblo. Allí la vida seguía como siempre, o al menos de la misma forma que Rise la recordaba. Había gente de todo tipo, mayormente trabajadores de las plantaciones de maíz. Pero las bellas chimeneas de  la fabrica donde su padre y sus amigotes trabajaban y reían en otras épocas habían sido reemplazadas por un frió y pretendidamente futurista edificio de la Ciberdrone Corporation. El gigante empresarial que lo sacó a patadas a él,  a su madre y a su viejo de allí una noche de invierno. Como también sacó a patadas a casi todos los obreros que vivían en su barrio.

La historia de la fabrica de auto partes para camiones "Hillamon" es conocida por muchos en Platino, o al menos para aquellos a los cuales el imperio y el nuevo modelo económico implantado a punta de pistola había arruinado sus vidas. Poco después de ser re elegido por abrumadora mayoría, Pallance, quien había llegado al poder diciendo que era "El candidato de los trabajadores" (cosa que fue en su primeros cuatro años) y tras reactivar la economía pseudo muerta de Himburgo,  dio un giro. Para la gente de Blondres fue un movimiento en dirección a la derecha, para la gente de las zonas industriales fue un viraje alocado a la derechota o a la chota directamente.

De pronto todos los sindicatos fuertes del país comenzaron a ser cada vez menos escuchados y aquellos que se oponían a "la nueva doctrina Himburguesa" terminaban muertos, encarcelados o molidos a palos. El primer sindicado en hacerle una huelga al "Candidato de los trabajadores" fue el del padre de Rise. El gobierno había anunciado que se cerraría la fabrica de auto partes para ser reemplazada por un mega complejo tecnológico e industrial de la Ciberdrone Corp. Una empresa que necesitaba expandirse para crear todas las armas y dispositivos tecnológicos que usaría el nuevo Ejercito Himburgues para salir a conquistar.... perdón, para defender a los ciudadanos de los comunistas de Brusia (país que hace frontera con Himburgo) y los nuevos enemigos. Esos tipos de barba y que parecían salidos de las mil y una noches y que cargaban explosivos junto a  AK-47s

Eran tiempos del eslogan "Himburgo va hacía adelante y no deja a nadie atrás" y "El León Hambriento Himburgues" De prensa cómplice, de intervenciones Militares a lo largo del globo, comandos de inteligencia secuestrando personas y una cruenta represión interna que se cobró la vida de más de  3000 Himburgueses en campos de detención clandestina.

Claro que la fabrica de Ciberdrone no necesitaba más de 100 operarios para tareas mundanas y torpes. La mayor parte del trabajo la harían los nuevos y deslumbrantes robots y androides que se venían desarrollando en Himburgo desde hace unos 10 años. No hace falta decir que Ben y sus compañeros se opusieron al cierre de la fabrica y la tomaron como hubiera hecho cualquier delegado sindical decente. Pero Ben no recibió el apoyo del Sindicato de metalúrgicos, que previamente había arreglado con el gobierno por abajo de la mesa. Así que Ben decidió, junto con los trabajadores de la planta mandar a cagar a los burócratas y plantarse solo contra la Ciberdrone Sistems y el Gobierno.

Música
Era un día tan claro y espectacular como este cuando los obreros de la Hillamon salieron de los portones de las fabricas portando sus herramientas de trabajo a modo de disuación para la policía local, que los observaban con un asco y odio visceral jugando a simular que les iban a tirar los perros encima. Rise iba a la cabeza de la marcha con su padre. El pequeño subversivo llevaba un pañuelo palestino que le cubría el cuello, erguido y lleno de orgullo proletario, sosteniendo una llave inglesa en su mano. Todos Marcharon por la avenida principal en un orden casi perfecto, agitando sus puños al aire y levantando los carteles de huelga.

No solo había hombres, sino también mujeres y algunos jóvenes como Rise. Las personas adineradas de Old Bridge cerraban sus puertas y ventanas al paso de la concentración. Las botas de trabajo de los obreros producían un sonido particular sobre el asfalto de la calle. A la mayor parte de la pequeña burguesía del pueblo aquello les provocó un temor difícil de aplacar. Era como comunismo...o algo así eso de andar cortando la calle con pancartas y griterío.

A pesar de que muchos no lo recuerden gran parte del pueblo se sumó a la protesta, pues hasta entonces su única fuente de vida había sido la fabrica de auto partes Hillamon. Cuando Rise se detuvó frente a la estación de policía recordó los carteles en lo alto, las voces rasposas de esos hombres alzando los puños al cielo pidiendo que su voz sea escuchada y sus reclamos atendidos.

Primero llegaron los carneros listos para romper la huelga, Rise estuvo presente cuando llegaron sus camionetas negras sin patentes y algunas armas de fuego que no pudieron accionar. Pues al instante el viejo Ben dio la orden de desarmarlos a puño limpio. Los niños ricos del norte de Himburgo no tuvieron huevos para hacer un solo disparo y salieron corriendo por la avenida principal perseguidos por los hombres de Ben y Rise, quien sentía que estaba haciendo algo en su vida que realmente valía la pena por primera vez. Luego de la victoria se fueron al centro de las barricadas a tomar algo de cerveza y a disfrutar de su pequeña victoria.

La noche siguiente vinieron marchando los hombres de azul, con sus bastones relucientes a la luz del tendido eléctrico y sus rostros llenos de sucio orgullo represor. Sus escudos de plástico se acercaron a ellos como una legión de soldados Romanos que luchan por el emperador. Las piedras y los gases cruzaron los cielos nocturnos casi al instante, la gente corría por todos lados, pero su padre los mantenía unidos y por eso pudieron dar vuelta muchas patrullas,  dejar en el piso a muchos canas y sacar corriendo a otros.

Los ovejeros Alemanes ladraban en todos lados, mordían brazos y piernas con el instinto asesino que sus dueños les inculcaron. Los petardos, las bombas de estruendo y rompe portones hacían luces graciosas en el suelo, mientras Rise veía la montada de la provincia de Platino entrar por la 7, repartiendo golpes a diestra y siniestra. Tanto él como otros jóvenes tuvieron suficientes huevos como para tirar sus clavos miguelito y otros elementos filosos para que los caballos se desbocaran. En la 7 se dieron de lindo. Los rubios y azulados hombresotes de la policía intentaban salir de abajo de los corceles. Allí muchos de los hombres de Ben se les tiraban encima y los dejaban fuera de combate. Arriba, en el cielo lleno de estrellas se podían ver las bengalas que lanzaban las fuerzas de seguridad, dándole a todo aquella luz tan fantasmal.

Fue una tremenda pelea, con vidrios rotos en el centro, calles cercadas por gases y llamas y camiones Hidrantes intentando escapar de las bombas Molotov que Ben enseñó a Rise hacer ese año previendo que algo así se vendría. Fue de un conductor de estos camiones que Rise obtuvo su Zippo plateado, el cual conservó desde entonces como una medalla de verdad, y no una de esas porquerías que entrega el estado.

Al amanecer Rise y Ben regresaron a su casa, raspados, golpeados, sangrantes...pero volvieron abrazados, ayudándose el uno al otro para caminar y probablemente no hubo un solo día en la vida de Rise en el cual se halla sentido tan orgulloso de su padre y de si mismo también.

Finalmente llegó lo que todos hoy conocen, aunque en ese momento nadie esperaba..."La noche de los perros" y todo se acabo para los trabajadores de la Hillamon y obviamente para Rise también. De la misma forma, esa noche (de la cual hablaremos más adelante) fue el primer asalto de un tornado de represión dictatorial y resistencia cívica que ahogo Himburgo en adelante hasta hace solo algunos años.

Rise estaba ya ingresando en las pequeñas calles del pueblo mientras recordaba como su padre y madre lo llevaban a la heladería "Rico Rico Ñam Ñam"(que aun existía) entre las calles 9 y 10 frente al parque de los abedules, donde  él y amigos jugaban al fútbol todos los fines de semana. Vio la escuela normal numero 178 y su cancha de Basquet donde más de una vez se cago a piñas con sus compañeros de clase. Especialmente con un idiota llamado Bail Rail que tenía la mala costumbre de pegarle en la nunca cada vez que pasaba a su lado. La institución de fachada victoriana, con sus amplias puertas por donde muchos niños entraban apresurados al sonido de una campana irritable también le hizo recordar como le sacó siete dientes de una trompada en el 4 grado de la primaria. Probablemente el primer destello de su Rettem que alarmó a su madre y alegró a su padre, quien le regaló su primera media pinta de cerveza (él se la hubiera dado entera, pero la madre de Rise, una Cristiana católica proveniente del norte armó tal escándalo que Ben tuvo que darle su premio reducido y a escondidas)  



- ¿Rise? - Dijo una voz de tono muy suave y soñolienta. Daniela lo sacó de sus recuerdos justo cuando una madre de los chicos que entraban al colegio comenzaba a preguntarse que hacían esos dos fenómenos frente a la escuela estatal. El Jethi deslizó la camioneta en dirección al barrio Obrero, hoy llamado " "Suburbios colina verde" " anunciado en un gran pasacalles por cumplir, exactamente en esta fecha 16 años.

- ¡Hola!- Dijo Rise contento de verla despierta. - ¿Como te sentís?.

- Cansada....como si hubiera dormido...

- ¿Más de un día?- Pregunto él. - A veces sucede, tu cuerpo hizo un esfuerzo sobre humano, cuando lleguemos a mi casa vas a poder dormir más cómoda. Yo tengo que hacer unas compras.- le contestó el Dracida deteniéndose frente a una digna y proletaria vivienda de cerquita blanca y pequeño jardín delantero.

- ¿Donde estamos?. Dijo Daniela mirando alrededor.

- En Old Bridge Town, Platino. Y esta es o fue mi casa muchos años atrás. Vengo de vez en cuando...es como un refugio. - Rise mentía, era la primera vez en 10 años o más que regresaba allí.

- ¿Y porque nos vamos tan lejos?- Pregunto Daniela agarrándose la cabeza, notando que estaba denuda a excepción del piloto de Rise y que el trasero le dolía bastante.

- Bueno.- Dijo Rise apagando el motor, encendiendo otro cigarro y entrecerrando los ojos ante la luz del hermoso día que ya se posaba sobre el mundo. - Si tenemos en cuenta que alrededor de 30 tipos quisieron matarnos y todos ellos viven en Blondres...no se, me parece una buena razón.

- Guárdate el sarcasmo, me duele mucho el culo y la cabeza. -

- Aunque seas una Jethi y tus heridas cierren, como lo hicieron en 24 horas, el dolor permanece un tiempo más. Hay analgésicos en la guantera.

- ¿Una que?

Rise se había ido de boca, por poco no le pega al volante. - Te explico más tarde.

El Dracida bajó de la camioneta y abrió la puerta de Daniela. La levanto en brazos. - No hace falta...- Comenzó a decir ella pero Rise no la dejo terminar. - No vas a poder caminar por unas horas más. O mejor dicho vas a poder pero con mucho esfuerzo. El Rettem...digo, tu, tu, tus fuerzas necesitan reagruparse.

Debajo de un viejo tapete de bienvenida, con un simpático duende en el, Rise sacó unas llaves y abrió las puertas, el olor a humedad era muy fuerte y dentro todo estaba a oscuras. Dejando a Daniela en el palier caminó hasta lo que era la cocina y acomodo los cables para colgarse de la luz del vecino, una tarea nada difícil para él. Luego fue hasta su cuarto (donde aun colgaban los posters de sus bandas favoritas y fotos del Platino Football  Club ) y lo acondicionó un poco para que Daniela pudiera al menos dormir en un lugar decente.
Finalmente la tomó  en brazos y la llevó hasta su ex cama. Abrió las ventanas para que tuviera un poco de aire y luz del día.

- ¿Que?- Dijo ella, que aun estaba bajo los efectos del despertar.
- No te preocupes Daniela. Dijo Rise arropándola con la colcha añeja que encontró en su antiguo placard. Aca vas a estar segura, tengo que ir a hacer unas compras. Te dejo la beretta por las dudas, aunque no creo que tengas que usarla por ahora. El super esta acá no mas, voy a tardar menos de 15 minutos ¿si?

***
A pesar de que Old Bridge le trajera un sin fin de recuerdos a su cabeza, Rise se sentía tranquilo allí. Las ondas de locura que podían respirarse en la ciudad no existían. Madres con hijos pasaban por las aceras limpias. Los jardines de las casas y sus rociadores hacían ese sonido tan especial que suena a perfección. En alguna esquina un padre responsable hacia señales en el cruce entre la 7 y 2. Como patos que van al estanque, unos niños iban a la escuela junto a sus mochilas y libros.

Oh sí, el viejo pueblo, con sus placas conmemorativas, sus estatuas en las plazas redondas y las pequeñas tiendas estilo tradicional que se extendían por la avenida  7. No lejos de su casa estaba "Los Cinco Gatos" el lugar que se arrogaba la invención de las hamburguesas acompañadas por diminutas papa fritas entre la mayonesa y el pan. La pequeña capilla de San Jorge donde las ancianas adineradas hacían caridad y la biblioteca municipal que Rise visitaba una vez cada 3 años, con suerte.

Para ser sinceros Rise no era la mente más cultivada que Himburgo hubiera visto. Su padre leía solo cosas relacionadas a la política o la historia del país. Su madre por otro lado pasaba las tardes con él mirando un sin fin de programas de television como "Bonanza", "Combate" y "La Familia Madison" o, eventualmente leyendo la biblia.

Al pasar junto a "La Pua Gritona"  Rise recordó que mientras duro su adolescencia en Olbridge Town había tenido una gran vocación hacia la música, especialmente el rock and roll. Un año antes de que su vida se fuera por el drenaje había conseguido una guitarra eléctrica y formar una banda escolar. A juzgar por el aspecto general de Oldbridge 15 años no eran nada.

Claro que el Dracida no notaba como los hombres y mujeres de Old Bridge lo miraban a él. Un sujeto con un piloto verde gastado, ojeras y pelos revueltos caminando por las inmaculadas calles y verdes jardines del pueblo. Tal y como en "El Vijia" pensaban que debía ser alguno de esos negros que venían del este, un brumano o un gitano tal vez que estaba esperando una oportunidad para asaltarlos. Algún que otro muchacho en patineta habrá pensando que se trataba del hombre de la bolsa. Y un viejo sentado en un banquillo del parque de los abedules seguramente imaginaba que se trataba de un terrorista. Siempre podía ser un terrorista...incluso allí en Old Bridge Town, o un comunista.

El rastro dejado por la dictadura no saltaba a simple vista, a excepción de la planta de Ciberdrone Sistems. Si Rise se hubiera detenido a conversar con algunos de sus viejos conocidos entendería que aun en ese pueblo perdido de Himburgo las mentes de los ciudadanos se habían vuelto oscuras, racistas, belicosas y desconfiadas. Internamente quizás el jethi lo imaginaba, por lo que no busco viejos amigos, era mejor que sus recuerdos sobre Oldbridge  y su gente quedaran intactos.

Todas las miradas de quienes pudieron reconocerlo se dirigieron al mercadito local, donde Rise ingresaba por las nuevas puertas automáticas mientras pensaba que carajo iba a comer.
***
Otra vez el mismo sueño. Unos pies descalzos caminando sobre asfalto ardiente rodeados por fueguinas llamas brillantes, olor a caucho quemado. Los pasos de alguien que no era ella andaban con la solemnidad de la tragedia y se acercaban inexorablemente hacía ella, al fondo, por encima de las nubes,  por encima de las estrellas, sobre rayos y centellas. En el sueño Daniela se alejaba de ellos corriendo en dirección a la oscuridad absoluta, pero ni siquiera detrás de aquel velo de sombras espesas lograba perder a quien la perseguía. 

Cada despertar de esa pesadilla venía con una sensación familiar, demasiado familiar. Cuando Daniela recobró la conciencia se revolvió un poco entre las cobijas intentando no pensar, volver a dormir hasta que se la tragara la cama vieja con olor a humedad y a encierro. Pero lo ocurrido en Troncor Street la tenía muy preocupada, al menos lo suficientemente asustada para no haber dicho palabra de ello a Rise. Pensaba que lo había dejado atrás como alguien que tiene una enfermedad incurable que sana y desaparece de manera mágica. Pensaba que tanto la pesadilla, como sus extraños ataques habían acabado luego de que los enterrara en lo más profundo de su memoria. Sin embargo habían regresado obligandola a escapar nuevamente. 




***

Ya era de noche, una noche calma junto al fuego de la casa. Gracias a su viejo maestro su antiguo hogar estaba casi intacto y desentonaba bastante con los nuevos "Suburbios colina verde" que se encontraban en el mismo lugar. Casas de gente adinerada, probablemente los gerentes de la fabrica de Ciberdrone. Sentado en la antigua mesa del living Rise intentaba pensar que carajo iba a hacer con Daniela mientras bebía un café negro. 

La sala donde se encontraba era  amable, los muebles estaban algo añejos, pero Rise pasó toda la tarde limpiando un poco aquí y allá para que el polvo no lo matara a fuerza de estornudos. Afuera las otras casas mantenían sus luces cálidas encendidas y los grillos cantaban alegres hacia las estrellas. Algún que otro auto pasaba con la lentitud de la paz que se podía respirar en un lugar como Oldbridge. El reloj sobre la chimenea, uno de esos que tiene un gato que mueve la cola y los ojos a modo de péndulo, marcaba ya las doce de la noche. Su tocadiscos de pasta aun reproducía a Chubby Cheker el disco favorito de su padre. Rise no dudo en volver a encenderlo...a pesar de que tuviera muchas cosas en que pensar tenía deseos de relajarse. De darse un buen baño caliente en la bañadera y dejar las armas por un tiempo.

Lo primero que pensó Rise fue llevar a Daniela al bosque. Sin embargo sabia bien que allí la examinarían con mucho cuidado, no cualquier bicho raro entra en el sagrado Hosmusilias. Y si bien Daniela tenía todo lo que un Dracida contiene algunas cosas lo desconcertaban:

La primera de ellas era que Daniela no reaccionó exactamente como lo hace un Jethi cuando despierta. Ella no despertó en el momento en que el Vlaind la apuntó con una pistola a su cabeza ni cuando  estaba atada y amenazada por los idiotas del Chikis. Sino cuando él estuvo en peligro de muerte. Se supone que los Jethis despiertan cuando su vida y únicamente su vida se encuentra amenazada. Algunos dormidos podrían ver un genocidio sin siquiera largar una pequeña llamita. 

Luego estaba el modo en que lo hizo. No salió como una fiera a cagarlo a trompadas a Karl, como era normal, ni le disparó con la Beretta, sino que hizo toda esa cosa rara de andar diciendo palabras extrañas y emanar fuego amatista. Rise sabía que un Jethi de Sigmund puede llegar a incendiar toda una cuadra si se despierta de malas, pero no ese tipo de llamas, no amatistas. Por otro lado las heridas de Daniela habían sanado de una forma muy Dracida y su cuerpo experimentaba el mismo cansancio que el de cualquier otro de su especie.
¿Quien o que era?

Y mientras el humo de su Lucky Blend le subía sobre su figura mientras observaba el fuego había otra cuestión que no le cerraba para nada. ¿Porque tanto problema para matar a una humana de 18 años? Sí, era normal que los Dragones negros hicieran esas cosas, más si ella se había afanado un vuelto. Pero cuando bajaron a la calle y se tirotearon frente al Chikis pudo sentir otra cosa...una energía muy extraña y profundamente decidida a asesinarlos a ellos de esa forma. De una manera tan violenta como fuera posible, como si los dedos de esos hombres estuvieran siendo dirigidos por algo tan malévolo como aquello que escribió "Idu Era Sivallion" en la casa de los Larenthguer siete años antes. 
- ¡Ese era el apellido!- Dijo en voz alta Rise emocionado por poder recordarlo. - La masacre de los Larentguer...-

Afuera el viento comenzaba a soplar con intensidad, moviendo las ramas del árbol frente a la casa, viejo y pelado por el otoño. Sus largas extremidades nudosas, como manos de un monstruo nocturno se mecían de arriba hacia abajo y las luces de las casas de frente comenzaron a apagarse una a una. 
"Un fuego y un cigarrillo en la noche pueden despertar muchas inquietudes, preguntas que te llevaran a las respuestas que necesitas" Recordó Rise que le dijo alguna vez Mitril.

- Mitril...-Dijo Rise fumando. - Mitril es el único que podría darme alguna pista en este asunto, ese viejo siempre parece saber exactamente lo que uno necesita y si no lo sabe entonces lo averigua. Pero el bosque esta muy lejos de acá...tardaría mucho en llegar deseando pasar inadvertido y no se si no me van a estar esperando en The Kings Valley. En ese hervidero de criminales los Dragones Negros tienen mucho poder.

- Hola Rise...- Dijo Daniela, quien se apareció vestida con su camiseta de Futbol del Platino Football Club y unos pantalones de yoguin deportivos en el marco de la entrada a la sala. - ¿Hace mucho frío no?...dijo tiritando.

Rise hizo silencio por un segundo sin echarle una mirada siquiera. Tenía que hacerlo por el bien de la muchacha, era ridículo ocultarle la verdad. - Es el fuego del dragón...-se dijo a sí mismo. - Veni Daniela, voy a  traerte el colchón cerca del fuego y algo que te abrigue.

Luego de llevar las cosas a Daniela para que estuviera más cómoda, fue a la cocina e intentó (como pudo) hacer un mate. Mientras Daniela lo escuchaba putear por como la yerba recién comprada se le caía al piso o por como se quemó con el agua tratando de ingresarla en la pequeña abertura del termo Rise hacia memoria para lograr recordar a Miranda enseñándole como hacer esa porquería...que le gustaba un poco, pero que no podía ser nunca mejor que el Café.

Entonces, con el mate en sus manos humeando agüita caliente y el olor de la yerba ascendiendo hasta sus narices supo porque hacia lo que hacia. No se debía a que Daniela le hubiera caído del cielo para ser guiada por sus sacrosantos poderes (como pensaría Mitril) ni tampoco debido a una cuestión moral de los Jethis de Bilingord. Era algo mucho más fácil de entender...Daniela lo conocía hace menos de cuatro días y sus poderes reaccionaron para salvar su vida, aun arriesgando la propia , consciente o inconscientemente. Fue un gesto de bondad, como lo fue invitarlo a tomar algo al bar en agradecimiento. ¿Acaso no se trataba de eso ser un Dracida? ¿No le habían enseñado que era eso lo que los hacia distintos a los Vlaind?

Observándola allí, Rise comenzó a pensar que tal vez, si una piba de 18 años podía entender esto aun sin saber nada de las cosas que él ya conocía, entonces el futuro de su prole, de su gente, no estaba tan perdido como suponía.

- Aca tenes Dani...- Dijo Rise ya dejando las cosas en el suelo, luego de haber dispuesto un almohadón para sentarse en el suelo junto a ella. Sin embargo al notar que esta no respondía se percató de que la muchacha volvía a dormir. En su rostro blanquecino estaba escrita la tranquilidad de la que ella gozaba por tener a alguien a su lado que la cuidara un poco.  Hace casi 8 años que Daniela dormía sola en un apartamento tan frió como el ártico, lleno de criminales y potenciales asesinos. Desde esa perspectiva no era muy distinta a Rise a pesar de la edad.

El Dracida se sonrió y la arropo hasta los hombros, sintiéndose enternecido por esa facilidad que tienen para caer en sueños algunas personas.  - Tal vez sea la ultima noche que duermas así piba. Dijo en voz alta, aunque solo emitió un susurro. Acostó su cabeza sobre el almohadón que había traído  y se quedo dormido a su lado. Pero con la escopeta cruzada sobre su pecho y dos cartuchos colorados en su mano izquierda. Al menos por ahora  ninguno temería despertar en la noche temeroso, solo y con frió.






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