lunes, 6 de agosto de 2012

El Ritual de los Condenados IX

Capítulo III

"Bienvenido a mi Lado Oscuro"




A contra viento de la tormenta, el Zitroen C4 de Crisald avanzaba por la carretera y tomaba el desvió hacia Blondres. En el parabrisas las gotas de lluvia chocaban como diminutos y acuosos cometas, las llantas arañaban el camino y detrás quedaban las estelas de agua sobrante sobre la Ruta. . Subió el volumen del alto parlante y le imprimió toda la velocidad posible a su auto, su carro de combate.

El Vlaind había pasado algún tiempo en su casa de Campo entrenando, afilando las garras y la puntería. Tenía la cabeza tan limpia y concentrada en su tarea como un atleta olímpico que se dispone a hacer su entrada para ganar la preciada medalla de oro. En el rabillo de su ojo el led del volumen del estéreo subía y bajaba de manera estridente. A 130 kilómetros por hora paso al lado del club Agrario Himburgues.

Delante de las fauces de aquel corcel metálico por el cual había reemplazado al tradicional Caballo de Rolando la noche se comenzaba a poner trémula... detrás, por el retrovisor las formaciones de nubes tormentosas parecían acompañar al Vlaind. La tormenta eléctrica, un cumulo de tinieblas que iba detrás de su figura, adornada con los lentes oscuros redonditos a pesar de estar conduciendo en la oscuridad con las luces bajas. También estaba la Traffic negra que venia siguiéndolo desde hace algún tiempo.

Claro, las cosas no iban a pasar desapercibidas por el orden establecido. Dudaba que X hubiera dado información sobre su tarea, pero era consciente de que estaba bajo vigilancia desde que llego al país. Incluso pensó que lo más probable era que el profesor Klauss halla comentado que lo vio muy raro la ultima vez que vino a visitarlo en busca de aquel libro secreto.

Fuera como fuera, lo cierto era que al Vlaind no le importaba que lo siguieran, siempre y cuando se mantuvieran al margen de sus asuntos como se supone que deberían hacer por su condición de Rolando. En algún momento pudo percatarse de que había dos hombres en la Traffic, en su carga debía llevar objetos de espionaje para escuchar sus conversaciones y rastrear sus movimientos. Lo perdieron por un rato cuando cambio de auto con su esposa...una movida bastante inteligente de su parte. 

Cualquiera de nosotros pensaría que Crisald era un suicida por hacer algo como esto, pero luego de un breve periodo de entrenamiento en su casa de campo Crisald había perdido todo temor y aquello lo hacia tan peligroso como una pistola en la cabeza sin su seguro. 

En el baúl trasero se había llevado "algunas cositas" ("Some Stuff" en Himburgues) que fue a buscar. "Las cositas" que obvió comentar a Liena eran: Un Rifle de asalto M16, una escopeta de caza de doble caño que pertenecía a su padre (y que usaban para salir al campo) que el mismo recorto y acondiciono religiosamente con inscripciones en dorado en la lengua de Iridu (lenguaje Vlaind). Un lanza granadas M79 (que quiso tener desde chico por mirar "Tour of Duty")comprado en Salef del norte hace algunos años por el abuelo Peter y obviamente su espada y Desert Eagle. Ni hablar de la cantidad de munición que estaba en el asiento trasero, incluyendo granadas del ejército Himburgues.

Excitado y ansioso por llegar a su destino, abrió ambas ventanillas a pesar de la tremenda tormenta que ya se lanzaba muy fuerte sobre los accesos a la capital. El puente del Margun apareció en el horizonte como las torres de una fortaleza que tenía que derribar. Sus inmensos pilares  de tantos años y los cables de acero que lo sostenían se mecían de un lado al otro producto del viento. Los autos de todo tipo y colores parecían cúmulos de estrellitas con sus luces encendidas. Muchos tocaban bocina a Crisald por pasarlos de una manera muy poco apropiada para el clima. Del otro lado, en la orilla sur del río, los rascacielos del centro Blondinense tenían cientos de ojos de colores claros y opacos, sus antenas de televisión y radio se asemejaban a altos espantapájaros de cuencas coloradas observando el clima revolverse entre nieve y lluvia. Los grandes anuncios de neón en el centro de la ciudad resplandecían bajo la cortina de agua que caía de los cielos, los techos de las iglesias se transformaron por un momento en súbitas fuentes, con sus gárgolas escupiendo el celeste liquido de sus fauces hacia las sucias veredas. 

Aun ya dentro del Alto Blondres, la camioneta no perdía su rastro. No importaba, haría una parada en su casa antes de ir al Chikis, allí tendría la oportunidad de charlar cordialmente con ellos como lo hizo con X...excepto que llegaran sin ansias de conversar, claro esta.



***
La cortina de una de las ventanas estaba meciéndose producto del viento, afuera del apartamento sobre la Pallance Avenue la lluvia caía a cantaro. Como disparos mortales de alguna deidad los relámpagos de la tormenta eléctrica hacían temblar las antenas de los rascacielos y edificios. El sonido de las precipitaciones sonaba parecido al del granizo, afuera de su casa todo el mundo corría a refugiarse en los toldos de las tiendas de la cara y rica Pallance. Los locales de vinos caros, bombones y ropa de finísima moda se habían transformado súbitamente en refugios para los Blondinenses, cuyos paraguas lucían como pequeñas hormigas moviéndose de un lado al otro. 

A través de los lentes oscuros, encaramado sobre la ventana de su departamento (al cual había entrado en secreto) toda la ciudad comenzaba a arder de actividad frenética. Algo parecido a una de esas películas sobre el fin del mundo que tanto disfrutaba. Los edificios de vidrios espejados frente a su recamara eran negras atalayas, como de piedra de oxidiana. Como la recamara de su Desert Eagle ajustada en su cintura.
Negro como el bolso que había traído de su casa de Campo con "Herramientas de trabajo"
Negro como un arma.

Liena descansaba enredada en su propio tapado negro de piel de oso. Un atuendo maravilloso que usaba siempre en las fiestas de la familia. Su rostro perfecto y divino descansaba con la calma de los ángeles sobre las níveas almohadas del cuarto. Parte de su desnudo y blanquecino cuerpo se apreciaba contrastando contra  la negritud de la noche y del tapado. Crisald la admiraba allí lanzada sobre sueños de nuves esponjosas.

No era justo, pensaba el Vlaind. Gente como Linea no tenía por que vivir aquí, gente como Liena no tenía porque sufrir por las cosas horrendas de este mundo en el que su prole quedo atrapada. Tal y como Daniela en la casa de Rise, Crisald podía reconocer la bondad de las personas cuando las veía. La pudo percibir en los ojos de Rise el día que se trenzaron en el bajo, casi detuvo su mano ante Daniela. Y también fue capaz de encontrarla en alguien como su esposa. Una mujer que no lo dejaría nunca, no importara cuantas cagadas se mandara. 

Delante de ella el cuerpo de Crisald estaba erguido. Su cabello rubio se encontraba suelto esta vez, sus lentes oscuros y redondos reflejaban el brillo de la luna. Su larga gabardina negra, planchada y abrigada le daba un aspecto casi religioso. Las botas caras que vestía hicieron un sonido amortiguado en la alfombra del cuarto para acercarse por ultima vez a su esposa. 

Con sus dedos acaricio su tersa mejilla mientras ella descansaba como Dargia cuando fue encontrada por Dargil siglos atrás. Su princesa, su reina...la única persona que había sabido mantenerlo cuerdo en los últimos años. La mujer que con besos y buenos deseos había logrado retener las pesadillas e impulsos de su esposo.  La beso en su cachete, cálido y con rastros de un buen perfume. Paso sus manos sobre sus rizados cabellos rubios tan especiales, se colgó el bolso en los hombros y ser marcho de alli. 
***
London calling to the faraway towns
Now war is declared, and battle come down
London calling to the underworld
Come out of the cupboard, you boys and girls
London calling, now don't look to us
Phoney Beatlemania has bitten the dust
London calling, see we ain't got no swing
'Cept for the ring of that truncheon thing


The ice age is coming, the sun's zooming in
Meltdown expected, the wheat is growing thin
Engines stop running, but I have no fear
'Cause London is drowning, and I live by the river

Música


Desde que se caso con ella, poco después del asesinato de su familia, Crisald había estado intentando olvidar quien era y de donde venía. La Zona tenebrosa de su mente era un lugar que, de chico, odiaba visitar...como detestaba las cosas horrendas que era capaz de hacer bajo la influencia de sus poderes. Pero era imposible escapar de quien era y de la persona que le habían enseñado a ser.

Así como Rise intentaba conciliar entre el mundo de los hombres y el de su prole, Crisald probablemente había pasado por el mismo intermedio, el momento en que uno decide de que lado de la vereda se quiere estar, si se asume ese personaje, si se toma la espada que pertenece a sus antepasados o se pone un parripollo en la costa fingiendo que es algo que no es...

Crisald estaba ya en el ascensor de su edificio alrededor de las una de la madrugada. Observándose al espejo se dio cuenta de que finalmente se había transformado.Ya era el Vlaind que todos esperaban que fuera ¿Estaría contento su padre? ¿Dejarían de acosarlo los rostros recios de sus antepasados en los cuadros familiares de la casa? ¿Podría ir al Ramkkara diciendo que era un Caballero de la Orden de Rolando? Todo en el espejo, elemento de tantas bondades como engaños, parecía indicar que sí.

Arriba las entrañas del elevador resonaban en el vació del pozo, era un descenso que no acabaría en planta baja probablemente. De la misma forma que la cosa no acabaría en el Chikis seguramente. Mientras llegaba a la ciudad, Crisald sabía que una camioneta lo venía siguiendo desde que tomo el desvió a Blondres. Era cociente de que no era un Jethi lo que venía detrás suyo, tampoco una pesadilla sacada de su Zona Tenebrosa. Probablemente era alguien que estaba interesado en proteger al perro de Karl. 

Las puertas del elevador se abrieron con su campanilla acostumbrada. El "Ping" hizo eco en la planta baja, vacía, moderna y lúgubre como la sala de espera de un hospital. El eco de sus pisadas retumbaba entre los limpios cristales que daban al jardín interno del hall. El hombre de seguridad no estaba allí, solo un café humeante cuidaba de la puerta principal, también compuesta por vidrios. 

Crislald se acomodo sus lentes y salió por ella. El sonido de la lluvia se hizo ahora más latente, lleno de violencia y de descaro. La cuadra estaba por completa oscuras a excepción de los faroles callejeros. Uno de ellos comenzó a perder corriente. El Vlaind bajó las escaleras hasta la calle en dirección a su vehículo cuando se percató de que la camioneta que lo venía siguiendo en la ruta estaba estacionado en el frente de la casa.

"Bien...no sera la primera vez que un Vlaind de Rolando acepta un desafió de sus pares"

La calle estaba desierta y Crisald solo se paro allí, observando fijamente la traffic y encendió un cigarrillo.
 - Bien, lo que sea que quieran, vengan y díganmelo ahora.- Dijo en voz alta. - No hay necesidad de jugar a James Bond. Soy uno de los suyos y puedo entrar en razones. 

Crisald observó como dentro de la cabina de la camioneta dos siluetas parecían discutir algo. Una de ellas bajo de allí bajo la poderosa lluvia, un relámpago le iluminó el rostro. Como todo Vlaind lucia joven, aunque no era rubio, sino de pelo muy oscuro y largo. Llevaba un abrigo de cuero similar al que utilizaba Karl, aunque de mejor costura. 

"Delatado por su estilo" Pensó Crisald mientas el hombre se acercaba a él corriendo del otro lado de la avenida. 

Era un Vlaind de la orden de Gerardie y así como los de Frigord son un problema para los propios Dracidas, los Gerardie son los asesinos más efectivos en el mundo Vlaind. A diferencia de la mayoría, que tiene la capacidad de modificar objetos, los de esta orden tienen la maravillosa (y algo desagradable) virtud de modificar su cuerpo (aunque no objetos). Esta habilidad logra que cualquiera de ellos sea capaz de transformar sus manos en garras de combate tan mortales como cualquier espada, como también pueden modificar sus extremidades para trepar por las paredes como cucarachas. Si se les amputa un miembro, ese volverá a crecer al poco tiempo, si se los llena de plomo volverán a pararse mientras tengan piernas...

Un Vlaind de Gerardie es una caja de sorpresas, hay relatos sobre un montón de cosas bastante desagradables que hacen con sus venas, su lengua, sus uñas y sus dientes. Casi no usan armas de fuego y por una razón muy obvia, cuando tu cuerpo puede ser algo así como una armería medieval compuesta de carne y hueso...¿que necesidad hay de llevar armas? 

El dicho de Crisald era común entre los Vlaind. Los seguidores de Gerardie suelen tener un estilo mucho más descontracturado que el de los demás...justamente por ser considerados los más grotescos y feitos de la prole del Ramkkara. El sujeto se posó frente a él a una distancia de cuatro metros. Sus ojos algo rasgados y cabellos negros largos (bien atados) le daban un aspecto leonino y traicionero. 

- Hey...¡hola hermano!- Le dijo Sarcant King levantando su mano de manera amistosa. Crisald lo observó con una frialdad que lo obligó a bajarla, entendiendo que no habría "amigo" "compadre" o "hermano" en esta conversación. Aun siendo un sujeto experimentado, Sarcant no pudo dejar de sentir cierto temor que despedía Crisald cuando se encontraba concentrado en sus cosas. 
- Deci lo que tenes que decir y andate, tengo cosas que hacer. Le dijo Crisald mirando su reloj. 
- Bueno Cris...este...digamos que estuvimos supervisando algunas de las cosas que hiciste en las ultimas horas y en la Orden no...bueno, queremos pedirte que dejes que yo maneje este asunto ¿Sí?.- Sarcant le sonrió amablemente, como quien da un buen consejo a un amigo. 
- ¿Y vos quien sos?. 
- Soy el enviado de la Orden de Rolando que estuvo a cargo de tu caso hace un tiempo. ¿No queres caminar un poco y te cuento..?
- No tengo tiempo Sarcant. Hiciste tu trabajo, lo hiciste mal, ahora me toca corregirlo. - Crisald se dirigió hacia su Zitroen lleno de gotas de agua sobre su negra pintura. 

El Vlaind de Gerardie miró hacia la camioneta. Quien dirigía la pequeña operación de negociación lo invitó con ademanes a ser insistente. - ¡Vos solo no vas a poder Cris!

El heredero de los Larenthguer se detuvo en seco, como si hubiese escuchado algo que no deseaba oír. Sarcant tragó saliva y pensó en si no era momento de empezar a concentrarse para sacar sus garras de combate. Crisald caminó hacia él hecho un gigante, una estatua vestida de negro desprovista de toda emoción. Le dio una bocanada a su cigarro y se quitó los lentes, sus ojos grises aparecieron detrás del cristal...grises como las esculturas sobre las bóvedas de un cementerio. 
- Ustedes no pudieron o no quisieron. ¿Cual es el problema?
- Te lo dire por tu propio bien Crisald...hay cosas que...bueno, tu sabes. Es mejor olvidar ¿no? Tu Orden tiene una política complicada que no queremos que se...desbarajuste. Hacelo por la Nación Vlaind. A veces simplemente uno tiene que entender que lo ideal no es lo que se debe hacer.
- Claro, entiendo.- Dijo Crisald simulando bastante bien haber entrado en razón. - ¡Iba a hacer una locura!-
- Así esta mucho mejor amigo...
- Si nos matamos entre nosotros...¿quien nos va a defender?.
-¡Exacto mi amigo!.Dijo Sarcant poniendo un brazo en sus espaldas, aun algo nervioso. 
- Haceme un favor, llévame de nuevo a mi casa de campo así llevo todo esto...gracias hermano...gracias. 

Si no lo convenció su tono conciliador, las lagrimas en los ojos del Vlaind (que permanecían Grises) lo hicieron. - Seguro Crisald.

Caminaron para cruzar la avenida. - Hicimos todo lo posible en tu caso Cris, no creas que no, pero como imaginas había personas en la Orden que competían por cuestiones de poder con tu familia y sabes como nadie que a veces tu gente se pone muy ansiosa con el gatillo. Pero te puedo asegurar que los responsables fueron plenamente penalizados por la jefatura...- 

El Vlaind de Rolando podía percibir como el de Gerardie se relajaba. Sus músculos antes tensos pasaban ahora a su estado original y por dentro suspiraba de alivio. Sabía que no era culpa de Sarcant. Probablemente alguien de arriba lo había apretado como debieron haber apretado a X luego de charlar con él. Sus sospechas estaban confirmadas, el problema con sus padres había sido interno y el responsable era un Vlaind lo suficientemente sabio como para tratar con mierda como Karl o al menos tener algo en común con los Dragones negros. 

A pocos pasos de la camioneta Crisald pudo escuchar como  la piel del Vlaind de Gerardie comenzaba a estirarse y a romperse lentamente para formar una poderosa garra que se le iba a incar en la nuca tan pronto lo tuviera acorralado contra la camioneta. - ¡Mira Sarcant!- Dijo con los ojos lloroso mientras sacaba del bolso su M79. - Tenía esto listo y cargado para usar hoy...-
- Lo se, lo se...-Dijo Sarcant con tres de sus dedos transformados ya en cuchillas gordas y encorvadas como las uñas de un Leon. - Te daremos toda la ayuda que necesitas para que vuelvas a vivir tranquilo con Liena como antes...-
- Lo tenía listo para disparar a la entrada del Hotel. ¿Te imaginas la cantidad de gente inocente que podría haber matado?- Seguia lamentándose Crisald.
- No mataras a nadie..- Ya el Vlaind de Rolando sintio por fin que las garras de su enemigo estaba listas para saltarle encima de un zarpazo. El otro hombre en la camioneta probablemente lo atacaria por delante al mismo tiempo y todo terminaria alli. 

- ¿Por que dejas de caminar?- Dijo Sarcant al percatarde que algo en el viento o en el aire habia cambiado y que su victima, aparentemente no se habia tragado ese jueguito. 
- ¡¡Lo iba  a usar!!- Continuaba Crisald.-Aunque ya más cerca de la risa que el llanto. 
- Sigue caminando amigo...te daremos algo caliente para tomar dentro. 
- Iba a gastar este hermoso Lanza Granadas del Ejercito Himburgues en...-
- Vamos hombre, no hay nada de que arrepentirse.-
- Ahora se que estuve equivocado mi buen hermano...-
Música

A una velocidad que tomó por sorpresa al propio Sarcant, la mano derecha de Crisald ya estaba tomandolo por el cuello de su abrigo. -Pero creo que encontré un objetivo mucho mejor, ¡hijo de una re mil puta!- Dijo Crisald y lo lanzó contra la puerta de entrada de su edificio. El cuerpo de su enemigo cruzó la mitad de la avenida por los aires y se estrelló contra el parabrisas de un auto que pasaba por alli. El sonido a huesos rotos se escuchó en toda la cuadra. El Rolls Royce, en un intento desesperado por esquivarlo terminó estrellándose contra uno de los faroles callejeros. Cuerpo y Conductor salieron despidos hacia adelante. 
- Ratas Traidoras...Dijo Crisald apuntando el M79 en dirección a la camioneta, donde el compañero de Sarcant se apresuraba a sacar el seguro. - Que el fuego te libere de tu mierda- 

El verde y oscuro lanzagrandas, empapado por la lluvia,  apunto su boca mortal en direccion a la camioneta. Un disparo seco se escuchó y la granda bolo unos doce metros hasta la caja del vehiculo y entro de lleno en ella, partiendo el metal como si fuera telgopor. Segundos despues el agua de lluvia relució como oro puro cayendo del cielo, la Traffic se hizo un sin fin de pedazos bajo un bálsamo de fuego producto de la explosión de aquella granada. El parabrisas salio por delante y un cuerpo en llamas emergió de entre los hierros candentes gritando agonicamente.

Crisald desenfundó la Desert Eagle como un pistolero experimentado. - Fuego dado a todos vosotros, moradores del submundo. -
Siete balazos emergieron uno tras otro del dorado cañon, siete veces reculo el arma y el percutor, siete fueron los huecos que acabaron con la vida del Vlaind superior a Sarcant, quien se desplomó en el suelo.

Sarcant se recuperaba en medio de la calle, donde los autos tocaban bocina e intentaban esquivarlo. Sus ojos rasgados, llenos de bronca por el impacto y el engaño se fijaron en el Vlaind de Rolando. Corriendo a una velocidad que solo esas criaturas alcanzan (a menudo fijando sus garras en el suelo tanto de los pìes como las manos) el Gerardie se dirigía Crisald, cuya figura lucía santa y terrible delante de las llamas del vehículo. 

Sarcant avanzó haciendo polvo el asfalto, dejando sus marcas en el mismo y listo para arrancarle los órganos a su enemigo. Crisald Desenviano su espada en el momento que este se encontraba en el aire, por un instante penso que iba abrirlo como una lata de sardinas. Pero hizo el movimiento correcto gracias a su Zona tenebrosa, que intimidaba el corazon de su enemigo y lo hacia levemente torpe. Epsurren y su inmaculada hoja le rebano un brazo de cuajo y el Gerardie cayo al suelo rodando. 
- ¡Eso es lo que pienso de tu nacion de mierda!- Le gritó Crisald. 
- Sos un tarado Cris...te van a reventar como a un sapo. No tenes idea en lo que te metes.- Dijo Sarcant ya parado de rodillas intentando hacer que su brazo creciera de nuevo (cosa que era capaz de hacer en pocos segundos). Una cosa supurante y carnosa comenzó a moverse en el hueco que era su hombro, la sangre manaba por todos lados y llegaba hasta las botas negras del Vlaind de Rolando. 

- Me chupa un huevo Sarcant. Contesto el Vlaind, quien luego de recargar, le vacio el cargador en el pecho a su "hermano Vlaind". La espesa y oscura sangre se esparcio de a montones por la calle, aun aguantando los impactos Sarcant intentaba levantarse.  Hacia falta más que eso para matar a un Valaind de su orden. 

Mientras Crisald se acercaba, de la boca de su enemigo (ya poniendose de pie) salió una lengua que se extendía hasta su ombligo, ante los ojos de su contrincante y el fuego que iluminaba la calle pudo observar como esta se dividía en cuatro largas y finas serpientes que se arrastraban por el suelo listas para clavarsele dentro del esternón. Una de las técnicas más infalibles de esta orden, que meten dentro de uno (si no se escapa a tiempo) tres o cuatro serpientes que ingresan por la boca o la nariz para tirar de las costillas desde dentro y sacar todos los chinchulines hacia afuera de sus enemigos.

Pero Crisald no había estado jugando en la casa de campo, tan pronto como vio esos tres reptiles negros y finos levantar sus cuerpos, buscando un objetivo, pensó en devolverle el favor poco honorable de usar sus poderes cuando el todavía no lo había hecho. Se supone que entre Vlainds los combates deben ser justos (o al menos así era hace muchos años...o más precisamente entre la gente de Rolando) por lo que utilizan armas tradicionales como espadas y lanzas. 

El Vlaind de Rolando abrió su mano izquierda y de ella comenzo a brotar un fuego tan verde como la criptonita, sus llamas repiqueteaban en torno a su palma de manera demoníaca y espectral. "Fuego del Aberno" otro poder patrocinado por las oscuras artes que Rolando aprendio de las antiguas tecnicas Auresianas. La llama broto de sus palmas para caer en el suelo a modo de cometa que no deja estela tras de si. 

Sarcant vio esa cosa venir hacia él, pequeña pero llena de un poder oscuro y antiguo que solo los Vlaind de Sixfrid tal vez comprendan. El misil verde electrico arrolló el asfalto haciendolo derretirse a su celerico paso y calcinó a las serpientes en un instante. El fulgor verdoso continuo su camino hasta las fauces de Sarcant cuya boca se encendio como la del tio lucas jugando con bombillas. 

- LJABSFLASFA- Algo asi dijo mientras llevaba su manos a su rostro, humeante, con una cuenca pronta a derretirse. El leon de Crisald, porque asi lo hacia sentir su Zona Tenebrosa no se contento con derretirle la cara por adentro. Lo tomó de sus cabellos, ya cediendo ante el calor que tomaba el cuerpo y lo miró sin sus lentes.
- Cuando hallas juntado los pedazos de tu cara vas a poder ir a decirle a tu jefe, sea quien sea, que a mi no me vienen con aprietes ni trampas para pelotudos. ¿Se creen que soy un loquito? ¿Un enfermito más de Rolando perdido en algún delirio? -

 - Estassss...fuera de control...- Quizo decir Sarcant.
- Y me encanta, pequeña cucaracha de Gerardie. Son una mierda, vos, tu Orden y la gente que te mando acá. Voy a dejarte vivo para que lleves el mensaje...Crisald Larentguer va a cumplir con su deber y al que se le ocurra ponerse adelante, sea un Jethi, un Vlaind o Balabord...va tener que pasar sobre mi chiflado cadáver. 

Se dio vuelta para marcharse de nuevo a su auto. Detras de él la camioneta aun ardía en llamas y Sarcant buscaba con sus manos una cara que ya no estaba allí, era más bien una masa informe y ardiente de carne.  mientras los transeúntes lo miraba con las bocas por el suelo, algunos sacaban fotos que luego subirían al cada vez más popular internet (y que el MI5 borraría al día siguiente obviamente) . El Vlaind se posó nuevamente los lentes oscuros en sus ojos y se puso al hombro el M79. Entró en el Zitroen como si viniera de un paseo por el parque. Ahora era momento de ir al Chikis, pensaba dejar en él un incendio mucho más boraz, tras el  aullido de las llantas quedo la lluvia. La noche sería corta...dentro de poco el Bajo estaría brillando como un árbol de navidad.




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