martes, 4 de septiembre de 2012

El Ritual de los Condenados XII

Capítulo VI

La Última Princesa de Allion

En venganza de Dana Larenthguer

Un copito de nieve blanco se posó sobre los hombros de Crisald. Sus ojos observaban a su victima sentada frente a él, temblando y mascullando todo tipo de excusas para evitar su ejecución. No hacia falta atarlo, ni siquiera amenazarlo, Jhon Trimberg tenía el pavor mental que sufre cualquier idiota que ha echo una jugada mala pensando que era muy buena. "¿Que mierda hice con la guita que me dieron por prestar al pelotudo de Karl?" pensó por un instante  Jhon Trimberg mientras "el Chico Larentguer" sacaba un Lucky Blend.

Las aspas del ventilador giraban sobre la cabeza del Vlaind, el foco que colgaba del techo se mecía de un lado a otro producto del viento que entraba por la ventana que veía hacia la noche y la ciudad. Entre todas esas moles de piedra gris, de fríos ladrillos y antenas de television Liena dormía aun en su cama, caliente y aguardando un dulce despertar junto a su abrigo de piel de oso. Apenas podría imaginar las cosas que estaba haciendo su esposo...mejor era que siguiera soñando...que siguiera soñando con que viajaban a las playas de Landesia o Hellens como le prometió que harían tan pronto el terminara algunos asuntos.

Mientras Jhon esperaba salirse de esta como había logrado emerger airoso de otras cuestiones, Crisald, o al menos la parte de su cabeza donde no llegaba su mente oscura, se dio cuenta por un instante que se había casado con Liena por que ella le recordaba a....
***

....Dana, su hermana menor de cabellos rubios volvía de la escuela durante la tarde. Al ver las maletas de Crisald en la puerta de la casona y al mayordomo sacando el resto del equipaje corrió con sus pequeños mocasines haciendo un ruido hueco con los mismos sobre el mármol del hall. Crisald charlaba con su padre mientras tomaban algo refrescante ese día. Las ventanas dejaban entrar en esa gran habitación las luces de la primavera. El olor de los jardines traía fragancias de jazmines. Todo era brillante, todo era bueno...todo era calmo.
- ¡Hermano!- Gritó la pequeña Vlaind saltando sobre sus espaldas, tomándolo totalmente por sorpresa. Un Crisald que no conocemos, un Crisald con retazos de la luz de los Dioses que ilumina a los Vlaind se rió y dejo que la muchacha se encaramara sobre él. 
- Oh...llego la más joven de las damas de Allion...
Música


O el cuento de hadas de su vida se había transformado en una pesadilla o Crisald se encontraba con sus botas caras rozando los bordes del abismo. Jhon hablaba, él no le prestaba la menor atención, sus labios nerviosos, su baba sucia, sus dientes chuecos...todos juntos intentaban encontrar una excusa para lo que era inexplicable.  Crisald solo lo miraba a los ojos, lo observaba como quien esta mirando la fuente de todas sus noches de insomnio, la primer pieza de ese juego de domino. No, no importaba el contexto, ni las vivencias de quien tenía delante. Ya no tenían relevancia las cuestiones entre Jethis y Vlainds, este hombre, este Dracida...quien se suponía que debía tener algún código de honor, había vendido los sueños de una niña por dinero. Lo leyó en el archivo que le paso Marco...la cosa había sido por plata...plata para comprar más putas o droga. Volviendo a sus tiernos diez años de edad pensó en simple, ese hombre era malo...era realmente malvado...Ni siquiera podía encontrar una justificación religiosa, honorable, histórica por su crimen. No malvado como un antagonista de Bonanza. Era maligno como solo un ser humano, viviente y real puede ser. Y tan cruel como tal es capaz.

Jhon finalmente se calmó, movió su cabeza hacia arriba como un perrito asustado y pregunto:
- ¿Y bien? ¿Lo vas a hacer o no?
Crisald lanzó el humo de su cigarrillo a un costado de su cara, volvió a acomodarse los lentes oscuros y...
***
En el cementerio, llovían gotas pesadas que salpicaban la fotito engarzada en el panteón funerario. La plaquita de oro rezaba:


 "Dana Larenthguer La ultima princesa de Allion" 

Crisald dejaba flores y tocaba con sus dedos aquel bellisimo rostro de una Vlaind de no más de 18 años que siempre se subía a el haciendo caballito, aun estando crecida para hacerlo. Dana era una Vlaind tan humana como cualquiera de esa especie...Dana la persona más hermosa que alguna vez conoció, inocente por su corta edad. No era como sus padres, envueltos en cuestiones más peligrosas y moralmente dudosas. Una niña...una casi niña vestida blanco frente al altar, el altar que no pudo ver en su estado original por un retraso en ese aeropuerto de mierda. Dana, la ultima voz que escucho mientras se apuraba a subirse a un taxi esa noche. Dana, que se mostraba claramente enojada, sin entender que por muy Vlaind que fuera no podía hacer que el vuelo llegara  a tiempo para verla frente al altar diciendo "sí". 
***
Crisald no había tenido la suerte de morirse ese día. Sino más bien la poca fortuna de haber llegado tarde, tarde como llega la caballería pero sin que los héroes hallan prevalecido. Había mal en este mundo, el lo sabia muy bien, conocía la maldad pura. Había personas como Jhon que la merecían, había Vlainds que la merecían...es más, quizás su padre al fin y al cabo murió en su ley. Pero no su hermana y su madre....tampoco las dos Sirenas de la casa, que lo habían criado desde el día en que nació. El perro...claramente no tenía nada que ver con el asunto.

Allí parado, con la mente a cien mil kilómetros de distancia se preguntaba hasta que punto iba a poder seguir así. El Viejo X seguramente tenía razón como siempre, en algún momento iba a tener que volarle la cabeza a alguien que amaba, a alguien cercano, suponía que para ese momento ya seria muy difícil salirse del asunto. Aun podía parar, podía buscar otra solución, podía interrogar a Jhon y solo marcharse de allí. Era capaz de volver al Zitroen y decirle a Liena que se irían a vivir a alguna isla exótica del caribe a tomar mojitos. Toda salida era posible, se abrían ante sus ojos como caminos igualmente valederos, legítimos. ¿Quien lo iba a culpar? ¿Quien le iba a decir que no amaba mucho a su familia? La sangre había sido suficientemente derramada como para que lo tomaran en serio.

Pero no...las noches sin dormir en el lecho de su casa arruinada por los tiros y la bomba. La sangre de su madre usada como graffiti en la pared, el hacha en el pasillo con los brazos y piernas de uno de los hijos de las sirenas tirados por todos lados...Nadie había visto lo que él, excepto Rise. Lo que había activado la zona más peligrosa y homicida de su mente no era el asesinato de su familia, era la sensación, la casi certeza de que quienes lo habían llevado a cabo eran la propia encarnación de la oscuridad, un mal sin grises.

El ventilador seguía girando ajeno a los dos hombres que se enfrentaban con sus miradas. Sí, Jhon había pasado del cagaso padre a una especie de pseudo orgullo criminal, quizás íntimamente Dracida y mafioso. Por un segundo pensó que tan pronto como abriera la boca Crisald le metería dos balazos en la cabeza y eso seria todo. Pero el Vlaind solo lo observaba detrás de sus lentes y fumaba, quieto como un fantasma. El vapor de su respiración se mezclaba con el humo de su cigarrillo. 

Jhon Trimberg era un Dracida de Bilingord, lo suficientemente entrenado en la ley de las calles como para darle una paliza a un tipo como Rise, para bancarle bastante rounds a Crisald, incluso ganarle. Alguno de sus matones hubiera actuado de manera violenta y estúpida. Él había pasado tantos años viviendo en el submundo de los humanos que estuvo a punto de caer en la misma estupidez. Había soltado sus armas. Su espada estaba al costado de su silla derecha y una pequeña arma de fuego entre sus bolas. No se perdió de la oportunidad de oro. Esta era la debilidad de los Vlaind de Rolando, aquella que la mayoría de sus contrincantes olvidan producto del temor que ellos generan casi instantáneamente. "Mentalmente Inestables" 

Si bien Crisald aun estaba lejos de convertirse en un ciclotimico, nunca llego a comprender totalmente aquello que le dijo X, las balas tienes nombres y tienen rostros. No se debía a que Crisald no tuviera deseos de matarlo...simplemente su mente sana trataba de acostumbrarse a la idea de que el Chikis, los cuerpos, los casquillos, las balas y este sujeto eran Reales . Ya no se trataba de monstruos en sus pesadillas, de secuaces del mal sobre actuados  sacados de "Amores en Peligro" 

"El mundo se ha vuelto tan loco...." pensaba Crisald "Que al lado de este flaco, yo soy un buen tipo. A pesar de todas las cosas que hice...sigo siendo mejor que él"  

El error del Vlaind fue creer que el malvado, el sujeto  que se estruja sus bigotes mientras ata a una muchacha a los rieles de un tren, tenía el mismo tipo de pensamientos. Jhon se había despachado cualquier tipo de seres humanos y Dracidas en su camino al poder. Sí, no era el Cowboy más osado del pueblo, pero tenía su Chikis, tenía su barrio, y quizás el hecho de que un Vlaind hubiese entrado en su territorio de esa forma despertó un orgullo muy Bilingord que por un segundo hasta rozo con el honor. No estaba bien matar a sus compañeros de esa manera tan espantosa....Crisald era malo, era el Cowboy que usaba sombrero negro y botas de serpiente, el era el Sheriff y tenía que mostrarle que no había lugar para ambos en el pueblo. 

***
Un relámpago de color blanco atravesó el escritorio de madera barata de Jhon en dirección a Crisald, quien sacado de sus reflexiones, de su estado de somnolencia repentina, llegó a esquivarlo  por un pelo. La musculosa blanca se rasgó producto del ataque de su contrincante, dejando un haz color carmesí en la parte derecha de su abdomen. Sus músculos tocaron el frío suelo de tablones de madera sucia. 

Jhon se levantaba, salía de su silla con aires renovados en busca de su espada, Crisald no dudo un instante y le disparó con la Desert Eagle, pero el Dracida era rápido y aunque recibió un impacto potente en su brazo izquierdo se hizo con su mandoble largo. - Te voy a enseñar Leoncito...- Le dijo Jhon - A no joder con los Dragones

Otros cuatro huecos de disparos se abrieron en la pared e hicieron estallar el vidrio de la ventana mientras Jhon trataba de salir fuera del alcance de su fuego. Jhon, bastante bueno en pelea sucia y de bares tomó de la pared un mueble para apoyar libros y se lo partió en la cabeza al Vlaind cuando este intentaba levantarse. A Crisald le dolió...le dolió mucho. - ¿Te crees que sos la puta mierda no Crisald?- Dijo Jhon arrogante y enojado. - ¡Esto es por mi Hotel!- Y Bajó su espada a lo largo sobre la espalda de Crisald, quien giró sobre si mismo dejando detrás de sí parte de su cabello rubio, seccionado como por un maniático Peluquero. 

El Vlaind, algo aturdido aun pudo evitar el segundo golpe de la espada del Jethi con Epsurren en sus manos. El acero choco y resonó entre los muros gruesos del edificio. Crisald le metió un rodillazo por debajo del vientre y lo pateo fuera de la habitación. Aprovechó el tiempo para sacarse los lentes y ver un poco mejor, la cabeza le latía producto del golpe...esa era una desventaja a la hora de pelear con un Jethi entrenado como Jhon, los Dracidas no sentían tanto el dolor como los Vlaind.

Jhon disparó las únicas nueve rondas de su pistola beretta negra sobre el Vlaind, Crisald vio el plomo venir hacia él y se cubrió en el marco de la puerta escuchando las balas silbar en sus oídos. Busco a tientas en los bolsillos de sus pantalones una granada inexistente. La gabardina estaba en el pasillo donde ahora su enemigo se paraba desafiante, quitándose la campera de cuero y quedando en una camisa color verde oscura (que a Crisald le pareció muy a la moda y bella). - ¿Que pasa no tenes huevos?- Le Dijo Jhon, cuyo cartucho se había vaciado. 

Crisald comprendió que las cosas serian como en los viejos tiempos, ninguno de los dos tenía demasiado tiempo como para buscar un arma o preparar algún poder. El Vlaind salió del cuarto con Epsurren en sus manos y presentó lucha en el estrecho corredor. Al ser más corpulento que Jhon logró hacerlo retroceder a la fuerza, aunque Jhon era rápido y bloqueaba sus ataques sin demasiado problema. Las espadas se entrecruzaban junto a sus miradas decididos a matarse el uno al otro. 

Combatiendo de esta forma llegaron al bar privado de Jhon, donde Crisald había lanzado a sus hombres por las ventanas. Jhon, quien  combatía fría y calculadamente como cualquier Jethi de Bilingord se acercó hasta la barra de tragos donde aparentaba estar encerrado entre la madera y Epsurren que no dejaba de acosarlo con la fuerza de un titan. El Jethi logró herir en una de sus manos al buen Crisald, no una herida de profunidad pero lo suficiente como para romper su guardia. Al instante en que Crisald estaba con la cabeza descubierta, tomo una botella de vodka barato y se la partió en la cabeza. El liquido hizo arder las heridas en su cuero cabelludo, muchos vidrios quedaron suspendidos en su larga cabellera. Jhon disparó con su pierna una patada fulminante a las costillas y cuando el Vlaind estaba a punto de caer le insertó todo su acero en el pecho. La hoja Dracida le entró por el estomago y todo su filo salió por el otro lado, los ojos inexpresivos de Crisald vieron la mano de Jhon sostener su espada y retirarla rápidamente con aires de suficiencia. 

Un gusto espantoso le broto de la garganta hasta su boca, su propia sangre. Como sopa de Rubíes la misma salio de sus blancos dientes y rosados labios manchando su blanquecina piel. Tosió. - Eso es por mis putas  -

Crisald comenzó a desvanecerse y cayo al suelo como un costal de papas. 

***

El Aeropuerto de Blondres, Siete años atrás.


El sonido de las turbinas del 747 aun zumbaba en la cabeza del joven Crisald Larenthguer. Con su traje a medida color gris y su corbata fina, con su camisa de Algodón importado y sus zapatos brillantes. Un Crisald Larenthguer que aun era un Universitario recién llegado de Hellens durante el periodo de receso de estudios para asistir a la boda de Dana, su hermana...

El muchacho sacaba de la cinta de equipajes su maleta, se desesperaba por lo lento y accidentado que todo había resultado ese día. Casi como si Namidian mismo no quisiera que el llegara a tiempo al casamiento de su hermana. El vuelo se había retrasado primero por una alerta de un intento de ataque terrorista en Hellens. Allí tuvo que esperar tres horas antes de que se pudiera corroborar que todo estaba en orden. Luego, llegado a Himburgo, tuvo que aguardar otras dos horas en inmigraciones donde la MI5, la policía del aeropuerto, La Inteligencia estatal y parte del Ejercito buscaban más indicios de un supuesto ataque terrorista. 

Según la televisora Imperial, que tuvo que mirar mientras aguardaba su turno para ser registrado, un grupo terrorista conocido como "Sinierina" había avisado a las autoridades de una bomba en su vuelo. Recuerda que le llamó mucho la atención aquella vez que las personas del desierto (porque si eran terroristas seguramente vivían en algún desierto del oriente...) usaran una palabra Vlaind como nombre que significaba "Sirena" Se divirtió pensando, mientras fumaba a escondidas en el baño del aeropuerto imaginando un Vlaind terrorista con un cinturón de explosivos en su pecho. 

Pero tras ochomil vueltas burocráticas pudo al fin tomar sus valijas y escapar del pandemónium que era ese aeropuerto enorme y futurista. Cuando se encontraba ya en el freeshop a pocos metros de la puerta de salida su celular con "Boys Dont Cry" sonó. Crisald no dudo en atender, seguramente era su madre preocupada por las noticias. Pero era Dana....
- ¿Donde estas Cris?- Dijo ella sin siquiera decir "Hola"
- Perdón Dana, se retrasó todo, en una o dos horas llegare dependiendo el transito. 
- ¡Pero yo ya estoy lista! Mamá y Papá...todo el mundo esta esperando...
- Ya se, ya se Dana. Pero bueno, sabes como son las cosas de locas en los aeropuertos. 
- Por Dios...me voy a Casar Crisald...A CASAR ¿Que no podías  venir la semana pasada como habíamos acordado?- 
(En ese instante pensó que Dana no era así usualmente. Aunque podía entender el nerviosismo y el enojo de su parte). Quizás fuera solo el cansancio del vuelo...pero algo...algo en la mirada de los policías, en las luces del aeropuerto, en las personas que devoraban hamburguesas de Mc Dowals estaba mal...cambiado, fuera de lugar. 
- Perdón hermanita...yo...- Dana Corto. No quería escuchar las excusas de siempre. 

Confiado en que era Crisald Larenthguer, un joven universitario al que todo le salia bien al final, estaba seguro de que luego de algún berrinche ella lo perdonaría y llegaría para bailar el vals con ella. Estaría en la vídeo cinta casera de los Larenthguer, entre imagen mal definida de película vieja y sonido algo sucio del cassette sonriendo y riéndose muy ebrio junto a su hermana, sus padres y amadisimos criados. 

Cuando salio del Aeropuerto estaba por subirse a un taxi que aguardaba a pasajeros del vuelo. Pero justo cuando se disponía a levantar las manos en forma de señal vio por el rabillo del ojo un objeto perfecto, el objeto necesario, el objeto definitivo: Gongo Bonzo.

Un pobre y triste inmigrante Bruso vendía a los recién llegados todo tipo de baratijas a los turistas que arribaban a la cosmopolita ciudad. Ahora en sus manos sostenía el muñeco de un payasito bastante famoso, incluso conocido por los Vlaind: Gongo Bonzo, un personaje de cuentos infantiles cuya película había sido estrenada hace tan solo unos días. 

Como todo cuento infantil, el origen de Gongo Bonzo era predominantemente oscuro y sombrío. En su versión original era llamada "Cachuki" y aparecía en el relato (ya tan antiguo como la biblia) de Elian Tindar. Con el tiempo la figura de aquel personaje, morador de pesadillas infantiles, se esterilizo a la de un payaso de jardinero de jean y cabello colorado. Nunca se supo muy bien como fue que paso de ser una especie de Cuco de los tiempos antiguos a un personaje infantil. Pero a Dana le encantaban sus cuentos desde que era muy pequeña y Crisald a menudo se los leía antes de irse a dormir. - Justo lo que necesito. -Se dijo a si mismo en voz alta. 

Era una chucheria muy boluda para un Vlaind, pero aun ellos saben comprender y gozar de los regalos que tienen una carga emotiva importante. Gongo Bonzo, el payasito de trapo, era lo que necesitaba para ablandar el enojo de Dana.

***

Caballos en un campo abierto


- La puta madre, esta mierda se atasco. Dijo la voz de Jhon como emergiendo de un mal sueño. Delante de sus ojos, apoyado en la barra el Dracida se encontraba tratando de accionar nuevamente su Beretta para rematar por las dudas al Vlaind. 

Aun en ese instante donde el dolor, el miedo y la angustia no existen, Crisald recordó entonces porque estaba allí, se acordó porque mierda había llegado al barrio más espantoso de toda la ciudad, el peor de todo el país tal vez. Le vino a la memoria la razón por la cual había caminado en la oscuridad por tanto tiempo, al borde del abismo de los condenados, entre sombras y libros de brujería que le resultaban increíblemente estúpidos a veces. 

Sus palmas, debilitadas por la casi muerte de su ser se tornaron tenazas, sudorosas, ansiosas de Matar, de matar de la forma más increíble que su mente de Rolando pudiera generar. Se levanto como el T-1000 de Terminator 2 cuando sus piezas vuelven a reunirse tras ser congelado por detrás de Jhon, quien confiado le había dado las espaldas, en el silencio y la oscuridad generada por la falta de luces. Su mano alcanzó la escopeta recortada que el mismo había tirado allí unos minutos antes, aun  tenía dos cartuchos cargados. Tenían un nombre y un rostro, pero no importaba. Antes otras balas habían llevado impresas los rostros, los sueños y la bondad de su hermana menor. Antes, siete años atrás, el plomo no había dudado un instante en pulverizar las cosas que el más amaba, aquellas que había dado por sentado para toda la eternidad como suelen hacer los Vlainds.

Sigiloso como León que espera detrás de los pastizales a dar el salto, volvió a cerrar el doble caño de su arma decorada en dorado con lenguas de Iridu. Los dos tubos, apenas si alumbrados por la luz del pasillo tomaron el fulgor homicida del acero. Un clank hizo que las pupilas de su contrincante se congelaran por un instante.
Música

- Idu Era Sivallion para vos también...- Susurró. 
Los dos estallidos de los cartuchos dentro del arma fueron el sonido más hermoso que alguna vez escuchó Crisald. Los perdigones destrozaron la espalda de Jhon arruinando su camisa verde, perforándole la carne como si dos naranjas hubieran atravesado su cuerpo. La sangre estalló como si la contuviera un globo. Jhon cayó de rodillas con su cara vuelta hacia la barra y las piernas vencidas en el suelo. 


Crisald se levantó sobre sus piernas, con Epsurren serruchando el suelo, arañando la caverna del monstruo. 
Caballos, caballos corriendo en un campo abierto.
Crisald acercó su mano maltrecha a la cabeza de Jhon, quien intentaba pararse infructuosamente
Caballos, caballos corriendo y relinchando libres en un campo verde y el cielo azul de la primavera.
Las piernas de Jhon reaccionaron, pero Crisald le seccionó ambas de un solo golpe con el filo de Epsurren. Jhon Gritó. Los ojos de Crisald destellaron de emoción, de excitación, era como cojer...quizás mejor que cojer
Caballos...corriendo cerca de él, rodeándolo, gritando y haciendo gran escándalo
Tomo la cabeza de Jhon y la levantó de sus cabellos y comenzó a golpearla contra la barra, barra con revestimiento de mármol caro. 
Caballos...caballos de fuego, de fuego vivo y asesino. fuego del ifierno, Idu Era Sivallion, Fuego, 
Los dientes frontales del Dracida volaron, la sangre quedo pegada a su boca y al filo del mármol. Otra vez la golpeó, escuchó, sintió un hueso quebrarse, los hilos de sangre mancharon la nariz de Jhon. El tabique se le partió en un millón de pedazos que se astillaron. Crisald seguía golpeando, golpeaba como quien rebota una pelota de Basquet contra el suelo. La mandíbula de Jhon se hundió cinco centímetros dentro de su cráneo. Su sangre cayó al suelo por morderse la lengua...era una catarata de precioso liquido escarlata.
Caballos....caballos de fuego, caballos de fuego cercándolo a él y a Dana en un campo abierto

Un ojo de Jhon dio de lleno contra los restos de la botella de vodka, un liquido extraño y pastoso quedo todo sobre la barra, los gritos de Jhon no existían, eran apenas murmullos inentendibles. No importaba, era mejor interrogarlo con la mente...él sabía como. Él sabia como hacer sufrir a un hombre. 

- El dolor físico pasara mi amigo. - Le dijo Crisald susurrante. Lo volvió hacia sí, vio su rostro totalmente deformado producto de los golpes. - Ahora mírame a los ojos.... ¡mírame como si fuera una puta a la que te vas a cojer dracida de mierda!- Dijo Crisald en un éxtasis asesino. -Mirame como si te gustara- Le volvió a estrellar la cabeza contra el mármol. Otro hueso de su cara se rompió, un pómulo de Jhon había desaparecido. - ¡QUIERO QUE ME MIRES COMO SI TE GUSTARA!- Dijo el Vlaind. Luego comenzó a canturrear.

Gongo Bonzo es un payaso
Ríe solo, ríe como Marrano

Volvió a chocar su cabeza, ya casi un peso muerto en sus manos.

Hace morisquetas y cabriolas
mientras duermen los Incautos.

Lo sacó de la barra y lo lanzó al suelo, rodillazo en las bolas de por medio

Gongo Bonzo es un payasito
simpático y divertido

Le disparó en ambas rodillas con su propia Beretta

que castiga a los pillos
mientras en sus camas
duermen tranquilos. 




- Ahora mi amigo, tu y yo tenemos una visita al circo. Veamos si puedes domar a este León.

Jhon, totalmente derrotado y destruido en el suelo solo pudo percibir una sensación similar a una especie de sonda entrando en su cabeza, más allá de su cráneo maltrecho o su cerebro...en lo más recóndito de su mente. Los ojos de Crisald centelleaban como oro puro, oro con ribetes de oscuridad muy profunda en donde su cabeza se perdida... sintió olor a Circo...olor a caramelo y algodón de azúcar....escuchó la risa de demente de un payaso...la carcajada de  Gongo Bonzo. Crisald le fracturaría la mente para obtener información de él muy, muy lenta y sadicamente al ritmo de la música y las cabriolas.








No hay comentarios: