domingo, 16 de septiembre de 2012

El Ritual de los Condenados XIII

Capitulo especialmente dedicado a los integrantes del grupo "Art Lovers" y L'Art Érotique "Les Péchés De La Duchesse" ¡Gracias por su apoyo!

Capítulo VII

Un Infierno Distinto


Música
Jhon Trimberg acabó sus días con un disparo en la cabeza. Algo limpio a comparación de todo lo anterior. Su cuerpo sería encontrado tendido sobre el escritorio de su oficina, atravesado por su propia espada. La sangre de su cuerpo manchando las cuatro paredes de su estrecho despacho. Crisald había decidido darle una muerte limitadamente digna después de que le presentara un combate que supuso un reto para él. Al menos tuvo la decencia de morir como un Jethi y el príncipe respetaba aquello. 

Todo fue de común acuerdo, Jhon habló, Crisald escuchó y luego lo mató de forma rápida para acabar con el espantoso sufrimiento de estar atrapado en la oscuridad de su zona tenebrosa, una tortura que nunca había conocido, una muerte lenta de la cual Crisald lo hizo zafar, después de todo Jhon era solo un triste peón de otras cuestiones. Crisald prefería ahorrarse la crueldad para más adelante. 

Ahora, en el silencioso y agujereado Chikis Crisald se encontraba en el cuarto personal de Karl. El numero 45. Era una habitación modesta y bien ordenada. Parecía que el Jethi de Frigord era una persona bastante marcial y metódica para todo. Ni una sola mota de polvo o restos de comida podían encontrarse en la alfrombra. Un expendedor de fragancias mitigaba el olor a cigarrillo y los cristales de su ventana estaban limpios. Crisald ingresó en ella con sus lentes oscuros buscando lo que Jhon había dicho antes de irse al infierno.
***
Unos minutos antes...
-Alaísa Layla Singuren, su ex novia lo metió en esa mierda-Le dijo con sus ojos apagados con el cañón de la Desert Eagle en su cien.
- ¿Quien?- Le preguntó Crisald en ese entonces.
- Alaisa Layla Singuren, una mujer que conoció en un club nocturno por acá cerca. Ella fue quien despertó todo su interés por esa cháchara ocultista que tanto le gusta. Karl no siempre fue como lo conocen en el barrio, antes era un Dracida más...pero esa puta lo hizo chiflar y así quedo.
- ¿Como la conoció?
- Se movían en los mismos círculos, los dos buscaban una especie de...de..una especie de sentido a la vida, ambos tenían costados muy espirituales. Ella estaba en un culto muy raro llamado "Los Guardianes del Umbral" o una cosa por el estilo.
- ¿Como fue que el terminó con los asesinos? ¿Quien pago por sus servicios?
- Un tipo llamado Lauro, un Vlaind, llegó acá un mes antes de lo de tu familia. Dijo que venía en representación "De una importante Baroneza Vlaind" que estaba dispuesta a pagarme un millon de Balbans por los servicios Religiosos de un Jethi de Frigord. Cuando le comente a Karl por teléfono al día siguiente me dijo que eran amigos suyos y de Alaísa y que con gusto haría el favor. Yo tome el dinero.
- ¿Lauro Cuanto?
- Lauro...no me dijo otro nombre. Un tipo con ojos claros y cabello muy oscuro y largo. Agarre la guita como cualquiera lo haría...nunca pensé que iban a hacer una masacre. Pero como eran amigos de Karl creí que lo querían para alguna orgía o cosa parecida Crisald.
- ¿Donde esta esa mujer que mencionas?
- Ahora trabaja en el Red Dite´s Corner un club nocturno entre Rimbound Street y Richmond. Lo vas a ver cuando estés cerca, ese tipo de lugares no pasa desapercibido. Si alguien sabe decirte donde esta es ella, es una Vlaind vieja y muy buena en lo que hace.

Crisald sacó la pistola de su cien.

- Yo también tengo códigos Crisald, puede que nunca me lo creas pero es así. No mato mujeres ni niños.
- Lo siento Jhon, tendrías que haberlo pensado mejor antes. - Le contesto Crisald sacando el seguro del arma de fuego.
- ¿Algo más antes de despedirte?-  Le preguntó
- Quiero morir como un Jethi, después de disparar por favor, deja la espada sobre mi cuerpo.
Crisald Asintió.
- Idu Era Sivallion Jhon, que tu castigo sea el justo y nada más.

Un accionar del gatillo dejo sin vida los ojos verdes de Jhon. El cuerpo se desplomó sobre la alfombra y Crisald le hizo los honores correspondientes,  casi sintiendo lastima por Jhon. Un idiota como el nunca podría creer que algo así iba a pasarle a él, tomar dinero no podía traer nada malo. Pero Crisald tampoco podía dejarlo con vida, tan pronto como pusiera un pie fuera de su hotel y este se recuperara de sus heridas iría a buscarlo con toda su gente y eso sería un problema.

***

En fin, Jhon estaba muerto, triste pero irremediablemente muerto. Era mejor pensar en los vivos, en Karl, el Dracida de Frigord que si fue muy responsable de todo lo sucedido en la Casona años atrás. En este momento Crisald estaba revisando los cajones de su escritorio, entre un montón de libros de ocultismo, de Ouijas y arcanos secretos del submundo se topó con una bella foto Polaroyd. En ella podía verse a Karl más joven y menos corpulento con una mujer bella a sus espaldas, rodeándolo con sus brazos. En la parte trasera del papel fotográfico estaba escrito:
Brozol 4/1/5991
Las mejores vacaciones de mi vida, te ama, Karl,

Los Rostros felices parecían sacados de una película dramática. La luz del velador viejo sobre el escritorio de Karl le daba una luminiscencia cálida. Crisald pasó su dedo grueso sobre la fotografía. Podía verse que, tal como Jhon había dicho, Karl no había sido siempre la mierda que se sabía. Su rostro y sonrisa sincera, semi desnudo junto a su ex novia confirmaba que algo de bondad  y razón hubo en él. La mujer de ojos claros también lucia muy feliz, feliz como Crisald no había sido nunca con Liena por más que le doliera aceptarlo.

Guardó el papel en la gabardina (que se tomó el tiempo de reparar modificando su materia rápidamente y sin mucho problema) Se volvió a poner los lentes oscuros y salió hacia las escaleras del Chikis en dirección de Red Dite´s corner.

***
Afuera la nieve ya caía en grandes enjambres blancos y ondulantes sobre la cabeza del Vlaind. No recordaba una noche más larga que esta...habían pasado muchas cosas en poco tiempo. Pero sus pies seguían firmes sobre esta tierra, llevando el bolso lleno de armas en la mano derecha y la Desert Eagle en la izquierda sin preocuparse por las miradas de los Dealers de las esquinas en los semáforos de ojos rojos o los Yonquis puestos hasta arriba de Heroína que se movían como zombis entre la blancura de la nieve y la penumbra de la noche.

Detrás de sí dejaba 31 cuerpos y un sinfín de historias tristes. Delante no sabía que le esperaba, quizás ni siquiera le importaba. Algo lo estaba guiando en su tarea, una mano sinuosa lo alentaba a continuar andando por la acera con su mirada escondida detrás de sus lentes. Su sombra crecía al costado de su cuerpo producto de las luces del Bajo. Tenía el pelo mojado por la agua nieve y el rostro algo dañado por las heridas recibidas, el vientre aun le ardía producto de la espada dracida. Pero su fuerza mental lo dejaba continuar de pie caminando en medio de un Infierno lleno de monobloks que por alguna razón le recordaban a las prisiones que aparecían en la television en esos Reality Show.  Niños y adultos lo observaban desde sus ventanas preguntándose que podía querer ese sujeto de distinguido ropaje. 

Cruzo por debajo de un puente ferroviario y el tren bramó sobre su cabeza con las ventanas alumbradas por la luz en el interior de los coches. Las antenas de television y las viejas torres de agua chorreaban producto de la lluvia, muchas estaban coronadas por la nieve. 

Debajo, entre los fierros de los soportes había familias humildes durmiendo, niños jugando al football con una bolsa de basura bien cerrada y acondicionada para ser un balón. Algunos inmigrantes preparaban una comida para todos en una especie de olla popular. Crisald seguía camino con los ojos clavados en el suelo y la gabardina al viento, sin leer las señales de peligro de la fabrica abandonada al costado o el letrero que anunciaba en amarillo malas noticias para la  sociedad de beneficencia. 
"Derrumbe"
"Próximamente Mc Dowals"

El Vlaind levantó la cabeza cuando la pelota de basura le pego en una pierna. Un muchacho de color llego asustado por haber golpeado con su balón a un hombre armado. - Disculpe señor.
Crisald lo vio a la cara, flaco y claramente enfermo por el otoño, vestido con ropas viejas y sucias. 
- ¿Es tuyo?- Le preguntó mientras tomaba la pelota entre sus manos. 
- Si señor, no quise golpearlo. 
Crisald le sonrió. 
- ¿Te gusta la magia ?-
- Sí. Dijo el chico algo temeroso. Detras su madre comenzaba a acercarse pensando que Crisald iba a tratar de engañarlo con fines desconocidos como otros Dracidas del barrio. 
- Cerra los ojos y vas a ver magia. 
Crisald se dio la media vuelta y por medio de sus poderes Vlaind transformó la pelota de basura en un balón de Football profesional, o al meno lo mejor que pudo hacer en unos 30 segundos. 
- Ya podes abrir los ojos amigo. - Siguió Crisald con un tono entre afable y triste. - Toda tuya...- La pico sobre el suelo y la cámara dentro de la pelota hizo ese sonido tan amado por los niños que juegan al football.

El chico la tomó entre sus manos completamente sorprendido. Había visto trucos de magia de otra gente del bajo, como los que hacían desaparecer la pelotita entre tres basos de metal que se encontraban en la esquina de su casa, pero esta vez él se llevaba el premio gordo. 
- ¡Mira mamá!- La pequeña alma se fue corriendo donde su madre lleno de alegría, como si Crisald acabara de solucionar, momentáneamente, todos sus problemas. Eso hizo que el príncipe se sintiera peor.

Crisald simplemente se volteó y se perdió en la noche del bajo, sin dejar de seguir el ritmo de sus pasos lentos y pausados, con el sonido de sus botas chocando entre la acera sucia y llena de basura revuelta por aquí  y por allá con callejones donde los gatos reinaban y los vagabundos dormían. Donde las sombras se extendían más que en cualquier tierra de fantasía, con la diferencia de que los que yacían allí poca o ninguna culpa tenían para recibir ese castigo. Entre pintadas de pandillas y viejos carteles de la dictadura: "¡Himburgo va hacia adelante y no deja a Nadie atras!" desapareció.

****
Música
Era noche de Rock en Los Cinco Gatos, una banda tributo itinerante (que tocaba temas de Credeence como de cualquier cosa que se le pidiera) animaba a los camioneros, pueblerinos y trabajadores de la fabrica de Ciberdone (los menos de 200) que bebían algo tarde una noche de viernes disponiéndose a divertirse.

Karl estaba entre ellos y observaba con una sonrisa afable a una de las camareras que servia los tragos de la barra anaranjada con la parte superior negra. Sus monos también se divertían un poco mientras aguardaban pacientes que pasaran las horas y llegara su momento. Ninguno de ellos entendía que mierda hacían tan lejos de Blondres, pero Karl dijo que era una cosa secreta de los Dragones Negros "Suban a la camioneta y callense" ellos lo hicieron sin chistar.

La Jefa había pedido al derrotado Jethi de Frigord que terminara la tarea que había empezado, que matara a la muchacha o que al menos confirmara que ella era quien esperaba encontrar desde hace muchos años. Karl y uno de sus monos salieron a la calle a fumar un cigarrillo mientras los demás pedían cerveza y la bebían muy animados en una de esas mesas que tienen bancos y mesas largas, saltando y cantando dentro del local. 

Mientras esperaba la señal del soplón que se encontraba dentro de la Biblioteca pensó en su última visita a su ex novia, (quien amaba esa canción de Old time Rock and roll y solía improvisar un Strip Tease en su viejo apartamento en el centro) le había dicho a regañadientes donde se encontraba el Dracida y la muchacha. Ella era una mujer con el poder de localizar a otros si lo intentaba...algo raro aun dentro de los Vlaind. Karl tuvo que rogarle y ella acepto antes de salir a escena unos días atrás. Cuando todo esto terminara volvería con ella, podría olvidarse del momento espantoso que estaba viviendo y regresarían los días soleados en el verano Blondinense.

Era raro que una Vlaind y una Jethi estuvieran juntos, pero a veces pasa. En este caso ambos se conocieron en un seminario religioso que se daba en la iglesia de Himburgo no lejos del Bajo, cerca del Hospital donde Karl estudiaba  medicina. En aquella otra época que añoraba al igual que Rise, cuando eran jóvenes y no sabían nada del Rettem y sus misterios.

Del otro lado de la calle el hombre al que le habían pagado 50 balbans para que les indicara si, efectivamente, allí había una mujer y un hombre según Karl se los describió, salio por las escaleras principales levantando un pulgar. Era la hora señalada....

- Llama a los muchachos. Dijo Karl con voz de Ultra tumba mientras desenfundaba su nueva arma, una colt45 plateada con el símbolo de un martillo a cada lado del cañón. Sacó de su campera de cuero el cargador y lo accionó mientras recitaba:
Del bosque llegaron marchando
Los Dracidas todos a la lucha
Con rutilantes armaduras
y hermosas monturas

Sobre el cielo pálido
se levantó un estandarte azul
con un dragón verde
que ese día escupió fuego
sobre la tierra de mis
gentes. 

Los acólitos de Karl (solo cuatro sobrevivientes al tiroteo en casa de Daniela) emergieron a través de las puertas de vidrio. Ninguno de ellos lo sabia excepto Karl, pero tal vez ese día harían historia y salvarían a muchos, a cientos, o a miles de un vació sin fondo al que sus almas estaban destinadas. 

Karl comenzó a caminar en dirección a la biblioteca seguido por ellos, guardando los flancos. La lluvia arremetía contra su abrigo de cuero. Era un Dracida que iba a cumplir con la tarea encomendada, salvar a los demás, salvarlos de la oscuridad que yacía del otro lado del Círculo, lugar desde donde provenía Daniela Vounsheim. Las puertas de vacío estaban abiertas y era el trabajo de los suyos cerrarlas.



***
Música
En algún lugar de su cabeza todo estaba en blanco y negro nítido. El escritorio ancho de buena madera sostenía una botella de Whisky y el servía uno con cierto apremio por beber con sus piernas apoyadas sobre el mismo. La camisa de Rise era blanca y usaba tirantes, junto a una correa para su revolver de detective. Detrás de él  se abría una ventana que observaba el centro de la ciudad de Blondres. Llovía a cantaros sobre el tejado de la estación de trenes de la capital y los autos largos y lujosos avanzaban rápidos por la avenida principal. Un misterioso Jazz sonaba en el aire de la Radio local.

Alguien golpeó la puerta, la silueta de una mujer alta y con sombrero se apareció del otro lado del vidrio. El Dracida le ordenó que ingresara a la oficina. La muchacha de cabellos castaños cortos apareció vestida paquetamente, de negro y blanco. - ¿Es usted Rise Thomas Kenneth?- Pregunto con una voz dulce y grave.

Rise encendió un cigarrillo con uno de los fósforos del Chikis. - Y si lo fuera...¿Que? - Respondió orgulloso y algo desafiante con el cigarro en la boca, colgante. - Necesito hablar con usted....alguien intenta matarme...-
El Dracida sacó los zapatos de arriba del escritorio y fue hacia ella antes de que se desmayara, sus brazos la tomaron en el aire. - Duerme muñeca, ya estas segura...- Una vez la tenía a solo centimetros de sus labios se percato de que la mujer estaba Desnuda y había cambiado de aspecto, ahora tenía largos cabellos oscuros ondulados y su mirada era infinitamente más sexual que antes. Los colores se habían ido, pero los ojos amatistas de la mujer desnuda centelleaban como la galaxia de andromeda.


Las manos de Daniela lo empujaban de derecha a izquierda con algo de desgano. 
- Rise...
- Disculpe Señorita Vounsheim, pero yo solo trabajo por dinero y no por caras bo-nitas. Dijo en Sueños el Dracida con un dedo apuntado hacia arriba como remarcando sus palabras. 
- ¡Rise!- Le dijo autoritaria y por lo bajo su compañera.
- ¿Am?

El sonido de disparos llegó del vestíbulo, el pobre idiota que intento detener a la súbita pandilla armada que ingresó por el pasillo de la biblioteca  terminó con cuatro disparos en la barriga. Rise tomó a Daniela de los hombros y se perdió entre los estantes tratando de encontrar una salida alternativa de aquel laberinto de Libros donde acababa de ingresar un viejo  minotauro conocido. 




Capítulo VIII
"Layla"

Crisald llegó a la dirección indicada por Jhon. En la parte central de la manzana había un enorme edificio de siete pisos. Antiguamente era el lugar de las aguas sanitarias del bajo, aun podía leerse la placa en la entrada, desde hace muchos años no era otra cosa que un cabarulo muy caro conocido como "Red Dite´s Corner", su cartel rojo y de Neón cenia todo el frente de la gris y aparatesca estructura, una mujer con cuernos y cuerpo sensual movía su cola puntiaguda de un lado al otro . "Donde solo los demonios se divierten" anunciaba debajo del cartel principal

Debajo de la marquesina se abría una puerta en forma de arco con vidrio repartido y tablitas de metal viejo. Allí un sin fin de hombres y mujeres esperaban entrar. Desde las columnas de la fachada salia, eyectada hacia arriba una luz colorada del tipo láser que proyectaba una enorme boca horripilante por donde ingresaban los invitados. 

El príncipe de los Vlaind no era la clase de persona que espera en la fila. Cruzó la calle a pasos rápidos y guardo su arma en un bolsillo. Dos monos esteroidiacos (sic) vinieron con la prepotencia usual a detenerlo, el rumor se había corrido hace tiempo en el barrio de que un Vlaind de Rolando andaba haciendo de las suyas.
- Caballero..- Dijo uno levantando su mano en señal de alto, su voz de tinte policíaco se transformó en un  quejido espantoso cuando Crisald se la retorció al mejor estilo Terminator, el sonido de los huesos rotos se escuchó a pesar de la música a todo volumen. . - Perdón, olvide la tarjeta vip. Le contesto y siguió camino. 

Las personas en la fila observaban algo atentas y alarmadas la situación. La luz Roja de Red Dites le alumbraba el semblante a Crisald. El segundo patovica intentó lanzarse sobre él, Crisald solo se agachó y cuando este yacía en el suelo le pateó la cabeza contra el cordón de la calle. El jefe de los monos tenía un cigarrillo cuya colilla estaba quemandole la mano, pero al ser estos tres unos pobres humanos estaba claramente sorprendido.
Crisald se adelantó hacia él:
- ¡Pase pase! le dijo corriéndose de la puerta y levantando la cinta en la fila. 
- ¡Muchas Gracias amigo!- Le dijo Crisald sonriendole. Le extendió un fajo de billetes: - Perdón por la molestia pero llevo prisa. 

Entre un océano de personas paradas, bebiendo y fumando Crisald se perdió. Sus ojos trataban de ver por sobre las siluetas oscuras y coloradas. Un gran espacio en medio del edificio era la pista principal, a unos 50 metros se levantaba un gran escenario donde había bailarinas danzando...bueno, haciéndole el amor al caño en donde se sotenian. 

El retumbar de los bajos en los altoparlantes sobre las columnas de hierro le golpeaba el estomago haciendo que su herida ardiera un poco más. Todo tipo de gentes adineradas se encontraba sentada en algunos sillones caros al estilo retro bebiendo cualquier tipo de alcohol y consumiendo drogas locales e importadas. Los láser azules, rojos y verdes cruzaban el éter oscuro en el recinto. Felinas miradas se toparon con los lentes oscuros de Crisald, había muchos Vlaind allí, seguramente conocía a alguna de las que se estaban metiendo caña en un rack de madera y cristal. Entre los recovecos a los que casi nunca llegaba la luz había parejas teniendo sexo bastante encendido. Las promotoras semi desnudas pasaban con cartillas de cigarrillos que colgaban de sus hombros sobre bandejas. Crisald tomó, sin mucho problema, unos cuanto Lucky Blend. 
El volumen subía y bajaba en sus oídos y en su cabeza. La espada le golpeaba la pierna derecha y la Desert Eagle dorada se hundía en sus bolsillos. Echó una mirada arriba y pudo ver que en los siete pisos restantes la fiesta seguía, interminablemente divertida y enfermiza. Hasta encontró a una loca escuchando música con auriculares mientras bebía de una botellita de agua. 
- ¿No estas muy formal para una fiesta amigo?- Preguntó una mujer con sus pechos solamente cubiertos por su brasier.
- ¿Y vos no seras muy joven para ser tan puta?
- ¡Desubicado!
Crisald se rió, algo en su sonrisa blanca y de ganador la asustó y se marcho de allí.

Mientras tanto pudo ver tumulto en la puerta, más patovicas se apresuraban hacia él. Seguramente Dragones negros que regentaban el lugar. Sus ojos lograron divisar a alguien distinguido entre ellos, probablemente el dueño o el superior de Jhon. Antes de que lo vieran se fue pitando de allí buscando algún lugar que dijera "Prohibido el ingreso". Al cabo de unos minutos y un par de empujones lo encontró al costado de la barra. 

Crisald aparto "amablemente" al custodio de allí haciéndolo saltar por la barra antes de que este dijera "A" y entró. Cuando estuvo del otro lado de la puerta de acero vieja y llena de remaches uso su poder para modificar la materia para evitar que la abrieran con la llave. Iban a tener que tirar abajo la puerta verde para ingresar.

Al voltear la música quedo atrás (por suerte), delante de sus ojos claros había todo tipo de bailarinas preparándose para salir a escena. Tomó a una chica rubia y le pregunto amablemente:
- ¿Donde puedo encontrar a esta chica? - Mostró la foto de la ex de Karl.
- Esta en su camarin, el cinco, sale en 10 minutos así que más vale que te apures. 
- Gracias. 

El Vlaind caminó por el pasillo iluminado por luces de tubo y cubierto por una alfombra cara color bordo. Contó los camarines hasta encontrar el numero 5. No se digno a tocar la puerta, aunque la abrió listo para todo. Imaginando que tal vez ella ya supiera sobre él o que alguien le hubiera advertido por teléfono...cosas de paranoico, cosas de Vlaind de Rolando. Aunque he de decir que en el mundo de Jethis y Vlainds uno simplemente no abre las puertas sin llevar una mano a la culata de un arma de fuego. Entró con la Desert en su mano y el bolso en la otra pero encontró otro tipo de violencia frente al espejo del camarin.


Una mujer de cabellos negros, oscuros como la penumbra donde viven las estrellas estaba allí sentada, ceñida por una bata roja de seda muy cara. Sus labios eran pintados por el color rubí de su Rush y sus ojos celestes centelleaban como zafiros mágicos de la antigüedad. Dos piernas largas, de piel algo más oscura que la usual entre los Vlaind apoyadas sobre la mesita del maquillaje al estilo rococo. Su mano derecha colgaba con  gracia, toda la imagen le parecía  a Crisald pintada por un artista de siglos perdidos. El cabello largo y ondulado se movía de un lado al otro producto del sensual movimiento de su brazo y su cabeza para maquillar su rostro delicioso, fino y misterioso. Las cejas levantadas por el rimel tenían un efecto de mojado y una sombra violácea recorría las cuencas grandes de Alaísa Layla Singuren, la Vlaind de Sixfrid que le había robado el corazón a tipos duros como Karl y por el calor que Crisald empezaba a sentir en sus entrañas pensó que también se llevaría el suyo también.

La mujer se levantó al verlo por el reflejo del espejó y dejo a un lado el maquillaje. Con la gracia de un felino sentó su prominente trasero en la mesita y sus largas piernas sostuvieron su cuerpo asesino de busto perfecto. Un gran colgante que sostenía un cristal se perdía entre ambos. Crisald solamente levantó una ceja y se quedo medio abobado. Si Karl había perdido la cabeza por esta mujer él no lo culpaba....

- No pareces la clase de hombre que viene por un autógrafo...Crisald Larenthguer. Dijo con su voz algo quebradiza.- Se acercó hasta él caminando con la tira de la bata desatándose en su caminar, abriendo el carmesí para dejar pasar la piel y los músculos en su perfecto punto de trabajo, el pupo desnudo con un piercing de bolita. Le levantó los lentes, se los quitó y se los poso sobre su bello rostro, una sonrisa de pasarela voló la mente del Vlaind. - Soy Alaysa...
- Eh, yo...
Los rasgos de la mujer formaron una expresión inteligente de zorra infernal. - Pero me dicen Layla...





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