viernes, 19 de octubre de 2012

El Ritual de los Condenados XVI

Reuniones de Media Noche
Parte I

Lo Oculto en Movimiento 
War is just a Shoot Away...
Música
La motocicleta de Miranda se movía entre las sinuosas curvas de la carretera de forma natural y divertida. El sonido de aquel vehículo era lo único que podía escucharse por ese entonces en las afueras de Oldbridge Town. "La Niña", nombre con el que Rise había bautizado esa moto muchos años atrás atravesaba la noche como una bala de plata en medio de la oscuridad, la silueta de su jinete mostraba  dos grande ojos verdes sobre la nariz recta y perfecta. 

Arriba el cielo era una cosa con la cual valía la pena deleitarse, lleno de estrellas a lo largo y a lo ancho del Horizonte, solitarias en la ruralidad del paisaje apenas interrumpido por pequeños bosquecillos plantados a los lados. Miranda, inclinada sobre su amado vehículo trataba de no pensar que hacia allí,  cerca de la media noche, con dos pistolas ballers en su cintura con la figura de un dragón a lo largo del cañón tallados en sus asesinos cañones. 

A una orden de sus manos, "La Niña" dobló hacia la izquierda, los faroles de la carretera la hacían aparecer y desaparecer en pocos segundos mientras el agua sobrante de las lluvias en el asfalto saltaba a los costados de sus botas negras. 

Miranda no era la clase de mujer que da explicaciones de sus actos. Por más que fuera una maestra de la Orden de Sigmund, todos los libros leídos y parábolas aprendidas en los últimos 20 años no habían logrado hacerla menos fría que un tempano, más cálida que el motor de un frezzer y menos expresiva que una roca. A menudo, quienes notaban que Rise estaba evidentemente enamorado de ella se preguntaban que lo atraía de esa mujer (Mas allá de su indiscutible belleza)

Lo cierto con respecto a eso (pensaba Rise) era que todos en el bosque querían cojerse a Miranda, pero nadie se animaba a siquiera invitarla a pasear alrededor del bosque. No porque ella fuera a rechazarlos o porque impusiera una falsa mascarada de "Dura e insensible". No Miranda tampoco era de esas...Simplemente era una mujer que al parecer nunca había dejado correr sus hormonas hacia el Sexo...todo su lívido pasaba por la Orden de Sigmund, arreglar la moto, y la Orden de Sigmund. De vez en cuando había tiempo para los pocos amigos que tenía y para Rise; quien no era exactamente un amigo porque no entraba en ese casillero en el que ella ponía a las personas. Rise era...Rise.  ("y Miranda es Miranda, esos dos no en vano han llegado juntos" solía completar el viejo Mitril cuando eran niños)

Como hemos dicho antes, Rise siempre pensó que lo mejor sería llamar a su ex compañera del bosque para que analizara a Daniela, cosa que nunca terminó de hacer debido a que, principalmente, se negaba a aceptar que solo quería escuchar su voz y tener una buena razón para verla una vez más. Asi como no hizo falta que Karl muriera luego de que Daniela le atravesara un ojo de un balazo, tampoco fue necesario que Rise venciera miedos arrastrados desde la pubertad para que el Et-Zuloth, los Dioses, o quien sea pusiera las cosas en su lugar.

Algún tiempo atrás Miranda venía teniendo una serie de Sueños monotematicos con respecto a la infancia de ambos en el Bosque. Algo sobre una carrera que jugaron alguna vez que terminó en una represalia de Mitril por acercarse a la parte más vieja y Prohibida de Hosmusilias. Mientras la moto se elevaba como cometa en una colina del terreno, Miranda pensaba que, racionalmente, aquello no tenía la más mínima importancia. Sin embargo los Jethis de Sigmund no descartan sus sueños como la mayoría de los Jethis modernos hacen. Pues en su entrenamiento se les enseña que la mayoría de las cosas importantes en la vida de un Dracida de Sigmund se revela a través de sueños, al menos según decía el fundador de dicha orden en tiempos remotos. 

Por algunos días Miranda se dedicó a rastrear aquellas impresiones y sentimientos que le traían a su cabeza el recuerdo de la Torre del Norte. Aquella estructura solitaria y antigua a la que llegaron luego de la carrera. Un lugar demasiado cargado de supersticiones entre los Jethis del Bosque como para examinar de manera "científica" por ellos mismos. Desde entonces había regresado al lugar una y otra vez sin mayores resultados, siempre pensando en que Rise seguramente recordaría algo que ella no acerca de eso. Alguna cuestión que solo para la mente y personalidad de Rise hubiera sido importante en ese momento. Otro sueño recurrente en los últimos días había sido sobre unos pies descalzos, evidentemente femeninos, caminando sobre asfalto ardiente rodeados por altas llamas. Tanto el de la torre como este último aparejaban el mismo tipo de sensación: Lo oculto en movimiento. 

Fuera como fuera, cuando escuchó en la vieja radio marca Philkon que un tal Rise Thomas Kenneth estaba sospechado de secuestrar a una muchacha de 18 años tras un intenso tiroteo en blondres supo que su compañero se había metido en problemas, quizás todo fuera cuestión del "Diffenagen", (el augurio que se presenta en forma de Sueño a los Dracidas de su Orden) o no. O solo significara que estaba cansada de no tener con quien beber una cerveza en el pueblo más cercano al bosque y mirar Fútbol. 



Como hemos dicho, Miranda no necesitaba de muchas explicaciones para nada, ni siquiera para ella misma.  Ya entrando en las afueras del pueblo con la Motocicleta, tras cruzar un afiche carretero del gobierno nacional con la figura del primer ministro arremangándose bajo la leyenda "Todos Juntos trabajando por la nación"   hizo vibrar el caño de escape en la oscuridad  y se perdió entre los bosques precedentes al pueblo.
***


- Es ella Jefa...- Volvió a jadear producto de sus heridas. - Es ella Jefa...es la Enviada.
Los labios rosados de Liavenna hicieron una mueca que se asemejaba a temor.
- ¿La mataste entonces?
- No...con su perdón ...-Dijo Karl en la cabina del teléfono Publico -Ni se imagina como es estar frente a ella. - Estoy herido pero...- Gotitas de lluvia volvían a caer sobre la avenida principal,  los cristales de la cabina estaban picados por el acuoso contenido de la tormenta. - Creo poder manejarlo..., creo ser el indicado.

Clack. Liavenna cortó el teléfono;  eso significaba que libraba al azar la preciosa cabeza de Daniela. Él o su compañero (Sarcant, que dormía en el hotel tras una larga noche de alcohol) tenían que terminar el trabajo, siempre y cuando pudieran claro. Karl retiró el vuelto del pequeño y frío espacio de las monedas, todo iluminado por esa luz de nave espacial que tienen las cabinas del teléfono publico, abrió la puerta ante la mirada absorta de un vagabundo que observaba a este hombre lleno de orificios de bala salir de ella.

Karl caminó unos pasos en dirección al centro. Luego volvió donde el ciruja desconcertado:
- Quédese con el cambio...-Dijo Karl en tono solemne.
- Gracias hermano, brindare por ti.- contesto el hombre de la calle levantando su botella de tetrabrick marca "Crota".

En la mansión de los Enarmarr todo era silencio, Liavenna dejo el teléfono antiguo, del estilo de los 40 y observó la pintura de su estudio. En los alrededores, en los jardines y las estatuas que rodeaban esa enorme casona podía escuchar las voces de sus antepasados, los clamores de viejos fantasmas que retornaban en la noche. Sus ojos verdes, color esmeralda preciosos se fijaban en el centro de la aterradora pintura. Por una de las ventanas entraba el viento frío del próximo invierno sacundiendole la bata negra que usaba a veces de entre casa. Se sirvió un vaso de Whisky y caminó en dirección a la pintura como hizo 2000 años atrás.  Su alma se fundió con ella, se hizo una con el lienzo...se perdió en cada linea del núcleo amatista.

Pudo ver por el reflejo de su baso de cristal que Lauro ingresaba a la habitación como presintiendo lo sucedido. Ella se dio la media vuelta un segundo para mirarlo con una sonrisa autentica:
- Lauro.
- Maestra. ¿Quien ha llamado?
- Karl..- Dijo Liavenna volviendo el rostro a la pintura.
- ¿Y bien?
- Esta confirmado, es ella.- Se bebió el baso de un trago.
Lauro sintió un ligero resquemor en su interior, como si le hubiera gustado no tener nunca que vivir ese momento. Miró en dirección al jardín donde la noche arreciaba. - ¿Entonces?
- Entonces cumpliremos con nuestro Juramento, Lauro. Dijo Liavenna volviendo a su fiel sirviente.
 -Llama a los huéspedes  y diles que esta confirmado, luego prepara las armas de la casa y el salón de conferencias. Yo...tomare un baño y me encontrare con ellos.
- Si señora. Dijo Lauro con tono militar, se inclinó ante ella y se marchó en dirección a su oficina contigua a la de Liavenna.
La Señora del templo de Ungil volvió a su pintura y sirvió otro Whisky.

***
Música
Liavenna caminaba nerviosa por el amplio salón de reuniones. Como en toda gran casona Vlaind la pintura de Balabord observaba todo desde una altura privilegiada sobre la gran chimenea estilo francesa con dos cabezas de Leones en sus extremos. Los ojos del señor de los Vlaind eran duros como una filosa espada e infundían temor aun en gente como Liavenna. El suelo de cerámica estilo italiana de principios de siglo estaba brillante como siempre. Las luces cálidas de los veladores en diferente mesas de madera cara al costado de las tres puertas de acceso le recordaron a  las ánforas del templo milenios atrás  Puede que la arquitectura haya cambiado, pero no la imperiosa necesidad de Luz en Balbania, de un faro o un refugio que rechazara las sombras que rodeaban el mundo desde antes que ella naciera, desde el día "uno" de la existencia o aun antes de la misma. 

El Whisky, su único compañero, estaba comenzando a acabarse. Ya bañada y con sus cabellos aun mojados por el agua de los subsuelos (profundos, oscuros y misteriosos subsuelos del ex templo de la sacerdotisa) la hermosisima Liavenna escuchó que por detrás se abría la puerta. Casi por un segundo temió que se tratara de ese tal "Padre Merry" al que nunca había podido atrapar del todo. A menudo tenía pesadillas con aquel misterioso (¿Hombre?) aparentemente tan viejo como ella llegando en la oscuridad con una espada forjada en las fraguas del Otro Mundo. 

Oh sí, aun soñaba con estandartes blancos, ceñidos por cruces de color amatista profundo levantándose de entre el polvo en la batalla...aun soñaba con los gritos y la desesperación de esa última batalla frente a los muros de Urssgard...aun soñaba.

- Creo que necesitas más de eso mi amiga. Le dijo la voz de Arcard, uno de sus únicos amigos que había sobrevivido en los últimos cientos de años que provenía de Hellens, lugar que a diferencia de Liavenna se resistió a abandonar en ese amanecer rojo como la sangre, de cuervos y estandartes rotos. 

A pesar de sus años Liavenna no había perdido parte de su innata sensibilidad Vlaind, fue un alivio para ella volver a escuchar la voz del jefe de la Orden de Sixfrid en el país Vecino, y uno de los capitanes más importantes de la antigüedad en la guerra del sur. Liavenna se lanzó a sus brazos con un afecto que no conoce comparación  Arcard, de cabellos rubios bastante oscuros y cortos, de ojos verdes y sonrisa afable la apretó fuerte contra su pecho. 
- Han sido muchos años mi Sinerina....- Dijo el Vlaind. 
- En verdad mi querido amigo...- Dijo Liavenna decidida a llorar sobre el hombro del único hombre que merecía tal cosa. Y el único Vlaind que conocía tanto sobre estas cuestiones como ella. 
- ¿Llegue muy temprano?. Le dijo Arcard.
Era increíble , a ojos de Liavenna el joven Capitán no había cambiado nada en los últimos milenios. Ella por el contrario, a pesar de su gran belleza siempre se sentía cambiada y triste a comparación de los años dorados. 
- Demasiado tarde tal vez...
- ¿Liavenna Enarmar tiene miedo acaso? Contestó Arcard haciéndole una seña a Lauro (quien observaba desde la puerta) para que le llevara el equipaje arriba. Lauro hizo una mueca de disgusto, cerro la puerta y dejo solos a los dos. 
- Hoy todos deberíamos tener miedo Arcard.- Se separó de sus brazos y fue en busca de una nueva botella de Whisky en el mini bar.  Afuera la lluvia volvía a arremeter contra la tierra.

Arcard, vestido con un largo sobretodo de corte italiano color negro camino con su figura alta y caballeresca por el salón hasta la ventana que daba a los jardines. Liavenna fue detrás de él para alcanzarle su bebida. Ambos Bridaron:
- Por Balabord
- Por él.
Los dos se mandaron el liquido directo a sus gargantas y permanecieron un instante en silencio.

***

Quedaba una solo cartucho de Beretta en la mochila. Otra vez Daniela había matado a una persona a la que no había deseado hacer daño. Nuevamente un sujeto que se había acercado a ella debido al profundo magnetismo de su luz y pureza había caído bajo la trampa del ser que habitaba dentro de su cuerpo, si es que no era ella misma en otro estado. Si es que en verdad no era algún tipo de monstruoso ser sediento de sangre de Dracidas.


- Es ella Arcard, Karl acaba de confirmarlo. Han regresado como dije que lo harían  Mis esperanzas era que la mayoría de ellos hubiera muerto en las guerras que sucedieron en Hellens tras nuestra derrota. Les seguí la pista a través de mis contactos en el sur, pero nadie parecía recordarlos. Ni siquiera los Dracidas.- Decía Liavenna en su Mansión. 

Música

Inútilmente la muchacha se había aferrado a la esperanza de que esta vez, de despertar aquel instinto asesino Rise encontrara a tiempo la manera de detenerlo, pues él ya sabia que era un Jethi y estaba tan intrigado como la propia Daniela en saber que era y porque. Ademas a diferencia de otros, ella sentía un cariño muy profundo por el Dracida de Bilingord. Llegó a creer que, tal y como decía el Padre Merry los anteriores realmente necesitaran ser "liberados" de lo que fuera que los apresaba y que ella había encontrado al hombre correcto. Después de todo fue ella quien se acercó a él en primer lugar y no al revés como ocurrió con el Señor Doubts (quien ahora entendía que era un Jethi no despierto) y un ex novio de la adolescencia.


- Eso es porque tal era su propósito Liavenna. Ser olvidados y dormir en diferentes cuerpos mortales hasta el despertar definitivo. Hasta el final de este siglo.- Dijo Arcard encendiendo un cigarrillo observando las gotas de lluvia chocar contra los cristales de la mansión - Hasta que nuestras razas estén débiles y desangradas por años de conflictos. Ellos...

El mayor terror de Daniela ahora y siempre había sido la soledad. Pero no en la forma que la ven los adolescentes,  era una soledad mucho más inmensa la que sentía cada vez que entendía que su destino pasaba por asesinar a las personas por las cuales sentía un especial cariño. ("Liberarlos" diría Merry)

Su madre había terminado en un loquero luego de que su primer novio serio apareció con un cortaplumas en la nuca en el cuarto de su hija, su padre divorciado y perdido en la bebida en un pueblito del este cerca de la frontera con Brusia. Su hermano, quien tanto gustaba de coquetear con el oscurantismo nunca regresó del viaje de Egresados para ser reprendido por los Evangélicos padres, dos días después del asunto con el Señor Doubts. Falleció en el viaje de regreso tras un misterioso accidente de transito entre el bus de los estudiantes y el Himburgish Northline, la linea de ferrocarriles re abierta en los primeros años de Pallance.

Ellos fueron mucho más inteligentes que cualquiera de nosotros. No se quedaron en un mundo al que no pertenecían  simplemente elevaron sus almas hasta el Essea dejando los rastros de su esencia en los hombres de Hellenes. Así, por muchos años,  pasaron de abuelos a padres y de padres a hijos con solo una marca característica e imborrable: El color de sus ojos cuando se sienten en peligro. 

Mientras fue creciendo en este contexto se forzó a olvidar las palabras del Padre Merry, porque esa cadena de desgracias, según el único hombre que le dio confort a su alma en la niñez era "Sagrada" y eso no podía estar bien. Al igual que Rise no podía llegar a convencerse de que Dios era tan cruel...Pero el cuerpo de Rise en el suelo le indicaba que Merry estaba en lo correcto. Solo había que esperar a "La era del Sol" entonces, tal y como Karl, podría conformarse con la idea del Destino.

Pero matar a Rise había sido suficiente para su corta edad. Demasiado dolor y angustia como para un cuerpo tan pequeño y un alma tan sensible  "A la mierda el destino" Pensó una vez que cargó el ultimo cartucho en la Beretta cromada.


No hay rastros de quienes fueron en su pasado, solamente la marca que gente como nosotros, inveterados y pocos Vlainds  que hallan luchado en la olvidada guerra del sur podríamos descubrir, el fulgor amatista en sus ojos cada vez que se sienten amenazados o en éxtasis  Algo que podría confundirse con algún tipo de enfermedad congénita en la familia. ¿Comprendes?- Continuaba Arcard

- Los Dracidas se acercan a ellos en busca de ser liberados de sus penas. Sienten una especie de magnetismo muy especial que los obliga a acercarse porque ven en ellos la luz de Heills y de un paraíso al que, hasta ahora, no han tenido acceso. Esa sutil arma les asegura siempre pasar totalmente desapercibidos, hasta ahora. 

Daniela elevó el cañón del arma a su cabeza y cerró los ojos, pensando que sería la ultima vez que lo haría. Sin embargo, tal y como pronosticaba el sabio Arcard de Sinnue, aun faltaban muchas balas antes del final. No lejos de allí Rise empezaba a mover esporadicamente el ceño debido a una gotita de agua que le caía en la cabeza. Miranda desenfundaba sus dos Ballers luego de ver el reguero de cuerpos frente a la bibliteca del pueblo y Sarcant salia de la hostería enviado por Karl a "Terminar el trabajo"

En Hellens en la monumental y antigua catedral de San Jorge el Padre Merry fumaba un cigarrillo mientras observaba las nubes de Tormenta arremolinarse sobre el canal de Ches que separaba ambos países  Uno de sus monaguillos dejaba en su escritorio lo que había pedido. La reliquia más importante de su congregación.
- Aquí esta señor.-
- Gracias hijo, vuelve a tus tareas. Dijo amable como siempre el Padre Merry. - O mejor vete a descansar, lloverá como no ha llovido en siglos. Continuo de pronto con aires mesiánicos y un pequeñísimo destello amatista detrás de sus lentes.
El pequeño Helleniano caminó hacia su cuarto, poco antes de dejar al Padre Merry a solas en su cuarto pregunto:
- ¿Padre?
- ¿Si Hills?
El niño señalo el paquete dejado en el escritorio.
- ¿Es en verdad la espada de San Jorge Padre?
- El Padre Merry desenfundó el acero límpido y fatal de aquella espada forjada en años en que el cristianismo era solo una secta muy extraña en medio oriente. La miró de arriba a abajo, la luz del velador de su escritorio parecía imprimirle una suerte de fuego esquivo a su argenta hoja.
- Sí...aunque pronto tendrá nuevo dueño.- Cuando el muchacho se marcho de allí  Merry tomó el teléfono moderno y Helleniano del escritorio mientras los ventanales de la catedral recibían las primeras lluvias sobre la ciudad de Merlin.
- Luffthansa Airlaines habla Sheila ¿En que puedo ayudarlo?...- Dijo la voz de una operadora.
- Si, quisiera reservar un pasaje para Himburgo por favor.





















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