sábado, 27 de octubre de 2012

El Ritual de los Condenados XVII

Reuniones de Media Noche 

Parte II

Aeropuerto Alexander Emperor , Himburgo 23:00 PM

La típica voz femenina que parece repetirse en todos los lugares donde se presta servicio de transporte anunciaba:
"Amerikan Airlines anuncia su partida de las 23hrs 30 minutos con destino a la ciudad de Freds Town por puerta 55"
"Himburgish Airways anuncia su llegada de las 23 Hrs proveniente de Salef del Norte por puerta 78"
"Luffthansa Airlaines anuncia su arribo de las 23 Hrs proveniente de Hellens por la puerta 66"

Una importante fila de personas aguardaba en  "Inmigraciones". Niños, viejos y adultos esperaban impacientes terminar con el horrendo papelerio que supone viajar fronteras afuera. La mayoría de ellos eran hellenianos que visitaban a parientes en Himburgo, la temporada turística de ese país se había acabado hace rato.

Las luces de tubo y todo el color "acero" del aeropuerto le daba un aspecto futurista muy especial al Alexander, los truenos y relámpagos fuera, frío y diabólico.  Entre toda su actividad de entradas y salidas, llamadas y atrasos, freeshops y bebes llorando en las bahías de espera el Padre Merrry aguardaba en inmigraciones luego de pasar por los rayos x del aeropuerto. Todavía sonreía luego del divertido encuentro con el policía  "Soy un coleccionista de Antigüedades  La espada sera mostrada en una exhibición en el museo nacional Himburgues"

Ese verso nunca fallaba, siempre y cuando fuera acompañado por el debido certificado falso. Aunque no era común en Merry salir armado a algún lugar, esta vez debía llevar la espada. Fue tan difícil sacarla de Hellens como pasarla por Himburgo. Pero Merry tenía sus trucos como cualquiera de su especie.

Una voz militar llegó desde algún lugar mientras Merry jugaba con su Zippo Plateado, adornado en su frente con una cruz tipo germana tallada sobre el metal. - ¡ Próximo!- Dijo la policía de lentes y marcado sobre peso. Merry puso sus papeles sobre la mesa y la luz de tubo sobre el mostrador le otorgó un aspecto angélico. Le sonrió amablemente y puso ambas manos juntas delante de su regazo.


- Nombre por favor. Pidió poco amable la mujer observando el monitor donde apuntaría la información.
- Merry.
El clack, clack del teclado vino acompañado del ingreso de su nombre en el casillero correspondiente, en muchos y negros pixeles.
- Apellido. Prosiguió la policía
Merry hablo en voz alta, aunque a si mismo encogiéndose de hombros.
- Escoja uno...(En Himburgues literalmente Merry contestó "Pick one really")- Tras un tronido, un relámpago inmenso cruzo muy cerca de la pista, los niños que observaban los aviones llegar y partir se emocionaron, algunos adultos, temerosos de volar, se persignaron.
- ¿Como dijo?- Pregunto la oficial sacando sus ojos de la pantalla.
- Ehm,- Merry miró hacia arriba pensando, no recordaba la última vez que alguien le había preguntado su apellido.- Elogios.- Dijo Finalmente.
El apellido fue ingresado en la computadora tras un rápido y despreocupado tecleo.
- ¿Motivo de su visita a Himburgo?
- Negocios y Turismo.

El tramite siguió normal y profesionalmente. La señora gorda, quien pensaba que Merry era el cura más hot que había visto en mucho tiempo le sonrió con sus dientes amarillos por el café 
- ¡Bienvenido a Himburgo! Que lo disfrute mucho.
- Seguro. Muchas gracias a usted señora. -Luego caminó desde allí hasta la banda de equipaje donde ya, separada del resto de las maletas como por arte de magia, aguardaba el bolso con la preciosa reliquia de la catedral de San Jorge. Solamente llevaba ese bolso, una biblia  y algunas cosas menores como cigarrillos marca "KRUP"-

Caminó por el amplio y colorido patio de comidas con su sotana cubierta por un largo abrigo de cuero  y los lentes redondos al estilo hombre letrado. Atrajó las miradas de las jóvenes cristianas de la congregación de Saint Peters que viajaban esa noche a Landesia, hubo  suspiros. Merry les devolvió las gentilezas a todas con una sonrisa de ganador.

Era un cura con mucho Swing para ser cura. Joven, aplicado, bello, intelectual y bondadoso. Todo el sueño de una monja, de una adolescente,  de un padre o una madre. Ese extraño cabello blanco que no era albino pero tampoco cano, los ojos grises grandes y la piel en su tonalidad perfecta de color. Sin contar su increíble sentido de la moda.

Merry salió del aeropuerto donde todo era un caos de Taxis y seres humanos a los empujones y puteadas. Encendió un cigarrillo "KRUP" y probó su dulce sabor a frescura. No eran mentolados, sino más bien parecidos a los "Gipsy" azules de Landesia. Pero Merry era un consumidor muy fiel, el tabaco Helleniano no había cambiado su sabor en los últimos 5000 años. De eso estaba seguro...tanto o más como que su apellido..., mejor dicho, su nombre era Elogios.

Mientras estaba allí parado, nada lejos de la ciudad de Blondres, podía ver los rascacielos y las enormes tiendas, todas  luminosas y coloridas en la noche tormentosa. Merry pensó que así como el gusto del tabaco helleniano no había sido modificado por los años, al parecer ese gusto de los hombres por vivir apiñados entre un montón de torres tampoco. Si hay algo que nunca pudo entender de esa especie era su gusto por la vida urbana. El los había visto, cientos de veces, matarse por la posecion de tal o cual terreno, levantar y arruinar imperios de un día para el otro, reinos que iban de costa a costa. Todo ese quilombo para terminar viviendo hacinados en ciudades apestosas. Ya era así en los tiempos de Notiel...sin duda el tiempo no mata los malos hábitos; como tampoco su gusto por el tabaco humano.

Cuando terminó su cigarrillo tomo el primer taxi que encontró en su camino.
- Buenos noches padre.- Dijo el Himburgues correcto y amistoso.
- Buenas noches amigo.
- ¿Hasta donde le llevo?
Vamos a Sieg Platz (Plaza de la Victoria en Helleniano, también mal llamado"Victory Platz" comunmente en Blondres")por favor.
- ¿Que no esta abandonado ese edificio?- Pregunto el taxista luego de encender el contador. 
- No por mucho...Mi empresa lo compró.
- Vamos a demorarnos un poco padre, el trafico esta atascado por la lluvia. Ademas es fin de semana y toda la gente sale en auto esta noche.
- No se preocupe...he esperado mil  años por hacer este viaje. No llevo apuro. - Contesto riendo. 



***
Llovía a cantaros, el cielo se estaba viniendo abajo, literalmente, había cuerpos en el suelo de la pequeña biblioteca, sangre a montones y casquillos. Sin embargo lo que provoco que Miranda sacara las dos Ballers no fue producto del sombrío espectáculo, sino más bien el hecho de que en las cercanías apestaba a Vlaind.  

La Jethi de Sigmund se movía en las sombras como por su propia casa. Iba por las calles y recovecos del poblado con una agilidad desconocida para cualquier Dracida de Ciudad. Porque en el Bosque de Hosmusilias se pueden hacer muy pocas cosas ademas de Comer, dormir, meditar y entrenar. Por lo que cuando uno de los Jethis del Bosque sale a la civilización moderna se cuida bastante de no ser visto. No sea cosa que la policía lo agarre sin papeles, armado y con una espada. 

Si bien Miranda ya conocía bastante las tradiciones de la vida moderna, pues al igual que Rise nació en un poblado (solo que al norte en un lugar llamado Vincent Town") no estaba con ánimos de hacer sociales con nadie. Su sentido de la percepción le indicaba que Rise estaba cerca, ella sabía bien que su olvidada casa era el único refugio que tenía el Jethi de Bilingord fuera de la ciudad y por suerte Oldbridge Town no era tan grande como para no toparse con él en poco tiempo.

Pero apestaba a Vlaind...

Cuando Dejo la motocicleta en la Gasolinera del pueblo anduvo entre los bellos jardines de los empresarios de Ciberdrone Sistems y por las calles menos transitadas. Evitó autos y patrullas policiales de mucha mejor forma que cualquier Agente del MI5 u organización de Inteligencia. Si bien los de Bilingord son quienes más han desarrollado el arte de pasar desapercibidos, los de Sigmund saben guiarse por el llamado "Instinto de Sigmund". Algo que a Rise le gustaba definir como "Sentido Arácnido"  para burlarse de su compañera. No analizaban datos, sino más bien sensaciones, lo que les susurrara la naturaleza, elijan ustedes....

Y el lugar apestaba a Vlaind, a Vlaind de Gerardie. Una impresión de una mente orgullosa y retorcida por el placer de serlo se movía en la noche al igual que ella buscando exactamente lo mismo. Un Jethi. Hasta Donde Miranda sabía no debía haber muchos en ese pueblo a parte de Rise. Aunque cuando llegó frente a "Los Cinco Gatos" pudo percibir a algo rudo y estricto durmiendo en algún lugar (Karl) esa sensación estaba apagada...lejos de sus sentidos. Probablemente porque para ese entonces Karl se dormía la siesta de su vida luego de una noche tan agitada .

Sin muchos resultados en las primeras dos horas de búsqueda  Miranda recordó que en su anterior visita al pueblo (junto con Rise, siete años atrás)  este le había mostrado el viejo y abandonado taller de maquinas de la compañía de ferrocarriles. Muchos años atrás allí se reparaban todo tipo de coches de trenes. Con la llegada de Ciberdrone se pensó en levantar allí una enorme tienda de Ciberdrone Sistems, un cine de 10 desproporcionadas salas y un patio de comidas. Aunque el proyecto nunca termino de hacerse pues el estudio de mercado indicaba que los pobladores del Oldbridge Town, aun aquellos que no habían participado de la rebelión contra la compañía,  no estaban interesados en que un misil capitalista de ese tamaño arruinara el aspecto tradicional del poblado. Sin muchas opciones (Y francamente sin ideas) Miranda se adentró en aquel viejo predio lleno de metal herrumbrado. 

***

Un Vlaind y Una Jethi


Desde el otro extremo del pueblo, agarrado por sus largas garras negras sobre el campanario del ayuntamiento (una bonita cúpula triangular)  Sarcant escrutaba la noche en busca de sus dos victimas. Karl le dijo, clara y taxativamente: "Anda a la iglesia y reventa lo que queda de ellos". Pero en la mente de un Vlaind (o al menos la mayoría de ellos)  un Jethi siempre habla boludeces. Si el Jethi es de Frigord habla boludeces religiosas, y si ademas de eso es tu odiado compañero obligado...

Sarcant era un Vlaind de Gerardie que, si no era tomado por sorpresa como por Crisald, era realmente mortal como cualquiera de su especie. Toda cosa capaz treparse por las paredes como si se tratara de una enorme y filosa cucaracha debe serlo. Llevaba dos horas aguardando en la oscuridad cuando escuchó el sonido de una motocicleta estacionar cerca de la iglesia. Luego su privilegiado oído pudo oír el sonido de botas en el norte, botas golpeando el agua sobrante en las calles. Por la forma de caminar y su cadencia adivinó que estaba intentando pasar desapercibido.  Sonrió malignamente y bajó desde el campanario con la lluvia cayendo sobre sus espaldas, como un lince que se prepara para la cacería se procuró hacer el menor ruido posible. Recorriendo rápidas distancias cuando un trueno golpeaba el silencio o un camión de transportes "Goodyes" (La más famosa  compañía de logística en el país) andaba por la avenida principal con todo su  estruendo. 


Tras andar así unos minutos, llegó a la antigua zona industrial de Oldbridge Town, por ende ingresó en el viejo terreno de la compañía de ferrocarriles.  El Vlaind de Gerardie trepó por sobre una grúa de carga siguiendo el rastro de aquellos pasos misteriosos. Desde la altura pudo divisar la silueta de una mujer vestida de negro entrando por la alambrada perimetral. Se sonrió .."Para tener 18 años esta bastante bien formada" Pensó a sus adentros, mientras, lenta y calculadamente acomodaba sus pies (o garras) para descender lentamente de la grúa sin ser detectado. 

La Jethi de Sigmund sintió  tan pronto como cruzo los portones de hierro de aquel lugar, la presencia de un Vlaind. Pero estaba muy oscuro como para adivinar su posición a través de métodos tradicionales. Sin embargo estaba segura de que fuera quien fuera ya la habría visto. Ella se encontraba en un área llena de escombros y metales en el suelo. Era muy difícil no ser escuchado si se deseaba entrar a los talleres. 

Sarcant, pegado al suelo sin embargo, se deslizaba con la gracia divina de su Orden, pensando cien veces cada paso que ya había analizado otras cien antes de que Miranda ingresara allí  La observaba desde una antigua heladera abierta y oxidada, a solo unos diez metros de su posición  "Esa no es una chica" Pensó mientras transformaba su lengua en negras serpientes que emergieron de su boca como flacos y largos monstruos de una pesadilla. "Eso es una Dracida...."

Miranda caminaba, a pesar del ruido inevitable sobre la basura, pero con una mano bien pegada a la cintura jugando a la victima desprevenida. Sarcant, por otra parte, se acercó un poquito más, sus largas serpientes se alargaron aun más sobre el terreno, escondiéndose entre restos de comida, electrodomésticos usados y ruedas de locomotora. A través  de ellas podía ver en la oscuridad de una forma amarillenta y ámbar  Una de sus criaturas llegó a estar a menos de un metro de la mujer. 

La Jethi de Sigmund sabía que algo de ese Vlaind estaba a centímetros de ella y pensó en la única forma de revelar su escondite, era una de las primeras lecciones de su maestra en el arte del combate contra Vlainds de Gerardie (tenía que ser de esa orden para estar tan bien escondido). Esa técnica consistía básicamente en encender un circulo de fuego a su alrededor  Si el enemigo estaba intentando espiarla o atacarla por medio de sus horrendas víboras las mismas se encenderían de inmediato mostradole, como en el camino amarillo de Dorothy, la exacta posición de su enemigo. 

Miranda chasqueó entonces los dedos y con su mano derecha dejo caer una llamita proveniente de sus manos que encendió el lugar como una bengala por un instante. Claro que para un tipo de Jethi que maneja los elementos, la lluvia no es problema. La flama cayó y de inmediato formo el circulo protector de unos 30 centímetros de altura. 
Sarcant no esperaba ese movimiento, habían pasado muchos años desde la ultima vez que lucho contra un Dracida. Las flamas tomaron en un santiamén la cabeza de su pequeña serpiente. Un dolor insoportable, agudo y calorico llegó desde ella hasta su boca. Una linea de fuego se abrió camino hacia la derecha de Miranda, quien ya preparada saltó a un costado y abrió fuego sin piedad sobre el lugar donde las llamas se dirigían.

Las Ballers arrasaron con la pequeña Heladera de cobertura que Sarcant había escogido, las chispas producidas por los proyectiles le hicieron recordar a las estrellitas de navidad con las que le gustaba jugar de niño en su casa. El sonido del acero agujerearse en la tormentosa noche era sórdido y potente.

El Vlaind de Gerardie cambió de posición en un segundo, usando sus garras para correr en dirección al norte y buscar un lugar desde donde asaltarle . Pero las Ballers de Miranda no dejaban de lanzar plomo muy cerca de él, una de las esquirlas se le clavó en la pierna. La Jethi, intentando verlo en toda esa oscuridad caminó hacia atrás hasta que se le acabaron ambos cartuchos y por ende la suerte.

Sarcant, rápido como el rayo aprovechó los pocos segundos de tiempo que tenía y dio un salto hacia su posición con las garras bien en alto, brillando en la oscuridad producto de su color similar al mármol negro brillante. Miranda solo vio una sombra caer sobre ella, pero fue muy tarde, tres franjas de nueve centímetros cada una le rasgaron el costado izquierdo. Pudo sentir por primera vez en muchos años el ardor de una herida Vlaind. 

La segunda garra subía desde abajo lista para despanzurralra ahí no mas. Miranda la pudo detener con sus propias manos y desviarla. Luego lanzó una patada para alejar a su contrincante. Sarcant dio una vuelta carnero hacia atrás, ya vistiendo sus colmillos en su boca y logro salir fuera del alcance de su golpe. 

Miranda no era como Rise, no se media mucho a la hora de luchar, mucho menos por su vida. Directamente decidió rostizar todo lo que encontrara a su paso hasta poder volver a tomar la iniciativa  En un abrir y cerrar de ojos sus dos manos se frotaron en un movimiento audaz y de ellas volvió a brotar fuego pero esta vez de ataque.

Como si de una manguera se tratase el candente chorro ardiente se le prendió en un brazo a su enemigo como puro Napalm . Sarcant Chillo de dolor y antes de que pudiera reacomodarse del golpe, Miranda tomó uno de sus amados Cuchillos de Sigmund (arma favorita de esta Orden) y se lo lanzó directo a la garganta. El acero límpido y sagrado fue eyectado,  girando sobre su propio eje y dio de llenó en el cuello de Sarcant. Miranda, aprovechando el tiempo ganado fue hacia atrás. 

- Por que siempre en la boca, ¡la puta madre!- Dijo Sarcant sacándose el cuchillo que le quemaba la piel como ácido  - Solo queremos a la piba...seas quien seas. Dijo luego, mientras su brazo, aun ardiendo caia al suelo como un chorizo lleno de grasa. Del hueco otro comenzo a crecer lentamente.

El Vlaind de Gerardie no iba a sacar muchas palabras de alguien como Miranda. Tan pronto como la muchacha se re acomodo en su pose de combate saco uno de sus cuchillos para luchar cuerpo a cuerpo y le lanzo un ataque al costado, certero y bien dirigido. Pero el Vlaind aun tenía mucho con que jugar.  Atrapó el acero entre sus garras a pesar del dolor y lanzó una dolorosa mordida al cuello como un vampiro. Antes de que los mismos pudieran llegar a penetrar del todo en su blanco cuello, Miranda le descargó todo el cartucho de las ballers a quemarropa. El costado derecho de Sarcant se transformo en un enorme queso gruyer, pedazos de carne y cuantiosa sangre emergieron por allí. Aprovechando la debilidad de su enemigo Miranda le dio un rodillazo en el estomago y un puñetazo callejero. Sarcant se tambaleo y resbaló sobre el barro producido por la lluvia.
- ¡Que te cojan! - Dijo Miranda indignada. Y antes de que su oponente pudiera reaccionar la Dracida de Sigmund demostró porque se había ganado el titulo de maestra en el bosque. En menos de dos segundos en su mano derecha se formo un electrizante y arrollador relámpago entre blanco y azulado que cruzó la distancia entre ambos como rayo tronador. Este impactó directo en el pecho de Sarcant chamuscando sus ropas y haciéndolo volar unos cuantos metros lejos de su posición, abatido y llenó de heridas debido a toda la basura con la cual su cuerpo había impactado el Vlaind se incorporó como pudo. 

- Bueno, se acabo puta de mierda- Dijo Sarcant notando que Miranda se las traía muy en serio. Mientras ella buscaba debajo de su chaqueta de cuero a Rassper, la espada que le fue consagrada al comenzar su entrenamiento (una espada bastante extraña de aires Elficos o Bultures con ligera forma de S en su filo plateado) El Vlaind de Gerardie dio una vuelta carnero hacia atrás e hizo algo muy desagradable, para variar...

A pesar que todos los Jethis lo saben, dificilmente se ve a un Vlaind hacer tal cosa. Esa Cosa es la forma en que ellos tienen de transformar la materia. Al tener imposibilitado hacerlo con cualquier cosa que no sea su cuerpo, por lo general los Gerardie tienden a morder la muñeca hasta dejar la carne y venas expuestas al exterior. Tiran de una vena o una arteria hasta que han conseguido un buen pedazo de las mismas. Finalmente la cortan con sus garras como si llevaran una pequeña navaja de boy scout y transforman aquella desagradable vena sanguinolienta en el arma que mejor les sirva a sus propósitos.  El tiempo que les lleva hacerlo suele ser compensado por el espanto que genera esta hermosa artesanía en sus enemigos.

Miranda también llevaba algún tiempo sin medir fuerzas con un Vlaind. Y este si que era de temer. Puede que Crisald lo hubiera humillado enfrente a su casa y eso probablemente provocó que Sarcant estuviera necesitado de probarse a si mismo en un combate  o al menos no tenía deseos de volver a Liavenna con la cara echa pedazos como la ultima vez.

Truenos y Relámpagos, rayos y centellas, un Vlaind y una Jethi. De esto se había tratado en los últimos mil años para ambos. Las razones eran todas validas, o no importaban en lo absoluto...siempre era bueno matarse el uno al otro de vez en cuando mientras los verdaderos problemas quedaban atrás. Mientras Miranda fingía que todo el universo le chupaba un huevo y Sarcant creía que todos sus crímenes estaban justificados.

El instinto asesino de ambos llegó a los más altos albores de su espíritu  La nueva y perfecta espada de mango negro que ahora sostenía Sarcant desafiaba el extraño y curvado acero de Miranda, forjado miles de años atrás por otra raza de tiempos inmemoriales, los Bultures.

Sobre una pila de basura y desperdicios ambos se atacaron el uno al otro sin miramientos y sin concesiones  Cuando las cosas no podían ser resueltas por medio de poderes por lo general las peleas acaban allí con  una limpia y hermosa decapitación y fin del asunto, como en los viejos tiempos.

Desde el banco de una plaza abandona el vagabundo que había pedido algunos centavos al derrotado Karl vertía su nuevo  Whisky barato comprado con esas monedas tras creer que estaba viendo ilusiones producidas por el alcohol.  En esa noche de tormenta espantosa había dos personas luchando con espadas, haciendo estruendo con sus aceros en todos los alrededores , yendo de aquí para allá,  saltando, estocando y golpeando a puño limpio donde las espadas no llegaban.

Las cosas fueron bien para ambos en los primeros minutos, pero Miranda entrenaba cada religioso miércoles su esgrima con sus alumnos, no por nada era maestra. Por lo que tan pronto como rompió la guardia de su enemigo logró a fuerza de golpes que su filo se escapara de sus cansadas manos para salir volando muchos metros lejos de él. La misma cayo de parada sobre un monticulo de chatarra. Sarcant la vio alejarse de él como diciendo "Adiós". En el preciso instante en que ella iba a rebanarle el cuello el Vlaind gritó:
- ¡PARA UN POCO LOCA DE MIERDA!-
Miranda dejo la filosa  espada en forma de s apretando su cuello y le echó una mirada extraña, como si no esperara que hubiera más por decir.
- ¿No me vas a preguntar ni siquiera quien soy?
- ¿Y porque tendría que hacer eso?-
- Porque ustedes siempre andan diciendo que los Jethis son los buenos y nosotros los malos. Por eso.  Mira, acepto mi derrota, me voy...listo. Suficiente para mi de esta mierda... quédense con la piba, me chupa un huevo...
- Ok, lo acepto. - contesto Miranda.- Fingiendo saber de que hablaba su enemigo.
Sarcant suspiró de alivio, cansado y herido como estaba.
- Pero..., todavía tengo que matarte.- Dijo Miranda con una sonrisa claramente oscura. Levantó la espada y le seccionó la cabeza en un movimiento rápido e indoloro, la misma giró como una pelota de fútbol y cayo desde la basura al suelo. Así terminaron los días de Sarcant, odiado Vlaind de la Orden de Gerardie quien siempre había velado solamente por sus propios intereses.
- La piedad es para quien la merece. - Dijo la Jethi de Sigmund luego de calcinar el cuerpo de su enemigo tras decir una oración a Heills.


***

La Sombra no es tan espesa 

Aclaraba. Rise sentía que era la primera vez en siglos que veía el amanecer. Los largos brazos dorados y plateados del sol matutino emergían desde el circulo fueguino como la corona de un rey. A pesar de que la lluvia se había detenido, el agua sobrante le caía en graciosas gotas sobre su cabeza. La sangre de sus heridas formaba graciosos canales entre las grietas del suelo y las baldosas.

Daniela estaba de regreso. Agachada a su lado, sucia y llena de coscorrones lo miraba como una niña que ha recuperado su osito de peluche, sus ojos hinchados por el llanto tenían la misma expresión serena y amable de siempre. Por suerte eran verdes. 
- Daniela.- Dijo Rise desde el suelo con una voz que sonaba a motor descompuesto. 
- ¿Rise?- Preguntó la muchacha agachada a su lado.
- ¿Cuanto tiempo llevas mirándome así?-
- Toda la noche. - Le dijo acariciándole los cabellos mientras intentaba contener otra ola de lagrimas.
- No tuve el valor para...matarme. Vas a tener que hacerlo por mi.
- Cuando me refería que no ibas a tirar del gatillo, me refería exactamente a eso. - Tosió producto del polvo de los alrededores y la sangre en la boca - Él no te lo permitiría jamas. 
- ¿Quien Rise?- Pregunto Daniela.
El Dracida de Bilingord señalo la pintura de San Jorge. - él.-
- Veni, ayúdame a levantarme.
- Sí.

Rise se paró con muchos quejidos, tanto de su voz como de su cuerpo, pero como quien dice, al parecer la muerte o seudo muerte le había sentado bien. Al observarlo Daniela veía que Rise estaba sonriendo genuinamente, la luz del sol le daba un destello muy particular en los ojos que hasta entonces no le conocía  A pesar de todo lo que pensó mientras tenía el cañón de su pistola en la cabeza, ahora a la luz del día, tuvo la ligera sensación de que aquello debía suceder.
Música
- Rise, realmente no quise...- Comenzó a excusarse Daniela mientras Rise se sentaba en uno de los bancos de la iglesia, notoriamente adolorido en el hombro aun.
- No te excuses. Si de algo sirvió esto es para que sepas que, a pesar de todo, pudiste controlar lo que sea que te agarra en esos momentos tan especiales.
- Rise...te baje un cargador...eso no pue...
- Shhh. Sí y ninguna de tus balas dio en un solo punto vital para un Dracida. Cualquier cosa que sea que trate de matarnos siempre va a apuntar a la cabeza o al corazon. Claro que, una buena cantidad de Plomo puede dejarnos en el suelo. Pero se necesita más que una Beretta para eso, por eso siempre andamos con espadas. ¿Entendes?.

Daniela se sentó también en  el banco. La luz del sol ya entraba por los vitros y vestía la capilla de dorado y blanco, como el día de su re inauguración.
- No entiendo. Creo que si hubiese tenido a mano una espada, probablemente la hubiera usado.
Rise se sonrió:
- La tuviste Dani, Aca en mi cintura....Ahora, a Karl se la pusiste derechito en la cabeza. Me parece Daniela que a pesar que de no tenga la menor idea de que sos, podemos sacar una buena conclusión:  No es incontrolable y se maneja a discreción.
La muchacha negó incrédula.
- Me han tratado de matar varias veces Dani, se como se siente. Si algo evitó que no me pusieras un tiro en la cabeza, debió haber sido que realmente, no deseabas hacerlo.
Daniela dejo las lagrimas por el alivio y lo abrazó con mucha fuerza. Rise hizo una exclamación de dolor.
- Lo único malo de ser un Jethi es que el dolor sigue un rato más de lo esperado.
- Perdón...
- Ahora, Dani, vas a tener que contarme todo lo que sabes sobre esto...cuando digo todo es todo...
- No se mucho más que vos, excepto que cada tanto tengo impulsos...bueno, cosas como esta.
- Bueno, entonces lo averiguamos juntos.

Ambos recogieron sus cosas y salieron fuera de la capilla. En verdad hacia un día hermoso en el norte de Blondres. Los campos y los arboles parecían re vigorizados luego de tantos días grises de lluvias y tormentas.  El pueblo se encontraba en una calma inquebrantable, algunos niños jugaban en las tumbas detrás de la capilla como Rise hacia de pequeño. Los miro de manera alegre aunque siempre se le erizaba la piel ante sincronías de ese tipo, cosas en las que no creia hasta que Miranda le enseño a hacerlo. A pesar de desconocer que la primer batalla de esta guerra había sido ganada, bajaron a la calle y por primera vez en mucho tiempo ambos sintieron que las cosas habían cambiado para bien...al fin

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