miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Ritual de los Condenados XX

Si esta fuese una serie, estos serian nuestros títulos  Es el Book Trailer de la novela, que lo disfruten. 

Capítulo XI

Los Hombres las Prefieren Vlainds

Oldbridge Town 17 Hras

Música
Los nuevos lentes oscuros de Miranda le daban un aspecto más temible que moderno. Su motocicleta, La niña andaba las calles del pueblo perturbando su silencio con el rugido de su motor, largo y sostenido, controlado pero listo para salir pitando si era necesario, tal y como Miranda o como cualquier Dracida bien entrenado. 

Era la tarde, la noche anterior se le había complicado bastante tratar de sanar rápidamente de las heridas dejadas por Sarcant. Pero mientras todos dormían  en Oldbridge, la Jethi de Sigmund se internó en los bosquecillos que se encontraban detrás de la estación de trenes y como una gata vencedora pero herida descansó a usanza de los Dracidas del Bosque. Bajo un largo pino mirando las estrellas con su espada sobre el regazo y la mochila a modo de almohada. 

Para Miranda, la vida de cualquier Jethi debería ser así:  sin ataduras, sin hogar permanente ni familia. Su predilección por las viejas leyendas de Elfos que a veces contaba el viejo Mitril siempre la hacían soñar con una vida en el camino, sin documentos, ni escrituras, ni seguros de vida o desempleo. Era en parte por ello que había aprovechado esta oportunidad para abandonar sus tareas como maestra y "ver que pasa".

Ahora la batalla con Sarcant la había revitalizado, era el tipo de aventuras que le gustaba oír y vivir. Por lo que si Rise estaba en algún problema era mejor para ella, siempre era bueno estar en movimiento y no parar, no parar jamas. Deslizándose de una forma casi suicida por las curvas cerradas el poblado, Miranda llegó al viejo barrio obrero donde Rise le había comentado que tenía su casa algunos años antes. Al no poderlo encontrar en el refugio supuso que el Dracida era los suficientemente tonto o ingenuo como para estar habitando su vieja casa familiar. 

Como hemos dicho antes Rise y Miranda tenían una cosa en común:  ambos venían del mundo de los hombres, ninguno de ellos contó con la gracia de tener padres Dracidas en el Bosque o de haber nacido en los años de esplendor de su gente. Ni él ni ella tenían deseos de entregar sus poderes al estado Himburgues o Bruso (el más cercano y mejor contratista que Occidente, según se decía) Pero la diferencia entre Rise y Miranda era principalmente que la Dracida de Sigmund había abandonado su pueblo y Familia natal sin demasiados problemas, o de hecho, sin remordimiento. Desde allí Miranda vivió con aquel concepto de "No parar, no parar nunca" con la motocicleta robada 20 años atrás a un motoquero en una convención anual llamada "Biker Monsters of the Road" que se celebra en The Kings Valley.

El Jethi de Bilingord, fiel al modo de actuar de su Orden no podía evitar sentir cierta responsabilidad por cada hecho desafortunado de su vida, para su suerte no de forma patológica.  Pero el lazo entre su tierra natal y su vida errante era algo que le solía provocar cierta nostalgia. Como si se tratara de un príncipe antiguo que ha abandonado el Burgo en busca de una solución para matar al dragón que acosa la aldea. Por Miranda, Vincent Town podría arder en las llamas del mismo infierno, siempre y cuando ella se encontrara muy lejos del mismo. Dado este tipo de cosas, era estúpidamente fácil encontrar a Rise si se lo conocía.  Aun si estaba escapando de algo o alguien. 

Mientras el disco dorado del sol se escondía en el oeste, La Niña y Miranda llegaron a pocas cuadras del hogar del Dracida. Ella pudo ver la camioneta estacionada frente a la casa y dos figuras. Una debajo de la misma, como reparándola y otra de una mujer más pequeña alcanzando herramientas. 
- Rise...- Dijo Daniela luego de alcanzarle a Rise un trapo para limpiar sus manos. 
- mmm-
- Creo que viene alguien de...ellos. 

Rise y Daniela habían decidido de común acuerdo dejar Oldbridge y dirigirse al norte. El Jethi no estaba convencido aun de librar a su suerte a la muchacha en el bosque de Hosmusilias, pero lo cierto era que Karl seguía ahí afuera y como dragón dormido regresaría más fuerte y furioso que nunca tan pronto como se repusiera. 

Luego de dejar la iglesia y comer algo en Los Cinco Gatos habían oído las noticias referidas no solamente al tiroteo frente a la Biblioteca sino también a la decapitación de un desconocido en la vieja zona industrial. Al ver que más gente seguramente se estaba sumando a la cacería de Daniela decidió que marcharse lo más rápido posible era lo mejor que podían hacer. 

El Jethi de Bilingord buscó debajo de la camioneta la escopeta y emergió debajo de ella al escuchar el sonido de una moto aparcando en la acera de su casa. La cara que tenía Daniela no auspiciaba nada bueno, estaba viendo a esa persona con un dejo de temor difícil de explicar. De modo instintivo ella dio algunos pasos atrás como un animalito asustado frente a un cazador de los bosques. 

Envalentonado por lo que habían sido los últimos días Rise se paró junto a su arma al grito de :
- ¿¡Y ahora que mierda quieren!?- Pero al instante en que sus ojos se cruzaron con las verdes joyas de Miranda en sus cuencas un cumulo de canciones de la adolescencia junto a muchos sentimientos encontrados lo dejaron sin aliento. 
- Busco a un Jethi de Bilingord que se llama Rise.- Dijo Miranda bajando de la Moto con una sonrisa que no pudo evitar por mucho que lo intento. - Es medio boludo, pero buen tipo. 

El Jethi de Bilingord abrió sus brazos, desnudos por la sudadera, en un amplio abrazo alzando una risa sincera. - ¡Magiclick!- Le dijo haciendo referencia al apodo que le daba en la infancia por la costumbre de su amiga al prender un cigarro haciendo uso de sus poderes con un solo dedo. 
- ¡Cenicero de moto!- Contesto Miranda. Pues para ella los Jethis de Bilingord eran casi inservibles en tiempos de paz.

A pesar de todo dejo que Rise le abrazara y le devolvió el gesto. - Daniela...veni..- Comenzó a decir Rise cuando se percató tarde la mirada lapidaria que Miranda le estaba dirigiendo a su compañera. El entusiasmo por volver a ver a su querida y amada amiga se desvaneció lentamente como el vapor. Daniela, por su parte, salio detrás de la camioneta con cautela. 

Hubo silencio, un silencio religioso y expectante. Daniela saludo con un tímido hola y se quedó mirando a Rise. Miranda tornó sus ojos al Jethi y por lo bajo le dijo:
- Que...o quien es...eso

Para cualquier Dracida de Sigmund bien entrenado, que ha leído libros del tamaño de una enciclopedia toda su vida una especie desconocida no es algo que se encuentre todos los días.  Rise no desconfiaba de Daniela por que era consciente de su ignorancia acerca de muchas cosas como esas. Pero Miranda, maestra de la Orden de Sigmund, podía identificar todas las rarezas dentro de los Jethis y Vlainds. No tanto por su apariencia sino más bien por la sensación que producían en una primera mirada. Lo que le hacia sentir Daniela en este preciso momento era Peligro y Confusión.  O una Dualidad lo suficientemente fuerte como para ser sentida a la distancia.

- ¿Es tu nueva amiga? ¿La de la tele?.- Ahora las palabras de Miranda sonaban a reproche, como si Rise fuera un estudiante de su clase. Encendió un cigarrillo con sus manos y se quito los lentes oscuros. 
Rise bufo por lo bajo.
- ¿Sera que siempre tenes que andar con un palo metido en el culo vos?
- Eso me mantiene viva y sobria por cierto.- Dijo Miranda al sentir el hedor a Whisky barato que salia de la boca de su compañero. 
- Es una larga historia y no estoy pidiendo tu aprobación y tampoco la necesito. 
- En el bosque todo el mundo pregunta por vos...-Siguió Miranda mientras caminaba junto a él hacia la parte trasera de la camioneta, donde Daniela aun se escondía de sus ojos verdes. - ¿Donde andabas? ¿Por que te fuiste?
Rise cerro el baul, puso toda su frustración en ese acto. ¿¡Que no podía decir "Hola Rise que bueno verte!'
"
No, ahora recordaba, Miranda siempre había sido así  A pesar de que tenían la misma edad solía tratarlo como a un hermano menor. Y aunque fuera cierto que ella le había enseñado muchas cosas mientras estuvo en el bosque (ella ya era una aprendiz cuando él arribo) Miranda parecía a veces tener la obligación de decirle a todo el mundo que era lo que tenía que hacer.- Supongo, Miranda, que no viniste hasta acá para preguntármelo.

El Jethi se sentó en el pórtico de su casa y tomó una cerveza de la pequeña heladera que había encontrado en el antiguo garaje  - Así que podes sentarte conmigo y tomarte una birra y conversar o podes seguir dando clases en el bosque. No tengo tiempo para pelotudeces. -

Miranda reculó en su actitud al notar que estaba molestando a Rise, lo cual claramente no había sido su intención  Pero era algo natural en ella ser brusca con las personas, especialmente con aquellos que más quería  - Perdón ..dame la birra.- El Jethi le hizo una señal a Daniela para que se acercara. Como un blanco conejito la chica caminó unos pasos nerviosos hacia la mirada inquisidora de la mujer.
 - Ella es Daniela Vounsheimm, la estoy ayudando con unas cosas. Daniela, ella es Miranda. Podes confiar en ella, no es un Dragón negro.
- ¿Dragones negros?- Pregunto Miranda - ¿Que mierda...
- Shhh, ya te explico. Ahora decirme que haces vos acá Magiclick....

***

Música
Era de noche y nevaba, venía siendo de noche demasiado tiempo para Crisald. Lo suficiente como para estar ahora a ciegas sobre el cuerpo de su esposa. Si había planeado algún divorcio tranquilo, con palabras, discusiones, abrazo amistoso y cenas una vez al mes para ver en que andaba cada uno, dos balas de la Tokarev de Illagros le habían ahorrado tiempo y dinero. 

Ni la montaña de oro que podría conseguir de su vieja casa familiar servia de algo ahora, tampoco los casquillos disparados, ni los muertos a cuestas. Tampoco el poder de los Vlaind, la furia de Namidian, la religión  el amor o el odio. Ahora nada de eso le era de utilidad alguna, estaba justo donde había comenzado  siete años atrás. Solo, de noche y ahogado de tristeza y de rencor. 

Debajo de los copos de nieve que seguían cayendo del cielo, como diamantes que resplandecen en la mortecina luz de la noche y la ciudad, Crisald se sentó a su lado con las espaldas apoyadas contra el muro de ladrillo. Alaysa le había dado el golpe de gracia dejándolo allí, con la bala y el arma, como también el celular. Pequeño aparato que, según su anuncio, guardaba la ultima revelación de su sanguinolento camino.

Alli sentado, el Vlaind de Rolando no le estaba prestando mucha atención al dispositivo. Sin embargo era consciente de que en sus datos, entre sus circuitos minúsculos  su cobre y cadmio, estaba la ultima frontera. Aquella que X le advirtió un tiempo atrás  "¿Que tan lejos se puede ir?" o mejor dicho "¿Que tan lejos se puede llegar?". 
- Lo suficiente como para que tu mujer termine con dos balas en la espalda.- Pensó el Vlaind. - o como para pegarse un tiro en la cabeza.- El Vlaind encendió un cigarrillo y echó un vistazo al cielo, nublado y cargado de hielo descendente. El motor de los autos haciendo ruido en la avenida a la que daba el callejón  los hombres comiendo en un Mc Dowals justo en frente, las luces oscuras de las calles sombrías  La acera húmeda  con lustro de congelamiento. 

Liena nunca debió haber llegado a ese mundo. O tal vez los Vlaind jamas debieron haber salido de la mente de Namidian. Claro que hubo algo mejor, como lo que Liavenna y Alaysa conocieron, pero ese algo era ya inalcanzable e irrepetible. Cuando uno se ponía a jugar con el mundo y su camino, cuando uno intenta retener entre sus manos lo que nace libre, suceden estas cosas. Un príncipe de una raza milenaria proveniente de uno de los Dioses más poderosos del Kelleth termina sucio, mojado y herido en un callejón junto al cuerpo de la única persona que realmente lo había amado. 

Como una sombra, luego de quemar el cuerpo de su esposa haciendo uso de sus poderes, Crisald salió a caminar en medio de la nevada sin rumbo ni deseos, sin pasos certeros ni cálculos en su cabeza. Era una momia negra, alta y sucia con una Desert Eagle dorada en sus manos andando como un fantasma entre los vivos en el limite entre el bajo blondres y el barrio rico. Sus lentes oscuros redondeados encubrían la mirada de alguien que ha perdido todo propósito de vivir. Aunque se llevó el celular consigo no lo revisó, ni siquiera pensó en él. Cruzo las calles sin importarle las señales de transito. Choco viejas y adolescentes que salían a divertirse, se ganó un par de puteadas de los transeúntes por empujarlos. 

Siendo ya las dos de la mañana, tras cruzar hacia el bajo, alcanzó una avenida donde varios monoblocks se apilaban uno al lado del otro como enormes cementerios para vivos, o prisiones. La runfla usual andaba en la calle pero nadie miraba a Crisald porque ya no había nada para observar allí  ni siquiera el fuego que tenía la ultima vez que anduvo por esas calles. 

Mientras sus botas hacían crujir el hielo en las calles un destello blanco lo cegó temporalmente. Atontado y  deprimido dio con una cruz de color neón blanca encaramada sobre una puerta en forma de arco. No era una iglesia tradicional, estaba echa de material y pintarrajeada por todos lados por los chicos que marcaban sus muros con graffitis. La cruz titilaba a manera de cartel de casino.

Debajo de la misma se podía leer "The Arcangel Hill" (La Colina del Arcángel) en color rojo prostibulario. Otro anuncio en la puerta, de madera pintada a mano decía "Hoy chocolate caliente gratis para los vecinos, Deja que cristo llene tu copa" Algún gracioso había dibujado un Smily con aureola guiñando un ojo.

Crisald se quedo observando la cruz aparecer y desaparecer en la oscuridad de la noche, sintió el calor y el silencio proveniente desde dentro de la iglesia. - Venga y sírvase algo hombre. - Dijo una voz joven y amable. - Al parecer lo necesita más que yo.

El Vlaind frunció el ceño, porque usualmente la gente no le habla de ese modo a alguien que esta armado y ensangrentado por todos lados, no le habla como si fuera algo natural. Por lo general optan por el seguro silencio,aun siendo un cura muy joven como era este. 
- Pase, que se va a congelar. Dijo el hombre de lentes y sotana con una sonrisa inconfundiblemente sincera sobre sus cabellos blancos. 
- Ese lugar no es para mi, padre. Repuso Crisald, cuyas palabras salieron acompañadas por el vapor que producía la temperatura.
- ¿En serio? ¿Y porque hijo?- Contesto el Padre Merry.
- Porque no tengo la suerte de ser...de obtener... perdón. Me depara un infierno tan frió como este...
- ¿Entonces eres creyente?-
- No. 
- ¿Y de que infierno hablas?...
- De este, aquí y ahora. Esto me depara todos los días de mi vida...Entrar o no a la Iglesia no es algo que vaya a cambiar mi vida. 
- Antes de cambiar tu vida hijo. Dijo el Padre Merry entre sonriente y resignado. - Piensa en como cambiar la de los demás, solo así se encuentra el verdadero camino al cielo. No hay otra forma.- 
- Pase los últimos años tratando de conseguir el cielo para la gente que no se cuenta entre los vivos y a cambio solo conseguí el infierno para todos los que me rodeaban. 

El padre Merry lo observó tan cansado y deteriorado como un anciano joven. El había visto a los Vlaind muchas veces, incluso durante su tiempo de esplendor, pero nunca se había encontrado con un hombre tan cansado, ojeroso y desesperanzado. La milenaria raza del Ramkkara estaba reducida a una ruina, a un espectro debilitado por los años.
- Es por eso que estamos aquí  - Dijo Merry. - Han errado demasiado tiempo en la tierra sin propósito.  Su sufrimiento conmueve al señor y Él quiere llevarlos a donde pertenecen, a su lado, en su dulce regazo.
Crisald recibió sus palabras como si fueran vacías y estúpidas.
- Vamos hombre, pase y cuénteme.
- Ya le dije que no. Vaya a hablar con las viejas o los drogadictos del barrio. Ellos no tuvieron elección  Yo la tuve, siempre tuve la posibilidad de hacer las coas...bien- Dijo Crisald moviéndose en círculos como tratando de buscar un lugar en ese barrio a donde ir. Buscando el hogar que ya no tenía, porque su apartamento sin Liena no era una casa. Sino más bien una estructura entre cuatro paredes bien amoblada.
- Ajam- Contesto el Padre.
- Y siempre las hice mal. ¿Como se llama eso Padre?
- ¿Que cosa hijo?
- Cuando durante años una persona tiene la posibilidad de andar el camino correcto, tiene la posibilidad de elegir como eso que llaman "el libre albedrío" y sin embargo siempre toma el camino incorrecto, pudiendo elegir el apropiado.

El Padre Merry se sonrió y le dio a beber un poco de su petaca con Ron. Crisald la bebió como si se tratara de la última especie de aquel licor en la tierra, hasta que la bebida se le salió por la comisura de los labios.
- Eso se llama Humanidad, según mi parecer.
Crisald le devolvió la petaca.
- No sea condescendiente conmigo, eso se llama mal. Esa es la clásica y pura maldad.
Merry hizo silencio y se persignó.

- Si, es posible hijo. Pero el camino no ha terminado, ¿o me equivoco?- Dijo El padre y Crisald tuvo la extraña sensación de que ese desconocido sabía exactamente de lo que hablaba.

Crisald miró en dirección a la cruz de Neón y vio la nieve posarse sobre ella como una bandada de pájaros sobre tendido eléctrico, le recordó a los cementerios que venía visitando desde hace siete años. Debajo de la tumba de Liena seguramente levantarían una igual, perdida entre otras cientos iguales y arruinada por los años al la inclemencia del tiempo. "Liena Larenthger, amada esposa, flor de la inocencia -5974-5999" y eso sería todo. Eso no podía terminar así, no debía terminar así. Esta vez la historia sería distinta a la de sus padres.

El Vlaind miró su Desert Eagle dorada manchada por la sangre de varios enemigos matados a quema ropa. Revisó el cargador y la accionó hacia atrás rápidamente. Luego revisó el teléfono dejado por Layla.
 - No, aun no ha terminado padre. Ahora ya no se puede detener. Crisald se alejó de allí a la dirección que Alaysa había dejado en el celular. El Padre Merry volvió su rostro a las estrellas y una ráfaga amatista le cruzo los ojos. - Es verdad amigo mio, ya no se puede detener.

Uno de los asistentes voluntarios de su capilla llego con un celular:
- ¿Señor?
- ¿Si?
- Aquí me dicen que la Señora Vounsheim esta en la institución mental "Golden River" ¿Quiere que le reserve una visita?-
- ¡Gracias hijo!, seguro. Déjame el numero anotado, yo voy a hacer el llamado mañana.
El adolescente cristiano hizo como Merry le ordenó.

***
Delante de la fachada de unos bonitos apartamentos apareció la figura fantasmal de Crisald. El hombre de seguridad en la puerta hizo un intento de queja cuando este subía por las escaleras bien iluminadas por faroles de globos redondeados. - No se meta en lo que no le importa y déjeme pasar. - Le ladro Crisald luego de empujarlo. El sujeto cayo al suelo perdiendo su gorra gris.

Solo basto una mirada de sus ojos grises para que el hombre de Seguridad no hiciera ninguna llamada. El Vlaind cruzó las puertas y fue derecho al ascensor  Una pareja de ancianos lo observaron con terror en el lobby. El pling del ascensor sonó antes de que pudieran huir de allí.
- ¿Sube señora?- Pregunto Crisald con una sonrisa de psicótico que la habría matado de un paro cardíaco.
Ambos negaron con su cabeza congelados por el temor que les inspiraba el Vikingo moderno. Las puertas del elevador se cerraron con el Vlaind dentro. La música bossa nova del mismo comenzó a irritarlo cuando estaba ya en el piso 3, Alaysa vivía en el 7.

Llego al pasillo alfombrado y con perfume de rosas. Caminó cansado pero decidido hasta el 7 B. Al fondo del mismo una bonita puerta blanca clásica lo esperaba. Golpeó la puerta con tranquilidad. La mujer apareció esta vez con una bata negra y sus cabellos a ambos lados de la cara, una sonrisa cómplice en su perfecto rostro indicaba que se había bañado por que lo estaba esperando. Lo miro de arriba abajo con sus ojos celestes y espeto:
- ¿Preparo café?
Crisald apoyo su brazo en la puerta.
- Primero Cojemos y después me contas ¿Dale?
Alaysa se quitó el cinto de la bata y Crisald....bueno ya se imaginan....


No hay comentarios: