viernes, 4 de enero de 2013

El Ritual de los Condenados XXII

Capítulo XIII

La Bestia muestra los Dientes


Los Cuatro jinetes del apocalipsis a menudo la visitaban en sus sueños. Llegaban volando desde cielos encapotados de negro que escupían pestes y granizo. Venían desde un cumulo de vapores oscuros hacia ella  con sus rostros cadavéricos. Llegaban con sus risas al ritmo de los cascos de sus corceles, levantando guadañas y espadas al zon de la masacre. Debajo todo el mundo corría en todas direcciones con sus rostros curtidos en el espanto. Verónica no lo sabía, pero en su chifladura, esa imagen que tenía de la gente en el  apocalipisis era la tapa del disco "News of the World", de esa banda liderada por aquel lascivo homosexual que tocaba todavía cuando Daniela nació.


A menudo los cuatro Jockey  divinos de la destrucción  le gritaban "Mira lo que has hecho mujer sucia...mira lo que has provocado, eres la Ramera de Babilonia"  y ella lloraba aferrándose al crucifijo que estaba colgado sobre su cama en la habitación del Golden River, una institución mental modelo donde había ido a parar tras el divorcio. Verónica Vounseheim, decían en Riggensport había enloquecido luego de que su marido se separara de ella unos años después de que Daniela partió a la ciudad. Algunos pensaban que todos estaban locos en la familia Vounsheim, según los vecinos tras la muerte de Jasper, el hijo mayor del matrimonio en ese trágico accidente, nada había sido igual para ellos. Mucho menos con esa chica tan rara en la familia.

Desde hace algunas noches a sus usuales delirios y temores irracionales se había sumado la neblina que cubría los campos grises de Triton, una densa bruma que envolvía a todo el poblado y que era visible desde el ventanal enrejado de la sala de televisión del loquero.  Allí, mientras los demás internos babeaban, merodeaban, se reían o aullaban, ella se quedaba sólita mirando el bosque de los verderones que rodeaba el viejo George Cross Hospital esperando que de el emergiera la alta y correcta figura de Satan.

Andando de negro donde todo esta cubierto de blanco, con su usual mirada triunfalista y descontracturado caminar. Dando amables consejos a las señoritas que escondían oscuras intenciones, divirtiéndose haciendo el bien para que el mal fuera mayor luego.Sí, Lucifer iba a venir de allí  desde el añejo camino que iba hasta el Hospital abandonado del triste Triton Parade.

Música
Cruzando los barrotes, las puertas con muchos cerrojos y la seguridad de la casa de la risa, un hombre vestido de negro cruzaba el puente que cruzaba el río Palaras en un taxi tomado en la estación de trenes de la provincia de Saint Custer. La radio emitía canciones de rock and roll y el marcaba el ritmo con sus dedos sobre su maletín y su equipaje. Un estuche de guitarra que dentro contenía la espada de San Jorge. El padre se acomodaba los lentes y sonreía al escuchar la inimitable música humana. El rock era su genero preferido porque le recordaba a muchas cosas que había hecho en su juventud.

Según el reloj de la torre del pueblo eran las 5 de la mañana, aunque alguna luz ya se adivinaba en el este, la mayor parte del poblado estaba vestido por las sombras. Sus casas de techos a dos aguas y parecidas a las que se encuentran en los cuentos de hadas tenían chimeneas humeantes y autos caros en sus veredas. Sin embargo la poca actividad de aquel lugar había sido claramente detenida por la nevada.

Los arboles muertos del bosque de los verderones, a unos 300 metros de la institución mental rodeaban el viejo George Cross Hospital. Un gigante construido poco antes de la segunda guerra mundial que había quedado abandonado en los últimos 50 años. Su torre de agua añeja junto a sus cientos de ventanucos rectangulares y alargados esperaban del otro lado de la calle a pacientes que nunca volverían detrás de muchas vayas de seguridad y carteles que anunciaban su pronta demolición.

- ¿A la hostería no es así padre?- Dijo el correcto chofer al Padre Merry
- Si señor, déjeme en la hostería "El Olimpo".
- Ha, ese lugar es un clásico...¿Tiene guía turística para su viaje?
- No, ¿por que lo pregunta?- Inquirió Merry al ver a lo lejos el Golden River.
- Bueno por su acento me doy cuenta que es Helleniano, este lugar tiene mucha historia. Esta provincia ha sido siempre un lugar rural. Pero tiene desde castillos de la edad media hasta las trincheras de la primera y segunda guerra Mundial. Siempre las invasiones empiezan acá vio...es más, a su izquierda ¿Ve esos alambrados de ahí?- Señalo el Chofer a su derecha.
- Sí sí..- Dijo Merry
- Bueno ese era un campo de Concentración  Mi viejo trabajo mucho tiempo investigando toda la provincia en la comisión de la verdad, hay como diez o más.
En un extraño impulso de Merry este le contesto con fatiga.
- Son 30 en verdad, hay diez en esta zona y los otros veinte eran pequeños campos improvisados que se levantaron a medida que los Hellenianos fuimos..digo, fueron perdiendo terreno.
- ¡Ha es un gran conocedor de Historia!- Contesto el Chofer emocionado por tener una charla emocionante con un turista. ¿Pero no es muy joven para ser...algo?
- ¡Ja!, me se mantener en forma.
- ¿Que edad tiene?
- 35.
- ¿Y como hace para mantenerse? Pensé que era un estudiante del seminario de la iglesia...
- ¿Mi Secreto? bueno, la vejez es un estado mental....como dicen. Si uno disfruta lo que hace...bueno no se envejece tan rápido.
*** 

La peor parte de la nevada ya esta aquí  - Dijo Simon Towers, periodista local en la Triton Fm-Este frente frió proveniente de Hellens ha cruzado el Canal de Ches, donde se ha concentrado en los últimos días y ahora ya descarga todas sus fuerzas sobre el sur de Himburgo. Saint Custer, El Sur de Platino, Halsburry y la Ciudad de Blondres ya han comenzado las tareas de prevención  Todas las escuelas han sido cerradas hasta nuevo aviso y se ha dispuesto un 0800 de emergencia para las personas que se encuentran en situación de calle. La Iglesia Himburguesa ha ordenado también preparar chocolate caliente y repartirlo principalmente en las largas filas de las agencias de empleo, donde la concentración de personas es cada vez mayor debido a la crisis.  - Clack- El hombre anciano en el mostrador de la hostería El Olimpo apagó el receptor radial cuando la campanita de la puerta de entrada sonó en el vestíbulo.

Un hombre alto con un sombrero de ala corta y largo sobretodo llegó al hotel con la nieve en sus ropajes. El viento le había obligado a tomar su sombrero con la mano derecha. En la izquierda llevaba un pequeño maletín con una cruz de plata en su cierre. Hank, el anciano dueño del Olimpo pensó que se trataba de Timons, el  viejo cura del pueblo que a veces jugaba al ajedrez con él. Sin embargo este hombre religioso era mucho más joven y por lo visto menos dado a la sangre del señor Jesucristo a juzgar por su nariz. 

- Buenos días Señor. ¿En que lo puedo ayudar?- Dijo Hank.
- Necesito hospedaje solo por una o dos noches. ¿Tiene un cuarto disponible?- Preguntó amable.
- Si...tengo casi todo vació  La Crisis esta matando el turismo...y esta nevada hace que ni siquiera los Hellenianos ya quieran venir a pasear por acá - Comento el anciano moviéndose lentamente para escoger la llave que le daría a su primer huésped en la semana.
- Bueno, yo soy Helleniano.- Dijo el cura apoyando sus codos en el mostrador. - Aunque hace mucho no visitaba al viejo país del norte. ¿Le molestaría encenderla?- 
- Ha, claro buen hombre.- Encendió el radio - ¿Por cierto alguna habitación en particular?
- Usted dígame Jefe.
- La numero 8 da directamente a la capilla si le interesa. Si trabaja allí podrá tenerla vigilada je je je.
- De Acuerdo...- Dijo el hombre joven tomando la llave.
- Ahora con la crisis y la inseguridad...hasta se robaron las placas de bronce que puso el alcalde en la Capilla. Si fuera usted, pondría seguridad, algún tipo que vea, usted sabe como un sereno.
-No...Dios no necesita de seguridad privada. - Contesto el padre alegre. - Con Jesus sera suficiente. 
- A ese también se lo robaron...Pero perdón, soy un viejo charlatán je je ej. ¿Como es su nombre buen señor?
- Merry, Frederick Merry. 
- Muy bien, firme aquí por favor. 
- ¿Podría pedir un café caliente por favor señor?- Preguntó el cura apuntando con su lapicera a la cocina detrás- 
- Si, claro...¡Marta hacete un cortado para el cura! Siéntese en los sillones, ya se lo traigo- Dijo el hombre alejándose del mostrador.

Con disciplina Helleniana, osea mucha disciplina, Merry tomó el libro de visitas a la velocidad del rayo y comenzó a leer los últimos registrados en la hostería.  Había todo tipo de nombres allí  pero al parecer nadie que conociera se le había adelantado, ni los hombres de Liavenna ni otro apellido Vlaind. En verdad era el primero en llegar allí esa semana. A pesar de que Merry no le temía a ninguno de ellos (quizás tal vez un poco a Liavenna por su condición de sabia y sacerdotisa antigua) si podía sentir la mirada de la Vlaind fija en él desde que dejo sus cosas en Blondres. Si su intención era detenerlo estaba muy equivocada, pero si era Retrasarlo... ahí la cosa podía complicarse.

El Padre Merry había pasado muchos años en este subterfugio esperando el momento justo para actuar. Aguardo 18 años antes de acercarse a la muchacha, pero siempre estuvo cerca de su madre, Verónica. La cual, si sus sentidos no le fallaban estaba secretamente enamorada de él. Por suerte había escogido los hábitos y aquello lo mantenía en una posición de autoridad sobre la madre de Daniela. Aun en la locura que la acuciaba ella haría cualquier cosa que Merry le pidiera.

Pero había otra cosa que lo perturbaba, no esperaba que el Jethi de Bilingord sobreviviera a los siete Balazos que le imprimió el alma Avista de Daniela. ¿Como hizo el Dracida para sobrevivir? No era debido a sus poderes, de eso estaba seguro. Había dos opciones, o el cariño que ella sentía hacia él había sido suficiente como para conmover la semilla asesina que tenía dentro o...algo más estaba interfiriendo. Tal vez ambas.

Merry no es la clase de persona que anda desorientada, durante muchos miles de años había tenido las cosas bastante claras, aun en las situaciones más apremiantes de su especie. Una duda para un ser de su tamaño implicaba algo más que una incertidumbre dada por el pensamiento. Implicaba que otra fuerza probablemente estaba entrando en juego. Algo estaba interfiriendo y era eso lo único que a Merry le provocaba cierto temor.

- Aquí tiene Padre...- Dijo Hank llegando con su café a la mesita ratona del living.
- Gracias Señor. Dijo Merry volviendo a su papel. Bebió su café en silencio mientras el viento se envalentonaba contra la arboleda del camino donde descansaba la Hosteria.

Si alguien había llegado a la fiesta sin ser invitado era mejor saberlo de ante mano. Y claro que no estaba temeroso de que algún otro Vlaind o Jethi anduviera por allí haciendo de las suyas. Cuando alguien como Merry sentía que "algo" interfería se estaba refiriendo a fuerzas y poderes que solo criaturas como él pueden ver, o que han visto antes....

Fue hasta su habitación con la templanza acostumbrada y allí solamente se sentó a pensar y a observar, como quien se sienta en la cima de una montaña y vigila todo lo que se encuentra debajo de él. Busco...y Busco...

***

El invierno también había llegado a Riggesnport, el poblado natal de Daniela. Lauro caminaba entre sus calles caprichosas y casas maltratadas por el tiempo y la mala economía local, el Vlaind de Hatanst  desvió  el recorrido. Liavenna lo había enviado a Triton Parade, un poblado igual de triste y desolador que este a unos  dos kilómetros ruteros. Es decir con la nada entre uno y el otro. (excepto algunas rumiantes vacas)

Pero no en vano el fiel sirviente de la Dama de Allion tenía más de quinientos años de vida. Ir en busca de Elogios sin saber exactamente cual era su propósito en la añeja y desolada provincia sureña de Himburgo era adelantar un combate sin necesidad de hacerlo. Lauro pensaba que al tener muchas chancees de no regresar con vida  a la mansión de los Enarmarr al menos podría recabar algo más de información sobre el misterioso hombre de cabello blanco. Si tal cosa pudiera ser llamada hombre.
Los copos de nieve  caían con una lentitud grácil sobre el techo de la vieja casa de los Vounsheim. Una muy bonita construcción Himburguesa de mediados de los años 50. Con su amplio pórtico  cerca blanca y techo de tejas negras. Galería para que los niños tomen limonada en el verano cálido y chimenea para abrigarse en el invierno. 

Seguramente, pensaba Lauro, esa casa fue el sueño de un hombre o de una mujer. Ahora no era otra cosa que una ruina. El pórtico estaba deshecho, lleno de basura e inmundicia, las tejas colgaban producto del nulo mantenimiento y los yuyos casi que tapaban el jardín  Las ventanas estaban tapadas con cartones o maderas. El sonido del mosquitero delantero de la puerta era totalmente desolador en la noche fría y silenciosa de Riggensport. Lauro sabía mucho de sueños venidos abajo y a su forma de verlo se veían exactamente así. Uno se quedaba con las ruinas, las cosas lindas se perdían en el viento de la memoria.  

Al ver que no había moros en la costa, pues todas las demás casas del vecindario estaban en un estado similar o peor, el Vlaind siempre bien vestido con su traje a medida y zapatos caros entro a la vivienda de los Vounsheim solamente armado con una linterna, cuyo halo lumínico cálido iba descubriendo el manto de sombras que eran los alrededores. 

Pasó por  la cocina, llena de basura dejada por vagabundos y jeringas de los drogadictos que la utilizaban regularmente para tener sus ratos con el vicio. De hecho, escuchó un ligero murmullo proveniente de la sala de estar a solo unos metros de él. Al ser un Vlaind se quedo tranquilo sabiendo que no era un Jethi o Merry lo que se encontraba dentro, sino más bien un hombre. Probablemente un drogadicto. 

Ante la duda saco de su cintura la Walter PPK que llevaba siempre consigo  un arma pequeña pero efectiva ante los humanos, la pistola regular en el MI5, que si era cargada con balas especiales echas en los oscuros laboratorios de Ciberdrone Sistems podían dejar en el suelo a algunos como él. La luz de la calle cruzaba espadas blancas desde la ventana abierta y rota hacia la sala de estar, sus pies hicieron crujir una mezcla entre vidrios y hojas muertas que habían quedado del otoño. Había revistas pornográficas en el suelo y hasta algunos DVD de películas cómicas, en su mayoría de Jim Carrey y Ben Stiller.

Una sombra estaba en el suelo, sombra en el sentido que las menciona Dante en la Divina Comedia. Porque si bien era claramente un hombre vivo, nada en él parecía estar compuesto por tal cosa. Sucio y maltratado por alguna desafortunada experiencia se movía de un lado al otro. Lauro pasó junto a él bien al tanto de sus movimientos temiendo ser atacado, pero el sujeto solo gimoteaba algo inentendible mientras vomitaba una pasta amarilla. 

El Vlaind continuó su camino y subió por las escaleras al primer piso de la casa. Buscando más que nada el cuarto de la muchacha. Lo identifico por un póster de una banda de rock "Blue Oyster Cult" en la puerta. Mas cuando llegó a él se dio cuenta que alguien o ella misma había quitado todo del lugar. Era como ver una habitación en un departamento en venta. Desplazado de todo recuerdo, emoción o particularidad. - Quizás fue una tontería venir hasta acá- Pensó Lauro revisando el techo y las paredes con su linterna.  - O tal vez Elogios ya estuvo por acá hace algún tiempo.

Sin embargo no había marcas de pisadas ni ningún otro indicio que pudiera aclararle si Merry había pasado ya por allí  Aunque rememorando su último encuentro con el señor de la iglesia de San Jorge, seguramente no necesitaba ni pies ni manos para buscar algo.

Cuando estaba por marcharse a la planta baja escuchó el sonido de una puerta al final del corredor. La misma pareció abrirse por obra del viento, viento que afuera no corría todavía. Lauro dirigió sus pasos hacia ella esperando tener algo de suerte. A diferencia del anterior este se encontraba amoblado y a pesar de su estado paupérrimo  con el empapelado rajado y la humedad trepando por todos lados, sí quedaban aun muebles y cajones. 

Una cómoda antigua con un espejo ovalado descansaba frente a una cama de dos plazas. Sobre la misma Lauro dirigió su linterna para encontrar un majestuoso Crucifijo sobre la misma. Mientras afuera el silencio reinaba y la nieve caía el Vlaind buscó y buscó entre la pila da basura que encontró sobre, debajo y a los costados de la cama y los armarios.

Aparentemente todos los objetos de valor ya habían sido robados. De las pertenencias de los Vounsheim solo había quedado una gorda y negra Biblia sobre la mesa de luz. El Vlaind nuevamente sintió que estaba perdiendo el tiempo allí  Quería hacer algo importante ademas de decir "Miren me voy a morir, voy a ser el primero en morirme por esta causa" pero aparentemente esa suerte estaba dada solo a los héroes.  A gente entrenada por la vida y el destino para serlo, no para él. Apenas un sirviente "Joven" que estaba desafiando su propio destino, es decir quedarse al lado de Liavenna hasta que el Vacío se los tragara a todos. 

El Vlaind de Hatanst no era el tipo de sujeto que tuviera problemas de autoestima. Pero si de los que creían que cada uno tenía un rol muy claro en la vida, una linea ya escrita en el guion de los Dioses, de Dios cristiano o del que sea. Y que salirse de esa linea, tal y como en una tragedia Vlaind, implicaba una muerte, con suerte, honrosa. 

Justo cuando creía que su intentona de heroísmo había acabado en la perdida de tiempo, sus pies dieron con algo hueco en el suelo. Volvió a patear y ese sonido a hueco que por lo general tiene una fragancia mental a secreto volvió a aparecer.  Lauro puso su linterna en la boca y revisó las tablas. Volvió a cerciorarse de que sus oídos no lo engañaban y ya seguro de que debajo de esa madera alguien había escondido algo retiró la misma.

Una caja roja como la sangre, de Coca Loca, antigua y de metal con un Papá Noel en ella apareció iluminada por la luz mortecina de su linterna. Por un momento Lauro creyó que seguramente se tratara de Dinero. Los hombres a menudo guardaban algunos ahorros de esa manera desde tiempos inmemoriales (N/A: El concepto de "Ahorro" no es algo común entre los Vlaind). Pero cuando abrió el mecanismo de la pequeña caja se encontró con un Diario del tamaño de una palma de su mano. Una libreta oscura y anciana, dañada.

En su primera pagina estaba impreso con una letra muy bonita debajo de una cruz negra.
Mi primer Diario Cristiano
Iglesia De San Jorge.

Debajo de las letras impresas se leía en una letra clara y manual:
"Para que Dios te escuche y te Lea, con afecto Frederick Merry"
El Diario no era de Daniela para variar, sino de su madre Verónica. 

Lauro lo guardó en sus bolsillos satisfecho por el descubrimiento. Al juzgar en una primera mirada la madre de Daniela había escrito allí muchos de sus pensamientos. Con una letra pequeña, tímida,  sumisa y algo triste por cierto. El joven Vlaind sabía como descifrar la personalidad de una persona a través de su caligrafía  otra de las cosas que aprendió por mero aburrimiento en la sociedad Humana. 

Ya satisfecho por su pequeño tesoro iba a dirigirse al corredor cuando en el mismo apareció una sombra alta y desgarbada. Con la luz de la calle dando en las espaldas del sujeto Lauro solo podía ver una silueta negra y de una estatura similar a la suya. Inmediatamente sacó la Walter PPK casi convencido por una impresión malicienta de que el Padre Merry había venido a visitarlo. El redondel de su linterna solamente mostró la cara del vagabundo en la primera planta. Mucho de su vomito seguía entre su cuello y campera verde llena de marcas de vomito. 

Era un hombre de tez blanca con la mitad de su rostro poseado, del cabello solo albergaba la parte superior de su cráneo y sus ojos vacíos avanzaban junto a  sus pies hacia él. - ¿Que desea señor?- Pregunto Lauro bajando el arma. A diferencia de otros Vlaind de la Mansión de los Enarmarr, Lauro si tenía un especial cariño y admiración por el genero Humano, gran parte de sus últimos años se había dedicado a dar clases de historia al respecto en colegios secundarios. Tal vez Illagros ya lo hubiera baleado ante la posibilidad de una amenaza, pero Lauro era distinto y por eso mismo estaba allí. 

El vagabundo vomito y se ladeo a  un costado sin dejar de escupir inmundicia, haciendo siempre ese sonido tan particular, como pegajoso y denso. - Quiero...eso que tienes...- Balbuceo el linyera. 
En una acto que no sorprendería a cualquier Sociólogo, Lauro sacó de su billetera todo su dinero y se lo lanzó. - Tome amigo, comprese algo bonito. 

Como un zombie, el vagabundo seguía avanzando hacia el Vlaind intentando no caerse, por lo que se aferraba de las paredes del corredor tirando cuadros de mal gusto en su camino.  El viento afuera lanzó una bocanada tremebunda y la nieve invadió el cuarto de los padres de Daniela. Detrás de Lauro, sin que este lo supiese, el crucifijo se puso de cabeza. La biblia en la mesa de luz del padre de la muchacha se abrió por obra del céfiro violento. 

- Dámelo...- Dijo el hombre en el pasillo.
Lauro iba a responder pero sus sentidos comenzaron a alarmarse cuando un destello amatista apareció fugazmente en los ojos del sujeto.  El viejo y reverencial Temor que aquello le produjo la primera vez que vio a Elogios en un campo de batalla volvió a su ser como un fantasma que emerge del ático.  Quitó el seguro y preparo la pistola con disciplina.
- Aléjese de mi, señor. - Dijo con su voz  suave y acento Himburgues.
- ¿Señor?- Preguntó el drogadicto. Y luego comenzó a canturrear:
 Ave maría
El Señor es contigo...
Bendita tu eres entre todas las mujeres...

A pesar de que toda la situación le indicaba que era momento de Disparar (y si esto fuera un vídeo juego el vagabundo tendría un icono sobre su cabeza con la palabra "Objective 1: Kill the Yonki") Lauro no estaba seguro de que fuera de echo un drogadicto, más bien le parecía un muerto. 
La silueta negra seguía acercándose:
Y bendito es el fruto en tu vientre
Jesus. 

Como si se tratara de tentáculos invisibles, al menos en este plano terrenal, el Vlaind de Hatanst comenzó a sentir un miedo que crecía en él, en torno a sus fuertes músculos y que se arrastraba sobre su espalda como la serpiente del edén. La oscuridad de pronto era más oscura y la luna pareció brillar más. En algún lado escucho lobos aullar, pero no en las cercanías  sino más bien en su cabeza, en sus memorias más remotas del reino del sur. Recuerdos de altos pinos como torres de un castillo encantado, de cimas nubladas y nevadas de montañas tan ancianas como el mundo. Recuerdos de un templo en el corazón de las tinieblas.

Sacando de si una fe inexistente hasta ese preciso momento en el Cristianismo Lauro se afirmó sobre el suelo y apunto a la cabeza:
Santa maría, Madre de Dios,
Ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte
Amen.

El amen fue seguido de un casquillo volando sobre su hombro y una bala perforando el cráneo del extravagante vagabundo. El Yonki cayo tambalenadose hacia adelante y soltó una navaja oxidada que rodó hasta los zapatos lustrosos de Lauro.

El Vlaind suspiró y echo un vistazo hacia atrás  pues podía sentir ya la presencia de otro en la casa, otro que no era precisamente el hombre al que acababa de volar los sesos. Allí pudo ver el Crucifijo de cabeza y la biblia abierta. Curioso y seguro que encontraría allí algún mensaje, Lauro fue hacia la mesa de luz e ilumino el libro sagrado con su linterna: 

El pasaje había sido subrayado con una birome color azul, de una forma bastante apresurada y Psicópata a juzgar por el daño que recibió el papel. Sin embargo identificó rápidamente que la letra era de la misma mujer que poseía el diario, pues junto al pasaje marcado se leía "Sueño 1"

Apocalipsis 9:1
"El quinto ángel toco su trompeta y vi una estrella que había caído del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo"

Lauro iba a tomar la biblia para llevársela consigo si es que la Madre de su objetivo también había dejado muchas anotaciones en la misma. Sin embargo la mano sucia del vagabundo cerró la misma sobre sus manos haciendo una fuerza sobrehumana, que de ser Lauro otro le hubiera fracturado la mano.
- Boom Boom
Baam Baam
Al  Abismo
todos se VAN!

Gritó el hombre con un hueco de bala en sus sesos y sus ojos encendidos en el color que tantas pesadillas le había traído a Liavenna a los suyos.  Lauro quitó la mano y le dio un puñetazo fuerte con la otra al vagabundo, quien dio su cabeza contra la pared. Luego el Vlaind descargó otras cinco balas contra su pecho perforando el mismo y dejando los huecos de bala en la pared. 

El cuerpo del yonki se reincorporó con una mirada homicida y fueguina:
- Sus aceros no servirán de nada. - Dijo el extraño, y se lanzó a Lauro junto con la navaja oxidada. Lauro cayo al suelo producto de la sorpresa y el temor que le habían hecho flaquear las piernas. Pudo sentir su hedor a sudor y vomito, a vino barato y a mala vida al tenerlo sobre él tratando de clavar su aguja herrumbrada en su blanco cuello. Lauro se recompuso tan pronto como vio que podía dominarle y lo lanzó sobre la cama del cuarto. 

El arruinado espécimen de hombre comenzó a vomitar aquella extraña pasta amarilla como si recién la hubiera devorado, salia a grandes chorros pausados ligeramente.
Música
- ¿Quien Eres?- Preguntó  el Vlaind casi adivinando la respuesta, obtuvo la misma unos cientos de años atrás.
- Soy el guardián del Faro de Misínas, el centinela del abismo- Dicho esto la boca del vagabundo comenzó a abrirse y a desgarrarse como si estuviera tratando de regurgitar algo que no entraba ni en su garganta o boca. Los maxilares se separaron como si fueran las fauces de una bestia y desde la oscuridad que seguía a su paladar una energía color amatista emergió de forma brutal.

En su cabeza Lauro podía ver, de todas maneras otras cosas, vio cientos de pequeñas estrellas y galaxias todas girando en circunferencia del gran y viejo astro Amatista, con todos sus rayos como espadas aguardando en la oscuridad del infinito, con sus llamas revolviéndose dentro la una de la otra llenas de un poder embriagante que aniquilaba toda posibilidad de verdad o de mentira, una luz en la que no existía concepto de plenitud. Una luz malvada, hambrienta, devoradora...

De ella se disparó como un meteoro un halo del mismo color que hizo que Lauro viera otro tipo de estrellas. Su cabeza dio contra la pared y casi que atraviesa la misma debido al impacto. El Vagabundo se paró sobre la cama, pero su forma era ahora algo irreconocible, en los pocos segundos que tuvo esa forma, a Lauro le pareció ver algo similar a una especie de insecto o Monstruo sacado de sus pesadillas infantiles. Tenía ojos, tenía garras y sobre todo dientes.

Rugió... rugió y toda la casa tembló como si el lobizon estuviera soplando una de las chozas de los tres cerditos. Pero este lobo no preguntaba ni rogaba. Los vidrios estallaron en cientos de pedazos y los autos en la calle hicieron sonar sus alarmas estramboticas con sus parabrisas arañados por el impacto. El hálito mortal de aquella criatura llevaba en si el hálito de la muerte y del vació  Una larga cola filosa y dos alas podían adivinarse en la conmoción. Lauro sintió por un segundo que estaba cayendo a pesar de continuar en el suelo o que el mismo se estaba transformando lentamente en un embudo o espiral debajo de sus espaldas.

En Enarmarr Liavena también escucho su grito de guerra y envió uno en respuesta, mucho más hermoso, elevado y sutil que el anterior. El mismo llego a oídos de Lauro sin demora.

Sin dudarlo un instante Lauro invocó sus poderes de la Orden de Hatanst, pues no estaba armado. Un destello dorado como la lumbre de los Dioses en el Ramkkara se apareció en su mano, formando una llama dorada y de gran longitud. En un instante, antes de que el Yonqui pudiera moverse el mismo se transformó en una lanza dorada de punta plateada y rutilante. Los ojos claros del sirviente de Liavenna se llenaron de orgullo Vlaind y su rostro se ilumino de manera casi sagrada delante de la opresiva oscuridad de la casa. 

Por obra del don de Namidian, la lanza voló de sus manos hasta el pecho del vagabundo, en una curva asesina que lo llevo directamente hasta la ventana del cuarto y lo saco de allí  atravesando los vidrios rotos y cayendo en la acera de la calle con gran estruendo. La Sagrada Lanza de Hatanst, uno de sus poderes de ataque más temidos volvió a su mano y se desvaneció como una estrella que se apaga de repente. Al ser un caballero, Lauro solo se froto las manos para limpiar el polvo y la sangre de sus guantes oscuros. Tomó la Biblia y huyo de la casa, pero a paso firme sin mostrar ningún temor.

Nada lejos de allí el Padre Merry se encontraba en el balcón de su habitación que daba al cuarto, fumaba en silencio observaba al sur, a Riggensport. Se palmeo las manos y sonrió  - Buen Comienzo. Al querer volver a la habitación un dolor punzante le nació en el abdomen. Volvió a reír y se acostó. 


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