jueves, 17 de enero de 2013

El Ritual de los Condenados XXIV

Capítulo XV

Liavenna También sabe Rockear



Esa era la última entrada del diario de Verónica. El resto de las paginas estaban en un blanco que sonaba a jugarreta o a interrupción.  Poco después del nacimiento de la muchacha los comentarios de Verónica eran cada vez más felices y esperanzados. Dios, la Iglesia, el Cura y su marido no formaban ya parte de esos escritos. Al parecer luego de nacer la muchacha se tomó unos cuantos años para reflexionar seriamente sobre su rol en la casa. Aunque nunca dejó de ser Cristiana el tono mesiánico de sus declaraciones había descendido a los niveles normales de cualquier evangelista. 

Lauro acomodó sus manos en su barbilla tratando de pensar que podría haber sido de ella luego de eso.  Al ver a Selena ya quitarse el delantal para irse a su casa, amagando con apagar las luces del local, Lauro se acercó a ella. 
- Aquí le dejo todo lo que le debo y un plus por su paciencia. - Dijo el Vlaind algo avergonzado por haber hecho que Selena se quedara dos horas más en el bar. 
- No hay problema, gracias a usted.
La muchacha Brusa salió tras él hacia la calle, vacía y nevada. Sintiéndose algo incomodo o triste debido a la  batalla que le esperaba en no más de 48 horas Lauro se dio media vuelta:
- ¿Señorita?
- ¿Si?
- ¿Tiene quien la acompañe a su casa?
Otra vez Selena se puso roja como un tomate. Pero a pesar de que el cliente fuera muy bello y correcto no estaba segura de poder confiar en él. 
- En verdad no. Vivo aquí a tres cuadras, no es mucha distancia.
- Va a sonar a locura pero...¿Le molesta si la acompaño?
- Este...no creo que haga falta.

La muchacha lo saludo con la mano y se dio media vuelta para marcharse. Lauro se sintió un idiota por un momento, pero la verdad es que ella le recordaba a sus estudiantes, a los que probablemente no vería nunca más. 

Estaba oscuro y frió afuera, el Vlaind decidió que llamaría a Liavenna desde la estación de trenes para comentarle sus novedades y la posibilidad de que Elogios en verdad no conociera el paradero de la mujer. A pesar de que había encontrado mucho material interesante para Liavenna y sus amigos, sentía que aun no entendía que hacia el padre Merry en Triton Parade. De hecho Daniela ni siquiera había nacido allí...

-Adiós amigo...- Dijo el Hombre de Color que había estado tomando algo antes en el café  Pasó a su lado con un sombrero blanco tipo panamá  Llevaba en sus manos un estuche de guitarra y caminaba rápidamente hacia la estación de trenes. 
- Adiós dijo Lauro.- Sin prestarle demasiada atención. Solo se percató de que era un hombre de bigote canoso. 
Entonces lanzó una pregunta al viento:
- ¿Señor me permite una pregunta?
El músico se detuvo y dio la media vuelta, su rostro afable y algo redondeado tenía algo especial que Lauro no podía identificar. 
- Adelante amigo, pero apúrese, tengo que ir a tomar mi tren a Platino en unos minutos.
- Mire, estoy buscando a esta mujer...- Saco del diario la foto de las vacaciones. El Blusero  se arrimó bajo la luz pálida del alumbrado publico, la acera brillaba producto de la helada estación. 
- Mmmm si, los Vounsheim, vivían a unas cuadras de aquí. Recuerdo bien a la señora...
- ¡La conoce!- Dijo Lauro exaltado.
En el rostro del músico se hizo una mueca. 
- Sí...era una buena mujer. Mi hermana canto varias veces con su coro Gospel en la iglesia yo solía acompañarla hace algunos años. Siempre nos veíamos en las fiestas...ajam, buena mujer. 
- ¿Donde puedo encontrarla?
El músico meneo con la cabeza y hizo un sonido con sus labios gruesos:
- Ella esta encerrada ahora ¿sabe?, la llevaron al Golden River en Triton - Sacó un poco de su petaca de Whisky le ofreció un trago a Lauro y este lo acepto sin dudarlo. 
- ¿En Triton?
- Yeap, si todos lo recordamos aquí por que fue algo muy extraño. De un día para el otro plaf, se le zafó un tornillo. Creo que fue el viejo párroco quien la aconsejo que la internaran...no pudo superar el hecho de que su hija se fuera de la casa, tampoco la muerte de su otro hijo Jasper en un accidente. Triste historia, pobre familia. 
- Disculpe que abuse de su tiempo señor...
- Jimmy.
- Señor Jimmy ¿Hace cuanto tiempo que ella esta allí?
- Mmm eso debió haber sido hace unos cuatro años. Si poco después de que su hija se marchó. 
- Gracias Señor, le debo mucho. Dijo Lauro Sonriente-
- De nada hijo, que pases buenas noches y que Dios te bendiga...-

Jimmy y su estuche de guitarra con una calcomania que decía "Iglesia Evangélica de Riggensport: Cristo Bajó del Sol" se perdió en la neblina. 

***

Corrió en dirección a la estación de trenes sintiendo que acaba de conseguir la copa del mundo, ahora todo tenía perfecta claridad en su cabeza. Menos mal que él había decidido, por una razón lógica o no, haber ido en lugar de Illagros o Arcard. 

Mientras corría colina arriba con su sobretodo caro y bufanda azul al viento sobre las calles fantasmales de Riggensport Lauro pensaba "Ya lo tengo, Sí, Merry no sabe donde esta la chica. Verónica debe haberla motivado a irse de la casa mucho antes de que el llegara para reclamarla" Sus pasos rápidos se acercaban desde la vereda hasta la avenida que se encontraba justo delante de la estación de Trenes del pueblo. "Verónica debió haberse dado cuenta mucho antes que la chica no iba a ser nunca feliz, entonces la envía a la ciudad en secreto. Para que su esposo no sospeche, le dice que ella se ha ido y el no pregunta más nada porque la odia. Cuando el Padre Merry llama preguntando como esta su protegida y se entera que Daniela se fue saca a relucir su verdadera personalidad. Tal y como los otros obstáculos en su plan, Verónica es azotada por alguna enfermedad extraña a la que nadie le encuentra una explicación  La lleva a un lugar donde va a poder encontrarla cuando sea momento de despertar a la muchacha solamente tiene que torturar a Verónica hasta que se lo diga. Un tipo como eél seguramente intuye una mentira, tal vez no conozca las razones pero si las intuye. Ahora solo necesita que su madre le diga donde esta...

Pero hay algo mejor....

Lauro llegó a la estación y abrió las puertas vidriadas de la misma lleno de adrenalina. Delante suyo, a solo unos veinte metros estaban las cabinas telefónicas  Buscó entre sus bolsillos una moneda mientras pensaba debajo del techo de madera de la antigua parada. "Lo mejor es que por alguna razón Merry no puede encontrarla como lo hubiera echo hace algunos años. Si aun lo uniera a ella su enlace "Avisto" como creíamos entonces ya habría dado con ella, es por eso que necesita a la madre, no esperaba que alguien tan sumisa y tonta como Verónica se animara a desafiarlo. Pero lo hizo una vez, cuando intento abortar. Tan pronto como ella se alejaba de Merry, sea en las vacaciones o en otros viajes, ella desconfiaba de él.  Y si no puede rastrearla es porque...es porque parte de ella no quiere ser encontrada y eso significa que....

Tomó el tubo del teléfono publico, se percató de que no tenía cambio. 
- La puta madre...
- ¿Problemas?- Pregunto una voz gruesa detrás de él. Lauro se volteó y vio a Jimmy allí  sentado en los bancos de espera aguardando su tren. 
- ¿No tendrá cambio no es así?
- Seguro, ten.- Dijo el Blusero. Lauro le agradeció,  el sonido de un altavoz anunciaba la llegada del tren hacia Platino. - Bueno, me voy amigo.
- Adios Jimmy, buen viaje.
El músico enfiló hacia al anden, pero antes de marcharse de la sala de espera se dio media vuelta y le dijo:
- Tenga cuidado señor
Lauro lo miro con el cejo fruncido. No parecía una amenaza sino mas bien un consejo.
- Si fuera usted haría el llamado y me iría de aquí  Este lugar siempre queda muy desierto ya para estas horas de la noche y los vagabundos no son el único problema con el que se encontrara... por cierto, cuando viaje a lugares desconocidos  no olvide su equipaje. - Jimmy señalo el bolso de Lauro debajo de sus pies, el mismo que el había dejado en el auto antes de entrar a la casa de Daniela. 
- ¿Como?- Pregunto Lauro, pero Jimmy se había perdido en la niebla de Riggensport.

***

El paraje de la estación era desolador. No se podía ver ni una sola alma allí a excepción de la basura que se había soltado de algunos tachos de basura derribados por el viento. Ni siquiera podía oírse un tren a la distancia ni las comunicaciones que avisaban a los pasajeros sobre arribos y partidas. En verdad era un viejo espécimen de construcción ferroviaria de mediados del siglo pasado. Detrás de Lauro estaban las ventanillas para la compra de boleto con su forma original y un redondo y correcto reloj marcando los segundos fantasmales que pasaban por la estación de Riggensport.

La Soledad y el eco eran las únicas compañeras de Lauro, quien arrimado sobre la cabina telefónica intentaba comunicarse con Liavenna sobre sus últimos descubrimientos, mientras lo hacia no reparó en que su aliento generaba volutas de vapor producto del descenso de la temperatura.
Música
El pulso telefónico fue finalmente cambiado por la voz de Liavenna. Lauro estaba llamando a una linea directa que no podía ser escuchada o intervenida por nadie. A pesar de sus celos no desconfiaba de Arcard, pero sí de Illagros. - ¡No esta yendo en busca de la chica!, esta buscando a su madre mi señora.- Espetó Lauro tan pronto como fue atendido.
- ¿Que dices?
- Sí, él no sabe donde esta...creo que no puede saber exactamente donde esta...- Del otro lado del tubo a Liavenna le volvía el color al rostro y una cálida sonrisa apareció en su palidez. Arcard se emocionó al verla así  supo que eran buenas noticias, las primeras desde que llegó a la casa.
-¿Como es eso posible?- Pregunto Liavenna intrigada.

El Vlaind de Hatanst explicó lo mejor posible todo lo averiguado y luego expusó con claridad Vlaind sus conclusiones. Aunque algo nervioso y apurado por una sensación poderosa de estar siendo observado. Liavenna lo escuchaba atentamente mientras unas lagrimas que mezclaban orgullo y tristeza se enredaban ente sus cabellos.

- Eres maravilloso Lauro, realmente maravilloso. ¿Pero crees realmente que alguien como él Necesite a su madre para encontrarla? Ha de tener una fuerte conexión con la muchacha desde hace algunos años ya como para necesitar de su madre o guiarse por métodos humanos de búsqueda.

- No son los métodos tradicionales mi señora. Lo he visto antes: Algo del engendro que vive dentro de la chica también habita lógicamente dentro de su madre. Tal y como los padres de los Dracidas no tienen suficiente Rettem en su cuerpo como para poder ser uno, sin embargo algo de ello albergan. En este caso es lo mismo, pero de una manera mucho más peligrosa.
- Explícate.

- Lo que sea que utilizan los Avistos para sus poderes es en parte también Rettem, pero de una forma mucho más "viva" que una sustancia. Algo más parecido a un espíritu que habita en ellos. Alguien como Elogios puede recurrir a esa semilla aun dormida en la madre de Daniela y así saber donde se encuentra porque mal que mal son parte de lo mismo. A través de Verónica él puede ver, escuchar y sentir aun quesea una pequeña parte de lo que Daniela hace. Incluso si la muchacha no quiere ser encontrada, su alma Avista es como una Radio, aunque ella no este transmitiendo todavía puede recibir mensajes ¿entiende?

- Claro...comprendo Lauro. Es verdad lo que dices, recuerdo que ellos tenían una forma muy particular de desenvolverse en el combate y era extremadamente difíciles engañarlos. Siempre sabían con exactitud donde estaban los demás y que ocurría en las tierras de los otros como si fueran...
- Como si fueran una sola conciencia. - Corto Lauro en seco luego de encender un cigarrillo. La expresión alegre de Liavenna se detuvo ahí mismo para no regresar. - Ahora mi señora necesito que me haga un favor.
- Dime Lauro.
- Necesito que gane tiempo para mí...tengo que llegar a Verónica antes que Elogios y eso no sera posible a menos que lo retrasemos.
- El ya sabe que estas cerca Lauro...
- Lo se. Pero necesito que me de tiempo para alcanzar a Verónica y romper su "Onda corta" ¿comprende?
- Si te entiendo. Veré que es lo que puedo hacer por ti Hijo. Por cierto ¿Que paso con tu celular?
- Adivine...no tiene señal. Este pueblo esta infestado de Siggets* por donde se lo mire.- Luego observó su maleta y recordó al tal Jimmy. - Aunque tal vez no estemos tan solos como creíamos.
- Llámame cuando estés en Triton. Y Cuídate Lauro.
- Si mi señora.

*1: Siggets, nombre en Sixvandes para los llamados "Malos espíritus". Los Vlaind de Hatanst se dedican a su estudio desde la antigüedad.
***

El Clank del teléfono cortándose hizo eco en la sala abovedada. Liavenna se quedo un segundo observando hacia la ventana de vidrio repartido. Arcard supo que se encontraba en extraños pensamientos, de duda, de muerte o de guerra.
- ¿Pasa algo mi señora?- Pregunto el Vlaind mayor de la Orden. Liavenna le respondió con aires Graves.
- He pasado toda mi vida tratando de evitar una guerra. Ahora me toca comenzarla...
- ¿A que se refiere señora?
La Vlaind giró sus ojos a su viejo compañero:
- Elogios no sabe donde esta la muchacha. Pero esta muy cerca de su madre, según Lauro a través de ella puede encontrarla fácilmente.
 Arcard bajo sus ojos al suelo gris. - Sí, es verdad. Pero no se a que se refiere con eso de la guerra.
- Lauro necesita tiempo para llegar a la madre antes que él y lo menos que puedo hacer por mi sirviente ahora es dárselo. A veces me siento igual que Lauro aquí sentada.
- ¿Y que tiene en mente Jefa?- Pregunto Illagros acercándose tímido al cuarto habiendo escuchado la conversación desde el marco de la puerta.
- Dárselo, por supuesto. Solo déjenme pensar la mejor forma de hacerlo...

***
Arcard e Illagros esperaron fuera del cuarto porque Liavenna dijo que necesitaba cambiarse por ropas más cómodas.  Ambos se miraban el uno al otro a ambos lados del pasillo esperando a que la Señora saliera del cuarto, se estaba demorando más de lo esperado. Arcard trataba de pensar que forma podría tener Liavenna de demorar al Padre Merry, Illagros trataba de imaginar que diría cuando alguien llamase por el teléfono anunciando la muerte de su odiado Lauro.

En las miradas de los dos estaba patente la división que existía entre ellos. Uno que se encontraba allí por puras ansias de poder, el otro por tradición  Cuando una de las Sirenas de la casa entro para asistir a Liavenna casi podría haber adivinado que ambos planeaban matarse el uno al otro cuando estos asuntos terminaran.

- A la torre caballeros.- Dijo de pronto Liavenna quien había salido del cuarto sin ser vista por sus hombres.
- ¿Y que haremos allí señora?-
- Darle tiempo a Lauro y a rezar por que funcione.

Los dos hombres siguieron a la mujer por una puerta lateral que daba a los jardines traseros de la mansión de los Enarmarr. Allí se abrían largos campos verdes repletos de todo tipo de plantas maravillosas y la noche en el norte estaba especialmente despejada. La mujer se dirigió hasta el limite de los mismos donde se abría un sendero pavimentado por añejas piedras blancas. Siguiendo el mismo y cruzando los Bosques linderos de los terrenos se abría el paso hacia una colina donde, en inveteradas épocas,  se alzaba la torre en la cual Liavenna solía oficiar de sacerdotisa para los reyes Vlainds.

Mientras andaba debajo de los Arboles, Illagros se sentía parte de una excursión turística, pues si bien tanto Liavenna como Arcard sabían bien donde pisar, el siempre quedaba rezagado, pues sobre los bosques pesaba un hechizo viejo como el tiempo mismo que rechazaba a todo aquel al que considerar no propio de sí. De no haber sido acompañante de la señora, seguramente se hubiera perdido en los frondosos bosques de Pent.

La luz iba disminuyendo poco a poco, al cabo de unos minutos Ilagros estaba tan cubierto por la flora en su alrededor que no era capaz de ver nada, excepto algunas estrellas entre las copas de los arboles. De pronto, algo ansioso debido al temor reverencial que le producía la parte más antigua de la mansión se tropezó con un material duro. - No te demores Illagros, si no queres perderte el Show. - Dijo Arcard a algunos metros de su posición.

El anciano Vlaind fue en su ayuda y lo auxilio a levantarse. - ¿Nunca estuviste por acá?- Dijo Arcard mirando alrededor.
Illagros meneó con la cabeza.
- Estos son los primeros arboles del bosque de Pent, uno de los terrenos en disputa durante la guerra contra los Dracidas. Rolando tenía, donde ahora esta la casa, su ciudadela y ahora estamos yendo al corazón de su fortaleza o lo que queda de ella.
- ¿Con que me choque? ¿Que no hay acaso luz en estos lugares?....(Dijo Illagros pensando en algún dispositivo eléctrico como el que tenía en sus propios jardines en Brusia).
La Voz de Liavenna llegó desde lo lejos, aunque acercándose a él como una silueta en la oscuridad:
- Tiempo atrás se apagaron las luces en Sigredon, la atalaya del sur. Pero ahora tal vez sería prudente volver a encenderlas....

La mujer susurró algo en Vlaind antiguo de Iridu:
- Domenes asestes Dul....
Lentamente como pequeñas luciérnagas que de pronto deciden despertar tras largo letargo varias luces comenzaron a encenderse en torno al sendero. La más próxima en el objeto que Illagros había chocado con su cabeza. La misma era una estatua alta y blanca, aunque algo descuidada por el tiempo pasado. Tenía la forma de un lamparero en cuyas manos sostenía la propia luz que ahora alumbraba las fronteras de los bosques de Pent. No eran llamas, pero tampoco energía eléctrica lo que despedía aquella estatua, se parecía más bien al brillo del oro más puro que los ojos de Illagros hubieran visto.
- El Sendero de Sigredon...- Dijo Arcard rememorando los viejos tiempos mientras los pequeños puntos, como luces de una pista de avión formaban un camino ascendente hacia la base de la colina.
 - Las guardianas de Pent.

- Apresúrense, no hay mucho tiempo.- Ordenó Liavenna y continuo andando por el camino serpenteante.

Bajo la mirada ceñuda pero vacía de las estatuas, separadas la una de la otra por diez metros de distancia, Illagros siguió a ambos Vlaind por aquella carretera de antaño, donde debajo de la maleza y troncos podridos podían encontrarse muchas de las bases de los viejos edificios, que alguna vez, defendieron ese bosque contra los Dracidas. Muros blancos como la propia nieve y gruesos como la noche.

- Si tan solo tuviéramos algo como esto, creo que no le temería a los acontecimientos venideros Illagros. Dijo Arcard quien seguía observando a los lados sin perder de vista detalle alguno. - Hace muchos años por aquí,  por este mismo camino, partimos con la caballería de Rolando para repeler el sitio de Allion en el norte y sobre nuestras cabezas se levantaban las torres de su Ciudad. Si lo hubieses visto Illagros ¡Todos esas mujeres, esas doncellas arrojando sobre nuestras cabezas pétalos de flores blancas y rojas! Las trompetas bramando entre las colinas y el estandarte del León bien alto sobre nuestras cabezas erguido y orgulloso.

Rolando y su hijo delante de todos nosotros guiando la marcha y detrás la infantería con sus armaduras doradas rutilantes a la luz del alba...si tan solo tuviéramos el cuarto de los hombres y la mitad de la valentía que en aquellos años podríamos por fin descansar en paz.

Poco a poco la fronda fue cediendo en el terreno y el camino se hizo recto para subir a modo de escalera a la cima de la colina. Liavenna seguía adelante, decidida y valiente, con sus cabellos dorados acariciándole su espalda. Cuando ella se detuvo, los otros dos hicieron igual e Illagros vio frente a el lo que parecía los primeros tres pisos de una torre venida abajo.

- ¿Que vamos a hacer aquí?- Pregunto mirando el bosque brillar como el oro en plena noche debajo de el.
- Esta torre fue construida por mi abuelo para vigilar los pasos al norte y a las fuerzas de Sigmund en las colinas de Darvis como ademas las costas orientales del Margun. Solo dos cosas se pueden hacer desde Urss-Arkgor: Orar o guerrerar. - Dijo Liavenna ingresando por el viejo arco ornamentado por el cual se ingresaba a las escaleras de la torre.
- ¿Vamos a llamar a nuestros ejércitos?- Dijo Illagros burlándose de Arcard.
- No, pero vamos a dar el primer golpe. - Contesto Liavenna. - Siganme.

Ascendieron por una escalera de caracol dentro de las ruinas, bastante bien conservada a pesar de la maleza y las enredaderas que crecían por dentro de la estructura. Al llegar al segundo piso, rodeados por muros bien sólidos de piedra blanca, aunque en algunas partes ya gris o negra debido a la inclemencia del clima y el tiempo, Illagros observó hacia arriba y vio las estrellas brillar con una intensidad que le era desconocida. Todo el lugar estaba rodeado de una energía que era una mezcla entre nostalgia y esperanza, poder y sabiduría o quizás una ambigüedad entre luz y oscuridad que crecía en su mente.

Cuando Liavenna le echó una mirada a medida que subía por las escalinatas sintió que estaba siendo atravesado por la misma. No le gusto aquello, tuvo la impresión de que en ese lugar los ojos de su maestra eran aun mucho más profundos de lo que podían ser debajo en la tierra mortal. Porque estando en Arkgormaar (Otro nombre para la torre cuya traducción sería: El Vigía de la oscuridad) nada parecía salido de lo común o lo mundano de la modernidad.

Finalmente llegaron a la cima, que no era otra cosa que la cuarta planta de la torre, los otros siete pisos habían sido derribado muchos años atrás por los Jethis durante la guerra. Sin embargo estaban tan alto como en un pequeño cerro y las montañas, de copos nevados de las Sorrim parecían más cercanas en el oeste.

Liavenna se paró en el centro y se quitó sus ropas hasta dejar solo su túnica blanca ceremonial, con su torquel dorado sobre el níveo cuello y puso ambas manos en sus caderas. - Ha pasado mucho tiempo desde que no hago esto, espero que todavía pueda lograrlo.
- Bueno señora, no ha estado fuera de practica en los últimos días precisamente.
- Más vale que esto le de a Lauro todo el tiempo que necesita, de lo contrario acá se acaba nuestra misión.

Illagros, quien se sentía totalmente ajeno a la conversación se sentó sobre una piedra larga y rectangular que había sido en otro momento parte del muro de la torre y encendió un cigarrillo. Esperando que su jefa hiciera algo muy de ella como orar y llevar buena onda o algo así a Lauro. Siendo un Vlaind de Gerardie, Illagros comprendía muy poco sobre la magia de los otros Vlaind.

En la Hostería de Triton Parade a Merry empezó a picarle la nuca, lo que interrumpió su meditación, que obviamente no hacia otra cosa que buscar a Lauro, pues quería saber si había averiguado sus intenciones. Algo parecido sintieron los demás involucrados en el asunto. Daniela se revolvió en sueños dentro de la camioneta, Rise tuvo una extraña sensación de ansiedad, Alaysa interrumpía el tercer coito consecutivo con Crisald y Karl soltaba la escopeta que acaba de reparar.

Música 
Liavenna abrió su mano derecha y dijo en lenguaje de Iridu:
- Dinaan era sillon.- Sus palabras se perdieron entre las colinas y los pinos del bosque.
Acto seguido un gran y rutilante arco de oro macizo se apareció  corporizándose sobre su cabeza resplandeciendo hasta tocar sus manos como entregado por divinas manos. Illagros bufo:
- Con todo respeto señora,  a pesar de que todos sabemos lo poderoso que es el arco dorado de Rolando, dudo mucho que sea efectivo contra...
- Igenorad estipul- Continuó Liavenna y, al igual que el arco, una flecha dorada se apareció en su mano izquierda.

Merry tuvo la imperiosa necesidad de mirar hacia el oeste, algo compungido o preocupado de repente.

Liavenna posó la flecha en el arco y tenso de él. Por el momento el fulgor y la magia se habían ido y en sus manos solamente sostenía un arco y una flecha de oro que más allá de ser muy bonitos no parecían tener otra propiedad.

Liavenna hablo en voz alta, aunque no se dirigía precisamente a nadie allí:
- Este es el arco y la flecha dorada que le fueron otorgados a los antepasados de mis antepasados en tiempos de desesperación. Mucho antes de que los Vlaind existiéramos el auxilio de los Dioses de la antigüedad le fue dado a los hombres de buen corazón para resistir el poder de las tinieblas

Tanto Illagros como Arcard comenzaron a sentir que una poderosa energía  bondadosa y cálida rodeaba a su señora. La brisa sobre la colina se transformo de pronto en un céfiro vencedor que rodeo la figura de la Dama de Allion con ribetes dorados que iban aumentando en cadencia.
- Hoy recurro a dicho poder como mis antepasados Notielienses en igual apremio.

El resplandor dorado rodeaba ahora toda la figura de la mujer y sus cabellos se agitaban como si estuviera dentro de un remolino al igual que sus ropajes, la punta de la flecha comenzó a centellear como una estrella tomando cada vez más y más fuerza.
- ¡Dame tiempo padre!, ¡y Dame sabiduría madre!. ¡ Guía esta flecha al corazón de nuestra desgracia y conviértela en esperanza para nuestra gente si no nos han olvidado aun los severos poderes de la tierra!

Merry, en Triton supo inmediatamente que la vieja Vlaind estaba concentrando toda su energía en el oeste.
-No Tienes el poder para lograrlo Liavenna Enarmarr, tiempo atrás este mundo ha sido librado a su suerte. ¿Que esperanzas guardas en el mundo de los Dioses-Debiles-Del-Cielo? Mejor sigue el consejo del padre de Crisald y acéptalo: Los tiempos cambian y los Dioses también.-

Las Rocas en el suelo alrededor de Liavenna comenzaron a fundirse como si estuvieran expuestas a las temperaturas de un volcán  la flecha dorada se transformó de pronto en un rayo de luz dorado al cual era difícil ver directamente, cegaba a todos los presentes menos a la Dama de Allion quien estaba sudando debido al inmenso esfuerzo que le producía pasar esa energía a través de su cuerpo, debilitado y adormecido por las largas noches de insomnio.

Desde el pueblo más cercano todos vieron los vestigios de la torre encenderse como un árbol de navidad, sus pequeñas troneras y ventanitas se llenaron de un color dorado y blanco que fue ascendiendo hasta la punta, donde Liavenna sostenía la flecha. El viento tomó su punto más álgido llevándose consigo algunos arboles y parte del tendido telefónico:
- Que el fuego del Ramkkara te quite lo Vanidoso Elogios- Dijo Lievanna y soltó la flecha.

En el preciso instante que hizo esto, Illagros cayo al suelo como si de pronto una turbina de un 747 hubiera comenzado su vuelo delante de él. Arcard se sostuvo en una de las columnas de la torre, como un pequeño pero luminoso cometa amarillo la flecha salió volando desde la torre en dirección al este, directo a la posada "El Olimpo"

***
Música
La Ford de los Dracidas llevaba unas cuantas horas en la carretera en dirección al norte. Ya estaba muy oscuro y a ambos lados se levantaban los pinos de los bosques de Pent y Rent, viejos hermanos del antiguo mundo, testigos de muchas cosas que siempre callaran. Rise conducía y como si se tratara de un niño de siete años que se va a de vacaciones con sus padres, manejaba mientras cantaba con Daniela "Karma Camelon", canción hallada en un porta CDs del dueño original. Ambos palmeaban junto al estribillo y se reían,  Miranda solamente estaba echada en el asiento trasero con cara de sufrimiento.

Lo cierto es que estaba allí a regañadientes. Primero tuvo que dejar su amada motocicleta atada en la parte superior de la Camioneta, cosa que la preocupaba. "Si se le rompe un solo espejo te arranco los huevos por la nariz Rise" le dijo mientras este la ataba con fuerza. Según Rise, era mejor que ella llevara la delantera con la motocicleta, pero Daniela no estuvo de acuerdo. Cuando le preguntaron porque, respondió algo muy Daniela "No se, me da mala espina" A Miranda no le gustaba nada seguir el consejo de una desconocida por una "Corazonada" pero Rise le rogó porque confiara en su instinto y ella termino por acceder con tal de marcharse de una vez al bosque. 

Segundo: Algo raro le pasaba a su amigo Rise, si bien seguía siendo el tipo que ella conoció en el Bosque en la niñez, ahora estaba como más "Pelotudo", haciendo pelotudeses mientras preparaba las cosas para el viaje y diciendo muchas pelotudeces que a menudo hacían reír a Daniela, como ahora, cantando esa música de maricones. Traduciendo esto en un lenguaje más normal, Miranda quería decir que Rise estaba más "Alegre sin necesidad" porque uno puede estar contento, pero eso de andar con esa sonrisa idiota las 24 horas del día no era nada que se viera en el bosque donde ella vivía  "La ciudad le pego mal" Pensaba mientras observaba a Rise cantar junto a Daniela. "O la chica lo tiene pelotudo"-

Y por último estaba la chica, esa tal Daniela. Lo cierto es que Miranda no confiaba un carajo en ella. No le agradaba la forma en que de pronto estaba tan callada como una piedra para pasar, sin razón a aparente, a un estado de animo mucho más efusivo, a menudo cuando Rise estaba cerca de ella. Era una cosa muy dual como para llevarla al bosque. A Miranda le recordaba a los Vlaind de Rolando, que de pronto y sin muchas tribulaciones se despachan compañeros de trabajo, vecinos, novias o lo que sea que despierta su irritable y oscura alma.

Desde que salieron de Oldbridge Miranda no dejaba de observarla y convenció a Rise de que al menos, si iban a viajar con una especie de exterminador de Dracidas converso, le quitara las armas por precaución  Rise no quiso acceder a esto, pero finalmente fue convencido por la insistencia tan particular de su amiga. Daniela no se quejo en lo absoluto y Miranda se alarmó. Para ella ningún Dracida o Vlaind que se precie de serlo deja que le quiten las armas mientras anda con extraños. 

"¡Tiene 18 años por el amor de Dios Miranda! ni siquiera vos eras así de desconfiada a su edad ¿o si? ¿Jugabas con muñecas o con un Ak-47?" Le dijo Rise mientras Daniela dormía con aires angelicales en el pórtico de la casa aguardando para marcharse. 

La verdad es que sí, ella había aprendido desde sus 8 años que la vida de un Jethi es una vida donde el peligro es constante y era esto mismo lo que enseñaba a sus aprendices en el bosque. A veces no hace falta que uno se cruce con un Vlaind malhumorado, a veces los hombres son tan peligrosos como ellos. A veces la gente le teme a lo que sabe no puede vencer e intenta destruirlo o dominarlo. 

Los Jethis de Sigmund como Miranda son, en todos los casos, seres extremadamente sensibles.  Tienen una gran conexión con sus sentimientos y sus vivencias en este mundo. Lo que provoca que se transformen (si logran vencer sus desbordes emocionales) en personas amorosas, dulces, compañeras, fieles y pasionales. Si ellos no llegan (¿Cuantos de nosotros llegamos alguna vez?) a exorcizar ciertos miedos y prejuicios se vuelven seres muy cerrados, fríos, y desconfiados. 

Adivinen a que grupo pertenece Miranda, bingo.
"Sigmund de Hielo" les llaman pues son más proclives a este tipo de elemento que los del fuego. Y Miranda tenia buenas razones para serlo. A los 8 años, cuando sus poderes despertaron en Vicent Town, su padre quiso entregarla al MI5 para convertirla cuando creciera en un agente de inteligencia. Lo que hizo que, desde su más temprana infancia se sintiera como un X-man en medio de un poblado demasiado normal, al menos en la superficie. 

Cuando una chica de su clase se enojaba, a lo sumo, lloraba mucho y pataleaba en la tienda de dulces. Cuando Miranda se enojaba las cosas se prendían Fuego, así de simple. O se congelaban hasta estallar en cientos de gélidos pedazos como le ocurrió con la lapicera de una de sus compañeras. Mientras estuvo en la escuela estatal todos, todos, la llamaban a sus espaldas "Ojos de Fuego" en referencia al famoso personaje de S.King. El estreno de la película coincidió con el despertar de sus poderes. Tal vez por que al verla en la sala de su casa junto a su madre supo, en lo más profundo de su cabeza que ella podía hacer lo mismo y eso la aterrorizo toda su vida. 

Al despertar los Jethis siempre hacen cosas muy locas como hablamos antes. Rise le hizo unas lindas ventanitas al abusivo de su escuela en la dentadura y otras cosas de las que luego hablaremos. Karl destrozó a trompadas a su padrastro cuando todavía estaba en los primeros años de la primaria. Daniela adivinaba resultados de football y tenía visiones del futuro. Cosas raras pero satisfactorias para un niño, porque a partir de ese momento se da cuenta que tiene algo que nadie tiene y sobre todas las cosas todavía puede creer que es Posible que aquello sea real o normal.

Pero incendiar las cosas ya es otro tema. Nadie le diría a una chica "¿ Así que te estaban molestando e incendiaste toda la escuela? ¡Así se hace Miranda, les enseñaste una lección" Y sean sinceros ¿Ustedes se juntarían con una chica que al enojarse transforma en hielo lo que toca? ¿O lo quema? ¿O lo hace salir volando con una especie de torbellino? Desde sus primeros años Miranda tuvo siempre la idea de que ella era un peligro para los demás  Y en añadidura, los otros tampoco la querían mucho, le temían, y al temerla muchos la odiaban por hacerlos sentir así. 

Lo que provocó que se llevara bien con Rise  era que él fue la primer persona en decirle que sus poderes le parecían geniales, que los envidiaba, que eran asombrosos. Todavía recuerda lo dicho por él bajo los arboles de Hosmusilias. Un comentario que le pareció estúpido en su momento, pero que luego y secretamente (muy secretamente) lo uso varias veces con sus alumnos cuando tenían ese tipo de problemas:

"Eres como los X-Man o Somos como los X-Man. Tenemos estos poderes y capacidades que generan temor a las personas normales, nos persiguen, nos apartan o nos esconden. Pero lo cierto es que podemos usarlos para hacer cosas buenas. Y aquí Mitril se parece bastante, en ese sentido, al Profesor Charles Xavier..."

Al recordar aquello una Sonrisa le nació en el rostro mientras miraba por la ventanilla. "Los X-Man" solo un tipo como Rise podía salirse con algo como eso. Pero era muy efectivo a la hora de levantar los ánimos  quizás después de todo Daniela también debió sentirse así según lo que Rise le contó.  Siempre tenía como esa necesidad de andar regalandole felicidad y aliento a todas las personas que se encontraba en el camino. A veces Miranda envidiaba esa capacidad...

- ¿Te acordaste de algún buen chiste Miranda?- Dijo Rise moviendo el retrovisor para ver la cara de su compañera- La expresión de Miranda volvió a la corriente.
- No me jodas Rise.
- Estuviste muy callada últimamente. Eso si que es raro en vos...
- No me jodas y seguí manejando.
- Decime que te pasa, Daniela ya se durmió...se ve que el poder favorito de su especie es "Dormirse en cualquier lugar y a cualquier hora"
- Nada, estaba pensando que iba a hacerte si esa moto se llega a caer del techo. 
Rise se rió alto y claro. Y como si le brotara del propio pecho o del corazón salió un comentario que años atrás no hubiera echo jamas:

- Yo estaba pensando en que hacerte también ..- Casi saca las manos del volante hacia su boca horrorizado por lo que acaba de decir. 
- ¡¿Que?!- Dijo Miranda con un dejo de condesa alterada aunque sin monóculo.
- Nada Miranda...Bromas ¿Te acordar que la gente  a veces se ríe y dice cosas que se salen de lo cotidiano...
- Callate y maneja que quiero llegar de una vez.
Rise continuaba:
- Por lo general esos comentarios o exageraciones de situaciones normales son llama...
- Rise...
- Bromas, que hacen que la gente se sienta bien en vez de andar con cara de culo todo el día.

- ejejejeje. Dijo Miranda burlonamente. - ¿Y  a vos que te pasa que andas tan payasito últimamente  ¿Tu  nueva amiga tiene el poder de tirarte la goma mentalmente mientras duerme?
- ¿Por que siempre tenes que hablar así de ella?- Otro comentario que Rise no hubiera echo si no hubiese estado a punto de morir unas horas atrás salio de su boca. - ¿Estas celosa?

(Si idiota, me muero de celos,-¿Que mierda acabo de pensar?) - ¿Celosa? ¿De esa freak de la ciudad? Vos tenes que dejar de fumar porro Rise.

- Si te interesa saberlo, el hecho de que tenga una buena amiga no cambia nada. Seguís siendo mi compañera- Le extendió el paquete de Lucky Blend por detrás del asiento.  - Pero ella tiene la sana costumbre de a veces reírse y hacer boludeces como yo. 
- Si, también tiene la sana costumbre de asesinar Jethis. 
- ¿Otra vez con ese tema?

- Perdoname por preocuparme por vos Rise. No hay nada de peligroso en andar con un bicho salido de la Dimensión desconocida-
- Nosotros también fuimos bichos de la dimensión desconocida  ¿o me equivoco?

- Si pero no matábamos a los que se nos acercaban con buenas intenciones. No te preocupes igual, la tengo vigilada. A la primera paff, se acabo el problema. 

Rise hizo silencio, vio que Daniela se movía en sueños y se percató al mismo tiempo que el viento de pronto había cambiado inesperadamente. Los pinos de Pent parecían estar doblándose hacia la derecha, Miranda vio y sintió igual.

Daniela poso su brazo sobre el Dracida de una manera tenebrosa. Miranda estuvo a punto de desenfundar una de las Ballers. - ¡Para el Auto Rise!- Dijo Daniela con sus ojos inyectados de Amatista.
- ¿Estas teniendo otro ataque o...
-¡Para el auto YA!

Miranda miro a su izquierda y vio un puntito amarillo que crecía y crecía. - Tiene razón Rise, para la camioneta.

El Dracida se detuvo en medio de la carretera tratando de entender que le pasaba a sus compañeras y cuando estaba estacionando el carro en medio de la ruta oscura y brumosa pudo percibir un poder demoledor que venía a toda velocidad desde su izquierda. - Bajen todos. Ahora.- Dijo Daniela con la consternación y el miedo en su voz. Todos le hicieron caso, hasta Miranda. 

Rise y la Jethi de Sigmund examinaron el cielo. - Vos que sos de Bilingord tenes mejor vista que yo ¿Que es eso? ¿Un satélite?- Pregunto Miranda.
- No, se mueve demasiado rápido y viene para acá.
Daniela grito:
- ¡La moto!
Ambos la miraron extrañados.
- Saquen la moto de la camioneta...va a quedar echa polvo contra los arboles del costado. 
- Seras muy rarita pero tenes buenas ideas.- Dijo Miranda. Ambos desataron a "La Niña" y la dejaron al resguardo-
- ¿Que pasa Daniela? ¿Vos sabes que es eso?- El punto amarillo se hacia cada vez más grande y bajaba más y más a tierra.
- No se que es...pero siento como si la energía de algo o alguien estuviera viniendo para acá  Creo que va en esa dirección.- Daniela señalo hacia el sureste. 
- Por ahí esta Triton Parade. Dijo Miranda. 
- Bueno, alejémonos del camino y por las dudas saquemos algunas cosas. - Dijo Rise mientras la sensación de estar a punto de ser aplastados por un martillo llegaba hacia ellos. 

El Jethi de Bilingord se quedo examinando el extraño objeto:
- Ya se que es, pero no puedo creerlo.
- ¿Que?- Preguntó Miranda mientras bajaba de la camioneta las armas y la comida.
- Es una flecha dorada de Rolando....- Continuo Rise con una expresión de asombro que solo crecía con el tiempo.
- ¿Una que?- Dijo Daniela como si Rise y Miranda estuvieran hablando de Ingeniería. 
- Una Flecha dorada de Rolando. Para que lo entiendas, era como un Misil Tomahawk en tiempos antiguos. Pero nunca vi una que volara tan rápido...
- Ni que brillara tanto. - Añadio Miranda.
- Va hacia Triton Parade...esta buscando algo ahí ..o a alguien. Dijo Daniela con sus ojos amatistas brillantes en la nocturnidad. Ojos que hacían desconfiar a Miranda temiendo de que de pronto los atacara como tomada por alguna locura.
- ¿A quien busca?- Pregunto Rise.

Las criaturas en el bosque de Pent comenzaron a huir, la pelota dorada ahora estaba más cerca y parecía estar bajando a la tierra. Ellos estaban a unos 6 kilómetros de la Salida a Triton. Los pájaros huyeron con sus alas en la noche recortando la silueta de la luna. La noche aclaro por un instante, el poder abrazador de Liavenna estaba por pasarles sobre sus cabezas antes de que pudieran evitarlo. 

Uno de los letreros que decía "Cuidado, Animales sueltos" llegó volando desde el oeste, era como una oscura saeta cortando todo lo que encontraba a su alrededor. Antes de que Daniela o Rise pudieran reaccionar, los ojos de Miranda despidieron una luminiscencia tan verde como una botella de cerveza y de sus manos emergió una especie de contra viento. El céfiro violento que había levantado en un santiamén a modo de protección desvió el cartel. De no estar ella allí Daniela ya estaría decapitada. 

- Todo el mundo abajo, ahora. - Ordenó Rise. Tomó a ambas y se lanzó a la canaleta. Ahora parecía que un monzon había llegado para arrasar con todo en su camino hasta su objetivo, Triton Parade. La pelota ignífuga de tamaño surrealista cruzo el cielo en un solo segundo. Los arboles más jóvenes en los lindes de Pent salieron volando en un segundo, arrancados de raíz por la fuerza de la flecha dorada de Liavenna, los otros, que estaban más firmes se incendiaron. En un solo pestañeo la noche se puso roja como las salas del infierno.  Miranda vio desde su cobertura como, por acción del viento, la camioneta era disparada contra los pinos del bosque a la izquierda, Rent. La chapa y los fierros de la Ford se destrozaron entre los troncos, que serrucharon al automóvil como si estuviera echo de juguete. 
"Eso le podría haber pasado a la Niña, o a mí si hubiese estado manejando la misma en vez de ir en la camioneta. Sera rarita pero nada boluda..." Pensó Miranda. "Y Rise ya podría sacarme la mano del culo..."
***


Música
Todos la vieron cruzar el cielo desde su posición  inclusive Lauro quien iba con su auto directo a Triton, desde el retrovisor pudo observar esa tea encendida cruzar la noche como el carro de una deidad cabalgando hacía la victoria.

La flecha dorada de Liavenna cruzó  más de 200 kilómetros rompiendo la barrera del sonido. Desde la posición de Merry parecía que el cometa estaba arrancando la noche de cuajo a su paso, fulgurando cada vez más y creciendo más y más en tamaño. La cabeza puntiaguda de la flecha de Rolando comenzó a descender una vez llegó a su punto de caída  y cayo sobre Triton Parade con el sonido de una bomba.

Merry no tuvo tiempo de decir "Ay", aunque sin duda al ver semejante astro condensando venir directamente hacia su ventana sintió  por primera vez que estaba subestimando a sus enemigos.  Su largo abrigo de cuero comenzó a deshacerse como si las partículas de su tela estuvieran desapareciendo una a una y los lentes se le quebraron en un instante, cayendo al suelo mientras la pelota crecía y crecía antes de chocar directamente contra él. La cruz de plata de su cuello se derritió sobre su propia piel generándole un ardor doloroso.

Lauro vio desde su auto como la fachada delantera de la Hosteria el olimpo se doblaba unos cuantos metros hacia dentro frente a la pelota dorada que ya tenía el tamaño de un globo aerostático.  Y entonces impactó y por su sonido Lauro pensó que sus oídos iban a estallar al igual que la posada. La versión antigua y épica de un Misil Tomahawk (como la llamaría Rise)  chocó de lleno con la ventana de Merry y un bálsamo de fuego la abrazo en un segundo haciéndola saltar por los aires en un sin fin de pedazos. Los vidrios del auto de Lauro estallaron y tuvo que detenerse, el resplandor fulminante casi lo cegó.  El techo de "El Olimpo" se convirtió en un millón de brasas ardientes que se dispararon en todas las direcciones. Por puertas y ventanas la luz dorada de la flecha arrasó con todo dentro, menos con las pocas vidas humanas en ella. El clamor del humo y el polvo se levanto en la noche con la forma de un hongo que hizo llover cenizas y fuego sobre el poblado por unos dos o tres minutos pasado el impacto.

Lauro, desde la carretera  se quedo mirando asombrado y orgulloso de que su maestra le estuviera devolviendo sus servicios con creces. No se disparaba una Flecha dorada de ese tipo desde los tiempos de Balabord y probablemente se debía a que nunca habían estado tan cerca de la destrucción como ahora. Y la única que entendía eso, mal o bien, era Liavenna. Una heroína  confundida, pero heroína en fin en un mundo de cobardes y de estúpidos.

- Vaya manera de "Ganar tiempo"- Pensó el Vlaind satisfecho con los resultados. Ahora el Olimpo no era otra cosa que un cráter de 100 metros a la redonda lleno de escombros y vestigios encendidos en llamas.

- Mi...mi...seño..señora...- Dijo Arcard observando a Liavenna de una manera totalmente distinta  Pocas veces la había visto luchar y en esas ocasiones había sido con las armas tradicionales.
- ¿Si Arcard?- Dijo Su maestra luciendo ya más humana, aunque como revigorizada por su disparo.
- Le..le..¿Dio?
Liavenna Sonrió como si se tratase de la versión femenina de Robin Hood. Ayudo a levantarse del suelo a Illagros y le quito el polvo de la ropa. - Justo en la nariz. Le guiño un ojo a Arcard y lo palmeo en las espaldas.
- ¿Usted...usted..hizo eso?- Dijo Illagros utilizando sus poderes para ver el pavoroso incendio en el que se había transformado Triton donde ya se movilizaban las fuerzas de seguridad creyendo que un ataque terrorista había tenido lugar - Es...es..impresionante.
Liavenna encendió un cigarrillo:
- ¿Que se creen que solo Alaysa tiene Rock? Vamos a comer algo, me dio mucha hambre. Dijo Liavenna y se fue como dando saltitos llena de una alegría que desconocía desde sus años mozos.





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