domingo, 17 de marzo de 2013

El Ritual de los Condenados XXII

Capitulo XVII
Karl en:

Locuras Animadas de Ayer y Hoy

En la sala de juegos de la mansión de los Enarmarr la televisión holográfica último modelo sintonizaba el canal 4. Frente a la misma Illagros practicaba sus habilidades matemáticas en el pool. Como buen Vlaind que era, la matemática era su área principal de estudio y le gustaba hacer cálculos sobre la trayectoria que tomarían las bochas dependiendo como las golpeara.

Afuera era una bonita noche a pesar del frío. Liavenna había ido en busca de Lauro y Arcard se encontraba sentado junto al teléfono esperando noticias de su señora. Desde el piso de arriba Illagros podía escuchar al Vlaind tamborilear con sus dedos el tubo del teléfono  ansioso. A él, lo que le pasara a Lauro le importaba muy poco, aunque si estaba interesado en lo de la muchacha.

Y Esta fue otra emisión de “Sea su propio Medico”- Dijo el locutor de la televisión –El programa que le evita tener que visitar el Hospital publico y le enseña a atenderse con la calidad de los mejores profesionales.- Otra voz más gruesa y empresarial continuo: Este momento ha sido auspiciado por LABORATORIOS SIKAL- LA DROGA QUE HACE BIEN.

La cortina estrambótica y chillona del noticiero llegó a oídos de Illagros. Quien se distrajo al ver en la televisión a una de sus ex novias. Mary White, quien era entonces una entusiasta estudiante de comunicación en la universidad de Platino. Ahora algo más rellenita y decididamente más sobria presentaba las noticias de las 21 horas por la H.M.B

Buenas Noches Himburgo, yo soy Mary White y de esto se habla en el país
La imagen aérea de un incendio apareció en la pantalla. 
- La localidad de Triton Parade continua luchando contra el incendio que se desato después de una inmensa explosión en el centro de la ciudad. Por el momento esta se ha atribuido a una fuga de gas en las calderas de “El Olimpo” Hostería Local. A pesar de que no se han encontrado victimas fatales, el alcalde Jonas Smith ha decretado el estado de emergencia debido a que las llamas se extendieron a muchos edificios aledaños. 

El ministerio de Seguridad Interior ha cerrado hasta nuevo aviso la carretera numero cuatro. El titular de dicha Cartera Barry Hiks afirmo esta noche que “No hay indicios de que se trate de un ataque Terrorista”. Aunque  quince minutos antes de la explosión los Radares de la Fuerza Aérea detectaron un objeto pequeño que se movía a gran velocidad proveniente de los Suburbios al norte de Blondres. Los peritos enviados por la Agencia de Investigación Espacial De la Nacion, S.I.NA (N/A: Sus siglas están en Himburgues) se encuentran actualmente revisando el lugar para aseverar o descartar el impacto de un pequeño Meteoro.

- En el plano de la Política Nacional:
- En su discurso anual en la sociedad de Beneficencia cristiana el primer Ministro Dugget ha llamado a los empresarios y a la Oposición ha Confiar en el rumbo de la economía y abandonar las políticas neo liberales que, según dijo “Llevaron a la peor crisis que halla sufrido el país desde la Segunda Guerra Mundial"

Por otra parte, desde la Union Indutrial Himburguesa se le pidió al primer Ministro que de Señales claras  a los inversores sobre el rumbo del país.


Illagros estaba por apagar el televisor holográfico usando su voz (pues así se encienden y apagan los televisores de este tipo) cuando vio que en la pantalla la horrible cara del jefe de la Unión Industrial era remplazada por una toma de la entrada de Oldbridge Town
En nuestra historia del día;  la policía de Oldbridge Town sigue en la búsqueda del responsable de la muerte de siete oficiales en un impresionante tiroteo en la biblioteca publica de dicha localidad. 

Según testigos presenciales el hombre mediría aproximadamente un metro noventa y viste con un largo abrigo negro. Es un sujeto caucásico y corpulento. Posiblemente armado y extremadamente peligroso. Aunque descartaron que se trate de una Celula Terrorista, se lo busca intensamente en los alrededores de Oldbridge Town.

La policía informo que creen que el responsable aun ronda en las cercanías del poblado debido a que habría salido muy herido de su enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. Ahora mismo se ha pedido auxilio a las autoridades provinciales de Platino para dar caza con el criminal y llevarle a la justicia.

El Servicio de inteligencia nacional (H.I.S)  y la MI5 investigan si el susodicho sospechoso no ha estado detrás de los recientes tiroteos en Troncor Street que dejaron, entre ambos  más de 20 muertos.

Tanto el alcalde de la ciudad de Blondres, Milton Chapman como el gobernador de la provincia de Platino, Gregor Sallt se acusaron mutuamente de no ser lo suficientemente duros contra la inseguridad que hace estragos en la periferia de la ciudad de Blondres.

Unos pasos pesados llegaron desde el extremo del salón. Debido a su caminar Illagros adivinó que se trataba de Arcard. – Apagado. Dijo Illagros y la imagen proyectada desde una pequeña mesa ratona se desvaneció.

- ¿Illagros?- Pregunto el viejo Arcard con vos cansada y angustiada.
- Ajam...
Cuando el Vlaind de Gerardie vio el rostro de Arcard supo que este se encontraba muy apesadumbrado aunque al mismo tiempo aliviado. – Dime...
- La Jefa llamó.
- ¿Y bien?
- Lauro cumplió su propósito hasta el final. 

Acongojado por el amor que le tenía al más “Joven” de los Vlaind que partieron al sur hace muchos años Arcard se sentó con el rostro lloroso en un sillón amplio.
- Lucho en verdad como un León. Mato a la madre de la chica y evito que Elogios la pudiera usar para encontrarla, luego combatió contra Merry hasta herirlo gravemente, pero murió hace ya unas horas. 

Hubo un silencio largo y pesado. Illagros simulo muy mal su tristeza-
- Es una...pena.
- Sin embargo nos ha dejado como regalo una importante victoria. Dijo Arcard volviendo a los aires de Capitán que inspiraban su figura. – Según Liavenna Merry no nos estorbara por un largo tiempo, porque hondo se ha clavado el filo de Ipsalav en su corazón  Ahora Elogios nos teme y deberá re pensar su estrategia, por lo que tenemos una última oportunidad de encontrar a la Avista sin que él se meta en el medio. 
- Entiendo. Dijo Illagros casi indiferente a todo lo que Arcard decía. - ¿Y cuales son las ordenes de la Señora?-
- Quiere que ya mismo pongas a Karl de nuevo en movimiento. Se esta hospedando en la posada “El Eden”. Llámalo y dile que la muchacha se dirige al norte, casi con seguridad al bosque de los Dracidas, Hosmusilias. Si la encuentra aun podemos salvarnos de este asunto. 
- Lo llamare, pero creo que es bueno que sepan que Karl no esta en sus cabales, o al menos ha empeorado. Según las noticias tiroteo a siete policías de Oldbridge, ahora lo busca la MI5. No se cuanto pueda servirnos así de chiflado.
- Recuerda que tu te hiciste cargo en la reunión de solucionar ese asunto. La jefa quiere que vayas y supervises todo. El Helicóptero estará listo en una hora más o menos.
- ¿Pero porque ir si Karl...- Illagros recordó lo visto en las noticias. – Claro...si Karl se muere o si se le sale  su último tornillo yo me encargo de dejar todo en condiciones.
- Exacto. Además ahora se ha sumado una dracida más a la custodia de la chica según la Señora. Quizás necesite algo de ayuda.
- Bien, llamare a uno de mis...
- No- Lo corto en seco Arcard. – La Señora quiere que vayas solo. Tal y como Lauro se fue. Además con lo que se están apresurando los acontecimientos mejor no andar con nadie que no conozcas de manera personal. Elogios aun puede engañarnos.
- Bien.. iré solo y le mostrare a la “Dama” que estoy a la altura de la tarea. ¿Alguna noticia de Crisald?
- Nada por el momento, eso también me perturba. No hemos oído de el en las ultimas horas, seguramente esta planeando como continuar ahora que su mujer esta muerta. Tu hermana y yo nos ocuparemos de ese asunto, quizás todavía podamos convencerlo de negociar. Pero la muchacha es lo más importante... Apresúrate a llamar y a viajar. Yo tengo que hacer los preparativos para el funeral. 

***

La hostería “El Eden” era un lugar muy famoso en los alrededores por haber sido una belleza del Art Nouvou en la pequeña comunidad ferroviaria. Antes aun de que Rise naciera había sido la sede de la alcaldía del  pueblo y cuando se construyo en los 50 un edificio especial para la misma (monumentalista y frío)  la administración se mudo allí. Fue más tarde comprada por una familia adinerada de Landesia y se la convirtió en una hostería apartada del centro del pueblo con amplios jardines tanto al frente como en su parte trasera, que lindaba con los hermosos bosques de Rent y tenía vista al famoso Río Margun que pasa por allí.

Karl podía ser muchas cosas pero le gustaba la comodidad y los lujos de una época que el atesoraba, su niñez. O al menos atesoraba sus fantasías en dicho tiempo, porque en verdad su infancia fue bastante triste. Utilizando los infinitos recursos de Liavenna descanso en ella varios días.

Aquella larga casa de techo con muchas ventanitas sobresaliendo de entre sus tejas le recordaba a su pueblo natal, Lindisa, construido por inmigrantes Landesianos que llegaron a Himburgo en los tiempos de la colonia. 

Sus fuentes con forma de mujeres desnudas, las arañas  con preciosos cristales y la ornamenta de la madera en forma de plantas y flores vestía al “Eden” de una manera única en Himburgo. No pocas veces, periodistas explotaban la melancolía de la “Belle epoque” haciendo algún reportaje sobre aquella casona. 

El Eden tenía una lista ilustre de visitantes, un famoso Tanguero Sargentino conocido como “El Zorzal” se hospedo allí antes de dar un famoso concierto en la ciudad de Blondres y toco en privado para los habitúes solamente armado con su voz y su guitarra. Políticos de la talla de Tony Clair la habían elegido muchas veces como bunker de Campaña y escritores depresivos y melancólicos hicieron en ella las primeras notas para sus más famosas novelas o cuentos. Entre ellas una sobre un detective infalible de principios de siglo que a menudo tocaba el violín y gustaba de fumar pipa (y consumir otras cosas también)

La Hostería tenía el tipo de energía que hace a los seres humanos imaginar o soñar con las cosas más maravillosas. Sus paredes color Beige y sus portalámparas que simulaban ser antorchas (aun mantenía en sus pasillos muchas lámparas de aceite), el salón comedor con escenario para bandas u obras teatrales rodeaban a los clientes como invitándolos a soñar con el pasado, ese tiempo que siempre parece haber sido mejor.

Pero la joya de “El Eden” era el cielorraso pintado en el último piso. Ahora solamente visible desde el pulmón de las escaleras principales. Una pintura sobre Adan y Eva en los Jardines eternos del cielo cerca del manzano que los arrojo a la vida en la tierra estéril. De autor desconocido “La Inquietud de Adán y Eva” era una de esas cosas que la gente va a sacarle fotos para subirlas al Snapbook junto a una sonrisa de satisfacción. Karl la pudo ver tan pronto como levantó los ojos para ir a su cuarto en el tercer piso, le pareció horrendo que se encontrara llena de manchas de humedad y de polvo. Según le comento el botones, debido a la mala economía que asolaba Oldbrigde desde la llegada de Ciberdrone Sistems no tenían los fondos para restaurarla. Un proyecto en la legislatura del poblado dormía entre muchos otros esperando la llegada de las elecciones locales para curar la pintura.

Ahora, dos días y medio después de haber sido espantosamente baleado por Daniela, Karl seguía igual que cuando llegó. Lanzado en la cama recuperando fuerzas y pensando en las cientos de preguntas que le vinieron a la mente luego de la extraña visión que tuvo: La chica con alas. Daniela ocupaba ya gran parte de su torturada mente, buscándolo y encontrándolo a menudo en sus sueños.

La luz de la luna iluminaba el cuarto de Karl, oscuro y silencioso en la noche. Sus heridas habían sanado hace ya algunas horas, aunque no fue fácil quedarse quieto en la cama mientras sus enemigos escapaban de él. Pero en ese lapso de tiempo nadie, ni siquiera el dueño de la hostería había perturbado la hibernación del Dragón de Frigord.

Mientras las horas y las luces de los días pasaban, Karl solamente se dedico a estar tendido en la cama con los ojos clavados en el techo, en otras observando las afueras desde la ventana donde ahora la Luna partida a la mitad lo observaba. Su percepción de Dracida le indicó desde el momento en que se acostó allí que algo en ese cuarto lo acariciaba, le daba fuerzas para que la cara de le reconstruyera más rápido luego del disparo en su ojo.

A medida que sentía como sus propios órganos y tendones se iban volviendo a unir debido al Rettem Karl había tenido sueños o algo parecido a ellos, porque en cada uno de estos se veía a si mismo de pequeño en los suburbios del sur de Blondres, donde habitaba en una casa humilde junto a su madre y su padrastro, ese espantoso ser humano que  lo golpeaba y maltrataba sobrio o ebrio, enfermo o sano, feliz o triste. 

Mirando las aspas del ventilador de techo girar Karl recordó que en su niñez el único momento en que sentía bien era cuando visitaba a su abuela, una bondadosa mujer Afro Americana que lo llevaba los Domingos a la Iglesia local luego de prepararle un delicioso almuerzo al estilo mediterráneo. Ella cocinaba todo tipo de cosas que a los Niños fascinan: Milanesas, de pollo o de ternera, Pizzas (todos los tipos que pudo probar), pollo frito; a veces comida chatarra pero sabrosa. Hamburguesas caseras y gigantes. Gran parte de su ligero sobrepeso en su niñez tenía que ver con su abuela.

Otra cosa que recordaba de aquellas épocas era que su abuela era la única en la familia que tenía un televisor color. Un viejo modelo Tillps de esos que tenían las perillas del volumen y el sintonizador al costado de la pantalla ovalada.  Frente a esa caja mágica Karl miraba todos los sábados los Looney Tunes junto a su abuela, que los disfrutaba tanto como el mientras tomaban la merienda. Durante las vacaciones, cuando su madre lo enviaba a vivir con su abuela al menos por unos 15 días por orden de su padrastro, también miraba todos los ciclos de cine, incluso el de trasnoche. 

Si, en esos años endemoniados la única persona que mostraba amor por el niño Karl (regordete, tímido y educado) era su abuela, la Miss Jones Brown. A diferencia de Verónica, Miss Jones no era una evangelista a ultranza ni una chiflada. Sino más bien una persona amable que sabía quedarse con lo mejor de su religión. A menudo repetía “La gente lee la Biblia y se preocupa más por el demonio que por Dios. ¿Qué tanto miedo le tienen al Chivo? Un verdadero cristiano no le teme al cornudo porque tiene a Jesús en su corazón”

Cuando su padrastro, un Medico cirujano adicto a la Cocaína (cuando todavía era legal y se compraba en la farmacia contenida en un pequeño frasco) lo apaleaba a menudo Karl contenía su ira pensando en poner la otra mejilla. “ Algún día te iras de la casa y ese hombre malvado con el que se caso tu madre ya no podrá golpearte. Si tu le pegas primero entonces te rebajas a su nivel. Cuando tengas su altura, ya no te pegara, créeme"  le había dicho su abuela mientras tejía con sus lentes de culo de botella.

“Eso era lo único en que estabas equivocada Abuela, tuve que sacarle siete dientes de un puñetazo cuando despertaron mis poderes para que ese cerdo se quedara en su lugar” pensaba Karl mientras las sombras del cuarto arreciaban sobre él y la luna parecía brillar de manera más intensa sobre su abrigo de cuero.

Debido a estas vivencias lo único que Karl quería hacer de grande era transformarse en cura. Iba a menudo a la iglesia con su abuela e hizo muchos amigos allí  Pero cuando Bill supo que Karl quería ser un hombre santo lo alejó lo más posible de esa “mala influencia” argumentando que, de hacer el seminario, se transformaría en "Un marica homosexual, como todos esos cerdos” por el contrario quiso alimentar su interés en la medicina lanzándole por la cabeza los volúmenes de anatomía 1 y 2 de la universidad donde enseñaba.

Efectivamente Karl viajó a Blondres a la edad de 18 años para estudiar Medicina, más su amor por los misterios del señor lo acompaño toda su vida. Fue así que asistió regularmente a seminarios de iglesias evangélicas donde era posible convertirse en pastor. Allí  en el bajo blondres conoció luego a toda la runfla de los Dragones Negros. Pero en estas reuniones también se cruzo a Layla, su bella ex novia.

Cuando finalmente conoció bien de que se trataban sus poderes y habilidades Karl opto por ser una especie de Ministro religioso de los Jethis. Después de todo la función de su Orden en el mundo Dracida era más o menos la misma. Aunque en vez de llevar la Biblia llevara una Mágnum 44, tenía su pequeño rebaño entre los pobres, los drogadictos y las putas del Chikis

Mezclo cristianismo con los libros Dracidas y con eso andaba bastante bien, lo suficientemente seguro de que lo que estaba haciendo era relativamente correcto. Después de todo el único ser Humano decente que había conocido en su vida era su abuela. Y la gente que mataba o apretaba no pasaban de Yonquis despreciables, sean Jethis o no.

Sin embargo la aparición de esta chica derrumbó por el suelo todo su sistema de creencias. Si la muchacha había intentado matarlo en dos oportunidades probablemente significaba que el pastor había errado el camino hacia la luz. Nadie le creería. Seguramente ningún Vlaind de los que andaban con Liavenna estarían dispuestos a aceptar que, cuando Daniela le dispar, el vio el cielo. No, nada de Jerusalem dorada y San Pedro diciendo “Te esperábamos joven Karl”

Vio el Cielo, el de verdad... ese que no es capaz de ser imaginado por mente alguna aunque este compuesto por elementos terrenos como los Riscos con suelo floreado que vio Rise al ser atacado por Daniela. No le hizo falta ver ángeles viniéndole a dar la bienvenida, los sintió  percibió su perfume, su gracia sobre él, él abandonando su cuerpo mortal y la inmensa  felicidad de sentir que la muerte, a fin de cuentas, era una maravilla muy compleja para ser comprendida en la vida terrenal.  

Pero así como Rise se lo tomó bastante bien (y en el poco tiempo que estuvo allí saco muchas conclusiones que vivo no hubiera podido) Karl le agregó su toque personal al asunto, como era usual en sí. Para Karl ese era el Cielo...Pero ¿Cual de Todos?

El cielo al que podría llegar si se redimía de todos sus crímenes, porque la visión despertó en  Karl una increíble sensación de culpa que estuvo a punto de llevarlo al suicidio unas horas atrás. Algo en los ojos de Daniela le decía a Karl que también tenía un lugar allí  A pesar de todo lo estaban esperando, siempre y cuando corrigiera el camino. 

Redimirse, de eso se trataba todo el asunto ¿Cómo tenía que hacerlo? Bueno, eso era en lo que pensaba allí en la habitación viendo el ventilador girar lentamente y escuchando el sonido de los camiones de la Goodyes por la carretera.
El sonido de la puerta del cuarto abriéndose lo saco de sus pensamientos. Escucho claramente la madera crujir. Karl observo a su derecha y una luz blanca emergió del pasillo, resplandeciente y cálida como un día de verano. Llenaba las paredes y los muebles vistiéndolos de blancura inmaculada y a lo lejos, en el epicentro de aquella luminancia a Karl le pareció escuchar el hermoso canto de muchas voces. 

Aquel modesto cuarto en el que se encontraba se perdía allí donde la luz nacía  como siendo tragado por la misma. Casi salido de un cuadro surrealista, el suelo, las paredes y hasta el ventilador se estiraban hasta la puerta, como los brazos de un pulpo  o los cuellos de cientos de serpientes.

Karl. Susurro una voz  desde el otro lado, no exactamente el otro lado del cuarto.... El sonido dulce aunque quebradizo de aquella voz le resulto extrañamente familiar. Pero era así solo porque es el tipo de tonada que los desesperados, los condenados, sueñan con escuchar cuando se han perdido en la noche. El sonido de la piedad y de la magia. De la salvación inesperada, de la mirada amable luego de los golpes. De la caricia cuando los ojos no desean secar sus lagrimales. Karl...


Atontado pero confiado en aquello que veía  el Dracida de Frigord se paró para ir hacia aquella cálida emanación blanca inmaculada. Caminó cubriéndose la vista ante el resplandor
Karl...

- ¿Quién eres?- Dijo el Jethi.
Sigueme Karl, no temas...ve hacia la luz..

Grandote y algo brusco el Dracida llegó al umbral de la puerta y por un segundo le pareció que detrás de aquella gran proyección había una silueta femenina con los cabellos hasta la cintura. No era una silueta negra, pero tampoco de otro color. Quizás no tenía color en lo absoluto. Imaginó que estaba viéndola con el ojo de la percepción más que con la vista.
Entra Karl...Entra..
Dio dos pasos más y lo primero que percibió mientras la blancura disminuía fue el sonido de un órgano eclesiástico. Sus notas, tan límpidas y envolventes provocaron que se le erizara la piel. Cuando la luz abandono sus ojos Karl se percató que estaba dentro de una hermosa iglesia cristiana, ninguna que pudiera reconocer realmente. Pero tenía un techo muy alto, repleto de imágenes del via crucis.

A su izquierda estaba el altar, donde ardían candelabros de plata y suspendido sobre el mismo entre bellos vitros por donde cruzaban las luces del medio día estaba el hijo del Señor.

De frente a Karl se extendían los típicos bancos para rezar y un confesionario alto con los símbolos acostumbrados. Karl...Karl... repetía la voz de aquella mujer. Solo con escucharla el Jethi de Frigord imaginaba que era una persona dulce y hermosa como su propia abuela. Una persona que sentía piedad por él y quería ayudarlo.

La puerta del confesionario se abrió por si sola invitándolo a entrar. Sobre el mismo pendía un cuadro de la virgen María rodeada por ángeles  Hermosos ángeles de alas blancas y rostros alegres. Los ojos de la Virgen eran de color Amatista, o quizás eso le pareció a Karl por un instante. Supo entonces que la mamá de Dios lo estaba invitando a confesar sus pecados.

Tuvo que medir sus movimientos para entrar en la casilla de madera, pero logró arrodillarse allí y dijo la frase mágica:
- Perdóname padre porque he pecado.

La voz joven y amable de un hombre respondió del otro lado.
- Cuéntame Hijo Mio...
- He matado a muchos hombres en mi vida, herido a otros y asustado a más de los que pueda contar.- Dijo Karl con sus manos en forma de rezo. – Pero lo hice porque creí .. creí como un tonto que esa era la palabra del señor. Pensé que podía entender a Dios y me equivoque, he pecado de orgullo.
- Comprendo mi amigo. Muchos, a lo largo de la historia, han creído entender por completo los misterios del señor. Amarga siempre es la cosecha que nos deja el orgullo. Dime hijo, ¿Qué has podido cosechar matando a tantos hombres como dices?
- Nada padre...- Dijo Karl mientras lloraba. – Mi vida...mi vida ha perdido todo propósito noble desde hace tiempo y aunque quiero encontrar una senda siempre me pierdo...
- No estas solo mi amigo. Cristo siempre ha caminado a tu lado, levantándote cuantas veces has caído  Pero ahora que puedes ver tus errores el te mostrara la verdadera senda del señor. Él siempre esta mostrando las señales para ir en su dirección, si estas lo suficientemente atento veras que Él te guiara hacia tu destino.
- ¿Y si lo echo a perder como antes? Porque yo quería ser un hombre de Dios como usted cuando era joven. Pero en vez de eso me deje envolver en las mentiras de los hombres quedando solo como ahora.
- Si eres un buen Cristiano y si a menudo te arrepientes de tus pecados El pondrá los vientos correctos en tus velas para llevarte a tu misión. Presta atención y escucha el consejo de nuestro Señor Jesucristo, que nunca es tarde para volver a la correcta Senda.
- ¿Y si mato a alguien más? ¿No me odiara? ¿Cómo puede tener piedad de alguien como yo?
- Antes matabas por orgullo, por dinero o por poder Hijo ¿No es así?
- Sí.
- ¿No sería mejor salvar vidas en vez de acabarlas? 

Aquí Karl estuvo a punto de escoger la decisión más noble y correcta en muchos años. Sería Medico en menos de lo que canta un gallo. Era una forma muy creativa para desentenderse de toda la porquería en la que vivía y aun así cuidar de los inocentes, como su código Dracida indicaba que debía hacer. Casi se para y vuelve corriendo a la habitación gritando “¡Eureka!, ¡Eureka!”.

Como alumno de la Universidad de Blondres (Aun gloriosamente laica y publica a pesar de los ataques que sufrió durante la época del Imperio)  Karl había obtenido calificaciones asombrosas. Seguramente, sin saberlo todavía, mucho de su Rettem se enfocaba en su capacidad de análisis o empatía con los pacientes que llegaban al Hospital escuela en Walton Road, en el centro del Bajo Blondres.Y sin duda era mucho mejor pare el diagnostico que su estúpido padrastro, a quien intentaba superar en su área de Cirujano.

Imaginen un doctor que usando sus poderes es capaz de comprender, con exactitud, que le duele y como le duele a un paciente. Un Cirujano con el pulso más perfecto  que se ha visto, que no se cansa en las largas operaciones ni de los horarios de guardia. Si toda la llama de Karl se hubiera aplicado a la medicina humana sin duda alguna se hubiera convertido en un hombre de renombre, con una profesión noble y entregada a su labor con el metodismo de un cura. 

Le faltaban solo dos materias para recibirse cuando el Rettem golpeó la puerta de su vida. A la edad de 24 Karl paseaba por los pasillos del Walton Hospital cuando se cruzó con un paciente que había muerto la noche anterior, un fantasma de pura cepa. "Hicieron un mal trabajo conmigo querido" Le dijo al pasar debajo de los tubos de luz del pasillo.

Vio todas las cosas extrañas que ven los Dracidas y aquel fuego, traicionero para muchos, lo alejó de las personas por tener “un aire oscuro”  . En los bares del bajo que visitaba a menudo converso cierta vez con Gregor Trimberg, padre de su ex jefe. Gregor era un mafioso que en esos tiempos comenzaba ganar poder en el barrio luego de asesinar a los cabecillas de la mafia Brusa. Lo reclutó rápidamente; el resto ya lo conocen. Ahora sus conocimientos valdrían para sacar las balas de los criminales del bajo.

El párroco dentro de la garita, sin embargo, tenía algo muy distinto para indicarle.

-¿No podrías volver a ser un hombre del señor como en tu niñez redimiéndote de tus actos salvando a otros de esos crímenes tan innobles? Porque él te dio la fuerza, la valentía y el espíritu para hacerlo. Te dio el Poder para lograrlo...fuerza que has malgastado haciendo el mal. Ahora quizás sea tiempo de cambiar de bando, ¿No lo crees?
- ¡Sí!- Dijo Karl recordando lo pensado en la Biblioteca.
- Como sabes, muchos grandes pecadores fueron luego santos y con buenos actos borraron los malos, como quien antes robaba comida y luego la reparte. Como el romano que echaba a los leones a los Cristianos y luego los defendió a capa y espada.
- ¡Sí!- Grito Karl, cuyas ideas sobre medicina murieron allí definitivamente.
- Gracias padre...Gracias padre. Ya se lo que tengo que hacer...
***

El teléfono sonó y Karl se sacudió en su cama. La luz, el cuarto, la luna y la oscuridad estaban iguales. Pero el ya sabía que no se había tratado de un sueño. Desde su reposo tomó el teléfono. Era Illagros. 


La voz bravucona de Illagros le informo de la situación,  pero Karl dejo de escuchar su tonada Brusa cuando volvió a percibir algo fuera de lo común.

- ¿Me escuchas bola de esteroides? Tenes que matar a la piba, al Jethi y a la otra Jethi. Pero como la Jefa no confía en que un Dracida pueda hacerlo solo voy a ir para allá  Así que mejor que me esperes en la Hosteria. Ya tuviste suficientes vacaciones. ¿Si?
- Sí...Illagros.- Dijo la Voz de Karl desde el otro lado, fría y metálica.
- ¿Me estas escuchando Pedazo de alcornoque?
- Sí. Repitió Karl como robot.
- Bueno, llegare en mas o menos hora y media si el clima mejora un poco capaz menos. No te muevas de ahí.

Clank. Karl le corto. Illagros puteo en Bruso.
- ¿Y bien?- Pregunto Arcard a Illagros.
- Esta del marulo...pero hará lo que digamos.


Karl escuchó lo suficiente, vale decir solo lo importante. Pero sobre el final de la conversación su mente estaba muy ocupada observando la puerta del cuarto que daba al pasillo. Otra vez brillaba como si alguien hubiera puesto una bombita de muchos watts detrás. Casi Karl podría esperar que David Coperfield saliera de ella diciendo que todo había sido uno de sus maravillosos trucos.
Sal Karl...Sal del cuarto ahora...Dijo la voz. El Dracida le hizo caso.


****
El Jethi abrió la puerta que daba al pasillo de la hostería y este se encontraba vació  Todas las luces del mismo, puestas en unos bellos portalámparas que simulaban ser viejas antorchas iluminaban de forma cálida aunque algo vacilante. Una larga alfombra color salmón se abría paso por el corredor hasta una escalera que subía hacia el tercero de cuatro pisos en “El Eden”

En un estado bastante similar a la borrachera, Karl pudo ver como las luces del corredor se encendían y se apagaban una tras otra para volver a encenderse en una misma dirección. Esto le recordó a las señales de los aeropuertos en las pistas de aterrizaje.

Cauteloso, entre temeroso y excitado el Dracida caminó entonces hacia donde las luces indicaban, es decir escaleras arriba. Paso a paso subió las escaleras antiguas. La araña que colgaba sobre su cabeza se mecía lentamente en el techo de manera misteriosa, sus pequeños cristales se golpeaban el uno al otro y brillaban como diamantes exquisitos.

Fuera la ventisca regresó y con ellas sus aullidos lentos y apagados. Pudo ver desde el ventanal como los arboles del jardín eran altas sombras que se levantaban en la nocturnidad, yendo de un lado al otro lentamente como saludándolo desde fuera. Karl llegó al descanso de la escalera y volvió a ver la pintura “La Inquietud de Adan y Eva” pero esta vez no vio en ella una sola marca del paso del tiempo, no había humedad ni polvo...el efecto de la araña que colgaba desde el centro del tejado hacia que ambos hijos de Dios brillaran de una forma entre santa y pulcra.

Sube Karl...Sube...no te detengas, tenemos poco tiempo.

El Jethi apresuró el paso y llegó al tercer piso, en el corredor de esta planta las luces volvieron a hacer de guía para el obnubilado Karl. Le indicaban que ingresara en la última habitación a la izquierda. El numero 304.

Entra allí Karl.
- ¿Pero no hay alguien que este ocupando esa habitación?- Preguntó el Dracida.
      Ya no, vamos, apresúrate.

Aun sin saber exactamente en que lugar de ese pasillo estaba la realidad y en que rincón la fantasía  el Jethi llegó al extremo del pasillo y antes de que pudiera poner su mano sobre la manija la misma se abrió  tal y como hizo la  suya unos minutos atrás. El Cuarto numero 304 estaba vació y despedía un olor que le era reconocible, a pólvora y a muerte.

Tras alcanzar un living modesto que miraba al Río en la noche, las luces se prendieron como indicándole a Karl que fuera hasta el cuarto de baño, de donde podía oírse el agua correr. 
Adelante, no temas querido, adelante....

Este Jethi de Frigord no es el tipo de sujeto que teme entrar a un cuarto ajeno, pero desde la visión de la iglesia y la confesión todo había tomado un tono de ensueño. Un tipo de sensación que a Karl lo hacia sentir tan frágil como un pequeño de siete años que le teme a los fantasmas.

La puerta del baño crujió y un búho en el jardín delantero rompió el silencio de la noche. La luz se encendió sin que el Dracida buscara el interruptor y se topó de pronto con una bañera llena de sangre. De ella sobresalía una mano que sostenía una Colt 45 plateada muy parecida a la suya, solo que en este caso en el mango en vez de haber un martillo había una cruz cristiana. El cañón tenía el bajo relieve de bellas hojas que rodeaban toda la estructura superior y en el dorso del mismo podía leerse “Separad la Paja del Trigo”

El fiambre allí muerto era Walt Ripons. Un desequilibrado mental de esos que se preparan para el día del juicio final. Oriundo de Golanda, Walt era el hijo de una familia rica que no había conseguido tomar gusto por las finanzas o el mundo empresarial. En un viaje al desierto Salefiano con unos amigos a la edad de 19 años estuvo en contacto con otros idiotas llenos de dinero que creían en básicamente, cualquier profecía del fin del mundo que estuviera de moda. 

Ahora, acercándose el año 6000 un batallón de adoradores del misticismo barato había elaborado la teoría de que el Apocalipsis estaba cerca. Los raros eventos, nada ajenos para los medios en las últimas semanas sobre gente con espadas matándose por ahí, la nevada que cubría Blondres de manera empecinada y demás noticias sensacionalistas convencieron a Walt de que era hora de ascender a los cielos. Especialmente cuando vio en la televisión que una pelota de fuego del tamaño de un globo de aire caliente había chocado a pocos Kilómetros de allí. Para Walt esa era la señal de que el Anticristo había llegado a la tierra.

Toma el arma Karl.

Karl cogió la Colt. 
- ¿Qué debo hacer ahora?
- Como en las viejas canciones, los Dioses te han dejado las armas para la victoria. Ve al armario y toma todo lo que puedas-

El Jehti hizo como indicaba la voz. Cuando abrió las puertas del mismo encontró kilos y kilos de municiones. Junto a un Rifle Fal de culata plegable y un escopeta automática.  En la locura de los sectitas que seguía Walt se decía que una vez llegado el anticristo se desataría una peste al estilo Zombie que llenaría las calles de las grandes ciudades de terror. Karl pudo ver, entre todas las brillantes balas un ejemplar de “La Ultima Era: La era del Sol”. De este Best seller partían la mayoría de las pelotudeces Findemundistas. Tal ejemplar fue escrito por un Dracida conocido como Simon Evans. Un Jethi que utilizo su entrenamiento y dinero para llenarse de dinero. Sus aseveraciones eran tan descabelladas que hasta Karl pensó que era un idiota luego de leer su libro.

Volviendo a Karl, este tomo todo lo que pudo consigo. Saco unos lentes oscuros gruesos para poder sacarse el parche y evitar asustar a medio planeta con el. 
Antes de marcharte hay un regalo para ti en la sala. Es el arma que Heills ha preparado para sus guerrero.

El Dracida caminó hasta el living, donde antes no había percibido nada más que desorden y encontró sobre la mesa una hermosa hacha de combate. Era del tipo que utilizaban los Jethis de Frigord en los combates durante la antigüedad, sagrada y bien forjada su propósito era la justicia y expiación del mal. Karl tenía una en el Chikis, pero era una mala imitación de un Hacha Frigord original. Estas piezas a menudo se fabrican solamente en el Bosque de Hosmusilias donde se guardan los secretos de su forja milenaria. Esta de más decir que Karl nunca había ido allí.

¿Como había llegado hasta allí? ¿Que mano negra y misteriosa la depositó en el cuarto numero 304? Karl no lo sabía. Pero no importaba demasiado, su herramienta de justicia, su posgrado de Jethi de Frigord estaba allí brillante bajo la luz tenue de las lamparas del cuarto. 

La famosa Hacha de Frigord es similar a la lanza de Hatanst, no hace falta transportarla porque puede ser invocada por su portador cuando este desee utilizarla. Para ello solamente debe mencionar su nombre y por obra de los hados la misma aparecerá en sus manos. No puede ser robada por otro que no sea su maestro y están quienes dicen que tienen alma propia.

Llámala, Karl, dale un nombre a tu compañera en la cruzada que emprenderás.
- La nombrare "Elmer". Dijo Karl luego de recordar las tardes con su abuela. - Siempre quise tener un hacha como la de Elmer Gruñon. Ven a mí ahora Elmer...

El hacha flotó lentamente hasta sus manos. – Tu ordenaras y yo te seguiré  Dijo la voz de aquel afilado objeto Dracida, capaz de cortar acero y piedra como si fuera papel.

Ahora ya estas listo, guerrero de Heills. ¿Sabes que debes hacer?
Karl negó con la cabeza.

Al norte se dirige la enviada del mal que vive del otro lado del Circulo. Ya ha comenzado a juntar a su rebaño, el Dracida de Bilingord y la de Sigmund son sus primeros seguidores  Inocentes del mal que les acecha la llevan nada más y nada menos que a Hosmusilias, el santuario de tu raza. Allí pervertirá el único refugio que queda de vuestra cultura y pueblo para transformarla en la plaza fuerte de Satanás  ¡Debes Salvarlos a ellos y  a todos los Jethis Nobles que aun viven en este mundo! Adviertelos sobre el mal que vive en la muchacha y que vuelvan a la buena senda

- Lo he hecho mi señora, pero ellos no escuchan. Dijo Karl tomándose la cabeza, acongojado.
Dos veces Advierte el Señor, más nunca una tercera. Abras de separar la paja del trigo entonces. Apresúrate ahora, apresúrate y salva a tu raza Karl antes de que se pervierta.

Llegando por el camino que entraba en la Hosteria, la policía de Himburgo hizo su acostumbrada entrada. Siete coches de policía llegaron con sus sirenas zumbando en la noche, frenando violentamente y abriendo las puertas de los autos como payasos en una rutina cómica. Las voces ásperas y apagadas de sus radios invadieron el silencio acogedor de  "El Eden".

¡Alli estan Jefe!- Dijo Elmer. - Roñosos agentes de Mísinas. ¿Les haremos morder el polvo verdad Maestro?
- No lo se Elmer. Dijo Karl dubitativo y atontado.
¿Karl? ¿Acaso no has escuchado nada de lo que te he dicho? Asómate a la ventana del Comedor y veras...- Respondió la voz de la mujer. 

El Dracida hizo como le ordenaron. Los Oficiales estaban hablando con el Botones que lo había llevado a su cuarto. Le pareció ver que este gesticulaba nervioso y aterrado por haber estado hospedando un asesino. La policía pidió refuerzos por la radio e ingresó al vestíbulo de "El Eden".
¿Vas a dejar que ellos impidan la salvación de tu gente?
- No...pero pensé....
No hay "Peros" Karl. Estas en capilla ¿O acaso no recuerdas todos esos horrendos pecados que cometiste?- Continuo la voz. ¿Acaso quieres que le demos a otro la Gran Cruzada? ¿Quieres que le demos a OTRO tu ÚNICA oportunidad?
- ¡No!-
¿Quieres volver a ser un insignificante matón de la mafia? 
- ¡No!- Repitió Karl llorando.
¡Entonces haz lo que debes!
- Si Jefe, ¡haz lo que debes!- Dijo Elmer.

Karl cargó sobre su cuerpo grandote todas sus armas y salio por la puerta del cuarto con un Fal en su mano derecha y la escopeta automática apoyada sobre su espalda.  El televisor de la habitación contigua rugió cuando paso a su lado.



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