viernes, 22 de marzo de 2013

El Ritual de los Condenados XXIII

Capitulo XVIII

De Frente al Abismo De Uno Mismo


La bola espejada en el techo disparaba cientos de luces sobre los concurrentes a la fiesta. Había papel picado, música de moda y muchísimo alcohol, como también todo tipo de drogas. Crisald estaba junto a la barra con sus amigos de la universidad observando y juzgando que tan buena (o que tan mala) era la fiesta organizada por el Gran Barón de la ciudad de Merlin, Hellens.

Sus juveniles ojos, de apenas diez y ocho años de vida atravesaron las siluetas, las cabezas y espaldas negras danzantes frente a él para fijarse en la mujer que conversaba animada junto a un tipo de color. Un codazo de Rodrigo lo golpeó en el costado derecho.
- ¿Que estas viendo macho?- Preguntó su amigo humano con dos grandes vasos de cerveza en su mano que acaba de retirar de la barra. Recién llegaban y estaban ansiosos por comenzar a celebrar el fin de curso. 
También se celebraba la victoria numero  60 en las elecciones nacionales de la regente de Hellens, quien como en los últimos 60 años no había encontrado un competidor que quisiera presentarse al escrutinio. Pero no importaba, las cosas en Hellens siempre habían ido bien y al parecer así seguirían por muchas décadas. Como decía un afiche de campaña "Que  las cosas sigan bien...más les vale que las cosas SIGAN BIEN"
- ¿Quien es la chica esa?- Preguntó Crisald vestido con una remera y unos Jeans. Nada que acostumbrara vestir desde hace algún tiempo últimamente.
- Ni idea Cris. Pero esta tremenda...

A unos diez metros de allí  la mirada azul de la muchacha de cabellos rubios y nívea tez se cruzaron con los de Crisald. A su lado, un hombre de color le susurró algo al oído y ella pareció reírse  Fue la primera vez que  el Vlaind de Rolando la vio sonreír y, aunque muchos otros bultos en la pista (descocados, borrachos y drogados) le impedían ver gran parte de su cuerpo, bajo las luces esquivas de la pista Crisald tuvo la impresión de que esa mujer era la más bella en todo el  lugar. Como buen Príncipe  el joven y alegre Larenthguer no se podía ir de la fiesta sin llamar su atención al menos. Estaba acostumbrado a ganar en todo lo que se proponía , sea en el Fútbol,  jugando al truco o al Mortal Kombat. Con cada trago frío que recorría su garganta llenándola de fresca cerveza (y nubes de vapor en su cerebro) Crisald iba juntando fuerzas para ir en dirección a la misteriosa Vlaind en el centro de la pista, acompañada por lo que parecían guarda espaldas. 

- ¿Quien es, Rodrigo?- Volvió a preguntar al cabo de unos minutos mientras sus amigos formaban un circulo en el boliche conformado por todos los egresantes del curso. 
- Ya te dije que no se Cris. Pero parece la hija de un presidente o algo parecido...- Respondió el muchacho, 
- ¿La Hija de un Presidente?- Preguntó Crisald tras lanzar un fuerte eructo.
- No dije que era...pero parece....
- ¡LA HIJA DE UN PRESIDENTE!- Rugió Crisald levantando sus ojos hacia el techo donde giraba la pelota de espejos, elemento que siempre le recordaría a la estrella de la muerte en Star Wars. 

Estando en un primer estado de embriaguez, Crisald caminó hasta la barra para pedir más cerveza. En su casa era difícil cometer excesos como estos, su madre no miraba con buena cara que "Cris" se juntara con humanos y mucho menos que fuera  a fiestas de este tipo. Pero mamí y papí estaban cruzando los mares del norte de Hellens. En algún  salón muriéndose de aburrimiento en discursos del "Club Pomposo Himburgues" .

Pero él estaba aquí  en Hellens. Un lugar donde todo parece muy correcto hasta que el reloj marca las  12 de la noche. Todo tipo de clubes nocturnos se llenaban durante el receso de clases con sus puertas bien abiertas para que una masa de jóvenes y de turistas los llenen con sus hormonas descontroladas en la Reperwang, calle de Merlin conocida por todos los putañeros culposos de la nación teutona.

Rodrigo lo acompaño hasta la barra, Crisald sacó un manojo de billetes y los desparramó sobre la barra. La Aria muchacha se sorprendió al ver toda esa cantidad de Balbans delante de ella. Crisald Dijo en un muy perfecto Helleniano:
Geh, ruf einen Krankenwagen, wenn Sie wollen (Vaya llamando a la ambulancia si quiere)

La muchacha se río y comenzó a cargar del barril toda la cerveza que Crisald podía pagar con su modesto poder adquisitivo.

El Vlaind se paró de puntas de pie para localizar a la mujer que había llamado su atención
 - Vos espérame acá y vas a ver que vuelvo con ella de la mano Rodrigo...- Dijo Crisald apartando, sin mayor cuidado, a Analeth. Una chica Landesiana que lo había histeriqueado en el curso durante los últimos tres años de su vida. 

Sus amigos le habían dicho que esta vez, Analeth estaba interesada en él después de que se enterara la posición de sus padres en el país del norte. Según su círculo intimo en esa fiesta se le iba a "Regalar" y quizás la única razón por la que el Vlaind asistió a dicho festejo en vez de que quedarse a leer libros sobre cine (como era normal en él durante esos años) era debido al imperioso deseo de cojer y dejar a Analeth. Así de simple y así de satisfactorio. 

Cuando Crisald empezó a caminar o a tambalearse en dirección a la muchacha Rubia (La hija de un presidente, pensaba) Analeth lo tomó de la mano al grito de "¡Hola Cris!". Pero su filtreo se perdió en una fuerza mucho más poderosa que la de su histeriqueo, quizás la potenciaba algo que ya actuaba por entonces en la vida del Vlaind de Rolando. Bufó y le dijo algo a su amiga en el oído, Crisald se perdió en un mar de gente. Aunque Analeth solo vio  alejarse  una chequera del tamaño de un portaaviones.
Había un pasillo entre toda esa multitud, un corredor mágico como el camino amarillo que Dorothy encontró en el mundo de Oz. Como si el Moisés del amor hubiera dividido los mares de personas que los separaban el piso lustroso del boliche estaba abierto para él. Para que se casara con la hija de un presidente, según soñaba en su delirio etílico.  Se ajustó la remera y los cabellos (ya en ese entonces largos) y caminó hacia ella y su séquito de guardaespaldas como si se tratara de Jhon Trabolta. 

Ella lo recordaría y reiría sobre ello muchas veces, comentándolo en reuniones familiares.  Crisald comenzó a bailar en dirección a ella de una forma tan patética que terminó por ganar su simpatía  Haciendo alarde de los movimientos aprendidos en el entrenamiento Vlaind, parecía que Crisald era capaz de mover sus pectorales como si se tratara de tambores, su expresión seria y pretendidamente sensual hizo estallar en risas a la mujer.

Llego hasta ella, dos de los monos delante de la mujer se interpusieron entre ambos. - ¿Que pasoooo? - Dijo Crisald casi cayéndose delante del hombre de color que lo aferró con fuerza de una manera para nada amistosa. 
- Esta bien, déjenlo...- Dijo la muchacha tratando de aguantar la risa. 
El Vlaind de Rolando le extendió una mano sin quitar sus ojos de aquella mirada tan especial. Llena de misterios, pero también de alegría.
- ¡Hola!- Le dijo ella sacudiendo su apretón de manos de forma cómica. - Y usted es...-
- Yo soy...- Dijo Crisald tratando de ponerse en pie y lucir serio. - Crosald...no, no, Crisald Larenthguer ¿Y usted es?
- Liena. Hija del Gran Barón de Merlin. -
- Usted....no me intimida, señorita- Respondió Crisald - Porque resulta...- El Vlaind trataba de encontrar las palabras en esa nube de pedo que tenía en la cabeza. ¿Había dicho que era la hija de un Barón o del Presidente de Merlín? Hasta donde recordaba Merlin era una ciudad y no tenía Presidente...¿O sí?
 - Usted..yo, resulta que yo también soy el hijo de un presidente.- dijo al fin bamboleándose. 
- ¿En verdad?- Contesto Liena divertida. Los Guarda espaldas esperaban una señal del acompañante de Liena para sacarlo de ahí.
- ¡Sí!-
- ¿Y de que país viene usted?- Crisald comenzó a tomar la mano de Liena para llevarla con su grupo de amigos. Ella estaba dispuesta  a hacerlo, siempre y cuando se lo permitieran. 
- Yo soy Presidente, digo residente de...de...- Miro la bola de espejo. - La Galaxia- . Si. La Galaxia de...Himburgo. ¿Le molestaría mucho si la invito a pasar un rato con mis compañeros de grado?
Liena, aburrida como estaba de estar parada allí junto a los demás Vlaind de su casa (que claramente no sabían divertirse como Crisald) hablo mirando detrás.  Los ojos del descendiente de los Larenthguer encontraron, de súbito, a una persona a espaldas de la mujer. Un hombre alto de cabellos castaños y rostro adusto. 
- Tío, estaría bien si yo...
- Sí Liena...anda..- 

***
Apartamento de Crisald 23 Hrs.

Esa fue la primera vez que Crisald vio a Liena. Y sin darse cuenta a Illagros, el asesino de su esposa. Acostado sobre la mesa de la cocina de su departamento, con una botella de Whisky a su lado, los sueños le recordaban a Crisald que su vida podría haber sido bien distinta. Quizás hasta se hubiera casado con la puta de Analeth después de todo...pero tomó otro camino bajo las alocadas luces de un boliche Helleniano a la edad de  18 años. ¿Podría haber hecho otra cosa? No, lo dudaba mucho. De haberse casado con esa  prostituta pretenciosa, que ahora subía fotos al Snapbook tomando mate junto a su familia en algún cumpleaños familiar, seguiría como ahora. Tirado sobre la mesa, con un cenicero reventando de colillas de cigarrillos y el gusto oscuro del remordimiento en la boca apenas aliviado por el alcohol; y las llamas de un incipiente incendio a su alrededor. 

La madera de la mesa comenzaba a tomar temperatura. Sus ojos apenas abiertos, adoloridos por el combate. Sin ganas de levantarse, sin ganas de apagar las llamas, sin ganas de morir en una posición algo más noble.

No solo su mujer había muerto por su culpa, se había desquitado con si mismo cogiéndose a otra mina en menos de 24 horas. Una forma bastante particular de duelo. No hubo funeral, no hubo lindas palabras de familiares ni atardecer junto al féretro  No hubo ni siquiera llamadas de condolencias de familiares. A él le correspondía igual deceso, anónimo y fugaz. 

No dejaba de repetirse"X tenía razón, X tenía razón" . Sin mover su cabeza de aquella posición tan extraña intentaba encender un cigarrillo. El destello de su encendedor se reflejo en el cañón dorado de la Desert Eagle sobre la mesa, su cañón sucio debido a las cenizas y la sangre. 

***
Anteriormente 
Saliendo del departamento de Alaísa 
19 Horas. 
Música

Aun en su estado de Shok, o de ceguera temporal debido a la presión que soportaba su divino cerebro, tras dos o tres bellos coitos con Layla, decidió que iba a bajar a la calle a comprar cigarrillos unas horas antes de los eventos actuales.  Y le pareció al abrir la puerta de salida del edificio que el cielo estaba más oscuro que otra veces y que la lluvia ya no caía igual sobre el asfalto. El aire tal vez se encontraba más frío que otros inviernos, la música del Kiosko donde compró sus Lucky Blend ya no sonaba igual en sus oídos.

"Pero no es nada de eso Cris" Dijo la voz de Liena en su recuerdo. Tan pronto como el Vlaind abrió el paquete y se metió un cigarro en la boca, al instante en que la llama de su Zippo dorado encendió el extremo del pucho se dio cuenta de una cosa: No hacia falta que Liena se lo dijera. No era necesario que las furtivas palabras de se hicieran eco detrás de sus espaldas ni que su padre le repitiera por novena ves que "Debemos controlar nuestra zona oscura Cris" mientras fumaba su pipa en el estudio y el jugaba con sus cochecitos de juguete a los cinco años. 

"No es nada de eso Cris"- Se dijo a si mismo luego de que un autobús pasara a pocos centímetros de su cara mientras cruzaba la calle sin prestar atención a los autos de la avenida. 
"Lo has perdido todo." 
¡Asi es Cris!- Grito Liena en su recuerdo, vestida con su Pijama saltando para abrazarlo alguna mañana de domingo, tras algún sonido de disparo proveniente del estrés de su cerebro. 

Todo....

Quizás todo era Liena para Crisald, de una manera bastante tonta y adolescente  Ella era todo, todo lo que amaba, todo lo que odiaba, lo que lo molestaba y lo que lo hacía  vivir. Pero no dejaba de ser una piedra angular en la vida que llevaba. La foto en el escritorio de su trabajo, el perfume para que las cortinas no tomaran olor a cigarrillo y para que el desván siempre tuviera fragancias "De la montaña". También era la molesta vocecilla en la mañana, istrionica e histerica a veces. Liena era la pregunta pelotuda de cada cena. Pero también era la Cena. Era la charla aburrida sobre parientes y estrellas del cine después del sexo, pero no dejaba de ser el Sexo. Era  mucho más de lo que la victima de un Patricidio podría esperar y era el dolor de saber que se caso con una mujer que era mucho para él.

En definitiva había sido su vida en los últimos siete años. La roca en el zapato de la cual quejarse cuando todo, alrededor y en apariencia, esta magnifico. Sí, la época en que todo estaba teñido por el color dorado del sol cuando entraba en la habitación luego de hacer el amor en el sillón del penthouse. O cuando lo arrastraba hasta el cantobar a unas siete cuadras de su casa las noches de sábado.  Aunque en verdad le gustaba bastante ese lugar, porque desde adolescente había soñado su propia banda de rock. Era mejor que lo llevara allí antes que a las fiestas familiares, que detestaba, pero para la cuales ella siempre se vestía tan bien que se la podría confundir con una princesa de Allion.

Liena nunca se vestía así para él, ni siquiera para celebrar su aniversario (cosa que hacían por lo general en privado o con unos pocos amigos, todos de ella). Y Crisald sabía porque Liena nunca se producía tanto como en las fiestas con parientes, porque quería mostrar que estaba orgullosa de su esposo  y gritar a cuatro vientos que Crisald era suyo y de nadie mas. 

Los autos seguían pasando, tratando de esquivar al enfermo vestido de negro en medio la Pallance Avenue, tocaban sus bocinas debajo de la nieve y sus ruedas hacían lo posible por no resbalar. Crisald dejo de caminar de una forma Suicida y miró al cielo desde donde la nevada venía. Ignoró al policía del otro lado de la calle que tocaba su silbato y le ladraba enfadado por estar poniendo en peligro las vidas de cientos de personas por su depresión y locura. 
- Idiota. Le dijo el Oficial mientras lo tomaba por los brazos para llevarlo al próximo semáforo.- ¿Acaso quiere matar a alguien?
- No sería nada que no halla echo antes oficial. Le respondió Crisald alejándose de él y caminando de nuevo hacia el departamento de Alaysa, aunque ya no reconocía las calles. 

Avanzó con la colilla del Lucky Blend quemandole los dedos bajo la atenta y sorprendida mirada de los transeúntes,  gente adinerada que iba de compras por las ricas tiendas de la ciudad de Blondres. Sorprendidos por su andar zombie bajo la nieve que se volvía remolinos de papel picado.


Tambaleandose como un fantasma bajo las luces del alumbrado publico que se encendían en el ocaso. Las torres empresariales, monolitos espejados en negro comenzaron a desaparecer en la nocturnidad. Crisald sabía que caminaba en dirección al apartamento de Alaysa aunque tomó una dirección distinta, siendo arrastrado por su propia psiquis. 

Pronto oscureció en Blondres y Crisald se dio cuenta que llevaba una hora o más dando vueltas. La nieve se le enredaba en los cabellos dorados y la gabardina negra. Los ojos rojos, verdes y amarillos de los semáforos de la rica ciudad parecían luces de emergencia bien distribuidas entre la blancura del suelo y del cielo. 

Con sus lentes sobre sus ojos el Vlaind de Rolando dirigió su mirada a un cartel de una empresa telefónica,  la Centnel. Liena estaba allí  en una gigantografia sobre un Mcdowals repleto sosteniendo el ultimo modelo de celular a la venta, vestida de manera empresarial, de camisa blanca y pollera negra. Mientras las botas negras del Vlaind de Rolando dejaban huella en la abultada capa de nieve que dejaba sobre la ciudad la tormenta volvió a encontrar a su esposa en una muchacha que esperaba el autobús  fumando. No sería raro que un muerto fumara, después de todo, ya estaba muerta. Y creyó volver a encontrársela en la pastelería de la esquina de Pallance Avenue y Queens. Giró sus talones en otra dirección  huyendo de todo lo que se cernía sobre el a modo de Tzunami. Pero no había escape de este laberinto, no importaba cuanto corriera ni que tan fuerte apretara los dientes y el gatillo.

Con sus manos ya en los bolsillos de la gabardina debido al frío  Crisald llegó. ¿A donde? Pues al único lugar donde su corazón quería ir, a casa. Siendo las 21 Horas estaba parado justo delante de las escaleras de su edificio en la Pallance Avenue rodeado por el sonido de los autos en la calle y la opulencia habitual. El parque Richmond delante con sus esculturas clásicas y fuentes escupiendo agua a los cielos. La torre Wissfield, moderna y fría delante de su casa. La cinta policial en el lugar donde había estallado en mil pedazos la camioneta de Sarcant y su amigo. El portero observándolo atónito. Aquel mismo lugar donde había prometido a Liena que debia ise por un tiempo y que ella estaría bien.
-Estas cara a cara con lo que tu mismo has creado chico. - Se dijo a si mismo poniendo su rostro entre sus manos. - "Y no hay lugar de salida esta vez, si es que alguna vez lo hubo."

***

En la mesa de la cocina del Penthouse, Katiana, la hermana de Illagros llevaba un largo rato esperando. A diferencia de este, ella sí se tomaba muy en serio las ordenes de Liavenna y si esta le había dado la misión de acabar de una vez con el asunto de los Larenthguer ella lo haría  ¿Que plan maléfico e intrincado tuvo que armar para saber donde encontrar al Vlaind al cabo de un tiempo? Ninguno.

Katiana, de la Orden de Gerardie (como su hermano aunque sin sus conocimientos Orientales) sabía como cualquier persona normal, común y corriente que un viudo por mucho que deteste a su esposa, a menudo regresa al hogar.  Sea para recordar buenos momentos y llorar, para tirar a la mierda todas las pertenencias de la bruja, preparar el funeral, invitar amigos a hacer una fiesta...lo que fuera. Ni siquiera la enaltecida prole del Ramkkara estaba falta de todo este tipo de cuestiones. La Ausencia de una persona, amada u odiada, divina o humana, no deja de ser una Ausencia. A menudo todos los sobrevivientes tratan de poner las cosas en "orden" tras su partida. Katiana era consciente de que Crisald haría eso más temprano que tarde.

Una vez Liavenna le dio las directivas, fue a la armería de la casa de los Enarmarr y se dirigió junto a un grupo de apoyo modesto hasta el barrio donde vivía la feliz pareja Larenthguer. Con sutileza, haciéndose pasar por una buena amiga del señor del pent house, preguntó al portero si este había regresado a su hogar. El mismo indico que no, manifestándose muy preocupado por la ausencia de los dos propietarios. Katiana entonces no hizo otra cosa que montar una vigilancia discreta frente al edificio relevando a sus hombres en turnos de seis horas cada uno. Obviamente no cometió el estúpido error de Sarcant de estacionar una camioneta negra y sospechosa justo cruzando la calle. "Que tipo más básico ese Sarcant" Dijo Katiana cuando se entero de su percance con Crisald.

Con los infinitos recursos de Liavenna, en menos de 24 horas, Katiana tenía una red de vigilancia nada envidiable en torno al hogar del Vlaind y esperaba noticias pacientemente en el bar de la esquina. Cuando debía dormir se echaba en la camioneta que los había llevado hasta allí  lejos y escondida de la vista de Crisald en un garaje cercano.

Un poco antes de las 22 horas uno de los hombres llamo al celular de Katiana para indicarle que el objetivo se encontraba cerca de su hogar. Sin perder tiempo la Vlaind se poso sobre su cuerpo un piloto color caqui y lentes oscuros que le daban un parecido con Marilin Monroe, se perfumó y salio.  Apresuró el paso lo más que pudo e ingresó a la casa de Crisald por el Garage junto a otros miembros del equipo. Subió más tarde por el elevador con cuatro de sus hombres y abrió la cerradura de la casa sin forzarla.
- Ustedes pónganse en posición, yo lo voy a esperar dentro.
- Sí señora.- Indico el jefe del grupo.

La llamada al celular de Katiana de Arcard fue precedida por una de Illagros. Mientras ella sacaba una botella de Whisky en la cocina de Crisald le hablo rápido y cortante:
- Ya sabes lo que tenes que hacer Hermanita. Lo quiero muerto como un perro.- Dijo su hermano.
- ¿Eso es lo que quiere la Bruja no es así? - Contesto ella encendiendo un cigarrillo.
- No importa lo que quiere la bruja. Ya sabes, si haces lo que te digo, la mitad de las pertenencias de esa familia de mierda viene para nosotros. Ahora van a arrepentirse por sacarnos la concesión de los pozos petroleros de los Balcanes. Deja que la Bruja siga jugando a los Caballeros del Zodiaco, nosotros nos ocupamos de lo nuestro.
- Como digas hermanito. Katiana apagó el celular. Arcard nunca pudo alcanzarla para decirle que "intentara negociar con Crisald". Justamente lo que Illagros quería.

Para el momento en que Crisald compraba una copia del Day Lay Sunday donde se podía ver una foto de Karl bajo el titulo "ARMADO Y PELIGROSO" los soldados de Liavenna se ponían en posición  Al ser ella una mujer de mucha importancia en el mundo Vlaind podía disponer de las cuadrillas de las fuerzas armadas Vlaind. Tipos hechos para pensar poco y disparar mucho, tan bien armados como el SWAT. Ahora mismo, la versión moderna y occidental de los Ninjas se encaramaban por las escaleras de la torre donde vivía el objetivo. Algunos llevaban bidones de gasolina y granadas incendiarias. Todos, sin excepción , vestían de azul oscuro y pasamontañas, solo sus fulgurantes ojos Vlaind podían ser vistos de esa forma. Como monstruos que aguardan al héroe en el bosque encantado y tenebroso, hicieron rápidas señales con sus manos y comunicaciones susurradas por handi. Crisald iba a morir allí  debía morir allí  no importaba el escalabro que tuvieran que hacer.

***
Apartamento de Crisald  22:30

Crisald atravesó las puertas de vidrio de su edificio de categoría  conocido como "Billson Tower". El portero lo saludo amistosamente dejando su trapeador para acercarse a charlar. Esta de más decir que el Vlaind de Rolando no estaba para conversar sobre el clima, el fútbol o los vecinos. Los únicos tres tópicos de conversación  que se pueden tener en el palier de un edificio de ese tipo. Crisald fue directamente hacia los tres elevadores de la torre. Notó rápidamente como los tubos de luz, bien disimulados sobre cristales de buen material perdían algo de corriente para volver a encenderse. Aquello lo hizo girar la cabeza hacia atrás de modo paranoico. 

- Una amiga suya estuvo preocupada, debería llamarla.- Dijo el Encargado.

El Vlaind de Rolando se detuvo de inmediato, las botas golpearon la cerámica cara en el suelo. Giró su cabeza en dirección al conserje y se quito los lentes:

- Dígale que estoy muerto.- Continuo camino en dirección a los elevadores. El portero volvió a barrer negando con la cabeza. El señor Larenthguer a menudo era buen humorado, como también bastante loco, lo había visto muchas veces en las reuniones de consorcio a las que asistía (y a Crisald le encantaba ir a asustar a sus vecinos)

Las puertas de acero se abrieron y el Vlaind ingresó en la cejuela de metal. La música de bosanova comenzó a sonar tan pronto como se cerraron. Ese era un genero musical que Crisald solo conocía debido a los documentales que miraba su madre sobre países exóticos para los Himburgeses como Brozol. Lo único que sabia de ellos el Vlaind de Rolando era que ganaban muchos mundiales, entre ellos el que celebraron en Himburgo en el año 5966. Recordó a Liena cantando en perfecto Mortugues aquella tonada cada vez que volvía un poco copeteada de alguna fiesta. 

El sonido de las válbulas hidráulicas del elevador y su caja levantando y activando cerrojos de seguridad rebotaba como pelota de ping pong en el hueco del mismo. Los cables subían y bajaban como pequeños monstruos que saltan sobre el techo del mismo. Crisald tenía sus manos delante del regazo, enguantadas en negro y miraba atentamente los números del led cambiar como una cuenta regresiva al revés.
"Algo va a suceder" Pensó el Vlaind cuando estaba por llegar a su piso. "¿Pero que Sigue?"

Muchas cosas estaban sucediendo en ese preciso instante, entre ellas la titanica lucha entre Lauro y Merry.  Pero Crisald estaba todavía relativamente protegido por el ojo de la tormenta que él mismo había desatado. Los eventos que disparó su padre se habían llevado su casa en el primer acto, lejos de ese elevador siete años atrás. Como en el inicio de una película  donde se necesita captar al publico con una buena escena, llena de efectos especiales y drama de luces y sombras. Explosiones, tipos malos, tipos buenos. Villanos cerca del triunfo, Héroes lejos del mismo.
"Estas cara a cara con lo que tu mismo has creado chico" Volvió a pensar

En el segundo acto de esta tragicomedia que era su vida,  la tormenta arrasó su sanidad mental y sueños. Las pesadillas habían cambiado de foco, el monotematico guion de sus visiones nocturnas sufrió un cambio debido a un nuevo libretista, él. Un sádico que acabo por propiciar el asesinato de su propia esposa en el "nombre" de la "Familia". Ahora, suponía,  estaba en el intermedio, ese momento para que todos los espectadores se frotaran las manos ansiosos de saber como acabaría esta película de acción de bajo presupuesto. ¿Se quitaría la vida? ¿Se la quitaría algún otro? ¿Que iba a pasar con la Femme Fatal que conocimos solo unos minutos atrás en el segundo acto?

¿Que sucederá con Crisald Larenthguer? ¿Sera el cazador casado ? Diría el presentador cerrando la emisión de la semana pasada. ¿Acaso el mal volverá a triunfar sobre él? Lo sabremos todo en el próximo capitulo de: "EL CHIFLADO QUE ASESINÓ A SU ESPOSA"

Ahora mismo, allí parado en el ascensor los Créditos empezaban a aparecer tras la advertencia de apagar los celulares y no Charlar en la sala. En algún lugar de este universo enfermo y espantoso, cruzando las estrellas y las galaxias un hombre de gorra cargaba la lata en el proyector y el sonido del mismo invadía la sala aumentando más la ansiedad del publico.

La puerta del Pent House apareció en el fondo del pasillo, Crisald dejo el ascensor y avanzó hasta allí buscando las llaves en el bolsillo de su gabardina. Ahora la famosa pantalla con los números en blanco y negro se aparecía tras un fugaz blureado y errores de la cinta.
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Crisald introdujo las llaves en la cerradura y giró las mismas con el tintineo particular de un llavero de "Pokamon" que Liena le había regalado a modo de chiste un tiempo atrás.
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El cerrojo hizo clank y su cuerpo asomo del otro lado. La casa andaba rara, no solamente por la ausencia de Liena, el olor o la fragancia no le era reconocible.
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Liena no usaba perfume barato ni tan fuerte como ese que acababa de entrar en sus orificios nasales dándole una sensación que iba desde las nauseas hasta la más profunda alarma. Hizo dos pasos más en dirección a la cocina
2
Liena estaba sentada en la mesa de la cocina, bebiendo Whisky y fumando. El se sentó para unirse a ella tras un largo día de trabajo. Iba a sentarse a escuchar la sarta de idioteces poco interesantes que tenía para contarle.
1
Liena sostenía una pistola automática y le sonreía. ¿Se habría enterado de que quería el divorcio?

BANG
No era Liena la que estaba en la mesa de la cocina. Liena estaba muerta...
"Estas cara a cara con lo que tu mismo has creado chico, y no hay lugar de salida esta vez, si es que alguna vez lo hubo."






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