domingo, 21 de abril de 2013

El Ritual de los Condenados XXVI

Capítulo XXI
"Take that look from off your face"*


*"Quítate esa mirada de tu rostro" Oasis -Don´t look back in Anger
Música
Daniela miraba la pistola nueve milímetros que Rise acababa de cargar para ella. A pesar de haberla disparado varias veces aun no se sentía cómoda ante ese pedazo de acero asesino. Debajo de la copa de un alto pino azulado y en compañía de la noche estrellada los Dracidas junto a la Avista  descansaban. Faltaban unas cuatro horas para el amanecer.

Miranda, acostada en un tronco caído se había quitado la campera de cuero y otros abrigos. Ahora solo llevaba la camiseta del Lanchester United que Rise le regaló algunos años atrás.  Con el cabello recogido y extendida sobre el cuerpo del viejo árbol parecía una citadina cualquiera, siempre y cuando no se reparara en los cuchillos, la espada y las dos ballers al costado del tronco y muy a la mano por si acaso.  Fumaba mirando las estrellas con un gesto de tranquilidad que Miranda solo se atrevía a tomar en la intimidad. Rise y Daniela estaban unos pasos lejos de ella. No la incomodaba, el Jethi de Bilingord ya la había puesto sobre aviso de esto.

- ¿Sola?- Preguntó Daniela con un dejo de queja y miedo en su rostro de adolescente.
- Sí. Es menos de un Kilometro sino me equivoco. Solo tenes que ir por la ruta derecho, entrar al pueblo y ver que no halla moros en la costa. Si no ves nada raro nos avisas. 

- ¿Y porque no podes venir conmigo?- Continuo quejándose Daniela. Rise le extendió el arma.
- Porque te guste o no ya sos una de nosotros, o algo así  Ya me asegure de que no hay peligro adelante, no te preocupes. Pero necesitamos de un segundo reconocimiento, en este caso visual. Algunas cosas se pueden escapar de mi Rettem.
- ¿Y si mato a alguien sin querer?- Preguntó Daniela tratando de encontrar la mejor excusa para evitarse el paseo por el lúgubre bosque. 
- De eso se trata en parte Daniela. Tenes que aprender a controlar esos impulsos. No hay que matar a nadie si no queres. Eso me decía siempre mi maestro. Todos tenemos esa posibilidad por lo general. - La tomó por los brazos y la llevó hasta el camino. - Ahora anda, a la primer señal de peligro volves. No lo dudes. 
- Sí Rise...- Dijo Daniela temerosa y algo compungida, como una nena castigada que tiene que hacer alguna tarea desagradable. Rise se aseguró de que la muchacha fuera en la dirección correcta hasta que la perdió tras la niebla. Tuvo la fea impresión de que no todo saldría como el esperaba, ¿Pero cuando las cosas habían ido en la forma planeada últimamente?

Volvió hacia el tronco donde Miranda esperaba. Bajó de la ruta y fue hasta la Dracida de Sigmund que ahora estaba sentada con las piernas entre sus brazos. Las botas brillaban, lustrosas y finas, su pantalón de Jean era una silueta que iba de azul a negro. Probablemente era la primera vez que Rise tenía tiempo para recordar lo mucho que le gustaba esa mujer, después de todo en el aspecto físico no había nada que reprocharle. Siendo incluso un grano en el culo lleno de orgullo y prejuicio aun podía parecer bella. Un verdadero logro, de Rise o de Miranda.

- ¿Ya te la sacaste de encima?- Preguntó Miranda cuando vio a Rise volver.
- No hables así  La pobre esta aun muy asustada, pero a todos nos ha tocado pasar lo mismo alguna vez. No hay nada allá adelante excepto un par de casas y una estación de gas. Pero eso nos da tiempo para nuestro pequeño Concilio Dracida, debajo de los arboles como debe ser.- Rise se sentó a su lado.
Miranda lo vio notoriamente cansado o preocupado. 

- Bueno, ¿Para que necesitas de mi "Amorosa" objetividad?
El Jethi miro al suelo y suspiro. Pedir consejos a Miranda era una buena idea si uno quería tener la certeza de que no se guardaría nada de lo que pasara por su cabeza. Aunque no era lo más sano para el autoestima.
- Decime...¿Como crees que estoy manejando nuestra pequeña operación?
- ¿Y cual es esa operación Rise?
- Mantener segura a la piba y llevarla al bosque lo más rápido posible.
Miranda recordó todo lo contado por su compañero en Oldbridge y dijo:
- Daniela tiene razón  no ha sido un fracaso gracias a los hados. En verdad ni siquiera se porque están acá en primer lugar. - Miranda buscó por debajo de sus piernas un mate que había improvisado con un baso de plástico traído de la casa de Rise, el termo era oriundo de su propio equipaje.
- ¿Como calentaste el agua?- Preguntó Rise  luego de beber.
Miranda le mostró dos de sus dedos e hizo con ellos una pequeña llama. 
- Ustedes si que son muy útiles...- dijo Rise.

- En mi opinión Rise, no estas haciendo nada distinto a lo que hiciste desde que te conozco. En verdad solo estas haciendo lo que mejor sabes, correr. Te escapaste de tu casa, de tu pueblo y de tu vida cuando paso eso de los milicos. Después estuviste en el bosque hasta que te dieron el rango de maestro. Volviste a la ciudad y te volviste a escapar cuando las cosas se pusieron un poco complicadas. Me sorprende que no lo hallas notado antes.

A pesar de que las palabras de Miranda eran dolorosas como cuchillos en su espalda, ella no dejaba de ser una Jethi de Sigmund y en su voz había un cierto tono de cariño o de calidez lo suficientemente sincero como para que esa amistad llevara larga data. El gesto de Rise indicaba que no estaba del todo de acuerdo...aunque sentía que debería estarlo.
- No digo que seas un cagon, sabes que pienso todo lo contrario. Si fuese así no estarías acá con ella. Las cosas se hubieran acabado en Troncor Street entregándola o librandola a su suerte. Pero por mucho que corran los dos de ese sujeto...Karl o quien sea que quiere a esta cosa no vas a lograr salvarla. Ella no necesita un guía de turismo, necesita entrenamiento. Si se acostumbra a ver a su primer referente como Dracida correr en la oscuridad ella seguirá ese ejemplo.

- ¿Y vos que hubieras hecho?- Preguntó Rise alcanzándole el mate a Miranda.

- ¿Yo? En primer lugar creo, creo y remarco la palabra "Creo" que la hubiera salvado al igual que vos. Pero habría matado a todos los hijos de puta que se cruzaran en mi camino. Los problemas se tienen que enfrentar en el momento que surgen, sino te van a encontrar cuando ya estés cansado de correr y no tengas más ideas ni fuerzas, como ahora. ¿Que detuvo tu mano a la hora de acabar con Karl en las dos o tres oportunidades que tuviste?

- Que a diferencia tuya, todavía creo en el código al que juramos obediencia. No hay que matar a todo el mundo para sentirse un gran Jethi.

- A tus enemigos no les interesa ese código Rise. Uno puede jugar a ser un caballero del rey en el bosque, pero afuera es muy distinto. Lo sabes mejor que nadie, mejor que yo. ¿Porque le tenes tanto miedo a un enfrentamiento a la vieja usanza? Se que te has molido a palos con tipos que son dos veces ese tal Karl y con criaturas mucho más complicadas que un Vlaind. Naciste para eso, te entrenaron para eso.

Sí, esa era una de las razones por las cuales Miranda era aun su amiga. A pesar que en carisma y amabilidad distaba mucho del viejo Mitril, la Jethi de Sigmund no había ganado el titulo de maestra Dracida por nada. Aunque no era la clase de persona que regala consejos y buenas palabras a sus compañeros, Miranda sabía como volver a poner los huevos de Rise en su lugar. De no ser por ella, quizás se encontraría en la ciudad trabajando en el gremio de la construcción o algo parecido. Aunque en este momento en particular, Rise soñaba con una vida aburrida, llena de estúpidas anécdotas sobre minitas y peleas de bar.

- A diferencia de los maestros de Bilingord. Dijo Miranda algo nerviosa al notar que estaba sacándose de encima las placas de acero que envolvían sus sentimientos y pensamientos más genuinos. - Los de Sigmund confiamos en que nuestros soldados encuentren la verdad por sí solos. A menudo uno podría repetirle la verdad en la cara a una persona y aun así no la reconocería.  Por lo que voy a evitar darte un sermón sobre el bien, el mal o el deber, como haría Mitril. Te tengo una propuesta...
- ¿Am?-
- Yo voy a seguir a Dani..digo, a E.T para asegurarme de que no se meta en problemas. Pero me voy a mantener lo suficientemente lejos para que no se de cuenta que estoy ahí  Mientras tanto, te dejo un rato a solas con tus pensamientos. Lo que sea que quieras saber sobre vos mismo, lo vas a encontrar en tus propias palabras y hechos.

Aja, y por eso Miranda quería siempre a Rise a su lado. Incluso contra su voluntad, el Dracida de Bilingord lograba sacar lo mejor de su persona y conocimiento, haciéndola sentir más humana y menos bicho raro que de costumbre.

En un gesto de cariño un tanto extraño por parte de Miranda, le palmeó las espaldas sonriendo y le dijo:
Sos un buen tipo Rise, como pocos. Pero a veces sos simplemente demasiado bueno..-
Rise se sonrió. - Voy a volver rápido, no te mueras.
Miranda se alejo por la ruta. 

***
"Creo que vamos bien Dani" Se dijo a sí misma Daniela cuando sus ojos alcanzaron el cartel de bienvenida de Witers Alley. A unos cien metros de allí divisó el anuncio luminoso de la Wako Oil, una empresa cuyo logo era un simpático castor con casco de obrero petrolero. El animal señalaba desde el Neón giratorio al establecimiento apartado y triste.  "Una Animalada de Rendimiento y Velocidad" se podía leer por debajo del mismo. Un cartel de pizarra al costado de la entrada anunciaba "Café, Minutas y Bebidas varias".

Daniela no tenía mucha experiencia viajando a lo largo del país como Miranda, pero sabía que no le sería difícil guiarse en Witters Alley, todos los pueblitos del sur de Himburgo se parecen. Riggensport no era muy distinto a este agujero perdido del mundo, lo único distinto era la comunidad fundadora. Witters era una comunidad tipicamente rural en Himburgo. Casitas bonitas depositadas sobre colinas divididas por muros de piedra prolijos. Bellos jardines, una parroquia, un restoran llamado Joes!, una oficina de correos. La silueta de tanques de agua recortando la noche y calles de tierra o de empedrado viejo. 

La Avista se interesó más que nada por la estación de gasolina, después de todo Rise había dicho que necesitarían un vehículo. Al dar unos pasos hacía ella le vino a la mente, inexplicablemente, el sueño sobre los pies descalzos andando sobre asfalto ardiente. Algo en ese lugar le era familiar aunque nunca había estado allí. Se detuvo en medió de la linea blanca que separaba los carriles de la carretera y observó con detención la entrada a Witters. Justo en frente de la Wako un enorme baldio estaba cercado por unas tablas viejas y despintadas. Entre los carteles publicitarios podían aun leerse las letras pintadas en negro

"Cocoon Club" 
Aeródromo Privado
Debajo una pegatina en letras coloradas rezaba:

Terreno en Venta
555-8895

Daniela pudo percibir muy dentro suyo una profunda sensación de angustia y de melancolía. Desentendiéndose de momento de la misión, la Avista llevó sus pasos hasta la cerca blanca, gastada y fantasmal. Alcanzó una puerta cerrada por un grueso candado compuesta de rejas al estilo militar que llevaba oxidándose unos cuantos años. Sus dedos pequeños se encaramaron en los espacios y una electrizante sensación de tristeza la golpeó en el pecho. Tuvo el deseó de ingresar allí. Pero volviendo en sí se alejó y aceleró el paso muy asustada en dirección a la Wako Oil.

Con su estatura baja y contextura física más bien pequeña la muchacha atravesó la puerta de la Wako, ocultando debajo de su campera la pistola Beretta. Un anciano la observó desde la caja y un hombre de mediana edad volteó su cabeza hacia ella cuando sonaron las campanitas de la puerta.

¿Por que estaba ahí?  Bueno, digamos que después de tantos tiros y corridas quería hacer algo normal. Estaba deseosa de cometer un acto estúpidamente cotidiano como tomarse un café y mirar la televisión del establecimiento. Aunque, sin olvidar su misión,  se poso cerca de la ventana que daba al interior de Witters Alley desde donde podía apreciarse la señal luminosa de una farmacia en turno. Había nafta y una farmacia, le faltaba la ferretería...aunque supuso que no sería difícil de encontrar allí.

El cielo estaba color bordo, como ensuciado por las nubes de la tormenta, o los jirones que quedaba de ella. En la calle principal las ventanas encendidas eran pocas, aunque algunos hombres partían a sus trabajos muy temprano, mayormente a las oficinas administrativas del pueblo más al este. La muchacha pidió un café al anciano y este le trajo algo parecido a aquello en un vasito de telgopor que no evitaba para nada que se quemara la mano con el humeante liquido negro. 

En la televisión (un viejo modelo Jopones Tashita) podía verse un resumen deportivo. Al parecer el New Tower no estaba rindiendo como se esperaba. Los periodistas anunciaban catástrofes para el famoso cuadro si es que el Director Técnico no cambiaba su estrategia. "¿Que no podrían comprar a ese tal Mezzi de Sargentina o algo así?" se preguntó Daniela luego de probar el "Cafe" negro de la Wako.

Ese fue el primer pensamiento estúpido en mucho tiempo. Como extrañaba pensar en las idioteces totalmente intrascendentes de la televisión  "¿Quien sería la nueva Miss Universo?" "¿Que van a estrenar en el cine el jueves próximo? " "Sera cierto que el pibe del delivery de Himburgish Pizza me mira el culo cada vez que bajo a recibir los pedidos de Jhon Trimberg como dijo la recepcionista?" 

"La vida humana, una turbina de aventuras en un vaso de agua donde uno siempre puede ahogarse" Daniela se metió un cigarrillo en la boca y fumó sin importarle el cartel de "Rogamos no fumar". Mas allá de que alguien la mirara mal, o hablara por lo bajo en la mesa de al lado, ¡Que Carajo! era un ser sobrenatural.  "Agradezcan pequeños humanos, si quisiera podría entrar en Shok y....probablemente desmayarme hasta que Rise venga a salvarme de nuevo..."

Estaba teniendo pensamientos más cercanos a lo que le deparaba de aquí hasta su muerte, sea mañana o dentro de 500 años. Lo que antes era muy importante de pronto se transformaba en algo totalmente superficial y estúpido.  Ya no la asustaba el hecho de que la tele anunciara lo peligroso de las calles de la ciudad. Debía estar alerta ante cosas un poco más complicadas que el robo de una cartera. Como por ejemplo, si un Vlaind le iba a volar la cabeza por haber tenido un mal día en su trabajo. Si algún Dracida creyera que era la re encarnacion del diablo y la buscara por todo el país para matarla. 

Ahora ya no era tan importante tener un novio bueno, sino que a su lista de prioridades sobre chicos debía sumarle el hecho de que, en lo posible no fueran Jethis. A ver si todavía les clavaba un cortaplumas en la nuca como a su primer tórtolo en Riggensport. Rise tenía razón  en parte era una gran mierda ser un ser como ella. Debió haberlo aprendido las mil veces que vio la serie de dibujos animados de los X Man en el Chikis mientras almorzaba. En ese momento soñaba con ser como Titania y cagar a palos a todos los boca floja del hotel. 

Ya era algo parecido a ella, con una pequeña diferencia. Meterle un puñetazo a un tipo y sentir su quijada quebrarse en el momento del impacto no era algo muy agradable, nada que ella habría soñado para su vida de chica. Estar tomando un café espantoso en el medio de la ruta escapándose claramente difería mucho del modesto departamento en el Alto Blondres con el que soñaba. La Beretta plateada no se parecía en nada a la caja de cosméticos que había señado en B-Bay el día anterior al tiroteo en su apartamento. Con mucha suerte, si todo salia bien como Rise prometía  podría tener una linda casita en el bosque de cuentos del que venía Miranda, aunque ella no tenía una actitud muy hadesca o elfica sin duda. 

Mientras Daniela conversaba con si misma como no lo había hecho desde su fiesta de 15, cuando creyó que ya era una mujercita, la campana de la puerta volvió a sonar. Sus oídos detectaron el peligro en la forma en que lo hizo. Como una llamada proveniente de las entrañas de la noche "Daniela Vounsheim, presentese en  el departamento de "Encrucijada" para decidir "Destino". Muchas Gracias"

Un hombre grande y corpulento llegó con una bufanda que le cubría la mitad de la cara.  En sus manos sostenía un bate de beisboll. La puerta del café de la Wako se cerró violentamente detrás de él, los vidrios temblaron por un momento. Instintivamente el muchachote primero observó desde sus ojos ojerosos a Daniela y luego al señor del establecimiento. Un pobre anciano con cara de pocos amigos, pero sin duda con una triste existencia como todos allí.

No sonó la alarma, ni tampoco hubo ladridos criminales. Primero se expandió entre los muros de la estación de servicio el golpe del bat contra la cabeza del anciano, cuyos lentes se partieron y cayeron sobre el stand de las golosinas, una de las manos del viejo dio con un frasco de caramelos que se esperacio por todo el lugar. 
- ¡Dame el dinero viejo!- Uno de los clientes se paró de su mesa, detrás del ladrón  Este saco un viejo revolver 22. - No te muevas pendejo.
El pobre viejo, tomándose la cabeza fue a la registradora con la camisa ensangrentada por la propia sangre de su frente.  Daniela miraba, como miraba en el Chikis cuando los monos se ponían excitados con el gatillo.

Dolorosamente Daniela supo que el señor que atendía apenas si ganaba algo de dinero con este improvisado café  Su pensión no alcanzaba a cubrir los gastos de su seguro medico. Cuando los ojos marrones de la victima vieron sus ahorros entrar en los bolsillos de este asaltante, los poderes de Daniela le indicaron que no era la primera vez que le robaban. 

"Daniela Vousnheim, esta es la ultima llamada...."
Música
Bueno, no habría Baby Shower con amigotas tomando el té y comiendo torta mientras hablan como cotorras. Daniela se paró de la mesa y se acercó hacia el ladrón  quien torpemente intentaba llevarse un cartón de cigarrillos "Dromedary" y le daba la espalda.

Tampoco Universidad de Abogacía al parecer, ni birretes volando al aire con mamá tomando fotografías del día más feliz de su vida (al menos apariencia). No, ni siquiera un Ken que la pasara a buscar en un convertible para pasear por las playas del sur. 

Daniela sacó la Beretta por debajo de su camperota y accionó el cerrojo. Sintió dentro suyo la fuerza descomunal del desagradable huésped amatista. Los testigos vieron sus orbes brillar como perlas. Su mediana estatura enfrentar la espalda gigantesca del chorro. Miranda también la vio desde el otro lado de la carretera.

El criminal se dio media vuelta al escuchar el arma accionarse y la apuntó con el revolver. Lanzó una risa estúpida,  rebajante. - ¡Ja! Anda a jugar a las Barbies nenita...- Le dijo mientras caminaba hacia la puerta sin perderle de vista.
- Solta el arma.
- Si....claro..
Daniela le quitó el seguro a la berettta. La fuerza dentro de su cuerpo, el fuego arrollador que le estaba cocinando la panza se preparó para enviar a la amenaza al infierno de la forma más efectiva posible. Pero la muchacha vio la cara del ladronzuelo, marcada por el hambre, la mala vida y seguramente mucha droga. Merecía muchas cosas sin duda, pero no la muerte. 

Miranda, al otro lado de la calle, se detuvo. "Veremos que tanta razón tiene Rise y si la cosa se pone complicada, entrara mamá osa" 

- Solta el arma y devolve la guita.- Daniela esperaba sonar como Robert Mitchum, pero se asemejaba más a  la de un ratoncito dentro de su cabeza. 
- ¿Queres que te vuele los cesos pendeja pelotuda?- Dijo el ladrón apuntándola.

Ahora su "Huesped", San Jorge o quien fuera le dio un fuerte tirón mental que estuvo a punto de hacerla caer. Los ojos centellearon de Amatista y el dedo de Daniela se fue al gatillo con deseos homicidas. Su frente sudaba, su corazón golpeaba el pecho como queriendo salir de allí.  Las piernas hormigueaban y las venas latían.

Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo, Decia la voz de una mujer en su cabeza. La misma señorita que ahora viajaba en la cabeza de Karl no lejos de ahí  Damelo Daniela, Damelo.... Lo bueno de poder escucharla en entre sus oídos susurrando cosas malas era que podía controlarla. De lo contrario ya lo habría llenado de plomo. 

- Soy una Avista. No una Pendeja.- Daniela disparó, claro que lo hizo. Pero no a la cabeza, ni al pecho. Directo al hombro donde el sujeto sostenía el revolver. El arma cayo al suelo y el ladrón  atónito por estar viendo a esta súbita heroína cayo hacia atrás  La presión en la cabeza de Daniela disminuyo, había vencido. Finalmente había vencido...

Miranda ingresó por la puerta, golpeando con ella la cabeza del sujeto en el suelo. Tomo el Bate de Beisball 
- No creo que haya necesidad de....- Comenzó a decir Daniela. Miranda le dio un limpio golpe en la cabeza, El anciano se sonrió.  La Jethi de Sigmund fue hacia la muchacha para verificar que no seguía "en trance" , pero a juzgar por lo visto nunca había llegado a ese momento. En verdad acababa de usar sus poderes por primera vez sin perder la conciencia. 
- Buen tiro Dani. Le dijo Miranda palmeando sus hombros. 
- Gracias...- Le contesto ella con una sonrisa tímida de su parte.

Los presentes comenzaron a aplaudir lentamente a la muchacha. Ella se sonrió y trato de alejarse de los halagos. Miranda la retuvo:
- Disfrútalos, no vas a recibir muchos en lo que te queda por delante.

Los pocos habitúes de la Wako despacharon al pobre ladronzuelo entre cuatro y ellas volvieron donde Rise.


***

La última vez que Rise estuvo solo estaba borracho, en esta ocasión no tenía esa suerte. Fue hacia los arboles que crecían en el costado izquierdo del camino y divagó entre sus ramas y helechos en el suelo. Todavía llevaba la escopeta al hombro, encendió un cigarrillo.

"¿Que estas haciendo Rise?"
El Dracida se internó en el bosque lo suficiente como para que la luz de la luna ya no llegara hasta él. Vio un tocón y un viejo ficus derribado por la tormenta. Dejo la escopeta en un costado y se sentó. Buscó entre los bolsillos de su piloto alguna petaca de Whisky pero no tuvo esa suerte. El humo de su cigarrillo era apenas visible entre los inveterados arboles de Pent, viejos y algo vencidos ya por el tiempo. Aunque  mantenían cierta vitalidad.

"¿Sabes que mierda estas haciendo?" Se dijo a si mismo pasando sus manos sobre el cabello como intentando despertarse de un sueño o aclarar la vista, porque desde allí no veía nada bueno, con mucha suerte mediocre.  

No había ningún bar en las cercanías al parecer, ni parroquianos felices que escucharan las tontas historias de cada uno. ¿Porque se fue del bosque? Apenas podía creer que Miranda no lo supiera. "¿Como va a saberlo si ni siquiera le dije que la amo?" "Aunque es una Jethi de Sigmund, ya debería haberlo adivinado. Eso sería mucho más fácil, muchísimo más fácil" "Pero sabemos que no fue solo Miranda...oh si, claro que no fue solo ella. Hubiera bastado con empedarme una noche entera en el bar  y decírselo"

Se fue de allí debido a que la felicidad en Hosmusilias se le marchitaba con el paso de los años. A diferencia de muchos otros como él, Rise no encontraba su lugar en el santuario de los Dracidas. Aunque tampoco exactamente en la ciudad de Blondres. El único lugar al que Rise realmente pertenecía era a su casa en Oldbridge Town, con su madre y su padre.

Los bosques son lugares raros, saben que lo son. Son espacios cuidadosamente colocados por la tierra, nunca "quedan mal" en una pintura o a la vista de la ventana. No son un mueble viejo de esos que nos arruinan la decoración. Y en ellos siempre viven cosas aun más extrañas, en las entrañas de ese micro universo verde da la sensación que cualquier cosa podría pasar, o salir. Y en el caso de Pent, teniendo en cuenta su milenaria antigüedad eso era bastante palpable a ojos de Rise.

Ahora sentía que si cerraba los ojos podría escuchar aun los viejos discos de su padre en el living de la casa. Ver los autos de la época pasar por el asfalto y a los universitarios en sus camionetas chevrolet yendo a bailar al "Pitson Shelter" de la Avenida 8. 

Aun seguía ahí, no quería reconocerlo pero todavía estaba en su cama con una remera de los Ramones soñando con alguna modelo de la época mientras escuchaba pasos silenciosos desde el jardín. Nuevamente el recuerdo de aquella fatidica noche vino a él. Y no porque se hubiera ido, sino porque estaba cansado de apartarlo de él. Aunque pronto descubrió que no huía exactamente, sino que corría en círculos esperando en algún momento desembocar en otro lugar.

En la noche de los perros, los militares no entraron al pueblo con bombos y platillos como la mayoría de la gente cree. Una división de infantería acompañada por blindados ligeros se posicionó en las cercanías y monto un puesto de mando en Triton. Todo durante la hora más oscura de la noche. Tanto los camiones como los tanques fueron desprovistos de sus usuales números de identificación  Todo se arregló de una manera perversamente clandestina, no era momento de reprimir abiertamente, eso ya había salido muy mal en el 83 durante la revuelta en Witters Alley.

Una de esas personas que la gente llama "amigos", Timothy Supren era un infiltrado de la Ciberdrone en el sindicato de Ben Keneth, padre de Rise. Llevaba espiando para ellos desde el primer momento en que la fabrica fue tomada. Timothy era amigo del padre de Rise desde que salieron de la escuela secundaria. Pero la vida de proletario no le gustaba demasiado. Unos cuantos billetes de la Ciberdone Sistems, una bonita casa a las afueras y hasta un cargo jerárquico dentro de la nueva planta para el ensamble de Robots alcanzó para que Timothy vendiera a todos sus compañeros. 

La noche en que hubo disturbios con la policía Rise lo vio ser trasladado detenido, curiosamente el único esa noche que acabo en la comisaria de Triton. Se lo llevaron sin esposas entre dos corpulentos hombres de seguridad. Ni siquiera había estado luchando contra las fuerzas de seguridad, o al menos nadie lo había visto abocado a ello. 

Al día siguiente, mientras unos abogados de Blondres discutían el caso con el padre de Rise para sacarlo de la cárcel, Thimothy se encontraba en una tienda del ejercito Himburgues en Triton, señalando uno a uno a los cabecillas y recibiendo un portafolio lleno de dinero más dos pasajes a la exótica Columbia, donde la Ciberdrone le pagaría las vacaciones. 

Thomthy nunca llego allí. Aparentemente alguien intentó asaltarlo en el aeropuerto unas semanas después  aunque en el apuro quizás olvidaron robarle el maletín con más de 100.000 balbans. Nadie en el gobierno o en la Ciberdone quería a un arrepentido dando vueltas por los canales de televisión que hubiera visto los camiones y los blindados que portaban municiones de plomo traídas de Bukrania por contrabando. Claro que las balas de el ejercito era muy preciosas para ser usadas en este tipo de cuestiones.

"Era tan tarde que no podía escucharse ni el sonido de un ratón"  Recordaba Rise rememorando la frase con la que comienzan muchos cuentos navideños. El dormía en su cama y creyó escuchar alrededor de las  tres de la madrugada el sonido de pasos furtivos. Vio una sombra pasar junto a la ventana, luego otras dos. A pesar de haber tenido el valor para salir a romperse el marulo con la policía  el muchacho de quince años solo apretó las cobijas de su cama teniendo la peor sensación de angustia que alguna vez su cuerpo experimento. Sus manos empezaron a sudar y su frente también, pero nada, nada en este universo iba a sacarlo de la cama.

Una luz se prendió en la casa contigua, se escuchó el grito ahogado del vecino. Cuando asomó sus ojos verdes desde su propia ventana vio a un tipo encapuchado apuñalando a otro por la espalda, directo a sus pulmones, detrás de él su esposa, la señora Ramona, era arrastrada de los pelos por un segundo...¿Que eran esos tipos? O mejor dicho ¿Quienes eran? ¿Brusos Comunistas? ¿Ya habían llegado? ¿Ninjas Comunistas de Chonia?

A su corta edad, aun entendiendo mucho mejor las cosas que otros de su pueblo, Rise podía imaginar que la policía fuera una mierda. Pero no el Ejército, papá había estado con ellos en la segunda guerra mundial. Los boinas rojas habían acabado con los nazis. Podían ser rudos y brutales, pero no malvados. Volvió a refugiarse en su cama, su bunquer improvisado protegido por posters de rock and roll y una imagen de San Miguel que su madre le compró alguna vez. Una estatuilla que brillaba en la oscuridad sobre su mesa de luz.

Escuchó a su padre susurrar algo en el cuarto de arriba. Pasos rápidos de botas sobre su cabeza que indicaban que Ben estaba apurado. Luego unos gritos de su madre que intentaban contener el sollozo de sus ojos. El silencio siendo quebrado por pequeñas intervenciones sonoricas le provocaba una ansiedad tal que tuvo que saltar de la cama para, al menos, abrir un poco la puerta de su cuarto y escuchar mejor.
- NO BEN, NO EL REVOLVER.- Grito su madre en un alarido de espanto. - PENSA EN NOSOTROS.
- No te metas mujer.. están rodeando la casa, ya vienen.
Estas dos frases provocaron que el corazón de Rise se cayera al suelo y volviera a subir lentamente, las luces se destiñeron y las manos se pusieron calientes como planchas. ¿Que significaba "Estan rodeando la casa?"
El sonido de ropa contra ropa, algo que en la cabeza de Rise pareció un abrazo desesperado.
- No quiero perderte como a papá.- El abuelo materno de Rise murió en un accidente de transito cuando su madre tenía 4 años.
Ben intentaba tranquilizarla, aunque en sus susurros estaba dispuesto a continuar con la lucha hasta el final.

Desde la calle se escuchó perros ladrar y aullar, como en los viejos cuentos los lobos venían por los cochinitos  incautos y dormidos en sus casas de ladrillo. - No Ben, estoy harta de esto, harta, voy a abrir la puerta y vamos a entregarnos.
- ¿Te crees que nos van a llevar detenidos mujer? Nos van a meter a todos un balazo en la nuca y a tirarnos a alguna fosa común. A vos, a mí y a Rise.
- ¡No me hables como a uno de tus compañeros! Si hubieras sido menos Zurdo...
Slap.

Rise sabía como sonaba una cachetada, al menos en las películas de amor. Porque su padre jamás le había puesto una mano encima a su madre antes. Siempre discutían de política en la casa de los Kenneth. La abuela de Rise solía decir en sus visitas que la "Intransigencia política" de Ben iba a traer desgracias.

Y Ben escogió el peor momento para hacerlo, pensó que de esa forma iba a tranquilizarla. Pero su esposa corrió escaleras abajo, Rise vio su camisón blanco descender por las escaleras. Sus cabellos rubios sueltos al viento como los de una princesa en apuros, los pies descalzos de una santa tratando de no tropezar en la madera y sus manos levantadas hacia adelante como si estuviera tratando de atrapar algo que se le había escapado. Hoy, quince años después  tirado sobre el pasto de un bosque Rise supo que aquello que su madre trataba de atrapar era la cordura.

Música
Miranda tenía razón  Rise aun se encontraba saliendo de esa habitación siguiendo a su madre hacia el desfiladero, como en alguna historia nórdica.  Joven y lleno de miedo, el Dracida de Bilingord corrió detrás de ella pero no pudo sino rozar con sus dedos el camisón blanco. Se golpeó la quijada y las rodillas en ese salto mortal. Cuando miro a su costado su padre estaba sobre la escalera, armado con el viejo revolver traído de la guerra y sus ojos brillosos por las lagrimas.

Rise se levantó, sangrando por la boca por haberse mordido un labio. Cruzó hacia la cocina y allí estaba... ahí estaba.
"¿Que estas haciendo Rise" "'¿Acaso sabes que mierda estas haciendo?" Seguramente fue la primera vez que se hizo esa pregunta en su vida. Por que en la cocina su madre estaba levantando las manos en forma de rendición delante de un soldado del Ejército Himburgues armado con un rifle de asalto acompañado por un perro sacado del propio infierno. Un doverman del tamaño de sus pesadillas.

La luz de la linterna en el rifle del soldado le recordó a los reflectores que veía en la televisión cuando en las series se rodea un edificio. Por sobre el hombro del militar se podía apreciar el nuevo aspecto de su pueblo. Casas en llamas, luces rastreadoras, camiones negros cargando personas a los golpes y un Tanque derribando la barricada que su padre había levantado junto a él y a otros.

Esa era la foto de su vida, casi todas las acciones que vinieron luego se debieron a esto. Su mamá intentó escaparse y nunca pudo atraparla, su mamá se rindió y el nunca pudo perdonarla por ello. Ni siquiera ahora, con ella viviendo en el bosque de Mitril bastante alunada y loca.
- ¡Mamá!- Grito su voz, raspándose sus cuerdas vocales por la potencia inusitada de su voz. Ella giró su cara hacia él y tuvo el tupe de sonreír  - Anda a la cama cielo.- Atrás los pasos apresurados de su padre gritando el nombre de ambos-

Los Soldados del Ejécito, por ordenes del primer ministro  Pallance, no buscaban banderas blancas entre los obreros de Oldbridge. El milico accionó el cerrojo del rifle Fal y lo levantó hacia el pecho de su madre. Ben llegó por detrás y disparó con el viejo revolver. No fue nada Jethi lo que ocurrió ese día  a excepción de Rise, claro esta. La bala del revolver dio en el perro, la del F.A.L en el hombro de su padre. La sangre de ambos empapó al joven Dracida de ambos lados.

A partir de allí  cada vez que escuchara "Dont Look Back in Anger" recordaría a su madre sonriendole como si acabara de ganar una partida de Monopoly. El Rettem de Rise despertó definitivamente esa noche, en esos segundos en que toda su vida se le estaba cayendo encima como un castillo de naipes. De un solo empujón corrió a su madre y golpeó en la mejilla al soldado antes de que este pudiera salir de su asombro. Basto un puño para que quedara en el suelo.

En el Jardin de enfrente, en vez de las gemelas Filton jugando con sus muñecas, cuatro tipos  armados hasta los dientes saltaban la cerca blanca en dirección a su casa.  Cuando volteó su madre estaba sentada con las espaldas apoyadas en la alacena de la cocina llorando semi desnuda. Su padre se tomaba el hombro sangrando.
- Corre Rise, corre, yo te voy a encontrar, haceme caso.

Tomó el consejo de Ben y huyó por el jardín trasero con sus pies pinchándose en las piedritas que habían puesto allí a modo de adorno. Las manos se le rasparon al saltar la cerca divisoria. Salió a la calle con los pulmones y el corazón estallandoles. El cielo estaba iluminado por bengalas,  los camiones del ejercito rugían a su lado, uno casi lo atropella. Desde la parte de carga saltaban al piso docenas de militares armados. Muchos disparaban sin necesidad sus armas, otros apaleaban con las culatas a los detenidos en el suelo hablando de manera amenazante.

Corrió, sin mirar hacia donde, solo dejo que sus piernas lo llevaran a cualquier lugar fuera de esa locura. El viento le volaba los cabellos por los hombros y el frío se le metía en la entrepierna. Las balas de los F.A.L zumbaban por sus oídos,  sus pies desnudos se manchaban con la sangre de conocidos. Vio hombres derribar puertas con barras de acero. Otros tratando de subir a sus autos y ser sacados a los golpes. Muchos de sus amigos del colegio siendo encapuchados, con las manos atadas y amenazados por perros del ejercito, solo contenidos por gordos gozosos de su malicie. Oldbridge parecía un bosque encantado donde los perros no dejaban de ladrar un segundo. La batahola de gritos acompañada de aullidos caninos sería el sueño repetitivo que Rise nunca contaría ni siquiera a Mitril.

Estuvo cerca de acabar igual que muchos esa noche, un Jeep de los Royal Marine le salió al encuentro cuando se encontraba cruzando hacia la biblioteca estatal. Muchas manos saltaron hacia el con voces de alto que solo querían que se detuviera para mandarlo a algún campo de trabajo. Rise se liberó de ellos sin mayor problema, pero resbaló en el barro justo delante de las escalinatas de la vieja capilla de San Jorge.

El olor a tierra y mugre se le pego a la piel y a su cabeza para siempre. Los militares lo tomaron por una de las piernas y comenzaron a arrastrarlo en dirección al Jeep. Uno de ellos le dio tremendo golpazo con una porra que le hizo ver las estrellas. Pero tal y como se decía en el pueblo, la capilla obro otro milagro  La voz de alguien joven, pero con tono de autoridad retumbo entre las casas:
- ¡Basta!, ¡bárbaros!- Rise levantó la cabeza y vio a ese joven párroco  el Padre Merry, parado delante de la iglesia con sus ojos echando fuego.
- Dejen la locura, esta es la casa de Dios.
- ¿Conoce a este agitador padre?- Pregunto un Sargento.
- Claro que lo conozco, no es un terrorista. Ahora váyanse de acá si no quieren que llame ya mismo al arzobispo de platino y ustedes acaben limpiando letrinas toda su vida. Estas tierras pertenecen a la Iglesia Católica.
La Radio del Jeep, con su voz rasposa, llego detrás:
Papá Oso a Zorro, Papá Oso a Zorro, responda Zorro.Cambio 
- Aqui Zorro, adelante Papá Oso.Cambio
Perro Rabioso requiere apoyo en la estación de trenes. Varios civiles armados con armas de pequeño calibre. cambio
- Copiado  Papa Oso Vamos para allá. Cambio y fuera.

Cuando escuchó que el Jeep se alejaba Rise, exhausto,  se dejó caer allí.  El padre Merry lo levantó del barro y le limpio la cara. Lo alzó entre sus brazos porque el muchacho estaba casi al punto del desmayo (debido al Rettem, seguramente) Lo llevó de esa manera subiendo las escaleras de la capilla y le dijo:
- No te preocupes hijo, aca no ingresa ningún mal, sea del hombre o de Satanás.
Rise solo atino a decir
- Mi vieja...hay que salvar a mi vieja...
Quince años más tarde, en el bosque de Pent Rise se dijo a si mismo:
- Supongo que todavía estoy intentando atraparla..-

Vio a Daniela y a Miranda volver por la carretera, ambas hermosas a su manera.
- Pero esta vez, no se me va a escapar. -Se Dijo.





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