jueves, 9 de mayo de 2013

El Ritual de los Condenados XXVIII

Capítulo XXI
Solos Por La Carretera 


Cercanías de Oldbridge Town 10:30 Hrs

Rose Sigwid, Valkiria de la casa de los Sigwid, observaba atónita a Illagros conversar por el teléfono en la sala comedor. Como Valkiria de la Mansión  el trabajo de Rose no era solamente ser la matrona o señora de la familia, sino también mantener la seguridad de todos sus miembros. Inclusive el barón local, su esposo Alfred. 

Liavenna había pedido que hospedaran a Illagros lo que durara su tarea en ese pueblo que estaba dentro de los limites del  baronazgo Sigwid. Al ser señores relativamente pequeños en el mundillo de la política Vlaind, lo menos que querían los Sigwid era ignorar un pedido de alguien tan importante como Liavenna Enarmarr. Illagros había llegado hace sólo un día y medio a la mansión  pero su forma arrogante de actuar y de hablar se había desmoronado cuando, a dos horas de su arribo, vio por las noticias que la Hostería El Eden había volado en mil pedazos. Y con los reportes de la mañana siguiente en la televisión  sobre un tal Karl Godson ya identificado por las agencias de inteligencia, los nervios de Illagros estaban destrozados. Ahora mismo, a las 10 de la mañana de un día que paso de soleado a lluvioso y frío  Illagros finalmente había logrado comunicarse con la Mansión Enarmarr. Casi inexplicablemente, los teléfonos de Oldbridge y sus cercanías habían estado muertos desde el incidente de la bomba. 

Aunque era "Casi inexplicable" para los Sigwid, Illagros tenía una buena sospecha de lo que estaba sucediendo. La cosa que llevaba la chica, se estaba volviendo contra ellos en serio y con toda seguridad ahora Karl era más un zombie  controlado por "El poder del otro lado del Circulo" que un agente de Liavenna.

Fumando un cigarrillo atrás del otro y con el cuello de la camisa desatado, los pelos revueltos por el insomnio Illagros hablaba con Arcard:
- Dios Arcard, esta loco, loco de verdad. La chica debe estar controlandole el cerebro, no lo se. 
- Cálmate Illagros. Entiendo que lo que sucedió con tu hermana te tenga preocupado. Dijo del otro lado Arcard con su voz calma y gruesa.
-¡Me chupa un huevo mi hermana Arcard!- Gritó de pronto ante los azorados Sigwid. - ¿No viste lo que dijeron en la tele? Ha, claro, ustedes son muy intelectuales para guiarse por los medios de comunicación humanos ¿verdad...?
- Baja un cambio y habla conmigo Illagros. ¿Que te tiene tan chiflado? 
- ¿¡Que que me tiene tan chiflado!? ¿Que Que!!!- Illagros golpeó el tubo contra la mesa y le dio un largo sorbo al Whisky que le trajó una de las sirvientes, volvió a encender un cigarrillo y hablo atropellándose con sus propias palabras:

- Dijeron que La MI5 y la HIS ya lo tiene identificado Arcard. Ya saben quien es y el gordo idiota no tuvo mejor idea que bolar una hostería  ¿Sabes lo que pasa cuando un Vlaind o un Jethi comete una acto considerado Terrorista? ¡Todo el puto Ministerio de Defensa nos va a venir a buscar con los perros Dracidas de la MI5 y van a cancelar toda la operación  Tenemos que matarlo Arcard...yo lo haré  que la señora me de la orden y te...
- Bueno... cálmate un poco Illagros. Karl no debe estar muy lejos de ahí  anda a buscarlo. Si no quiere hacer su trabajo tenes mi autorización para matarlo. La señora ya sabe lo que esta pasando, el Gran Barón Ferdinand mando a X de la inteligencia Vlaind esta mañana para hacer algunas preguntas...
- ¡No!- De nuevo estrelló el tubo contra la mesa del teléfono - Te lo dije, ese hijo de puta de Ferdinand siempre juega para el lado del gobierno. Cuando esto acabe voy a cortarle la sucia garganta. ¿Me imagino que Liavenna entiende la gravedad de este asunto verdad?
- Esta en una reunión ahora con Ferdinand en Blondres. Ella sabe manejarse. Vos ocúpate de lo que tenes que hacer. 

Arcard desconectó el teléfono.  Illagros siguió hablando solo unos segundos. Cuando se percató de que nadie escuchaba sus caprichos corto con violencia el teléfono.  La Señora Sigwid continuaba parada del otro lado de la sala muy asustada. ¿Que el gobierno iba a hacer que

A pesar de que Illagros sobre actuaba un poco, cuando el gobierno se metía en estas cuestiones los Vlaind tendían a ponerse muy nerviosos. A  menudo, cuando uno se salia mucho de la linea tacita del Ministerio de Defensa había confiscaciones de bienes, auditorias de la oficina impositiva en las empresas Vlaind y un millón de preguntas. Los políticos armaban algún quilombo entre los barones Vlaind para que volvieran a quedarse en su lugar. A menudo la MI5 terminaba asesinado a alguno de ellos como para dar el ejemplo entre los demás y ya.

A Illagros no le preocupaba el dinero, ni la fama, ni siquiera su hermana muerta esperando que alguien la reconociera en la morgue de Blondres. Sino que estaba seguro que sería él quien pagaría el pato...Liavenna no iba a entregar a Arcard con toda seguridad y lo tenía entre ceja y ceja desde que pasara aquel asunto con Liena.

- Señora Sigwid...- Dijo Illagros tomando su piloto color caqui del perchero de la habitación.
- ¿Si señor Zarovich? Contesto ella educada y formal.
Illagros se puso otro cigarrillo en la boca pero no lo encendió.
- He...voy a salir, necesito un auto...
- Seguro, tenemos un Haudi listo como pidió la señora. Llamare al Chofer...
- ¡No!- Grito por los nervios. Bajo el tono. - No este...yo...yo manejo...es lindo día ademas...- Un trueno resonó sobre sus cabezas.

El Vlaind salió corriendo hacia la cochera. Luego de decir alguna puteada en Bruso volvió a su cuarto, tomó todas las armas que pudo cargar y se marchó trotando al garaje de la mansión  Entre los muchos pasillos y escaleras de la casona de los Sigwid Illagros podía sentir como la soga de la muerte se iba apretando en su cuello. Lo único  lo único que tenía que hacer ese gordo estúpido era esperarlo en la Hosteria. Matar a la piba y ya. Entonces él mataría a Crisald, pum, misión cumplida.

Liavenna se transformaría en la heroína más grande de la raza Vlaind desde Balabord y entonces el sería el teniente de la mujer más poderosa de la nación Vlaind y con ese poder de fuego finalmente iban a borrar de la faz de la tierra a todos esos blandos, tibios, amantes de humanos como Ferdinand. Y después a los jethis.

Sí, todo iba a ser maravilloso. Otra vez el sueño de la dominación mundial, de ser la única raza...Todo eso acabado en un segundo por un enfermo como Karl. Iba a matarlo, aunque no fuera necesario, merecía que le volara la cabeza.

Illagros se metió en la cochera luchando por controlar sus propios movimientos. Casi se lleva por delante la persiana metálica del garaje  Cuando esta se abrió la lluvia cubrió el parabrisas. Hizo unos pocos metros por las calles de Oldbridge y frenó cerca de una plaza. Allí se llevó las manos a los ojos y se recostó en el asiento.
- Bueno Illagros, no esta todo perdido...si agarramos a este gordo pelotudo antes de que la MI5 llegue a él todo puede solucionarse. Así que ahora cálmate y búscalo ..somos profesionales.Soy profesional. Soy Illagros Zarovich de Sipea, estos Dracidas y Humanos no son nada...nada...

Knock Knock Escuchó el Vlaind llegar desde la ventanilla del acompañante. Saltó como una araña echada a la sarten. Había un hombre, un Vlaind vestido con un largo piloto negro, debajo llevaba una camisa blanca. Otra mujer, más baja que él pero sin duda mucho más bella lo acompañaba. Ambos vestían igual y tenían lentes oscuros en un día nublado. La chica era sin duda una Jethi, podía verlo en sus facciones.

Ese Knock Knock, la vestimenta de estos dos sujetos, el hecho de que fueran un Vlaind y una Jethi trabajando juntos y el BMW negro estacionado en la acera de enfrente bien le podría recordar al final de una película sobre mafiosos. Era la ley.

Antes de que el Vlaind volviera a golpear el vidrio, Illagros bajó la ventanilla con el comando desde el volante. La voz marcial y fría por el placer de serlo ingresó en la cabina del auto:
- ¿Illagros Zarovich de Sipea?
- Sí, ¡ese soy yo!- Dijo Illagros tratando de contener sus nervios y queriendo parecer amable como Kathy Bates en "Misery" frente al Sheriff del pueblo. 
El hombre desplegó una placa. Pudo leer muy bien las letras en negro altas y militares "M.I.5" El color rojo debajo de la tarjeta indicaba que era de la sección especial sobre asuntos de Dracidas y Vlainds. 
Sí...se parecía mucho al final de alguna película sin duda. La mujer al lado del oficial sonreía con suficiencia.
- Soy Marco Warren, agente especial de la MI5, sección Roja. Ella es mi compañera, Mariana Martinez.
¿Podría bajar del auto para que le haga algunas preguntas?
Illagros volvió a sonreír y palmeo el volante.
- Bueno justo ahora iba a...visitar a un amigo.
- Sólo tomara cinco Minutos señor Zarovich. No se preocupe, no venimos a arrestarlo.- Dijo la mujer.
- Bien...bien...porque no...Je.

Sentirse un sospechoso de la Ley y el Orden no era parte de la rutina de tipos como Illagros. En Brusia estaba la K.G.B pero en Brusia el tenía buenos contactos con gente del partido Soviético  Les proveía de armas y buena información de occidente. Incluso en eso estaba cagado, hace rato que la HIS lo tenía marcado como un probable informante al bloque oriental.  Del otro lado de la Cortina de Hierro Illagros era intocable. 

El Vlaind se bajó del auto y el Agente Marco Warren, de aspecto más amistoso que la mujer, abrió un paraguas para él. La muchacha saco una libretita y una pluma fuente. La lluvia arreció y el Bruso comenzó a sentir muchas ganas de estar a muchos kilómetros de allá en su mansión de verano en Bukrania o haciendo pozos petroleros en Dapakistan. 
- Señor Zarovich, ¿Conoce usted a este hombre?- Pregunto Warren mostrando una foto de Karl.
- mmm No, creo que no le he visto nunca. No al menos que recuerde. ¿Por que lo pregunta oficial?
- Bueno, trabajó mucho tiempo para los Dragones Negros. Su nombre también aparece relacionado con Liavenna Enarmarr. Tenemos entendido que usted trabaja también con la señora. ¿No es así? - Pregunto Mariana
- Si...bueno yo hago, yo trabajo como asesor en finanzas para la familia Enarmarr.
- ¿Desde hace cuanto tiempo Señor Zarovich?
- Ja, bueno como imaginaran desde hace unos...mil años aproximadamente. 
Todos se rieron del chiste. Aun siendo Jethis o Vlainds la cantidad de tiempo sonaba exagerada. El sonido de las gotas de lluvia, cada vez más gordas golpeando el paraguas negro de Warren provocó que tuvieran que elevar la voz. Una camioneta 4x4 paso rugiendo por la calle. La gente en los alrededores apretaba el paso.
- ¿Recuerda si la Señora Enarmarr ha mencionado alguna vez el nombre de este sujeto, al menos al pasar?
Inquirió Warren,
- E...no. No que yo recuerde. (Si sigo diciendo la misma frase van a darse cuenta que estoy mintiendo. Menos mal que la piba no es de Sigmund)
- Usted es originario de Brusia, ¿Verdad señor Zarovich?- Pregunto Mariana.
- Sí, así es señorita...más precisamente Bukrania, pero claro que hace mil años no llevaba ese nombre. 
Todos rieron de nuevo. Illagros estaba tratando de matar sus nervios a fuerza de chistes malos. 
- ¿Cual seria el lugar exacto de su nacimiento?
- Kharkiv
- ¿Y como es que el gobierno Bruso le permite salir del país con tanta regularidad? Algunas personas esperan años solo para hacer un tour de 6 días en el pais. - Pregunto Warren.
- Bueno, imaginara que ser Vlaind tiene algunos beneficios, aun en el mundo Socialista.
- Seguro..seguro. Dijo Mariana anotando todo. 
- Este...¿algo más?
- No, eso sería todo. Ya puede marcharse.

Illagros, no acostumbrado a tener encuentros peligrosos con la Ley, bajó la guardia y fue directo a su auto. Cuando se encontraba abriendo la puerta para huir de allí. Warren dijo, dándose la vuelta.
- Una Ultima cosa...Señor Zarovich.
- ¡SI! dígame.- Contesto Illagros golpeándose la cabeza para salir del auto una vez mas.
- La Señorita Katiana Zarovich, su hermana...¿Ella también trabaja para Liavenna Enarmarr verdad? 
- Este...bueno, mi hermana y yo no nos llevamos muy bien. No se nada de ella desde que se...caso. ¿Por que lo pregunta?
Warren sonrió por lo bajo, conteniendo una risa macabra.
- Ella fue encontrada muerta en el domicilio de un tal Crisald Larenthguer, también Vlaind. Al parecer mantuvo una conversación con usted poco antes de morir. 
- ¡Claro! sí...este, ella justamente me dijo que...me dijo que quería que nos reuniéramos porque hace mucho no nos veíamos.  Ella por lo general me pedía también consejo Financiero. Pero nunca hablábamos de su vida privada o su trabajo. Claro que supe de su muerte, ahora iba con su esposo justamente para darle mis condolencias. (Esa fue una buena mentira Illagros, el idiota de Rupert vive en el norte)
Mariana saco una libretita.
No me digan que también se murió. Pensó Illagros

- ¿Rupert Willow? Pero señor Zarovich....- Comenzó a decir Mariana
No, no no esta muerto. Por Balabord que ese hijo de puta este más vivo que nunca.
- El vive en Lambridge...¿No le queda muy lejos para ir en auto?
- Iba camino al aeropuerto señorita.
- Si quiere podemos llevarlo nosotros Señor Zarovich.- Contesto Warren. - Debe querer llegar lo más rápido posible, nosotros podemos pasar por la ruta  4 que esta cerrada por seguridad. De lo contrario tendría que tomar un rodeo por la 6 hasta la provincia de Godsfields. 
- No, mire...estoy tan apenado que deseo estar a solar un tiempo ¿Entiende?
- Claro Señor Zarovich, como prefiera. Estaremos en contacto. 

Los agentes del MI5 se metieron dentro del BMW negro. De haber tenido un Helicóptero seguramente ya estarían volando hacia la Fiscalia local en busca de una orden de Arresto para Illagros. Pero no era tan simple cuando el sospechoso era un Vlaind, incluso venido de Brusia como él. 

El nervioso Illagros los vio marcharse por el asfalto. Tan pronto como doblaron en la esquina de Los Cinco Gatos, se desplomó sobre el volante. 


***
Salida de la Ruta 7 hacia la provincia de Platino, Blondres 10:51
Música
"Y ahí vamos de nuevo" pensó Crisald cuando Alaysa tomó la salida hacia la ruta siete en una curva bastante cerrada entre los bozinasos de los demás conductores. Delante de ellos se describía una larga recta cuyo doble carril era marcado por lineas amarillas. Aquellos largos rectángulos  pasando siempre debajo del capot del coche le recordaban a Crisald las cintas con las que la policía selló su casa. Un símbolo bastante inequívoco de "Game Over" en todo el mundo.

Era la primera vez que veía el paisaje durante la luz diurna, y no tenía mucho más para mostrar que de noche. Vacas, graneros, algunos barrios privados e infinitos kilómetros de alambre de púas. La diferencia más importante en este caso era que no era él quien conducía y que ya no estaba solo. Aunque, por el momento Layla no había hablado demasiado. A pesar de que sus ojos estaban concentrados en el camino delante, en el brillo de sus pupilas Crisald podía adivinar que en este momento pensaba en muchas cosas. Datos y memorias que él seguramente nunca podría terminar de entender.

- Ya ha empezado a llover de nuevo. Dijo Alaysa buscando un paquete de Gipsys sobre el tablero del auto.
- Creo que nunca ha parado desde que esto comenzó ¿verdad?- Contesto Crisald, luego de sacarse los lentes para ver mejor. Efectivamente, cortando el cielo de cuento azul a unos kilómetros delante se podía observar la lluvia que se cernía sobre la zona de Oldbridge y Witters.
Layla se sonrió.
- Ahora sos vos el que habla como salido de Harry Potter. ¿Que tenes en mente?
Crisald, quien por alguna extraña razón se sentía algo más claro para pensar y hablar que antes contesto serio:
- No lo se. Pienso que tendría que haber matado a este idiota hace siglos. Si bien todo empezó hace una semana, siento que llevó en este auto una eternidad. Todo se complico demasiado...nada de esto estaba en mis planes.
- ¿Que edad tenes Crisald?- Pregunto Alaysa doblando nuevamente en una curva más amable. Dos caballos corrían al costado del alambrado y un granjero local iba a la par con dos perros.
- 25.
- Con los años vas a entender que para los Vlaind a veces un día, sólo 24 horas, pueden ser tan fatales como una eternidad. Las cosas tienden a desplomarse mucho más rápido de lo que se levantan.
- Brindo por eso. Dijo Crisald tomando de un termo el café que compraron en un supermercado Willy's antes de ponerse en marcha. - ¿Cuanto tiempo nos va a llevar llegar hasta Oldbridge?-
- Seis horas, siete si contamos una parada para almorzar o comer algo más que no sean bizcochos y café.

El Vlaind se recostó en su asiento por un segundo. "Y ahí vamos de nuevo, genial" 
"Otra vez en la ruta. Bajarse en alguna estación de nafta, cargar. Ver el sol ocultarse por las montañas de las Sorrim. Fumar hasta que mis pulmones revienten. Esperar a que se haga de noche en algún café local. Buscar las armas. Buscar al tipo. Bang Bang. Y todo de nuevo en menos de lo que canta un gallo. 

Era quizás la primera vez que Crisald empezaba a sentir el cansancio que suponía andar la noche larga de Himburgo armado con una Desert Eagle, esquivando balas y metiendo otras tantas. Sintiendo como el frío del otoño se le metía entre los pliegues del abrigo, percibiendo el olor a pólvora sobre él a donde fuera que vaya.

Observando la campiña verde con el sol dándole de frente en el parabrisas Crisald recordó un sueño que solía tener de pequeño. A diferencia  de las quimeras actuales, era un sueño repetitivo extremadamente divertido para un niño de 9 años que iba a colegio privado y vivía entre sirvientes. En su sueño (que casi siempre llegaba en verano) él era el sheriff de un pueblo del lejano oeste.  Una visión seguramente alimentada por series de T.V que miraban sus padres, que eran niños como él cuando se estrenaron, y que Crisald miraba a pesar de detestar el evidente Tecnicolor anaranjado en la piel de las personas.

Música
Sea como fuera en ese sueño él era el Sheriff de un pueblo del lejano oeste. Con una brillante placa en su chaleco y un sombrero blanco. Cabalgaba sobre un hermoso corcel negro y la gente del pueblo lo saludaba bajando  sus gorros. A pesar de tener  9 años, incluso en la visión  todos allí parecían quererlo y respetarlo. Era su pueblo, su placa y su revolver, el tipo más bueno y jodido de los alrededores. Uno o dos bandidos venían en su búsqueda,  el disparaba haciendo martillar el percutor con su palma, pero no mataba a nadie, los chicos malos huían apabullados por su Colt y se tropezaban como en algún programa de Benny Hill. El sacaba su lazo bajo el sol radiante del desierto y el alguacil se los llevaba. Todos aplaudían...

Casi entre sueños dijo en voz alta para sí mismo:
- Y todos a bailar en el granero del viejo Ben Cartwrigth...

Mientras iba en busca de Rick aquella mañana en la que prometió a Liena regresar rápido a casa, salio también de día, con sus espuelas imaginarias sintiendo que era el Sheriff del pueblo, Clint Easwood, Robert Mitchum o hasta incluso Jhon Wayne. Una parte de él quería ir a caballo hasta el bajo, como deberían hacer los ancestros de su Orden en otra época, de armaduras doradas y brillantes. Que las personas a su alrededor en la Pallance Avenue cantaran "Allá va Crisald, el les enseñara a esos bandidos!" Que alguien lo invite un trago luego del duelo. Que alguien pintara su retrato sobre su caballo como el del abuelo Peter en la Mansión familiar.

Le gusto demasiado matar a Rick, disfrutaba ver su propia sombra reflectada contra la acera congelada de la ciudad, como la silueta alargada que cabalga al ocaso. Sentir el acero de su Desert Eagle entre sus manos antes de abrir una puerta, antes de enviar al infierno a cien mil hijos de puta. Salir en el Haudi como los Dukes de Hazzard. Y no había nada de que sentirse culpable, cada bala que disparo de Rick en adelante tenia mil razones en sus átomos que componían el plomo. Cada cartucho de escopeta llevaba consigo libros gordos como una enciclopedia de dolor, de mucho dolor. Un sufrimiento que sólo podía ser explicado a través de la sangre y la violencia.  Una especie de Lenguaje que no se estudiaba en la Universidad de Hellenes. Y un tipo de incendio que ningún Whisky podía apagar.

Claro que no lo había pedido, ni planeado. El asunto había llegado a el como una bala perdida, Alaysa tenía razón ..hace muchos años que ya no quedaba en él "elegir". Eso era para la  tele, para los Cowboys de Bonanza o la gente de Amores en Peligro. Para los periodistas que condenaban "La Justicia de Mano propia". "Vengan y cuéntenme como se cura el dolor". A lo que la gente responde "No hijo, claro que no se cura..." ¿Entonces de que Mierda estamos hablando?"

Sí, eran pensamientos como esos los que tenía cada vez que visitaba el cementerio, o la casona tiroteada y abandonada de su familia. El punto era que no sanaba y si ahora resulta que él tenía que vivir con ello de aquí hasta los muchos cientos de años Vlaind que le quedaban, entonces al menos, como mínimo  se iba a asegurar de no hacerlo solo. ¿Y si algo salía mal? ¿Si mataba por error a alguien?...Entonces para Crisald la respuesta era bastante simple "Disculpen señores, ustedes todos tan morales. ¿Cuéntenme que mierda salio bien en todo esto?
***
Witters Alley 11:20 Hrs
Música
Y Ahora Continuamos con "Amores en Peligro" - Dijo el televisor portátil que Rise había dejado sobre la mesa de trabajo.
-¡Ay Ricardo! ¿Acaso no teméis enfrentarte a Karlova? Terrible Barón de Crusania es él. Matador que gusta de sembrar la negra muerte en naciones extranjeras. 
- Claro que Temo mi señora. Pero como quien camina en círculos me encuentro. Ya no ha de demorarse más este encuentro entre ambos. ¿Habeis visto a mi pequeña hermana Daleila? ¡Ay ya no soporto verla exhausta de tanto terror que le tiene al matador de Crusania. 
Voz en Off de la Acrtiz principal. Ricardo afila su espada mientras ella lo observa desde su ventana, mediante a ellos una lluvia fuerte y un céfiro violento
"Ricardo, te habéis ido a luchar al norte contra los Salefianos y jure que nunca más te dejaría marcharte. Ahora llegas y te vuelves a marchar a un destino incierto, a pelear contra soberbio enemigo. ¿Acaso te diré lo que siento por ti, mi caballero, cuando ya  vuestra sangre yazca fría sobre el suelo?-

La Voz de Miranda le llegó desde sus espaldas, en un tono alegre. Deposito delante de los ojos de Rise la escopeta.
- Le hice un pequeño arreglo.
Rise examinó el arma y noto que, tallado en la culata había un símbolo que le era descocido.
- ¿Estuviste haciendo manualidades?- Pregunto con sorna.
- Es un Pikerl. Un símbolo Ritual de la Orden de Sigmund para que los espíritus de la tierra acompañen al guerrero. Esto se paga muy bien en el bosque de Mitril.
Sintiendo a Miranda detrás de él, su aliento, su cadera apoyando su trasero y todo lo demás Rise se sintió parte de la telenovela que escuchaba mientras trabajaba en los detonadores.
- ¿Cuanto tengo que poner?- Respondió. - Sabes que no tengo un peso...
Miranda le dio un golpecito en la nuca.
- Es gratis idiota.
- Gracias.

Los Detonadores a radio control estaban listos, aunque cualquier persona no acostumbrada a "atar cosas con alambre" como Rise pensaría al verlos que son cachivaches de algún científico loco. Para los Dracidas y la Avista, siempre y cuando sirvieran a su propósito no importaba de que forma lucieran. Pero Rise no estaba sólo preocupado por la cuestión del radio control. Como era usual en ella, Miranda tenía el genial (u odioso) habito de ponerse bastante simpática y mimosa cada vez que Rise se preparaba para volar algo.

Sí los Vlaind de Rolando son los Chiflados de la gente de Namidian, los de Sigmund hacen su parte en el bando Dracida. Incluso un tempano de hielo del ártico como era Miranda era capaz de estallar en algún absceso complicadamente explicable de Pasión sexual (u Homicida). No sería la primera vez, en otros trabajos, mientras se formaban como Jethis en el bosque la Jethi de Sigmund tendía a...(Si...creo que es momento de decirlo) coquetear con Rise. Todo para que, pasada la acción  volviera a comportarse como un perro viejo y malhumorado con él.

Si cualquier Jethi de las demás 3 ordenes estuviera en esa posición  no tendría mucho problema en hacer a un lado el trabajo para pasar un par de buenas noches con su compañera. Pero la vida quiso que Rise fuera de la Orden de Bilingord. El trabajo siempre estaba primero, el DEBER, escrito con MAYUSCULAS se les pegaba en la frente como una pegatina de parabrisas. Y la hora de bajar la guardia para divertirse un poco a menudo los encontraba solos.

- ¿Y bien Rise?- Pregunto Daniela levantando uno de los explosivos caseros.
- Ya esta todo listo. Tenemos suficiente C4 como para llevar a Karl volando hasta la luna. ¿Alguna novedad de nuestro invitado?
- Nada que reportar por ahora. Dijo Daniela. - Esta lejos todavía. Pero seguramente llegue esta noche.
- ¿Que tan tarde?
- Mmmm no lo se, ¿Por que?
- Porque no puedo poner los explosivos mientras allá luz de día.
- Esperaremos entonces.- Dijo Miranda. - No te preocupes Rise, va a salir bien.- Continuo Miranda. - Voy a buscar un poco de comida, ¿Queres algo Rise?-  El Dracida negó con la cabeza.La Jethi de Sigmund se alejo por la puerta del galpón.

Daniela empezó a reír tan pronto como la Dracida se fue. Rise le echo una mirada de reproche.
- ¿Que es tan Gracioso señorita Vounsheim?
La Avista se sentó sobre la mesa de trabajo y calmo su risa.
- Ustedes...
- ¿Y que sabes de nosotros Daniela?- Preguntó Rise con gesto de desgano. Ella continuo hablando orgullosa de su propia broma.
- Te dije que los Avistos tenemos una gran capacidad de análisis de los sentimientos de las personas. Si acá sigue subiendo la tensión sexual entre ambos esos explosivos nos van a matar a nosotros.
Rise le tiró la espada de él y de Miranda. La muchacha, aunque sorprendida, consiguió tomarlas rápidamente en el aire.
- Pensa en eso mientras limpias las espadas...y seguí pensando en Karl.

***

Camino a Witters,  Bar  The Forest Path Km 25 Ruta 4.  17:30 Hrs

Ahora en FM Love me, las mejores canciones del alma en "Solos en la noche"
Música

-  Me rompió el corazón ¿sabe?- Dijo Karl sentado en la barra al lado de un anciano de camisa de algodón a cuadros tipicamente leñadora. Era un trabajador local con acento autentico de Platino, casi inentendible para los citadinos de Blondres. Pero el Jethi de Frigord estaba familiarizado con el mismo gracias a su abuela Brown.
- ¡Pero era una belleza hijo! Mira que felices se ven juntos...
- Lo se buen hombre, lo se. Me dejo porque le dije que era inmoral que bailara en un club nocturno. Pero no porque lo reprobara ¿Entiende? Sino porque ella...ella merecía mucho más. Mucho más... había ahorrado dinero para que nos mudáramos a Amerika, a la parte donde tienen lindas playas ¿entiende?
- Si hijo, si...te comprendo. Tuve una esposa, murió hace unos años. La extraño con cada hueso de mi cuerpo...pero tengo a mis hijos. Ellos son como ella en otra forma ¿sabe?
- Hijos....siempre quise tener niños. Hasta había pensado en sus nombres, Peter y Paula. Hermosos nombres para niños.
- Seguro habrían sido buenos niños. - Dijo el Anciano palmeando su espalda. Pidió un trago más para él e invito a Karl con otro. Este lo aceptó. - ¿A donde se dirige? Creía que la ruta 4 estaba cerrada
- Lo esta, pero la compañía necesita que lleve este cargamento. Argumento Karl cuya cabeza comenzaba a nublarse debido a la cerveza y la poca comida de los últimos días.
- Usted parece un hombre muy trabajador y cansado hijo. Lo veo por la forma de su cuerpo y su cara. Ha tenido días difíciles.
- No se imagina...
- Yo también trabajaba mucho. Quería darle lo mejor a mi familia ¿sabe? Era policía de Oldbridge. Incluso en un pueblo tan pedestre como ese las rondas nocturnas eran interminables. Mi mujer se preocupaba mucho por mi...Cuando era más joven creía que lo importante era eso, el trabajo. Ahora, cuando mi esposa falleció me pregunte cuantas cosas podría haber hecho si tan solo me hubiera retirado 10 o 5 años antes. Tal vez ella habría tenido una vida más tranquila, sin preocuparse ¿sabe?, tomando el té en el pórtico de la casa los días de primavera.
- Lo entiendo...
- Si fuera usted hijo, entregaría el paquete y me iría al demonio. Buscaría a la chica de la foto, haría lo imposible por volver a conquistarla y luego...bueno, la vida dirá  Tal vez consiga un trabajo como remisero o algo que le permita estar más cerca de ella. Tendrán sus niños y su casa.

Karl, quien alguna vez rogó por tener un padre o un abuelo de verdad asentía con sus ojos húmedos  Se quito los lentes y se limpio la cara con una servilleta.
- Es gracioso ¿sabe Hijo? Cuando eramos jóvenes  o al menos cuando yo lo era, nos decían que vivíamos en un país libre, no como en Brusia donde todo el mundo hace lo que le dice un dictador comunista. Se supone que es nuestro derecho ser libres para hacer la vida que queremos. Pero, de alguna forma, en Himburgo o en este lado de la cortina de Hierro, no necesitamos de dictadores ni prisiones para hacer lo que quieren que hagamos sin chistar. Yo lo entendí de viejo, usted es joven. - El anciano dejo la paga para otro trago y volvió a palmear a Karl amistosamente. Luego le susurro al oído:

- Tómese otro trago. Le quedaran  10 Balbans. Pida que le den el cambio en monedas. Con la mitad de eso llame a la compañía y dígales que se vayan a la mierda. Con la otra mitad llame a la chica, vale la pena.

La Radio seguía pasando temas melosos. Había un grandote maloso al punto del llanto en la barra, un tipo que de ser otra la vida y otra la historia, habría sido no más que un gordo bueno. De esos que siempre invitan a cenar a sus amigos de la universidad...O uno de los Médicos que te dicen "No le dire que deje de fumar, porque soy un fumador empedernido, pero...tenga aquí estos folletos del centro de ayuda al fumador. Cuando lo sienta, llamelos"

Música

Karl levantó los ojos hacia las luces del bar. Pequeñas y redondeadas como las de un camarin.
Toda la vida haciendo lo que quieren los demás. Pensó. Pagó y le exigió su cambio en monedas, tal y como el sabio anciano dijo. Se paró de su asiento tras localizar con sus ojos el teléfono publico del establecimiento. El logo de la Centnel sobre el aparato cambiaba de color con los destellos de la iluminación del club.
Toda la vida haciendo lo que decía mi padrastro, después mi maestro. Más tarde Jhon y ahora los Dioses. Que se caguen ellos, todos y cada uno de ellos. Depositó las monedas con el rostro del emperador Alexander en ellas y las escuchó caer a pesar de la música,  rebotando entre otras como anunciando un Jackpot.

Marcó el código de Área para celulares. La voz de una grabación le preguntó si deseaba hacer una llamada de larga distancia. Con su dedo gordo apretó el 1 para "Sí". El sonido del tono cambio para anunciar que estaba tratando de comunicarse con el Celular al que estaba llamando.
Sí, a veces hay que preguntarse que quiere uno. Aun en el mundo de los Jethis no todo es Ordenes, Misiones y Deber. También hay vida, tal y como ese Rise del Bajo. Algo de su percepción Dracida le decía que ese llamado podía cambiar el curso de los eventos actuales. Cada bip del teléfono era algo que Karl estaba tirando a la basura, Liavenna, Dios, Los Dioses de la Mitología Dracida, el código Jethi, El código de Justicia de la Orden de Frigord.

Una vida caminando en callejones oscuros por cosas que ni siquiera me importaban en un primer momento. Noches interminables rompiéndome la espina para un montón de figuritas en estampitas, tipos colgados de cruces que ni siquiera esta probado que existen y recompensas entre mediocres y amargas.
- Su llamada esta siendo conectada, Aguarde por favor.
Creo que el único Ángel que vi en mi vida fue este viejo borracho. Más sabio que todos los Maestros de mi raza. 

El ringtone de Alaysa despertó a Crisald. Ella se sintió ligeramente inducida a atender el celular. Algo que no solía hacer, muchos tenían su numero, pocos su interés.
- Dice numero desconocido. Dijo a Crisald
- Debe ser algún telemarketer...-Respondió el Vlaind casi en sueños.
- No, voy a atender. Puede ser importante.
La tapita del celular se abrió con su clásico Klack. Karl escuchó del otro lado el sonido de una carretera, las voces de otros coches en la misma y el aullido del viento sobre la carrocería de su auto. La vio, la imaginó igual de hermosa que en la fotografia, la única imagen mental que le quedaba de su ex novia. Que era  lo mismo que decir que era la única imagen mental de sí mismo en estado puro, libre, como diría el parroquiano fugaz.
- ¿Hola?- La voz de Alaysa se le clavó como una flecha envenenada en el corazón  Dulcemente agotada, hermosamente despistada y cansada. Cansada como él de correr en círculos en la noche fría de Himburgo.
Al Jethi la voz se le atragantó.
- ¿Hola, quien es?
- Lay...la?-
- ¡Karl!- Gritó ella del otro lado de la linea.
- Hola..eeem..hola.- Siguió Karl sin saber que decir.

Algo ocurrió entonces. Crisald, despierto tras escuchar el nombre del sujeto al que iba a matar vio como las luces del Zitroen iluminaban la silueta de una mujer caminando frente a ellos. Desnuda y con ojos color amatista. Saludaba moviendo su mano derecha con una sonrisa de maldad y el encanto de un demonio ancestral.
- ¡Cuidado Alaysa! Grito el Vlaind.
Karl no escuchó el sonido de la fuerte frenada, ni a Alaysa tratando de conversar con el segundos después  Ni siquiera llegaron a sus oídos las puteadas de Crisald para con su compañera. Sólo la voz de una mujer, parecida o igual a la de su ex novia, pero en un tono bien distinto. Claro que no se trataba en lo absoluto de Layla.
- Vete al infierno Idiota. - Siguió a ello la maquina telefónica. Su Llamado ha sido desconectado por el receptor. Para volver a internarlo pulse...
Elmer se despachaba en risas en el camión. - Así se hace jefaza...¿Por poco y se nos escapa he?
- Por poco...- Contesto la voz de la mujer que hablaba a Karl. - No más Paradas en la ruta Elmer, cuando Karl se empeda se pone dificil de controlar.

La Risa de ella se hizo eco entre los bosques. Karl cortó el teléfono y volvió al camión con la cabeza gacha. La Radio seguía pasando canciones melosas cuando se marchó de allí. El compañero de tragos se había desvanecido en la neblina de la carretera hace rato, Karl nunca volvió a verlo. Si alguien preguntara quien era o de donde venía nadie sabría decirlo, por la simple razón que sólo Karl lo vio. Para el Barman llevaba una hora hablando solo.

Encendió un cigarrillo en el estacionamiento. Volvió a echar una mirada a la fotografía de Alaysa bajo las luces de neón del parador.  Apretó la mano derecha, fuerte, como si en ella pudiera encerrar todas sus frustraciones. Se demoró en los ojos azules de Layla junto a él saliendo del Cine en una primera salida. Se veían simplemente felices, no más, no menos.

Ahora Estaba parado con la cabeza gacha bajo la llovizna, fumando. Sintiendo el frió y la desolación de los alrededores. Al igual que cuando fue el único que asistió al funeral de su abuela a los 24 años de edad una gris tarde de octubre. O cuando el medico le dijo a los 21 que su madre sufría de un cáncer terminal. Igual de resignado la noche en que Layla lo dejo en su departamento de la Pallance Avenue.
- Supongo que algunas cosas, simplemente, no se pueden cambiar. - Dijo acariciando con el pulgar la fotografía. Se agachó y la dejo con cuidado en el suelo del estacionamiento. Poso sus ojos sobre cada linea, cada detalle. Desde su campera de cuero hasta los pliegues de su enrulada cabellera. - No, nunca te merecí.

En el norte Rise y Miranda tomaban mate esperando a que se hiciera la hora. Más cerca el uno del otro que de costumbre. Crisald se reía viendo a Layla intentando sacar el auto fuera de la canaleta del camino donde había quedado. Pero Karl se subía solo a la cabina del acoplado para marcharse hacia la noche.

Solo, como siempre...y por última vez.







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