domingo, 26 de mayo de 2013

El Ritual de los Condenados XXX

Comienzo de la Tercera Parte

"El Castillo de Naipes"

Capítulo XXIII
Como una Estrella caída del cielo



Música
Cuando Crisald abrió los ojos, el cartel de Neón de "Los Cinco Gatos" titilaba a su derecha. El vidrio del Zitroen se encontraba picado por la llovizna y el viento  acompañaba la melancólica visión  de una típica tarde otoñal en Himburgo. Levantó su cabeza y se quitó los lentes oscuros para ver mejor, Layla no estaba en el volante, pero sus cigarrillos sobre el tablero indicaban que no iría muy lejos. Tomó uno de estos y lo encendió tras bajar un poco la ventanilla.

Lo bueno de ser un fumador es que se puede saber cuando alguien no planea demorarse demasiado. Uno puede olvidarse las llaves, la billetera, incluso el documento. Pero muy pocas veces se pierden los atados de Cigarrillos, para beneficio del señor Cancer, el fuego para encenderlos es un elemento fácilmente encontrable en cualquier ambiente, sea rural o de ciudad. 

Con el humo azulado de los Gypsis de Layla en la cabina del auto, Crisald se percató de que su compañera se encontraba dentro de "Los Cinco Gatos" haciendo fila para comprar algo de comer o de beber. Misteriosamente, a pesar de los dolores y las quejas repetidas de todos sus músculos el Vlaind de Rolando se dio cuenta que había dormido realmente bien en las ultimas horas del viaje. Tuvo sueños apacibles y sus miembros ya no se sentían resentidos. Mientras observaba el poco transito de la Avenida siete se preguntaba si esto se debía a la falta de alcohol en las ultimas horas o a alguna otra cosa. Algo bueno, de seguro.

El Vlaind, con cierta energía que aun le era extraña, descendió del coche sintiendo las gotas de la llovizna tocarle la nariz como pequeños cristales fríos.  Ya no tenía sueño, ni la pesadez en los ojos del último tiempo. Tuvo el deseo de simplemente empezar a caminar por donde fuera y examinar este pequeño pueblo de la provincia de Platino donde todo lucia tan correcto, tan "en su lugar". Algo que en Blondres no se ve a menudo. 

Entró en el establecimiento y se posiciono al lado de Layla, que para variar llamaba la atención de todos allí  incluso el párroco local que preparaba su sermón para el día siguiente sentado en un banco largo y acolchado que daba a la calle. 

Crisald apoyó su mano con firmeza en el hombro de su compañera. Ella se dio la media vuelta sonriente.
- ¿Vamos a tener una cena romántica?
- Algo así  Cuando termines de comer me voy a tomar el tren hasta The Kings Valley. Vas a tener que alcanzarme en el bosque de los Dracidas. ¿Sabes donde es?-
- No, digamos que no es algo que uno pueda encontrar en el mapa.
- Esta pasado como "Reserva ecológica de Vicent Church" es el pueblo más cercano al lugar. Cuando llegues ahí solo pregunta donde esta el bosque.
- Entiendo. Aunque antes de ir para allá hay dos cosas que tengo que hacer. 
Avanzaron en la fila, Layla pidió una hamburguesa con papas fritas para cada uno. 

- Antes de que me embarque en una cruzada épica por el bien y la justicia hay algo que tengo que saber. 
- ¿Sí?
- Donde cuadra mi familia en toda esta mierda. Después de todo me arrastraste a tu departamento con ese pretexto.
- El problema es que la historia se cruza con otras que debo exponer ante los Jethis. 
- Aja...no se si notaste Layla que me chupa un huevo toda esa palabrería sobre el fin del universo.
- Entonces solo te contare lo que respecta a tu familia, el resto lo podrás escuchar en el bosque.
- Así me gusta.
***

- ¿Y por donde quieres empezar?- Dijo Layla trayendo un cenicero a la mesa de plástico donde estaban sentados. Crisald, con las espaldas recostadas sobre el largo banco acolchonado le respondió sin miramientos:
- Por donde sea que empiece, tengo que saberlo todo.
- Bien, no me guardare nada. Tendrás que vivir con ello....

Crisald no comprendió bien a que se refería con "Vivir con ello". Digamos que los últimos días de su vida había acumulado más cadáveres que la morgue de la ciudad y por el momento eso no parecía llevar consigo muchos problemas de conciencia.

Alaysa se ató los cabellos negros y ondulados, acomodándose en su asiento como quien se prepara para testificar en algún juzgado. Los autos cruzaban por la avenida del otro lado del cristal empañado y empapado por la lluvia, formando cataratas cristalinas entre las luces distorsionadas de los locales de enfrente.
- Supongo que todo empezó en una fiesta que organizo el Barón Ferdinand hace unos 12 años, allá por los ochenta. Vos estabas ahí, aunque eras menos alto y bastante más simpático a los siete años. ¿No lo recuerdas?
- No...de chico íbamos a muchas de esas fiestas con la familia...las odiaba. Siempre quería quedarme en casa jugando al Zintendo. Pero Mamá me obligaba a vestirme como un monigote y a participar de esas cosas tan odiosas.
- Yo sí me acuerdo Crisald, de hecho, llamaste la atención de todos esa noche.
***
Afueras de Blondres, año 5981 Mansión de la Familia Ferdinand.
N/A: Perdón por la Obviedad en la elección de la canción.
Música
Crisald estaba como loco observando el pasillo que llevaba al salón de fiestas de la casa de Ferdinand, ese hombre de cabellos largos y oscuros con aspecto de empresario "Joven" sin duda había invertido bien su dinero en los últimos años. A pesar de que los Larenthguer contaban con una buena fortuna, a Crisald su casa le parecía pequeña, simple y rustica a comparación de este Versalles Himburgues. Paredes imponentes como murallas de un reino, sirvientes que vestían trajes tradicionales y ventanales que parecían salidos del aeropuerto hacia un jardín que a ojos de Crisald (De siete años en ese entonces) se perdían en el infinito.

Había mucha luz, de candelabros y velas, arañas de cristal, pinturas del renacimiento (todas originales, parte de la colección del dueño de la casa) y tantas toneladas de Oro como los conquistadores Bespañoles soñarían. Nada allí sobraba; no era cargada ni grasa. Era justa, era fina y hermosa. Probablemente fue esta la primera cosa que Crisald deseo para él en un pensamiento muy Vlaind. El establecimiento sin duda reflejaba la grandeza de la cual venía su raza y el no dejaba de sentirse orgulloso por formar parte de este circulo tan selecto de personas.

Por detrás llego la vos de su madre, autoritaria y enfadada aunque susurrando:
- ¡Crisald! ¿Donde te habías metido? Te dije que vinieras directo al salón de fiestas. El evento esta por comenzar.
Su padre llegó por detrás, sosteniendo una copa de Champagne y con su sonrisa debajo de su bigote rubio y fino. Robert Larenthguer, el millonario al que todos les caía bien. El hombre de negocios que gustaba de salir de caza con sus perros y leer novelas de Shakespiere en voz alta  dentro de su estudio por un fracasado deseo de ser actor de teatro.
- Vamos Hijo...luego le diré a los sirvientes de Ferdinand que te muestren el lugar en persona.
Crisald fue hacia su padre y madre. En aquel entonces llevaba un corte clásico y horrible para niños, los cabellos peinados con gomina hacia el costado. Una perfecta imitación de Ricky Ricon, aunque algo más moreno y decididamente mucho más rebelde que este último.

Su madre se percató de que sus ropas estuvieran en orden, le ajustó la camisa refunfuñando por que su hijo la había arrugado. Odiaba esa ropa, lo hacia sentir un embutido muy caro y le apretaba los hombros y la entre pierna.  
- ¿Cuanto va a durar este bodrio papá? ¡Quiero jugar al Space ocupants con Jeffrey! (Jeffrey era el mayordomo de los Larenthguer)
Antes de que Robert pudiera responderle su madre le dijo en su tono marcial de Valkiria:
- Cris, este evento es muy importante para tu padre. Aquí hay gente con mucho dinero que podría poner inversiones en la compañía de la familia. Así que más vale que te quedes callado en la cena. ¿Si?
- ¿Y para que queremos más dinero?
- Jajajaja- Rió su padre con su clásica pose de millonario: - Crisald, el Vlaind Humilde algo que no se ve muy a menudo. 
- La economía anda mal hijo. Continuo su madre. - Y en tiempos como estos se debe tomar todo lo que se pueda. Cuando seas grandes y manejes la empresa de la familia vas a saber entenderlo.

Los Larenthguer caminaron hasta el centro del pasillo donde se encontraban dos puertas altas e imponentes, con cerrojos de plata en forma de Leones desafiantes. El muchacho ya podía escuchar el sonido de la banda del otro lado del salón. Se habían retrasado debido al trafico y el evento había comenzado hace unos  15 minutos, pero formalmente la cosa empezaría dentro de una o dos horas hasta que todos los invitados saludaran al Señor Ferdinand, quien esperaba paciente del otro lado de las puertas. Su padre arreglo su corbata y palmeó a su esposa en la espalda:
- Bueno cariño, a vender y a hacer negocios- Iba a golpear las puertas cuando por detrás el sonido de la voz de una mujer, en un gemido bastante tímido y chistoso se les cruzó por los oídos.

Bajo las palabras de Layla, Crisald recordaba por primera vez el momento. Una mujer alta y muy hermosa llegaba sola desde las escaleras que ascendían al primer piso. Venía apurada tratando de colocarse un zapato. Su vestido era de color azul profundo y sus cabellos eran sin duda la cosa más hermosa que un hombre pudo haber visto en la tierra. Largos, poeticamente ondulados y rubios. Llevaba un collar con una gema del mismo color que el vestido sobre sus pechos y extendía sus manos hacia Robert.

- Esperen por favor...- Dijo la mujer terminando de colocarse el zapato y acomodando su bolso.

Era Liavenna Enarmarr. Así entro en su vida y en la de su padre esa mujer. Por llegar tarde a eventos a los que nunca asistía, por que él se demoro mirando la opulencia de la mansión Ferdinand. O porque Liavenna cambio de planes a último momento esa noche.

- No tengo el agrado de conocerla señora...- Dijo Robert.
- Liavenna, Liavenna Enarmarr señor Larenthguer. El profesor Klauss me ha hablado de usted...- La Vlaind se sonreía como una pequeña de 17 años nerviosa ante tanta gente. Nada en el recuerdo de Crisald ajustaba a lo que siguió  7 años atrás de la actualidad.
- Lamento haberlos detenido, pero no quiero ser la última en ingresar tarde.
Su madre y su padre se rieron.
- Conocemos de usted por su nombre, es una eminencia dentro de nuestra nación señora. Dijo la esposa de Robert saludándola.
- Bueno, no suelo venir a este tipo de cosas. Pero cuando me dijo mi ayudante que era para recaudar fondos para los niños con HIV no me pude negar. Fui medica en otros tiempos y siempre odie ver a los niños sufrir...Hablando de niños..-Dijo Liavenna llevando sus ojos a Crisald. - ¿Quien este pequeño tan buen mozo?
El padre poso sus manos sobre Crisald. - El es Crisald. Mi hijo Crisald Larenthguer.
- ¿Y Que edad tiene este muchachito?- Dijo Liavenna inclinándose sobre el chico. El Vlaind de Rolando la miraba absorto. ¿Porque su maestra del primario no podía ser así de hermosa y perfecta como esta mujer?
- Siete. Recién cumplidos.- Contesto el muchacho.
- Siendo un chico tan bonito debes tener muchas novias...- Repuso Liavenna.
Crisald miró a su padre sin saber que contestar. Pero nadie le dijo que decir, por lo cual apelo a su "finura Vlaind".
- ¿Novia? No...¿No quiere ser usted mi novia señora?- Pregunto inocente el Vlaind.
- ¡Crisald! No seas insolente. Chisto su madre.
Liavenna no le quitaba los ojos de encima y viceversa.
- Mmmm, bueno no tengo pareja para esta noche ¿Porque no entras conmigo al salón como mi acompañante?

Robert, un gran vendedor dijo:
- ¡Ja! Maravilloso, Le invitamos a que se siente en nuestra mesa si es que no es molestia para usted.
- Me parece una genial idea. No es de buena educación hablar de dinero en la cena, pero tengo interés por sus pozos petroleros en Salef del norte.

Las puertas se abrieron y Crisald tomó de la mano a Liavenna ingresando con ella al salón de fiestas. Robert dijo por lo bajo a su esposa: - Y vos no querías que el viniera...¿Viste como la cautivo? 
***

- La Mujer de Azul. Dijo Crisald llevándose la mano a la cara. Alaisa asintió. En los cielos comenzaban a desmoronarse las nubes en forma de agua. - Ahora la recuerdo...sí. Creo que cronológicamente la relación entre mi viejo y mi vieja empezó a irse a la mierda a partir de esa noche. Por eso Liena dijo que eran amantes.
- Te pasó algo muy feo en esa fiesta...¿Lo recuerdas?
Crisald se llevó la mano a su barbilla, tratando de prender las luces en ese cuarto inmenso de su mente llamado "Memoria". Últimamente el único pasado importante para Crisald iba desde la muerte de sus seres queridos en adelante, lo demás se había ahogado en muchas botellas de Whisky durante los primeros años que vivió con Liena.

Vino a su cabeza la imagen de una estatua de un soldado que llevaba un yelmo tenebroso, afilado y monstruoso. El recuerdo de un frío mortal entre sus miembros y el apagado sonido de los gritos de su madre a unos metros de allí. Su cuerpo cayendo inerte en la hierba verde del jardín...la voz de la mujer de azul detrás de la de su madre. ¡Señora Larenthguer! aguarde yo soy doctora...
- Creo que enferme...¿Puede ser? Enferme de gripe o algo parecido.
- No. - Dijo Alaysa - Te dio una enfermedad muy particular entre los Vlaind...
Como si acabara de ganar dígalo con mímica Crisald gritó recordando de pronto:
- ¡Atrisus! ¡¡Esa noche me dio Atrisus!!

***
Witters Alley 0.23 Hrs
Tres bolas de fuego iluminaron el cielo en menos de siete segundos. El primer pan de dinamita estalló al costado del Goodyes haciendo que el poste de "Bienvenida" de Witters Alley saltara por los aires envuelto en llamas, la madera se partió en cientos de afiladas astillas. El camión perdió el equilibrio y se inclinó a la derecha por la fuerza descomunal de la explosión,  Rise apretó el segundo detonador. Desde la canaleta surgió un arrollador estallido que destrozó la parte media del vehículo  partiendolo en dos mitades casi iguales. Por último, cuando la cabina del conductor aterrizó sobre el camino, rebotando entre chirridos y chispas, la tercera bomba le dio el golpe de gracia, levantando hacia los alrededores todas las piezas restantes. Los neumáticos en llamas se dispersaron tanto atrás como adelante del camino, rodando solitarios, con aspecto enloquecido sin destino seguro.

El pavoroso estruendo de los metales y las esquirlas fue disminuyendo rápidamente hasta que solo quedo el murmullo de piedritas de asfalto cayendo en torno al lugar. Finalmente el silencio cubrió el área y lo único que podía escucharse era el murmullo de las llamas crepitantes en torno a los restos del Goodyes. Hasta que la voz de Rise rompió con el mismo:
- ¡Dani, Miranda, las dos atrás de mi formando un triangulo. Por debajo del piloto salio la Remington, brillando con su negro cuerpo antes las llamas.
Miranda desenfundó las dos Ballers y Daniela le quitó el cerrojo a su Beretta.

- ¿Esta vivo Dani?- Pregunto Miranda tratando de que sus ojos cruzaran la humareda dejada por el incendio del cartel de bienvenida.
- Creo que sí...- Respondió ella sin quitar sus ojos de la montaña de chatarra ardiente.
Música
Como preparado por fuerzas oscuras, hubo un silencio desamparado por unos breves segundos. Los tres compañeros tuvieron el mismo pensamiento. Lo que fuera que estaba enterrado entre los restos del Goodyes no sería Karl, ni un Dracida, ni siquiera algo Humano. Rise se aferraba a la escopeta sin quitar su vista de las llamas y el humo, aguardando aquel instante cegador en que el asesino emerge por sorpresa y comienza la jalea. El Pikerl en la culata de la hitaca empezó a brillar modestamente. Miranda lo vio, pero no dijo nada, ni siquiera se atrevió a mover la lengua. Sabía su significado mejor que nadie.

Daniela, con los ojos encendidos en amatista reparó que en el suelo, a pocos metros de ella, había una cosa negra similar al aceite. Humeaba y, si la esquiva luz no le mentía, se movía muy lentamente. Como gimiendo y achicharrándose ante las inclementes llamas.

Era Sangre.
No, no era colorada. Era profundamente oscura como las cosas que yacen más allá de los muros de la noche donde ya no alumbran las estrellas. Era la sangre de lo que sea que se escondía entre los escombros.

- Miranda, despeja el área por favor...- Dijo Rise Cargando la hitaca, soñando con que la figurita tallada en la culata por Miranda cumpliera su función.

La Dracida de Sigmund guardo una de las ballers en su cinturón y con la mano izquierda abierta hizo un movimiento sutil, como de danza. A su orden el humo empezó a alejarse de allí al igual que el polvo, que ya los cubría a los tres. La llovizna que había comenzado hace algunos minutos mojaba el asfalto y castigaba el fuego. 

- Esta herido, eso seguro. Dijo Daniela. - Sin dejar de observar aquel liquido negruzco.
- ¿Que tanto...?- Pregunto Miranda.
- Lo suficiente como para estar sangrando...- La Avista señalo con su cabeza el extraño material.

El velo de humo y polvo se marchó a la orden de Miranda. Tras correr la cortina se apareció la silueta de Karl, aun no visible a la luz, sino como una forma oscura entre las largas sombras de los pinos del bosque. Los tres pudieron percibir fácilmente el sonido del hacha rasgando los materiales debajo de su filo, torpe y dormida descansaba en el único brazo que le quedaba a Karl. Las bombas habían hecho bastante estragos en su cuerpo. Su extremidad superior izquierda se había desvanecido, era solamente un colgajo de músculos y piel de 60 centímetros de largo.

Ninguno de los tres compañeros se digno a moverse antes de verlo claramente. Tenían una morbosa curiosidad por saber en que cosa se había transformado el monstruo que los perseguía. Finalmente un neumático en llamas le ilumino el frente. Karl paso a su lado observándolo como quien ve algo desconocido, o que no espere que se encuentre allí.

Ahora el Jethi de Frigord tenía la mitad del rostro llena de pequeños pedazos de acero candente pegados a su piel. Aun humeaban formando graciosos vapores y un olor nauseabundo. Su ojo izquierdo había perdido las cejas y parte del cráneo. Como en una lamina de Biología del primario, toda la extensión izquierda de la cara, a excepción del cerebro, había sido desprovista de piel, gran parte de ella todavía se aferraba con hidalguía a su cuello. De los labios le quedaba apenas un 30 por ciento, el resto era dominio de unos dientes y encías superantes de sangre...de sangre tan negra como el carbón, lustrosa y espesa se derramaba del brazo para hervir debajo del asfalto ardiente.

La criatura que dominaba al Jethi de Frigord ya había conseguido destruir la psiquis del pobre hombre de Lindisia. La había aniquilado, estrangulado. Su último suspiro fue el llamado a la MI5. Ahora el huésped indeseable tenía lo que quería por fin. La suma de errores de sus contrincantes la habían llevado hasta Daniela.

Ahora avanzaba hacia ella y los otros dos Dracidas. En un movimiento robotico pero celérico levantó el hacha de combate y la lanzó con una fuerza descomunal directo hacia la muchacha. Hacia la Avista. Elmer giró sobre si misma tan precisa como un misil de ultima generación, riendo con cada vuelta carnero que daba.  Cruzó las llamas y el aire bajo las gotas de lluvia y se preparó para abrirle en dos el pecho. ¿Para matarla? No, claro que no. Para tener el control sobre ella una vez más y dar rienda suelta, de verdad, a sus propósitos oscuros.

La espada de Mirada se interpuso ante Elmer. El acero chocó y desperdigo su grito en los alrededores silenciosos. Volvió a manos de Karl como un bumerán. Este reanudo su avance, lento y jadeante. A pesar de que los músculos de su cara se encontraban en un rictus espantoso a todos le dio la sensación de que reía frenéticamente.

- Bueno. Nos toca Miranda. A la cuenta de tres.- Dijo Rise.
Música
Sin necesidad de un cronometro los tres le saltaron al ataque aguantando el miedo y el horror que les producía la cosa que rodeaba a su enemigo. Atravesando las llamas  los tres compañeros salieron al ataque decididos. Rise disparó con la Hitaca, pero Elmer pudo bloquear el disparo. Los perdigones se desviaron en variadas y peligrosas direcciones. Rise volvió a intentarlo varias veces con las vainas de los cartuchos saltándole por detrás del hombro a medida que corría. Uno impacto en la pierna derecha y otro directo al estomago. La camisa blanca de Karl estalló emanando aquel liquido negro fuera de él.

Miranda fue armada con su espada en una mano y la Baller en otra. Sin demasiado puntería atinó a la mano que sostenía a Elmer y esta cayo al suelo, quejándose . La espada de la Dracida profundizo la herida provocada por Rise haciendo un tajo limpio de abajo hacia arriba. Gracias a su habilidad se alejó de Karl antes de que este pudiera atacarle. Daniela desprovista de armas cuerpo a cuerpo le impacto con dos balas en la cabeza sin moverse de su posición.

Como todos esperaban, el contra ataque de su enemigo estaría a la altura del desafió. Y aunque ellos no lo supieron, la sangre en la que Rise baño sus espadas y balas estaba haciendo efecto. La criatura que habitaba en Karl no podía concentrarse percibiendo el ardor del Rettem en las balas que su cuerpo había recibido. Ardía como fuego para ella, como solo la luz puede corroer las tinieblas.

Del brazo inexistente de Karl emergió una especie de fino y escamoso tentáculo. Algo repugnante y lustroso ante las llamas. El mismo salio eyectado, lleno de tensión homicida y tomó a Miranda por el talón cuando esta se alejaba. Ella sintió como si el lazo de la mujer maravilla estuviera atrapándola. La levantó a unos 10 metros del suelo y la llevó con la potencia de un tornado hacia los restos de la cabina del Goodyes.

La Dracida de Sigmund pudo sentir el agua de la lluvia golpeándole la cara por unos  2 segundos, como si se encontrara de pronto en el centrifugado de un lavaropas asesino. Daniela, quien aun tenía cierta conexión con ese bicho atino, contra toda probabilidad, con su beretta a la parte superior del tentáculo. Miranda cayó profesionalmente en el suelo, haciendo una vuelta carnero.

Rise quien se había acercado lo suficiente, le dio un culatazo con la Hitaca  en la mejilla sana de Karl. El Pikerl sí funciono. Un destello verde eléctrico, acompañado por el sonido de un cortocircuito súbito achicharró por un corto tiempo el lado derecho del rostro de Karl. Este se ladeo claramente herido, pero alcanzo a Rise con Elmer debajo de las costillas en un instante fatal. El acero se le hinco muy hondo y Rise trastabillo.

Con las gotas de lluvia nublandole la visión vio cara a cara a quien había sido Karl. Ahora una caricatura gore de su rostro lo observaba fijamente con su cara humeante y ojo al descubierto. Los dientes brillantes y el maxilar rígido de odio. Porque Insisten Dracidas... Dijo la voz de una mujer.  Les he abierto las puertas del paraíso. 

El Jethi de Bilingord no hizo caso a sus engañosas palabras y soportando el dolor del vientre, con Elmer mordiendo como loco, tomo a su espada Aistriena  y se la enterró en el vientre, lleno de aquel liquido repugnante. La cosa gimió, un alarido atravesó las profundidades para emerger de la boca abierta de la bestia. El filo Dracida, con sus dos Dragones tallados en la hoja salio por la espalda. Rise la sacó para una nueva cuchillada. Pero su enemigo no le dio la oportunidad. Quitó a Elmer de Rise y lo empujó con su antebrazo. El Jethi cayo al asfalto caliente. Desde allí vio a Miranda lanzarse sobre Karl armada con su espada en forma de S. Escuchó la voz de Daniela venir hacia él.


Sobre su cabeza Miranda y Karl tenían un duelo de aceros. Elmer subía y bajaba con la fuerza de Mjolnir, el martillo de Thor, lanzando chispazos azules donde quiere que impactara. Miranda hacia lo imposible por no perder la guardia bajo los impactos de semejante mole. Rise tanteó entre el metal y las rocas buscando su hitaca. Miranda casi perdió la guardia pero se recompuso.  Rise gritó apurado, recordando lo que Daniela había hecho con la Lata de cerveza:
- Mi Hitaca Dani...-
La muchacha respondió Avistamente y en un santiamén su escopeta volaba hacia sus manos de manera recta y sagaz  producto de la telequinecia de la Avista.
Miranda, que sostenía esta lucha desigual cuerpo a cuerpo gracias a ser maestra de Esgrima hirió a Karl en su hombro con el filo de su espada ganando tiempo para Rise. - ¡Dale Rise la puta madre...!

Karl uso uno de sus poderes de Frigord conocido normalmente como "Inutilizar". El mismo se trata de golpear con el mayor uso de Rettem posible cualquier miembro de un enemigo. Si bien no causa dolor ni fracturas, duerme el  o los músculos que se impacten. Aprovechando el cansancio de su enemiga soltó a Elemer por un segundo y su puño derecho salio disparado hacia el brazo en que Miranda sostenía su espada. Por un momento el brazo de Karl tomo un fulgor azul oscuro, fueguino. Dio de lleno en el antebrazo de la Jethi de Sigmund y el brazo de esta quedo temporalmente muerto, dormido. La espada cayo y reboto en el suelo. La compañera de Rise creyó que aquí se acababan sus días de Dracida cuando la mole de Karl volvió a tomar a Elmer del suelo.

Los dedos del Dracida de Bilingord alcanzaron el gatillo de su escopeta justo a tiempo. Miranda saltó lejos de Karl y Rise le reventó ambos pies a Karl de dos escopetazos.  Simplemente se desintegraron en una mole de huesos y carne bajo el implacable plomo. Daniela tomó a Rise y lo alejó de Karl lo más que pudo.

Dracidas y Avista se agruparon para tener un respiro. Obviamente que el cuerpo del Jethi de Frigord estaba lejos de expirar pero de sus deformadas fauces se emitía un quejido lastimero de dolor y de odio, un odio sobrenatural y visceral.

Miranda, haciendo uso de su instinto o su conocimiento, levantó su mano derecha apuntando a Karl con el brazo bien extendido. Antes de que este pudiera recuperarse Miranda le hecho su fuego, que cruzó la distancia entre ambos como un desodorante al que se le pone delante un encendedor. El agua en torno a los dos se hizo vapor y las llamas envolvieron a Karl en menos de un segundo. Este empezó a girar sobre si mismo tratando de apagarlas, ensordeciendolos a todos con su griterío histérico que parecía ser emitido por muchas voces agónicas. Los Tres compañeros lo llenaron de plomo mientras hacia esto y al cabo de una tonelada de balas se quedo allí tendido, chamuscandose boca arriba en perfecto silencio.

- Ya esta...- Dijo Rise viendo sus restos carbonizados arder.
- Eso espero...la verdad que no era para tanto...- Contesto Miranda tratando de recuperar el movimiento de su brazo hábil.
- No...no lo esta..- Contesto Daniela . - Hay mucho más de donde eso vino...

Música
El cuerpo de Karl empezó a elevarse del suelo como si una mano invisible lo levantase. No se sontenia con sus desaparecidos pies, sino que flotaba con los brazos bien extendidos. Algo parecido a Cristo en la Cruz o ascendiendo a los cielos en Pascuas. La sangre negra que brotaba de todas sus heridas chorreaba de manera violenta, cayendo al suelo para volver a levantarse a modo de remolino. No era sangre aquello que lo cubría al estilo de brea...era una cosa viva...una cosa con conciencia y deseos Asesinos.

Rise, Miranda y Daniela se alejaron unos pasos, asustados y expectantes. La sustancia oscura cubrió por completo al Dracida haciéndolo parecer un humanoide compuesto por petroleo. Desde sus espaldas nacieron, arrancando la espina y la carne dos grandes alas . Como un polluelo que rompe el cascaron, las largas y emplumadas extremidades emergieron a modo de cuchillas. Un circulo de fuego eructo del suelo, cercándolos y alargando sus fueguinas lenguas hacia la noche. Dos cuencas amatistas aparecieron donde se encontraba el rostro de Karl y el liquido espeso empezó a caer al suelo nuevamente descubriendo otra figura, mil veces más infernal que la anterior.

Debajo del capullo había una mujer desnuda, con el fuego que ella misma había levantado iluminando su cuerpo vibrante y divino. Las plaquetas se separaban de su piel tersa y perfumada con fragancia a Jazmín. Sobre ella las nubes de Witters formaban un embudo que terminaba en un punto fijo en el cielo, donde giraba sobre si misma la estrella Amatista de Misinas, escupiendo rayos lacerantes en algún punto del universo.

La batahola de un céfiro violento vino desde arriba, como una ducha de providencia ancestral u poder infernal. El liquido negro liberó a su hija, La mujer Desnuda de la carretera flotando a 2 metros del suelo sobre ellos, con sus ojos ardiendo en llamas del mismo color que su ama, las alas largas de cuervo proyectando su sombra de agonía sobre la tierra y un gesto de rectitud, de juez. Una expresión de malévola sabiduría. Sus ojos los examinaban con un dejo de intriga pero también de desprecio.

Sus cuerpo, que acababa en dos piernas acaloradamente bellas, bajó de un saltito al suelo. Elmer voló a su diestra y tomó su figura original para convertirse en un mandoble  límpido y maravilloso. Nada más y nada menos que la espada de San Jorge que Merry fallo en "entregar" a Daniela. La mujer alzo la misma delicadamente posandola entre sus pechos redondeados.

Miranda, Rise y Daniela no tenían que recurrir a Google para saber quien era la Mujer Desnuda. A pesar de que físicamente no era muy parecidas, claramente se trataba del poder que había cuidado, acompañado y aterrorizado a Daniela desde su nacimiento en una clara manifestación física. Ella la había visto en sus pesadillas y también en la vigilia, siempre a su lado. Era el rostro detrás de todas las sombras y de todos los miedos.
Su Guardián
Su  malvado ángel guardián...
La Mujer Desnuda, la Ruina de  Witters Alley 18 años atrás.



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