domingo, 2 de junio de 2013

El Ritual de los Condenados XXXI

Capítulo XXIV
De Guatemala A Guatepeor
El Coyote nunca debería mirar hacia abajo
ADVERTENCIA:
Lector/a este capitulo en particular es muy extenso. Y no se ha podido cortar debido a razones dramáticas. No Queremos que usted se muera leyendo este blog. Por lo que le recomiendo que vaya leyendo según le parece deteniéndose en los asteriscos y retomar la lectura cuando mejor le parezca. Gracias por su atención y apoyo. También le indicamos que hemos cambiado el espantoso aspecto de los Links a la música por una sobria y apropiada Corchea. Solo haga click en ellos si desea escucharla mientras lee (Nosotros se lo recomendamos porque sirve para comprender la obra según la vio/imagino el autor) Saludos


PD: Los queremos mucho y apreciamos su apoyo. El Blog cumplirá un año el 10 de este mes. ¡Así que brindaremos en su nombre!

MUSICA♫

A algunos metros delante de Layla y detrás de Crisald, el televisor aullaba en el establecimiento vacío como parte del paisaje desolado de Oldbridge una noche tan fría y lluviosa como esta. "El Show de David Holan" estaba siendo emitido; David Holan había sido un humorista muy famoso de los años 60 que murió tras caer de un balcón en condiciones sospechosas. Todo tipo de conspiraciones inundaban paginas de libros sobre su supuesto asesinato.

Vestido de científico en un laboratorio junto a su compañero, Roberto Garcia, (Latino que continuaba con vida) hacían las morisquetas que provocaban sonrisas a los pocos clientes de Los Cinco Gatos a estas horas de la noche.
- ¿Y este botón para que sirve Profesor?- Preguntaba Holan inclinándose sobre una maquinaria claramente echa de cartón pintado.
- ¡No toque eso!
- ¿Esto?-
El sonido de una explosión era acompañado por polvo que rodeaba la pantalla. Luego ambos humoristas aparecían con la cara llena de hollín.
- AH...ya veo para que servia. Risas Grabadas

Debajo del receptor de television Crisald llevaba sus manos a la cara. Al igual que Holan en el programa, había apretado el botón que Liena y otros le rogaron que no presionara. Sus manos fueron al café y bebió varios tragos. Entre nervioso y un poco mareado. Layla lo miraba condescendiente, esperando a que el Vlaind regresara al planeta tierra.
- ¿Puedo continuar?- Pregunto Alaysa al Vlaind.
- Bueno...que tan malo puede ser. Creo que ya me figuro a que va esto...esa noche enferme de Atrisus y mi familia no encontraba medico capaz de curarme...casi nadie, ni siquiera los Vlaind de la casa encargados de nuestra salud conocían en profundo esa enfermedad...Pero papá si conocía a una Vlaind con la suficiente antigüedad como para estar al tanto del método de cura...¿Que tan lejos estoy de la verdad?

- Nada cerca...
- Bua...- Contesto Crisald decepcionado.
-Según lo que me dijo Liavenna el asunto fue el siguiente.


***
La Madre de Crisald no deseaba que su hijo asistiera a la fiesta porque se había sentido enfermo el día anterior. En ese momento Himburgo pasaba por un otoño bastante crudo y el Heredero de los Larenthguer sufría de una leve fiebre. Los médicos de la casa lo atribuyeron a las bajas temperaturas que tan de pronto habían llegado tras un verano muy cálido, seguramente era uno de los primeros casos de Gripe ese año.

Pero en la mañana  previa a la fiesta Crisald se sentía lo suficientemente bien como para andar en la casa de aquí para allá jugando con sus cosas. Y su padre creyó que sería una buena idea que los acompañara para que viera como se hacían los negocios en el mundo Vlaind. Algún tipo de lección de padre a hijo con moraleja al final del postre. Su madre no quería saber nada con este asunto, pero a menudo exageraba tanto con respecto al cuidado del muchacho que hasta Crisald se sintió algo feliz de ir a la fiesta con ellos. Por lo general, pasada la cena, lo dejaban ir a jugar por ahí con otros chicos de su edad hasta el final de la cuestión.


Musica


Sea como fuera, Crisald efectivamente se sentó al lado de Liavenna Enarmarr esa noche y mantuvo el pico cerrado lo que duro el evento. Le gustaba su nueva e inesperada amiga, no lucia como las matronas de otras familias conocidas, ni se regodeaba de su fortuna frente a sus padres. Mas bien, a su edad le pareció que Liavenna se moría de ganas por tener un amigo en este mundo y a juzgar por la forma en que conversaba con su padre había logrado su cometido. Soñando con traer inversiones a sus fabricas y pozos petroleros Robert  se la paso vendiendo la empresa familiar a Liavenna. A la cual solo conocía por la fama de su antigua y enorme fortuna o esporádicos comentarios del Profesor Klauss, maestro de Crisald.

Luego de un abundante postre Crisald tomó de la mano a su madre, en su rostro le rogaba que lo dejara salir de allí al patio exterior. Su madre le negó con la cabeza varias veces y llegó a patearlo por debajo de la mesa para que el muchacho desistiera. Hacia mucho, mucho frío esa noche. Cuando Liavenna noto la incomodidad del muchacho le dijo a su padre:
- Creo que si seguimos hablando vamos a matar a Mesie Crisald de aburrimiento.
Crisald sonrió satisfecho afirmando con la cabeza.
- ¿Porque no vamos a la barra de cockteails y dejamos que Mesie Crisald se libre de nuestra aburrida platica?
Robert, que estaba por llegar a un acuerdo con Liavenna despachó al muchacho en dos segundos. Su madre, trinando de furia acompaño a Robert, pero le dio una directiva expresa a su hijo:
- Ni se te ocurra salir al patio. Te vas a enfermar. Juga por donde podamos verte y no hables con extraños.
Tal y como hizo con Liena muchos años después, Crisald mintió a la perfección y anduvo entre las mesas con tranquilidad viendo que cosa de allí podría divertirlo. Y al percatarse de que su madre estaba ahogando su preocupación en muchos Martinys se escabulló por el salón hasta el patio exterior.

No hay razón para mentir, los padres de Crislad no se amaban demasiado. Siempre pensó que ellos habían dejado de lado esos sueños de "Amor y felicidad" por cosas más importantes, como los negocios y el poder de la familia. Aunque nunca le quedo duda a Crisald que su madre sí lo amaba, tal vez demasiado, estrangulándolo de amor. Y Robert también aunque era esa clase de padre al estilo "Haz lo que digo, pero no lo que hago"

Los amoríos de Robert Larenthguer con cualquier Vlaind que llamara su atención era el chisme de las señoras adineradas de Himburgo. Era muy apuesto, con esa finura de galán de Hollywood de los años 40 y sin la idiosincrasia arrogante y pomposa de la mayoría de los Barones Vlaind. No era nada extraño que una persona tan sumida en la oscuridad como Liavenna sintiera cierta atracción por él.


Cuando Crisald llegó al patio encontró en los jardines muchas estatuas. Todas ellas de grandes señores de los Vlaind, de esos que Jeffrey o su padre le narraban, o las cosas que le contaban las Sirenas de la casa mientras lo bañaban. Había una por cada orden, la de Balabord era la central y descansaba sobre un pedestal de mármol negro. El rostro gallardo y valiente del Hijo de Namidian miraba hacia el cielo sosteniendo una lanza que lucia real.

Como un chico en una jugueteria, Crisald empezó a buscar la estatua de Rolando en ese enorme jardín lleno de fauna y flora. Había algunos gansos y patos entre lagos artificiales, bancos para sentarse y faisanes andando por ahí. Nada que un chico pueda resistir.

Corrió entre los animales y persiguió a los gansos, quienes graznaban como idiotas cada vez que el demonio de Crisald se les acercaba corriendo. Anduvo por caminos de piedra buscando los secretos de aquel jardín de ensueño que se extendía hasta la eternidad. Y en verdad corrió y jugo tanto con todo lo que veía que empezó a sudar mucho. Al punto que se encontró empapado y congelado por la baja temperatura. Agitado, algo en su cabeza le dijo que era hora de volver con mamá y papá. Pero tan pronto como quiso hacerlo se dio cuenta que estaba perdido.

Buscó y buscó, sin dejar de imaginar que era el propio Balabord en tierras extrañas que pronto serian todas suyas. A la vuelta de un sendero, desde donde ya se divisaba la casa, una hora después algo salio mal. Justo cuando llegaba a la estatua de Rolando sintió que las piernas le flaqueaban y que la cabeza le daba vueltas. Se resistió, creyendo que era producto de la agitación, pero el mundo se volvió algo salido de sus series animadas favoritas. El piso se ondulaba como un columpio y las estrellas en la noche clara se fueron de foco por un segundo. Crisald rodó sobre si mismo, como si estuviera borracho, y vio de pronto la cara de Rolando.

Al parecer el artista no era muy fan del Señor de la Caballería Vlaind. Por lo que en vez de retratarlo con sus hermosas facciones le puso su Yelmo de Combate. La estatua, en mármol negro a diferencia de las otras, era la viva representación de un monstruo enardecido que cargaba un escudo redondo y una espada fatal sobre sus hombros. Los ojos negros, llenos de odio y la boca que simulaba ser las fauces de alguna criatura sobrenatural se volvieron sobre él para devorarlo. El Vlaind apoyó su mano sobre el pedestal sintiendo que no podía mantenerse en pie y que de pronto la temperatura había descendido a mil grados bajo cero.
- Mamá...- Empezó a llamar sin fuerzas.
Desde la galería del patio trasero Liavenna lo vio andar vacilante. Y creyó que la historia se repetía. Cientos de veces había tratado, curado y no podido salvar a muchos niños Vlaind en la antigüedad durante las guerras de su raza. Tenía una fuerte debilidad por los pequeños, especialmente por no haber podido nunca engendrar uno propio.

- Señora Larenthguer.- Dijo con un tono de preocupación. - Creo que Crisald se siente mal.

El Vlaind volvió a llamar, pero su voz apenas le era audible. Trastabillo y se desplomó en el suelo como alcanzado por un rayo. Lo que siguió a esto fue la histeria de mamá, la preocupación de papá y la imagen de Liavenna viniendo corriendo hacia él.
MUSICA♫


Las voces llegaban en ecos distantes.
- Esta volando en fiebre señora Larenthguer.
La mano de su madre se posó sobre su cabello. Él solo veía imágenes distorsionadas y se sentía dentro de un zamba invisible.
- Tuvo algo de fiebre ayer. - Contesto su padre. - Ah de ser gripe sin duda.
Su madre lo levantó en brazos. Crisald quería decir algo, pero aunque era consciente de que no se estaba muriendo, comenzó a preocuparse. Algo le indicaba que esto no era para nada parecido a la gripe.
- No...esta fiebre es muy alta para ser eso señor Robert. Llévenlo adentro de inmediato.- Gritó Liavenna a los siervos de Ferdinand, quien entre otros invitados miraba muy preocupado lo sucedido.

Crisald podía ver sus propios zapatos, estaba acostado sobre los brazos maternos en una sensación de calma muy extraña. Las estrellas pasaban sobre él a modo de papel tapizado y la mirada de esa bonita mujer llamada Liavenna le traía tranquilidad, a pesar de que en sus ojos solo había un dejo de profunda y genuina preocupación.
La voz de Ferdinand vino desde algún punto del planeta tierra.
- Llamare a mi medico. ¡Cheryl! dile a Carlos que venga ya mismo para acá.

Sintió que su madre lo depositaba sobre una mesa. Estaba fría y se sentía dura.
- ¿Que tienes hijo? ¿Dime que tienes?- Rogaba
- Me siento como si...fuera a vomitar.
La mano de Liavenna se poso sobre su frente y luego examino sus piernas.
- Sientes cuando te toco aquí Crisald?- Pregunto la bonita mujer de vestido azul.
- Mmmm no mucho...es como si se me hubieran dormido las piernas.

Solo una persona como Liavenna presente allí podría saber a que se debía esto antes que otros. En su época no había tiempo para exámenes de sangre, ni antibióticos ni radiografías.
- ¡DIOS MIO TIENE POLIO!- Grito su Madre.
- No, no..creo que es otra cosa.
- ¿Usted es medica verdad?- Dijo Robert.
- Medica Vlaind, lo fui hace muchos años. Trabajaba con las enfermeras durante la guerra en mi juventud.
- ¿Y entonces?- Pregunto su madre.
- Puede ser un caso de Atrisus..no es muy normal hoy en día...pero puede suceder.
- ¿Atrisus? Eso es imposible...- Respondía su madre resignada.
- Dije que es posible y no que sea así. Fiebre muy alta y perdida de la movilidad en las piernas es uno de los primeros síntomas. - ¿Te duelen los brazos Crisald?
- No..
- ¿La espalda hijo? ¿Te duele la espalda?- Pregunto Robert
Crisald, solo se asustaba más a medida que le preguntaban cosas.
- No..no..se. Me quiero ir...

Las luces se movieron y se apagaron y volvieron a moverse. Las manos blancas de Liavenna abrieron su camisa a una velocidad de profesional. Apoyó sus oídos en el pecho del niño, eso le trajo calor y cierta sensación de consuelo.
- El corazón esta bien. Traigan unos almohadones y pongan sus piernas bien arriba, así por lo menos vamos a detener el mareo. Sus padres y Ferdinand reaccionaron rápido. - No te preocupes Crisald creo que solo te bajo un poco la presión..- Siguió la mujer de Azul dando tras tomarle el pulso con su reloj.
- ¿Donde esta el Medico Ferdinand?- Pregunto Liavenna.
- Ya viene...Ya viene pequeño, no te preocupes.. Le dijo el señor con aspecto de Estrella de Rock sonriendo.

Estando ahí tendido el heredero de los Larenthguer solo podía observar las caras atónitas de muchos desconocidos, a excepción de Su familia y la mujer de azul. Los ojos de los presentes rosaban la indiferencia total, por un instante tuvo el extraño pensamiento de que quienes lo rodeaban lo dejarían morir. Solo estaban interesados en ver si efectivamente presenciaban una súbita y extraña tragedia para contar en sus reuniones de masitas finas con sus amigos o sus reuniones de Cocktails.

- Abran paso...- Grito una mujer rubia de cabellos cortos empujando a varios de ellos. - Allí viene el doctor.
- Gracias Cheryl...- Musito por lo bajo Ferdinand.
Un hombre moreno, de bigote ancho y mirada amable depositó sobre la mesa su botiquín. -Hola campeón...- Dijo con cierta dulzura. - Soy Carlos, te voy a examinar un poco sí?
Crisald asintió

Luego el matasanos se dirigió a los padres. - Voy a llevarlo a mi consultorio y lo vamos a revisar. No se preocupen.- El doctor hablaba con un tono de calma que a Crisald le resulto muy apropiado para la situación. Se preguntó (como haría toda la vida) si le enseñan a los estudiantes algún tipo de técnica para calmar a la gente durante las emergencias o si era solo el talento natural que hace la diferencia entre un buen y un mal medico.

El traslado hasta el consultorio le recordó a las películas de acción. A pesar de sentirse bastante mal no podía dejar de pensar en que había algo excitante en la situación, algo que normalmente le pasaba a los adultos en la television o en el cine. Sin embargo, con sus pocos años en esta vida, ya podría pavonearse con sus amigos diciendo que sobrevivió a una emergencia medica digna de M.A.S.H

Ademas, estando aun bastante consciente de que la Muerte se encontraba muy lejos de allí (rondando en algún cementerio  quizás) recordó lo bien que todo el mundo lo trataba luego de enfermar. Las Sirenas de la casa dormían con él en su cuarto, le llevaban el desayuno para tomar en la cama y Papá llegaba con algún regalo imposible de conseguir como el Zintendo. Esta vez, pediría un Caballo...un caballo blanco como el de sus sueños.

***
En Los Cinco Gatos, Crisald completaba con aquello que podía recordar de estas cuestiones mientras bebía una cerveza permitida por su compañera. No solía hablar sobre estos temas con Liena, porque siempre odiaba que se lo encasillara en el papel de "El Niño rico que tiene tristeza" Alaysa lo comprendía sin embargo. Tras tener muchos años en este mundo sabía que para los Vlaind de Rolando todo lo que sucede dentro del ámbito de la Familia es bueno y sagrado. No importa que depravaciones puedan ocurrir. Uno es su apellido, con las cosas buenas y con las cosas malas. Es obligación del Heredero llevar el mismo, no al éxito, sino a la Vanguardia del éxito en lo posible.

Para esta camarilla de caballeros tan sombríos, no importa si tu padre es una basura, si tu madre es una loca adicta al prosac o si tus abuelos fueron genocidas de las SS. Lo único que debe importar es que capítulo sumara uno al álbum de fotos familiar. Pero sobre todas las cosas debe ser Glorioso...Y la Gloria no es solo territorio de la bondad...sino que tiende a pasarse al lado opuesto sin reparar mucho en dilemas morales.


- Claro que cuando me revisó no encontró nada fuera de lo normal.- Dijo Crisald tras beber un largo trago de una Milton- En unos minutos mis piernas estaban bien, aunque continuaba teniendo fiebre. Para variar atribuyó esta última a una gripe en desarrollo y un bajón de presión por haber estado corriendo. Me envió a hacerme exámenes de capacidad pulmonar y ese tipo de cosas. Todos sabíamos que era muy raro que un Vlaind visitara al medico...pero a veces esas cosas pasan.

Al día siguiente, cuando me despertó el mayordomo, no podía levantarme. Simplemente no era capaz de levantar las piernas más de unos centímetros, las sentía adormecidas y algo frías también. La fiebre continuaba en 39 y sudaba frío...mi vieja entro en Shok, estaba obsesionada con eso de la Polio. Cuando ella era chica una amiga humana, hija de una criada de la mansión, murió de esa enfermedad. Desde entonces donaba su dinero a muchas fundaciones que buscaban vacunas y curas para enfermedades de ese estilo.

Creo que estuve así dos semanas, mejorando para volver a enfermar. Por suerte le toma bastante tiempo a uno morir de Atrisus, solía ser mortal en tiempos antiguos, especialmente para los chicos entre 1 y 10 años. Me empezaron a medicar con cosas de Vlainds y ya estaba como nuevo. Pero mi vieja estuvo aterrada en esos días y mi papá gestionaba todo lo posible por encontrar la cura...un secreto perdido en el pasado supongo.

Layla tomó de su lata de Coca-Loca
- Entonces ¿Ya sabes quien te la  curo verdad?
- No recuerdo su nombre...el medico que me visitaba era un tal Jhon...un tipo estirado y con cara de pocos amigos y para nada amistoso.
Alaysa le dio un golpecito en la frente a Crisald, quien se aferraba a su versión de la realidad. La única en la que, de momento, podía sentirse a gusto.
- No soy Idiota Alaysa, Liavenna nunca vino a mi casa....la recordaría.
- No al menos en persona. Contesto Layla.
- ¿A que te refieres?

Layla hizo un gesto de sorpresa. No podía creer que fuera tan cabeza dura.
- Con razón te ha ido tan mal en la vida Crisald. Le disparas a las pruebas a medida que llegan ¿verdad?
Crisald hizo una mueca como reconociendo su argumento. Matar, asesinar y hacer explotar cosas es un buen método para descubrir y ocultar la verdad al mismo tiempo.
El Vlaind de Rolando dijo, refunfuñando:
- Bueno adelante Holmes, destruye la bonita imagen de los Larenthguer...me cago en mi viejo...
- Tu padre y Liavenna se mantuvieron en contacto luego del asunto de la fiesta. No solo debido a los negocios que estaban planeando sino que ademas ella estaba convencida de que habías enfermado de Atrisus y no una estúpida gripe. Tu madre no quería reconocerlo, porque sabia que tal cosa era una sentencia de muerte para su hijo. ¿Sabes que ocurre con los Vlaind que no mueren en batalla digna verdad?

Crisald asintió - El vacío...
- Exacto. Para el momento eras el único hijo barón de tu familia, con una madre sobre protectora y un padre joven que, más allá de su poco interés en  defender la institución matrimonial, te quería mucho. Pero resulta que de pronto, los millones de Balbans del petroleo que ganaba día por día  no podían salvar la vida de su único hijo. Y, por experiencia propia puedo decirte que en esos momentos la sensación de impotencia va más allá de lo que uno pueda imaginar. En las reuniones que mantuvo con Liavenna para cerrar un trato de negocios ella se percató del dolor que pasaba la familia y quiso ayudar. Pero como tu madre ya sospechaba de la aventura de los dos, no estaba permitido para ella curarte en persona. No le interesaba demasiado el hecho de que Robert la engañara. Pero tenía una imagen que mantener, permitirle a Liavenna ingresar a su casa sería ya demasiado.

- ¿Y mando la medicina?- Dijo Crisald con desgano y mala cara.
- Sí.
Layla hizo silencio por un segundo. Crisald la miro ansioso...
- ¿Y bien?
- Y envió un libro también.

En ese instante, el heredero de los Larenthguer comenzó a sentirse como el coyote cuando se percata de que esta flotando en medio del vació. Solo le bastaba una mirada hacia abajo para caer en picada. Así como los dibujos animados solo pueden desafiar las leyes de la física por un corto y humorístico lapso de tiempo, de la misma manera es imposible para una persona escapar de la realidad que intenta negar con cada paso que da.
MUSICA

- Dios...- Dijo Crisald mirando el suelo.
- Ella no podía curarte, al menos en persona y dudaba de la habilidad de un medico Vlaind corriente para hacerlo. Sea quien fuera ese Jhon ha de haber tenido un gran genio para sanarte con flores y hierbas medicinales traídas de las montañas con indicaciones a distancia de Liavenna.
- Dios...- Volvió a repetir Crisald sintiendo que el mundo se le venía encima con su horrible realidad.
- Por lo que aprovechó un contacto que tenían tu padre y ella en común...el profesor Klauss. Ella y tu maestro compartían, cada tanto, reuniones de investigación sobre los escritos de Rolando y sus averiguaciones sobre las ciencias de los hombres de Antaño. Al enfrentar la posibilidad de que la medicina cuasi medieval de los Vlaind no funcionase (como en el 50% de los casos según recuerdo que sucedía) le envió "Las Artes Secretas Auresianas" a Klaus, segura de que  este libro iba a ir a parar a tu madre. Ella pensaba que cierto apartado sobre la nigromancia de los años sin sol podría ayudar llegado el caso de que murieras.

Un relámpago llegó para cortar  la noche. Alaysa hizo silencio y evito mirar a los ojos al Vlaind de Rolando. Incomodo, con deseos de marcharse de allí corriendo para tirarse a un río, balbuceaba...Se encendió un cigarrillo, a pesar de las nauseas que subían desde su estomago a su boca. Los ojos de su compañera lo observaban como quien ve un castillo de Naipes derrumbarse inexorablemente hacia el pozo más hondo de la tristeza. Al vació de verdad.

- El Ritual de los Condenados. Dijo Crisald finalmente. - Llevar las almas del inframundo hacia el Ramkkara a través de un sacrificio para el señor del Mostross. Igualando con victimas frescas la cantidad de almas que se quieren salvar.

El Vlaind comenzó a repetir de memoria aquel pasaje que tan bien conocía de memoria por haberlo estudiado con fanático y febril interés.
- Se toma una cantidad igual de monedas de plata a la cantidad de almas que se desea ascender a los cielos.
Hizo un movimiento de su mano como quien toma un puñado de algo. El recuerdo de si mismo haciéndolo en el sótano de la casa familiar en ruinas se le apareció en la cabeza.
- Estas serán arrojadas a un río o lago durante una noche de nevada tras entregar a la primera victima.
Nuevamente se vio a si mismo lanzando las monedas al Margun cuando escapó de Troncor Street con la sangre de Rick aun en su Gabardina negra.

- El señor del Inframundo tomara las mismas como pago.  Luego se busca a las victimas restantes . Es importante que estas sean asesinadas por quien obra el ritual de manera violenta, de esa forma es más fácil que sus almas se demoren en el limbo y no accedan a la gracia divina. Esto ha de repetirse hasta saldar la cantidad de espíritus que se desea ascender. Una vez terminada la cacería se recitan estas palabras bajo la luna llena en el lugar donde se encuentran los cuerpos de quienes se desea salvar:
Idu Era Sivallion (Se escucho a si mismo decirlo en su memoria)
La Era Del Sol Esta Cerca
Solo el Vació nos espera
Cuando los rayos de quien mora más allá de la noche
Se ciernan sobre nosotros a estos ella no habrá de tener.

Con este Ritual ruego que
mis amados eviten el frío vació
y habiten felices donde
los espíritus dichosos. 
Para evitar así 
la desaparición de sus gentiles almas
cuando arrime sobre el cielo
la amatista corona
de la estrella de Misínas. 

- ¿Queres un poco de agua Crisald?- Dijo Layla al verlo rígido y evadido.
El volvió en si. - No...dudo que...
"Dude que ese libro te de alguna ayuda Crisald" - Dijo el Recuerdo del profesor Klauss cuando fue a buscar el mismo a su casa en Lambridge antes de conocer a ese Dracida en el tren. "Son los erráticos desviaros de Rolando en sus últimos años, cuando la zona oscura ya le había dominado"
- Supongo que otra cerveza hará el trabajo. - Layla se paro ir en busca de la Milton a la barra de Los Cinco Gatos.

La cerveza se infiltro dentro de su sistema como un elixir que, lejos de espantar a las sombras, las hizo más fuertes y pesadas que nunca. Alaysa, viendo a Crisald observar la lluvia caer por la ventana no estaba segura de continuar. Pero el Vlaind, al cabo de unos minutos de silencio, sin mirarla a la cara le ordeno:
- Vamos...continua. No puedo decir que no esperaba algo como esto después de todo...

- Como ya sabes no hizo falta ningún ritual para curarte. Pero de todas maneras tu padre leyó el libro que Liavenna envió a Klauss luego de que este se lo diera a tu madre, la más desesperada de todas. En un comienzo supongo que se intereso en el mismo como una aproximación intelectual...y en sus reuniones con Liavenna se mostró muy interesado por todo este conocimiento nuevo para él. Liavenna no pudo evitar, a medida que continuaba su relación extra matrimonial, hablarle sobre sus temores.

Alaysa miró el reloj. Faltaba menos de una hora para que saliera su tren desde la estación de Oldbridge a Vicent Church. Pagó de su bolsillo la cuenta directamente en la barra y pidió a Crisald que la acompañara hasta allí. Este, monosilavo, acepto y ambos salieron de Los Cinco Gatos. Ella amago a subirse al auto, pero Crisald le chisto con los labios.
- No...quiero caminar.
Ella iba a protestar, pues los primeros copos de nieve de una nueva nevada ya se desprendían de las nubes con su vuelo angelical. Pero decidió darle el gusto al Vlaind después de todo. Era consciente de que el cristal blanco lloviendo desde el cielo le recordaría, sin duda, a muchos otros eventos espantosos ocurridos en menos de 15 días.
***
30 Minutos más Tarde Oldbridge Town 

Las luces del Haudi de Illagros proyectaban sus faros al camino delante, entre las gotas de lluvia ya podían verse blancos copos de nieve, los primeros de muchos en lo que seguiría de la semana. El Vlaind tenía su radio encendida, pero no escuchaba nada de lo que se decía. Sus  manos aferradas al volante y sus labios sosteniendo un cigarrillo humeante dejaban en claro aquello que su ser Vlaind intuía pero que no podía expresar.

En las calles de Oldbridge podía sentirse la tensión en el aire, no solamente debido a los extraños sucesos acontecidos en tan corto lapso de tiempo, sino también a la impresión general de que algo oscuro y sombrío había llegado para quedarse en los poblados y villas que salpicaban el recorrido de la Ruta 4.  A Illagros le daba la impresión de que su Haudi estaba transitando solo una maraña de sombras envueltas entre los bosques de Pent y Rent. 

La calefacción del auto había dejado de funcionar hace unos minutos, por lo que era capaz de ver su propia respiración transformada en vapor danzante frente a sus narices. En muchos tramos del camino el alumbrado eléctrico había dejado de funcionar  y por unos segundos le pareció ver que las farolas callejeras se apagaban detrás de él una vez las rebasaba . Solo volvían a encenderse unos segundos después, como manipuladas por la mano negra de algún engendro sin nombre.

Illagros, dispuesto a no dar lugar en su imaginación a este tipo de cosas subió el volumen de la radio local para alejar cualquier fantasía terrorífica de su cabeza.
Este gobierno ha tomado lo peor de la Balbania comunista y lo esta llevando a nuestras escuelas e instituciones. Ahora el partido de los trabajadores de Himburgo ya no es aquel que representaba las voces y sueños de los ciudadanos, como si ocurrió en la época de Pallance. Ahora se parece más al bolchevismo que podemos ver en Amerika Latina, típico de Ronald Gomez.


El hombre que hablaba en FM IMPERIO era el candidato del partido "Liberal" de Himburgo en una entrevista grabada algunas horas antes. Illagros no había tenido suerte siquiera en encontrar buena música en las estaciones de Oldbridge Town, su música folk le resultaba muy básica y pedestre. Por lo que, si bien no le prestaba mayor atención  sintonizaba FM IMPERIO. Parte de un Holding perteneciente al empresariado armamentístico de Himburgo, para nada contento con esa cosa llamada "Democracia Representativa" 

Justo cuando encontró por fin el cartel luminoso de los Cinco Gatos entre aquel horizonte umbrío  dominado por la noche y las nubes de tormenta, la Radio decidió cambiar de estación por si sola y el volumen de los alto parlante saltó al máximo posible en un santiamén.
Si señores, Claro que Sí es "Roy Orbison" con "Its Over" 
- ¿Que mierda?- Dijo Illagros quitando los ojos del camino para ver el estéreo del Haudi.
Al parecer el contador había saltado 16 números del dial. Illagros volvió una mirada rápida al camino para asegurarse de no estrellarse con alguna carreta o algo así y cambio de nuevo a Radio Imperio. Pero de esta soló broto el ensordecedor sonido de lluvia, característico de una frecuencia que no transmite.
¿Acaso era una voz la que se escuchaba entre todo ese ruido metálico y chillón?
- Que auto de mierda que me dieron, me la van a pagar, traidores hijos de puta....- Volvió a poner la radio anterior. Pero esta vez ocurrió algo más extraño.  Había otra canción totalmente diferente.

- ¡Me cago!. - Gritó Illagros intentando retirar el estéreo del tablero, pero este se encontraba exageradamente bien ajustado. Le dio un golpe fuerte para callarlo, pero solo obtuvo un dolor punzante en los nudillos. El CD con los grandes éxitos de Queen salio disparado de la compactera al suelo. 

Por el rabillo del ojo pudo percibir que las luces de su Haudi empezaban a encenderse y apagarse alocadamente. Las trabas de la puerta subían y bajaban como haciendo una coreografía para la canción de "Happy Days". Los faros anti niebla se encendieron a su máxima intensidad, el baúl detrás se abrió y los para lluvias iban de derecha a izquierda como riendose en la cara de Illagros.
- ¡La concha de tu madre!- Gritó Illagros sin saber que hacer en un auto que acababa de enloquecer.
La Radio volvió a cambiar de estación.
 Y Ahora Volvemos con Nuestro especial "Dedique una canción a un amigo"
Esta es pedida por la compañía "El Poder del Otro lado del Círculo"
"Illagros, vas a morir. No existe posibilidad de excito en tus acciones. ¡A Todos les espera el Vació Eterno!" Bueno, pero que mensaje tan particular....sea quien sea ese Illagros ha de tener mucho de que preocuparse esta noche.

El volante del Haudi se movía como en el Daitona USA cuando se lo suelta durante una carrera. El Vlaind de Rolando lo tomó haciendo la mayor cantidad de fuerza posible sobre el mismo y evitó estrellarse contra un poste telefónico. Con todo el uso de su divinidad Vlaind, a pesar de que el carro abría y cerraba las puertas como un niño que juega  con un modelo escala, Illagros lograba imponerse de tanto en tanto. El capo dio con dos tachos de basura que llenaron el parabrisas de desperdicios. El Haudi  se subió a la acera dos o tres veces raspando el lado izquierdo del auto con las paredes de los negocios, disparando chispas doradas en la nieve blanca.

Iluminado por los Antinieblas, un vagabundo vio el Haudi acercarse a velocidades meteóricas hacia él. Pero el carro poseído no le dio tiempo de saltar, lo levantó en el aire y el cuerpo del pobre hombre giro sobre toda la silueta oscura del auto, cayendo rodando como un trombo sobre la acera fría. La sangre mancho el vidrio delantero y se hizo cataratas frente la mirada pavorosa de Illagros. 

- ¿Que mierda esta pasando ahora? ¿¡Sos vos Crisald!? - Gritaba Illagros tratando de tomar el control completo de la dirección del auto. El Haudi dobló con violencia homicida en una calle poco transitada dejando tras de sí el chirrido de sus yantas, el volante simplemente comenzó a girar como poseído por Satanás. Los edificios pasaban como sombras emborronadas y alargadas hacia los cielos, el velocímetro se disparó, en menos de dos segundos de 60 a 120. El Vlaind pudo ver, antes de que el auto la atravesara como un cometa, las rejas del Cementerio de Oldbridge Town. 

Las añejas puertas de hierro hicieron que el parabrisas estallara tras atravezarlas como un ariete. El carro comenzó a trepar por el pasto verde de aquel campo santo. Ahora Illagros luchaba por no chocar contra los mausoleos o las casas mortuorias que se encontraban repartidas por el lugar.
-  ¡Para! ¡PARA!- Gritaba el Vlaind sufriendo del enloquecedor paseo de un poder que no alcanzaría nunca a comprender.
Y en nuestro programa de Preguntas y Respuestas la consigna del día es: ¿De que Largo sera el Ataud de Illagros Zarovich de Sipea?
- Hola Trevor, soy Robert Larenthguer Creo que medirá un metro  con sesenta centímetros.
- Ohhh lo siento Robert,Illagros mide al menos Un metro Noventa. Mas suerte la próxima vez.
- Espera, nadie dijo que el señor Zarovich va a quedar Entero cuando esto acabe...

Cuando Illagros logró que el auto regresara hacia la derecha, es decir en dirección a la calle, una de las estatuas con forma de Ángel en gracia divina se le lanzó, literalmente contra el parabrisas. Illagros lo esquivo, aunque su alado y pedregoso compañero le arrancó el espejo derecho y destruyo las ventanas de ese mismo lado con sus alas gruesas. Escuchó que el vidrio de la parte trasera se rompía, pero no quiso ni ver que cosa lo había producido, siguió adelante como pudo para salir del cementerio. 

Y En otras Noticias, 
"Lauro, Katiana, Jhon Trimberg y Sarcant esperan ansiosos a Illagros. Lauro declaró esta mañana frente a la prensa "Illagros va a morir, pero nadie lo extrañara como a mi" ¡Seguro que no Mihijo!

Casi desgarrando los músculos de sus brazos el Vlaind tomo finalmente el control del Haudi y volvió a la calle reduciendo la velocidad como para tirarse a la calle, llegando o tratando de llegar a los Cinco Gatos por el otro lado. Cuando dobló en la esquina su enemigo hizo un último intento apretando el acelerador a fondo. El motor rugió como una bestia nocturna e insomne. Mientras el Vlaind intentaba abrir la puerta para lanzarse derecho a la calle antes de estrellarse contra una pared de ladrillo con el Graffiti "Idu Era Sivallion" Vio, o creyó ver (ustedes juzgaran) a una Mujer desnuda caminando por la vereda de enfrente, con su clásica mirada amatista, saludándolo como una modelo en un desfile de modas. La carrocería se hizo pedazos contra el muro y el airbag se disparo como globo inflable.  
***
Buen Momento para Tomarse un cafe, hacer sus cosas y seguir cuando usted quiera. Saludos!
Crisald y Alaysa anduvieron un rato en silencio por las calles vacías. Apenas habitadas por algunos mapaches que revolvían la basura de los cilindros de metal o camionetas de los productores agropecuarios de los alrededores. Una plaza con juegos para chicos  se encontraba vacía y las sombras que rondaban lejos de los faroles callejeros se revolvían en los huecos que estas dejaban.

- Al cabo de unos años ella termino por confiarle a tu padre que había fundado una orden llamada "Los Guardianes del Umbral" junto con otros Vlaind que conocían estas cuestiones sobre "La Era del Sol" y otras cosas de las que se habla en dicho libro. Sí estas creencias resultaban verídicas la  finalidad de la orden sería salvar a Dracidas y a Vlainds del exterminio por parte de los Avistos. Una raza poderosa que habito en Hellens durante la antigüedad y contra la que nos enfrentamos terminada la guerra contra los Jethis. Se supone que, con la llegada de la Era del Sol, ellos regresaran a la tierra para terminar con todos nosotros y librarnos de nuestra agónica existencia.

Tu padre se unió rápidamente a la orden, pero a pesar de que estaba convencido de que el deseo de Liavenna era muy noble,se preocupo  por el tono...mesiánico de la Orden.

Crisald la detuvo:
- Espera..¿Que queres decir con eso?-
- Bueno, Robert era un Vlaind de la vieja escuela y muy fiel a las autoridades de la nación. Barones y Jefes de Ordenes que no creen en este tipo de cosas por considerarlas "Desvarios de Rolando". Ademas era un sujeto bastante culto. Y si bien no era el más viejo de los Vlaind en este mundo, podía imaginar en que iba a acabar ese temor a "Desaparecer". Ya sucedió antes, en la antigüedad. Cada vez que la nación se ha visto bajo la amenaza de un enemigo poderoso los Vlaind tienden a ponerse muy nerviosos. No es mentira que nuestro pueblo ha sufrido la persecución y la tragedia desde que llego a Himburgo cruzando las montañas de las Sorrim.

Es parte de nuestra naturaleza cerrar las filas de una forma bastante psicópata cuando de guerra se trata y Robert lo sabía muy bien. ¿Te imaginas que pasaría si el día de mañana se cierne sobre nosotros otra guerra como la que vivimos en la antigüedad contra los Jethis? ¿Que crees que sucedería en el delicado balance entre las posturas más duras y las más abiertas al aparecer en el horizonte un enemigo de ese tamaño?
- Una Guerra facciosa...
- Exacto. Nuevamente se cerrarían filas entre los Vlaind, los barones mejor armados tomarían el control de las acciones políticas...todo con el pretexto de combatir un enemigo en común. Cualquiera que buscara otro camino que no sea por la fuerza sería considerado un traidor. Desde que los humanos nos forzaron al exilio de nuestra primera morada en Iridu, masacrando mujeres y niños desarmados los Vlaind han temido que dicha historia se repita. Un Genocidio...

- Sí, mi padre me contó eso. Cuando recién llegábamos a esta tierra vivimos una suerte de "primavera Vlaind" en una tierra distante escondida por Balabord, donde no había armas, ni crímenes ni muerte. Por eso cuando los Humanos la encontraron, llevados por el miedo que les producíamos debido a nuestros dones divinos nos masacraron como a perros. Desde entonces los Vlaind juraron nunca más ser tomados por sorpresa...¿Verdad?


- Sí, así fue...Somos un pueblo maravilloso, hermoso y lleno de virtudes. Pero el miedo y la desconfianza nos convierten rápidamente en personas de corazón frío y despiadado. Todas nuestras desgracias han comenzado así...y tu padre lo sabía mejor que nadie.

Crisald se sentó en un banco delante de la estación de trenes, fría y casi desierta. El murmullo de los alto parlantes de la oficina de información rondaba los muros del antiguo edificio.
- ¿Entonces el la buchoneo?
- No exactamente...Al comienzo elevó sus preocupaciones sobre este asunto a Ferdinand, el Gran Barón. Pero las actividades de la Orden por ese entonces no pasaban a mayores. Liavenna estaba inmersa en un mundo de leyendas y mitos buscando a la supuesta primer Avista de este siglo. El sueño de ella era encontrarla y eliminarla. Para detener o posponer estos eventos...Lo hizo en secreto por que no deseaba, justamente, alarmar a todo el mundo con estas cuestiones y que los demás Vlaind se pusieran paranoides y por ende comenzaran cacerías de Jethis por las calles. Por desgracia otros miembros de la Orden no tenían ni su paciencia ni su visión política.
- Illagros...- Susurro Crisald. Alaysa asintió.
- Hablare de esto cuando estemos en el bosque, si es que vienes. Pero créeme que lo que vivimos en el sur, en nuestro primer encuentro con los Avistos, nos dejo a todos bastante preocupados por el asunto. Los vimos aplastar a los Jethis y más tarde los vimos aplastarnos a nosotros mismos en las costas de Hellens. Illagros y otros creían que en vez de perder tiempo tratando de detener lo indetenible debíamos armarnos hasta los dientes y estar listos para cuando la guerra llegase. Eso sí que preocupo a Robert...Un 30% de los barones de Himburgo acumulando todo tipo de armas y hombres...millones gastados en organizaciones como "Los Dragones Negros" para que nos proveyeran de buen contrabando que se escapara de las narices del estado.

Crisald con su voz umbría por aquello que escuchaba dijo:
- ¿Un especie de estado paramilitar dentro de la misma nación?
- Sí, una facción que no dejaba de crecer en armas y poder. Cuando llegó el Regimen de Pallance las acciones de las compañías de armamento,energía, y petroleo, se dispararon hasta los cielos. Por ende nuestra "Ala Dura", propietaria de la mayoría de estas empresas gano muchísima, muchísima influencia dentro del poder político. Eso nos facilito bastante el trabajo e hizo a gente como Illagros, antes considerados no más que un 4 de copas, un Barón muy influyente en la Nación Vlaind.

Fue en este punto que tu padre quiso salirse. Pensó que las cosas se le habían ido de las manos a Liavenna y amenazo con delatarnos a todos ante el Consejo Vlaind sino desarmábamos el monstruo que habíamos creado. No había que ser genio para adivinar, que llegada la hora de los Avistos, ante la primer duda de la cúpula iban a lanzar una guerra civil sin precedentes en la historia de los Vlaind.
- Lo que ademas facilitaría el trabajo de estos tales...Avistos.
- Entonces para todos, excepto por mi, estaba claro lo que había que hacer. Debo decir que para Liavenna no fue fácil ordenar dicha cosa, pero a su vez era consciente de que necesitaría todo el poder de fuego necesario para cuando llegaran los Avistos. Tu padre era el huevo que bien vale romperse...
- ¿Y que hay de los demás...?- Crisald se levanto del asiento, enojado. Caminando enfadado de un lado al otro en la plaza frente a la estación de trenes.
- Puedo entender...juro que como Vlaind de Rolando puedo entender que hallan ordenado su muerte. ¿Ahora que necesidad había de matar a mi hermana, a mi madre, a los sirvientes...¡al perro!..Pintar las paredes con su sangre...¿Que clase de enfermo mental pudo ser tan hijo de puta?
- Como en otros episodios similares, el miedo pudo más que la razón. Las ordenes de Liavenna fueron claras. Solo a Robert, con eso si tu madre o alguien más sabia algo de la cuestión los pondrían en cintura. Pero los asesinos entraron en un frenezi cuasi religioso cuando entraron en tu casa...entre ellos Karl. Se que no crees en muchas de las cosas que hablan sobre este supuesto apocalipsis de nuestra raza. Pero puedo asegurar que el poder que vive del otro lado del circulo debió haber manipulado los hechos durante la operación para que esta terminara en un baño de sangre. Un baño de sangre lo suficientemente escandaloso para que alguien como vos, juegue a su favor. De todos los Vlaind de Himburgo sos el único dispuesto a desafiar a Liavenna y a los Guardianes del Umbral. Tu ira volvió a ellos como un tiro que sale por la culata en el momento menos indicado, cuando la Avista ya esta entre nosotros. Hasta se aseguró de que te demoraras lo suficiente en el aeropuerto esa noche...
- Coincidencias...
- ¿Como la mujer desnuda de ojos amatistas en la carretera?- Dijo Layla levantando una ceja.
Crisald se llevaba las manos a la cara, harto de furia y de odio. Quería empezar a gritar como un niño "No te escucho soy de palo..."
-¿Como tu educación en Hellens cuando históricamente los Larenthguer se educan en la Universidad de Blondres? ¿O como tu demora en tomar venganza durante siete años, justamente el año en que la Avista apareció? Soy una sacerdotisa, puede que no lo parezca pero lo sigo siendo. Se reconocer cuando las cosas pasan de Coincidencias a actos deliberados.

Crisald hizo silencio por unos segundos, buscando las palabras mágicas para huir de aquello que acababa de encontrar.

- ¡Andate a la puta que te pario Alaysa, vos, tu orden, tu rango y tu chifladura mesiánica! Así que ahora resulta que todo este asunto es una especie de....¿Odisea? ¿Una mente malévola que ha dominado todos los eventos que relataste como si se tratara de un sádico escritor de baratas novelas de horror? ¡No te creo un carajo! No hace falta nada de eso para que la gente sea malvada. Estas aprovechándote de mi desgracia para que juegue a tu favor y eso no va a suceder. Tus internas con tu grupo de delirantes arreglalas vos, yo no voy a hacer tu trabajo sucio.

- Esa es la verdad Crisald. Vos la querías y yo te la di. No hay nada en lo que te dije que no te hallas preguntado antes. Si ahora no te gusta lo que encontraste, es tema tuyo. Ahora me voy a tomar el tren, si queres ir a llorar sobre la tumba de tus seres queridos, esta bien por mi. Yo tengo trabajo que hacer. Si te vas a portar como un hombre te espero en el bosque, voy a estar ahí tres o cuatro días. La única forma que tenes de llegar hasta Liavenna es a través de mi y de otros, solo no vas a llegar ni a la esquina.
- ¿Otros? ¿Que Otros?-
- Eso lo descubrirás por ti mismo...

Como si Crisald acabara de terminar con ella, Alaysa se marchó cruzando la calle hasta la estación de trenes de Oldbridge town. El Vlaind se sentó en el banco de la plaza, temblando, de frío y de horror.
***
MUSICA♫

Cuando el Bruso abrió los ojos, sintiendo la sangre de su frente sobre el plástico del Airbag no le sorprendió que la radio siguiera sonando a pesar de la destrucción del motor. Convirtió su mano en una garra de combate de Gerardie y descargó sus frustraciones contra la tela blanca . Milagrosamente apenas tenía unos rasguños y moretones en la frente, nada grave.

Se bajó hecho una furia del auto y la puerta derecha voló por los aires de una patada del Vlaind. Sacó su Tokarev y apunto derecho al receptor de radio, disparo tres balas  contra el mismo pero no logro callarlo. Al cuarto, el arma se atasco. - ¡¡Me cago en todo!!. - Dijo golpeando el auto con sus botas de cuero. Cuando pensaba en marcharse de allí pudo ver el halo de luz de una linterna detrás de él. Era un oficial de policía muy impresionado por el milagro que acababa de ocurrir:
- Vamos hombre, tranquilo. ¡Agradezca que esta vivo! Voy a llamar a una ambulancia...lo llevaremos al hosp...
- NO. Grito el Vlaind - Esta bien...este..voy a llamar al seguro. No se preocupe oficial...
- Antes de que se marche me gustaría saber si tiene permiso para usar esa arma de fuego...como sabe estuvieron pasando cosas muy extrañas por aquí...
- ¿Me esta cargando? ¿Es una puta joda no? ¿Que es esto? ¿cámara escondida?
- ¿Perdone?
- ¡¡Estaba adentro del auto!!...- Grito Illagros dándose la vuelta como imitando a Jim Carrey en Mentiroso Mentiroso
- Bueno bueno, no se ponga así...entiendo. Voy a llamar a la ambulancia de todas maneras, luego puede preocuparse por el seguro..
Esto no puede estar pasando...Dios..no, no es posible. Bueno, se acabo, me voy a la mierda, basta, adiós. 

Cuando el Policía se acercaba a su patrulla para pedir la ambulancia por el radio Illagros lo golpeó con la culata de la tokarev en la nuca. El oficial cayo al suelo, sangrando por la cabeza. Muerto o en coma, no importaba. Lo único que quería hacer en este momento el Vlaind era irse corriendo al aeropuerto más cercano.

Había tenido suficiente. Era claro que nada en este universo lo iba a dejar llegar a Karl a tiempo ni a la chica por añadidura. Ya no le importaba en lo absoluto, al parecer había tropezado con algo cien veces más poderoso que todos los Vlaind que alguna vez conoció. Parado en mitad de la calle, con el Haudi estrellado detrás de él grito, levantando sus brazos y rostro al cielo, bajo la nieve:
- ¡Me voy! ¿Escuchaste? ¡Me rindo! Ahora me voy a dedicar a cultivar semillas transgenicas en países del tercer mundo ¿si? ¿Acaso eso interfiere en tus malévolos e intricados planes?

Nadie respondió, obviamente. Pero las personas en Los Cinco Gatos miraban muy divertidos la situación.
- Así que adiós. ¡Puede hacer lo que quiera, no interferiré!-
Cuando vio a los habitúes de los Cinco Gatos observándolo entre asustados y entretenidos, sacó del cinturón el revolver del policía que acababa de noquear y se dirigió allí, hecho un tornado de puteadas y bronca. Los clientes de esa noche salieron por la puerta de atrás. El Barman del establecimiento fue hacia la clásica escopeta debajo del mostrador. Illagros le impactó con un disparo en el hombro. El hombre de bigotes largos cayo al suelo.

Sintiendo que era Billy the Kid, el Vlaind saltó por la barra y tomó la escopeta entre sus manos.
- Escuchame una cosa amigo, tuve un MUY MAL DÍA, así que no me lo compliques más. ¿Entendiste?
El hombre asintió asustado. - Ahora dime donde tienes el teléfono.
- Al lado de la Rockolla.

Illagros fue hacia el mismo, manchando de sangre el piso del local mientras la mirada nerviosa de unas viejas, congeladas de temor lo observaban:
- ¡Y ustedes que mierda esperan! ¡Fuera de aquí!- A la mayor velocidad que le podían imprimir a sus viejos miembros, las ancianas se marcharon.
Illagros llamó por teléfono a la casa de los Enarmarr. Iba a señalar, apropiadamente, que algo así como "EL UNIVERSO" había entorpecido sus planes.
- Mansion Enarmarr, Arcard al habla..- Dijo la voz de su compañero.
- ¿Hola Arcard?
Se escuchó el sonido de un susurro detrás del tubo. Alguien tomo el teléfono ansiosa y rápidamente.
- Quiero que no digas ni una sola palabra Halik (Idiota en lenguaje vlaind)- Era la voz de Liavenna Enarrmar.
- ¡Mi señora!- Exclamo Illagros como ratón asustado.
- Mi señora la PINDONGA Illagros. - Gritó su jefa. Liavenna nunca usaba malas palabras, si lo hacia significaba que su furia había sido desatada. - Enciende el televisor.
- Estee tuve un acciden...
- QUE ENCIENDAS-EL-TELEVISOR
- Si señora...
Illagros apunto con el revolver al Barman. - Enciende el televisor.
El sujeto, asustado, tomó el control remoto detrás de la barra y prendió el receptor de TV

En la H.M.B había un boletín de ultimo momento.
Reiteramos la información que ha trascendido hace tan solo dos horas. Al parecer la investigación sobre el ataque terrorista en Oldbridge Town ha dado un vuelco inesperado. Las Autoridades han decidido allanar las oficinas de la financiera READY & COMP luego de hallar indicios de que esta estuviera lavando dinero de  grupos terroristas de extrema izquierda tanto en Balbania como en Amerika Latina. 

Según la investigación llevada a cabo por los agentes de la MI5 y el H.I.S el dueño de esta importante compañía,  Illagros Zarovich de Sipea, (Una foto de Illagros apareció en un recuadro en la esquina superior de la pantalla) sería un espía al servicio de la Unión de Republicas Socialistas de Brusia. Ahora mismo se están llevando a cabo distintos allanamientos en la zona del Alto Blondres. Siguiendo la documentación encontrada en las oficinas de la Financiera  La Policía de Blondres, bajo ordenes del Ministerio de Justicia ha realizado operativos sorpresa en los viejos mataderos del Bajo Blondres, donde se encontraron más de una TO-NE-LA-DA de armas de fuego y explosivos provenientes del mercado negro. Entre ellas material considerado como "Armas de Guerra".

La pantalla mostraba a los agentes de Herkrania Yard apilando en perfecto orden rifles de asalto AK-74, ametralladoras pesadas tipo  P.K y lanza cohetes R.P.G como ademas una infinidad de granadas de mano, detonadores y Chalecos anti bala.

- ¿Así que me estuviste ocultando algunas cositas no es así? ¿Con que las armas iban a ser llevadas a la mansión para uso de la Orden verdad?
- Yo..yo...estaba...
- Illagros.- Dijo Liavenna fría y conteniendo su ira. - Recién unos amigos de La MI5 vinieron a hacer algunas preguntitas por la casa de mi familia. Imaginas que me mostré MUY sorprendida y afligida por estas cosas y como una BUENA ciudadana de Himburgo colabore con las autoridades pertinentes. Si tenes suerte, te van a recagar a tiros en el aeropuerto más cercano. Andate del país, no...no, de Balbania...No, mejor todavía, DEL PUTO ET-ZULOTH, no me importa. Pero si llegó a saber de vos, si llegó a escuchar tu nombre más vale que sea cuanto lea  tu obituario...AMIGO.

Illagros corto el teléfono y se derrumbó con las espaldas contra la pared. Volvió a hablar hacia arriba mientras el barman lo observaba:
- ¡¿Por que?! ¿Por que me odias tanto He? ¡¿Que mierda hice para merecerlo? ¡Dejaste que los nazis invadieran todo este Asqueroso Continente! ¡Que O.J Simpsom se saliera con la suya! ¿Que hice yo a comparación de ellos he?

Luego, al ver al Barman tratando de salir de allí le grito apuntándolo:
- Tu, ¡Gusano!
- ¿Si?
- Dime una cosa. ¿Hay algún tugurio de por acá que este arreglado con la policía?
- Tugu que?
- Un prostíbulo, humano descerebrado...una de esas garitas de apuestas que siempre bancan los Alcaldes...
- Estee...
- Mas vale que no me mientas porque voy a venir a cobrartelo ¿Entiendes?- Dijo Illagros tirando hacia atrás el percutor del revolver.
- Si...si...hay uno se llama...estee..Salome ¡si ese es! La policía nunca va ahí, pagan buenas coimas. Esta a diez cuadras de aquí, cerca de la salida del pueblo.
- Gracias por su cooperación.
El barman camino hacia la salida. Illagros no había terminado de hablar:
- Lamentablemente no me puedo arriesgar.- Disparó a la cabeza y el barman cayo muerto. Illagros se escabullo por el callejón al que daba la puerta de emergencia detrás de la cocina de Los Cinco Gatos y corrió en la noche como un vil ladrón. 

***
A veces no hay nada peor que encontrarse con aquello que uno mismo ha buscado toda su vida. Lejos de alegrarnos como quien ha ganado un programa de preguntas y respuestas, tendemos a tener el irresistible deseo de huir, de escapar del Ángel transfigurado en Monstruo. Uno que, paso a paso, ladrillo por ladrillo hemos levantado con nuestras propias manos. Soñando con el día en que acabemos la pintura para observarla satisfechos .  Más de una vez el rompecabezas devuelve una imagen de nosotros mismos. Y, como en una pesadilla, el resultado nos horroriza.

Ahí estaba de nuevo Crisald Larenthguer, debajo de la nieve cayendo paciente sobre sus cabellos largos observando una hamaca mecerse por el viento, llenándose de blancura lentamente. Bebiendo una botella de litro de cerveza Milton comprada en la estación de trenes, sin importarle que estuviera prohibido hacerlo en publico a dichas horas. Solamente deseando que la nieve se lo tragase para siempre.

Una voz en su cabeza le indicaba que debería estar saltando de alegría por haber conseguido lo que buscaba, un culpable. Uno de verdad, un genuino horizonte a donde apuntar sus balas y acabar de una vez con el asunto. Pero este había resultado muchísimo más enredado y cercano de lo que creyó en un principio. La verdad acabo por matar a su Esposa y arruinar la imagen que, apropósito, sostenía de sus padres.

Caminó sin rumbo una vez más, cansado, agotado, deseoso de que un rayo lo partiera a la mitad. Que lo atropellara un auto en la calle...lo que fuera con tal de que algo lo liberara de la camisa de once varas donde el mismo se había metido. Como el fantasma apenas visible en la que su imagen se había convertido, llegó a lo que parecía un bar abierto las  24 horas. "Salome"
MUSICA♫


Se escabullo entre los hombres campechanos que bailaban y las mujeres fáciles. Pidió una botella de Whisky barato y se sentó en el rincón más oscuro que encontró. Los lentes negros reflejaban en sus cristales las luces de colores en la pista de baile, iban y venían como disparos de rayos láser. En una pantalla gigante se pasaban vídeos de los ochenta. La música brotaba de los alto parlantes como emergida de la oscuridad, retumbando en sus adoloridos oídos.

- Holaaaa Precioso...- Dijo una mujer rubia. Crisald solo le dedico una mirada de profundo desprecio. Olía a mujer barata en busca de unos tragos.
- ¿Que haces aquí tan solitario?- Dijo una de sus amigas vestida como una ramera.
Crisald se encendió un cigarrillo y se concentro en su bebida.
- ¡Ay claro, llevas el anillo de casado! ¿Es que acaso te da culpa bombón?- Dijo la mujer yendo a sentarse en su regazo. - Puedes quitártelo y sera como si esa bruja no existiera.

Crisald la empujó lo suficientemente fuerte como para que ella se cayera al suelo de culo con la mesa sobre ella. La amiga le golpeó con la cartera. - ¿Que te pasa idiota? ¿Sos un pirado o algo?
El Vlaind se mantuvo en inmutable silencio.
- ¡Mira lo que hizo este idiota! me empapó de cerveza.- Dijo la empujada tomando del hombro a un hombre con el que había estado conversando hasta hace unos momentos. Tenía una cabellera que Crisald creyó reconocer en la oscuridad. El sujeto se dio media vuelta pero este hubiera deseado que se lo tragara la tierra antes de haberlo hecho.
Crisald se quitó los lentes para ver mejor.
- ¡Haz algo Maldito! ¡Todavía me debes la chupada!- Continuaba la ramera.

El Vlaind de Rolando sacó por debajo de la gabardina la Desert Eagle, sin duda era él. Aunque no tuviera sentido que se encontraran de esta manera, tan lejos de todo lo que compartían, era él. Al parecer la estrella de Mísinas lo seguía guiando, no importaba lo mucho que el quisiera correr lejos de la cuestión, así se fuera a la Chonia el avión volvería a Himburgo, o se estrellaría sobre la mansión de Liavenna con el como único sobreviviente.

Era claro, era obvio, tan inevitable como el Destino mismo. Sería una desgracia desaprovechar las cartas que la Mujer desnuda le iba entregando por debajo de la mesa, haciendo trampa cada vez que era posible. Liavenna y los suyos eran el castillo de Naipes y Crisald el Tornado que los haría volar por los aires. Uno por uno.
- ¿Illagros? - Dijo al fin.
Su enemigo dudo...y solo atino a decir:
- No..yo soy Pablo eee...¡Ah que mierda!
-¡Hola Mi Príncipe!- Dijo Crisald sonriendo ampliamente, con su zona oscura degustando el futuro éxtasis. Le quitó el cerrojo al arma de fuego y todos abrieron un circulo entre los dos. El Vlaind de Rolando llevó su dedo al gatillo- Mi Mujer te manda saludos, basura. -

Por primera vez estaba dispuesto a aceptar que ciertas cosas, simplemente, están escritas y no había nada que pudiera hacer para cambiarlas. Con al menos 10 años de malas decisiones a sus espaldas, la eliminación del libre albedrío suponía un gran alivio para él.
" Y Ahí vamos de nuevo, de regreso al comienzo. Cada bala tiene un nombre, un rostro y una historia en ella. Pero esta vez, no hay nada que temer"



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