jueves, 29 de agosto de 2013

El Ritual de los Condenados XXXVII

Capítulo Final

El Tren Fantasma
1

El Comodín del Otro Lado del Círculo

 Se Llama Crisald Larenthguer


N/A:
Este Capítulo ha sido divido en varias partes por su extensión. Aquí la primera de ellas.

A 4KM de Witters Alley, Granja de los Woodward, la madrugada anterior a la llegada de Crisald a Witters. 

Jhonathan Woodward, un granjero local que vivía a  4Kilometros de Witters bebía una cerveza Milton en el pórtico cuando vio volar por los aires el pueblo más cercano. A decir verdad la noche anterior había sido endemoniadamente fría como para salir de la casa a tomar. Pero fumaba, y su mujer llamada Pamela (grande como tanque Australiano) odiaba que le llenara la casa con el olor de su vicio. Por lo que, cada vez que Jhonny quería tomar y fumar debía hacerlo fuera de la casa.  Su mujer permitía que bebiera de vez en cuando, pero siempre lo reprochaba silenciosamente por ello. Sea tirando las latas a la basura con un dejo de asco o atosigándolo con su mirada silenciosa y reprobadora.

Cuando desde el horizonte se levantó un hongo de fuego y polvo Jhonny se preocupó, porque su hermano tenía una gasolinera en el pueblo, la única en verdad. Por un segundo temió que esta hubiese estallado  a razón de un accidente. Y aunque sabía que solo una refinería de petroleo podría generar tal escalabro como para ser visto a  cuatro Kilometros de distancia no dudó en entrar a la casa y telefonear. 

El living estaba oscuro, solo la lampara de leer estaba encendida y sobre ella descansaban todas las revistas de moda que leía su esposa, quien en ese entonces estaba también despierta, pues ese estallido la había sacado de su pesado sueño. Nervioso, Jhonny llamó al domicilio de su hermano pero la linea estaba muerta. Intentó varias veces sin conseguir ningún resultado. Mientras sus dedos no dejaban de marcar el numero una y otra vez, Pamela bajó por las escaleras con su batamanta y ruleros:
- ¿Que haces despierto? ¿Escuchaste eso? ¿A quien llamas?-
Él Odiaba que su mujer tuviera la costumbre de hacer tres preguntas por oración cada vez que pasaba algo de noche. 
- Llamó a Mark, el vive en Witters y parece que hubo una explosión...la linea esta muerta. Tendré que ír hasta allá.
- Pff, no seas loco. Ni creas que me voy a comprar esa mierda, vas a ir a Fixa Town a beber como siempre, maricón descarado. 

El insulto favorito de la gigante Pamela era "Maricon descarado" Su reproche no era infundado. Jhonny había tenido serios, muy serios, problemas con la bebida en los últimos años. Poco antes de casarse le había prometido a la entonces joven y bella Pamela que dejaría de tomar y de fumar. Una promesa que solo podía cumplir cuando ella estaba presente. Sus vicios comenzaron a hacerse más divertidos a escondidas. Por lo general compraba el permitido pack de seis latas de Milton en Witters o en Fixa y, si se quedaba manija, se subía a la vieja Cheby de los años 50 (heredada de su padre) y se mamaba en alguna bar hasta el amanecer. Pero eso era cuando todavía era joven como para bancarse litros y litros de alcohol sin quedarse dormido. Ahora, a sus 58 años como mucho llegaba a la tercer lata antes de roncar como un motor descompuesto. 

Con toda su arrogancia de mujer Dragón, la esposa de Jhonny encendió el viejo televisor de la sala. Si había existido dicha explosión de seguro los medios locales ya estarían transmitiendo. Los Woodward no tenían television por cable ni satelital. Solo contaban con una añeja antena que como mucho podía alcanzar ciertos canales de aire. La tele hizo Click y la transmisión habitual de madrugada apareció. Tal y como en casa de Crisald  tiempo atrás emergió una viejo dibujo animado de los 30 donde unos esqueletos hacían divertidas cabriolas.

- Solo están pasando una estúpida caricatura de esqueletos bailarines. Vuelve a la cama o mejor dicho ve a la cama. Mañana tienes mucho trabajado que hacer. 

Acostumbrado a recibir ordenes de su esposa Jhonny colgó el teléfono y casi instintivamente fue en dirección a las escaleras que daban al dormitorio. Su mujer ya estaba de espaldas hacia el cuando nuevamente se detuvo:
- Solo deja que vea que esta todo bien Pam. Mark es más viejo que yo y podría haber salido herido. No tiene nadie que lo ayude. Sera un segundo. Prometo volver rápido.

El sonido del televisor en la sala, con la música divertida y algo histriónica hacia que la cabeza de Jhonny doliera como si alguien estuviera metiendole agujas en la nuca. Era por la bebida, su hígado no funcionaba muy bien desde hace tiempo y el menor contacto con aquella bebida le producía a menudo resacas horrendas. La voz de su mujer no hacia nada por calmar esa jaqueca. 

- No. Ve en la mañana...yo te acompañare y veras que no ha sucedido nada. 
- ¿Pero no ves el fuego Pam? 
- Me importa un bledo Jhon. No me vas a engañar esta vez...
- Ven conmigo ahora entonces si no me crees.

Pamela se enojo.
- ¡No quiero! Hace frío, ahora ¡a la cama!- Pamela puso esa cara y ese tono de voz que hacían de Jhonny un perrito bien entrenado. El timbre y las palabras justas eran suficientes para que el alcohólico arruinado de su esposo siguiera sus ordenes. Cuando vio que sus ojos celestes se iban hacia el suelo, La mujer Dragón dio por terminada la discusión y volvió su cuerpo hacia las escaleras para volver a la cama. 

Nuevamente Jhonny iba a aceptar las ordenes de su esposa cuando su brazo se puso rígido y su puño se cerro. Por un instante el granjero sintió que tenía fuego entre los ojos, en el vientre, leguas y leguas de fuego que sus labios intentaban contener, como muchas otras veces. Esta fue la primera en años en que pudo soltarlo:
- Solo ven a la puta camioneta y cállate la boca, bola de grasa.

Pamela miro a su esposo,  a su esposo con esa estúpida gorra del Platino Football Club en su cabeza que le daba ese aspecto de Redneck roñoso y que ella tanto odiaba. Su camisa de leñador abrochada hasta el cuello como un pelele, sus mocasines gastados. Que imagen más patética, todos se reían de el en Fixa Town, ella lo sabia porque trabajaba en la cafetería del pueblo y era el chiste usual. El borracho de Jhonny que se duerme en el tractor bajo el sol del mediodía. ¿Como carajo se atreveia a hablarle así?
- ¿Que mierda dijiste Maricón descarado?
- Que te subas a la puta camioneta y cierres el orto.- Volvió a decir Jonny entre dientes sintiendo cada vez más de ese delicioso licor conocido como el rencor saliendo de su boca, degustado por su vieja lengua.
- ¿Como dijiste?
Jhonny Grito:
- ¡Que me hagas caso gorda pajera!

Pamela bajo de la  escalera, su sombra proyectada por la lamparita detrás se levantó entre los muebles del living y la figura de su esposo. Su rostro fofo estaba lleno de marcas de expresión, de fuego en sus ojos. 
- Decilo una vez más y voy a partirte la espina pedazo de idiota Maricon descarado.
- ¡Vieja inmunda!- 
Pamela le pegó un cachetazo que le dobló la cara. Jhonny cayo de culo sobre la alfombra. Las palomitas de maíz que su esposa había dejado sobre la mesita ratona frente a la tele cayeron rodando por el suelo como en una avalancha diminuta. La Caricatura de los Esqueletos parecía burlarse de los dos idiotas haciendo escalabros en blanco y negro. 
- Más vale que te retractes de lo que dijiste si sabes lo que es bueno.
"Si sabes lo que es bueno" Esa era la segunda frase favorita de su odiosa esposa. Estaba cansado de escucharla tanto como "Maricón Descarado" 

Nuevamente la mirada de Jhonny pareció cambiar, como si acabara de caer en cuenta de lo que acababa de hacer. O al menos eso interpreto su esposa. Se paró lentamente tomándose la cabeza adolorida, se limpio el sudor del rostro y musito en voz baja:
- Tengo que detenerlo. Tengo que hacerlo.
- ¿Que mierda decís? Deja de balbucear incoherencias y anda a la cama. Maricon descarado.
- Tengo que detenerlo.- Con aires y mirada perdida, Jhon tomó su abrigo del perchero al costado de la puerta y las llaves de la Cheby. Afuera el viento rugió como huracanado, llevando su largo lamento por toda la llanura y los sembradíos de los vecinos. 

- Vení para acá, ¡No voy a permitir que te vuelvas a escapar!

Jhon bajó las escaleras del pórtico de su casa y siguió avanzando hasta la camioneta. Los gritos de su esposa eran un eco que lo perseguía por detrás como en alguna pesadilla. Los arboles eran formas oscuras y altas, recortando la sombría madrugada, el sol aun no había llegado por allí. Jhon iba a abrir la puerta delantera del vehículo cuando la mano gruesa y poderosa de su esposa lo agarró del antebrazo , con su mirada y tono de mujer dragón le evitó entrar en la cabina. 
- Yo pague por la gasolina, es mía y no las vas a usar para tus andanzas nocturnas. - Pero Pamela tuvo la horrible impresión de que no estaba hablándole a su esposo. Estaba conversando con una sombra del mismo. Su mirada no albergaba vida alguna, ni sentimiento, ni temor. Solo observaba y calculaba como un androide o como un fantasma. 
- Tengo que detener al príncipe. Es mi última carta. Debo recuperar la espada antes que ella la tenga. Todo sera más difícil después.Todo sera duda después.  

- ¿Que? Al único que van a detener es a un...

Pamela no tuvo tiempo de terminar de decir su último "Maricon descarado" Sin previo aviso la mano pesada y nudosa de Jhon la tomó por los cabellos y le estrelló la cabeza contra la ventanilla de la Chevy. Su rostro se tajeo en varias partes, la sangre comenzó a salir con lentitud de su cachetes. Sus brazos cortos intentaban liberarse, pero era incapaz de gritar. De pronto sintió que estaba siendo devorada por algo. En su mente se sentía como si estuviera yéndose por el hinodoro de la existencia, empezaba a sentir el agua girando en círculos en torno a ella. 

Su cabeza fue jalada hacia atrás. Los ojos de Jhon la miraron como si estuviera examinando su sufrimiento, como si estudiara  acerca del miedo y del dolor con un ser que no merecía el mínimo cuidado o respeto. Tan pronto como Pamela abrió la boca para gritar pidiendo auxilio, Jhon volvió a estrellarle la cara contra la puerta de la Chevy. Pero ella era grande y fuerte, seguía viva. - ¡Soltame, pedazo de Mierda!
- Maricón Descarado. Dijo Jhon monocorde. Parecía repetir las palabras en voz alta como si estuviera aprendiendo de esta mortal experiencia. De nuevo mando la cara de su esposa contra el metal duro de la camioneta, la nariz de esta se partió y parte del cráneo hizo crack. El cuerpo de Pamela dejo de luchar. Lo último que sus miembros sintieron fue algo similar a ser licuada en carne viva por un tuvo muy estrecho para caer en algo que, en su cabeza, se dibujaba como algo infinitamente amplio. Pero el recinto estaba lejos de ser el cielo o el infierno. Era como una cueva que se percibe a pesar de no tener luz suficiente como para apreciarla. 

Jhon entró y paso rápidamente al sitio del conductor. Puso la Chevy a toda marcha en dirección a Witters. Bajo el espejo retrovisor de la cabina una estampita de San Jorge Iba y venía bailando una zamba secreta en la oscuridad de la ruta. Jhony la tomó entre sus manos, la hizo un bollo de plástico y la tiro por la ventana mientras la Chevy seguía y seguía...apresurándose antes de que el sol le ganara de mano. Antes de que Crisald hiciera algo bien, algo bueno, algo decente por fin. Algo que le quitaría todo su poder sobre él, su favorito comodín.

Por su parte, lo poco que quedaba de la mente de Jhonny dentro de esa cueva estaba contenta, al menos había logrado hacer lo que la vieja tonada de Cash decía. Lejos de atormentarlo, La Estrella de Misínas había sido piadosa con él.







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