lunes, 30 de septiembre de 2013

El Ritual de los Condenados XXXX

Epílogo
El Pasajero

La nieve cubre el cañón del arma. Dispara y la nieve se va, dejando lo negro del arma al descubierto. Dejando lo negro del alma  al descubierto, al igual que la imagen de quien la empuña. Cuando se aprieta el gatillo la oscuridad de la noche se hace nieve por un instante y como fulminado por el rayo del Cronida Zeus el otro desaparece. Casi mágico...muy cerca del poder que deseamos tener desde que cobramos conciencia. Que los problemas desaparezcan, se esfumen bajo la cortina de humo de nuestras bombas. Que se desintegren en el fuego como una foto desagradable de alguna ex pareja en la hoguera. Que se vayan lejos de nosotros y nunca, nunca más retornen a acosarnos, a tocarnos, a hablarnos o a cuestionar nuestras acciones.

A juzgar por su nula capacidad de sentir imaginaba que ya estaba muerto. Quizás ya se encontraba en el vacío tan promocionado por Karl y otros amigos de ruta, porque no era capaz de percibir  ni siquiera su mera existencia. Como si su alma se encontrara desprovista de su cuerpo, de su cerebro y corazón. Como si, en esa negra e infinita sala que tenía (aparentemente) entre ceja y ceja ya no hubiera tiempo, espacio, dolor. Solo un aletargado sosiego. 

Crisald tuvo un abuelo llamado Peter Larenthguer que le había hablado sobre esto. Peter era el modelo a seguir de todos sus descendientes: Un Vlaind de Rolando que a los 18 años fue a la segunda Guerra Mundial como paracaidista voluntario y volvió con honores, sin un rasguño. Su padre lo odiaba, porque en la vejez se había vuelto un viejo de esos que le reprochan a su hijo no ser como su Nieto. Crisald no lo frecuentaba demasiado, pero en la época de festividades Peter pasaba al menos una semana en la casona, mayormente mostrandole a él lo mejor que era con respecto a su padre Robert. El cuadro del anciano con uniforme y sombrero texano en la casa de Crisald pertenecía a Peter. Y a decir verdad, Crisald era muy parecido a él en personalidad. Rudo y puteador. 

Peter le había enseñado a Crisald a disparar todas las armas que llevaba en su bolso. A menudo practicaban tiro en los terrenos traseros de la casa y fue este quien le legó la Desert Eagle Dorada. Hecha por las manos del buen abuelo y el poder Vlaind de modificación de la materia.

Sea como fuera su abuelo le dijo alguna vez que, luchando en Landesia contra los Nazis la bomba de un avión Stuka había caído muy cerca de él en el 44. "Imagina que todos creyeron que había muerto junto con Farrel y Weggan, que ahora eran un cumulo de tripas esparcidas por todo ese puto sembradío de maíz. Pero estaba bien vivo Cris. Bien vivo. ¿Sabes porque no me moví ni un centímetro hasta una hora más tarde? Porque, Namidian me perdone, nunca me sentí tan bien en toda mi puta vida. Ni siquiera cuando me case con tu abuela, o cundo nació tu padre. Era como estar muerto sin estarlo...todo negro, va ni siquiera puedes pensar en colores cuando estas en ese estado. De más grande pensé que es eso a lo que los Budistas llaman Nirvannna. No, no esa banda de drogadictos que te gusta tanto. Es como un estado mental donde de pronto, todo lo que alguna vez te preocupó,  te interesó o deseaste tener simplemente deja de ser importante. Es por un muy corto tiempo Cris y supongo que esa es la verdadera muerte. No esos figurines de los cristianos. Me refiero a que...uno muere realmente cuando ya no hay razón para vivir. Cuando ya todo lo que te emociona, te moviliza pasa a ser poco importante. No creo que el cuerpo pueda seguir viviendo sin el espíritu. Solo Namidian y los Dioses lo saben, pero yo creo que es así. 
- ¿Y porque no moriste abuelo?
- Por tu abuela y por que deseaba tener un hijo, como todo Vlaind debe tener. 

A diferencia de Robert, el abuelo Peter no hablaba de cosas que no conocía o no sabía. Era un Vlaind bastante huraño que había alcanzado la sabiduría que solo el tiempo y una guerra pueden dar. Había viajado por todo el mundo  como importante empresario y se dejo morir junto a su esposa cuando la familia de Crisald fue asesinada. Ya tenía entonces algunas canas y arrugas, lo que significa que por mucho se negara a admitirlo la guerra le había dejado heridas realmente profundas de la clase que pueden envejecer a un ser eterno como un Vlaind. Psicológicas y sentimentales.

Por ende, Crisald pensaba que tal vez se encontrara en el Nirvanna. La decisión de salir o no le pertenecía exclusivamente a él. Sabía que, como en un juego de niños, si no elegía algunas de las dos opciones rápidamente  la muerte lo tomaría como un sí. Y eso tampoco le preocupaba mucho en realidad.

En verdad el muchacho Larenthguer no tenía un gran afán por regresar de donde había venido. Todo lo que podría haber movilizado su corazón, inclusive su deseo de venganza, estaba muerto. No imaginaba de momento algo como "Rehacer su vida" ¿Que vida iba a re hacer? ¿Y como? No lo seducía la idea de volverse un pastor evangélico o ir a trabajar en alguna ONG como muchas personas en su situación. No le interesaba que las personas lo vieran como un Héroe caído reformado. Como una estrella de rock en decadencia que deja las drogas tras 20 años para participar en campañas anti-drogas. Pero era triste al mismo tiempo pensar que no le quedaba nada porque vivir. Era deprimente entender que ya no lo motivaba nada en lo absoluto con 25 años de edad. 

Sin duda esto estaba muy lejos de la vida que había planeado para él. Estaba a kilómetros de distancia de la casa en el lago junto a Liena y dos niños. El sentado como su abuelo Peter en la mesa diciendo cosas sabias y prodigiosas. No se acercaba en lo absoluto a filmar su propia película de monstruos o tener su banda de Rock. Tal vez, al fin y al cabo Crisald nunca había hecho, de verdad, lo que realmente deseaba desde que salio de la adolescencia. 

A los 18 años su padre le dijo que era hora de ponerse serio, de sentar la cabeza, de ser un buen Larenthguer. Sin duda sus enseñanzas no habían contemplado la posibilidad de que una fiera salvaje y sobrenatural arruinara los planes de su muchacho.  Aunque, siendo sinceros, tampoco era justo echarle toda la culpa a la estrella de nosequien. Después de todo, ella tenía razón en algo, fue él quien hizo de su vida, hasta los 25, la leal copia de su padre. Una carrera saludable como contador que no le emocionaba en lo absoluto, una pareja con la cual no iba a poder compartir su gusto por los excesos y  discos de Jimmy Hendrix en  un apartamento en el centro. 

En ese entonces el Vlaind pensaba en la vida como un vídeo juego. Uno iba de pantalla en pantalla hasta que, cuando se alcanzaba el puntaje máximo aparecía el vídeo celebratorio y fin. Él había logrado todo eso en 25 años. El más apuesto de la familia, el  mejor de su clase, y un futuro seguro y brillante por delante.

Ja-Ja Muy divertido Papá ahora dime una cosa. Ya gane el juego, ya pase todas las pantallas, no siempre tan divertidas, pero las pase. ¿Y ahora? ¿Ya puedo estudiar dirección de cine como te dije? ¿ya puedo tocar la guitarra? y, decime por favor ¿Como se van a tomar vos y mamá la cosa si decidiera divorciarme? Ay, Liena es una mujer perfecta, pero no es para mí. He descubierto que no compartimos otra cosa que un gran amor entre ambos. Y eso no siempre es suficiente en una pareja. Eso es solo apropiado cuando esta seis pies bajo tierra como vos ¿sabes? No me alcanzaba con quererla mucho. 

- ¿Y que tal si empezas de nuevo "BOmBOm"- Dijo Liena. - Nunca es tarde para eso. Te lo dije cien veces tonto. Pero nunca me escuchaste porque siempre pensaste que era una idiota. Y como me gusta decir, no sabre mucho sobre muchas cosas pero si se otras cosas sobre otras cosas. Y se que uno puede empezar de nuevo. Lo descubrí en casa el día que te fuiste. Oh sí, no seré la mujer más inteligente del globo, pero como esposa era perfecta. Y sabía porque te habías ido. Abrí el placard y vi que no estaban tus armas. ¿Sabes que encontré también BomBom"? Una tarjetita de ese amigo abogado de la Fundacion Ferdinand. El que tramitó el Divorcio del Gran Baron. Bueeeno no sere Einstein pero entendí que sucedía, que lo tapara con esa pantalla de constante idiotez, es otra cosa Amor. 

Vamos, no me mires así pipi, ¿Me vas a decir ahora que no sabes lo que es la Negación? En eso, lindo, eramos iguales. Con la diferencia de que yo me hacia la pelotuda y vos el homicida. 

Claro que ya lo sabía y acaso te dije "¿Que mierda es esto?" acaso te dije "No se te ocurra divorciarte de mi ahora pendejo merquero? No Cris. Me puse a llorar como una idiota en el sillón que da a mi ventana, nuestra ventana favorita con la bata recién puesta. Entendiendo que me habías hecho el amor en la terraza porque sabías que no ibas a volver. Tal vez regresaras vivo, pero no ibas a volver conmigo.  ¿Me viste andar llorando por los rincones porque mis sueños de vida se habían hecho pedazos de esa manera? No, porque siempre te lo dije, desde que te conocí. Se puede empezar de nuevo y con lo de tu familia quise transmitírtelo a mi manera. Por un tiempo lo entendiste. Por un tiempo fuimos felices juntos y sabía que podíamos ser felices separados.

Si te queres morir, es solo porque nunca antes te preguntaste que hacer con tu vida. Ya aprendimos Cris (mientras duro nuestro accidentado matrimonio) que lo difícil es estar vivo. Lo Jodido es estar vivo bebe. 
- ¿Y por que mierda querría vivir entonces Nena?- Dijo Crisald enojado.
- Porque llevas muchos años muerto ya, pitufito...





***
Arriba todo era azul. Azul claro, como pincelado por un niño entusiasta. El cielo estaba radiante de brillo y el calor continuaba. Crisald sintió en sus manos algo suave y terroso, pasto tal vez. Se dio cuenta que tenía el cuerpo acostado con cuidado cerca de unos arboles. En todo el lugar podía percibirse la fragancia discreta de la naturaleza salvaje, la poca que queda en Himburgo. Ya no sentía la nariz cargada por el ceniciento polvo de Witters Alley ni el ardiente fuego alrededor. A juzgar por lo liviano que se sentía allí tendido imaginó que le habían quitado la gabardina.

El sonido de unos motores de hélice llegó rápidamente desde el oeste. Quizás si estaba muerto después de todo, o había cambiado vidas con el abuelo Peter. Como plateados ángeles dos aviones de reconocimiento de la guardia nacional pasaron a poca altura, mostrando sus anchas alas, bien pintadas y vigorosas como aviones de maqueta. Surcaron el cielo de la misma forma que el sonido de sus motores acaricio la mente confundida del Vlaind. Rugieron hasta desaparecer en el silencio.

Lentamente Crisald regresó al mundo de los vivos, pieza por pieza. Primero la noción de conciencia, luego la vista, el oído y por último el tacto. Ese no vino con bonitas visiones como los Aviones de la Guardia nacional. Sino más bien que llegó con misiles de dolor desde los ojos hasta el dedo más pequeño de sus pies.

Si bien era lógico que semejante caída le iba a traer dolores espantosos, Crisald creyó por un instante tendido en el Bosque de Pent que ese tipo de sensación, un cóctel de dolor, miedo y calma todo revuelto en su cabeza y en su corazón era lo más parecido a nacer. Por unos breves segundos se convenció que de esa forma se debió haber sentido cuando salió de la panza de su madre. Porque ya la conocía, increíblemente ya conocía esa sensación. ¿Donde estoy? ¿A donde estuve? Quiero volver pero lo que esta aquí afuera se ve muy bonito también...pero hace frió...no lo se, quiero volver, tal vez lo haga luego, esto parece interesante.

En un acto reflejo sus pulmones tuvieron la urgencia de llenarse de aire y su estomago de vomitar todo el liquido amniótico de mierda que venía mamando en grandes porciones. Los demás no escucharon este quejido, su dolor, su desconcierto era todo suyo, pero el cielo azul y los avioncitos también. Otro, grande y colorado de los bomberos paso lentamente por allí, tapando por unos segundos la luz del sol y marchándose detrás de las verdes copas de los arboles. Los bordes de las hojas estaban revestidas de dorado y el viento soplaba manso acunando sus copas.

Giró su cuello a la derecha y vio a los Dracidas y a la Avista. Daniela estaba en una posición muy sugerente, arrodillada en el piso.  El espacio entre sus pantorrillas y sus caderas dejaba ver un bonito trasero. Estaba manipulando un  objeto similar a un baso de madera. Fue su primer erección en mucho tiempo y la dejo ahí sin ánimos de inhibirla en lo absoluto. Debido a los caballos de fuerza listos para correr en su entrepierna por un segundo creyó que habían pasado millones de años desde la última vez que se había excitado de esa forma tan adolescente. Permaneció unos segundos tendido solo mirando el cielo, como el preso que vuelve a ver la luz del día tras cumplir su condena el brillo le dañaba los ojos.

Rise y Miranda examinaban, también sentados en el piso, un mapa de carretera. Debían ser más o menos las  8 o 10 de la mañana. -No quiero pasar por The Kings Valley Rise. En esa ciudad los Chorros andan con bazookas y tanques.
El Jethi hizo un chasquido con los labios:
- Ay Miranda no seas nazi. ¿De donde sacaste eso?
- De Radio Imperio, es la única que se sintoniza en el bosque. El gobierno mantiene a esos vagos con planes, después con esa plata compran la droga para vender. Hasta tienen nexos con esos musulmanes terroristas de Salef...cambian droga por armas de asalto.
Daniela se estalló de la risa, Rise también.
- Preciosa Miranda. Dijo Rise a tono de burla. - Lamento informarte que Radio Imperio no es precisamente la mejor manera de informarse. También dicen que la gente del bosque de Hosmusilias son comandos del ejercito Rojo preparando una invasión. ¿Vos sos una sucia Roja Brusa?
Miranda lo miro absorta, como si  su fe en los Medios de comunicación acabara de irse por el caño. Lo miro perdida, desolada.
- E...No...no que yo sepa.
Daniela volvió a estallarse en risas. - "No que yo sepa"  ¿Que no sabes lo que es un comunista Miranda?- Pregunto divertida.
Miranda se enfadó al ver que efectivamente había algo de lo que sabia poco y nada. Se cruzó de brazos y miró para otro lado.
- A Rise le interesan esas pelotudeces de política. Yo soy una Jethi, me preocupo por cosas que valen la pena.
- Bueno Dani, ya te encontramos trabajo en el Bosque de Hosmusilias. Vos y yo podríamos armar un curso sobre "Historia Básica de la Balbania Moderna"
- ¡Que te parece un curso de...- Miranda se detuvo a media bronca. Vio los ojos azules del Vlaind mirándolos como si acabara de llegar de otro planeta. - Heills guarde la medicina de Sigmund. Parece que también funciona con Vlainds. - Dijo Miranda sorprendida y orgullosa de las posiciones que había administrado a Crisald mientras estaba en otro universo.
- Hola bello durmiente. - Dijo Daniela. Rise saludo con una mano.

Crisald, aun inmóvil hizo el titanico esfuerzo de mover su brazo derecho y señalar lo que tenía Daniela entre las manos. Ahora el vaso de madera contaba con una pajilla de algún metal y en sus bordes se podía ver algo verde oscuro.
- Eso....¿Eso es algún tipo de droga?
- Sí, legal, pero droga en fin.- Apuntó Rise con sus ojos de nuevo en el mapa.
- Suficiente para mí.-  Crisald quiso pararse pero el dolor le estalló en la espalda como una bomba compuesta de agujas filosas y oxidadas, cayo con la cabeza al suelo gimiendo. Al menos el dolor indicaba que no estaba paralizado de la cintura para abajo como el idiota de Illagros.

Daniela se acercó a él y lentamente lo ayudo a poner la espalda derecha. Crisald probó esa cosa. Era muy amarga y de momento le resulto algo horrible. - Puaj. - Exclamo tras tragar. - ¿Ustedes comen pasto o algo así?
- Es Mate. Dijo Miranda. - Nada que hallas probado antes Ricky Ricon.
- Pelotuda...- se quejo por lo bajo Crisald. Tenía la cabeza matándolo como para lidiar tan temprano con los sarcasmos de la Dracida de una manera más original.
 - ¿Tu amiga tiene como costumbre ponerle sobrenombre a todos los que conoce? Pregunto Crisald sintiendo que su voz le era levemente ajena.
- Sí, pero es su forma de ser amable. Se muere porque la quieran un poquito nada más. - Una lapicera golpeo a Daniela en la cabeza.
- ¡Ay!- Se quejó con falsedad Daniela. - ¿Por que hiciste eso?
- Por bicho atrevido. Contesto Miranda sin mirarla.

A pesar de lo feo que le había resultado el mate al Vlaind, el gusto que le dejo en la boca le pedía que le diera un sorbo más. Le recordó al momento en que probo el cigarrillo o la cerveza. Nunca los vicios son algo delicioso al instante, casi como una advertencia que nadie escucha. - Dame un poco más de eso.
Daniela bebió del mate primero y cebo otro para Crisald. Luego le examinó las heridas de los brazos.
- ¿Por que lo chupaste?- Preguntó el Vlaind desconcertado.
- Porque el mate se toma de a varios, se comparte la bombilla.
- Eso es como que todos usen el mismo  cepillo de dientes, ¡que asco!...- Volvió a quejarse Crisald.
- Si fueras un Vlaind como la gente te harías tu propia bombilla...- dijo Miranda
- Y si vos fueras...
- No le hagas caso. Toma esto porque no hay otra cosa de momento. Te va a hidratar y te va a dar energías.

Crisald volvió a tomar mate y mágicamente le resulto solo un poco menos feo que la ultima vez. Era cosa de bárbaros eso de andar tomando de la misma bombilla. ¿Pero quien era el para hablar de modales? Daniela no detectó más heridas que las ya antes vistas. Sin duda las pociones de Miranda hacían efecto, mitigando el dolor y acelerando la cicatrización.

La noche anterior ella y Daniela habían ido en busca de algunas plantas especiales que necesitaba Miranda para hacer una infusión conocida como Lieveen. Era un té que se hacía con flores de Gola, del tipo que crecen en bosques viejos tales como Pent o Hosmusilias. Era un analgésico creado por los Jethis de Sigmund muy usado en los campos de batalla que relajaba el cuerpo y daba un buen sueño. Había todo tipo de variedades, era el té de tilo versión épica y Fantástica. Miranda le agregó un poco de su propio Rettem para que las heridas de Crisald cicatrizaran muy rápido. Por suerte su medida (una gota de sangre) fue la correcta, de lo contrario le hubiera proporcionado una ulcera o envenamiento. Ahora podría volver al bosque diciendo que acababa de descubrir que, por alguna razón desconocida, la medicina Jethi servia para tratar también a los Vlainds, como si tuvieran algo en común en sus cuerpos que los hacía ligeramente tolerantes al Rettem que tanto intentaron destruir en el pasado.

- ¿Donde estamos? ¿Seguimos en ese pueblo horrible?- Pregunto Crisald a la Avista.
- No. Estamos a unos 8 Kilometros. Nos tuvimos que ir con vos a cuestas antes de que llegara el ejercito y los bomberos. Rise dice que es mejor que nos pongamos en marcha tan pronto como puedas moverte.
- ¿Todavía nos persigue esa...esa...?
- No. Contesto Daniela. - Y no la vamos a ver por un largo tiempo creo yo. Por cierto, gracias, fue muy noble de tu parte.

¿Cuando fue la ultima vez que alguien le había dicho que acababa de hacer algo noble y bueno? se sentía muy distinto. Daniela, con su rostro bello y algo exótico parecía contenta, menos lacónica. Pensar que de alguna manera el había ayudado a que tuviera esa bonita expresión juvenil lo hizo sentir bien. Un buen primer paso al menos.
- Estabas medio muerto cuando te sacamos de ahí. Miranda paso toda la noche buscando unas flores junto conmigo en el bosque. Tuvimos que...desnudarte y bañarte. Como ademas darte unas posiciones por vía oral. ¿Te sentís bien?

Por un segundo la frase "Te sentís bien" hizo que la cara de Daniela se trasfigurara en la del medico que lo atendió luego de su desmayo en la casa de los Ferdinand. O en los ojos preocupados de Liavenna tratando de examinarlo sobre la mesa del salón. Ahora comprendía lo  que decía Alaysa sobre el magnetismo de los Avistos hacia las otras razas. Estar cerca de la chica era estar bien, en paz.
- Bueno...no creo que pueda aguantar otro Round con esa...cosa. Pero sí.  Con que me tome unas vacaciones por un par de días voy a estar como nuevo.
- Rise dice que en el bosque vamos a poder descansar bien. Están resolviendo como ir hasta allá haciendo el menor escalabro posible dadas las circunstancias.
Con un dejo de satisfacción Vlaind Crisald dijo:
- Si tienen problemas con la MI5 puedo llamar a un amigo que trabaja ahí. No es el jefe pero tiene una posición importante. Capaz que hace lo suyo para que no nos persigan si le explico, más o menos, que no tuvimos nada que ver.

Daniela le quitó la venda que tenía en el pecho y la cambio por otra. Desde el hombro izquierdo hasta el estomago había sufrido un corte bastante largo aunque poco profundo. - No creo que quiera tener que deberle algo a la gente del gobierno. Es un poco...- Crisald terminó la frase por ella.
- ¿Zurdo?
Ella asintió.
- ¡Ja! un Jethi Zurdo. Eso si que haría reír a los míos. Son raros estos Jethis. Nunca tuve nada contra ellos en verdad, pero si que son raros. Especialmente la señora sobrenombres.
- Yo soy la más rara de los tres.- Crisald no pudo evitar enternecerse.
- No. Dijo el Vlaind mirándola a los ojos. - Más allá de que seas una Avi...Avista si es que sos tal cosa, me pareces la menos rara. Creo que al ser nueva en esto sos más fresca.
- ¿Que edad tenes vos Crisald?- Pregunto Daniela ligeramente ruborizada por los músculos tonificados del Vlaind que veía mientras aplicaba vendajes.
- 25. Para los Vlaind soy un recién nacido todavía. Cuando llegue a los...100 capaz me toman como alguien adulto. Pero si las cosas siguen así no se si voy a llegar a los 30.
Daniela volvió a reír como una adolescente que coquetea con el chico guapo de la clase.
- Deberías dejar de tomar.
- ¿Perdón?
- Ah, sí, como Avista puedo ver algunas cosas que capaz...Perdón, no me des bola. Todavía no controlo del todo mis poderes.
- ¿Podes ver dentro de mi alma o lo que sea?
- Algo como eso.
- ¿Y que ves?
Daniela hizo un silencio largo.
- Veo un chico bueno, pero un poco...
-¿Loco?
- solo.
- Sos mejor que mi Psicoanalista. Podrías vivir de eso ¿sabes? Con tus poderes podrías adivinar lo que la gente piensa de verdad y ayudarlos por una módica suma.
- Quería ser abogada...pero pasó...bueno esto pasó.
- No, los abogados son una mierda...seguí el consejo, si algo sabemos los Vlaind es como hacer mucha plata. Eso o detective privada. O Periodista, o Espía bueno...todo lo que signifique meterse en la cabeza de la gente y saber que esta pensando.
O decirles que pensar- Se Dijo la Avista a sus adentros.

Daniela estaba bastante encantada con Crisald. Ademas de las cosas profundamente oscuras que podía ver en su cabeza, también sentía que el muchacho tenía una desesperada urgencia por tener un amigo de verdad en el mundo. Y tenía un humor negro bastante atractivo. Tras unos minutos Crisald sintió que podía pararse al menos con ayuda de Daniela y lo logró, con muchas quejas de por medio.

- Bueno, parece que los Vlaind son más fuertes de lo que me dijeron. Dijo Daniela.
- Obvio. A pesar de todo no dejamos de ser hijos de Namidian.

Cuando Rise vio al Vlaind de pie sostenido por Daniela, que lucía pequeña e inocente al lado de el muchacho se sintió muy aliviado de no haberse peleado con él. Los Jethis resisten mucho el dolor, pero los Vlaind de Rolando son lo más parecido a los Dracidas en eso de "hacerse mierda y levantarse". Eso los hacía la orden más peligrosa a la hora de la batalla. Eran duros como una roca, si fueran menos impulsivos (por no decir Chiflados) de seguro hubieran hecho polvo a los Dracidas en Strickland.
- ¿Ya podes caminar?- Pregunto Rise.
- En hora buena. Yo no pensaba cargarlo.- Añadio Miranda.
- Con un poco de ayuda creo que sí.
- Bueno entonces mejor ponernos en marcha. - Rise tomó su piloto verde, colgó su escopeta al hombro y se puso la espada en el cinto como le gustaba hacer en el bosque. Miranda y Daniela cargaron con otros pertrechos y Crisald se ofreció a llevar las municiones, que eran lo más pesado. Tras hacer algunos pasos, alcanzaron un bonito claro del bosque lleno de Helechos.
Rise  se detuvo y dijo:
- Bueno, algunas cuestiones antes de partir.- El Dracida se paró delante de lo que era su...¿Compañía? Miranda y Daniela lo observaban esperando su consejo, orden, comentario o lo que fuera. Algo en su tono de voz hacía que los demás aguardaran lo que tenía para decir, o en su forma de pararse. No le gustaba mucho sentirse tan milico...o tal vez desde que la Mujer Desnuda se le puso enfrente encontró la forma de disfrutarlo secreta y discretamente. Por que, en definitiva, era un Jehti de Bilingord le gustara o no. Hasta el Vlaind, auxiliado por Daniela, lo miraba esperando a que hablara. Se sintió ligeramente sobrecogido por las miradas de todos allí con el radiante sol dándole en sus cabezas. Le recordaba demasiado a lo que tanto había evitado en los últimos años. Pero logró dejar a un lado su muy mala imagen de sí mísmo por unos segundos que a Miranda le parecieron prodigiosos.

- Bueno, como imaginan lo peor ha pasado de momento. Pero que nos hallamos sacado a la Estrella de encima no significa que lleguemos al bosque en una pieza. Los cuatro ya debemos tener un historial de crímenes gordo como la biblia y si nos para la policía podemos darnos por muertos. Por lo que hay que evitar todo contacto con las fuerzas de seguridad posible. Por ahora deben estar preguntándose que carajo paso en Witters, así que hay que aprovechar la confusión. Iremos a pie por la carretera hasta Fixa Town. Si alguien, cualquiera sea, nos pregunta que hacemos acá vamos a decir que somos sobrevivientes del estallido. Crisald hará de medio muerto por que es el que tiene más aspecto de cagado a palos. Nadie en los alrededores va a poder evitar enternecerse ante este chico tan bonito así que los hombres nos van a abrir el paso. Si la policía viene a meter las narices, nos vamos a portar como refugiados de Bretoslavia, lloren, aúllen, maldigan y todo lo demás. Miranda y Daniela haciendo pucherito sera suficiente para convencer a cualquier policía que me vea con cara de terrorista.

Paso dos: Cuando lleguemos a Fixa Town vamos a tomar el tren. Miranda cargara la moto en el vagón de Furgón y todos tendremos un lindo momento viendo el paisaje. Nos tomara casi 24 horas si pagamos el servicio expreso que sale normalmente a las 22 horas. Estaremos en la provincia de Aron en la mañana. Cuando bajemos en la estación de Ikersville, ya muy alejados de este quilombo de policía y militares, podremos tomar prestado algún vehículo.
- ¿Como vamos a pagar los pasajes Rise?- Pregunto Daniela.
Todos miraron de inmediato al Vlaind. Crisald se sonrió
- Sí...sí...tengo mucha plata como cualquier Vlaind, pagare los gastos del viaje como recompensa por haberse tomado la molestia de sacarme de ese infierno. Solo tengo que pasar por algún banco antes de subir al tren. No tengo efectivo y no sería prudente usar la tarjeta de Credito. Tengo amigos en Lambridge que pueden facilitarnos auto o camionta para hacer lo que queda del trayecto desde Ikersville hasta su bosque loco.
- Bien, adelante entonces señores. Miranda y yo iremos delante, Daniela en medio y Crisald nos cubre las espaldas.
Miranda bufo mostrando su poco interés por tener al Vlaind detrás de ella. Jamas le confiaría las espaldas a un asesino de Namidian. Rise noto este gesto y agrego:
- Siempre y cuando Crisald no tenga ganas de matarnos a todos por el honor y la gloria del Ramkkara.
- Si los hace sentir mejor, dejare que la Dracida de Sigmund lleve mis Armas. - Crisald desenganchó a Epsurren y a su Desert Eagle. Vale decir que ningún Vlaind que se precie de serlo (más aun si es de Rolando) entregaría las armas de la familia aun Jethi. Hubo quienes se incineraron en una fortaleza en el pasado antes de hacer algo semejante.

Miranda estaba a punto de aceptar sin ningún problema. Pero su tradición tan amada le jugo en contra esta vez. Ella sabía, más que cualquiera ahí, que los Vlaind de Rolando NUNCA entregan sus espadas a un Dracida. Tal cosa solo había sido echa una vez como muestra de amistad y de paz. Era el gesto de un verdadero Príncipe y no de un lunático.
- No.- Dijo seca la Dracida. - No hará falta. Con que E.T te tenga vigilado me alcanza.
***


Llevaban dos horas de caminata bastante amena. Los Cuatro en fila mientras el mediodía daba paso a un colorado atardecer. El Jethi de Bilingord observaba detenidamente los alrededores y en apariencia nada peligroso andaba por allí. Por un segundo tuvo la tonta impresión de que ese camino, al costado del bosque de Pent se debió ver exactamente igual en la antigüedad, a excepción del asfalto claro esta. Pero tanto él como Miranda podían sentir una larga calma bajo el abrigo de un ya descendiente sol. El sonido de sus pasos se repetía con una tranquilidad hipnótica. Una llamada de Crislad los espabilo.


 - ¿Que paso?- Preguntó Rise.
- Emm. Nada, pero creo que acabo de encontrar la espada que Daniela necesita.

Todos se acercaron a Crisald. Este señalaba una especie abertura entre los arboles. Miranda se percató de que allí había caído algo pesado a gran velocidad y desde mucha altura. La hierba de los alrededores estaba ligeramente quemada. Pero la espada señalada por Crisald descansaba, refulgente, sobre un montón de flores blancas.

Daniela, que había estado esperando tener su propia espada desde hace mucho corrió emocionada hacia donde el Vlaind indicaba. Pero igual que todos allí se llevó una sorpresa agridulce. Era la hoja que había utilizado la Mujer Desnuda. La llamada "Espada de San Jorge"
- Por Heills. - Dijo Miranda persignándose. Rise se llevó las manos a la boca tratando de ahogar un grito.
- No creo que sea buena idea llevarnos esa...cosa. - Dijo Rise.
- ¿Por que no?- Pregunto Crisald encogiendo los hombros.
- Es la espada de la Mujer esa...
- ¡Ay! ¡Pero que bicho más obstinado!- Dijo Crisald retrocediendo con el mal recuerdo que le quedaba de Woodward con su cara abierta al vació.

Daniela la tomó entre sus manos, la hoja brillaba y reflejaba su rostro en su pulido acero. Pero no sentía nada malo u oscuro ante ella. Sino que más bien le dio la loca impresión de que el arma estaba contenta de tenerla con ella. Más que contenta, aliviada.
- Tiene unas inscripciones en la hoja ¿Alguien sabe que lengua es esta?
Miranda, experta en todo ese tipo de cosas se abrió paso y las leyó desde una prudente distancia. Pero quedo mucho más desconcertada de lo que esperaba.
- ¿Estas seguro que esta era la espada de la mina esa?- Le pregunto a Rise. Este asintió.
- Uno simplemente no se olvida de cosas así Miranda. Me martillo la cabeza durante 40 minutos o más. ¿Por que preguntas?
- Sí, no es que uno deje reliquias milenarias tiradas en el medio de la nada. Añadió Crisald.
Miranda volvió a leer de nuevo las inscripciones en la hoja, pero le costaba creerlo.
- Porque esa lengua es Bajo Sixvandez. La lengua de los maestros Dracidas de Hosmusilias. Es una espada Jethi Rise. - Tomó  San Jorge entre sus manos y observó el escudo marcado en el pomo. Era un sello con la forma de un dragón envuelto entre hojas de Italcaro. Un árbol que solo crecía en el Bosque de los Dracidas.
- Esta hoja...esta hoja fue forjada en el bosque Rise. No soy una experta en metales pero...
Crisald le pidió la espada y la miro de cerca.
- Como buen Vlaind yo se sobre metales.

La observó con el detenimiento de un artesano. Como ya saben los Vlaind tienen como característica la modificación de los elementos y de niños tienden a hacer todo tipo de cosas con metales a modo de juego y entrenamiento.
- No se si fue forjada donde decís Miranda...pero sin duda fue reforjada ahí. Son varias aleaciones de Metales distintos.- Crisald mostró los puntos en la espada donde esto podía ser visto. - Una parte coincide con lo que aprendí alguna vez sobre las armas de los Dracidas. Pero esta mezclado con otro tipo de acero, se parece bastante al Arudar Vlaind. Si fuera solo una espada Jethi mi mano se estaría quemando como si sostuviera una plancha ardiente.
- ¿Arudar?- Preguntó Daniela.
- Si, es el metal sagrado Vlaind. Con eso hacíamos las armaduras doradas y revestíamos las armas en el pasado. Es único y según la leyenda fue creado por Sítiva, Diosa de la forja y Ungil, nuestra señora de la guerra cuando los Dioses eran todavía amigos. Es una cosa tan hermosa o más que el Oro pero resistente como el acero. Solo los Vlaind pueden manejarlo y por ende multiplicarlo con el Don de Namidian. No se extrae de la tierra.

Claro que a nadie le hacía mucha gracia llevarse el arma de la mujer desnuda con ellos. Pero Rise pensó que no sería mala idea que Daniela la tuviera, después de todo las armas no hacen el mal, sino las personas que las usan.
- ¿La llevamos o no?- Preguntó Crisald sosteniéndola.
- ¿Dani?- Pregunto Rise.
La Avista vio los ojos del Vlaind y los dos Dracidas.
-  Sí. Me corresponde asumirme como lo que soy y no le tengo miedo más a eso. Que haya sido el arma de mi "Madre espiritual" no significa que tenga que usarla de igual modo. Si mi función en esta vida fuera matarlos a todos ustedes creo que ya lo hubiera intentado hacer, era lo que la Mujer Desnuda quería hacer de mi. Pero si hay algo que se en mis entrañas, y es la razón por la cual estoy con ustedes, es que los Avistos no son lo que todo el mundo cree. Así como ustedes (Los Jethis y los Vlaind) no se están matando por cuestiones del pasado, creo que mi..."raza" bien puede aprender de ustedes. Cuando estemos en el bosque los demas me van a ver, me guste o no, como la representante de esa especie y planeo demostrar que más allá del poder que nos domina, es posible liberarnos. Tomare la espada como prueba de eso, estoy segura que tal y como un Avisto, no fue forjada con el propósito de aniquilar a todos los Dracidas y Vlainds. Por eso ha sido reforjada en el bosque. Tal vez en algún momento otros lo supieron y quisieron dejar prueba de ello en la hoja.

Todos hicieron un breve silencio reflexionando sobre las palabras de la muchacha. Ella escudriño sus rostros cansados y ojerosos, pero al mismo tiempo aliviados.
- Llevemos entonces el mensaje al bosque Dani. - Contesto Rise al fin.
- Y a pesar de todo E.T se sigue ganando sus Scooby Galletas. Dijo Miranda palmeando su hombro.
 -Hubieras sido una gran Jethi de Sigmund E.T

El ocaso bañaba con su anaranjado las copas de los arboles de Pent. Las largas sombras del bosque comenzaban a alargarse hasta el otro extremo de la carretera. Algunas luciérnagas habían aparecido en el camino, brillando con la intensidad acostumbrada junto a las primeras estrellas sobre el cielo cada vez más azulado. La noche golpeaba las puertas en el este y algunas nubes blancas se enredaban entre las ya visibles cumbres de las montañas de las Sorrim. 

Todos caminaban sin decir palabra, metidos en sus propios pensamientos o llevando sus ojos hacia la larga cadena montañosa al oeste, con sus copas nevadas rutilantes coronadas por las tiaras estelares de la noche Balbanesa. Debido al bloqueo de la Carretera en Fixa Town no se habían topado con un solo auto o camión. Pero sortearían el bloqueo aduciendo que eran refugiados. Daniela y Miranda interpretarían un chistoso numero frente a la policía local. Daniela se golpearía el pecho como una mujer Musulmana y Crisald diría que la inexpresividad de Miranda se debía al shok generado por la explosión. 

Detrás de la Jethi de Sigmund Daniela podía ver las siluetas de los cuatro acompañadas junto a la motocicleta de Miranda. Al tener tan cerca ahora las rocas de las Sorrim notó el pequeño túnel para un tren abandonado hace siglos.  La Avista tuvo el recuerdo de  cuando entro a un Tren Fantasma de una feria en aquellas vacaciones en Saint Custer junto a su madre biológica. En verdad no rememoraba el trayecto (que ya a esa edad le había parecido la versión cutre de las cosas que ella podía ver en la vida real y que nadie entendía) sino el momento en el que salio corriendo del trenecito llorando hacia los brazos de su madre.

Era una sensación similar. En cierta manera la Avista sabía que los cuatro acababan de pasar las noches más oscuras y tenebrosas de sus vidas. Tal y como en un paseo de ese tipo, se habían aferrado al carrito con las manos clavadas como garras en la barra de acero protectora, con los ojos fijos en las tinieblas tratando de adivinar que cosa horripilante vendría tras la próxima curva o la cortina de humo artificial.  Ella se había aferrado a Rise, seguramente poniéndolo en el lugar de su difunto hermano mayor. Rise saltó del miedo ante la risa desencajada de un vampiro mal dibujado en los brazos de Miranda. Pero Miranda también lo había abrazado fuerte cuando paso a su lado el fantasma fluorescente. 
¿Y Crisald? Sus ojos amatistas se volvieron a él por un segundo. El Vlaind iba con la mirada puesta en el suelo, cansado. Al notar que ella lo miraba le sonrió. 

Crisald había sido el chico temeroso de la última fila que no tiene con quien compartir el asiento y solo puede agarrarse de la vara de acero, agachar la cabeza e implorar por que el terror que ve delante de sus ojos sea la mejor y más alocada ficción que ha presenciado ser humano alguno. Por eso se llevaban bien, ella había ocupado ese mismo asiento desde los 8 años en adelante. Y mientras los carritos pasaban con desesperante lentitud hacia las sombras cerraba el dulce entrecejo intentando no llorar. Ambos eran iguales en ese sentido. Pero una cosa los diferenciaba de manera notable.

Cuando Daniela se bajó del paseo, pudo correr hasta los brazos de su madre y llorar como una condenada bajo las dulces caricias de Veronica, sonriente y alegre por una última vez. Crisald bajaría del carrito y no encontraría a nadie que le diera el maternal sosiego ante las tinieblas que lo rodeaban. Eso hacia que Daniela sintiera por Crisald una genuina ternura. 

Todos allí habían comprado un boleto para subir a los andenes de un tren enloquecido y fantasmagórico. "¿Pero quien paga para asustarse?" se preguntó en su cabeza Daniela mientras miraba las espaldas de Rise avanzar con ese caminar despeinado que lo caracterizaba.  "¿Por que las personas piden, a cambio de dinero, ser atemorizadas?" La Avista dio con la respuesta:

Uno entraba allí para asegurarse que detrás de Drácula, el hombre lobo, el esqueleto fosforescente o la bruja de risa grabada, había solamente un montón de poleas y arneses metálicos que les proporcionaban movimiento. Pero la vida se la daba el pasajero, el espectador. Y si uno se las otorgaba también tenía el poder de quitárselas. Solo había que animarse a remover el disfraz del monstruo. A mirar debajo de la cama o dentro del armario porque ya da vergüenza pedírselo a tus padres. A caminar por el cementerio sabiendo que los muertos, muertos están. A mirar una película de terror con la luz apagada  porque, en definitiva, se sabe que uno sobrevivirá para ver el amanecer salir por la ventana como cada día normal. Uno siempre sabe que puede, animarse es otra cosa; y los cuatro: Rise, Crisald, Miranda y Daniela  acababan de terminar su espantoso recorrido por las Umbría más espesa de este universo. No del vacío,  de la Gran sombra, ni la de la Mujer desnuda sino de sí mismos.

En otras palabras había que ingresar  al tren fantasma para descubrirlo o vivir con esos temores por el resto de su vida. El verdadero precio a pagar no era el boleto comprado al vendedor frente a la barraca de feria de sonrisa leonina. Sino más bien atravesar las sombras. Atravesar las tinieblas era la única forma posible de llegar a la luz al final del recorrido. Y la única forma de apreciar de verdad la luz por primera vez.

FIN


***
N/A:
Como imaginan volveremos a ver a Rise, Crisald, Daniela y Miranda en otras aventuras referidas a la próxima guerra contra Misínas y los Avistos. Pero esa ya es otra historia que no tiene lugar aquí pues "El Ritual de los Condenados" no sería compatible con la "Épica" que dicho relato requiere. Si se quisiera continuar más allá de este punto sería abrir una nueva gama de historias, personajes y preguntas que no encuentran lugar en la obra. Este libro trato de como las fuerzas del bien pudieron, a pesar de todo, unirse en un pequeño grupo de "bichos raros" que muy a pesar de sus errores, lograron encontrar el camino correcto para no caer en el Vacío de la desesperación. Si lograran llevar ese mensaje a sus respectivas especies, es otra historia.

Por último les dejamos nuestro vídeo en agradecimiento a todos nuestros lectores y amigos alla afuera

1 comentario:

Facu Tedesco dijo...

Parece copado!! hoy a la noche lo leo.Me encanta tu blog, como esta armado, tu forma de escribir, etc!. Abrazo!