sábado, 9 de noviembre de 2013

Las Notas de Loudwoods V

Blondres Martes 5 de Noviembre 23:05 Horas
Complejo departamental The Picks-Alley

Obediencia Debida 
El Nacimiento de Helena Reeds 

Música
Las llaves hicieron un sonido que no le resultó familiar. Mecánico y algo estruendoso. La puerta negra y estrecha se abrió sin ningún esfuerzo hacía dentro dejando que la luz de tubo del pasillo de su nuevo hogar iluminara el interior del apartamento. Las sombras de los muebles  y cortinas contrastando con la proveniente de la ventana la recibieron. Sofia buscó la perilla de luz y unas dicroicas trajeron luz a su nueva casa en el complejo de departamentos The Picks Alley. Tres torres de 17 pisos cada uno que tenía más aspecto de monoblock reformado que la "Vivienda de Categoría" prometida en el contrato recientemente firmado en la MI5.

Sofia camino con sus tacos golpeando el parque, algo viejo pero en buen estado. Los muebles y la decoración del pequeño living comedor estaban...bien. Bueno sin duda no había racks de lujo, ni ampulosas bibliotecas o sillas Chipendale, pero estaba...¿normal?. La Vlaind dejó sus cosas sobre una mesa de color negro de plástico resistente y se quitó el traje dejando a la vista solo su camisa blanca. Abrumada por su primer día de "Trabajo" en la MI5 tiró los zapatos a algún rincón del tres ambientes y fue hacía la heladera de la cocina, integrada al living. Según le dijo Matew, el departamento venía incluido con comida y bebida para una mes. No vaya a ser cosa que al agente le toque salir a alguna peligrosa misión con el estomago vació y la garganta seca.

La Vlaind abrió la heladera y encontró lo que tanto necesitaba. Whisky Budasky. Una marca relativamente nueva con la cara de Buda en su etiqueta negra que rezaba "Beber para Pensar". Sofia abrió rápidamente la botella larga y fina y tomo unos tres o cuatro tragos. Estaba lejos de ser una bebedora pero durante todo el día había tenido la sensación de que acababa de cometer un muy grave error y eso la tenía más ansiosa que nunca. 

Mientras escuchaba a Mat o Pol Whitman hablarle sobre que se debe y que no se debe hacer en la Sección Roja se perdió a la mitad del reglamento. Esos hombres creían que ella era una Vlaind de la Inteligencia por lo que hubo muchas cosas que no se calentaron en explicarle por suponerlas sabidas. Marco le había dicho que seguro haría este trabajo mejor que cualquiera de los que usualmente eran reclutados por la fuerza. Sofia apenas había disparado un arma en su casa y por obligación de su padre como parte del entrenamiento familiar. Cuando se alejó de la heladera y abrió el ventanal que daba a un pequeño balcón vió brillar entre las cosas de su maleta la espada de su familia, Delaztar. En la espada era bastante buena, pero a comparación de otros regular. 

La Vlaind apoyó sus manos en la baranda negra del balconcito. La vista de su nuevo hogar daba a la rotonda sobre la cual estaban los tres edificios de "The Picks Alley" Un pequeño Pino crecía allí en soledad, detrás un muro blanco de 8 metros de altura daba hacía los terrenos del ferrocarril. Y más allá se alzaban los imponentes edificios del Centro de Blondres, con su ventanitas como diminutas y amarillentas estrellas. Ahora mismo un tren pasaba en lontananza haciendo al paisaje parecer un modelo a escala.

Bebió otro trago, la bebida le abrazó la garganta y le dejo en su boca ese gusto dulzón y fuerte. Una Brisa fresca más no fría le beso los cabellos rubios y agitó con templanza las cortinas baratas de la ventana, el pino y sus agujas bailaron a su orden. Sofia apretó con más fuerza la baranda, estaba molesta, estaba confundida y tenía ganas de volver corriendo a su casa con Peter. ¿Que mierda acababa de hacer? ¿Quien le pidió que lo hiciera? Claramente su plan no había sido la cosa brillante que imaginó hace pocos días en la casa del mirador. Claramente sus brazos pequeños no podrían sostener con la fuerza necesaria una espada o apretar el gatillo  sin miramientos como debería hacer tarde o temprano en este trabajo. Tampoco había dejado una gran impresión en su compañero. El Dracida había sido amistoso después de todo y ella se comportó como lo que él veía en ella: Una Niña rica con berrinches adolescentes.

Bien, tal vez no fuera la soluciona más genial que se le hubiera ocurrido a la Vlaind en lo últimos 27 años. Tranquilamente podría haberse mudado a algún país en el extranjero y hacerse pasar por vidente. Podría haber olvidado por completo el poder de sus notas y trabajar en la empresa de bienes raíces de su futuro esposo. O simplemente destruir la estúpida maquina de escribir y ya...

Tomó tres tragos largos, ambiciosos y buscó entre sus bolsillos un cigarrillo. Lo encendió con el Ronson que Peter le regaló para un aniversario de novios. La pequeña flama, llena de gas, salio eyectada para ser bruscamente interrumpida por la tapita dorada pequeña.

Como Vlaind de la Orden de Balabord Sofia tenía la convicción de que sus poderes, incluyendo el extraño portento de sus notas, debía servir para un bien mayor. Debía ser útil para la comunidad, para las personas y la afición de los Weedweber no era particularmente la caridad. Odiaban a los humanos, odiaban a los Dracidas y a toda cosa que no sea Vlaind. Por algún avatar extraño del destino (o a modo de castigo Divino) Sofia resultó en una Vlaind muy interesada por los hombres y sus cosas. Creía que los Vlaind debían ayudar a los humanos con sus fortunas y poderes, no intentar someterlos o engañarlos. Tal vez fuera por ello que, alguna fuerza misteriosa y sin nombre, le había dado la capacidad de reparar las desgracias ajenas por medio de su maquina de escribir, su talento como periodista y la quema del papel al final para cerrar el ciclo. 

No entendía porque y en cierta forma le interesaba muy poco. Solo sabía que esa cualidad tan única dentro del mundo en el que vivía pronto sería usada para hacer cosas espantosas, egoístas o malvadas.La MI5 era el único lugar del que había escuchado que era posible hacer algo "Bueno" por otros y aunque el costo fuera alto...no veía otra salida.

Estupidez o no había sido un acto noble de su parte. Se acostumbraría al trabajo, se acostumbraría a no ver nunca más a Peter, ni escribir notas en diarios y hasta tal vez, a nunca terminar "La Torre de las Tormentas", su nunca conclusa primera novela. Tras acabar la mitad de la botella Sofía miró a la noche delante de sus ojos:
- Mi nueva vida...a la mierda con todo lo demás. - Sostuvo la botella de Budisky con fuerza como si dentro de su cristal encerrara los últimos  27 años de Sofia Weedweber, como si fuera una lampara de genio que actúa en reversa. Se abre para tragárselo todo. La lanzo al vació. - Se acabo.

Lo que rescataba a Sofía de ser una maníaco depresiva como su madre era el temple de acero de su padre, al que llegaba a detestar a veces. Pero había que reconocerle al viejo que le había pasado algo de su increíble adaptación a los cambios y la resistencia a la perdida. 

Se quitó toda la ropa y la dejó en la cama de dos plazas, solo mantuvo sobre su blanca piel  una musculosa vieja que usaba para dormir y un culotte negro. Del Living trajó todos los productos que había comprado en una farmacia durante el horario de descanso en la MI5 y se internó en el baño. Un cuarto con azulejos amarillo claro y algunas marcas de humedad. Se dio una merecida y larga ducha caliente mientras sus dientes se apretaban los unos a los otros, intentando contener el dolor. Fue incapaz de hacerlo y lloro debajo de la reconfortante ducha. Pero era un llanto resignado, lagrimas del sin retorno y no de angustia o incertidumbre. 

Tras lavarse se miró al espejo, su cabello rubio mojado le caía a ambos lados de la cara, como le gustaba a su prometido que lo llevara. Siempre le decía que aun para ser una Vlaind, su color de pelo era especial, distinto a los otros y que la reconocería donde fuera por esa tonalidad tan dorada como única. La vlaind, aun entre el vapor sobrante de la ducha saco una tijera y empezó , lenta pero vigorosamente a cortar su cabello, que caía sobre el lavabo como hojas que se desprenden de un frondoso árbol. 

Mientras los tijeretazos iban y venían una nueva Sofia comenzaba a aparecer en el país del otro lado del espejo, su anterior parecido a Alicia se desvaneció tras las volutas de vapor para transformarse en otra persona. Alguien que no tenía familia, alguien que no llevaba aun un anillo de plata por una boda nunca llevada a cabo, alguien que no sabía en lo absoluto como escribir dos párrafos de una nota o de un libro. Alguien sin pasado y por ende sin dolor. 

Los Vlaind de Balabord tienen, entre otros poderes, la capacidad de modificar la materia Viva ademas de la normal. Esta habilidad en particular los hace especialistas a la hora de cambiar de aspecto. Pueden, con algún largó trabajo, llegar a cambiar por personas completamente distintas y hasta de sexo. Este poder era el que Sofia más conocía,  aunque nunca había cambiado su rostro o cuerpo, de niña solía cambiar la tonalidad de sus ojos para tenerlos más parecidos a  los de su padre, celestes. Al menos en la niñez, cuando todavía lo admiraba como solo una niña puede hacer.

Pasó sus manos por los ojos verdes y, tras un destello blanco como la luna (producto del Don de Namidian) sus orbes eran celeste oscuro, fríos, bellos e inexpresivos. Tan mortales como los de la bestia, atractivos como el pecado e impenetrables como murallas.  Una vez tuvó el pelo a la altura del cuello, haciendo uso del mismo poder Vlaind pasó sus manos suaves sobre su pelo y este se tiño de negro azabache, tan oscuro como un cuento de Edgar alan Poe. Cuando acabo se acercó al espejo y observó a la nueva persona que estaba delante suyo. - Ni Balabord  podría haberlo echo mejor. Se dijo así misma satisfecha con su pequeña transformación . A decir verdad Sofia se dio cuenta que se parecía a una estrella porno con ese look, pero al menos sería una estrella porno de las que son lindas en serio. 

Cambio de hábitos, cambio de casa, cambio de forma...no era una mala forma de empezar. Sí iba a hacer esto, si en verdad iba a alejarse de lo que la hacía Sofia Weedweber entonces tenía que tomárselo en serio. No alcanzaba con el pelo y los ojos, tampoco con el uniforme de la MI5 que colgaba en el placar que la hacía parecer un personaje de Hombres de Negro. Sí en verdad iba a llevar esta tarea hasta el puerto deseado lo mejor era zambullirse en el juego del todo. Por lo que abrió otra botella de Whisky Budisky y se perdió en ella acostada en la cama. No sea cosa que recordara que hace  5 años que no dormía sola.

***
Pensando como si estuviera construyendo un personaje para alguna novela se le hizo hasta divertido. A la mañana siguiente saltó de la cama y se calzó la camisa blanca, la pollera negra hasta las rodillas, los estiletos oscuros y sobre su cuello anudo la corbata fina. Con la taza del primer café de la mañana se miró al espejo...algo faltaba.
- ¡Lentes!- Buscó entre los bolsillos del saco y encontró unas gafas oscuras bastante bonitas. 
A la luz del amanecer entrando por la ventana le gusto un poco lo que veía. Llevo sus manos a la correa para su Desert Eagle Dorada (que también se había llevado por precaución) y examinó su figura angulo por angulo.  Sin duda podría comprarse este personaje que acababa de inventar. Solo le faltaba un buen nombre de cobertura...recordó el nombre que había pensado usar de Seudónimo por si necesitaba de alguno como escritora. 
- Helena Reed. Dijo ante el espejo repitiendo el nombre en su cabeza a medida que tomaba su maleta y comenzaba su primer día oficial de trabajo como Agente de la MI5. Como todavía no le habían entregado el auto prometido Sofia decidió usar el Subterraneo. Tan pronto como sus tacos golpearon las baldosas de la Bringwing Street atrajó las miradas de muchos Blondinenses que se dirigían a sus ocupaciones diarias. Sus largas piernas caminaron entre ellos con la decisión y sensualidad de una estrella y cuando entroóen la estación "Patriots" sabiéndose armada no pudo evitar sentir una profunda sensación de poder y atrevimiento.

Música

Poco después sus zapatos subían las escaleras de la salida del metro a una cuadra de la MI5. El sol brillaba como pocas veces antes en Blondres, los autos pasaban rápido por la Tony Clair Avenue y los ciudadanos, perdidos en sus asuntos eran como cientos de hormiguitas obedientes de muchos colores. Los semáforos, los policías en las esquinas y el grito ininterrumpido de "Diario" hicieron que Sofia empezara a sentirse Helena Reed, nacida en Blondres según su cobertura.  Con cada metro, cada paso, cada cigarrillo Sofia se quedaba en la casa del Mirador. Helena veía la nunca antes visitada ciudad de Blondres como un lugar donde todo sus miedos y rencores no podían alcanzarla.

Cuando pasó por el Hall de entrada de la MI5 la recepcionista ni siquiera se mosqueo. Eso significaba que estaba haciendo bien su trabajo. Si todos creían que en efecto ella era una espía sensual y mortal, tal vez ella podría llegar a creerlo y de manera mágica convertir aquello en una realidad. Una vez las puertas del ascensor se abrieron en el piso siete, exactamente a las 7:00 de la mañana Matew la vio llegar desde su cubículo y no pudo hacer otra cosa que borrar de su mente la fea imagen que le había quedado de Sofia.
- Buenos días Matew.- Dijo Helena sentándose en el escritorio asignado junto al de su compañero.
Matew examino cuidadosamente todos los cambios en Sofia...esperaba que la rubia poética y grácil llegara esa mañana con un montón de caprichos y preguntas, esto no ajustaba en nada con su imagen.
- Buenos días...Sofia. Parece que los Vlaind si se adaptan a los cambios...- Mona también la observaba tras salir un segundo de su oficina y casi va a preguntarle a Matew quien era la mina esa sentada en el escritorio de la piba nueva.
- Parece que te gusto mucho lo que te dijeron anoche. Nadie usa el uniforme ya...- Dijo Matew llevando sus ojos a las largas piernas de su nueva compañera.
- Bueno...como te dije, me gusta trabajar bien, este donde este.
A Matew le agrado también la buena onda que su compañera empezaba a mostrar. Aunque se quedaba con la rubia, no le quedaba nada mal el pelo oscuro y sus ojos azules tenían una fuerza renovada que los Verdes no.

El Dracida buscó algo debajo de su escritorio. Retiro un estuche de plástico y lo puso sobre su escritorio.
- Ábrelo...lo vas a necesitar.
Helena desajustó las clavijas y encontró dentro una Pistola Walter PPK de color negro. Junto a una credencial  que debía rellenar con su nombre y rango. Debajo de la tarjeta de plástico había un cuadrado rojo que rezaba
"Agente 748. Sección Roja de la MI5. Esta Persona tiene permitido no responder a los interrogantes de los  miembros de las fuerzas de Seguridad  a ecxepcion que medie una Orden del Ministerio de Defensa. Se ruega coperar con el Agente en todo lo posible. 
Ministerio de Defensa de Himburgo

Las letras oscuras y en molde de la MI5 brillaban ante la luz de tubo sobre su cabeza.
- Solo falta la foto carnet y que pongas tu nombre de cobertura.- Dijo Matew
- ¿Ya puedo hacer los honores?- Preguntó Sofia.
Mona vino por detrás.- Sí, luego sacamos la foto.
Sofía tomó un bolígrafo del bolsillo de la camisa de su compañero. Miro el espacio en blanco por un segundo y con decisión escribió:
Helena Reed 
Matew y Mona aplaudieron como en una tonta celebración de oficina.
- Bienvenida a la Agencia. Si queres vamos a tomar algo para celebrar. Vas a tener que acostumbrarte a esta persona ya que vamos a trabajar juntos por mucho tiempo.- Dijo Matew amigable.
- Eso va a tener que esperar. Dijo Mona. Les extendió unos papeles a ambos:
- Su caso cobra vida propia señores. Anoche balearon al hermano de Idele Diggrit en Loudwoods. Parece que la estaba buscando y un masculino en un sedan negro le llenó la panza de plomo cuando salio de un bar. Para su suerte, esta vivo y despertó hace unas horas. Marco los quiere Mañana por la tarde en el lugar. Teme que esto sea peor de lo que pensamos en un momento.
- Me dijiste que íbamos a ir el Lunes Mona...- se quejo Matew pensando en su hijo.
- Lo siento, pero ordenes son ordenes. Ya sabes como es...seguro que lo arreglan en un minuto y están devuelta por acá  como mucho el jueves que viene.

Helena pregunto:
- ¿Vamos a ir armados?
Matew y Mona se rieron alto y claro.
- Obviamente que vamos  a ir armados. Ningun chiflado me va poner un tiro con una escopeta, te lo puedo asegurar.- Dijo Matew
- Tengo otra arma, una Desert Eagle dorada Vlaind. ¿Puedo usarla en vez de esta otra?
Sus dos compañeros volvieron a reír.
- Sofia...digo, Helena la Walter PPK es el arma reglamentaría por una buena razón. Es un calibre pequeño que puede ser muy efectiva contra humanos y aunque es poco probable que mates a un Dracida o un Vlaind con ella al menos le dolerá lo suficiente. No podemos andar con armas como la tuya por la calle, porque si le pega a una persona inocente le seccionas un brazo. ¿Entendes?
- No le hagas caso. Dijo Mona. - Lleva la reglamentaría y...la Desert Eagle. Usa cualquiera de las dos, pero con inteligencia. No le tires a nada con la Desert Vlaind que no sea un Dracida o un Vlaind. Nada más. De todas formas tenemos una armería muy completa en el subsuelo donde los agentes elijen el equipo adecuado.
- ¿Y la espada de mi Familia?- Pegunto Helena.
- Eso esta bien, te vamos a dar alguna ropa especial para llevarla. Pero acordate: Las espadas solo se usan cuando es necesario. No podemos ir a los mandobles por el centro de Blondres a menos que nuestra vida este en juego. ¿Ok?
- Ok. Dijo Helena entendiendo.
Mona se alejó, pero volvió sobre sus pasos solo para evitar futuros problemas:
- Bueno Helena no pareces la clase de idiota que lo haría, pero por las dudas lo vuelvo a explicar como anoche:
No se pueden lanzar granadas de mano si nada justifica su uso. No se puede abrir fuego alrededor de gente inocente si no es indispensable. No se puede usar tus poderes a la vista de civiles. No se puede utilizar los artefactos de inteligencia para uso personal...
Matew la detuvo:
- Mona, no la abrumes. Yo ya le di la lista de los "No se puede". ¿O no Helena?
- Es verdad Mona.
- ¿Y cual es la regla numero Uno Helena Reed?- Pregunto Matew como quien habla a una alumna.
- Que todas las reglas terminan en :Siempre y cuando no corra peligro la vida de terceros o se comprometa a la Agencia.
Mona negó con la cabeza:
- Si no fueras un buen tipo Matew, temería por mi puesto cada vez que vas en una misión.
- Si no fueras mi jefa, Mona, te diría que te quiero mucho. - Le Guiño un ojo. Mona lo golpeo con el reporte que sostenía:
- Caradura...- Dijo alejándose. Luego gritó a lo lejos:
- Ya saben, a las 9 les informamos los últimos detalles y después, a hacer su trabajo señores.- Luego añadió a los demás agentes en el piso, la mayoría recién llegados y dormidos:
- ¡Y pónganse a laburar que esto no es una guardería para gente sobrenatural!

Matew se paró para ir junto a Helena a la armería del subsuelo.
- ¿Ya puedo llamarte compañera?- Le preguntó mientras iban hacía el elevador.
- Eso supongo. Perdóname si ayer me porte medio como una idiota. Estaba un poco nerviosa, no sabía bien que hacer.
Matew la dejo pasar primero al ascensor.
- No te preocupes, todos fuimos nuevos alguna vez. Vos me enseñaras algunas cosas sobre Vlainds y yo sobre Jethis. En el medio aventuras y disparos. Nada que no hayas visto en la inteligencia Vlaind supongo.
Helena miró hacia el suelo recordando de pronto que, el cambio de ropa y de look no le daba la experiencia necesaria para esto.
- Seguro. No hay problema...nada que no este en los libros de la Sección ¿verdad?
Matew lanzo una risa clara.
- ¿Libros? eso es para los humanos del piso cinco.- Dijo despreocupado- En la Sección Roja no tenemos manuales de procedimiento ni tiempo para estudiarlos. Siempre y cuando tengas facilidad en la investigación y sepas tirar...bueno con eso basta.
Sofia simuló una risa despreocupada, aunque por dentro estaba ardiendo en nervios.
- Claro...mi jefe en la inteligencia Vlaind decía lo mismo.
Ya empezaba a hacer bien su trabajo. Mintiendo era tan buena como cualquiera en la Sección Roja.



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