miércoles, 13 de noviembre de 2013

Las Notas de Loudwoods VI


Obediencia Debida

La Aparecida 


El pequeño jarro de café decía "Papá" con grandes letras rojas debajo de un león macho con lentes y camisa. Aquel había sido el regalo de Dilan comprado con sus propios ahorros para el último día del padre. La luz de su lampara de leer caía con policial precisión sobre el archivo del caso donde la tinta se confundía con las fotos de las victimas. 

Era la noche anterior a la partida a Loudwoods y Matew, que hace mucho que no tomaba un caso, estaba dispuesto a regresar  a estas largas y oscuras lecturas sobre las miserias de la raza humana, Vlaind o Dracida. Teniendo en cuenta todo lo que había visto y leído y matado en la MI5 durante los últimos cinco años Matew estaba convencido de que la maldad no hace excepciones, sea uno un ser sobrenatural o no. La mayoría de los crímenes eran por las mismas razones sin importar el la raza, el sexo, el trasfondo mitológico o dramático del mismo. 

Todas las Balas de los asesinos siempre están justificadas. De maneras más o menos locas, más o menos idiotas. Pero incluso hasta el más chiflado de los homicidas encuentra una buena razón para matar. No importa que la entendamos o no, que la apreciemos o no. Si no dejarían de ser criminales y serían otra cosa. Las aberraciones que contaban con apoyo popular en la sociedad dejaban de ser crímenes para transformarse, demasiado a menudo, en políticas de estado. Si un chiflado suelto ponía una bomba en una mezquita era un acto aborrecible y condenable. Si Himburgo tiraba toneladas de Bombas sobre países musulmanes, era por amor a la democracia.

Llevaba 3 horas sentando en su escritorio junto a la ventana. La noche fuera era cálida, amable y las estrellas brillaban sobre los edificios, cuyas largas siluetas se reflejaban en las aguas oscuras y misteriosas del río Margun, dividiendo la ciudad en dos. A pesar de vivir en una de las ciudades más grandes del mundo, Matew solo escuchaba el sonido de su respiración, del humo de sus cigarrillos saliendo de sus pulmones. La buena compañera, la brisa fresca de la corriente de aire le traía una tranquilidad inusitada. 

A pesar de toda la mierda que hubiera ahí afuera el había conseguido usar el Rettem y sus poderes para ayudar a otros y aunque muchos Dracidas le dijeran que solo era un idiota trabajando para el Estado, el Dracida de Frigord sabía que el código de los Jethis y el de la MI5 eran en esencia muy parecidos. Juró lealtad al código de la Orden y esta era la mejor manera de cumplir con esa promesa en la modernidad. 

Matew no había encontrado en el reporte demasiada información sobre Idele Diggritt. La victima que  había desaparecido recientemente y cuyo hermano estaba en cama por un balazo de escopeta. Apenas se decía que trabajaba en la "Ballena Macanuda", que era reservada más para nada antipática, bella, amable y bonita. Que era la hija menor de los Diggritt y la niña rebelde de la familia. Sin embargo lo que más llamaba la atención de Matew era la otra victima, esa a la que nadie le importaba: Simone Argoret, la bailarina del club nocturno conocido como "Boom Boom Joe". Un puterio viejo y barato de la zona.

Al parecer Simone era tan bella como Idele, cabellos oscuros, ojos verdes y un cuerpo privilegiado como el de cualquier Vlaind. Hija de una Familia del Norte que había escapado de su casa con sueños de volverse una super estrella de la canción al estilo M. Cyrus. Sin duda , y  a juzgar por una de las fotos del archivo Simone tenía todo para ser exitosa, pero en el pueblo se comentaba que por el mal ambiente de "Boom Boom Joe", una terrible adicción a la Heroína y algún terrible conflicto interno había acabado siendo la atracción principal del prostíbulo. 

No era la clase de victima que llega a los titulares nacionales, ni siquiera a los locales. Aunque sin lugar a dudas tendría un bonito recuadro en los obituarios del periódico local. Con toda seguridad "Lobo de Mar" o como se llamara había descubierto su desaparición tras hurgar mucho en la basura del pueblo. O tal vez tras descubrir que su puta favorita llevaba demasiado tiempo ausente de Boom Boom Joe. 

Aun en Himburgo una prostituta podía desaparecer sin que nadie le importara en lo absoluto, ni hablar en una comunidad tan tradicional y familiar como Loudwoods. Pero viendo las fotos de ambas muchachas Matew imaginaba que los casos estaban conectados. Pero no porque fueran ambas Vlaind solamente. Si el asesino quisiera lanzar una especie de cruzada fanática contra la gente de esa especie siendo un Dracida podría encontrar Vlainds muchos más peligrosos en ese lugar que una prostituta y una muchacha rebelde de 18 años. Observando los ojos de Idele desde el blanco y negro de la foto y los de Simone supo de inmediato que ninguna era una amenaza para un Jethi, al menos en lo estrictamente  bélico. No manejaban poder alguno, ni fortuna propia ni negocios. Por otra parte Matew adivinaba que  Simone podía contar con información delicada. Las putas son, entre otras cosas, una gran fuente muy fidedigna cuando se investiga.

Dejo de jugar con sus ideas, el reporte era muy escueto como para sacar conclusiones y más allá de las primeras palabras de Sean Diggritt, este se encontraba encerrado en la casa de su familia. Si deseaban saber algo de su boca tendrían que pasar sobre sus padres. A ningún Vlaind le gusta que la MI5 meta sus narices en sus negocios y política. Matew auguraba una larga y extensa discusión con ellos aun antes de siquiera verle la cara al desgraciado Sean.

Se escucharon dos golpes en la puerta del departamento. Acostumbrado a todo tipo de cosas Matew se dirigió a la misma con una mano muy firme sosteniendo su Walter PPK. - ¿Sí?
- Soy Helena Matew...
El Jethi de Frigord abrió la puerta y encontró a su nueva compañera. Traía algo de comida rápida recientemente comprada y un portafolios lleno de papeles. - Recuerdo haberte pedido que trajeras comida cuando terminaras en la central...pero no papeles..- Helena pasó dentro y le contesto:
- Bueno me pareció importante saber a donde vamos y estuve investigando algunas cosas en el archivo sobre Loudwoods y los Diggritt.

Matew tomó dos latas de cerveza de la heladera. Le lanzó una que Helena atrapó en el Aire. - A ustedes los Vlaind si que les gusta leer. Eso es bueno, porque yo soy más chapado a la antigua.
- ¿Y como es eso?
Matew destapó la cerveza:
- A menudo cuando le apuntas con un arma en la cabeza a alguien, lo piensa dos veces antes de mentir. Conozco a Marco, siempre se queja de que me "Excedo" un poco. Seguro que pensó que eras una buena candidata para "refinarme".
Helena se sentó en el sofá largo. Marco le dijo muchas cosas sobre Matew cuando conversaron. Entre ellas que si bien era un gran agente, asustaba a todo el mundo cada vez que salía en una misión.
- No pareces muy violento. De hecho no te ajustas en nada que haya escuchado de los Dracidas.
- Bueno, no pongo las cabezas de mis enemigos sobre picas. Pero se cuando dar caricias y cuando dar Rosca, es parte de nuestro entrenamiento como Dracidas de Frigord. Todos creen que somos unos brutos que andan con hachas por ahí y que manejamos motocicletas o camionetas monstruo. Mi orden no tiene buena fama en lo absoluto. En parte eso es bueno, hace que nos respeten más que a cualquiera, por otro lado siempre tengo a los de asuntos internos pegados a mi culo.

Y Helena lo sabía mejor que nadie. Todos los Vlaind conocen bien las historias que se cuentan sobre los Dracidas de Frigord, lo despiadados que eran, lo traicioneros que terminaban siendo siempre. Matew por otra parte no parecía otra cosa que un tipo grandote y buen humorado Himburgues muy contento con su trabajo.

- ¿Sabias que los Daggrit están compitiendo por una licitación del estado?- Dijo Helena alcanzándole unos papeles. Matew vio unas ilustraciones donde se mostraba un gran proyecto inmobiliario para generar, en el norte de Loudwoods, un enorme barrio cerrado. Helena continuo:
- Te presentó a la ciudad de Loudwoods Valley, fundada por  inmigrantes Brusos y Hellenianos hace más de 1000 años según consta en los registros. Al principio no era otra cosa que un caserío que contaba con un bonito monasterio en medio de los bosques de Adton, una posada y una pequeña comunidad de pescadores. Continuo siendo una porquería hasta que en el año 3998 un grupo de exploradores abrieron una mina de carbón en las montañas de la Bruma.

Matew vio la foto de unos mineros entrando en las fauces de una gigantesca mina en evidentes condiciones de esclavos, un hombre vestido con un traje blanco sonreía delante, posando. Helena siguió hablando, recordando todo lo leído como de memoria:
-Un sin fin de refugiados de Brusia y de Hellens llegaron al pueblo a trabajar a la mina durante la crisis económica del 4000. Esto hizo de Loudwoods una ciudad relativamente prospera por un tiempo. Durante la primera y segunda guerra Mundial las minas de Loudwoods alimentaban la maquinaría de guerra Himbueguesa. A fines de los 50 la producción se detuvo por falta del mineral. Hubo otros intentos muy fracasados de parte de los habitantes de encontrar oro o plata en las laderas. Pero no lograron otra cosa que más de 400 muertos en menos de dos años en estas expediciones.
- Gente obstinada la de Loudwoods...- Dijo Matew.
- Tras el fracaso de la industria minera en el lugar intentaron otras cosas, todas ellas sin el mayor éxito, hasta que a mediados de los 70, con la economía por el suelo en todo el país Loudwoods decidió poner todos sus esfuerzos en la industria del turismo. Desde que gran parte de la gente de Himburgo no puede pagar vacaciones en el extranjero, se han llenado los bolsillos de dinero en cada verano. Hace unos  10 años el pueblito llamó la atención de la industria inmobiliaria y no ha dejado de crecer desde entonces. Con todos los nuevos ricos que han logrado con esto están armando suburbios y barrios retirados. Los Daggritt, la familia de la victima era una de las principales inversoras en el terreno hasta que llegó un tal Waigth Parker.
Helena le extendió una foto: Era un hombre maduro, bien parecido de cabellos grises y ojos muy verdes.
 -Parker es el orgullo de la comunidad, un hombre que nació huérfano en el monasterio y que trabajó duro para llegar a ser uno de los más grandes empresarios en ascenso desde el retorno de la democracia. Vive en Loudwoods y tiene una constructora conocida como Rosewalls, tambien es el dueñño de la compañia de electricidad, Energywoods Da trabajo, hace caridad en la iglesia  y...
- Y compite con los Vlaind, Ya entendí Helena y me encanta que hayas hecho todo esto sin que siquiera te lo hayamos pedido. Pero me muero de hambre...

***

Helena estaba terminando el café de sobre mesa. Hace siglos que no devoraba comida chatarra como la de Mc Dowals o su competidora nacional "Uncle Peter". Cuando trabajaba en el diario solía vivir de restoran en restoran entre nota y nota. En su casa junto a Peter había tenido que ceder y comer a la forma Vlaind, vale decir nada que no cueste mucho dinero,sea muy fino y agradable a la vista.

La mesa del living de su compañero estaba llena de papeles con información sobre el caso o relacionados. Fotos en blanco y negro, fotos satelitales y a color. Matew fumaba su cigarrillo de sobre mesa con la barriga estallandole de comida. Viendo a Helena sentada frente a él con aquella belleza que parecía renovarse con cada mirada se preguntó cuando fue la última vez que ceno con alguien que no fuera su hijo.  La compañía de la Vlaind era agradable, aunque hablándole del caso lo aturdía. Desde que llegó al departamento era una ametralladora de información, como todo agente nuevo que viene pensando en cambiar el mundo. El ya había pasado esa etapa e imaginaba que Helena pronto lo haría.
- Así que estas insinuando que el crimen de Idele es para alejar los Vlaind de los negocios de Parker. ¿Verdad?- Dijo Matew algo cansado.
- Solo digo que, teniendo en cuenta como se manejan los Dracidas y Vlainds bien puede ser una forma de apretarlos. Si la secuestraran los Vlaind la buscarían de inmediato, pero si desaparece los deja en una posición difícil. Todas las familias tienen recursos para defender lo propio y aunque a los padres no les guste que su nena vaya a jugar a la casita a otro pueblo, no la dejarían abandonada a su suerte. Deben estar investigando por su cuenta ya.

Matew levanto una ceja:
- Es muy probable. Pero no confies demasiado en el amor familiar. He visto padres matar a sus hijos y mucho más. Por otro lado, todo lo que decis esta muy bien ahora, ¿Que hay de esta muchacha?.- Matew extendió la foto de la primera en desaparecer, la bailarina llamada Selene. - No tiene conexión con los Diggritt aparentemente, su familia vive en Lambridge y no tienen negocios por ahí. Era una prostituta que trabajaba en Boom Boom Joe que desapareció una noche. Me inclino más hacía la teoría del chiflado armado que por una cuestión de dinero entre empresarios. De todas maneras estamos hablando boludeces...veremos como va la cosa cuando estemos allá.

El Dracida se levantó pesadamente y llevándose las manos a la cara dijo:
- Muy buen trabajo Helena. Ahora a dormir, mañana salimos temprano. No te quedes toda la noche mirando eso. Lo mejor cuando se investiga algo es dejar que las ideas reposen por un tiempo. Hay cerveza en la heladera y un poco de pollo frito. Hasta luego.

Helena se quedo sola en el living de Matew. Volvió al sillón y no le hizo caso en lo absoluto a su consejo. Estaba emocionada, el trabajo de investigación le hacia olvidar que el planeta daba vueltas, que su prometido debía estar viajando donde su padre para buscarla junto o las muchas ganas de escribir que le habían dado desde que entro en el archivo nacional en busca de información sobre Loudwoods, recordando sus inicios como periodista en el norte.

Acomodó la lampara de leer y tomó el archivo que hablaba sobre Selene. Se sintió mal al ni siquiera preguntar por ella antes de que Matew la mencionara. Lo que realmente la hizo sentir extraña era que a ella misma le parecía irrelevante la historia de una mujerzuela, fuera Vlaind o no. Una actitud digna de su padre tan "Querido" . Comparó ambas fotos y analizando sus cabellos, sus ojos y piel blanquecina. Le impactoó saber que ella bien podría haber terminado igual. Las dos victimas habían escapado de sus casas por la misma razón, el deseo de salir de esa enfermiza burbuja Vlaind, un mundo donde, una vez terminada la adolescencia se debe abandonar todo lo deseado en pos de la Nación.  Si gusta bien y sino también.

Con las letras de los reportes aun flotando entre sus ojos y las fotografías Helena comenzó a quedarse dormida en el sillón viendo en imágenes mentales las mismas cosas que estaban entre las finas paginas mecanografiadas y en la lógica cambiante de los sueños vio muchas cosas deformadas y extrañas, agradables y misteriosas. Finalmente su cansancio la venció y ella se dejo ganar sobre el sofá.

En algún punto de la madrugada Helena despertó en el sofá. Matew había apagado la luz al costado y en el apartamento reinaba el silencio, ni siquiera podía escucharse el sonido de autos o de perros, como usualmente ocurre por esos barrios que no son ni de la clase alta ni de la baja. Noto que el Dracida le había dejado algo para taparse, pero no la arropo.

Tenía mucha sed, así que decidió ir en busca de algo de beber antes de volver a la cama. Caminó hasta la heladera y lo primero que noto era que el comedor parecía gélido. Su escalofrío provocó una danzante nube de vapor frente a sus narices. - Hay va nuestro raro buen clima otoñal. Pensó Helena.  A escasos metros de la heladera sintió un olor que no pudo reconocer de momento. Mientras intentaba adivinar a que se debía sacó la botella de agua y le dio dos tragos largos. Cerró el envase, tiritando de frío y se dio cuenta que tipo de olor era el que estaba alrededor: Tierra, tierra seca. Busco plantas en el balcón o algo parecido a esto que fuera capaz de producirlo pero no lo encontró. Por alguna estúpida razón no quiso prender la luz.

Fue en el exacto momento en el cual estaba por depositar el agua nuevamente en la heladera que percibió una presencia detrás de ella. Era una sensación familiar, algo agradable pero al mismo tiempo fuerte. Helena llevó una mano a su pistola reglamentaría y dio vuelta lentamente, dejando el refrigerador abierto para que su luz guiara el disparo.

No tenía el menor sentido, no había nada detrás. Matew hizo bien en decirle que no se durmiera leyendo los expedientes, ese tipo de cosas alteran la cabeza a los novatos siempre, viendo cosas donde nos las hay. Pero lo sentía, en la punta de sus dedos o en los pelos de su nuca Helena podía percibir a alguien observándola en la oscuridad, o observándola desde la oscuridad.

Cuando tomó todo el valor posible se dio la vuelta con el arma apuntando a la altura de la cabeza, sintiendo que su corazón le iba a estallar de los nervios. Pero lo que estaba delante ya tenía dos huecos limpios en la cabeza.

Era una mujer alta, con sus ropas ligeras rasgadas, dos botas largas y negras de cuero sostenían sus hermosas piernas, lastimadas y llenas de barro.

Era una Vlaind de cabellos oscuros.

Era Simone  mirándola con ojos inexpresivos cuyas orbes celestes brillaban ante la luz blanca del electrodoméstico con dos orificios de bala precisos, dignos de una ejecución ciñendo su frente. Sofia se lanzó atrás, llevada por el temor de lo que solo esperaba que fuera una pesadilla, el arma se le resbaló de las manos y su espalda se choco con la heladera. Quiso gritar pero no pudo, no tenía voz, no tenía el valor de hacerlo. Simone, con su figura cruzada por estrías de sombras provenientes de la persiana abrió su mano hacía ella. Dos viejos rollos de cinta para maquina de escribir eran sostenidos por la palma de su mano.

Los ojos de la aparición estaban clavados en los de Sofia. Helena se había marchado desde que ella apareciera, ahora era de nuevo Sofia, la que no tiene nada de ruda, ni talento con las armas y que no ha tenido una verdadera pelea en su vida. El fantasma de la victima señaló con su dedo indice la maleta que contenía la maquina de escribir. Luego habló y las sombras del cuarto se revolvieron:
- Escribe sobre Loudwoods - dijo -Y lleva la luz allí.




1 comentario:

Lula dijo...

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