viernes, 12 de septiembre de 2014

Memorias de la nevada III




Himburgo Va Hacia Adelante
Y
No deja a Nadie Atrás


El brillante cartel de Neón del Cocoon Club alumbraba la entrada desde donde emergía la música de la pista de baile. Fuera, formando una larga fila todos y todas las jóvenes de Witters Alley aguardaban ansiosos la apertura al publico del Cocoon Club, un establecimiento privado que llevaba algunos años haciendo fiestas para sus miembros y que,  esta noche, daba una abierta a todo el publico por muy poco dinero.

Lucy Drissen, camarera de JOES! en la mañana y playera de la estación de servicio de la Wako durante la noche movía sus sensuales caderas en la fila junto a dos amigas, Liliana y Victoria. Ya habían bebido lo suficiente en la casa de Victoria y estaban bastante listas, entonadas etilicamente, para cerrar la noche en Cocoon Club. Un lugar al que normalmente accedían solo los ricos de Witters Alley. ¿Que cuantos ricos podía haber en un pueblo tan pobre como Witters? Bueno, los suficientes para tener un prestigioso y colorido Club Privado. O al menos eso se decía en el pueblo desde que se instaló al lado del viejo aeródromo.
***
Ya nadie recuerda a la pobre Lucy Drissen, pero su fotografía apareció en los periódicos regionales en julio del 82; 18 años antes de los eventos narrados en "El Ritual de los Condenados" Era una época bastante distinta a decir verdad. Por empezar la dictadura estaba en su punto más sangriento y represivo. A pesar de que las verdaderas amenazas al régimen habían sido eliminadas hace bastante, la presencia del ejército y los servicios de inteligencia en la vida civil era muy fuerte todavía.
Todo tipo de desgracias ocurrieron desde el 75 hasta el 90 en Himburgo. Todas supuestamente necesarias para crear esa super potencia mundial en la que se transformó el país en esos años. Una nación que apenas había sobrevivido a la segunda Guerra Mundial ahora estaba en la cúspide de su poder.

La Administración Pallance tenía a sus ciudadanos aterrorizados mirando la television. A madres y padres agitando banderitas en cada desfile, comprando bonos de guerra, leyendo y repitiendo propaganda como el eslogan "Himburgo va hacia adelante y no deja a nadie atrás". Las imágenes de modernos aviones de combate despegando en misiones nocturnas para bombardear países de nombres impronunciables y las alertas casi siempre falsas de ataques terroristas eran muy comunes en ese tiempo por Himburgo.

Y quien les escribe no miente diciendo que en el fondo, en lo más hondo y oscuro del corazón de esta sociedad enferma, la gente disfrutaba de todo eso. Al menos, la clase media y alta que había tenido siempre el anhelo de ocupar un lugar privilegiado en Balbania. La clase trabajadora, bueno, no pudo ser parte de esta fiesta de casi 20 años, especialmente porque la mayoría había sido por completo sometida (a tiros y palazos) por el Gobierno entre el 75 y los 80.

Sea como fuera, no es de esperar que nadie recuerde ya la historia de Lucy Drissen y el Cocoon Club. Después de todo, cuando la mierda salta por cada alcantarilla que se destapa  a menudo es difícil diferenciar el tipo de mierda que nos cubre.

En fin, Lucy Drissen era una mujer muy hermosa. Tenía el cabello largo y enrulado, siempre brillante. Unos pechos prominentes y un trasero tan ardiente como fino. Realmente hubiera podido cumplir su sueño de ser una Super Modelo de la época si los desgraciados eventos de aquella noche no hubieran tenido lugar en el Cocoon Club. Hace tiempo que la joven de 22 años asistía a todo tipo de castings para television, cine o publicidad gráfica. Fue una verdadera lastima que el mundo fuera privado de su belleza y espontaneidad. La forma en que sonreía y saludaba a los clientes de JOES o la Wako tenía locos a todos los hombres de Witters Alley y tremendamente celosas a sus esposas.

El Problema de la Hija de Puta es que encima es Adorable solía decir la esposa de su Jefe en la gasolinera frente al Cocoon Club y el aeródromo de mismo nombre. Y es muy cierto. A ciencia cierta no sabría decir que tanto o que tan poco aire había en su cabeza, pero era una chica producto de su época:

Mucha música pop en su colección de discos, el cuarto empapelado por posters de estrellas de rock y un bonito gato Siames al que llamó Elmer por ser tan gruñon y arisco con todo el mundo excepto con ella. Fuera de las revistas de moda, los chicos y las salidas al Cine Teatrum de Witters Alley,  Lucy Drissen no tenía mucho más. Y para ser sincero ¿Quien tiene mucho más en la cabeza a esa edad? Nunca sabremos ya si Lucy sería modelo, abogada o se pondría un salón de belleza en el poblado falto de uno decente.

Lamentablemente lo único que podemos asegurar de ella ahora, 18 años después, es que su belleza era tan física como espiritual. La clase de mujer que ilumina un mundo con su sonrisa, y que también puede apagarlo con abrir la boca. Tal vez fuera esa misma vacuidad de su ser la que despertó la atención de la extraña compañera de Jhoony Woodward.  Una hermosa imagen sin nada detrás.

***  
La misma tarde en la cual Jhonny Woodward tuvo el irrefrenable deseo de buscar ese viejo libro, Lucy Drissen comenzaba su turno nocturno de playera en la gasolinera de la Wako Oil. A solo pasos del cartel de bienvenida del pequeño poblado todo tipo de transportes, desde autos hasta grandes camiones repostaban allí para seguir camino a Fixa Town. El centro comercial más grande de esa parte de la provincia de Platino donde se concentraba gran parte de la actividad económica como ademas el Ferrocarril de cargas. 

Más allá de la emoción previa por el partido que se disputaría esa noche, el día paso tan calmo y corriente como cualquier otro en su turno de trabajo. Lucy atendió a todos los clientes con la amabilidad y frescura acostumbrada en ella y recibió las correspondientes propinas de los conductores. Ya para las  21 Horas el flujo del trafico de la ruta 4, la cual atravesaba Witters Alley, comenzó a desaparecer. Nadie en los alrededores estaba dispuesto a perderse el partido de Semi Finales y en el mini bar de la Wako los empleados estaban sentados esperando que comenzara el mismo.

Cuando Peter Leggins, supervisor de Lucy la invitó a dejar su puesto para ver a la Selección esta se negó. No solo no le importaba demasiado el mundial, sino que también necesitaba algo de dinero extra para comprar una nueva Radio portátil Yanso. Para cuando el reloj debajo del Cartel de Neón giratorio marcó las 21:50  Witters alley parecía un pueblo fantasma. 

El Castor con sombrero de obrero petrolero giraba sobre su propio eje. El rumor eléctrico producido por las luces brillantes del cartel era una cantata solitaria y el viento que llegaba desde el sur movía los pinos a la entrada del pueblo. Lucy, parada al lado del surtidor solo vio un gato cruzar la calle para perderse en la fila de arboles a su derecha. Como si fuese parte de un espectáculo de terror, la bruma cercó los alrededores estirando sus brazos entre arbustos, yuyos y piedras. 

Acompañada solamente por un mate que le trajo una compañera antes de que comenzara el partido, Lucy escuchó de pronto el sonido de motores llegar dese el sur. A pesar de la bruma era claro que uno o dos vehículos con sus antinieblas encendidos pasarían delante de ella. Sonriendo satisfecha e imaginando su nueva radio Yanso caminó hasta su puesto y puso nuevamente el gesto de "Bienvenidos a Wako Oil, una animalada de rendimiento!"

Fue entonces que delante de ella apareció, haciendo gran estruendo, un camión de cinco toneladas con camuflaje militar. La potencia de los faros de aquella bestia de acero por poco y la deja ciega. El claxon de otro detrás del primero ensordeció por un momento a la pequeña Lucy Drissen, quien se veía como Juan y sus habichuelas  delante del gigante bramando Fi-fa-fo-fu. Cuando la mujer se alejó del haz de luz de estos camiones noto que eran un total de cuatro, todos de transporte. Ninguno de ellos llevaba placa identificadora u numero de serie alguno.

Para su sorpresa no fue el cabo que manejaba el primer camión quien bajara a pedirle combustible. Sino un hombre sentado del lado del acompañante. Con un gesto de apuro, el sujeto de cabellera frondosa y enrulada (estilo 70´s) bajo del camión y corrió en un trote hacía ella. Era bien parecido, tenía ojos claros color celeste y vestía una camisa de jean acompañada por botas altas tipo texanas. Más allá de su vestimenta civil era claro por su forma de caminar que era militar.

- Bienvenido a Wako Oil. Una animalada de rendimiento. ¿En que puedo ayudarlo?- Preguntó Lucy con su dulzura acostumbrada.
- Hola...- Dijo el hombre de Jeans y mirada nerviosa. - Necesito un paquete de Jockey´s Race

Lucy Drissen podría no ser la mujer más despierta en Himburgo. Sin embargo lo último que esperaba de un sujeto que baja de un convoy Militar es que le pida Cigarrillos. - ¿Están cerrados no?- Preguntó el hombre mirando por sobre el hombro de Lucy.
- El Mini Bar y el Kiosko Sí. Están mirando el partido...- Contestó la muchacha lamentando no poder ayudar al sujeto. 

Otra vez el segundo camión militar toco el Claxon apresurando al fumador.
- ¡Para!- Gritó en respuesta. - Ya vamos...- Otra voz le reprochó su actitud.
El Sujeto de camisa de jeans buscó entre sus bolsillos ajustados rápidamente unas monedas.
- Sería mucho pedirte que me traigas un atado...por favor, estoy desesperado por fumar...¿Como va el Partido? No pude ver ni escuchar nada...

La muchacha había visto un sin fin de idiotas durante el año que llevaba trabajando como playera de la Wako. Sin embargo este muchacho joven parecía verdaderamente nervioso y desesperado por fumar (O saber como iba el partido) Por lo que, sin nada mejor que hacer Lucy fue en busca de un paquete de Jockey´s Race y cobro en la playa de la estación los mismos.
- Mil gracias amiga...¿Como va el partido?- Dijo el sujeto.
- 1 a cero vamos ganando. Acaba de terminar el primer tiempo.
- ¡Buenisimo! Mil gracias querida...¿Como te llamas?
- Lucy Drissen...
- Howar Fells....- Le estrecho la mano. - Me tengo que ir Lucy, pero si no tenes nada que hacer esta noche, podes venir al Club de acá en frente. ¿Lo conoces? Van a dar una fiesta a la noche. Para devolverte el favor te dejo pasar sin cargo ¿Dale?
- ¡Sí! Siempre me muero de envidia cuando veo a todos los chicos y chicas que van ahí. Pero es muy caro para mí. 
- Vos venite tipo a las 12 y yo te hago pasar a vos y a las amigas que quieras. Soy amigo del dueño. ¿Quedamos así?

Lucy aceptó sin dudarlo. Howar era muy apuesto y con eso le bastaba para aceptar la invitación, aun si no lo conociera. Después de todo era muy raro pensar que un militar pudiera tener alguna mala intención para con ella o al menos "esa clase de malas intenciones". Howar corrió en dirección al camión de Cinco toneladas y junto con los otros cuatro cruzaron las puertas del viejo aeródromo, a pasos del club, para desaparecer en la neblina. 

***

Esa noche Lucy volvió a su casa en bicicleta pensando en la cita de la noche. Comentó animada por teléfono a sus amigas sobre la imprevista invitación al club más caro del pueblo y se rió tontamente cada vez que alguna de ellas bromeó sobre sus cualidades de seducción. Lucy no era una carmelita descalza y nadie lo sería con ese cuerpo y esos gestos tan sexualmente asesinos. Pero estaba lejos de ser una gran devoradora de hombres. Como cualquier muchacha de su edad le gustaba divertirse, con o sin hombres en el medio, para luego reír a carcajadas con sus amigas. Esas eran, básicamente, las expectativas de la noche para Lucy Drissen.

Hasta este momento no sabremos sí Howar tenía pensado llevársela a la cama. Sí su libido sexual había despertado y estallado cuando bajo del Camión de Cinco Toneladas en busca de un paquete de Cigarrillos. Según quienes lo conocieron, solo quería devolverle el favor a la chica por haberle ayudado sin necesidad de hacerlo. Y aunque sin dudas esperaba pasar la noche con la playera de la Wako como todos los hombres que la habían visto allí, en ese momento estaba sumido en preocupaciones mucho más oscuras y secretas.

***


Howar cumplió con su palabra y tras esperar solo unos minutos en la fila del Cocoon Club, llegó junto a otros tres hombres de su misma edad. Saludo amablemente a Lucy y sus amigas y las llevó por la puerta principal. Según dijeron en reportajes recientes Liliana y Victoria, Howar se mostró relativamente distante y nervioso cuando las invitó a pasar. Cuando cruzaron las puertas y se instalaron en el V.I.P del Cocoon Howar y sus acompañantes desaparecieron de la vista por muchas horas. 

A Lucy Drissen no le importaba demasiado si el muchacho de rulos había perdido interés en ella, después de todo su cuerpo ataviado en un vestido negro corto que resaltaba su busto atraía las miradas de todos los clientes del boliche. Aunque por fuera luciera como un Galpón a base de Hormigón, por dentro el establecimiento era colorido. Sus luces de color fuxia y azulado iluminaban la gran pista de baile en el centro. Una barra curvada y alargada a la izquierda con tres Barman bastante decentes y la infaltable bola de espejos en el centro. 

Las tres amigas formaron un grupo cerca de la barra y pasaron una linda noche rodeadas por la música y las miradas que atraía Lucy Drissen y su cabellera abultada. Cabellera Abultada que iba y venía con demasiada frecuencia en dirección a la barra de los tragos. Probablemente debido a que era la única persona en Himburgo que no había sufrido el golpe inesperado de perder la Semi Final. 

Otra gentileza de Howar fue otorgarle a Lucy y sus amigas canilla libre en lo respecto a la bebida. Teniendo en cuenta que no todos los días uno se cruza con semejante cantidad de alcohol de primera marca gratis Lucy no dejo ni una gota de Vodka sin probar aquella noche. Animada y francamente ya perdiendo bastante la compostura la bella playera de la Wako tomó en un abrazo a ambas amigas y les dijo gritando:
- ¡Donde esta Howar! ¡Tengo que darle las gracias!
- Lo vi por allá al fondo. - Dijo Victoria. 

Aquella inocente y hermosa mujer que estaba lejos de ser una adulta a pesar de su edad hizo lo posible por no caer al suelo mientras caminaba con sus tacos altos hacia el fondo de la pista. Golpeó, empujó y sintió algunas manos en su trasero. Lanzaba puteadas a la oscuridad que la rodeaba por los indiscretos bailarines.

Cuando dio un salto para ver mejor encontró a lo lejos la cabellera de Howar entrando por una puerta que rezaba "Solo Personal Autorizado". - ¡Howie!- Gritó extendiendo su mano hacía él. El muchacho intercambio con ella una mirada de angustia o preocupación y cruzó la pequeña puerta al otro lado de la pista tan apurado que olvido cerrarla. 

Decidida a por lo menos decirle "Muchas Gracias" al hombre que le había abierto las puertas a un mundo de lujo que le era ajeno, Lucy Drissen se abrió paso entre las sombras que se interponían ante ella y llegó a la pequeña puerta de acero pintada de verde con el cartel "Solo personal autorizado". Lo que ocurrió a continuación, según las amigas de Lucy fue tan espeluznante como rápido.

Con el equilibrio de un palo de escoba Lucy intentó volver donde sus amigas pensando en que bien podría molestar al tal Howie, después de todo estaba detrás de una puerta "Para personal Autorizado". Tan errática como sus pensamientos, Lucy hizo unos pasos hacía atrás pero fue empujada sin querer por un hombre que bailaba con su pareja. La muchacha cayo entonces hacía adelante con un trago a medio tomar en sus manos y el peso de su cuerpo empujo la puerta hacia adelante, abriéndola violentamente. Lucy dio un giro de 360 grado como una bailarina de ballet intentando mantener el equilibrio y se vio de pronto en una habitación donde hacía un frió endemoniado. 

Todos recuerdan que, antes de escuchar el grito de horror de Lucy Drissen, la música se detuvo abruptamente por solo unos cuatro segundos, dejando el aire vació para que los pulmones llenos de horror de Lucy ante una montaña de cuerpos atados y con bolsas en sus cabezas rasgara el crudo cielo hasta las estrellas. 

Lucy escucho la puerta de acero cerrarse tras de sí. Sus ojos desorbitados por el súbito horror en el que se había adentrado a ciegas fueron hacía atrás con su dulce boca ahogando un nuevo grito. La culata de una Nueve Milímetros le impactó entonces en la nuca y las luces blancas se apagaron junto con cualquier rastro inocencia que su joven vida pudiera guardar. 

Ese pequeño cuarto detrás de la pista de baile pertenecía al Cuarto Batallón de Inteligencia del Ejército Himburgues. Lo que otrora fuera una cámara de Frigorífico funcionaba como salón de Interrogatorio del comando Primero de Operaciones especiales. En esa cámara amplia se amontonaban, colgados por sogas de sus pies, los más de 30 Detenidos y secuestrados en el operativo Fenix que esperaban ser trasladados esa madrugada por avión desde el Aeródromo Cocoon Air Club hasta el Campo de detenciones clandestino Zafira, al noreste del país, Lapan  Grows.

Himburgo iba Hacía Adelante
Y no dejaba a Nadie atrás.
A Nadie...
O nada...


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