lunes, 22 de septiembre de 2014

Memorias de la Nevada V

Para que el Mal Triunfe
Solo hace falta que los Hombres Buenos no Hagan Nada.


***
Now I entitle swim for blood and birth
I entitle swim for what it's worth
Cause lines get drawn 'n' lines get kicked 'n' blurred
Indelible is what I need to spread the word

'n' tell me now (tell me now)
'n' show me how (show me how)
To understand (understand)
What makes a good man?
To tell me now (tell me now)
Hey walk the line (walk the line)
Hey understand (understand)
What makes a good man

From me?


"What Makes A Good Man?"
The Heavy



Un Buen Hombre 



La madrugada en que Lucy Drissen desapareció, Peter, su supervisor en la estación de servicio, se preparaba para marcharse a Fixa Town muy decepcionado como todo el mundo por la fallida semi final de la Selección Himburguesa. A pesar de ser el gerente de dicha estación de servicio, siempre era quien se iba ultimo para asegurarse que estuviera todo en orden a su llegada por la mañana. 

De lo que vio desde el Mini Bar sobre el asunto poco puede decirse. Hubo cierta agitación en el Cocoon y por razones que en ese momento no se supo explicar evidentemente la fiesta terminó temprano. Imaginó que, al igual que él, pocos estaban de ánimos para celebrar una derrota tan trágica. Victimas del existimo digno del deporte, la gente del Cocoon había preparado todo para que la fiesta coincidiera con el paso a la final del equipo a la copa del mundo. Todos los pronósticos indicaban que Himburgo debería ganar cómodamente luego de una campaña inigualable hasta entonces. A la mañana siguiente todo el merchandaising y banderitas amanecería tirado a la basura....aunque no sería lo único que terminara por desaparecer de la vista y del recuerdo aquella noche.

Peter Leggins salió al estacionamiento hacía su viejo Ford blanco una vez terminó de apagar las luces. Como era costumbre de un empedernido fumador se encendió un cigarrillo a pesar de que ya la llovizna empezaba a convertirse en lluvia de verdad. Quebrantando su propia ley de no fumar cerca de los surtidores de Gas admiró el inmutable silencio en que Witters (y francamente, el País) había quedado inmerso tras la derrota.

Mientras el humo de su cigarrillo se elevaba sobre su calva unos pasos apresurados llegaron desde la oscuridad. Peter miró a su derecha y encontró a un hombre de color que llevaba una guitarra enfundada. Era un anciano de unos setenta y algo con un bonito sombrero panameño y un abrigo grueso. Su rostro afable fue iluminado por el alumbrado publico junto a la estación.
- Oiga buen hombre...¿Ya cerró?- Preguntó el músico sonriendo.
- Sí. ¿Que se le ofrece?- Preguntó Peter sin ganas de ayudarlo en lo absoluto.
- Estoy con mi nieto en el auto y quiere un chocolate. Imagine como esta el pobre luego del part....
- Esta cerrado señor.- Dijo el jefe de Lucy Drissen.
- Ah...- El anciano músico mordió sus labios y miro en rededor buscando otro lugar donde comprar un chocolate a su triste nieto. - Bien, probare en otra estación, gracias.

Peter Leggins hizo un gesto parecido a un saludo de mala gana y le dio la espalda. Cuando llevo su mano a la puerta del ford la voz de Jimmy, el Músico, brotó por detrás. Pero en un tono más bien suspicaz.
- ¿Va para el Norte?
Sin ánimos de conversar, pero llevado por lo que él consideraba "La mínima buena educación con un negro" (Algo así como, en lo posible, no romper la ley) Peter contestó con la colilla del cigarrillo en su boca.
- Se.
- Si fuera usted miraría bien el camino. En una noche con lluvia muchas cosas pueden pasarse por alto a la vista...
- Aja...
- Y lo que los hombres de bien desechan, el mal lo recupera. Y cuando lo recupera, lo deforma.


Peter solamente le dedicó una mirada de soslayo y se metió en el Ford para salir lo más rápido de allí. Cuando rebasó el auto de Jimmy, el Músico de Blues, este le elevó el pulgar con una sonrisa. En el carro algo destartalado del hombre de color podía leerse una etiqueta que explicaba, en cierta manera, el extraño hablar del hombre.

Iglesia Evangélica de Riggensport

 Coro de Gospel
"Cristo Bajó del Sol"

- Negro loco....- Musito Peter y fue con su auto en dirección al norte bajo la lluvia cada vez más fuerte.

***
La Lluvia de Julio aumentaba y la velocidad del auto de Peter También. Como en aquella primera escena de "El Resplandor" el vehículo del supervisor de Lucy Drissen avanzaba en total solitud por la ruta cuatro que atravesaba sinuosa las colinas al oeste de Himburgo mostrando a su derecha los viejos bosques de Pent. 


Esta medianoche comience su fin de semana temblando de miedo en nuestro ciclo "Regresados de la Tumba" Las mejores historias de terror adaptadas en television por los más exitosos guionistas del cine. Solo por el Canal 8, el Canal de Calidad. 

A una hora de viaje por la carretera Peter volvió a abrir y cerrar su Zippo para encender un cigarrillo. El parabrisas de su auto luchaba una desventajosa batalla contra la tormenta aquella noche. Tal y como dijo el anciano músico, el clima aguardo a que el Ford blanco se encontrara en medio de la ruta para abalanzarse sobre la tierra como Odin en su cacería salvaje. La luz brillante de los instrumentos del tablero eran los únicos vestigios de esa materia en la cabina del conductor y el cejo entrecerrado de Peter no se amilanaba con la música del radio que emitía "I Drove All Nigth" de Roy Orbison tras el tétrico anuncio de Canal 8.

Ligeramente molesto o apurado por llegar a casa de su madre enferma, a la cual iba a visitar regularmente los fines de semana, Peter apenas prestaba atención a lo que tenía delante del camino. Las franjas amarillas bien delimitadas en el asfalto iban y venían por debajo del viejo Ford Falcon. Ahora las mismas empezaban a describir una curva cada vez más cerrada de mala fama en la 4. En tormentas como estas era muy común que los adolescentes borrachos o los poco aplicados conductores nocturnos se estrellaran contra los arboles del bosque de Pent a la derecha. Arboles que aparecían solo de tanto en tanto reflejados por el pálido alumbrado publico que les daba esa tonalidad fría y fantasmal. 

Lo que ocurrió aquella noche en que Lucy Drissen desapareció se sometió a discusión durante muchos años luego del asunto. Lo cierto es que Peter Leggins era un hombre bastante respetado por la comunidad de Witters Alley. Más allá de su poco humor a la hora de tratar con sus clientes (especialmente negros), Peter siempre contribuía con donaciones al hospital de chicos especiales al este de Witters, fiaba a todos sus clientes si lo juzgaba necesario, pagaba a tiempos a sus empleados y otras aristas pequeñas en la vida de un hombre que lo hacen, a ojos de terceros, Un Buen Hombre

Peter Leggins era un sujeto de esos a los que las personas tienen por lo más cercano a la decencia a lo que uno esta dispuesto a acceder sino quiere convertirse en la madre teresa de Calcuta. Dono mi dinero a los niños pobres y desafortunados, no le cobro de más a los jubilados, pago mis deudas y siempre voto al candidato progresista en las elecciones. Excepto por la última, el resto de las cosas eran tips a incluir en la ficha de la vida que Peter tenía en su haber.  Tras este episodio la mitad de los vecinos de Witters intentaron justificarlo con el terror que pudo haberle producido las consecuencias a venir, la otra mitad esperó a que la Dictadura se marchara para lincharlo de palabra en conversaciones privadas.

Otra de las cosas que hacía al dueño de la Wako alguien querible era su gran preocupación por los animales. Junto con otros vecinos había logrado levantar una clínica veterinaria en el pueblo que cuidaba a todas las mascotas y animales salvajes que necesitaran atención, sea ya por los peligros de la vida animal o bien por la usual crueldad del hombre para con los animales. Irónicamente fue su piedad hacia las pequeñas criaturas de Dios lo que lo llevó a encontrarse en un relato digno de "Regresados de la Tumba" aquella noche.

Cuando el Ford llevaba ya una hora y medía fuera de Witters Alley, camino a Fixa Town, el auto dio un pequeño sobresalto en la curva más cerrada de la carretera 4. El sacudon fue tan de imprevisto que su cigarrillo cayo de sus manos por debajo del asiento y por poco pierde el control total del vehículo. Las llantas se deslizaron por el humedo asfalto como patinando sobre hielo y de puro milagro el Ford no salió despedido hacía los pinos debajo de la carretera. Una vez pasada toda la conmoción, cuando aliviado noto que estaba vivo y el auto intacto, Peter tomó y apagó el cigarrillo y salio a ver que cosa había arrollado accidentalmente. 

Desde ya descontaba que se tratara de una persona, pues no había visto ninguna y aun así, lamentablemente para él, el sonido y el agitar del auto se parecían demasiado al que hace cuando arrolla una ardilla, perro o gato. Quitó de la guantera una linterna muy grande que llevaba consigo cuando iba de pesca al Margun y salió.

El haz de luz atravesó la noche como una espada láser de la Guerra de las galaxias. Las pesadas gotas de la tormenta se encandilaban al contacto amarillo de su linterna para desaparecer en un instante. El aguacero le empapó la campera inflada en un segundo dejando inútil el poco impermeable. Había bruma entre los pinos del bosque debajo y el único sonido en rededor era el repiquetear de las gotas sobre el suelo y las piedras de la colina a su derecha. 

- ¿Que mierda habrá sido eso?- Se dijo a si mismo tras ponerse sobre su calva la capucha del abrigo. 

Tras asegurarse que ningún otro vehículo se aproximaba en el doble carril de la 4 comenzó a caminar hacia el lugar donde había escuchado aquel impacto y sentido el crak de algo que sin lugar a dudas debieron ser los pobres huesos de un animal muy imprudente.  Mientras andaba la linterna buscaba rastros de sangre o pelaje en el negro camino y justo a pocos pasos de un cartel que imploraba reducir la velocidad había un perro callejero pequeño casi partido a la mitad por las llantas del ford. Su boca abierta y ojos desorbitados iluminados por su linterna no daban señales de vida alguna. Había muerto de inmediato.

Apenado Peter se puso en cuclillas sobre él como quien da una ultima mirada al cuerpo de un hombre valiente. Pensó que de estar vivo aun el animal podría intentar llevarlo a la clínica de Witters, pero a juzgar por la planitud de su pobre abdomen y las tripas expulsadas fuera, no sería necesario. 
- Lo siento viejo.- Dijo Peter.  Se demoró unos instantes antes de volver al auto pensando que con la pala que llevaba en la cajuela podría levantarlo de allí y darle una sepultura algo más digna que la del asfalto en el bosque contiguo. Aunque con solo lanzarlo allí (como basura) alcanzaría para sentirse mejor luego de su homicidio no premeditado de un pobre perrito. 

Pero detrás de él otro crimen, mucho más horrible y cien veces más premeditado se levantaba, como en Regresados De La Tumba. Aun a pesar de la terrible lluvia, del viento sacudiéndolo todo como un enloquecido lobo Feroz que sopla y sopla, más allá del perro muerto en la carretera y el remordimiento de Peter, amante de los mismos, sus oídos captaron primero el splash de un paso en falso sobre un charco de agua. A esto siguió un murmullo tan agónico como inentendible.

Si algo le dijo al jefe de Lucy Drissen que tenía que darse la vuelta fue el hedor a sangre que rápidamente inundo sus fosas nasales. Cuando su vista se alejó del perro hacía el agua entre sus zapatos, iluminada por su linterna, noto como lo cristalino se iba tornando cada vez más y más oscuro en ribetes tan alocados como espesos.
- Yuda....- Escucho decir a sus espaldas. - A....yu...yuda.- Decía una voz que parecía debatirse entre el llanto y la capacidad de hablar. 
Peter sintió un escalofrió y dio por fin la vuelta. A solo dos metros de él la sombra alta de lo que sin dudas era una mujer, una silueta recortando la noche, le exigía con sus manos extendidas y un pesimo equilibrio que la ayudase. Peter, llevado por el susto se echo unos pasos hacía atrás. La cortina de la lluvia dificultaba su visión y le hacía pesar las pestañas. No era capaz de reconocer a quien le hablaba, pues ninguna luz la evidenciaba, pero caminaba como un zombi de la noche de los muertos vivos hacía él con cada vez mayor y mayor esfuerzo.
- A...yudaa por..favor.

El supervisor de la Wako sintió como una de las manos de esta persona se enredaba en su hombro y apretaba con muy poca fuerza el mismo. La figura se tambaleó amenazando con caer sobre él, o mejor dicho derrumbarse sobre Peter. En una acción reflejo producto del temor Peter la empujó hacía atrás, pero aun así ella alcanzó a mantener el equilibrio.

Un trueno estallo en el cielo acompañado por un vibrante relámpago, en ese pequeño intervalo de luz Peter alcanzó a ver un ojo vaciado, por el cual manaba negra sangre, condensada en un rostro que le era familiar. El otro, castaño, estaba tan hinchado como una pelota de Golf. Una vez la luz de su linterna junto coraje para develar su identidad Peter encontró en la carretera el rostro casi irreconocible de Lucy Drissen. 

Desnuda, con la palidez de los muertos y sus hermosos cabellos pegoteados sobre la mitad de su cara producto de la sangre que manaba de sus muchos cortes y heridas, principalmente el ojo derecho. Los mismos pechos con los que él soño más de una vez estaban llenos de tajos carmesí, las uñas "Reblon" siempre bien pintadas y cuidadas partidas de manera erratica y cruel. Uno de sus dedos echado atras, lupsado por completo al igual que su hombro izquierdo. El vientre parecía ser lo único que sus captores habían decidido no dañar, pero de su vagina aun corría con perversa lentitud mucha sangre que describía un camino desde su auto hasta él. 

La mirada de Lucy Drissen esa noche era tan dolorosa y abierta como la de un animal que mide el poco tiempo que le queda tras ser arrollado. Peter lo sabía por que había visto esa imagen un sin fin de veces junto a su comunidad de cuidadores de mascotas y especies silvestres. Muchas veces luego de esto soñó con venados y corderos muertos en la ruta, aspirando las ultimas cuotas de aire que la muerte esta dispuesta a darle. Peter supo que era ella y supo también que llevaba así un tiempo largo, tal ves dos o tres horas caminando desnuda en la ruta cuatro rogando por que alguien la viera.

No voy a mentirles, Lucy Drissen estaba viva cuando fue lanzada a la carretera. Estuvo viva mientras la maniataron en el frigorífico y estuvo viva mientras la golpearon brutalmente luego de violarla. Viva y con fuerzas para gritar cuando la arrastraron de los pelos por la parte trasera del Cocoon-Club hacía el estacionamiento del Aeródromo de mismo nombre. Lucy Drissen estuvo viva, tendida en la carretera por más de dos horas mientras los autos y camiones de quienes eran vecinos y amigos del pequeño Witters Alley pasaron "sin verla". Y Cuando Lucy se paró, con sus últimas fuerzas e hizo señales a un camión de la Goodyes que pasó delante de ella tampoco la vieron. 

Lucy Drissen se quedo tendida al costado de la ruta incapaz de moverse, apenas con la energía suficiente para susurrar un pedido de ayuda hacía los camiones y autos que pasaban, cada veinte o treinta minutos por la ruta más transitada del país. Y al no encontrar respuesta alguna de los conductores comenzó a arrastrase penosamente hacía el sur, donde creía que estaba Witters Alley.

Donde creía que tenía amigos.

Como congelado por una pistola alienigena, Peter se quedo parado mirándola, intentando que su cerebro encontrara una respuesta clásica al problema de la chica en problemas. Subirla al auto y llevarla al Hospital de Fixa era sin duda lo primero que debía hacer. Rápidamente la tomó entre sus brazos y dejo que su cabeza ensangrentada se apoyara en su fuerte hombro. Cuando sus manos rosaron la espalda desnuda de Lucy sus dedos se resbalaron producto de la lluvia y la sangre.

- ¡Lucy! ¿Que? ¿Que te paso?- Dijo Peter incrédulo.

Fue entonces que Lucy dijo algo que la transformo, de verdad, en un monstruo salido de "Regresados de la Tumba". Dijo algo que a menudo produce que la gente salga corriendo de cualquier victima o ser decente como si acabara de transformarse en el Lobizon.

Lucy Drissen dijo la Verdad:

- Fueron...los...milicos...- La mano quebrada de Lucy se aferro aun más estoicamente al brazo izquierdo de su Jefe. - Fueron los milicos Pe...peeter. Los del Club. Ayu....dame

Lucy Drissen dijo la verdad y no sería exagerado afirmar que la verdad la Mato.

La palabra mágica para espantar a todos los Himburgueses indiferentes  en esos años era "Milicos". Si Lucy hubiera escogido otras palabras o si no hubiera dicho nada en lo absoluto seguramente hubiese sido Peter quien le llevara de urgencia al Hospital público de Fixa Town. Aun aquellos a los que les importaba poco y nada la política como a Peter Leggins tenían un terror reverencial hacía el gran monstruo que se escondía detrás de sus campechanas vidas. Y le temían porque, al igual que los niños, tenían demasiado miedo para ver debajo de la cama y confrontarlo.

Para gente como Peter, la Dictadura en Himburgo no era más que un gobierno "De derecha" Después de todo no había un militar sentado en el sillón del primer ministro, sino un político muy carismático conocido como Jack Dwaigth Pallance. Los rumores sobre campos de detención, gente desapareciendo, brutal represión policial, eran cosa para los que les gusta "La política" ese bicho que se lo come todo, se lo traga y corrompe a los hombres de bien, que como Peter debían avocar sus esfuerzos a causas blancas como el cuidado de animales, trabajar y ser buen vecino.

El jefe de Lucy no sabía si ella era una subversiva, una terrorista Marxista o una fanática Musulmana de Salef del norte. Pero a decir verdad tampoco le interesaba demasiado saberlo, porque saber un poco era para los militares saber algo  y para el gobierno saber algo era como saber mucho.

Peter Leggins, el hombre que amaba a los animales, se alejó de Lucy Drissen en pasos cada vez más seguros y musito:
- Te...tengo a mi madre enferma Lucy, esta muy grave. El...el hospital esta...a cuatro kilómetros. Seguro llegaras.
- Pe...ter- Dijo como zombie Lucy cayendo de rodillas ante él, su última esperanza.
- Te dejare la...la linterna y mi abrigo. Repuso culposo Peter.- Tomate los días que quieras...

Sintiéndose un gran héroe dejo su abrigo mojado y la linterna a los pies de la casi muerta Lucy y se subió a su ford a la mayor velocidad que sus zapatos le permitieron. Antes de cerrar la puerta escucho el llanto desconsolado de su empleada y por el retrovisor la vio tomar el abrigo con un dejo de resignación. La figura desnuda y abatida de la chica se perdió en el espejo lentamente y Peter no volvió a verla nunca más.
***
- Todo un Hombre ¿Verdad?- Dijo la voz de un anciano detrás de Lucy.
- ¿Co...como?- Pregunto Lucy sin saber de donde o quien le hablaba en aquella oscuridad.
- Siento asustarte Lucy, Soy El Ensamblador.  Pero puedes llamarme Thomas si lo prefieres.

Lo que los Hombres de Bien Desechan, el Mal lo Recupera  y cuando lo Recupera, lo deforma. 
Pero Peter Leggins ya estaba muy lejos de allí como para comprobarlo.

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