martes, 28 de octubre de 2014

Memorias de la Nevada IX

El Cruel Camino a Aquello que Amamos


I'll make you happy Baby, 
just wait and see 
For every kiss you give me, 
I'll give you three 
Oh, since the day I saw you 
I have been waiting for you 
You know I will adore you 
'til eternity 

The Ronettes - Be My Baby


El cielo cubierto por las densas nubes abrió una ventana hacía el cosmos donde podía verse a la Luna con su exacta mitad cubierta por la oscuridad seguida por un luminoso cortejo de densas estrellas. Debajo de las mismas, entre los densos bosques de Camino Hills y las sierras envueltas en sombras Jhoony Woodard estaba parado en medio del súbito desastre que se había originado. Aun con la canción de The Police, "Cant Stand Loosing You" en la cabeza vio a los dos oficiales locales bajar de la patrulla con sus manos sosteniendo las brillantes 22.

Limpiando la sangre derramada, el lento llanto de la lluvia mojaba su gorra del Platino F.C  y le quitaba, palmo a palmo, las manchas que tenía por sus manos y pecho. En el aire había una tensión cada vez más creciente que tenía poco que ver con él o los policías apuntándole. Por alguna razón que en el momento Jhoony no pudo comprender le recordó a un embudo o bien al hueco negro y sibilante de sus pesadillas. 

- Bájela si no quiere terminar en una caja de piano amigo. - Dijo la voz ronca de uno de los Policías
- Bájela suavemente y lancela a mí, sin trucos.
- No vamos a repetirlo. - Continuo el más joven quitando el seguro del revolver y accionando el percutor. Jhoony escuchó el tambor del arma girar. 

- Yo....- Empezó a balbucear Jhoony.



Tenía miedo. Y esa era una sensación que Jhoony conocía mejor que muchos de ustedes. La pistola automática aun estaba en su mano derecha, con dos Balas extra. De su cañón goteaba el agua de la lluvia haciendo brillar su cromado revestimiento. Los faros de la patrulla le dañaban la visión. Los policías eran sombras detrás del gran reflector, se ocultaban tras la luz como siluetas difusas y peligrosas. 
***

¿Ya Sabes que Título escogerás para tu libro Jhoony Querido?

En los últimos días había intentado recordar de que se trataba, con mayor exactitud, el libro que había comenzado a escribir. Y debido al tiempo había olvidado mayor parte de el; solo era capaz de recordar a la Mujer de Ojos Amatistas y su castillo de Cristal. Todo lo demás estaba emborronado, había una densa capa de oscuridad que le impedía ver más allá del amable y caluroso personaje de mirada de ensueño. Como la luz del faro que impide ver lo que yace más allá de su brillante candil.

Lo que intentaba ocultar el luminoso fulgor de su mirada era lo mismo que  atenazaba sus músculos y secaba su boca ahora mismo. El Miedo. Fue el miedo lo que llevo a Jhoony Wodward a escribir su libro encerrado en el estudio de su abuelo Thomas. Pero se necesita mucho más que algunas frustraciones adolescentes y temores infantiles para llenar las paginas de una maquina de escribir de manera inusitada. La conexión que hacían sus dedos con ese teclado antiguo era automática, no existió linea argumental planificada, capítulos 1 y 2, personajes o tramos basados en otras obras. Fueron largas, imaginativas y cansadoras sesiones de vomito literario. Tal vez poner en palabras aquello que Jhoony no era capaz de decir a su corta edad. Hasta ahora creía que debía tratarse de una historia de terror, después de todo eran sus favoritas cuando niño.

El cuadro que formaban los policías armados delante suyo, ocultos tras la gran luz de la patrulla y el simbronaso de nervios que le producía el saber que con que solo uno de ellos apretara el gatillo el estaría muerto, logró que la cabeza de Woodward diera un clic importante, tal vez el último que realmente tendría significado para él:

Quien se ocultaba en la oscuridad, debajo del amable castillo de cristal de la Mujer de Ojos Amatistas era el mismo que preguntaba una y otra vez sobre el título de su libro. Pero no era un Yupie de Wallstreet, tampoco un personaje literario. Su nombre era Duck Welton, tío materno muy querido por todos en la familia. Duck tenía una forma de hablar muy seductora y magnética,  como justamente un financista muy exitoso, un comediante o un abusador de menores. No era ninguna de las dos cosas anteriores a la última.

Duck asistía a las reuniones familiares de los Woodward en la casa de Lapan Grows, una casa enorme donde no es difícil esconderse, se vaya de uno o de a dos a cualquier sitio. Y de la mano llevaba a Jhoony al baño  de servicio cuando el pequeño  tenía que hacer sus necesidades y sus padres estaban cansados de llevarlo. Duck, tan servicial y paciente con los chicos de la familia siempre se prestaba para hacer el favor. No tenía hijos ni esposa, pero era bueno con los niños.

Extrañamente a veces la luz del baño de la planta baja de la casa no funcionaba y Duck le pedía que buscara el interruptor guiando su mano amablemente a cualquier parte de su cuerpo menos al interruptor. Eso se repitió varias veces, cada navidad, año nuevo, cumpleaños de la abuela Lidia o reuniones de temporada donde todos la pasaban en grande haciendo parrilladas en el patio de la casa.

Woodward ya sabía y había asumido hacia tiempo lo ocurrido con su tío. Fue alcanzado la adolescencia que se digno a tomar el trago amargo que su subconsciente le servía desde la niñez, como una macabra sopa de letras que contiene pesadillas, miedos irracionales para alguien de su edad y una gran angustia nocturna a la hora de dormir solo en su habitación con la luz apagada. Sueños con enormes llaves de luz que intentaba una y otra vez prender; pero que era incapaz de alcanzar, o baños públicos donde terminaba encerrado.

Mientras creció y se hizo adulto había alojado el episodio de abuso en el archivero mental de "Cosas que le ocurren a la gente". Cuestiones dadas por el azar, la mala suerte y tal vez descuido paternal. Aunque no culpaba a sus padres o a personas de su círculo intimo sobre lo ocurrido. Sin embargo este horroroso episodio de su infancia era solo conocido por él. Ya una vez pudo cobrar conciencia solo pensó que era tarde para llorar por la leche derramada y que eventualmente nunca dejaría a sus hijos solos con algún extraño. Aunque también algo de su inexistente paternidad en muchos años de matrimonio ocultara cierto temor de repetir el mismo error con su propia criatura. Nadie lo sabía, ni siquiera Pam. Era un secreto que había decidido guardar.
Música
Ahora que lo pensaba, con dos 22 apuntándole a la cabeza en manos de dedos nerviosos....Bueno, sí había otra persona que lo sabía tal y como había ocurrido. No solo lo sabía sino que lo había ayudado a escapar del daño que le provocaban las visitas a casa de su abuela y las parrilladas de los Woodward.

Ella había llegado a él entonces, bajando desde su castillo de plata en una noche de verano en casa de su abuela, vestida de plata y blanco con sus brazos bien abiertos y los labios vueltos en un beso liberador. Había cruzado el cosmos, las nubes de tormenta y atravesado la oscuridad como un cometa cortando las densas sombras por él y para él. Tal y como Beatriz con Dante, tomó su mano para llevarlo allá por sobre las estrellas. En el primer momento en que necesito encontrar una figura con la cual compartir lo que a todas luces era imposible de siquiera racionalizar a esa edad.

La Mujer de Ojos Amatistas, con esas orbes tan hermosas, ya adivinaba todo su dolor con solo una mirada y a los ojos desconcertados de Jhoony Woodward terminando de armar un rompecabezas que muestra una cara monstruosa ella respondió con una brillante sonrisa repleta de amor. Un amor que nadie más podría igualar. Porque era parte de una ficción y en la ficción las cosas simplemente pueden andar bien.

Jhoony era un niño entonces y los niños tienen la envidiable capacidad de creer como usted y yo creemos en las leyes de la física que una princesa puede bajar desde las encumbradas estrellas a buscarle. Es capaz de creer que aun fuera de las cosas que sus sentidos pueden percibir hay un orden mucho más rico, luminoso y propio. Quienes no lo pierden, demasiado a menudo, terminan escribiendo libros o suicidándose, dependiendo como corra su suerte.

Cuando su abuela le daba la llave del estudio a Jhoony en cada sobremesa festiva inconscientemente Woodward encontraba un cerrojo que lo separara de Duck. Dentro de esas cuatro paredes ya estaba fuera de su alcance y podía contemplar a la Mujer de ojos Amatistas en la fotografía. Ella lo miraba, lo vigilaba desde la foto y con eso alcanzaba para que él se sintiera protegido bajo sus amables orbes. Su tío a menudo preguntaba que hacia encerrado allí tanto tiempo y hacia siempre chistes guarros sobre eso. Jhoony decía que estaba escribiendo un libro y de allí en adelante, en cada encuentro familiar su tío, con mirada y dientes de tiburón preguntaba ¿Que título has escogido para tu libro Jhoony querido?  Nunca se lo dijo. El podía tener poder en muchas cosas de este mundo, pero no en ese, no en Su Mundo.

Estaba equivocado, había invertido el sentido de la historia. No era un libro de terror, era una historia de amor. Había escrito una historia de amor donde más allá de los nubarrones de la densa oscuridad de la gran sombra, suspendida con gracia entre las estrellas estaba ella, su ángel guardián de mirada capaz de atravesar la carne. El tenía que llegar hasta ella para alcanzar el confort y la luz, el abrazo amable de una victima a un corazón dispuesto a recibirlo.

La Mujer de Ojos Amatistas era real porque su dolor era real y su miedo también. Y las espadas más gélidas del dolor habían formado a fin de cuentas a su señora. Como le prometía en sueños, El miedo se había convertido en amor, el dolor se había convertido en el sosiego de un hombro donde llorar, en un lugar donde derrumbarse hasta flotar libre, ligero como un copo de nieve en una nevada que lo cubre todo con su blanco. Ella podía ver lo que todos ignoraban y no necesitaba contarle nada porque ella ya lo sabía todo. Eso lo liberaba del cruel trabajo de intentar explicarle a alguien lo que a ojos de un niño es inexplicable.

Ahora tenía una  45 en la mano y acababa de matar a un hombre para ir en busca de una mujer imaginaria porque, igual de imperceptibles que Duck, las sombras volvían a cerrarse sobre sí. Lo apretaban, lo asfixiaban en cada claudicación hacía terceros, en cada paso no realmente deseado de su vida se habían acumulado como bloques llevándolo a repetir una y otra vez la misma farsa. Haciendo todos los días de su vida una tediosa existencia sobre cosas no realmente queridas, ni realmente amadas. Había pasado el resto de su vida dejando que los otros tuvieran el poder que a Duck le negó. Que ingresaran y dominaran aun en aquella pequeña parte de su mente que en los últimos tiempos solo se activaba cuando estaba borracho o melancólico. Lo único que verdaderamente había venido de él era ese libro y dejarlo a parte para regresar a su casa o ir a prisión sería la consagración de sus errores.
***
Estoy aquí, no tengas miedo Jhoony. Ya no tienes nada de que temer.

Imperceptible al exterior, caminando con suavidad hacía él venía la Mujer de Ojos Amatistas. El tiempo parecía haberse detenido, aunque la lluvia caía. Mojaba sus cabellos y su traje, pero el barro no la manchaba y los objetos no detenían su andar. Los traspasaba, dejándo inutil la barbarie del hombre y venciendola a cada paso.

Jhoony temblaba, ella se acercaba, pasó por entre los Policías y se paro delante de él. Sus ojos despedian aquella luz indomita y sus labios se volvieron en una sonrisa hacía él. Lo tomo del brazo con la cual él sostenía la 45. Sintió su respiración en su nuca, su piel suave rozar su nariz, el olor a fresas en sus cabellos golpeando su mejilla producto del viento y la potencia de su mano derecha tomarlo por las espalda afirmando sobre su carne todo su inevitable e inigualable cariño.

Pero esta vez,  Tu has venido hasta mi.

Lo Beso con pasión, se unió a él por un breve instante y Jhoony se sintió despegar aunque seguía en el suelo. La Dama se poso a su lado y con la gentileza de un ángel elevo su brazo armado. Sostuvo con delicadeza su muñeca y deslizo con paciencia el dedo de Jhoony hacía el gatillo. Jhoony vio al policía actuar en camara lenta, vio su rostro transformarce en la mirilla de la pistola. Las gotas de la lluvia golpeando el cañon, salpicando los dedos fuertes de Jhoony y la perfecta mano de su amada, su amor más alla del tiempo, del espacio, de lo despiadado, de lo truculento, de lo doloroso y de lo mortal.

- Nunca te deje....- Susurro Jhoony. Luego miro a los Policías. - Ellos me alejaron de tí.

Las Balas salieron mordiendo el aire, cruzando la noche y enviándolo todo al infierno en tan solo 3 disparos, como Mike en el Padrino. Salieron escupidas como grandes torrentes de acero asesino que no encuentran reparo hasta su propósito, el asesinato en pos de lo que amamos.

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