miércoles, 8 de octubre de 2014

Memorias de la Nevada VII

Un Puente hacía el Olvido 



We built the bridges
We now sleep under
We frame the door ways
We may not pass through


Bridges
Rise Against

Como en cualquier otra mañana de los últimos veinte años, Gawayn, el vagabundo de Witters Alley despertó con una fuerte resaca producida por el licor barato al que su limosna podía acceder. Desafortunadamente para él el Mundial había terminado para Himburgo y ahora los comerciantes habían abandonado la tregua mundialista para convertirse en los mismos agarrados  de siempre. Aunque Joes! continuaba supliendolo de una cerveza Milton y cena gratis cada noche. A pesar de que Gawayn odiaba a la gente religiosa, tenía que aceptar que los evangelistas dueños del lugar eran los más generosos de todos. 

La diferencia en relación a otros días era que esta vez no despertó producto de las estrías de sol que cruzaban el viejo puente ferroviario debajo del cual dormía. Sino debido al monstruoso sonido de camiones, grúas y palas mecánicas accionándose casi inmediatamente una después de la otra. El rugido de los motores de cada una de esas moles de acero perturbó el siempre apacible silencio del arroyo Shapuka y el viejo puente que Gawayn había escogido como improvisado hogar.

Los camiones del ejército habían dejado de descargar allí sus sucios asuntos desde terminada la actuación del equipo nacional en el Mundial. Y Gawayn había regresado al puente pensando en encontrar la paz que tienen lugares como estos, alejados y olvidados por todo el mundo menos los vagabundos como él.

El puente había sido en años mejores uno de los primeros orgullos de Witters Alley a inicios del siglo pasado. Sobre él no solo iba el ferrocarril sino también todo lo que se podía extraer de las minas al oeste y nor oeste del pueblo. Incluso, no muy lejos de allí podían verse las vías adentrándose en un túnel de montaña cerrado en los 60 junto a la mina de carbón.  Aun algunos habitantes de Witters intentan descubrir como fue que el pueblo sobrevivió a la quiebra de la Witters Coal Compañy. Cuyos propietarios eran, ademas, los fundadores de la ciudad. Gawayn sabía la respuesta, sobrevivieron lastimosamente como muchas otras ciudades del sur. 

Pensando que tal vez a alguien se le había ocurrido re abrir la mina (una vieja promesa de todos los intendentes de Witters desde su cierre) Gawayn salió de abajo del puente como un troll del siglo xx y trepo por los matorrales esquivando las latas oxidadas y la basura del hospital de Fixa como ademas, ciertos pedazos de restos humanos dejados por los invisibles invasores del Coocon que el arroyo había arrastrado hasta los pilares.

Una vez al nivel de la carretera se encontró con cientos de hombres con casquetes amarillos y jardineros de trabajo. De haber tenido una cámara Gawayn hubiese sacado una foto. La última vez que hubo tanto trabajo en Witters debió haber sido en la posguerra. Ahí estaban los modernos logos de la compañía constructora Bixie Brothers con sus azules letras brillando de cara al cálido sol de la mañana en un día perfecto. Vio ingenieros, capataces, obreros y maquinistas apresurados por comenzar tareas que de momento el desconocía su propósito. 

Fue entonces que, tras divisar a los enormes diez y ocho ruedas llegar por la ruta 4 cargando material de construcción, dos hombres de casco blanco con ropa de oficina y modernas radios en sus cintos le llamaron de manera un tanto brusca. Quien parecía el respetable líder del proyecto llegó donde Gawayn y dijo:
- Oiga...¿Usted vive aquí?- Señalo el puente.
- ¿Ve alguna casa por acá? - Contesto Gawayn en su usual modo.
- Bueno, dele un beso de despedida viejo. 
- ¿He?- Preguntó el vagabundo. 
- Lo vamos a volar en mil pedazos. 
- ¿¡Que!?
- Que lo vamos a volar en mil pedazos le digo. Y no es su puta casa como para que tenga que darle explicaciones. Solo váyase, estamos preparando la demolición.

Acostumbrado a ser corrido de muchos lugares sin demasiadas explicaciones Gawayn iba a ir en busca de sus casi nulas pertenecías cuando se dio media vuelta para preguntar con cierta emoción.
- Oiga jefe...
- ¿Sí?
- ¿Tiene trabajo para mí?
- ¿Ha trabajado antes en construcción?
- Hice muchas trincheras y bunquers en Alahstan en la batalla de la noche interminable.
- Vaya al trailer de color azul. Ahí verán que se puede hacer...
- ¿Que van a construir? 
- Un nuevo puente y un barrio privado alrededor. 
- ¿Y me van a dar una casa cuando termine? 
- Una patada en el culo le vamos a dar cuando termine. Pero va a ganar experiencia. 
- Construyó una casa en la que se que nunca voy a vivir. Es irónico, ¿No lo cree?
- Eso también...- Contesto el Supervisor señalando a su derecha. Allí otros operarios montaban un enorme cartel donde podía leerse:

"Reacondicionamiento del Puente Shapuka"
Administración Pallance
Himburgo Va Hacia Adelante y no deja a Nadie Atrás.

***
Anochecía en Witters Alley y los últimos rayos de un sol agónico entre negras nubes acariciaban los tejados, antenas de television, torres de agua y anuncios publicitarios del poblado en un domingo tan aburrido, deprimente y calmo como cualquiera en el Sur de Himburgo. En Joes! el empleador de Lucy decidía llamar a casa de la joven para saber si iba a trabajar el Lunes. No se preocupo al no verla el sábado, Lucy no solo era la más joven de sus camareras sino también la más trabajadora, si había decidido tomarse el día sinceramente no lo preocupaba, se lo había ganado. 

En contraposicion su otro empleador, Peter Leggins, volvía de Fixa Town por la misma carretera donde tuvo su hasta ahora secreto encuentro, intentando que los nervios no lo hicieran estrellarse definitivamente en el camino e imaginando diversas explicaciones para dar a su madre cuando esta, inevitablemente le preguntara por su hija. A pesar de haberlo practicado delante del espejo todo el fin de semana aun no le sonaba convincente, sus ojos lo delataban y una madre lo sabría. 

Y mientras el tiempo pasaba con la lentitud acuciante de cualquier Domingo, Howar Fells armaba su pistola Colt  45 Commando sentado en una de las mesas del Coocon Club dejando que sus pensamientos se perdieran en el reflejo producido por el brillar de las balas que cargaba allí en silencio. 

El club había permanecido cerrado todo el fin de semana y los vestigios de la última fiesta aun pendían de las paredes como los jirones de vencidas banderas. Guirnaldas de papel crepe colgaban desprolijas de las paredes y las columnas, el confeti desparramado por el suelo se mezclaba con las manchas de vomito de los bailarines habitúes y, cruzando la puerta para "Personal Autorizado" aun estaba el vaso de plástico donde Lucy bebió su último trago entre la sangre y los casquillos dejados por el León Hambriento Himburgues

Los Sultantes del Swing, el nombre de la compañía de Inteligencia que conducía el melenudo Howar, estaba en descanso tras su pequeña pero importante participación en el Operativo Fénix. Estos adecuados caballeros Himburgueses se habían hecho expertos en la desaparición de personas y el aniquilamiento de poblados enteros durante la guerra de Alhastan allá por los 70s. En las ardientes y crudas arenas de aquel desierto grupos como estos, mayormente compuestos por comandos y fuerzas especiales indisciplinadas eran enviados tras las lineas enemigas para infiltrarse allá donde fuera que los barbudos montañeses anduvieran. En violentas incursiones sorpresa arrasaban aldeas y detenían al azar la mayor cantidad de Alhastanos posibles para luego interrogarlos bajo tortura.

Ademas de aprender que la tecnología y los bombardeos masivos no eran muy efectivos contra poblaciones decididas e insurgentes, el Ejército himburgues también aprendió en esos cruentos diez años como cometer crimines de lesa humanidad que harían enrojecer al más despiadado de los dictadores extranjeros. "Los Sultanes del Swing" (Nombre escogido por Howard) habían servido en El Congo del norte, La E.C.C, Salef del norte, Indomedia,  Columbia, Alhastan, Triggers, Baresto y básicamente casi toda nación donde Himburgo enviaba "Cuerpos de paz", "Intervenciones humanitarias" y otros eufemismos para definir "Ocupación militar extranjera" en el Nuevo Himburgo.

Cuando estos finos ejemplares  regresaron del extranjero fueron tomados por las organizaciones de Inteligencia de Himburgo para una nueva misión. Llevar las operaciones encubiertas a casa y aplicar lo aprendido fuera entre fronteras. A menudo mezclados en fuerzas policiales locales o destinados a hacer inteligencia en lugares donde la presencia del ejército sería, al menos, incomoda para el educado ciudadano Himburgues.

La Nación jamas había conocido un estado de tal represión interna sino tal vez durante la ocupación Helleniana en la Segunda guerra mundial. La asombrosa diferencia (a la distancia) era que los Nazis no encontraban mayor problema en mostrar sus campos de concentración a lo largo y a lo ancho del país ni se molestaban en ocultar sus horrendos crímenes. La Dictadura Sí.

El Cocoon era una de las muchas tapaderas que existían en casi toda ciudad o pueblo de Himburgo. A veces alojados en Comisarias y otras veces, sí las fuerzas locales no eran de confiar, aparecían de la misma nada "Negocios" "Clubes" "O.N.G´S" de dueños fantasmales y clientes inexistentes en cuyas bambalinas se administraba, direccionaba, dirigía y ejecutaba la masacre. Howie había llegado para quedarse en Witters Alley por un largo tiempo o al menos eso pensaba hasta esta tarde.

***

Como dijimos Howie se encontraba sentando en una mesa del V.I.P cercana a la barra armando y desarmando su pistola junto a otros miembros del grupo esparcidos por el club intentando matar el tiempo. Howar cargó la Colt en el exacto momento que Tigre, el más grandote y mayor de ellos ingresó por la puerta trasera al volver de su permiso de fin de semana.

Howar detestaba profundamente a "Tigre" y lo habían plantado en su unidad desde Base por, básicamente, no encontrar a nadie en el extranjero que lo quisiera. Si alguien lo viera se sorprendería de que una mole de músculos y cicatrices pudiera recibir ordenes de un tipo flaco y joven como Howard. El "Tigre" se había ganado su fama de sádico asesino en Alasthan como torturador. A menudo pavoneaba entre sus compañeros diciendo que salía en misiones nocturnas solamente armado con un viejo Cuchillo robado a un Congoles jefe de tribu. Cuchillo, que entre otras cosas, corto sadicamente varias veces la piel de Lucy Drissen y quitó de cuajo su ojo. 

Tigre iba a dirigirse sin mayores palabras a la parte trasera del Club cuando Howard, en un tono indiferente le habló sin mirarlo a la cara.
- ¿Como estuvo el permiso?
- Como todo permiso jefe, agitado. 
- Espero que no te hayas hecho daño. 
- Ni un rasguño...

Tigre siguió caminando hacía la puerta de "Solo Personal Autorizado" y Howie iba a dejarlo marcharse, más interesado en limpiar su arma que en conversar con él cuando un comentario de otro miembro del grupo al saludar a Tigre llamó su atención. 
- Te perdiste la fiesta el Viernes...- Dijo chocando su mano.
- Ja, Clay, Rod y yo tuvimos la propia.-  Contesto Tigre con un abano en su boca. Los demás mencionados rieron y afirmaron con énfasis.

Ademas de ser un  hijo de puta, Howar era militar de carrera y no basura desechable como Tigre, por lo que le gustaba estar informado de las cosas y siempre volver a chequear las actividades de cada miembro para evitar posibles malentendidos o sobre entendidos. Por lo que antes de que Tigre se marchara Howar le preguntó tras levantarse de la mesa:
- Tigre..
- ¿Si Jefe?
- ¿Te ocupaste del asunto del Viernes no?- Preguntó solo por descarte.
- Me insultas How, ¿Cuando no me he ocupado de lo que me mandas? La Putita esa gritó hasta el final, desearía que fueran menos escandalosas...por poco y nos deja sordos.

- Entiendo, sigue con lo tuyo.

Por tercera vez la pelota de músculos giró hacia la puerta de "Personal Autorizado" cuando algo hizo ruido en la cabeza de su superior. 
- Espera..
- ¿Me?- Contesto Tigre con mala Gana.
- ¿A que te refieres con que "Grito hasta el final"?
- ¿Que?.
Howar, entre cuyas virtudes no estaba la paciencia continuo y quienes lo conocían bien allí dentro notaron como sus mejillas se empezaban a colorear. 
- Eso dijiste..."Gritó hasta el final"
- Sí eso Dije Jefe. ¿Que tiene de malo?

Ahora Howar empezó a arrastrar las palabras como Joe Peshi cuando toma velocidad antes de descarrillar en "Buenos Muchachos".
- ¿No le metiste una bala en la cabeza?
Tigre miró a sus compañeros, sin entender porque la preocupación de Howar y balbuceó.
- Me imagino que le volaste la jeta de un cuetazo y dejaste el cuerpo en el Shapuka.

Su subordinado empezó a reír mostrando sus dientes amarillos y exhalando humo de su abano.
- Que pasaa amigo...¿Por quien me tomas? ¿Por uno de tus soldaditos? ¿Crees que no se....
Howar se llevó la mano al entrecejo y todos vieron las pistola en la izquierda golpear contra su muslo nerviosa, impaciente.
- ¡Le Pegaste un tiro o No! Eso quiero saber. 

Tigre quien temía a Howard más que cualquier otro de sus subordinados retrocedió y trago saliva. Se parecía más a un gatito asustado que aun torturador. 
- Los chicos....yo...no. - Intentó una falsa risa mientras se justificaba, como un niño que dice una mentira poco creíble. 

How no necesito volver a preguntar. Los ojos en las caras de los tres designados para la tarea lo decía todo. El silencio se le hizo de pronto insoportable.
- ¿¡Esta Muerta o no esta Muerta la piba esa pedazo de pajero!?

Tigre se encogió aun más. Explicó moviendo sus manos nerviosamente. 
- How...How, calmate. Estaba casi muerta cuando la dejamos, no hay forma de que halla sobrevivido. Los chicos y yo agarramos a la putita tal y como dijiste, la llevamos a la parte trasera y nos divertimos un poco. Ya en camino estábamos un poco...entonados por la fiesta, por lo que recién ahí nos dimos cuenta que no llevábamos armas de fuego. Después la dejamos en el medio de la nada en la parte más oscura de la Ruta. 
- ¿Casi Muerta? Me importa una mierda si estaba medio, casi o apenas Muerta. ¿Como podes asegurarme que esa pendeja esta muer-ta. 
- No solo la violamos Jefe, también le dimos con la caja de herramientas de la camioneta. Ni Rocky Balboa podría resistir esa cantidad de golpes, lupsaciones y fracturas. Quien te crees que era ¿Superman? 

Howar y sus botas caminaron en dirección a Tigre lentamente y antes de que su subordinado pudiera reaccionar le doblo el brazo hasta casi el punto de quiebre. Con su otra mano apoyo su cabeza contra la barra del club y luego presiono el cañón de la 45 contra su cien.  Tigre sentía que Howar intentaba clavarsela en la cabeza con cada vez más fuerza.
- ¡No Jefe!-
- Escúchame una cosa pedazo de mierda. No te quería en mi unidad, solo te acepte por que le debo un favor a BASE. Te detesto y en cuanto pueda voy a recomendar que te manden devuelta de una patada en el culo a ese desierto de mierda. Pero entre tanto, más vale que hagas exactamente lo que te digo, descerebrado. Mi unidad es profesional y vos sos la manzanita podrida que me esta infectando la cosecha que tanto trabajo me costo hacer con estos hombres. Ahora, vos y los otros van aprovechar lo que queda de su Domingo de permiso para asegurarse de que esta muerta. Y si por obra de Dios todo poderoso la puta esa se levantó de entre los muertos como Lázaro la van a buscar en todos los hospitales de la zona. Cuando vuelvan más vale que estén seguros....Quiero estar tan seguro como si me lo dijera un escribano, no, mejor, quiero una puta foto de su putisima tumba con la madre llorando de rodillas en la lapida ¿Esta claro? La quiero en los obituarios de mierda para mañana. 

Ustedes se preguntaran porque Howar estaba tan preocupado por cubrir un crimen durante una Dictadura tan poderosa. Desde ya que aun si el caso fuera de público conocimiento no haría temblar la estructura de poder de una Super potencia. Pero en esos años las Organizaciones de inteligencia tenían, como mayores enemigos, a otros Servicios que a menudo buscaban quedarse con los negocios de las zonas que controlaba cada una. Cualquier desliz de una de ellas era usado por las otras para quedarse con el control operativo de dichas zonas. El Ejército y la Marina se disputaban hace tiempo el suroeste de Himburgo y los negocios derivados del mismo. 

Los Milicos no vivían solamente de su sueldo allá por los ochentas. Una Base territorial como la del Coocon traía dinero de muchos otros lugares como la prostitución, la venta de drogas ilegales, el crimen organizado, el mercado negro de armas, concesiones para proyectos inmobiliarios de testaferros y demás delitos que nutrían los bolsillos de los grupos de tareas y sus superiores. Witters, particularmente, estaba negociando junto a varías compañías la construcción de un gran barrió privado como ademas la demolición del antiguo puente ferroviario sobre el Shapuka. Junto con las ruinas del puente se irían los cuerpos de las victimas del operativo Fenix sosteniendo los cimientos del "Nuevo Himburgo" sobre los huesos de sus antiguos habitantes.

La misión  de Howar otorgada por Base era, ademas de la conocida, servir como fuerza de presión a la legislatura e Intendencia local para que no dudara un segundo más de lo debido en entregar todas las concesiones inmobiliarias a Bixie Brothers; compañía muy bien conocida por esos años por sus lazos con los altos mandos del Ejército Himburgues. 

La Historia de la muchacha joven e inocente siendo brutalmente violada y golpeada por la gente de Howar era tentadora para cualquiera de sus enemigos en las otras armas que deseaban contratos como él previamente mencionado y de más esta decir que sí BASE no obtenía su dinero Howar iba a tener que pagar por él centavo a centavo, o bien Bala por Bala.

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