martes, 14 de octubre de 2014

Memorias de la Nevada VIII

El Escritor de Best Seller 


Lidia Allens no era una maga ni una gitana de la feria de Lapan Grows. Pero desde el momento en que vio los ojos amatistas de Caroline Sanders aquella tarde supo que algo raro andaba con ella. Y con el tiempo aprendió que si lo único extraño hubiera sido el color de sus pupilas nada peor que un divorcio hubiese ocurrido entre ella y Thomas Woodward, cuya infidelidad y gusto por las jovencitas era, como mínimo, bien sabido por todos.

La Abuela de Jhoony podía tolerar la vergüenza que supone ser la esposa del hombre infiel en una sociedad tan conservadora como la clase alta Himburguesa y, llegado el caso, hasta era capaz de soportar con cierto estoicismo norteño ser madre soltera con un niño que alimentar. Pero el pequeño infierno que debió tolerar durante las aventura de su esposo con Caroline Sunders se tornó en poco tiempo algo tan terrorífico como abominable su final. 

Y el manuscrito...esa cosa tenía poder y había tenido poder sobre Thomas desde el momento que decidió comenzar a planear su "Primera Novela" tras un moderado éxito como escritor de relatos cortos que se publicaban en diarios tales como "El Imparcial Himburgues" o "Lapan News". El manuscrito de su esposo nunca conoció las teclas o la tinta de una maquina de escribir. Sino que fue escrito a mano a manera de borrador pre eliminar en unos tres cuadernos antiguos bajo consejo y edición de Caroline Sunders. La muchacha que apareció una tarde en el club de caballeros para no irse nunca más de su vida o la de su esposa. 

Como dijimos, una tarde en la que se celebraba el día de San Jorge el ya algo polémico matrimonio entre Thomas (65 años) y Lucy (18) se encontraba en el campo de golf del club de caballeros disfrutando de una muy agradable tarde soleada cuando una muchacha con modos y aspecto de estrella de Hollywood se apareció de la nada misma. Vestida con su uniforme de montura, la jovencita de cabellos castaños largos, ojos color amatista y rostro cinematografico dijo ser una gran admiradora de Thomas y pidió que le sacaran una foto con él con su cámara. Dicha fotografía, tomada por Lidia, era aquella que se perpetuo desde entonces en el escritorio de Thomas sin mayor razón aparente. Cuando algo molesta su esposa le pregunto porqué él solo dijo que pocas veces recibía halagos por su trabajo y menos de una chica tan bonita como Caroline. 

Desde ya que la cosa no quedo en la foto y el autógrafo improvisado en una libreta pequeña que llevaba Thomas ese día. Caroline seguía apareciendo por aparente casualidad en el camino del matrimonio en distintas reuniones sociales, eventos de caridad o ferias del pueblo. Cuando Lidia preguntó a sus conocidos sobre la tal Caroline, nadie supo decir de donde venía, donde vivía o quienes eran sus padres. Ella se autodenominaba una "Adicta a los viajes y la fotografía" con sueños de convertirse en una reportera gráfica de algún gran medio al estilo "Life". 

Sin embargo aun sí la zorrita estuviera buscando algún contacto dentro de la billetera o la bragueta de su esposo, a Lidia no le importaba demasiado. Más una noche, mientras ella y su esposo cenaban en el salón comedor de la casona sobre la colina Thomas manifestó con su usual modo Himburgues que Caroline intentaba convencerlo de escribir una novela que lo sacara del submundo literario y lo llevara hacía la popularidad.

Lidia sabía que la idea cuadraba por completo con Thomas. La clase de persona que ama los aplausos, los halagos y ser el centro de atención en cada evento en el que asiste con chistes de salón blanco, anécdotas de viaje y argumentos políticos bastante polémicos para los 40 tales como el voto femenino, cuidado del medio ambiente y abolición de la pena de muerte. Más lejos de ser una gran estrella, Thomas era más reconocido en Lapan Grows por sus fugaces aventuras sexuales, su fortuna y su insistencia en invertir en una compañía de Computadores novedosa llamada "C.C" La que en el futuro sería conocida como Ciberdrone Sistems, la mayor contratista de defensa del estado desde los 70 en adelante que desarrollaría los adelantos necesarios para misiles balísticos, sistemas de Radar, y drones militares. 

No fue el deseo de crear una "Opera Prima" ni el aliento de una insólita jovencita lo que llevo a Thomas a dedicarse 24/7 a su libro. Sino más bien el incipiente virus de una enfermedad que comenzaba asolar Himburgo y gran parte del mundo en el siglo XX. Un virus que Caroline Sunders sabía contagiar muy bien: El Deseo de ser Famoso.

Hijo de familia rica con cuatro hermanos exitosos, Thomas no había hecho más de su vida que ser un hombre rico y extravagante sin mayor interés por profesiones tradicionales como la medicina, la ingeniería agraria  o las leyes. Y al igual que su nieto tal vez, había pasado gran parte de sus años buscando aquella cosa que le diera cierto sentido especial a esa existencia que lo hacía sentir tan vacío como solitario. Su dinero heredado  no lo hacía sentir realizado y el amor de quienes se le acercaban por el tamaño de su billetera era tan efímero como los Reales (Moneda Himburguesa hasta los 90) que la misma contenía. Lo único que los Woodward veían como algo ridículo y sin futuro alguno era su inclinación hacia las letras y las lenguas extranjeras. Un trabajo poco digno o de bajo renombre para unos hacendados del norte de Himburgo con una innumerable lista de Héroes de Guerra, Gobernadores y Jueces en su álbum familiar. 

Ni siquiera Lidia conocía gran cosa del pasado de su esposo, pero a menudo creía que el hermetismo de Thomas sobre su familia y niñez tenía como razón un cierto vacío dentro de él que no alcanzaba a llenarse con las petulantes y poco interesantes vidas de los hombres de dinero. Poeta a casi escondidas, Thomas se apartó de su familia para vivir en Lapan Grows trabajando de maestro universitario en La Royal Himburgish University y, en su tiempo libre, escribir un sin fin de relatos cuya mayoría pasarían moderadamente desapercibidos hasta el final de sus días.

Lidia no sabe si fueron los aires de "Juventud" que trajo consigo Caroline o su renovado concepto del Marketing y la Publicidad pero desde que la conoció Thomas solía repetir una y otra vez que su nuevo libro lo haría famoso. "Estaras en la portada de todos las revistas Thomy" Solía escuchar decir a Caroline cuando acababan el borrador de algún nuevo capítulo. 

Entre tanto Thomas empezó a preocuparse por cosas a las que antes jamás había prestado atención, tal como su aspecto físico, su angulo en las fotografías que tomaba Lidia o Caroline. Sí su barba estaba muy corta o muy larga, si su traje estaba a la moda y que impresión dejaba en cada lugar que visitaba. Leía una y otra vez las criticas que recibía por sus relatos cortos en los diarios y fue en busca de periodistas que estuvieran interesados en su trabajo literario para escribir artículos sobre los mismos en los medios locales. También empezó a mostrarse disconforme por la forma en que vestía su esposa y llegaba a casa con ropas más del estilo de Ingrid Bergman que de una mujer callada y algo pacata a decir verdad como era Lidia. 

Lo que Lidia no sabía era que Caroline no solo estaba haciendo escribir a su esposo, sino que estaba transformándolo lentamente en un idiota más preocupado por el personaje que interpretaría una vez el libro estuviera terminado que por el libro en sí. Una figurita comercial que lejos de abrir mentes con sus teclas, lejos de buscar aquel sentido único e inigualable que todo escritor desarrolla en su obra, se encontraba ansioso por convertirse en una brillante estrella que ocupara paginas y paginas de revistas mostrando su opulenta casa, su hermosa esposa joven y aparente "Ángel" creativo de producción inigualable. Todo Un Best Seller. 

Caroline Sunders estaba transformando a Thomas en la clase de persona que Lucy Drissen moría por ser de la forma que fuese y con mayor o menor grado de esfuerzo. El rostro de todo aquello que futuras generaciones querrían ser apartándose cada vez más y más del verdadero sentido de sus vidas o el origen nato y tierno de sus sentimientos. Dominados como Thomas por el terror a pasar desapercibidos en un mundo en el cual quien logra saltar la valla de la ignominia se transforma de inmediato en un ejemplo de vida. 

A lo largo de la historia veremos bien de que manera cruda y realmente paranormal La Mujer de Ojos Amatistas sometió a Thomas y, eventualmente alcanzó a Jhoony. Sin embargó de todas las armas con las que cuenta el terrorífico e inveterado poder del cual proviene el fulgor amatista de sus iris, ella, la Gran y Enorme estrella en el cielo sobre los nubarrones negros de las sombras, siempre supo muy bien que su poder no residía directamente en ella sino en el Deseo de los hombres por trascender. Sea en los grandes o pequeños, en los poderosos y los débiles, en los tontos o los sabios, en los lindos y los feos, el Deseo de ser Observados era igual en todos ellos. La ansiedad por ser único e irrepetibles también.  

La Mujer de los Sueños de Jhoony Woodward solo necesitaba de una Utopía, grande o pequeña, para transformarla y deformarla en una inequívoca y trágica desgracia que saciara su hambre voraz. Thomas había sido su campo de pruebas en los 40. Jhoony y Lucy su desembarco triunfal en este Siglo donde ya disponía de un ejercito de idiotas a lo largo del globo buscando la misma falsa inmortalidad.


***
Camino Hills 18:15 Horas

El tip-tac de las gotas golpeando el vidrio delantero de la Cheby iba acompañado por el repetitivo canto del limpia parabrisas. Lejos de encontrarse preocupado como Howar o triste como Lucy, Jhoony gozaba de una libertad que pocas veces antes había experimentado en su vida. Alcanzando el norte de Himburgo, tal vez uno de los más bellos paisajes que tenga esta nación para mostrar, sus manos conducían con gentileza la Cheby por la carretera  5 que nacía desde Fixa Town hasta Lapan Grows, su pueblo natal y destino en este viaje. 

Escuchando uno de sus singles favoritos, los ojos de Jhoony se deleitaban al ver como el gran paisaje se abría delante de sus ojos. A pesar del día nublado y la densa bruma que bajaba de las colinas, las piedras, el pasto verde oscuro y las accidentadas colinas de El Valle de los Reyes mezclandose con los densos y viejos bosques de Niuvet, todo parecía estar en su lugar. Inclusive sí mismo. Ni preocupado por el transito, la temperatura, su dinero, su trabajo o su esposa, Jhoony se sentía como en sus veinte . Antes de mudarse a Witters, antes de trabajar el campo que había heredado y por su puesto antes de convertirse en un alcohólico.

La idea de ir hacía su libro nunca terminado le generaba una suerte de ansiedad amable, como quien va en busca de un viejo amigo que se ha mudado lejos de casa. Pero al mismo tiempo sabía que la Mujer de Ojos Amatistas esperaba y él, su primer caballero no tenía deseos de ser descortés con la bella dama de sus sueños. Haría una última parada en Camino Hills, un pequeño pueblo entre las colinas del Valle y partiría  directamente a Lapan Grows por la carretera 7 que se conectaba con la cinco justo allí.

A medida que oscurecía la luna se iba volviendo cada vez más grande y brillante a su parecer, derramando gotas de plata sobre el gran río Palaras debajo del precipicio por el que la ruta bordeaba caprichosamente con un barandal flaco como única protección para conductores incautos. Demorarse demasiado en el paisaje podía llegar a ser un problema. El Valle de los Reyes y casi todo el Norte de Himburgo estaba plagado de viejos fantasmas de una nación algo melancólica y cansada, con tantas guerras y sangre sobre sus verdes pastos. Aun en las más antiguas leyendas sobre Dracidas y Vlainds el gran valle estaba recubierto por una gran energía sobrenatural, supuestamente despedida por los miles de buenos huesos que descansaban bajo las raices de sus fuertes arboles de troncos negros. 

Aun con una ruta cruzando todo en el medio a nadie le sorprendería demasiado encontrarse con un elfo, con un Vlaind, un Dracida o una galante princesa. Aunque, en versiones más modernas y menos exitantes los alienados Himburgueses también habían localizado supuestas pistas de aterrizaje alienigenas del planeta Zilum.

Fuera lo que fuera que obrara allí entre los tumulos, las lapidas de nombres desdibujados por el tiempo y los monolitos de piedra salefianos, a Jhoony le producían aun más deseos por recuperar su viejo manuscrito. Y aunque a muchos les podría parecer un capricho algo tardío en un hombre de cuarenta años durante este misterioso viaje plagado de recuerdos el buen Jhoony Woodward había llegado a la conclusión de que, de una forma y otra, las personas con las que se había relacionado siempre habían intentado con éxito alejarlo de aquellas cosas que él realmente amaba en un principio. Y que, en el caso de su libro fue más un hallazgo accidental producido por una gama de adultos poco tolerantes con su gran imaginación, que el afable aliento paternal de las películas.

A lo largo del tiempo, en su vida para nada excitante, simplemente había dejado pasar todas las oportunidades que tenía de convertirse en algo mejor que un granjero que se emborrachaba para no soportar a su esposa. Antes de eso había sido un universitario aburrido para no tener que tolerar las frustraciones crónicas de sus padres con respecto a sus elecciones en su vida. Y ahora, cuando a sus cuarenta ya esas cosas le podían importar una verdadera mierda, seguía jugando el papel que se le había asignado desde su niñez. Ir solo en busca de aquello que le proporcionara una rápida solución económica en la vida moderna. 

Puede que la historia de Thomas se hubiera repetido en Jhoony y la Mujer de ojos Amatistas evidentemente conocía la frustración del eterno retorno. Piezas de un muro que lentamente se van posando uno sobre el otro, sostenidos por su propio peso que impiden cada vez más ver el radiante horizonte de nuestros propios deseos. Deseos que a menudo toman forma en una etapa muy colorida e inolvidable de nuestras vidas como la infancia. Sentirse arrancado de aquel brillante amanecer para ser llevado a un mundo de metales y oscuridad  era un dolor que ambos compartían. Y la melancolía que supone poder visitar aquellos lugares solo desde la foto de wallpaper de tu computadora también.

Fue así por tanto que Jhoony Woodward llegó aquella tarde a Camino Hills y ya desde los primeros tramos del camino pudo sentir el resonar de su corazón al encontrarse en un ambiente que desde hace tiempo no visitaba. Casas en medio de los densos bosques, un sin fin de reposterias Hellenianas atiborradas de turistas, calles de tierra en la mayoría de los casos, una iglesia, una comisaria, una escuela y en verdad no mucho más. Olor a naturaleza por donde se viera, carteles pasados de moda de gaseosas con estrellas de cine más muertas que los reyes enterrados en las cercanías y la siempre imperante sensación de paz.

Para la gente de Camino Hills, ese pueblo era una porquería donde ni siquiera existía una Pizzeria decente, pero a la vista de un hombre tan tragado por la mierda como Jhoony era como la pequeña aldea de Asterix en La Galia en medio de la Roma de Nerón es decir, sin hilarantes romanos. Ya acercándose el anochecer ansiado por los grillos para lanzar su canto Jhoony paró en un bar llamado Tory Tabern para comer.

***

Casi que vuelve sus pies hacía la Cheby corriendo cuando la fantasía de El Señor de los Anillos murió con la abrupta aparición de una bandera Neo Nazi colgada dentro del Bar. Pero la mirada del gordo pelado sirviendo cervezas por poco lo obligo a sentarse en la barra junto a otros especímenes de la raza aria Himburguesa. En verdad el bar no estaba nada mal, se mantenía fiel al estilo mágico de Camino Hills, pero resulto ser una cueva bastante aceptada por los habitantes para todo lo indeseable que anduviera dando vueltas por Camino. 

La música del bar tampoco estaba mal, pero Jhoony había visto demasiadas veces en T.V como en estos pequeños lugares uno sale, o bien con una navaja en el estomago o un balazo en la cabeza...se pague o no la cuenta. Mientras el grupo "SOÑA. SABE" cuyas discretas y deliberadas iniciales eran "S.S" elevaba gritos los demás ejemplares comensales elevaban el brazo derecho y agitaban sus inexistentes cabelleras. 

Educado como Lord, Jhoony exageró lo más posibles sus ya de por si buenos modales para con los residentes. A pesar de ser Nazis al parecer sabían muy bien como hacer un buen sanguche de Milanesa y la cerveza Helleniana " HellRaiser Barbara" era muy superior a las lavadas Milton o Tikoon. Terminó en tan solo 30 minutos, dejó toda la propina que podía y se ganó la sonrisa del dueño. Por obligación hizo algunos chistes sobre Judíos con los compañeros de la barra y antes de mearse encima del miedo fue hacía su Cheby para huir de allí discretamente.

Atravesando las luces de colores rojas y azules de Torys Tabern, llegó hasta la puerta. Fuera ya era de noche y debajo de la luz blanca del alumbrado publico vio a tres habitúes de Torys examinando la Cheby. Rogaba a Dios y a San Jorge que fueran coleccionistas de autos antiguos, pero dudaba que alguno de ellos tuviera escrito en su campera de Jean "Cráneo En Llamas" junto a su numero de serie de la prisión.

Cuando disponía subirse a la misma uno de los tres, de larga barba castaña lo interpeló en un tono demasiado amistoso para ser sincero.
- Oiga Campeón...Que lindo chiche que tiene he...
- Gracias...en..en verdad no es mio. Es decir es de mi esposa. Pero la manejo yo. Je. 
- Yo tenía una igualita, pero me la sacaron los policías de mierda porque dijeron que era robada. - Continuo el barbudo acariciando con su mano la puerta de la camioneta. 
- ¿En verdad? Je...- Jhoony no tenía ni idea como lidiar con estos sujetos, pero al igual que en el bar apelo a su buena educación como si esta fuese un seguro de vida. 
- ¿A donde va Amigo?- Pregunto el tal Cráneo en Llamas, interponiéndose entre él y la cheby. 
- Voy a...Lapan Grows. Voy a ver a mi abuela...je.
-OOOOhhh. Dijo Craneo en Llamas. - Pueblo de Ricos....
- Mujeres hermosas. Dijo el tercero, pelirrojo y algo desdentado.
- ¿Podemos ir ? Nuestras motos se quedaron sin gasolina...
- No...es decir, me encantaría pero...mi abuela esta enferma y tengo que llegar rápido para darle una medicina que allá no se consigue.
- Somos motociclistas amigo, siempre llevamos prisa. Dijo El Barbudo haciendo reír a todos menos a Jhoony.

Fue entonces que Jhoony sintió por primera vez (aunque no por última) una punzada muy fuerte en la nuca que le hizo llevarse las manos al entrecejo. Al cerrar sus parpados le pareció ver el resplandor amatista de dos ojos brillantes y sensuales. De momento no supo si fue el cansancio por el viaje, alguna enfermedad mental nunca antes diagnosticada por sus médicos o simplemente...ella. Pero de pronto le pareció que habían sido tipos como estos los que lo habían hecho sentir un trapo de piso durante su vida. 

Cuando abrió los ojos vio al desdentado con sus marcas en la cara por su mala vida y nudillos raspados producto de varias peleas. El sujeto con el Cráneo en Llamas tatuado en la frente con su arrogante expresión criminal y brutal, y al barbudo intentando esconder una pistola automática en su cintura sin demasiado éxito. 

- Vamos amigo. Pareces un buen sujeto.- Dijo El barbudo.
- Si, pareces de esos que hacen favores siempre. Hablas como que has leído muchos libros ha.- Continuo el pelirrojo.

- Lo siento, no puedo llevarlos. Contesto Jhoony ya algo más seco y menos pelele. 
- Yo opino que sí. - Dijo el barbudo llevando una mano a la 45. - Es más creo que no llevas tanta prisa como nosotros. ¿No es así amigos?
Los demás reos asintieron.
- Muévete pelele sureño.- El cañón de la pistola brillo ante la luz del farol de calle. 
Jhoony se rindió.
- Solo...solo déjenme tomar mis cosas ¿sí?

Asintieron.
- Si caperusita, tendrás que ir por el bosque para llevar la medicina a la abuelita...- Dijo Cráneo en Llamas riendo junto a los demás.

***

Lo que ocurrió inmediatamente después fue una de las cosas más atrevidas que un granjero como Jhoony hubiera hecho. A sus cuarenta años vivía aterrorizado por la Inseguridad como la mayor parte de los Himburgueses. En la calle siempre alguien podía matarte, sea un ladrón, un terrorista, un loco religioso o un activista ecológico. La violencia estaba ahí para quedarse en Himburgo, disparada por los militares, disparada por los desafortunados transformados en caza fortunas o por los tubos dentro de las televisiones repitiendo una y otra vez palabras como  "Eliminar", "Destruir", "Terminar" "acabar" y sobre todo: Matar. 

Consumidor de todo ese tipo de temores, como quien llena un carrito de supermercado con todo tipo de miedos y paga por ellos con una sonrisa, Jhoony efectivamente había decidido no arriesgar su vida por su camioneta. Cuando abrió la puerta para sacar las cosas de la guantera, tales como sus documentos, libreta y demás, vio o creyó ver en el retrovisor a la Mujer de Ojos Amatistas triste por su decisión. En el preciso acto de tomar sus cosas para salir de allí pensó cuantas veces esta misma escena se había repetido en sus cuarenta años. Puede que los actores hayan cambiado al igual que la escenografía, puede que el guión hubiera sufrido muchos cambios pero el Story Board era el mismo:

En un Cuadro estaba Y en el otro simplemente...no.

En unas lineas de su libro el besaba a la Mujer de Ojos amatistas de cara al Atardecer al punto de una noche maravillosa sobre las estrellas. En la siguiente estaba tomando cerveza lamentándose por no haberla alcanzado cuando tuvo su oportunidad. En un fotograma se casaba con la hermosa Pamela en la iglesia de Lapan Grows y a continuación tenía que salir a fumar a escondidas de la casa con una lata de Milton entre las pelotas como si fuese un adolescente de mal comportamiento.Ya la había dejado una vez. Y la llave Inglesa que sus dedos alcanzaron por accidente debajo de los papeles decía que esta vez el iba a estar en todos los putisimos cuadros que al carajo se le ocurrieran. 
La mano se encaramo sobre la herramienta y salio despedida hacía atrás como la masa de un titan para estrellarse en la nariz del barbudo con la  45. Sintió la sangre de su nariz desprenderse de sus fosas para derramarse sobre su puño cerrado y decidido. El arma de fuego cayo al piso. Cuando Craneo en Llamas fue hacía el con una cadena entre sus manos, Jhoony escapó de puro milagro de la misma agachando su cabeza justo a tiempo y golpeó con su mano libre el estomago del idiota. Infundado por la Mujer de Ojos Amatistas lo dejo sin aire y este dio algunos pasos hacía atrás. 

El Bate de beisball que escondía el Pelirrojo lo golpeo en el brazo pero no le dolió lo suficiente como para detenerlo, pues en verdad, había probado dolores mucho peores en su vida. La llave inglesa de Jhoony le fracturó la mano que sostenía el bat y luego le provocó una fisura craneal en el costado izquierdo de la cara. 

Sorprendidos, por no decir, asorados por la súbita respuesta del pelele Jhoony Woodard los mal vivientes intentaron contra atacar. Jhoony, quien sabía poco y nada de armas, tomó la pistola y sin contemplación, llevado por su largamente contenida ira, disparó. Una de las balas dio en la rodilla de Cráneo en Llamas quien pasaría a ser cojo de por vida. La otra pegó en el hombro del barbudo quien recién se recuperaba del golpe. Finalmente, el pelirrojo, intentando sacar una navaja, recibió los disparos. Una y otra vez  Jhoony accionó el gatillo con mayor  decisión sintiendo el olor a pólvora y escuchando los casquillos rebotar en la puerta de la cheby. La sangre rellenó los espacios entre la grava del camino y cayó desplomado debajo del cañón humeante de la Colt ardiente. 

Pasado el crimen, dominándolo todo el silenció, luces azules y coloradas de un móvil policial acabaron con el rampage homicida de Jhoony. Al cual las voces de dos oficiales la parecieron venir desde otro mundo. Para cuando cayo en cuenta de todo lo ocurrido en esos fatales cuarenta segundos se vio a si mismo cubierto de sangre con una pistola Colt en su mano izquierda y una llave inglesa salpicada de sangre en su derecha. Un hombre muerto a sus pies y otros dos revolcándose en el suelo de dolor, lanzando puteadas a cada santo que conocían.  Se llevó las manos a la cara, intentando alejarse de lo que había hecho. Imaginó que tendría tiempo de pensar en ello en la comisaria local.

No importaba demasiado, tanto y en cuanto, la Mujer de Ojos Amatistas siguiera sonriendo junto a él.

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