miércoles, 3 de diciembre de 2014

Memorias de la Nevada XII

El montaje final es muy curioso, 
es en verdad realmente entretenido 
vas en la oscura multitud desprevenido 
tiranizando a quienes te han querido. 

Ji ji ji - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota 


El Hombre que Soñaba con Venados 

Amaba a los Animales

Música
Howar Fells era una de las muchas sombras matinales que había elegido Joes! para desayunar ese lunes. Cansado como estaba del ambiente encerrado y lúgubre de la parte trasera del Coocon o bien la fantasmal pista de baile. Masticaba con esfuerzo una medialuna particularmente acaramelada mientras leía la sección deportiva del Day Lay Sunday. En la calle frente a la ventana el mes de Julio continuaba igual de lluvioso y triste. El traficó pasaba por el doble carril con los limpia parabrisas yendo y viniendo en su repetitivo baile. Los transeúntes se apresuraban sobre la acera para llegar a sus destinos y el día despuntaba con una lentitud  melancólica.

El Capitán de Inteligencia había logrado un avance en el asunto de la muchacha, aunque desgraciadamente para él no fue debido a la experticia de sus hombres a la hora de encontrar lo que quedara de esa chica. Sus hombres se habían vuelto muy duchos en  matar en selvas, desiertos y aldeas remotas más muy poco efectivos para actuar en terreno urbano. Y ya figurándose el fracasó en la búsqueda recurrió a personas algo más cercanas a la cuestión. Tras hacer algunos llamados el domingo en la noche obtuvo por fin resultados.

Sobre la gran barra de Joes! el reloj marcaba las seis en punto de la mañana. Pidió a la camarera otro café negro y suspiró aburrido. Su contacto ya se había retrasado quince minutos. Tamborileo sobre la mesa de plástico con sus dedos nerviosamente y observó la bruma levantarse entre los bosques aledaños al mirador. Desde el acceso norte del pueblo con el clásico cartel que despedía a los nulos visitantes de Witters Alley vio a un hombre grande con sombrero panameño y piel oscura. Llevaba un estuche de guitarra sobre la espalda y caminaba con andar cansado envuelto en un abrigo grueso. Su silueta oscura emergió de entre la bruma como si llegase directo de un sueño. 

Howar dejó el diario en la mesa y lo siguió con la mirada hasta que se marchó. Había soñado eso mismo esta mañana. O algo parecido, Howar no era la clase de persona que le prestaba atención a sus sueños. Más la coincidencia le llevo a recordar que, en dicha visión nocturna una figura parecida, envuelta en la neblina le susurraba al pasar:



"Todo lo que sube, tiene que bajar. Pero cuando baja, ¡cuidado! Se puede desplomar"

Una mano se apoyo amistosamente en su hombro derecho, sacándolo de sus recuerdos. Un hombre de cabellos grises y ojos claros se sentó en la mesa y se acomodó en el asiento frente a él. Llevaba un piloto largo color azul y parecía algo nervioso, atemorizado. 
- Siento el retraso señor. Dijo con la vos gastada por una gripe.
- No hay problema. ¿Quiere tomar algo? Yo lo invitó. Dijo Howar siempre amistoso y educado.
- Oh...no, tengo mucho trabajo y no quiero demorarme...

El militar apagó su cigarrillo dejándolo caer sobre su taza de café. 
- Le agradezco lo que ha hecho. Dijo Howar. - Y le agradeceré aun más cuando me diga que sabe de este asunto. Si es cierto lo que me dijo por teléfono...soló diga donde y podrá marcharse. 
- Lamentablemente, no es tan sencillo...-Dijo en voz baja el informante. Estornudo. 
- Deje que yo juzgue eso Wilkings.
- Bueno...se lo diré tal y como ocurrió. - Volvió a estornudar y se acercó un poco más a Howard para hablar en voz baja.
- Adelante...soy todo oídos.-

Al informante la presencia descontracturada aunque fría de Howar lo tenía a punto de hacerse encima. Su carrera había sido, dentro de todo, bastante limpia en un pueblo tan ridículamente pequeño y abandonado como Witters Alley. Pocas veces se encontró en situación similar. Pero aunque había pasado los últimos años rogando porque nunca le tocara ser parte de la maquinaría despiadada de la Dictadura, eventualmente terminó por serlo. Como casi todo su pueblo...

- Hay una persona que la vio, la encontró en la carretera cuatro camino a Fixa. La chica, según me dijo estaba en muy...muy mal estado. Él le dio un abrigo y una linterna, le recomendó ir al Hospital de Fixa Town pero no sabe si llegó allí pues no se atrevió a llevarla el mismo.
- ¿Cuando fue eso?- Pregunto Howie con interés.
- La misa noche del...asunto. Durante la madrugada...fue de pura casualidad el no...- El militar lo interrumpió.
- No hace falta que lo aclares...continua.
- Bueno...quien la vio y yo somos buenos amigos desde hace mucho tiempo. Es una persona importante por aquí, muy querida y respetada por todo el pueblo. El Sábado, como todos los sábados íbamos a hacer un asado, pero me llamó para cancelarlo en la madrugada del viernes. Note que estaba muy mal, borracho como una cuba. Cuando indague me lo contó. Me pidió que no le dijera a absolutamente nadie, esta devastado porque parece que la conocía. Este hombre no es un...terrorista...ni nada parecido. Es...bueno, como la mayoría de la gente en Witters. 

Howard afirmó inclinando la cabeza. La camarera llegó con otro café y le dio un sorbo largo. Luego encendió otro cigarrillo.
- Lo se...lo se.  Sabemos que la gente de este pueblo es decente y tranquila. Usted no se preocupe por nada y deje que nosotros lo manejemos. De todas formas, lo que me dice no es mucho más de lo que ya sabía.  ¿Que puede decirme sobre su llegada al Hospital? 

- A eso iba. Tan pronto como usted me habló, llame a un amigo medico que tenía un consultorio aquí en Witters. Vive en el pueblo, pero trabaja en el Tronador Hills Hospital de Fixa hace unos meses. Pregunte discretamente, como si fuera parte de una investigación del departamento. Me dijo que sí, que hay una chica con la descripción que usted me dio que llegó la madrugada del Viernes. Un cura la ingresó. El doctor tomó la guardia del Sábado a la noche y supo de su caso. Seguro que puede hablar con él, es un buen muchacho. Se llama Juan Camparelli.  

-Parece que la chica esta muy delicada y con seguridad, me dijo, morirá de sus heridas en no más de una semana. Pero, le pregunte lo que me pidió. Y sí, esta lucida y puede hablar. Estuvo haciendo algo de escándalo con las enfermeras, pidió que alguien le tomé la denuncia. Le dije que iría personalmente o que enviaría a alguien de la comisaría para ganar un poco de tiempo para su unidad. Le dijeron que esperara y desde entonces habla sola e insiste en que hay un anciano sentado a su lado. Las enfermeras le dieron calmantes y esas cosas, pero no le hacen efecto. Habla durante horas y horas...con un tal Thomas Woodward.

Wilking hizo un gesto con sus dedos y una mueca de Chiflado.

Howar se alegró de que el Jefe de Policía de Witters Alley hubiera resultado mucho más perspicaz de lo que el había juzgado. Sin que moviera un dedo o le indicara algo, había hecho la mitad del trabajo por él. Muchos de estos personajes se doblegaban de inmediato al conversar con un miembro de la Inteligencia del estado por esos años e incurrían en desmedrados esfuerzos por hacer su labor lo menos pesado posible. Algunos pensaban que de esa forma obtendrían cierta recompensa por parte del gobierno en otros asuntos. La Policía de Witters y su destacamento no necesitaba muchas cosas. Pero cuando el Coocon se instaló en el viejo Aeródromo el Intendente le dejó claro a Wilkings que era menester para Witters y su economía  la presencia del pequeño comando de Inteligencia.

- Muchas gracias - Dijo Howar. - Solo necesitó una cosa más de usted y cuando salga de esa puerta podrá ir tranquilo a su casa fingiendo que nada de esto a ocurrido. Lamento haberlo separado de sus deberes por esta cuestión y no quiero nada más de usted. Pero hay algo que tengo que pedirle. Necesito saber el nombre de su informante, no del doctor, sino del otro.

La cara de Wilkings se contrajo en una mueca de miedo.
- No...mire, él...él esta destruido por lo que pasó y me rogó que no le dijera a nadie. Es un viejo amigo y sería muy descortés de mi parte traicionarlo así. Ha ido al Psiquiatra y esta medicado, no deja de tener pesadillas con Venados muertos y otras cosas horribles. No quiero exponerlo a nada.

- Tranquilo..- Contesto Howie con una sonrisa amplia. - Tranquilo, no se lo pediría sino tuviera una buena razón para hacerlo. ¿Quien se cree que soy? ¿Al Capone?- La risa de Howar no fue secundada por Wilkings.

Howar dejó propina y el pago de su café sobre la mesa.

- Escuche bien...Wilkings. No tema...Entiendo que muchos, aun un hombre de carrera policial como usted puede tener cierto temor al enfrentarse en estas situaciones tan complicadas. Pero su amigo puede estar en un muy grave peligro. Estos...terroristas son personas muy complicadas y no llegan solos a los pueblos. La mayoría de las células dormidas como estas son grupos de al menos tres personas. No somos los únicos que buscamos a esta muchacha desde entonces y si llegaran a él...Bueno, le pasaría algo mucho peor que tener que ir al Psiquiatra y tomar muchas pastillas.

-Supongo que ha visto las noticias. Aquí en Witters todo es muy tranquilo, pero en Blondres o The Kings Valley, aun en Lambridge y Bartiel todos los días gente como su amigo vuela por los aires cuando se sube a su coche. ¿Comprende? Eso después de que los interrogan y los amenazan para sacarles información. El terrorismo urbano es muy difícil de combatir y nosotros estamos aquí porque sabemos (como usted también) que hay una célula Marxista tratando de crear agitación en el sindicato minero. Si me dice quien es su amigo, puedo hacer que lo custodien alguno de mis hombres.

Wilkings contestó:
- No se preocupe por eso Señor...el departamento de Policía puede hacerlo por ustedes.
Howar se hecho a reír y le palmeó el brazo:
- Capitán...Si pusiera dos hombres en la casa de su amigo, sería como ponerle un cartel luminoso a su amigo diciendo "Aquí esta Juan Perez". Mi gente puede custodiarlo un tiempo sin que él siquiera se de cuenta. Somos profesionales...,confié en mí. Su informante ni siquiera tiene que saber lo que me ha dicho.

El Jefe de la Policía de Witters Alley sudaba frió. Y la sonrisa de Howar, sus cabellos abultados y rostro radiante, casi angelical, no lo calmaban en lo absoluto. Vio al hombre fumar, esperando una respuesta que sabía que iba a obtener desde que sentara su culo como un Sultán en Joes! esa mañana. Su lenguaje corporal, su pecho amplio debajo de la camisa de Jean exudaba algo mucho peor que el poder y eso es la impunidad que viene con ese poder. Sabía que si daba el nombre de Peter, ellos podrían hacer cualquier cosa con él. Sea custodiarlo como dejarlo tirado en la ruta como a la misma Lucy Drissen.

Wilkings dejó de sentirse un buen hombre en una situación difícil entonces. Era plenamente consciente de que temía a Howar y sus hombres porque en el fondo sabía muy bien que no era solo un agente de inteligencia. Sino el miembro participe y ejecutor de una Dictadura asesina que asolaba el país como un torbellino desde hace años. Sí, aun en Witters Alley. Cuyo Sindicato minero ni siquiera había logrado personería gremial en los años de la democracia.

Tal vez lo más aterrador para Wilkings era que Howar Fells y sus superiores no necesitaban mentir. Con sus armas, con sus balas y fusiles ellos podían simplemente crear la verdad a fuerza de disparos y secuestros. La nueva verdad en Himburgo era la verdad que "El poder" decía que era, sin importar la realidad fáctica y científica de los hechos. Si mañana Lucy Drissen resultaba ser la encarnación de la virgen María y Peter Leggins Jesucristo poco iba a hacer la diferencia frente a una 22 bien cargada en la cabeza de cada ciudadano.

Todo lo que sube, tiene que bajar. Y cuando baja ¡Cuidado! Se puede desplomar. 

Recordó  Wilkings que le dijo el Blusero Jimmy de la iglesia Evangélica poco antes de que entrara a Joes! tras una breve conversación sobre el clima.

Howar aclaró la voz y preguntó en un tono algo más imperativo. A Wilkings le pareció que un rayo cruzaba sus ojos azules:
- Bien...¿Voy a tener que volver a preguntar?-
El Jefe de Policía rogó:
- Solo...solo prométame que no se va a enterar.
- Tiene mi palabra. Al menos de mí boca nada saldrá. - Repuso Howie

Wilkings bajó la cabeza y dijo:
-Peter Leggins, era su supervisor en la Wako del acceso sur. La encontró en la ruta como le dije cuando iba para Fixa a ver a su madre.

- Le ha hecho un gran favor a su país. Dijo Howar tomando su mano. Y luego añadió mientras posaba sobre sí su piloto Gris: - Y lo que es más importante, a un buen amigo.

Wilkings le siguió hasta la salida de Joes! La lluvia volvía a caer en grandes cantidades, haciendo estruendo en el asfalto y  las copas de los pinos producto del impacto:
- Otra cosa señor...-Dijo Wilkings abriendo su paraguas.
- Lo que sea...
- La Madre de la chica... Ya hizo la denuncia y amenazó con ir a la prensa. La evite lo más que pude pero finalmente tuve que....Pero creo que ira a la prensa igual. Sabe como se ponen con estas cosas.
- No se preocupe ni por eso ni por la prensa.- Howar vio, cruzando la calle, un cartel de propaganda que la secretaría de deportes había pegado en todo el país desde comenzado el Mundial. Se lo señalo y citó:

EN HIMBURGO AHORA TODOS JUGAMOS DEL MISMO LADO DE LA CANCHA

En la pegatina se veía al Arquero de la Selección atajando una pelota heroicamente. Pero había un ligero error en el cartel que obligó a cambiarla con el tiempo. Las tribunas detrás estaban vacías.

***

A la mañana siguiente ( y como todos los otros siete días de la semana) el ejemplar del "Witters Now" llegó a la casa de los Leggins en los suburbios oeste del pueblo. Como venía ocurriendo desde aquel oscuro encuentro con Lucy, el calvo y fumador Peter había soñado con venados en la ruta que él atropellaba toda la semana. Más esta vez el venado había sido reemplazado por Lucy Drissen. La sangre cubría  su camisa. Al verse en el retrovisor de su auto descubría que el que sangraba era él. Ese liquido espeso brotaba de su boca sin detenerse, como vomitando sus entrañas, llevándose sus dientes.

El histrionismo del programa de radio local "Mañanas Azules" lo despertó.

¡Arriba Todo Mundo! - Bramó el Radio Despertador. - Son las seis de la mañana en punto y el sol brilla ya radiante aquí en Witters. Quien les habla es su fiel Servidor Walter Kicleer y para que empiecen la mañana bailando, tenemos a las preciosas Pointer Sisters en nuestra mañana para hacerle menos trabajoso el trabajo. Al fin se ha ido esa maldita y deprimente lluvia y tenemos una temperatura actual de 19 grados. ¿El pronostico para el Día de Hoy? ¡Sol, Sol y más sol por lo que queda de esta semana, que esperemos quede en el olvido...!


Su esposa estaba levantada hace ya una hora para cuando Peter salto de la cama y fue al baño. En el aire percibió la fragancia a café recién hecho llegar desde la cocina. Intentando poner algo de alegría a su día, o al menos energía, Peter fue al baño de su habitación, lavó sus dientes al ritmo de "I´m so Exited"  y en solo minutos ya estaba sentándose en la mesa con su desayuno servido por su dulce esposa. Antes de acomodar su corbata fina y negra se encendió el primer cigarrillo de la mañana. Y lo recordó....

- Querida...¿Entraste el diario? 
Susana, rubia y delgada se pasó la mano por la cara como diciendo "Caspitas".
- Siempre te olvidas...- Dijo Peter riendo. 
- ¿Para leer esas noticias tan deprimentes?...no se que tanto te gusta de leer esas cosas ni bien levantado. Has estado algo decaído en los últimos días...el psiquiatra dijo...-Comenzó a decir a modo de reproche.
- Solo leeré deportes. Quiero saber si ya echaron a la mierda al director de la Selección. 

Susana abrió la puerta de calle de la bonita casa en el barrió más acomodado de Witters, cerca de la escuela primaría del poblado. Tuvo que cubrir sus ojos debido al sol que finalmente había decidido re aparecer sobre Witters Alley. En el aire se respiraba tranquilidad y algo de jubilo de parte de los chicos ingresando al jardín de Infantes al sonar la campana.

Susana tomó el diario, doblado por la mitad, pero no se distrajo con los titulares debido a que tenía un tostado haciéndose en la hornalla para Peter. Entró de nuevo a la casa, dejó el diario al lado de Peter y fue hacia el horno a continuar su labor. El hombre que amaba a los animales le agradeció a su esposa el tostado recién servido y agitó el papel de diario para desplegarlo frente a sus ojos. En grandes letras negras de molde se podía leer en la cabecera:

Joven Playera  Desaparecida

Sospechan de su Jefe 



En el día de ayer Florencia Ekert, madre de Lucy Drissen, (Joven de 21 años de edad) Denunció la desaparición de su hija a las autoridades  luego que esta no regresara al hogar tras más de 48 horas de ausencia. La Policía ha comenzado la búsqueda activa de Drissen, quien fue por última vez vista en el local Bailable Cocoon, en el acceso sur del pueblo el Viernes cerca de la Media noche. 

El Jefe del departamento de Policía, Walter Wilkings, dijo a los periodistas presentes ayer por la noche en una breve conferencia que aun son incapaces de dar precisiones sobre el caso y que esperan hallarla "Sana y salva" en las próximas horas. 

Si bien la policía local no ha emitido mayores comentarios hasta el momento, fuentes cercanas a la dependencia policial (Aunque no miembros de la fuerza) dijeron a "Witters Now" que Lucy habría salido del Coocon en compañía de un hombre mayor de edad que un testigo reservado identificó como Peter Leggins, su jefe supervisor en la estación de Gasolina frente al Club bailable. Empleados del Cocoon dicen haber visto a ambos besándose en el VIP. La Policía no ha afirmado ni descartado estas versiones. 

Susana comentó, pero se detuvo al ver que su esposo estaba pálido como un fantasma con sus ojos clavados en el diario. 
- Hoy que hace calor podríamos.... ¿Peter?.
- Voy al baño. - Dijo Peter como un robot, sus ojos oscuros no reflejaban la vivacidad acostumbrada ni su boca su usual buen humor de la mañana que lo acostumbraba. 
- ¿Pasó algo?- Preguntó Susana. Peter tuvo una arcada como si estuviera por vomitar el desayuno. 
- Nada...- Murmuro el Jefe de Lucy Drissen. Manteniendo cierta compostura e invadido por una frialdad espectral se marchó. Antes que ella pudiera echar una mano al diario sobre la mesa Peter lo tomó en un movimiento brusco, casi arrancándolo de sus manos y se encerró en el cuarto. 

Susana, muy asustada pensó en llamar al Psiquiatra, Peter no había estado muy bien desde que regresara de Fixa. Pensaba que tal vez su madre finalmente estaba muy cerca de la muerte tras haber batallado con el Cáncer por muchos años.

La esposa de Peter comenzó a marcar el numero desde el teléfono amurado a la pared de la cocina. escuchó a su marido salir del cuarto apresurado. Oyó el cerrojo de la puerta del baño cerrarse. Su mujer conversó con el psiquiatra y arregló una visita para esa tarde. 

Dos Horas después estaría limpiando los Sesos desparramados de  Peter Leggins en los azulejos celestinos del baño que aun conservaba el olor a pólvora de su Escopeta de Caza Remington, a los pies de su cuerpo sentado en el inodoro, con la parte trasera de su cabeza destrozada.

En efecto, ella sabía que Peter Leggins cazaba venados en los bosques de Pent junto a Walter Wilkings. Era un pequeño secreto de los tres. La clínica para animales silvestres era su forma de lavar sus culpas. Pero ninguna clínica, donación o gesto caritativo iba a poder borrar de su mente el asunto de Lucy Drissen.

EN HIMBURGO AHORA TODOS JUGAMOS DEL MISMO LADO DE LA CANCHA
Exactamente a eso se refería Howar Fells






No hay comentarios: