viernes, 20 de marzo de 2015

Memorias de la Nevada XVI


El León Hambriento II

Esta vez (¡por fin!) 
la prisión te va a gustar
el reo semental se va a licuar
en la prisión
¡Gatas lindas, sirenas llenas! 
¡Camisa apretada, 
pezón radioactivo! 
Reclamando el botín para la prisión... 
del dios-feliz-prisión... 
el dios Barbazul de esta prisión. 
Tu aullido esta vez (¡quiera dios!) 
no se va a oír en la prisión
¡Puede la virgen labial brillar! 
¡En risas pillas, manzanas firmes! 
¡De viejas feas como monos, 
puaj!! 
De antiguas lobas-pulpas que
reviven
el amor letal de esta prisión.

Los Redondos - Barbazul versus el amor letal


Lucy Drissen aun sostenía en sus manos los papeles que el viejo Thomas llevaba en su valija. Agotada por la deprimente lectura observaba con su único ojo el cristal de la ventana del cuarto de hospital. A su lado, el silencioso y meditador Thomas parecía dormir o bien calcular con sus ojos cerrados y manos sobre el regazo. La habitación estaba a oscuras y el rumor de la lluvia formaba una cortina de sonidos que ocupaban el viejo tejado y se extendía hacía los arboles fuera.

Los titulares actuales y futuros traídos por el anciano en esa especie de bolsa mágica de Félix el gato no eran nada alentadores:
"La policía apuesta a una huida voluntaria"

"Eckert denuncia: el club es responsable"

"Eckert y su simpatía por la revolución latina y Ronald Gomez. ¿Influencia marxista?"

"Madre lunática acusa ahora al ejército"

"La clásica campaña de los movimientos de izquierda, generar desconfianza de nuestras instituciones" Declaró el Intendente de Witters Alley.

"Madre de joven desaparecida: "Odio a este gobierno fascista" Habría dicho en una reunión.

"Vecinos hablan de discusiones y gritos en casa de los Drissen" 

"Creemos que Lucy Drissen escapó de su casa con un Hombre mayor y se fue del país" Afirma Walter Wilkings

"Peter Leggins se suicida tras ser señalado como autor de la desaparición de Drissen. ¿Caso Resuelto?"

"Vagabundo Local bajo sospecha como probable co Autor"

"Milton Gawayn aparece colgado en su celda"

 "Probables conexiones de Drissen con la guerrilla" 

INFORME ESPECIAL: Lucy Drissen: Una vida entre los boliches, la izquierda extremista y los excesos."

"A veces los hombres no pueden contenerse ante mujeres provocativas como Lucy"..." Dijo el Párroco local de Witters Alley.

"Lucy Drissen: Una chica que quería ser modelo a toda costa."

"Esa noche no vio el Partido. No le importaba mucho el país" Afirmó compañera de Trabajo.


***
Aun si Thomas Woodward fuera solo un demente que tenía por objetivo perturbar a victimas como ella, algo de verdad había allí. A esta altura a Lucy no le quedaban dudas que, si los titulares no eran exactamente iguales, al menos serían parecidos. Las palabras del anciano daban vueltas en su cabeza una y otra vez mientras veía el tiempo y la poca vida que le quedaba pasar. ¿Que clase de vida le quedaba? aun sí lograra contra todo pronostico salir caminando del hospital? 

Lucy decidió por tanto darle una última esperanza a eso que llamaba "su vida" Tironeo del brazo del anciano para despertarlo y este reacciono, observándola como siempre con aquella mirada inquisidora. - ¿Y bien? ¿Ya has tomado una decisión?
- Casi...- Dijo Lucy. - Tengo deseos de hacer un trato con usted. 
- Bien...-  El anciano miró su reloj y afirmo con la cabeza. - Aun hay algo de tiempo. Creo...¿Que trato quieres Lucy?
- Recuerdo que usted me dejó 50 reales para corroborar todo esto comprando los diarios que, supuestamente aun no habían salido publicados entonces. Pero me jugo sucio abuelo...
- ¿A que te refieres?- Pregunto Thomas levantando una ceja.
- No puedo caminar, de hecho creo que no llegaría ni a la puerta de la habitación por mis propios medios en este estado. Ademas, las enfermeras no me dejarían salir caminando así como así. Por lo que si esta tan necesitado de que tome una decisión con respecto a esto va a tener que, acompañarme o darme el poder para caminar. Supongo que una cosa tan rara como usted debe poder hacer eso y mucho más.

El viejo se paro y hecho una risa triunfante, como la de un capitán de navío. 
- Va a ser un día muy frió en el infierno Lucy cuando un ser como yo deba mentir a la hora de convencer a otros. Te daré las fuerzas necesarias para salir caminando de aquí o aun escapar de tus captores humanos si aun lo deseas para llegar hasta el kiosko de diarios en la esquina de esta calle. 
- Adelante entonces. Quiero terminar con esto de una vez...-

***
La muchacha sintió un escalofrió al tomar su mano gruesa. Los dedos firmes de Thomas le dieron seguridad para ponerse de pie.
 - Despacio ahora, ten cuidado de no resbalar...- dijo Thomas suave.
- Duele mucho...-se quejo Lucy Drissen.
Thomas paso su brazo sobre sus espaldas para que se apoyara en él.
- No te preocupes, yo aliviare el dolor.

La escena podría ser considerada conmovedora. Thomas Woodward un ser ominoso sin el mayor interés por ella en particular tomó de la mano a Lucy y la ayudo a ponerse de pie. Juntos hicieron los primeros pasos hacía la puerta de la habitación. El hospital estaba inmerso en un silenció sepulcral que solo el rumor de la lluvia parecía perturbar, ademas del zumbido de los tubos de luz blanca. 
- Abriré la puerta, no te preocupes.- Dijo Thomas y giró la perilla.

Una vez fuera de la habitación Thomas la ayudo a pararse. Apoyó su mano en su cadera y un calor agradable y fraternal provocó que el dolor cesara rápidamente, dándole energías. 
- Ahora podrás caminar sin mayores problemas. Pero te advierto Lucy...lo que encuentres allí afuera tal vez se más duro de lo que crees ahora. Ya no serán mis correctos aunque misteriosos recortes de diarios Himburgueses. Sera tan real como tu, o este hospital.
- Bueno...de una forma u otra tengo que descubrir que tan podrida está esta manzana. 
- A la vista se adivina el gusano. No tortures más tu alma jovencita. 

Lucy hizo una pausa, dudando por un momento. Luego respondió muy seria, casi con un gesto de sabiduría grave:
- Si algo aprendí en este tiempo Thomas, es que nada enseña más rápido que el dolor.

***

Lucy caminó fuera de la habitación y vio el cuarto de enfermería delante. Sabía que no la iban a dejar salir como pancha por su casa. Y en verdad ignoraba que desde hace tiempo Howard había dispuesto seguridad del departamento de policía de Fixa en cada acceso esperando por si acaso. La muchacha tragó saliva, puso la cabeza en alto lo más que pudo y caminó con paso firme hacía las escaleras en el centro del pasillo. 

La enfermera de turno la vio pasar junto al cuarto de enfermería y elevó su voz:
- ¡Señorita! ¡Señorita!. No puede salir del cuarto sin autorización.- Se acercó a ella y con falsa dulzura la tomó por los brazos para regresarla a la misma.

A la primera palabra de la enfermera, Thomas salió del cuarto a paso firme. - No la toque. dijo y un fulgor amatista se hizo evidente en sus ojos azules. - ¿Y usted quien...?- Para asombro y maravilla de Lucy Drissen, el escritor tomó a la mujer por el cuello y la elevó varios centímetros del suelo. La cara de la enfermera se hincho como si fuera un globo esperando a estallar de un momento a otro. Intentó liberarse del brazo recto y fuerte de Thomas, pero su agarre era implacable. El anciano lanzó a su victima contra los vidrios del cuarto de Enfermería y esta los atravesó con un grito ahogado. Aterrizo en el pequeño escritorio cayendo al suelo junto al teléfono y los papeles sobre el mismo.

- No me van a dejar salir. Dijo Lucy.
- Yo me ocupare de eso. Ahora haz tu parte del trató.

Lucy comenzó a correr en dirección a las escaleras, sabiendo que Thomas la seguía de cerca aunque no de manera visible. Bajó por las mismas los tres pisos, empujando a todo aquel que intentara detenerla o llamara su atención. Abrió la puerta de servició hacia la planta baja y allí encontró una triste recepción donde dos policías bebían un café en la madrugada. De inmediato, al verla se pararon y llevaron sus manos a sus armas. 

- Señora ¿Tiene algún problema? Dijeron tras echarse una mirada de preocupación entre ellos. El recepcionista de la guardia se quedó mudo al verla allí parada, semi desnuda y en aparente buena condición física. Había visto el penoso estado en el que había llegado.

Lucy no hizo caso y al ver detrás de los mismos la salida principal se hecho a correr en esa dirección. Los oficiales intentaron atajarla. Pero cuando el primero se abalanzó sobre ella sintió que acababa de chocar con un muro de concreto invisible. Se desplomó y ya no se movió El segundo, asombrado por lo que veía llevó una mano a su comunicador. Sin aparente razón este estalló haciendo un estruendo que reboto entre las paredes del Tronador Hills. Inconsciente y humeante el oficial cayo al suelo como fulminado por el rayo.

Vamos Lucy, Corre.

Dijo la voz de Thomas. Ella hizo tal cual. 

Al abrir las puertas plegadizas  la lluvia fuera la recibió empapandola de pies a cabeza. Era la madrugada entrada y no había nadie en la calle, sino tan solo algunos autos que pasaban por la avenida a gran velocidad. Congelada por el viento gélido que soplaba sobre Fixa Town corrió con todas sus fuerzas hasta el Kiosko de diarios, que recién abría y tenía todos los matutinos aun envueltos al costado de su armazón de acero. 

En los cien metros que la separaban del pequeño y solitario Kiosko, Lucy tenía esperanzas de encontrar titulares muy distintos. Que dijeran que su madre la buscaba, que sus amigos la extrañaban, que habían hecho una marcha en su nombre pidiendo justicia en el centro de Witters Alley. Su ser primario aun se negaba a creer en que el mundo fuera como Thomas decía. Como Sherlock Holmes en el precipicio sostenido de una rama, aun se aferraba a aquella esperanza. Y Thomas sabía que esa esperanza la apartaba de su ensamble. Por lo cual, debía ser destruida por cualquier método necesario. 

A medida que la lluvia torrencial mordía sus miembros y apelmazaba sus rizados cabellos nació en ella un fuerte optimismo. Estaba despertando de una pesadilla, el coma le había descalabrado los sesos y con gentileza la gente del Fixa le explicaría lo sucedido cuando la atrapasen. Por que de lo contrario, malo o bueno el viejo, debería aceptar que ella había nacido, crecido y vivido en una prisión mucho más grande que el Coocon, que Witters Alley.

Lanzó los 50 Balban al suelo y por poco se abalanzó sobre la pila de diarios. El hombre quedó tan impactado por su frenezi que solo atino a quedarse callado y a apartarse lentamente de ella. Lucy abrió los paquetes envueltos en papel madera, ya algo mojados por la lluvia en algunos casos y deshaciendo el envoltorio como un chico que espera una gran sorpresa el día de su cumpleaños el horror le saltó a la cara como a Pandora al abrir la caja. 
Estaba en la portada de todos los diarios de alcance regional o nacional, con foto incluida en muchos casos. Los títulos eran iguales o peores de lo estimado por su extraño compañero de cuarto. Era una guerrillera marxista ultimada en un enfrentamiento, una mujer de vida errática o provocativa, una zorra descarriada, una chica buena, una chica mala, una chica inocente, una chica culpable. 

Lucy lanzó su llanto al vació de la noche que rodeaba la gran tormenta. No por lo que los diarios dijeran de sí exactamente, sino porque ahora había dejado de ser un monstruo anónimo a una bestia intrigante, una desgracia que es noticia y divertimento para otros. Thomas estaba equivocado, las mentiras que se lanzaron para desvirtuar toda verdad no solo eran horrendas, sino que también atractivas. Atractivas para las amas de casa que tomaban el té, para los programas especiales en televisión sobre crímenes espeluznantes o para los conservadores que la señalaban como el triste ejemplo de una sociedad decadente. Sea por el militarismo creciente de Himburgo, por el machismo imperante, por el incipiente feminismo. Monstruo bueno o malo, como King Kong su cuerpo y memoria ultrajada había sido puesta en exhibición a toda una nación de zombies en vivo y en directo.  

Cayo de rodillas sobre la áspera acera, sosteniendo aun muchos fasiculos y diarios, estrujandolos con sus bonitas manos como si en ese esfuerzo pudiera hacerlos desaparecer. Gritó a las nubes en un fútil intento de hacer salir la frustración. Ahora entendía mejor las palabras del anciano, no había real diferencia entre una salida limpia de la cuestión o una sucia. No había salida. Todo el sistema podrido que en el que había nacido podía reproducirse como un cáncer, reformarse, re adecuarse y continuar infectando todo lo que tocaba. Cualquier cosa que viniese a desafiarlo, a ponerlo en peligro pasaba por un prisma donde los colores y las sombras se mezclaban de tal manera que formaban un gigantesco monstruo asesino: El León Hambriento Himburgues. Hambriento de noticias, hambriento de sangre, hambriento de ventas, de verdades y de mentiras. No importaba que comiera, siempre y cuando llenara por un instante su apetito voraz y asesino. Todo lo demás era secundario. 

En efecto  finalmente era "Famosa" incluso la revista "Personajes" había hecho un extenso articulo acerca del policial que hacía morder las uñas a la nación. Sabían a que escuela había ido, con quienes se había acostado, cual era su estrella de rock favorita, que tan bien o que tan mal trabajaba en Joes! Dependiendo el medio era la cara de una trajedia inenarrable o el accidentado resultado de una política represiva igualmente indispensable para la supervivencia de la nación.

Soy la bonita aspirante modelo con historia triste.
Soy la puta marxista-latino revolucionaria  que planeaba poner una bomba.
Soy una pelotuda que no sabía lo que hacía.
Soy la amante advenediza de un idiota como Peter Leggins.
Soy el ejemplo de la represión de la dictadura. 

Soy todo, todo, todo eso junto...lo bueno, lo malo, lo feo, lo ominoso, lo sombrío, lo triste y lo alegre. Menos los que yo siento que soy en verdad. Soy una cara a la que todos le encuentran un significado. cualquier significado menos uno con el que este de acuerdo. En pocas palabras, aun viva, Lucy Drissen dejó de existir desde el momento en que entró a ese club.

Tal y como en su anterior encuentro, la mano firme de Thomas se posó sobre su hombro. Lucy intentaba, con esfuerzo dejar de llorar. - Te lo advertí. Dijo con su voz grave. - El hombre es aun más cruel que los Dioses Débiles del Cielo. 

- Viejo...- Dijo Lucy pasando de la tristeza a la rabia. Apretando sus dientes y puños. Se paró y lo miro directo a los ojos. Y quebrada, se abrazó a él tomándolo por sorpresa, se aferró a sus fuertes espaldas como la nieta que Thomas no tuvo. Él, algo aparetesco, la abrazó con firmeza. 

- Vives en una prisión de muros invisibles, Lucy Drissen. Cuando uno cae otro se levanta. Ya de concreto, de hierro. A veces de palabras o pensamientos. Tu especie ha decidido recluirse en una mentira que se alimenta a sí misma sin cesar. Convierte los monstruos en héroes y los héroes en monstruos. No importa cuanto corras, a donde vallas. Los muros se moldean a gusto de todos y cada reo camina creyendo que es libre de los barrotes que otro le ha levantado. Pero solo acondiciona su celda como un prisionero que pinta cuadros para fantasear con la libertad. Bien o mal, culpa e inocencia, hermoso o horrible, luz y oscuridad son, como te dije antes, una ilusión para que tu especie se sienta a gusto en el transitar de sus días mientras buscan una autentica salida del cruel laberinto en el cual les han soltado los Dioses-Débiles-Del-Cielo. 

- Le daré lo que me pide. Dijo Lucy secándose los ojos. Pero ahora su mirada ya no era la del venado de sacrificio sino una mucho más clara y resuelta. - Pero solo con una condición. Usted dijo que estos hombres que me....bueno ya sabe. Dijo que no van a recibir mayores castigos por eso. ¿No es así?

Thomas asintió.
- Una vez haga lo que tenga que hacer quiero que me prometa que van a recibir lo que merecen. Quiero verlo, sentirlo y recordarlo. 
- Sería bueno probar la eficiencia del ensamble en esa forma. Dijo Thomas nuevamente frió. - Pero te advierto Lucy Drissen que los poderes y modos del ser al que seras ensamblada no serán agradables, aunque sin duda efectivos. Y si te arrepientes a mitad del proceso ya no habrá vuelta atrás.
- ¿Usted cree que ellos sienten arrepentimiento? 
- No.
- Entonces yo tampoco.

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