sábado, 28 de marzo de 2015

Memorias de la Nevada XX

El Nacimiento de la Mujer Desnuda


I make a rich woman beg
I'll make a good woman steal
I'll make an old woman blush
And make a young girl squeal
I wanna be yours pretty baby
Yours and yours alone
I'm here to tell ya honey
That I'm bad to the bone



"Bad To The Bone"
George Thorogood and the destroyers






Solo unas horas más tarde del ensamble de Lucy Drissen, el doctor Camparelli llegaba a su consultorio. Una vez abrió la puerta del mismo encontró dentro a un hombre vestido con un largo piloto gris y cabello rubio rapado. El visitante inesperado estaba revolviendo los papeles del medico, hechos un desastre en el suelo. Francamente asombrado, Camparelli se dispuso a emitir una queja, pero al primer sonido de su voz el hombre de gris se dio media vuelta echando fuego por los ojos celestes.
- ¿Que mierda paso a la madrugada?- Dijo acercándose al medico envalentonado. 
- ¿Que?..¿Quien..?
- ¡Ya sabe a lo que me refiero Cuatrojos. La piba, intentó escapar. ¿No hizo lo que le pedimos no es así?
- Yo...
Yo nada, venga conmigo Cuatrojos

El hombre de Gris tomó a Camparelli por el brazo y apretó sus músculos con tal brutalidad que el medico hecho un ligero quejido. - Camine y no se haga el idiota. Nos va a meter a todos en un problema.

De la mano de este gorila con facciones teutonicas, Camparelli fue por poco arrojado dentro del ascensor del tercer piso. Cuando la puerta se cerró Stan Laingley, mano derecha de Howard Fells lo increpó:
- Civilacho de mierda. Pensamos que podíamos contar con usted. No tiene idea el daño que le ha hecho a nuestra operación. 
- Es que...ella esta en su habitación ahora, volvió por sus propios medios. ¿Cual es el problema?- Comenzó a balbucear el doctor. 
- Tendría que estar en la puta morgue ahora. No en su habitación. Se lo explicara a mi jefe. 

Ya en la planta baja, Camparelli y Stan salieron por la puerta principal del Tronador Hills. Stan lo llevó al otro lado de la calle y lo arrojó dentro de un Ford Negro con vidrios polarizados. En él Howar Fells y otros dos sujetos aguardaban. El humo del cigarrillo del oficial de inteligencia nublaba el interior del coche, fuera la lluvia bañaba los alrededores.

- Aquí esta Cuatrojos, jefe. Dijo Stan. Luego se volvió fuera del auto e ingresó en el asiento del acompañante delantero. Camparelli miraba nervioso los rostros homicidas del grupo de Fells. Inescrutables y de pretendida amabilidad.
- ¿Quiere un puchito Doc?- Dijo Tigre ofreciéndole un cigarrillo.
- No...no fumo. 
- Que putito...- Rió el conductor. 

Hubo silencio. Howar, sentado a su lado tenía la mirada perdida en el parque frente al hospital. Camparelli notó que estaba armado y llevaba una 45 en una correa sobre la cadera compuesta de tirantes sobre una polera negra. No se atrevió a decir una sola palabra. Finalmente Howar habló:
- No tengo mucho tiempo Doctor. Dijo sin mirarlo. - Sin embargo tengo entendido que la muchacha intentó escapar y que por poco lo logra. 
- Escuche yo no soy un...soy un Medico...
- No sea idiota Camparelli. Dijo Stan. - Nadie le pidió que la vigilara. Para eso estamos nosotros y la policía de mierda. 

Howar hizo una ademan interrumpiendo a Stan.
- Si hubiera hecho su trabajo, no tendríamos que estar aquí desatendiendo cosas de mayor importancia. ¿Por que no le dio la droga que le ordenamos? Debía habérsela suministrado anoche. Pero resulta que anoche el Kiosquero de la esquina la vio. Incluso le compró el diario. ¿Que paso?

En lo que fue quizás el último rastro de arrojo y dignidad del Dr Camparelli, apretó sus puños arañando sus pantalones verdes producto del miedo y dijo intentando sonar firme:
- Eso no es una dro..droga. Es un veneno. No pueden pedirme como medico que la...que la mate. Me niego. 

Howar pareció que iba a montar en furia. Su rostro se puso rojo como un tomate y balbuceo algo inentendible. Pero luego recapacitó y dijo con aquella postura descontracturada que lo caracterizaba:
- Es usted un hombre muy valiente. Y de honor...no como nosotros. Basura desechable del ejército y la marina. Matones y pistoleros. Una vez pensé como usted...- Dijo Howie abriendo la ventana para lanzar su colilla. - Hasta que me uní al ejercito. Estoy de acuerdo, no debería matarla.

Camparelli sintió un ligero alivio. 
- Sin embargo hay algo que me hace enojar mucho de ustedes los civiles ¿Sabe? Me hace enojar más que los guerrilleros como la chica esa. Más que...bueno. ¿Quiere saber que es Doctor Camparelli?

El medico no supo que responder. Pero sintiendo la necesidad de llenar el silencio preguntó, como un estudiante tímido. - ¿Que?

Howar, ágil y mortal, tomó al doctor de la nuca con toda su fuerza y estrelló su cabeza contra el asiento del conductor, rompiendo sus gafas de montura cara. Con la mano izquierda desenfundo la 45 y se la apoyó en la sien hasta que el cañon le dejara una marca en la frente. Camparelli gritó. Pero su chillido de rata fue cubierto por los ladridos de Howard:

- Lo que más me molesta de ustedes es que siempre nos dejan el trabajo sucio a nosotros. No puede matar a la muchacha, porque le parece inmoral y bárbaro. Ahora, dígame una cosa Dr Camparelli ¿Que tanto hizo por salvarle la vida entonces? ¿A cuantas ONG de derechos Humanos elevó su denuncia? ¿La ingresó en la lista de personas no identificadas del hospital? Puso su puta foto en las facturas de luz y cartones de leche? ¡No! ¡Claro que no! ¿Y sabe porque Dr Camparelli? Por que ustedes los civiles de mierda la quieren tan muerta como nosotros. Solo que no tienen los huevos para adjudicarse su muerte. Es cosa de bárbaro, pistolero, matón, ladrón, Ali baba, querer matarla. Pero es cosa de buen hombre dejarla morir. Hipócrita de mierda. 

Lo hecho hacía atrás y quito el arma. 
- Ahora que ha escuchado atentamente mi punto de vista sobre el asunto. Le voy a dar otra oportunidad. Esta noche le inyecta el veneno que le dimos. Pero ya no confió en usted. Mi gente se va a quedar por aquí para asegurarse de que lo haya hecho. Vamos a dejar un auto con tres hombres estacionado justo acá. A la una en punto de la madrugada va a encender dos veces las luces de su despachó. Esa sera la señal de que esta listo. Finalmente, cuando acabé apagara la luz de su consultorio y se ira lejos de aquí. Si no lo hace, mañana va a estar flotando en el Shapuka. ¿Estamos de acuerdo Doctor?

- Sí. 
- Ahora váyase a la mierda. 

***

Era la hora señalada, sudando y temblando Camparelli extrajo el veneno de la capsula con una jeringa. Abrió la cortina de su consultorio y vio al otro lado de la calle a los hombres de gris en el ford negro. Prendió y apagó las luces como le dijeron y salió al pasillo. Miró nerviosamente a los alrededores y se aseguró de que no había nadie allí. Con sus zapatos caros rechinando en el plastificado del suelo abrió la puerta de la habitación de Lucy Drissen. La misma estaba por completo a oscuras y silenciosa como una tumba antigua. 

Lo primero que llamó su atención fue el hecho de que los aparatos que monitoreaban sus signos vitales no registraban vida alguna en el cuerpo que se encontraba tendido en la cama. Se acercó hasta el borde del lecho con la esperanza de que la naturaleza hubiera cumplido la misión de asesinato que le habían asignado. Descorrió sus sabanas y se percató de que las heridas y moretones que la mujer había tenido desde que ingresara en el Fixa se habían desvanecido. Su rostro ya no lucía el parche en el ojo magullado. No había soturas, ni vendajes o tablillas. Sus cabellos negros y ondulados reposaban en la almohada con renovada vida y brillo.  Su cuerpo no estaba cubierto por la bata de hospital, sino que se encontraba desnudo en su belleza y sensualidad sobre la cama.

Respiraba. La forma en que su vientre subía y bajaba indicaba que aun vivía. Sin muchos deseos de permanecer en esa habitación por más tiempo, Camparelli sacó la jeringa y tomó la mano de Lucy para buscar una vena donde inyectar el veneno. Estaba fría, helada como un metal dejado a la intemperie en una nevada. - Dios me libre.- Dijo temblando.

Entonces el brazo derecho de la paciente pareció moverse inquieto, como quien se revuelve en sueños. El medico reculó hacia atrás. Juan miró a ambos lados del cuarto, rogando por encontrar algo que lo sacara de esta situación. Howar tenía razón, ser un homicida por negligencia era más sencillo que ser un verdugo. Pero, como a los ciudadanos de Witters Alley primo más su temor hacía Howar que sus ideas sobre la moral, lo justo o lo correcto. Tragó saliva y mandó la aguja, mientras apretaba el extremo con su pulgar cerró los ojos, negándose un recuerdo visible de lo sucedido para siempre. Dado esto no vio como el veneno tomaba un color oscuro al inmediato contacto con la mujer y como en vez de inyectarse simplemente se vaporizaba como agua hirviendo.

Mientras  creía introducir el veneno, tenía los ojos en el televisor apagado del cuarto de Lucy. Y por un instante le pareció ver que en su cristal se reflejaban dos puntos amatistas. Primero pequeños, invisibles, luego más vistosos y redondos, como el Led de un electrodoméstico al encenderse. La Mujer Desnuda abrió los ojos.

***
Stan y los otros dos hombres que Howar había dejado a cargo de la vigilancia tenían la radio encendida y bebían café mientras aguardaban la señal del tal Camparelli. - ¿Que mierda le toma tanto tiempo? Le hubiéramos dado una pistola...- Dijo Rob. Stan iba a contar un chiste sobre Médicos y armas que había escuchado en Indomedia cuando de repente un agudo estruendo vino desde el hospital.  A altas horas de la madrugada sonó como si alguien hubiera dejado caer un jarrón desde una torre. Un estallido súbito seguido de un golpe opaco y grave. 

- ¿¡Que!?- Gritó Stan Langley al ver, desde el volante del Ford a Juan Camparelli salir despedido por la ventana del tercer piso y aterrizar en las escalinatas del Tronador como un muñeco de trapo cubierto de sangre. Su cuerpo envuelto en la bata blanca rodó por la escalinata sin vida hasta la acera de la calle. 

- No te la puedo....¿Cuatrojos se Suicido?- Pregunto Rob.

Stan gritó:
- Ya me harte de la pendeja esta. Rob, Phill suban al tercer piso y caguenla a tiros si sigue viva.

- Si señor.- Dijeron ambos al unisono y salieron del coche con sus armas desenfundadas.

Los hombres de largos pilotos y facciones gruesas salieron como habían hecho unas millones de veces tanto en Himburgo como en otros países. Rob volvió unos pasos hacía el auto y buscó en la parte trasera el Rifle FAL. - ¿Que haces enfermó?- Preguntó Stan. - ¡Vas a entrar con eso al Hospital!
- Voy a dejar a la Putita como un queso grullere.- Se marchó siguiendo a Phil sin escuchar las advertencias de su superior. 
Llovía y mucho, el viento era huracanado y como gélidos perdigones las gotas impactaban en los impermeables de los comandos. Lo mejor y lo peor del ejército en muchos casos. Matones con medallas, asesinos legítimos del estado. Los dos cruzaron la calle percibiendo tanto en sus mentes como en sus cuerpos una extraña sensación de rabia y ansiedad que los iba envolviendo, dominando poco a poco llevando sus dedos al gatillo sin necesidad. Mientras subían las escaleras Phil y Rob solo podían pensar en la pendeja que habían violado, en como le habían sacado un ojo con un puñal Indio, en como gritaba mientras la arrastraban de los pelos por la parte trasera del Cocoon Air Club. En las latas de cerveza llenas que usaron a modo de maza envueltas en un pañuelo para golpearla. Sintieron todo el fragor asesino de aquella noche volver a ellos como un fuego indetenible que el recuerdo de Lucy alimentaba. 

Pero de pronto, en sus mentes, ella se reía. Reía mientras intentaban someterla. La golpeaban, la molían a palos con las culatas de los FAL pero, en su mente escuchaban su risita burlona.Atravesaron las puertas del Hospital  como salvajes, echando fuego por los ojos, espuma en sus bocas sedientas. Los dedos listos, las balas aguardando en la recamara. 

En el silencioso vestíbulo el andar alocado de sus borcegos se escuchaba como el repiquetear de martillos de plomo haciendo pedazos el suelo. El guardia de seguridad en la recepción los vio venir a él como los Indios en las películas de Western y sin dudarlo llevó su mano a su revolver. Rob llevó una mano a su bolsillo para sacar una identificación. Pero, envuelto en esa sensación de ansiedad y frenezi Phill levantó el FAL y una ráfaga homicida ametrallo al guardia. La computadora de la recepción se manchó con la sangre del casi anciano. 

El Policía que hacía guardia reemplazando a los heridos la noche anterior creyó que estos eran los terroristas que venían a liberar a la Subversiva en el tercer piso sobre la cual Howar les había advertido. Tras ver al guardia ser acribillado intentó desenfundar su pistola reglamentaría. Rob gritó:
- ¡Phill para...!

Pero era tarde, siete disparos que sonaron como truenos encadenados entre las gruesas paredes del Fixa acabaron con el policía. - ¡¿Que mierda te pasa?! - Pero Phill no escuchaba. Pateó el cuerpo del hombre para sacarlo de su paso y se lanzó sobre el ascensor. Rob no sabía si finalmente se le había salido un tornillo, cosa que suele ocurrir con sujetos como estos. Pero creyó ver en sus ojos un ligero resplandor amatista al marcar el piso de destino. Entre aterrado y confundido Rob entró en la caja del elevador. 

- ¡Te volviste loco pelotudo! ¿Quien te crees que sos? ¿Rambo? - Dijo una vez se cerro la puerta.
-  Me apuntó, la mierda esa me apunto con su arma de mierda.
- ¿Y que harías vos si entrara un enfermo mental con FAL a un hospital?
- Me la chupa...- Espetó Phill. - Este asunto me tiene las bolas por el suelo. Todo por culpa de ese Tigre...
- Ahora como mierda vamos a explicar esta cagada...
- Diremos que los mato la puta esa. Que carajo importa, no pueden tocarnos. Somos los Sultanes del Swing. - Dijo Guiñandole un ojo. - Ahora cuando salgamos, seguro la pendeja y sus amigos terroristas van a estar esperándonos. Van a ver...van a ver... ¿Que no puede andar más rápido esta pija de ascensor?


En efecto pocas cosas en Himbrugo o aun fuera de él podían tocar a los Sultanes del Swing. Aunque Phill pasaría todo el resto de su vida limpiando letrinas en el Cocoon. Sin embargo en ese mismo hospital ahora había nacido un poder que iba más allá de sus armas o su nefasta influencia. Ese poder, ensamblado por Thomas en Lucy ahora controlaba la escena provocando confusión, pánico y ansiedad en sus enemigos tres pisos debajo. Muy pronto como una sombra imperceptible se derramaría sobre Witters Alley. Pero, por ahora y dado su aun frágil estado, dado que el ensamble era reciente (y Jhoony aun no recuperaba el Manuscrito) estaba limitada a su mínima expresión: La Mujer Desnuda. El Cuerpo de Lucy bajó el dominio de la señora de Thomas, de Caroline, y de tantos otros más. Que siempre llega con desgracia y se va, como la parca, dejando un reguero de destrucción detrás.

El ascensor lanzó su pitido sonoro. La campanilla era la señal. Cuando las puertas de acero se abrieron Phill y Rob salieron del ascensor listos para cualquier cosa. Un comando de guerrilla, Carlos el Terrorista, Rondal Gomez, lo que sea. Pero lejos de hallar allí a Ninjas misteriosos que arrojaban doctores por la ventana encontraron a una enfermera que huía despavorida hacía las escaleras desde el cuarto de Lucy.  Su rostro era la viva expresión del horror. Pálida, los ojos desorbitados y las manos intentando en falso ahogar un grito de locura. Como una sombra fantasmal pasó delante de ellos y se desvaneció.

- ¡Señora!- Llamó Rob. - No se que hizo esta piba pero debe haber sido muy feo. 

Ambos se posicionaron para disparar cuando la cabeza de la pendeja asomara por el marco de la puerta entre abierta. Phill, con sus manos temblando en el FAL vio o creyó ver una sombra acercarse a la misma desde dentro. Ametralló la puerta hasta hacerla astillas. El FAL devoró la madera como una perforadora que escupía plomo. El pasillo se llenó de humo y olor a pólvora. Los dos aguardaron silenciosos. Rob se agachó y apuntó en dirección al otro extremo del corredor. 
Algo se les anudo en la garganta. Los cabellos de ambos se erizaron al ver una silueta alta (quizás más alta que Lucy en su estado natural) Avanzaba como una reina envuelta en misterio y tinieblas. Las luces de tubo sobre sus cabezas, que corrían a lo largo del pasillo se apagaron una a una dejando el lugar a oscuras. Las luces de emergencia hicieron un sonido de corto circuito y cayeron al suelo como insectos que caen en pleno vuelo tras ser rociadas con veneno. Los matones de Howar querían disparar pero sus dedos estaban congelados, sus músculos dominados por una presión gélida, como si una tenaza metálica los estuviera dominando. 

Dos puntos amatistas aparecieron en la oscuridad, brillantes, indómitos e implacables.  Se movieron, como midiendo  la distancia entre uno y otro y fulguraron de pronto. Primero vieron unas bellas y blancas piernas salir de entre las sombras, alcanzadas ahora por la luz que provenía de la ventana detrás de ellos. Luego la otra, igual de fina y hermosa. Su busto radiante se desembarazo del humo y la tiniebla, pero estaba cubierto parcialmente por un liquido oscuro, similar al petroleo a primera vista que chorreaba desde sus brazos, cuello y parte del rostro. 

Como si se tratara del capullo de una mariposa, aquellas placas oscuras y viscosas caían a su andar, mostrando, palmo a palmo, la figura de una hermosa mujer, de Lucy Drissen, en su versión ensamble. En su versión Mujer Desnuda. Aquel liquido, una vez en el suelo se volvía un vapor irrespirable, un gas malsano y penetrante. Cuando el último empaste se despegó de su rostro un gesto desprovisto de toda humanidad cubría el otrora amigable semblante de Lucy Drissen. Phill se meo encima al ver como de su espalda brotaban dos enormes alas oscuras, de plumas negras como cuervo que proyectaban una sombra de desesperación sobre sus enemigos. Se abrieron en toda su gloría solo detenidas por el pasillo, incapaz de contenerlas.

Rob fue el primero en reaccionar, logrando apartar sus ojos de los de la mujer hizo, con timidez y horror dos disparos. Las balas se vaporizaron antes de llegar al vientre de Lucy. Ardiendo en llamas y desapareciendo a solo un centímetro de su cuerpo. Caminando hacía atrás, hizo otros tres pero fue inútil. El plomo simplemente se derretía antes de tocar ese hermoso y tornado pecho. 

- ¡Rajemos idiota!- Gritó Rob. Cada vez más cerca de la ventana producto del miedo.
Phil cargó otro cartucho en el FAL y disparó sobre ella. Apretando los dientes como esperando que eso influyera en su poder de fuego. Pero era impotencia lo que tenía, una sensación a la que no estaba acostumbrado en lo absoluto. 

La Mujer Desnuda, adivinando  en ambos enemigos u obstáculos en sus directivas, se acercó a ellos a grandes trancos. Su arrolladora presencia, de enorme porte y majestuosidad, alcanzó a Phill primero. Quitó de sus manos el FAL en un movimiento audaz, como si en efecto se tratara de una guerrillera experimentada. Sin el más mínimo cambió en su mirada o gesto, destrozó a quema ropa el pecho de Phill con las diez y seis balas que le quedaban al cartucho. Antes de que este pudiera caer al suelo, lo aferró del cuello y quebró el mismo cerrando sobre él sus garras sin el menor esfuerzo. Echó el cuerpo a un costado como un niño que deshecha un juguete roto. 

Rob, sabiendo que era inútil disparar, apuntó a ella mientras, de reojo, buscaba el hueco de las escaleras para huir de allí. La Mujer Desnuda soltó el FAL, que cayo a su lado aun humeando por su cañon. Elevó sobre Rob su mano derecha juntando sus dedos y como si su brazo fuera una lanza lo atravesó de lado a lado con el mismo de un solo golpe. Como si se tratara de una brochette humana subió su brazo para poner el rostro de Rob justo delante del suyo. Las piernas del militar buscaban un suelo que ya no podía alcanzar mientras gritaba producto del dolor. El brazo de Lucy se le había atravesado por completo.

La Mujer Desnuda lo examinó con curiosidad, obteniendo rápidos datos de aquello que su nuevo cuerpo podía sentir. Sondeó su mente en busca de las respuestas que necesitaba mientras el brillo de sus pupilas amatistas latía. Sin que Rob dijera nada absorbió direcciones de calles, ubicación geográfica, nombres de utilidad, día, hora, año, y hasta resultados de partidos de Football. La Mujer Desnuda, a la cual le es complicado comunicarse por el rudimentario método humano, se nutrió de él como si fuera un libro. Uno de muchos que iba a necesitar para llevar a cabo su misión. Su "Prueba de prototipo" como lo llamo Thomas.  Cuando obtuvo todo lo que necesitaba (Como hizo con Camparelli) retiró el brazo de su cuerpo como una espada ensangrentada que vuelve a su vaina. Rob cayo al suelo y se arrastró jadeando hasta morir desangrado pocos minutos después.


Iba a descender por las escaleras. Pero, entonces se conectó con su incipiente base de datos y volvió sus pasos hacía atrás. Debía aprender, a pesar de su poder, esa era la orden. Aprender todo lo que pudiera sobre el medio y su ambiente. Tomó el FAL y llamó al ascensor. Plegó sus alas y estas desaparecieron de la vista dejando solo una espalda común. Al verse en el espejó se sintió confundida. Tocó el vidrió como el gato que no reconoce su reflejo de cachorro. Sonrió al comprender el truco. De la forma que lo hacía Lucy Drissen, uno de los pocos vestigios que quedaba de ella en ese cuerpo.

Al salir por el vestíbulo y ver la ciudad y sus extrañas formas en la calle cubierta por la lluvia se encontró sola. Hace milenios que el ser que anidaba en ese cuerpo no bajaba a la tierra. Ella venía de un lugar en el que todo era igual siempre y donde los cambios no existían. Pero recordaba el mundo en sus inicios, aun antes del hombre. Su mirada sinuosa buscó entre aquellas formas algo reconocible, girando el cuello con lentitud, absorbiendo y transmitiendo información a su señora. Una vez se ubicó comenzó el descenso y caminó, desnuda, hacia  Witters Alley.




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