viernes, 10 de abril de 2015

Memorias de la Nevada XXIV

La última Luna


El impacto no fue tan grande como el de Lapan Grows, aunque se hizo sentir. A las 23:55, casi un día después de que el ejercito tomara el control de Witters y alrededores, una bola de fuego apareció en los cielos despejados de Himburgo y, dejando una flameante estela en su curso, se estrelló contra las montañas de las Sorrim y sus bosques aledaños. La misma fue detectada por los radares y vista por los militares en el mirador del pueblo, a pocos Kilometros de distancia del lugar. Enviaron comunicaciones por radió y despacharon dos unidades de reconocimiento al área. 

***
Shoot me down, baby look at your move
I know you ain't got a thing to lose
Dancing fool, fight for breath
The way you look you scare a man to death

Bad Woman
Motorhead

00.00 Horas, afueras de Witters Alley.

Nada dispuesto a poner en riesgo a soldados del ejército en un incendio, la policía de Witters fue la encargada de hacer el primer trabajo de reconocimiento del área. El coche patrulla avanzaba a toda velocidad en medio de la noche estrellada. Delante de su parabrisas gran parte del bosque de Pent ardía en llamas como si hubiesen soltado toneladas de napalm sobre el mismo. Los faros de su patrulla iluminaban el asfalto y los despojos dejados por la explosión. Postes telefónicos caídos en el suelo como pequeñas piezas de dominó lanzando chispas. Cercas de campo arrancadas producto de la onda expansiva. Más allá del incendió el poder de la explosión no parecía haber producido victimas civiles. Las casas de los granjeros o peones estaban intactas. Aunque quienes tenían bonitas propiedades o cabañas en el bosque debían haber muerto de seguro. Asombrosamente más tarde se descubrió que este impacto no trajo como consecuencia victimas. Para Mísinas no era necesario ya hacer su vulgar despliegue de poder como en Lapan. La paranoia había puesto todo en marcha hace tiempo. 

A unos dos kilómetros del sitió de impacto, la patrulla de policía recibió desde el radió una alerta:
449, Responda 449
Aquí 449, oficial Tipits. Diga central.
449, se han reportado sonidos de disparos en la Granja Geerdon. Se le solicita que verifique la situación. Base quiere asegurarse de que el área este limpia de civiles  antes de ingresar. Cambio.
- Copiado Central. 449 en marcha.

Tiptis encendió la sirena y se desvió del camino de tierra que llevaba al bosque hacía la carretera nuevamente. - Geerdon es un borracho. Dijo su compañero Love. - ¿Que tenemos que hacer con él? ¿Desalojarlo? 
- Si los militares quieren el área limpia, supongo que a eso se refiere. El idiota le debe haber disparado a alguno de los soldados en la ruta. Ese hombre le dispara a casi cualquier cosa que se acerca a su terreno sin aviso. No te preocupes, si no esta ebrio es muy amable. Lo llevaremos  junto a los demás civiles desalojados y ya acabaremos con esta mierda de trabajo. 

Ahora con las llamas a su izquierda, voraces y luminosas, la patrulla policial divisó a lo lejos la granja de de los Geerdon. Habían ido muchas veces antes, pues el dueño solía tener problemas con sus vecinos y a menudo los amenazaba con su escopeta de doble caño como si se tratara de Elmer o Sam Bigotes. Por otra parte los policías se sintieron aliviados de no tener que acercarse a las llamas del bosque. 

La granja estaba a oscuras y en silenció. El fuego del incendio se reflejaba en sus ventanas por encima de la cerca de madera. El molinete de viento giraba enloquecido sobre su eje y frente a la entrada de la casa los faros de la patrulla iluminaron una camioneta Ford 4x4  sobre la cual un poste de teléfono había caído. No muy lejos otro cable de alta tensión estaba suspendido en el aire vomitando chispas azules y amarillas. 

- Que desastre...- Dijo Tipits deteniendo el móvil.

El silencio que rodeaba la triste escena incomodó rápidamente a ambos policías. La granja estaba a oscuras y el humo proveniente del bosque enturbiaba la visión. Los dos policías bajaron con una mano en la culata de sus pistolas y la otra en linternas. Sus pasos resonaron en el asfalto como ecos perdidos en una zona de guerra, aunque tan silenciosa como un cementerio. Un perro a lo lejos ladraba y el murmullo de cortocircuito de los cables se dejaba oír pausadamente.

- Love, fijate la camioneta. Yo voy a la granja. - Dijo Tipits.

Love, rubio y más joven que Tipits, buscó con su linterna señales de vida en los fierros de la Ford, que había dejado marcadas las llantas sobre la carretera. Al apoyar una mano sobre la parte trasera sintió que acababa de tocar una plancha ardiente. El metal ardía. La luz de su linterna no encontró nada en la monta cargas. Love pasó a examinar la cabina de conductor. Una vez allí su herramienta le mostró que el capo y el parabrisas estaban retraídos sobre si mismos como si hubiesen chocado contra un yunque de acero. Doblado sobre sí,  el conductor desgraciado se encontraba atravesado por partes del motor. - Dios...- Dijo Love sintiendo que iba a vomitar ante el hombre compactado allí. 

Dio algunos pasos hacía el portón de la granja, buscando a su compañero. - ¡Tip!- empezó a llamar a grandes voces, incapaz de verlo producto del humo y la oscuridad. - Este flaco se choco con una...- Se interrumpió al notar que, debajo de sus zapatos lustrosos unas formas oscuras y brillantes se relevaban a la luz. Eran las pisadas de pies pequeños marcadas sobre el asfalto por sangre. Iban directamente hacía la Ford accidentada. 

Tomó el Radio. - Tip, ven aquí. No entiendo que mierda paso. Hay pisadas con sangre...
Tip Respondió. - Sera mejor que veas esto....- Su voz, lejana producto de la interferencia de la radio, sonaba horrorizada.

El Policía siguió las señales de su compañero hechas con su linterna y cuando traspuso la cerca de la granja encontró a Tip agachado sobre el cadáver del Sr Greedon. Quien sostenía aun su escopeta aunque había perdido la cabeza. Love vomitó los ravioles de esa noche al ver la cabeza de Greedon a unos dos metros de distancia de su cuerpo, justo debajo de sus pies. Una expresión horrenda, macabra, había sido la última que su cara había podido adoptar. 

- Central, Aquí 449.- Dijo Tipits por radio. - Tengo un...

Un espeluznante sonido de lluvia apareció en su comunicador. Intentó de nuevo y solo el gravoso murmullo de interferencia salió del mismo. - Llamá por la tuya. Estos equipos Rocorola son cada vez peores.

Tipits obtuvo un resultado más escalofriante. No solo interferencia....palabras...palabras o voces. Pero no las voces parlanchinas que a menudo interfieren un radio. Eran...sonaban como...lamentos. Casi imperceptibles, ocultos en la maraña de ruido, pero ahí estaban. 

Mientras Tiptis luchaba con el comunicador, dándole golpecitos cada vez más nerviosos. Love vio como detrás de él, viniendo desde la oscuridad y el humo, dos ojos amatistas coronaban una alta silueta que proyectaba sombra sobre su compañero.  Tipits sintió la presencia de un tercero y asustado saltó hacia su compañero. 

Cuando ambos levantaron las linternas hacía aquella negra presencia encontraron un brazo, fino y fuerte atravesando el cuerpo de una mujer. Que aun muerta había quedado preso del mismo. Era la señora Greedon. Estocada por la espalda al igual que Rob en el hospital. Detrás de ella La Mujer Desnuda miraba a los policías con curiosidad. Intentando dilucidar si eran una amenaza para ella y sus planes. 

Los oficiales no pudieron disparar, aterrados, atónitos como estaban ante lo que veían. Cuando la Mujer Desnuda retiró el brazo del cuerpo inerte de su victima el mismo parecía una lanza cubierta de sangre. Ella tenía hambre, el viaje siempre le daba hambre dado el esfuerzo que suponía para ella hacer tal travesía, de ida o de vuelta. La Mujer Desnuda pareció resolver alguna cuestión dentro de su mente y hubo un cambió en sus ojos. Ahora los observaba como un tigre a punto de saltar sobre su presa. Su andar decidido aceleró.

Tipits y Love dispararon, con igual resultado que los hombres de Fells. Las balas no le hicieron el menor daño, solo se deshicieron en partículas de plomo a un centímetro de su piel. En un movimiento casi mecánico La Mujer Desnuda tomó por el brazo a Tiptis y dirigió su arma hacia su compañero mientras accionaba el gatillo. Una vez Love recibió dos en el pecho, Tipits sintió que su espina se fracturaba al instante de un rodillazo de la Mujer. El crack de sus huesos se escuchó tan fuerte como los disparos de su arma. Cuando caía al suelo, la Mujer Desnuda lo tomó del mentón y dobló su cuello en una maniobra asesina. 

Love comenzó a arrastrarse fuera de esa cosa. Sangrando por el estomago y pecho araño la tierra de la granja, escupiendo sangre y mirando atrás. Esa hermosa y despiadada mujer parecía salida de una película de terror. Como una androide que viene del futuro o algo salido de la dimensión desconocida. Sus ojos fulguraban hambrientos y se acercaban inexorablemente, sin apuros, hacía su victima. 

El policía alzó las manos en señal de rendición. La Mujer Desnuda aplastó su estomago de una fuerte y descalza pisada. Love se dobló en dos. Cuando llevó su mano hacía la pierna de la Mujer, para sacársela de encima, las piel de sus manos se derritió como si acabara de tocar acero ardiente. Se pegoteo y lanzó un tufo horrendo. Gritó tanto de dolor y desesperación que se quedo sin voz. La Mujer Desnuda giró su cabeza hacía la patrulla de policía estacionada, vio el logo y la leyenda que rezaba "Policía de Witters Alley". Miró hacía Love, debajo de sus fuertes piernas y lo tomó del cuello. Puso su nariz delante de la suya y dijo en un pésimo Himburgues:
- ¿Donde? ¿Policía?
- ¿Que?
La Mujer Desnuda apretó aun más su pescuezo. Love pensó que sus dientes iban a salir volando producto de la presión.
- Policía. Casa-Policía.- Sus ojos hipnóticos hicieron que Love se perdiera en un mundo de vació y horror. Sintió que caía a velocidades imposibles a un pozo sin fondo. En ese vació solo estaban esos ojos y ese color. Policía-Casa-Donde.

Le estaba preguntando en que dirección estaba la comisaría.
- A... seis kilómetros...sobre la 4. Dos palmeras en el frente....-

La Mujer Desnuda lo soltó. Y cuando este cayó al suelo le aplastó la cabeza de un pisotón, haciendo que sus sesos y cráneo estallaran en cientos de viscosos y carnosos pedazos. 

***
A pesar de que nadie recuerde ya a Lucy, si muchos cuentan la historia de "La mujer fantasma" que recorre las carreteras en busca de victimas. Este episodio, en parte, ayudo a crear la leyenda. Ahí andaba, deliciosamente bella y deliciosamente libre, mostrando su trasero en plena noche caminando por la ruta como quien busca un aventón. Su mano derecha cubierta de sangre, sus pies y pantorrillas salpicadas por las victimas pisoteadas. Apareciendo solo bajó las luces del alumbrado de la ruta, su figura solitaria avanzaba con la certeza de la muerte y la arrogancia de un jinete del Apocalipsis. 

Homicida, aunque limpia, La Mujer Desnuda aprovechó el trayecto para evaporar todo rastro de sangre de su cuerpo aumentando el calor que su cuerpo expedía. El cuerpo humano de Lucy Drissen era solo una cascara, una imagen que contenía el poder indómito y destructor de la estrella de Mísinas. Estaba hecha de un material que no existía en este mundo, revestida con una coraza tan invisible como infranqueable. Solo una espada santificada por algún maestro Dracida o Vlaind podría dañarla y no cualquiera. Para la suerte de Mísinas en Witters no había ningún hijo de los Dioses y si lo hubo fue lo suficientemente inteligente como para no entablar combate con algo que nadie, nadie conocía ni conocería hasta dentro de 18 años.

En la antigüedad se habían forjado espadas para combatir esta clase de...cosas. Imbuidos sus aceros en terribles hechizos y pociones. Pero eso había sido hace 5000 años, 2000 como mucho. Ahora los enemigos que podrían entablar algún combate con La Mujer Desnuda, estaban encerrados en sus propios asuntos, desplazados y ajenos a lo que ocurriera en el mundo humano. Aun así se necesitaría de un Vlaind o Dracida con demasiado poder e inteligencia como para lograr, siquiera, arañar su piel.

Bajo la media luna, partida en su exacta mitad, sus cabellos oscuros se hondeaban en la brisa de la madrugada. Era la señal, la "Mala Luna". Aquella vieja creencia himburguesa de que cuando el satélite terreno esta dividido en dos mitades iguales, las fuerzas de la luz y la oscuridad tienen las mismas posibilidades de vencer. Solo la suerte y la destreza de los contrincantes harán la diferencia, los Dioses a nadie han favorecer ese día. Pero Mísinas sabía también que aquella era la última luna, pues cualquier Dios, o Raza del pasado sería incapaz de detenerla en el presente. Los secretos sobre su existencia habían sido olvidados aun por los hijos de los Dioses. Tan pronto como la conocieran ya estarían dentro de su enorme buche astral. 

A pesar de estar en un éxtasis producto de su reciente despertar la estrella del vacío había hecho una promesa a Lucy Drissen. Y en verdad conmovida por su historia estaba deseosa de cumplirla. Vería que tan fuertes y estúpidos se habían vuelto los hombres en los últimos 4000 años de historia.
***

Ahora bien, a las puertas de Witters Alley los militares habían dispuesto un pelotón de Infantería pesada para evitar que cualquier civil o persona no autorizada entrara o saliera del pueblo. Este puesto de guardia estaba siendo vigilado por doce soldados armados hasta los dientes. Acompañados por un Jeep que cargaba un reflector, dos ametralladoras pesadas FN-MAG y (en el despropósito total) un pequeño equipo antitanque formado por otros cuatro hombres. Desde ya que nadie, dentro o fuera de Witters Alley se había atrevido siquiera a acercarse a veinte metros del mismo. 

Estaba muy oscuro y el haz de luz del reflector buscaba entre los bosques y la carretera algún contacto.  Los tres soldados a cargo de la aburrida tarea, como hombres de armas, reían y bromeaban mientras fumaban un cigarrillo compartido. Detrás de ellos una alambrada de púas y doce rifles más en igual estado de embole. La jalea prometida por sus oficiales desde ya no había sido tal y ahora que la cosa esa había caído no tenían más que esperar ser restituidos a sus bases. El equipo técnico se encargaría de retirar el material una vez apagado el incendió.

Mientras se hacían chistes sobre el tamaño del pene de cada uno, quien vigilaba el norte golpeó el casco del hombre al mando del reflector. - Tengo un contacto. Doscientos metros, justo al frente. 
- Debe ser otro granjero de mierda...- Dijo otro, que mascaba chicle producto de los nervios. 

La luz, recta y blanca dio de llenó sobre la figura de una mujer que caminaba, sin mayor interés, en su dirección. El cabo al mando del pequeño grupo miró por los binoculares. Luego rompió en carcajadas. Los soldados no entendían de que se reía. - Milles, tenes que ver esto...es nuestro día de suerte. Cuando su compañero miró por los prismáticos vio una hermosa mujer por completo desnuda. - Uuuu, miren esa señorita...- Hizo un gesto con sus manos como quien acaba de probar un suculento guiso. 

Como una fila de pajeros, todos se pasaron los prismáticos. Las risas y chistes en el puesto llamaron la atención del sargento. Se abrió paso entre la tropa molesto y dijo: - ¡Que carajo es tan  gracioso!- La tropa le informó con pretendida seriedad que una mamasita desnuda venía directo hacía ellos armada con "Dos tremendas granadas". El Sargento los obligó a ponerse en posición de disparo y tomó un megáfono:

- Usted esta ingresando en una zona militar prohibida para los civiles. Se le ordena que retroceda de inmediato. Tenemos ordenes de abrir fuego si hace lo contrario. Con calma, dese la vuelta y vuelva por donde vino. - Hizo una pausa. - ¡Y por Dios! ¡Póngase algo de ropa!

La Mujer hizo un alto. Sin embargo no retrocedió. Observó con cuidado la distancia que la separaba de la tropa, el alambre de púas y las posiciones fortificadas. Luego comenzó a caminar nuevamente hacía ellos. Sus ojos centellearon. 

El Sargento repitió su advertencia. Pero la Mujer no hacía el menor caso. - ¡Cabo!- Gritó. - Haga un disparo de advertencia a los pies de esa mujer. 
- Oiga...no piensa disparar a....
- ¡Haga lo que se le ordena Cabo!

La Mujer Desnuda vio la bala golpear a solo dos centímetros de sus pies, dejando una marca en el pavimento. Siguió avanzando. - Bueno, ella lo pidió. Compañía, ¡abra fuego! Para su sorpresa nadie lo hizo. Atónito repitió la orden. Pero la tropa se negó. 

He aquí la importancia del cuerpo de Lucy Drissen. Si hubiese sido un hombre, un viejo, una vieja, un lisiado quizás no hubieran dudado en disparar. Pero al verla desde sus miras telescópicas o prismáticos, los Soldados sentían que esa mujer podía ser su novia, su hermana, o aun su madre. Su rostro parecía tener aunque sea una porción de gente que conocían o amaban. Sin contar con que estaba desarmada y solo caminaba. Dado su desnudes podía ser la victima de algún robo, o aun algo peor. Quizás inclusive generado por la soldadesca que ocupaba toda la zona. Para ellos era como si su sargento les pidiera que ametrallaran a un ángel. Y la Mujer Desnuda hizo lo que mejor sabía hacer como Mísinas desde tiempos inmemoriales. Mejor que matar a tus enemigos, es verlos matarse entre sí. 

Se suscito una acalorada discusión entre los oficiales y los soldados. El Sargento amenazó con dispararle en la cabeza a cada uno cada tres segundos si no llevaban a cabo sus ordenes. Para asombró de todos allí, llevado por una ira irreconocible, lo hizo. Disparó y mató al soldado que había elevado la queja primero. Dos segundos de silenció y luego, metralletas y bayonetas peleaban las unas con las otras a las puertas de Witters Alley. Las balas trazadoras perforaban cuerpos y cabezas. Las palas se chocaban en yelmos y las bayonetas buscaban las entrañas de sus enemigos. 

Tomados por el gran poder de Mísinas, alentando la discordia y exacerbando  los odios más primigenios del hombre, el bloqueó de la carretera se vio envuelto en una batalla campal entre oficiales y soldados rasos. Muchos de ellos eran conscriptos que también odiaban profundamente la dictadura de Himburgo.  Mísinas había aprendido mucho sobre el odio y el resentimiento en los últimos días con Lucy y sabía también que Himburgo era una olla que estaba esperando el momento adecuado para estallar, no precisamente en una rebelión, sino tal vez, en una vorágine enardecida demasiado tiempo contenida. 

Al paso gentil de la Mujer Desnuda, algunos civiles supieron de la revuelta, y se unieron a los soldados de la salida norte. Mientras andaba las primeras calles, los Wittenses salieron de sus casas, tirando piedras, agua hirviendo y palos a los Oficiales, que huían en busca de la división Blindada en busca de reprimir la violenta insurrección. Muchas personas enojadas por la crueldad de su propio ejército contra ellos, tomaron las calles al norte y empezaron a levantar barricadas, entre balas trazadoras, casquillos de metralla y, sí también, lanza granadas. De pronto aquella silenciosa noche se había convertido en un concierto de rock que en vez de flashes dispara balas y proyectiles.

La Mujer Desnuda andaba como un fantasma entre ellos, como si fuese la estrella de un videoclip ajena a los acontecimientos. Vio los perros del ejercito salir de sus jaulas hacía los insurrectos con sus colmillos babeando ansiosos de sangre. Un capitán atrapado por la turba siendo colgado desde un poste de luz por civiles y soldados. Bombas de humo y estruendo vs bombas de gas lacrimogeno. Bengalas iluminar plena noche y helicópteros de refuerzo persiguiendo turbas desde el aire con sus reflectores y francotiradores. Uno de ellos llegó a ser derribado por un Wittense que descargó sobre la cabina todo el cargador de una FN MAG. Giró, como borracho y se estrelló contra uno de los camiones de combustible traídos por el ejercito. Produciendo un incendió que no tardaría en extenderse a todo el pueblo. 

Como en la edad media, algunos granjeros, provistos de sus tridentes, luchaban cuerpo a cuerpo con los Soldados armados con FAL. Una verdadera masacre, una vomitada de odio y deseos de asesinar que colmó las alcantarillas del pueblo con sangre de propios y ajenos. Mientras las sombras histéricas de los humanos daban rienda suelta a sus mayores sueños y pesadillas, en el cielo, la Estrella de Mísinas se regodeaba al encontrar su poder de discordia intacto. Una venganza largamente esperada y que solo acababa de comenzar.

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