jueves, 23 de abril de 2015

Memorias de la Nevada XXVI



El último Swing de los Sultanes

Hush my darling, don't fear my darling
The lion sleeps tonight
Hush my darling, don't fear my darling
The lion sleeps tonight

 Token - The Lion Sleeps Tonight Lyrics



Mientras los militares intentaban controlar la sangrienta revuelta, otra batalla, más pequeña y más cruel, estaba por comenzar en el Cocoon-Club. Los Sultanes del Swing se encontraban en la armería de la parte trasera del club buscando entre las cajas de munición algo que pudiera surtir efecto ante la amenaza insólita de La Mujer Desnuda. A media luz, dado que un generador de energía había estallado producto de los combates, los hombres de Howar se atiborraban de cargadores, pistolas, rifles y escopetas. Aquellas armas clandestinas, utilizadas en operativos de secuestro, no eran las galantes piezas de metal que usaban los soldados.

Desprovistas de honor como sus dueños, habían sido traídas de Salef, La Ecc, El Congo, Alhastan y casi todo país que Himburgo hubiera invadido en esos años. Los escuadrones de la muerte del ejército eran aun secretos para generales como Russel. Solo selectos miembros de la inteligencia, las fuerzas armadas y el gabinete conocían de sus operaciones.

No vestían uniformes, ni llevaban identificación alguna. Eran las sombras esquivas e ignotas de una dictadura sangrienta. "Los Hombres de Gris", los que "Chupan gente", como se decía en los barrios pobres. Los "Clandestinos", "Comandos civiles" y otros tantos nombres que aun hoy resuenan en la cabeza de los Himburgueses como el más terrible de los miedos, aquel que no tiene rostro. El que observa sin ser observado, la pregunta que no tiene respuesta pero se insinúa, el que esta pero nunca se hace presente.

Los Sultanes del swing se miraban nerviosos los unos a los otros mientras se pertrechaban al acalorado ruido de arneses, balas, granadas y cartuchos. Habían oído lo dicho por Tigre "Se cojio toda la comisaria" ¿Una sola mujer? ¿La misma que ellos recordaban? ¿La pendeja borracha? A pesar de estar imbuidos en un mundo de secretismo y horror demasiado complejo para imaginar,  en sus ojos estaba patente el terror.

En cualquier momento "eso" iba a caer sobre ellos como un torbellino de violencia indetenible que no iba a cejar un segundo en aniquilarlos. No había lugar para tratos, negociaciones o piedad. Como una marea de tinieblas iba a sacudir todo el Cocoon-Club hasta que no quedara ni uno solo de ellos y tan pronto como habría llegado, se marcharía dejando un rastro de sangre y fuego detrás de sí.

Howar, más avispado que la mayoría  entendía cual era el miedo de sus hombres. Temían a la Mujer Desnuda por que habían hecho lo mismo un sin fin de veces. Conocían mejor que nadie lo que significa ser arrancado de la vida en un instante cegador, no falto de balas y ajetreó. Si había en sus mentes algún rostro fantasmagórico de los cientos de secuestrados y ejecutados, en este preciso momento se aparecían delante de ellos mostrandoles la fosa común a donde iban a ir a parar. Paradojicamente, La Mujer Desnuda era una creación muy similar a Howar y los sultanes. Un hermoso rostro de galante sonrisa con una brillante guadaña traicionera escondida detrás. Ellos estaban entrenados para todo en este mundo, menos para ser victimas de sus propias tácticas.

La Mujer Desnuda no hacía juicios morales sobre las misiones que se le encomendaban desde El Otro lado del Círculo. No tenía reparos ni se medía a la hora de cumplir los necesarios objetivos. Su único propósito era matar. Matar de manera eficiente, ordenada y direccionada. Elevar reporte a su superior y hasta mañana. Igual que los Sultanes del Swing y tantos otros como ellos.

A solo cien metros del Cocoon, sus pies descalzos avanzaban hacía el cartel luminoso frente a la gasolinera de la Wako. Sus ojos amatistas encontraron el objetivo y sin que se le cayera un pelo de esa cabellera abultada y seductora fue hacía ellos. El observador en la terraza la vio cruzar la calle con la diligencia de una emisaria de la muerte. No necesitaba cubrirse la cara, ni llegar con muchos otros tras ellas, cubrir esquinas, hacer operativos sorpresa rodeada por la policía local. Venía sola como la última vez que estuvo allí. Desde el tejado del Coocon, el francotirador buscó con su mirilla su cuello níveo. El punto de mira se poso en esa hermosa piel blanca y suave. Cargó la bala y contuvo la respiración.

Cuando llevó sus dedos al gatillo la Mujer Desnuda lo avistó y sonriendo de manera maliciosa le saludo, como una modelo en un desfile que identifica a un fan. La expresión cambió de pronto y la Mujer cerró sus ojos como si entrara en un trance, sus manos se elevaron como en plegaría y susurró algo, palabras oscuras salieron de sus labios carnosos y ante la mirada azorada del tirador dos enormes alas de plumas negras se desplegar desde sus espaldas. Los ojos centellaron cegando por su resplandor al francotirador con su ojo en el lente y una sombra inexorable se abalanzó sobre él.

***
- ¡Ya esta aquí!- Gritó uno de los hombres de Howar por el radio. Todos salieron de la armería hacía la puerta principal del Cocoon, la que daba a la pista de baile tras cruzar un enrejado de la boleteria. Varios de ellos tomaron cobertura en la barra elegante en forma de L. Cargaron sus escopetas y martillaron las pistolas automáticas. Dos, se posicionaron sobre el vip, en la parte superior del Coocon con pequeñas ametralladoras automáticas y rifles de asalto. Esperaron, fijando nerviosamente su mirada en la puerta principal. Podían escuchar su respiración agitada, sentir el sudor caer por su sien. Las manos intentando controlar el pulso con sus ojos en las muescas de puntería. 

Pasados unos veinte segundos desde que tomaran las posiciones ya planeadas por Howar, desde los alto parlantes del Cocoon la música brotó a todo volumen y como por obra manos invisibles las luces de la pista se encendieron como en plena fiesta. Hasta Howar casi se muerte de un paro por el susto, el atronador sistema de sonido provocaba que sintieran golpecitos en su estomago producto de los bajos.
Música
Los oídos se conmovieron y  una mole oscura y de tamaño gigantesco cayó desde el tragaluz del tejado que daba a la pista central. Los vidrios se hicieron pedazos, cayendo hacía la pista como espadas brillantes y polvo de estrellas. La enorme mole oscura había saltado desde el mismo aferrando de su cuello al tirador del techo en una entrada tan súbita como espectacular. Las luces de colores, por un cegador momento, iluminaron en toda su bestialidad a la Mujer Desnuda, inclinada sobre su enemigo con sus alas vueltas hacía arriba en señal de guerra.

Antes de que el primero pudiera apertar el gatillo, la Mujer Desnuda corrió hacía uno de ellos con sus garras abiertas y le incrustó un puño en el estomago. La mano, convertida en garra, se adentró atravesando sus órganos internos y salió victoriosa por la espalda sosteniendo su corazón carmesí. Se movía demasiado rápido aun para los Sultanes del Swing. Las balas salían como demonios enardecidos de los cañones, las luces de la pista estallaban cuando eran alcanzadas, soltando chispas. Los casquillos llovían desde el vip hacía la barra, golpeando a los que se apostaban en ella. 

El segundo abatido fue uno de ellos. La Mujer Desnuda trepó como un lince por la barra aferrándose a la madera con sus garras y tirando al suelo las botellas y maquinas vertedoras. Los proyectiles la seguían de cerca, destrozando las paredes coloridas y los bazos para tragos. Cuando alcanzó al hombre de la escopeta le dio un golpazo con la parte delantera de su palma, quitó de sus manos el arma de fuego y la detonó  a quema ropa de su cara. Sus compañeros vieron como su cabeza humeante y destrozada caía abatida al suelo sucio del Coocon. 

Desde los reservados, al costado de la pista y pegados a la barra de tragos, un hombre armado con una MP5 salió de su escondite disparando a todo calor. Su rostro envuelto en una expresión furibunda. Ametralló a diestra y siniestra, pero más rápida que una arpía, la Mujer Desnuda se elevó en un raudo vuelo, cruzó la distancia que los separaba y le pateó el pecho. El hombre se derrumbó sobre una de las mesitas bajas de los reservados. Fuera del alcance de las luces el militar vio la sombra erguida y alada con sus brillantes ojos amatistas venirse sobre él en el suelo. Sus miembros  salieron despedidos en todas las direcciones, como si un león furioso lo hubiera descuartizado.

A media luz y en la confusión los comandos en la parte superior estaban por completo anonadados. Había matado a cuatro ex boinas verdes y SAS en menos de diez segundos. Nerviosos, estos dos restantes, comenzaron a caminar hacía la puerta trasera del segundo piso sobre una barandilla metálica. Imaginaban que La Mujer Desnuda estaba aun en la parte de los reservados. Pero eran incapaces de oír cualquier movimiento producto de la música. Cubriendo ambos sus espaldas caminaron por la pasarela rechinante. 

- ¿Y bien?- Pregunto Howar desde el Radio.
- Acaba de masacrar a Dull, Robinson y Kaller. Esa cosa tiene alas How...- Respondió su subalterno.
- Sigan el plan. Asegúrense de que venga hasta aquí.
- Sí señor.

Los dos militares abrieron la puerta de acero e ingresaron a los bastidores. Una escalinata con baranda verde bajaba hasta la primera planta. Luego la misma conducía a la puerta del frigorífico (ahora sala de Interrogación) y este llevaba a otro corredor tan largo como sombrío. La última puerta conducía hasta el Aeródromo en si y la pista de aterrizaje.

Ambos bajaron por la estrecha escalinata. La música se apagó de repente y el silenció mortuorio regresó. Pero más allá de sus propios pasos y respiración no escucharon nada. Dieron la vuelta al recodo de la escalera con sus armas temblando en su manos y abrieron la puerta del frigorífico. Se cercioraron que la otra, que conectaba con la pista, estaba cerrada. 

La luz de tubo fría y hospitalaria mostraba las manchas de sangre seca en el suelo derramada por los detenidos ejecutados o torturados allí. La sillita de mimbre donde a menudo interrogaban a los prisioneros aun aguardaba en el centro. Los azulejos llenos de moho y mugre le daban al lugar la inequívoca apariencia de un centro de Detención clandestino. Los ganchos para la carne en el techo aun tenían colgados a algunos infortunados Himburguses. 

De pronto los Sultanes se imaginaron a si mismos clavados allí con sus calaveras a medio pudrir y su sonrisa brutal mostrando aun las sangrantes encías. Con todo el cuidado de un profesional apuntaban sus armas en los espacios entre los cuerpos, esperando hallar de un momento a otro a la Mujer Desnuda allí. Sus mentes estaban siendo sometidas no solo a la presión del combate, sino también a algo más. Algo que hacía fuerza por entrar en ellas y quebrarlas, aplastarlas de un pisotón.

Estando a apenas unos pasos de la puerta hacía el corredor de salida, uno de ellos sintió algo suave caer sobre su mano. Cuando llevó su vista al suelo encontró una larga pluma negra. Antes de que pudiera gritar, La Mujer Desnuda, encaramada sobre el techo como una araña sostenida por sus garras saltó sobre él. Su UZI 9MM cayo al suelo resbaloso. La Mujer Desnuda elevó su brazo y se lo clavó en la parte baja de su espalda, atravesando aun el suelo de concreto sin mayor dificultad. Su compañero disparó varías ráfagas de metralla a no más de un metro de distancia de la Mujer desnuda. Cuando el Clank fatal le indicó que no tenía más balas se desesperó. Ella se levantó del suelo como una fiera que contiene el zarpazo final. Lo miro un segundo a los ojos, le sonrió y abrió su puño. Del mismo cayeron, inútiles las más de 20 rondas que él había disparado.

El último hombre antes de Howar intentó huir, pero lleno de temor olvido que la puerta de salida a la pista estaba cerrada. Chocó contra el acero pintado de verde al igual que Lucy Drissen esa noche. La Mujer Desnuda lo aferró por la nuca, cogió uno de los ganchos del Frigorífico y, elevándolo del suelo se lo clavó de lleno en el ojo. Cual una res, allí quedo tendido como ropa sucia hasta que murió tres horas después. 

***

A pesar de lo inevitable, Howar tenía un plan y este estaba resultando como esperaba. Él se encontraba atrincherado en un hangar del Aeródromo a las afueras del Cocoon. Cubierto entre cajas de pertrechos militares apuntaba su rifle Anti-Tanque hacía la puertita trasera del club que daba a la pista.  Imaginaba que ni aun eso sería suficiente. Por lo que al costado de su improvisado refugio tenía un lanza cohetes R.P.G de fabricación Brusa y un Lanza Granadas de seis cargas. Sin embargo su confianza no estaba en el poder de sus armas sino más bien en su inteligencia. Imaginando que ninguno de sus soldados había sobrevivido al combate no tenía más que esperar. Ahora el patio de juegos había quedado solo para ellos dos.


En su usual modo de hacer las cosas, la Mujer Desnuda abrió la puerta de una patada y salió al Aeródromo. Por ese mismo corredor y por esa misma pista improvisada la habían arrastrado de los pelos hasta una camioneta. Aunque ella no lo recordara, Lucy sí. y en su cabeza podía oír los gritos desesperados de una muchacha siendo sujetada de sus cabellos, intentando aferrase al suelo con sus pies arañando el crudo y rasposo suelo, sangrando por los tobillos con un vestido de encaje hecho jirones.

Podía sentir el frió y la lluvia de aquella noche en su interior. Las risas bravuconas de Tigre y los demás que ahora yacían muertos en el Cocoon. Oyó las puertas de la camioneta cerrarse, dejándolo todo a oscuras para que se cometieran hechos oscuros. Sus ojos amatistas examinaron las ruinas de ese viejo aeródromo buscando un enemigo. Entre los demorados fierros y aviones inservibles anidaba el Tigre que Lucy había intentado montar, lograndolo contra toda posibilidad. Eso le hizo saber a Mísinas que la resistencia de los hombres, aun los más pequeños y adormecidos era verdaderamente asombrosa. Cualquier Raza que pudiera soportar tamaña maldad era de ser temida.

Los pasos inciertos de una muchacha en un día de fiesta habían llegado hasta aquí. A los inicios, aun tibios pero firmes, de una nueva era. Una era que con descarada desfachatez presentaba sus horrores y atrocidades con la sorna de un Rey. Un hombre que muestra con orgullo los castillos de arena sobre los cuales se para su poder. Un castillo de naipes que no sería nada difícil soplar. No podía haber mejor momento para sus planes, el mundo humano estaba entregado en bandeja de plata para que ella se lo tragara de un bocado feroz. 

***

Howar la siguió con la mirilla de su antiguo rifle antitanque de fabricación Helleniana. Una vez la encontró cerca se apeó con el rifle en mano, como un cazador experto y gritó:
- ¡Aquí me tienes Lucy! -

Disparó, solo con la intención de provocarla, de enfurecerla. El proyectil le dio entre los ojos y rebotó como si acabara de golpear una puerta blindada de un bunker nuclear. La Mujer Desnuda cayo sentada de culo e inmediatamente recompuso la postura. 

Clavó su mirada en él, del otro lado de la pista y se abalanzó sobre Howar con su cuerpo inclinado y sus alas hacía arriba. Howar se sonrío, había caído en la trampa. Una mina tipo Claymore, sujetada a otros explosivos improvisados localizados debajo de camiones de combustible y cargas de Napalm.

Tan pronto como paso entre dos camiones de combustible para aviones a toda velocidad se llevó por delante el alambre de la trampa "Caza Bobos". Las bombas de Napalm estallaron haciendo que el cielo y el suelo temblaran, estremeciendo hasta los cimientos el hangar y la torre de Control. No por nada Howar era experto en demoliciones. La enorme mole de vidrio, metal, hierro y antenas de la Torre de Control cayo exactamente sobre la Mujer Desnuda y se perdió en un bálsamo de fuego ardiente. Escupiendo polvo y despojos herrumbrados la cabeza de la torre se hizo pedazos y elevó una capa de polvo que cubrió todo el Aeródromo y el Cocoon Club.

Uno de los Helicópteros estacionados se ladeó producto del estallido y en su feroz y violenta acometida golpeó otros dos que se incendiaron tan pronto como la perdida de sus combustibles fue alcanzado por el fuego. Al igual que en Alasthan Howard vio las columnas de fuego levantarse en plena noche, arañando y lamiendo los pies de las estrellas. El césped a los bordes de la pista se encandilo en súbita combustión elevando una cortina de humo negra de brazas ardientes que caían sobre el suelo.

Con la expresión de un ganador, Howard tomó el lanza granadas y salió de cobertura caminando lentamente hacía el desastre que él mismo había provocado. Nada en este mundo podía sobrevivir a semejante cosa, Humano o no. El fuego era tal que estando aun a 150 metros de distancia el calor empezaba a sofocarlo rápidamente. Aguardo unos segundos con el dedo en el gatillo del lanza granadas esperando ver u oír algo. Pero más allá del crepitar del fuego y algunos estallidos de cajas de munición nada parecía moverse en ese incendió voraz.

Sacó de su bolsillo un Jockey Race y lo encendió con su zippo. Pero tan pronto como el Clank del encendedor se hizo escuchar, otro más grave y furioso le siguió. Congelado por el terror, Howe llevó sus ojos a los ardientes metales. Corriendo fierros, parabrisas, paneles de computadoras e instrumentos de vuelo en desuso La Mujer Desnuda salió de entre las toneladas del metal sin un solo rasguño. El cigarrillo de Howar cayo al suelo, pues su boca se abrió de par en par producto del asombro. 
Engalanada en una capa de llamas, llamas que ardían como su furia, la Mujer Desnuda caminó entre el metal fundido y el humo sin siquiera sangrar. Los ojos Amatistas coronaban la silueta oscura por el hollín y cuando bajó de la pira monstruosa, Howar vio que sus alas se quemaban y caían desplumadas al suelo dejando un rastro plumifero y ardiente tras sus mortíferos pasos. Pero sin el más mínimo rastro de herida alguna. El hollín se desvaneció de todo su perfecto cuerpo paulatinamente y en su máximo esplendor llegó a unos diez metros de él caminando indemne, impune e invencible como la muerte.

- ¡Morite Puta! ¡Morite de una vez Hija de puta!- Gritó Howar desesperado. Efectivamente nada de este mundo podría haber sobrevivido a semejante estallido. Pero Howar comprendió muy tarde que La Mujer Desnuda no era de este mundo...

Sin apuro ella siguió en su elegante caminar, pero no reía, tenía una mueca de odió inconfundible en ese rostro de poseía, de ira demasiado contenida para dejar salir. Pues si lo hacía todo Witters Alley iba a ser pulverizado al igual que Lapan Grows. - ¡Morite puta, Morite! ¡Carajo!- Howar disparó el lanza granadas. Hizo un sonido hueco y el proyectil impactó de lleno sobre La Mujer Desnuda. Estalló y la arrastró varios metros hacia atrás, cerca de la pira. Cayo rodando en una vuelta carnero y en el envión cogió del suelo una larga y filosa vara de acero aun ardiente, pero solida. Volvió a levantarse. 

Howar hizo un segundo disparo, la Mujer Desnusa saltó y la granada estalló lejos. -¡Mierda Morite!- Seguía bramando Howar incapaz de creer lo que veía, al punto de la locura súbita. La tercera granada fue, literalmente, bateada por la Mujer Desnuda y la barra de acero. Se desvió e impacto sobre una avioneta que se hizo pedazos, partiendo sus alas.  Howar Fells empezó a llorar de impotencia...

- ¡Que mierda sos! ¿Quien Mierda sos? Pendeja de Mierda...¿¡Quien mierda sos!? 

La Mujer Desnuda extendió su mano hacia Howar y el Lanza Granadas se retorció como una lata al ser compactada, cayo al suelo retraído sobre si mismo. Howar retrocedió y se vio atrapado en el Hangar. Tomó la 45 y Disparó desesperado mientras daba pasos en falso hacía una salida inexistente en la parte trasera del Hangar.

- ¡Que mierda sos Lucy Drissen!- Dijo una vez sus balas, ineficaces, golpearon a La Mujer Desnuda sin daño alguno.

¿Lucy Drissen? ¿Aun crees que mi Nombre es Lucy Drissen, Humano? No, tengo tantos nombres como Pesadillas tiene el Hombre y tantos rostros como Estrellas hay en el cielo. Soy el Final de tu Mundo y de todos los Mundos. 

Howar, al escuchar esas palabras  se derrumbó producto de la desazón y cayo de rodillas ante la magnificencia de la Mujer Desnuda, cuya vara de acero filoso aguardaba impaciente en su mano. 
Soy La Estrella Devoradora, La que yace más allá de la Oscuridad primera. La que se esconde  del Otro lado del Círculo. Soy el Fin de la Existencia y el vacío. Tomó a Howar del mentón con sus dedos suaves y le beso en los labios. Al contacto  Howar Fells vio, en efecto la cara de esa cosa, no Lucy, sino lo que estaba más allá de sus Ojos Amatistas, su mente cruzo planetas, sistemas solares, estrellas innombrables, eras y tiempos por venir y venido. Y la vio Gorda, enorme, infinita y resplandeciente. Mísinas en todo su Guerrero, suspendida sobre el castillo de cristal, los sueños y añoranzas de miles perdiéndose en un vacío infinito de vacuidad devoradora. 

Soy el amargo beso del adiós. 

La barra de aceró de dos metros de longitud se clavó en su pecho, le atravesó las entrañas en el rápido y esperado golpe final, saliendo por su espalda, rompiendo sus costillas y camisa de jean. Howar empezó a tener espasmos, la sangre brotó de su boca en borbotes vomitados con violencia y en su ultimo atisbo de vida sus ojos se encontraron con los de ella. Cruzando su mirada infinita vio a Lucy Drissen bailando en la pista del Cocoon con su vestido de encaje negro, despreocupada y radiante, pero la acompañaban en la alocada danza un sin fin de esqueletos danzarines, haciendo cabriolas chistosas y macabras.

El León Hambriento Himburgues había sido cazado y ella Estaba Feliz.

Tantos otros también...




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