jueves, 28 de mayo de 2015

Los Emperadores de Auksamaar IV


Primera parte Aquí
Segunda parte Aquí
Tercera parte Aquí

Kurkox y Jade Thagvari




Lo que a menudo lleva a la locura es la desesperanza. La historia de Kurkox y Jade Thagvari, que durante estos eventos toma lugar es necesaria para comprender los hechos sucedidos durante y después de la guerra  entre los Dracidas y el Imperio Aukmari sobre la cual hemos adelantado algunas cuestiones. 

Mucho antes de que Rorvan llegase a Auksamaar, cuando él y su amigo Estian buscaban los escurridizos secretos de los Hombres de Antaño, se sucedió la primer guerra entre Dracidas y Vlainds. Esta disputa fue tan sangrienta como particular, pues en cierta forma dibujo un preludió de lo que inevitablemente ocurriría entre los Hijos de Namidian y el pueblo de Heills. Tal capítulo es mencionado varías veces bajo el nombre de "La guerra de las Ciudades". Cuando los Vlaind y Dracidas que habitaban en ambos extremos del valle  de los reyes  se disputaron el control del mismo dada su riqueza, posición estratégica y reliquias de los Reyes de antaño que este ocultaba en sus profundas catacumbas.


***

Los Tres Hermanos
y
El estigma de Kurkox


Kurkox era el hermano menor de Bilingord, padre fundador de la orden homónima y por entonces líder de todos los Dracidas habitantes en Himburgo. Cuando Bilingord regresó a su hogar tras haberse convertido en el primer hombre en controlar y usar el Rettem según los dictados de Heills, este fue a buscar a sus hermanos para que le  ayudaran en la tarea de buscar a los otros tres señalados por los Dioses para ser los fundadores de la Orden del Dragón. En esta tarea, larga y peligrosa, Kurkox y Almirand (el más pequeño) se mostraron a la par de su afamado hermano y se convirtieron en grandes héroes al igual que Bilingord. 

Sin embargo los hermanos eran muy distintos en carácter y modo de pensar. Bilingord siempre se comportaba como un hombre centrado y eficaz, inteligente y cuidadoso. Aunque tal vez demasiado apesadumbrado por la carga que suponía ser  la última esperanza para una nación sumida en la barbarie y la corrupción como era Himburgo en ese entonces.

Almirand, además de ser el mejor arquero en existencia, contaba con una sabiduría siempre llevada a la piedad, a la contemplación y a la sobriedad en sus actos. Lo que con los años le ganó el título de Sumo Sacerdote o Patriarca del Santuario del Bosque de Hosmusilias, en cuyos límites tenía poderes de Rey, algo inédito y nunca repetido en la estructura de poder Dracida.

Kurkox por otra parte era un joven idealista que abrazó la causa de su hermano con, tal vez, demasiada pasión. En efecto el fuego del Dragón ardía en él más que en cualquier otro Jethi de su tiempo. Su fuerza, habilidad y arrojó en la lucha superó aun a los grandes maestros de la Orden y se ha dicho (no en vano) que en efecto era el más fuerte de todos los Dracidas ya en los tiernos inicios de sus aventuras. Pero, por otro lado, Kurkox tenía un espíritu demasiado confortativo y aunque siempre se comportaba con dignidad y abrazaba las causas justas para él los enemigos de la orden no merecían justicia ni piedad alguna.

Se dice que, en la última misión de aquellos años en los que los Hermanos buscaban a los escogidos por Heills faltantes (Dalstein, Frigord y Sigmund) Kurkox liberó a muchos orientales de un poderoso señor feudal y a modo de castigo por su cruel trato a los esclavos terminó matando al Señor Feudal, a su esposa y a todos sus hijos. Esto provocó bastantes discusiones entre él y su hermano dado que los Dracidas eran muy pocos y necesitaban dar el ejempló para ganar más seguidores y, eventualmente, derrocar la monarquía que intentaban combatir. 

Y en efecto aquel episodio terminó muy mal para Kurkox, pues llegado el momento de escoger quienes serían los padres fundadores de la  Orden de cada rama Dracida se escogió a Frigord en vez de Kurkox pues este era un hombre tan fuerte en ese entonces como él y con un sentido de liderazgo y política mucho mayor que el del hermano de Bilingord.  Hay quienes dicen que este castigo tenía por objetivo sentar un ejemplo a todos los Dracidas de que, por muy poderosos que fueran no debían bajo ninguna circunstancia abusar del mismo y siempre obrar según los Dictados de Heills. De lo contrarió se arriesgaban a que una de las Ordenes se lanzara a una caza de brujas que acabaría en una anarquía sangrienta.

Más allá de la política involucrada, Kurkox sintió esto como una grave ofensa. Pues el había dado todo por la visión de su hermano y muchas veces había puesto sus fuerzas al límite en pos de una sociedad más justa y menos cruel. Por lo que en él no solo nació un rencor inolvidable hacía Frigord, sino tambien un gran deseo de mostrarle a su hermano que él podía ocupar ese puesto o cualquier otro de importancia. Por muchos años se alejó de los asuntos de los Dracidas y viajó lejos inmiscuido en otros asuntos o llevando la causa hacía lugares considerados de menor importancia para la Orden del Dragón.

Jade Thagvari

La Joya Más Preciada de Narg-Zhul


Muchos años después, cuando los Vlaind ya habían llegado a Himburgo y los Dracidas se encontraban en su cúspide controlando gran parte del este del país, la situación entre ambas razas se tornó especialmente tensa cuando los Vlaind conducidos por Rolando levantaron en el extremo oeste del Valle de los Reyes una gran ciudad fortaleza conocida como Anagj-Khudrum, La Cima de los Cuervos.

Las razones y pormenores de esta cuestión son muy extensos como para relatarlos aquí en detalle. Pero diremos que Rolando, último descendiente de la Raza Auresiana guardaba un especial rencor hacía los Dracidas, dado que estos les aniquilaron durante su guerra civil contra la monarquía de Himburgo. Y además, Rolando sabía por entonces mejor que nadie que clase de secretos, sabiduría y reliquias poderosas se ocultaban en el viejo cementerio de los Reyes Auresianos debajo del Valle.

Dado que el lugar era un sitio de peregrinación para muchos humanos y que además se encontraba exactamente en los limites entre el reino Vlaind  de Allion y los territorios Dracidas, se había acordado a la llegada de los Vlaind que tal Valle debía ser una zona neutral de libre acceso a todas las razas y que nadie podía reclamar para sí los tesoros que dormían junto a los antiguos en las cientos de catacumbas y templos. Esto, por ejempló, le permitió a Dracidas como Rorvan poder trabajar allí sin mayores problemas al igual que otros Vlainds como Hatanst, Sixfrid o Rolando mismo.

Y como todo lo bueno duro lo que tenía que durar. Rolando y sus hombres, los más fanáticos Vlaind de los que se tenga recuerdo, tomaron para sí las ruinas de Anagj-Khudrum y la reconstruyeron y re poblaron con gentes de Allion y otros lugares Vlaind. Desde la cima de aquella fortaleza podía adivinarse con facilidad los movimientos de cualquiera que intentara acceder al valle o aun robar las tumbas de los antepasados. Los Dracidas, re doblaron la apuesta construyendo en el lado oriental del valle una Ciudad tan grande y majestuosa como pocas llamada Narg-Zhul, la Cueva del Dragón. Una joya arquitectónica  y un símbolo del poder de los Dracidas en ese tiempo con más de nueve niveles fortificados con torres, troneras, lanza piedras y balistas.


Este desafió a Rolando no fue ideado por los Bilingord, ni Frigord, ni Dalstein, sino por Ungwing. Un gran campeón de los Dracidas de Frigord que contaba con mucho apoyo de su gente dado sus grandes dotes de liderazgo mostrados en batalla. Cuando Kurkox supo de la empresa que este llevaba adelante sin autorización de sus superiores se  dirigió de inmediato a Narg-Zhul y ayudo tanto en su construcción como en su defensa. 




Cabe aclarar que estos movimientos y medida de egos no eran apoyados por los máximos líderes de ambos bandos, sin embargo era muy difícil por entonces controlar a Hombres que gozaban de un poder y una riqueza inaudita hasta entonces en Balbania. Rolando tenía entre los Vlaind muchos seguidores y detestaba profundamente tanto a los Humanos como a los Dracidas sosteniendo la teoría de que los Vlaind eran dioses en la tierra y que los demás pueblos debían someterse a ellos por derecho. En el caso de los Dracidas era también muy complicado mantener a raya a los caudillos locales como Ungwing dada la falta de un liderazgo claro entre los Jethis. No por nada la Guerra de las Dos ciudades también es llamada "La Batalla de la estupidez".

Kurkox fue recibido de buena manera en los salones brillantes y ricos de Ungwing como una espada poderosa que podría mantener a raya las aspiraciones Vlaind en torno al valle. Su gran atractivo, carisma y heterodoxia le ganó el amor de muchos en Narg-Zhul y fue puesto al mando de sus, cada vez más, grandes ejércitos. Como también conquisto el amor de la joya más preciada de la ciudad, Jade Thagvari, hija de Ungwing.

Su nombre no había sido escogido a la ligera, Jade era una mujer tan hermosa como la piedra que llevaba su nombre y sus ojos verdes brillaban con igual magnificencia. Muchos hombres habían pedido su mano en la ciudad. Sin embargo ya un oráculo había anunciado en secreto a su padre que un terrible portento pesaba sobre la muchacha cuando este, desafiando a Bilingord, comenzó a levantar la ciudad. 

 "El destino de tu ciudad está atado al destino de vuestra Hija. Muchos la reclamaran, todos fracasaran. Y el que triunfe en conquistar su corazón será también quien detenga su latir" 

Los más grandes amores para Ungwing eran su ciudad y su hija. No vale aclarar que no estaba dispuesto a perder ninguna de las dos. Más la profecía era ambigua, pues en verdad se refería a dos hombres y no a uno solo. De todas formas Jade rechazaba por sí misma a todos los pretendientes hasta la llegada de Kurkox a la ciudad. Su padre, sin revelar el portento, se negó siempre a que Jade tuviera alguna relación con Kurkox y esto abrió ciertas grietas en su alianza, como además hizo languidecer en desamor a su hermosa hija. 


La Guerra de las Ciudades



El primer paso hacia la guerra fue la expansión de los Territorios de Anagj-Khudrum hacia el sur, en dirección al bosque de Niuvet y las costas del Río Palaras. Una muy poderosa y lunatica Vlaind llamada Equinoxia, de la Orden de Hatanst se abalanzó con todo su divino poder sobre las poblaciones humanas del lugar despertando el pandemónium en el valle.

Junto a miles de Vlainds de primera linea asaltaron estas pequeñas villas pacificas que vivían a ambos lados del río y aniquilaron a  cientos con una crueldad inusitada digna de los seguidores de Rolando y su teniente Kharmond cuyo apodo no por nada era "El Despiadado" Los Vlaind alegando que estos humanos ocupaban los jardines sagrados a orillas del río, incineraron todas las aldeas y a modo de escarmiento empalaron a todas sus víctimas en las costas del río. Los pocos Dracidas que podrían haber habitado allí no tuvieron oportunidad contra los Vlaind y fueron masacrados sin piedad alguna y sus cuerpos expuestos a las puertas de Anagj-Khudrum. Mientras las fuerzas Vlaind avanzaban hacia el oeste algunos humanos llegaron a Nargh-Zul pidiendo auxilio y apoyo. Ungwing y Kurkox montaron en furia por el horroroso crimen y fueron junto a muchos otros Dracidas a presentar combate en favor de los pobladores. 

Durante la noche, los Dracidas movilizaron varios hombres expertos en la guerra de guerrillas conducidos por ambos y armaron una emboscada sobre las colinas del valle. Cuando las fuerzas Vlaind regresaban a Anagj-Khudrum fueron tomadas por sorpresas por ambos lados y las flechas silbaron sobre sus cabezas, penetrando sus armaduras y cuellos. El ataque fue feroz y la infantería al mando de Kurkox bajó desde las rocas sobre los Vlaind al amanecer y los barrió del campo. De los más de dos mil Hijos de Namidian solo Equinoxia pudo escapar de la celada. Tras esta acción la guerra de las ciudades comenzó definitivamente. 

Al amanecer colorado del día siguiente todo el poder que Rolando  había acumulado se lanzó a conquistar todos los territorios del Valle que antes estaban vedados y los Dracidas se aprestaron a su defensa. Fue la guerra más cruenta hasta la última entre ambas especies. Las dificultades del terreno, los ánimos homicidas tan contenidos de ambos bandos y el orgullo se apoderaron tanto de Vlainds como Dracidas y todos los días, durante nada más y nada menos que Diez años chocaban sobre las colinas del Valle ambos ejércitos en interminables y sangrientas escaramuzas que no tenían fin.

Los hermosos hijos del Ramkkara se aprestaban a la lucha por voluntad propia desde todo el reino de Allion y abandonaban sus hogares para ayudar a sus hermanos que allí habitaban, encontrando a su llegada solo un lodazal hediento de cadáveres y esqueletos con armaduras demorándose al sol del ocaso. Muchos Dracidas creyeron que este era el comienzo de la guerra Santa anunciada por  Heills y se movilizaron por motus propio al conflicto. 

Ni Rolando ni Ungwing escucharon a sus líderes históricos y se trenzaron en esta carnicería sin sentido incapaces de sacarse diferencias el uno del otro. Todos los días partían jóvenes Jethis, muchos de ellos sin siquiera el entrenamiento completo a reforzar las líneas de Ungwing y estos caían bajo la inclemencia de las armas Vlaind. Otros veteranos del Ramkkara, curtidos en el exilio y el sacrificio de su pueblo por defender el único lugar de donde no habían sido expulsados hasta entonces terminaron atravesados por las flechas o espadas de los hijos del Dragón. Esta guerra encontró su fin tal y como el Oráculo había anunciado al haber pasado diez veranos de su inicio.



La Desdicha de Deíla

Y

El Secuestro de Jade 

La Historia de cómo fue que esta ciudad finalmente se perdió bajo las llamas de la guerra será contada en detalle en otro momento, pues es muy extensa. Sin embargo contaremos brevemente que, antes de comenzado el conflicto la hermana de Rolando, Deíla huyo de su psicótico hermano espantada por como la locura y la crueldad se había adueñado de él desde que ocupara la ciudad fortaleza de Anagj-Khudrum.  Deíla era una Vlaind muy hermosa que había tenido en otros tiempos buena relación con los Dracidas y los Humanos y no podía soportar ver la tiranía que su hermano había impuesto al oeste del Valle.

Por lo que en una acalorada discusión sobre los métodos sangrientos de Rolando con su hermano este envió a ejecutarla totalmente lleno de ira llamándola traidora. La joven y triste Deíla escapó horrorizada de la ciudad con ayuda de sus sirvientes y, sin tener ningún lugar a donde ir pidió asilo en Nharg-Zul. Ungwing dudo en aceptarla, dado que esto aceleraría un más las tensiones del Valle. Sin embargo Thilian, un importante Capitán de la Orden de Sigmund quedó tan conmovido por su relato y su belleza que insistió a Ungwing que la dejara quedarse bajo su protección. 

El amor entre la Vlaind y el Dracida dio por resultado el primer hijo en nacer de ambas especies del que se tenga registro. Fraujirl, resulto en un Dracida de Sigmund con algunos dotes Vlaind como la capacidad de modificar la materia. Se lo apodó "El Caballero Gris" dado que su cabello era de este color. Fraujirl con el tiempo se convirtió en un gran líder de los ejércitos de la ciudad luchando lado a lado con su padre y Kurkox en la guerra de las ciudades. Llevaba una gran armadura Negra al combate y su espada y poderes no encontraban comparación entre las filas de los Vlaind.

En su corcel azabache se abalanzaba sobre los Vlaind como una pesadilla hecha realidad. Pues al ser mitad Vlaind tenía habilidades excepcionales que otros Dracidas nunca podrían alcanzar. Junto a Kurkox y su padre acometieron hazañas de renombre siempre reteniendo los avances de Rolando en el valle, luchando con espíritu incansable sobre las colinas y acumulando a su alrededor cientos de victimas que caían bajo su inclemente espada.

Pues bien, cuando el conflicto comenzó a extenderse más de lo imaginado por cualquiera, muchos comenzaron a culpar a su madre por la nefasta situación de la ciudad, hambreada y desprovista de su esplendor dada la guerra. A menudo, Deíla era humillada por otros Dracidas, hablando a sus espaldas y culpándola de todo fracasó militar que la tropa tuviera en el campo de batalla. No muy tarde, ante los sucesivos reveces en la guerra también se lanzaban a sus espaldas muchos comentarios injustos y la desconfianza de antiguos amigos. 

De Niño, Fraujirl también había sido victima estos insultos y descalifaciones. Por lo que había forjado una relación tan estrecha con su madre que muchos considerarían enfermiza. Con el tiempo se distanció de su padre y cuando fue incapaz de soportar más el trato tan injusto hacía su madre le urgió que regresara a Anagj-Khudrum junto a Rolando, pidiera perdón y se alejara para siempre de estas gentes tan injustas por las que ambos habían dado la vida.

Pero Deíla no quería regresar y ahogada en las diyuntivas crueles que se le presentaban se entregó a la depresión y el llanto. Su belleza se malogró y la locura la domino al igual que a su hijo. Con el deseó de salvar a su madre, Fraugirl la secuestró y se la llevó por la fuerza a Anagj-Khudrum. Cuando su padre le dio alcance en una cacería sin igual se enfrentaron entre sí.

Se dice que el Valle de los Reyes retumbó hasta los cimientos en semejante lucha. Deíla pedía razón entre ambos, pero esta no existía, se habían abandonado a la locura imperante en esos años de guerra. Fraujirl y Thilian cruzaron aceros aquella noche y sus espadas se buscaban el uno al otro mientras Daíla lloraba por el malhadado destino de su casa. 

Cuando ambos empezaron a luchar usando los poderes  del fuego del Dragón y el cielo se iluminó con relámpagos ardientes, destellos enceguecedores y llamas de odio, Kurkox entró en acción al reconocer cual era el motivo de la disputa. Viajó hasta allí junto a Jade, quien era ya su aprendiz e intentaron hacer a ambos entrar en razón. Pero todo resultó más nefasto de lo esperado. Fraujirl venía tramando pasarse de bando desde hace mucho tiempo y cuando los Vlaind llegaron a recibirlo encontraron que su nuevo aliado estaba en problemas y se sumaron a la lucha.

En medio de la desesperada lid, Kurkox hizo lo imposible por defender a Jade de los Vlaind y se batió en combate con tres contrincantes al mismo tiempo para sacarle presión a Thilian. Su espada implacable y su fuerza indetenible dio muerte a más de diez Vlainds en esa ocasión que siquiera llegaron a tocarle. Como un torbellino de luz, el Dracida los abatía incansable. Con un solo movimiento de su mano, como invocando un poder invisible, los Hijos del  Ramkkara volaban por los aires y caían de cabeza al suelo para morir. Con su espada aplastaba yelmos y con su puño atravesaba escudos y armaduras haciendo manar la sangre de sus contrincantes.

Pero finalmente a Thilian le faltaron las fuerzas. Juntó en su mano todo el Rettem  que le quedaba antes de morir y lanzó un tronador rayo, como un relámpago blanco y fracturado que se ramifica en cientos de extremidades para condensarse en un solo punto. Con lagrimas en sus ojos desafiantes atravesó a su hijo con el mismo, quien cayo fulminado y muy cerca de la muerte.

Deíla se postró sobre el cuerpo de su muchacho mientras su marido agonizaba en el suelo. Los Vlaind restantes se lanzaron sobre Kurkox y este ya incapaz de detenerlos fue abatido más no muerto por los mismos producto del cansancio. Jade fue tomada prisionera por los Vlaind de Rolando y fue llevada junto a Deíla y Fraugirl a Anagj-Khudrum.

La Risa de Equinoxia

Kurkox no era la clase de persona que se rinde o que vuelve al fuerte pidiendo refuerzos. Tan pronto como pudo ponerse de píe corrió en dirección a Anagj-Khudrum pisandole los talones a los Vlaind de Rolando, cuya velocidad era menor dado el traslado de la prisionera y el herido Fraujirl. El Hermano de Bilingord les alcanzó en la noche de luna llena a mitad de camino de su destino. Y pudo ver desde las colinas como su amada Jade era llevada a la rastra Valle arriba. No mucho más lejos se podían ver las torres y almenas de la abominable Anagj-Khudrum.

El Dracida saltó hacía abajo en una caída suicida para un humano y gritando a grandes voces dada la desesperación en que su alma se encontraba intentaba desafiar a los Vlaind que huían cobardemente de su presencia. Más, a pesar de su tristeza, también lo traiciono el Orgullo. Pues una Vlaind estaba muy dispuesta a recoger el desafió. Vio como esta daba ordenes a sus subordinados y se separaba del grupo principal en señal de desafió. Una Risa fría y malévola se perdió entre las graves rocas y despojos de batalla. La risa de Equinoxia.

Sí había en esos tiempos una Vlaind más perversa y malévola que Rolando o Kharmond esa era Equinoxia. Una mujer de cabellos oscuros y facciones tan hermosas como la de cualquier hijo de Namidian. Pero su piel era pálida como la de un espectro y en sus manos residían el poder de cientos de ellos. Todas las victimas de sus inefables batallas en nombre de "La Maravillosa Prole del Ramkkara"

Equinoxia era una Vlaind de Hatanst que había pasado más tiempo en la Gran Sombra aun que Rorvan años después. Su mente y actos eran dominadas por la oscuridad primera y no sentía piedad o amor alguno por nada que no fuera ella misma. Era el azote más cruel de Rolando en Anagj-Khudrum y una contrincante tan inigualable como Kurkox mismo.

Cuando Kurkox se encontraba desenvainando su espada una barrera de sombras espesas y malignas le envolvió de pronto, como sí una telaraña maldita e invisible le hubiera aprisionado sus miembros cansados y antes de que siquiera pudiera darse cuenta de esto una lanza dorada le atravesó de lado a lado, impulsándolo hacía atrás y estocandolo contra las rocas del valle. Gozando de la malicie y el poder que ostentaba, Equinoxia se desprendió de la capa negra que la envolvía y mostró ante la luz de la luna su armadura compuesta de Arudar, brillando como oro pulido en plena oscuridad.

El Dracida, inmovilizado de momento, puso todos sus esfuerzos en sacar aquella lanza de su cuerpo, pero esta estaba unida al mismo por el poder de su contrincante. Equinoxia saltó hasta su posición y le atacó con todo el poder de los Dioses que sus manos homicidas guardaban. Dos enormes centellas, una blanca como la nieve y otra negra como el abismo salieron disparadas como cometas hacía Kurkox y este experimento el dolor y la agonía de aquellos que se pierden entre los nubarrones de la gran sombra y su tierra yerma de agonía.


Con sus ropas ardiendo, sus brazo derecho quemándose lentamente y un ojo menos, Kurkox tuvo aun las fuerzas para quitar la lanza. La arrojó lejos y esta tintineo en el suelo. Arrastrándose, cojeando, tomó su espada y dijo:
- ¿Que...que poder, que Demonio es el que me ataca con tanta potencia?-

Equinoxia lanzó una risa cínica:
- El Poder de los Dioses, Rata Dracida. Tu patético fuego del dragón esta desnudo ante la prole del Ramkkara. Sino mueres por mi mano, entonces puedo asegurar que nadie en este mundo podría matarte. Porque no ha nacido aun contrincante alguno al que no pueda matarle.

Fatigado, Kurkox sacó fuerzas de donde no tenía e intentó atacarla, pero ella esquivaba su mandoble con mucha facilidad y cuando este chocó con su mano, esta lo detuvo como si el filo no le produjera daño alguno y a un movimiento de sus dedos la espada se hizo pedazos en manos de Kurkox. Equinoxia le pateó la quijada y antes de que este cayera al suelo arremetió nuevamente con aquellas graves esferas mortales que seguían a su enemigo donde fuera que este intentara esconderse. Esta vez el estallido fue aun mayor y desde Nargh-Zul un albor blanco pudo verse, abriendo los cielos y aplastando los alrededores, consumiéndolos, devorándolos en un vacío sin igual que desintegraba todo lo que tocaba.

Grande fue la pena en la ciudad, pues todos imaginaban que Kurkox había caído en la noble búsqueda de su amada y se elevaron los llantos desesperados en la ciudad que ahora no contaría con ninguno de sus más ilustres capitanes. Ante la desgracia y derrota inminente Ungwing se tragó su orgullo, cargado de verguenza y fue en persona a contar a Bilingord lo ocurrido con su hermano. Arrodillado delante de los Cuatro padres de la Orden del Dragón rogó por auxilio a la Ciudad.

Mientras Equinoxia se marchaba confiada de regreso a Anagj-Khudrum y Los Dracidas debatían si debían o no ayudar a Ungwing, Kurkox, hecho una piltrafa humana se arrastraba muy sigilosamente en dirección a su amada Jade Thagvari bajo las radiantes estrellas del primer día de primavera.

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