sábado, 9 de abril de 2016

Ishtol y Mísinas


 Un muy breve relato sobre el Inicio de todas las cosas. Aunque tambien puede considerarse una primera historia de Amor entre dos Seres en el universo de Balbania. 
Antes del Gran Cisma solo estaba Ishtol, la llama ardiente del inicio. Todo lo que vino luego tuvo parte de él y su Gran Obra no ha terminado. Pero cuando así sea se elevara de su trono ardiente más allá del Círculo y se sabrá que todo lo acontecido ha sido bueno y justo. Entonces las criaturas hallaran sumo regocijo cuando la espada de fuego que blande ilumine el camino de la gentil retirada de regreso a su regazo. Pero el momento de tal suceso a nadie ha revelado y Mísinas teme ese día con aciago desespero. 

Ishtol moraba en soledad antes de que cualquier cosa fuera hecha. Pero entonces ya su mente estaba inquieta, pues su llama crepitaba ansiosa por hacer y se alzaba en rubicunda algarabía que no encontraba espacio donde ser. Y este pensó en una Obra de suma magnificencia que diera sosiego a sus deseos. En esto se encontraba Ishtol cuando Mísinas, la estrella Amatista le encontró vagando en soledad. 

Ella venía de muy lejos, dijo. De El Otro lado del Círculo donde el Vacío le desconcertaba. Había llegado a él siguiendo su brillante candil. Pues hasta entonces Mísinas solo conocía la sombra y la soledad acuciante. Odiaba los gélidos vientos que soplaban allá donde tenía hace tiempo su morada y ya no deseaba rondar penosa en la bastedad de las tinieblas. Pero el punto luminoso que había percibido esperanzada, como un faro durante la más umbría tempestad, ahora le dañaba los ojos y la confundía estando próxima. Pues Ishtol y su luz desnudaban todas las cosas y las mostraban tal y como eran. Pero a Mísinas no siempre le gustaba lo que ese candil tendía a rebelar.  Apenada, la dama de ojos amatistas lloró lagrimas de plata y echada sobre sus rodillas rogó que aplacara sus fuegos porque no soportaba verle a la cara. Más al mismo tiempo no concebía la idea de abandonarla o no verlo nunca más.

Piadoso y comprensivo Ishtol aplacó su fuego. Pues Mísinas era hermosa y le agradaba su compañía. Entonces la dama llenase de júbilo ante esto y construyó para los dos un hermoso palacio de Cristal donde ella vestía de plata para él y por un tiempo incalculable los dos moraron juntos allí entregados a las bondades del cariño mutuo y el amor de dos seres solitarios. Pero Ishtol no deseaba estar ocioso y aun su mente inquieta no olvidaba su Gran Obra.

Entonces le dijo a Mísinas que debía ser muchos y no ya uno solo. Tal era la única forma en que podía llevar a cabo su Gran Obra. Pero Mísinas no comprendía su propósito y cuando Isthol le rebeló el mismo ella se dobló en miedo y dolor. La obra, pensaba Mísinas era en verdad hermosa y magnifica, iba más allá de lo que aun ella pudiera imaginar. Pero era totalmente incapaz de comprender el propósito de su final. Y la angustiaba que las cosas, como eran, dejaran de ser y que todo se perdiera de nuevo entre las sombras del mundo. Ishtol entonces le repitió sus propósitos y añadió que cuando eso ocurriera todo volvería a su regazo nuevamente. Pero Mísinas no confiaba en que esto así ocurriera pues ella conocía la verdad sobre el vacío imperecedero y dijo "Cuando todo vuelva a su sitio, por mucho que sea tu poder ya no será igual. De la misma forma que lo que se rompe, remendado, no puede volver a su forma original" 

"Tal es exactamente mi propósito. No será igual, será mejor pues se nutrirá de cosas nuevas que ni aun tu puedes prever y en eso residirá la belleza de mi obra."

Más no quiso saber Mísinas sobre  los trabajos que planeaba Ishtol y le pareció cruel. Pues ella no tenía deseos de nada nuevo ni inquietudes similares. Entonces Ishtol rebeló a ella su luz radiante nuevamente, esperando que ella así comprendiese. Pero ahora la luz la lastimaba aun más que antes y era incapaz de soportarla. Porque veía que ya muchas cosas no eran como antes y esto la turbaba de sobre manera. Despreció estas cosas y llevó el palacio de Cristal al otro lado del círculo y allí se hizo una con el vacío. Pues este le resultaba ahora confortable dado que nada en él podría cambiar para bien o para mal. Solitaria anduvo desde entonces y se encumbro en el afuera hasta que el hambre y la locura dominaron su ser para siempre. 

Hambrienta tejió sus propios planes e intrigas esperando el momento oportuno para devorar aun a la llama ardiente y que todo volviera a la uniformidad del vacío donde su mente hallaba enfermizo sosiego. Pero entonces supo que había cambiado ella también, conociendo obras y propósitos prontos a sucederse y se odio a sí misma por no ser indemne al tiempo. Se devoraría todo lo hecho, aun a ella mísma al final de los días. Y este último propósito domino sus actos desde entonces.


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