miércoles, 8 de junio de 2016

El Hechicero de Gadrass-Nun 3



El Pasado

Primavera del año 4200

Capítulo 1
Represalias

¿Qué podía salir mal?  Se habían marchado de allí convencidos de que el lugar estaba a salvo. Se habían marchado seguros de haber hecho un gran primer trabajo como compañía Dracida. Los malos estaban muertos, los buenos estaban vivos. Habían vencido  a esos espectros.
 
Ipsis tenía los ojos puestos en los tejados de Khadar. El pueblo que ella y su compañía acababan de salvar. Sus pequeñas casas de madera estaban apiñadas en la ladera de las montañas. Detrás de las estribaciones al norte, cubiertas por densa bruma yacían las colinas de Darbis. Todo lo que estaba a la luz había adquirido una tonalidad fría y azulada debido al ocaso y la nieve acumulada.

La Dracida de Dalstein aprovechaba los últimos rayos de ese día tímido. Un día que se había ocultado entre las nubes graves que dominaban el firmamento y los picos nevados y filosos de las Sorrim. La gran cadena montañosa al oeste. Sobre sus valles, piedras y arroyos se derramaban las últimas gotas de sol. Aquel inicio vibrante de primavera había quedado hecho girones a medida que se acercaba el ocaso.

Apoyada en una roca de forma cónica, la mujer de ojos celestes y piel pálida como las nubes sobre su cabeza intentaba concentrarse. Tenía pensamientos que la inquietaban con respecto a los asuntos acaecidos allí solo unas horas atrás. Y aunque los miembros de su compañía habían dado estos por resueltos en ella persistía cierta inquietud que la había privado del sueño del que gozaban los demás miembros del grupo. Fue por eso mismo que decidió hacer la primera guardia de aquel día. 

Ipsis nunca se había considerado a sí misma una gran viajera, ni era una Dracida en busca de la fama que otorgan los hechos de armas. Se había pasado la mayor parte de su vida en el santuario, afanada en las materias que a su orden le competen. La vida, la muerte, sus  expresiones y sus límites. En su trabajó siempre había sentido una imperiosa necesidad por la soledad. Y aunque oficiar de Capitán de una compañía de Dracidas la alejaba de esta posibilidad había aprendido de un viejo  amigo a siempre encontrar un momento en el cual estar sola con su alma.

Las jornadas que pasaron junto a Nehuen, Loitar y Lily habían sido agotadoras. Ninguno se quejó cuando ordenó detener la marcha de regreso a tan poca distancia del pueblo de Khadar. El mero hecho de llegar hasta allí fue en sí una travesía. La batalla con aquellos espectros luego y el asunto del lago una obra que atribuía más a la suerte que a su misma destreza. Tenían derecho a descansar.

Desde que se sentaran allí, sobre la colina, Ipsis no dejaba de pensar que bien podía haber rechazado el trabajo. Su lugar estaba en el Santuario o muy lejos en el sur junto a su hermana Navalir. Más cuando le comentaron que la misión tomaría lugar muy cerca de ese país sintió un interés más hipnótico que académico. 

Bien podría haber fingido sorpresa al leer el nombre “País de Agargul” en el mapa que llevaba consigo mientras estudiaba de qué forma salvar Khadar. Ese caserío de gentes pobres estaba a menos de dos kilómetros de aquel paramo estéril. Y en algún lugar, detrás de la bruma y las colinas rocosas que se elevaban sobre Khadar estaba el viejo camino que llevaba…

-          -Jefa…- Dijo Lily tocándole el hombro con suavidad. – Ya terminó su turno.
Ipsis salió de sus cavilaciones. - ¿A quién le toca ahora?- Preguntó.

-          -No lo decidimos todavía…Nuestros fuertes y gallardos Dracidas están durmiendo como troncos.
Siempre había problemas a la hora de decidir quién haría la siguiente guardia. Sobre todo cuando ningún peligro real andaba cerca. Por lo que, en estos casos, Nehuen, Lily y Loitar lo resolvían con un juego de dados. Ipsis oficiaba como árbitro asegurándose que ninguno usara sus poderes para hacer trampa. Pero esta vez, Ipsis se hallaba muy cansada y convencida de que el asunto se había resuelto se echó a dormir. Lo último que escuchó fue a Lily quejarse ante Nehuen. La exploradora sería la centinela esta noche y eso resultó fundamental.

***
Ipsis no supo que la despertó primero, si fueron los gritos de aquel hombre o las campanas de alerta retumbando en el valle. Inmediatamente la Dracida tomó su cayado blanco y se incorporó. Pero se encontró rodeada de una neblina tan densa que apenas si podía ver los alrededores de la colina. Nehuen y Loitar estaban de pie también, pálidos. Los gritos se hacían más fuertes y audibles a cada segundo. En algún lugar un hombre jadeaba y pedía por auxilio.

-          -¿Dónde está Lily?- Preguntó Ipsis.
-          -Se debe haber ido a la taberna como hace siempre…- Dijo Nehuen.
-         -Te dije que era muy joven para traerla con nosotros. – Siguió Loitar quien había tenido dudas sobre Lily desde que vinieran del Santuario. Demasiado dada al juego y la bebida.

Como eyectado desde la neblina misma un hombre se desplomó sobre Nehuen. Todos llevaron una mano al pomo de sus espadas cuando lo vieron. Pero al instante dieron con que lejos de ser una amenaza era un anciano aterrorizado de ropas raídas. – Por favor…tienen que volver…tienen que volver…- Gemía el hombre calvo. Sangraba por la boca y tenía un ojo morado. El otro, sano, era de un color azulado tan intenso que hasta parecía brillar en aquella intensa oscuridad. Tenía evidentes señales de golpes y cortes por toda su figura, como si un lobo feroz hubiera intentado devorárselo.

-         -Ilion me envía…- Dijo jadeando. – Han vuelto…deben venir conmigo… ¡No se vayan! No estamos a salvo aun…

Loitar notó que el hombre se hallaba aterrorizado. Temblaba y se trababa en sus palabras como si estuviera congelándose. Buscó en su morral de Medico Dracida y le extendió una pócima, pero el hombre la rechazó con un ademan. – Preocúpate por mi luego hijo…- Dijo con la voz temblorosa
 – Es un desastre allá. No hay tiempo que perder. Síganme. Es por allí…

Al decir esto último extendió su mano en dirección al este, es decir al camino que pasaba por debajo de la colina. Pero para desconcierto de todos allí, tras un sonido filoso y fugaz notaron que una flecha acababa de atravesarle la palma de la mano y ahora negra sangre brotaba de ella como de una fruta exprimida. El anciano, incrédulo, miró su mano con la saeta clavada. Un gesto estúpido le asomó por el rostro. Antes de que cualquiera de los Dracidas pudiera actuar el acero de una espada le salió del bajo vientre atravesándolo por completo. A increíble velocidad, el filo se retrajo y en un movimiento ágil le seccionó la cabeza. Cuando esta tocó el suelo no era la de un hombre anciano, sino la de un sujeto completamente diferente. Tenía cabellos largos y barba abundante.

-       -¡¿Que no saben reconocer una puta ilusión cuando la ven?!- Dijo la voz de Lily parada detrás del cadáver.
-         - ¿Qué…?- Empezó a modular Loitar.
Lily estaba vestida con su capuchón verde oscuro Dracida, sangraba por la boca y la frente.

-          -Este roñoso me noqueó mientras hacía la guardia. – Luego se volvió a Ipsis. Estaba notoriamente cansada y herida. – Jefa, hay problemas en el pueblo, hace una hora apareció esta bruma y cuando iba a subir a avisarles este monigote salió de la nada y me dio una buena.

-          -Es Humano. Dijo Loitar tras examinar sus restos. – ¿Cómo hizo para dejarte en el suelo?
-          -Me agarró por la espalda. Debería haberlo oído, lo sé…soy de Bilingord. Nunca nadie nos toma con la guardia baja. Pero este lo hizo, no sé cómo ni porque, pero lo hizo exactamente después que apareciera esta cortina de niebla. 

Ipsis calculó por unos breves instantes sin decir palabra. – Vamos, pero en fila india y sin separarse demasiado. Lily, guíanos.

***
Si alguien quiere encontrar un camino en mitad de la noche en las peores condiciones meteorológicas o bien se queda en su casa hasta que pase el temporal o trae consigo un Dracida de Bilingord. Aun uno tan joven e inexperto como Lily de Oldbride Town. La Jethi no parecía conmovida por la paliza que le acababa de dar ese humano. Y herida en su orgullo corría con el arco en su mano diestra. Tenía los ojos hacia adelante y avanzaba priorizando su cobertura a cada paso. Su agilidad innata le hacía difícil a los demás seguirle el paso. Podía saltar obstáculos como raíces, o piedras en el camino semi abandonado sin verlos con sus ojos. Los Dracidas de Bilingord desarrollaron algo similar al sonar de un murciélago con su rettem. Saben con antelación que hay adelante aun en la más opresiva e impenetrable oscuridad. Detrás los demás trastabillaban y se dirigían a Lily de formas tan entusiastas como irreproducibles. Pero la pelirroja no hacía caso y andaba.

En fila  los Dracidas pasaron bajo los árboles que se arrimaban al camino, sus raíces retorcidas crecidas a los costados del sendero, sus copas desnudas de cara a un cielo de estrellas veladas. Cruzaron el puente de piedra sobre un arroyuelo de aguas oscuras y llegaron al otro extremo agitados. Sobre ellos se elevaban las paredes del valle de Khadar, pero ningún pueblo podían ver delante. Solo más de aquel inquietante manto blanco. 

-          -¿Y el pueblo? – Dijo Nehuen.
-          -Estoy bastante seguro que estaba acá…- Dijo Loitar.
-         - Esta… Aun se escuchan las campanas- continúo Ipsis. Luego, de pronto insegura preguntó:
-          -Esta ¿No Lily?
-          -¡Claro que sí! Pero ni mis sentidos agudos pueden terminar de penetrar la neblina. Esto es obra de Hechicería Jefa.
-          -Y de una poderosa…- Murmuró para sus adentros Ipsis. – Mease Loitar ¿Podrías intentarlo?
-          Con gusto.

Y si uno quiere transformar un día horrible en uno de sol llama a un Dracida de Sigmund. Bueno, más o menos. Aunque para cambiar el clima de Balbania se necesitarían un par de Dioses bien dispuestos, los Dracidas de Sigmund son quienes pueden controlar y manipular los elementos de la tierra como les parezca apropiado, siempre y cuando se trate de algo importante. Loitar tal vez no podría cambiar las temporadas pero una niebla molesta no era rival para él. 

El muchacho alto y gesto afable hizo una serie de extraños ademanes que no venían al caso y que nada tenían que ver con lo aprendido en el santuario. Pero además de afable era también algo arrogante.  Después de unos cuantos fuuu! Y faa!!! Y  jiii Ipsis lo reprendió:
-          -Al punto Loitar…
-          -Perdón…

El Jethi de Sigmund formó un arcó con ambas manos y como improvisado Moisés abrió la neblina. Pero lo que hallaron detrás de ella estuvo lejos de ser tan divertido como sus morisquetas.
***
Primero les alcanzó  un resplandor fueguino, ardiente y crepitante. Sobre sus cabellos y trajes una densa capa de cenizas descendió con la gracia característica de un incendio. Las llamas se estaban devorando el pueblo, se alzaban tan alto que parecían querer quemar los pies de las estrellas. Trepaban entre los cimientos, hacían reventar los cristales de las ventanas y consumían estructuras por entero. En las calles la gente corría en todas las direcciones, intentando escapar de los derrumbes. Sobre la torre de la alcaldía un hombre mayor todavía imprimía toda la fuerza posible a sus músculos para hacer sonar la campana. 

Pero el calvario no se reducía solamente al grave incendio. En la plaza principal que habían conocido solo tres días atrás se alzaban tres altas cruces. En ellas tres hombres yacían cautivos, tanto de la madera como de las llamas que llevaban algún tiempo consumiendo su figura. Allí donde el fuego era mayor los restos carbonizados de sus víctimas aun pendían de las cruces.

Ipsis se vio sobrepasada y por un momento no tuvo la menor idea de que hacer. Su compañía era joven y aun inexperta. Ella misma se sentía así ahora. Nunca había estado expuesta a semejante situación. No había nada que su Rettem pudiera hacer una vez la masacre había sido consumada más que admirar sus consecuencias.

Parados en fila frente al desastre los cuatro estaban mudos. Se habían marchado de allí convencidos de que el lugar estaba a salvo. Se habían marchado seguros de haber hecho un gran primer trabajo como compañía Dracida. Los malos estaban muertos, los buenos estaban vivos. 

-          -Saludos y buenas noches caballeros. – Dijo una voz detrás de ellos. 

Al instante los cuatro se voltearon, cada uno con su arma en mano. Allí en el puente un hombre se apeaba sobre un caballo negro. Parecía joven, tenía cabellos cortos castaños y vestía un largo manto negro. Un arete de extraña simbología pendía en su oreja derecha, de plata que brillaba producto del incendio. Su gesto era el de un hombre satisfecho y seguro de sí mismo. Cargaba un mandoble a sus espaldas. 

Escoltándolo un grupo variado de hombres de aspecto salvaje le rodeaba. Parecían todo menos soldados. Llevaba armas rusticas y pieles extrañas.

-     -Lamento deciros que no hay nada que puedan hacer ya por las gentes de este pueblo, ratas de alcantarilla…

Los ojos de Loitar relampaguearon, su rostro se volvió en una mueca de profunda indignación. Sabía reconocer a uno de su misma orden cuando lo veía. Se abalanzó hacia adelante gritando:
-         - Pedazo de mierda te voy a…- Ipsis lo retuvo extendiendo su cayado para impedirle el paso.
-         -Yo hablo Loitar.- Dijo la Dracida clavando la mirada no menos furibunda en el sujeto.

-        -¿Realmente pensaron que su presencia en este valle iba a pasar inadvertida? Vaya que se tienen confianza caballeritos…- Dijo el Dracida de negro mirando directamente a Loitar. 
-    
     – Lamentablemente no es así. Hay ojos y oídos por todo este hosco y frío lugar. Supongo que la jovencita de cabellos colorados ya está al tanto de eso. Su oportunidad de triunfo es nula. Nadie les apoya.

-          -¿Quién es usted? – Dijo Nehuen con la autoridad de un juez en su voz.
-         - Oh…Un Juez Dracida de Frigord. Mis saludos Señor Nehuen. – Hizo una breve e irónica reverencia. - Mi nombre es  Shader, de Kaggink. Hijo de una madre puta y un padre borracho. Dracida de Sigmund a sus órdenes. 

-        - He venido a demostrarles como acaban las cosas cuando alguien se mete en los asuntos que no son de su incumbencia. Por suerte para ustedes será una demostración breve. –  Dio una orden en una lengua extraña. Los hombres que le escoltaban apuntaron a los Dracidas con ballestas. – Que Heills se apiade de sus almas.

Los hombres accionaron las ballestas y sus mortales saetas volaron hacia los Dracidas tan pronto como presionaron el gatillo. Surcaron el aire cargado de cenizas y chispas en busca de sus cuellos. Ipsis hizo un ademan con sus dedos y las mismas quedaron congeladas en el aire, inmóviles e impotentes cayeron al suelo. No tuvo que decirle a su grupo que era lo que debían hacer inmediatamente después. 

Se arrojaron sobre los extraños y fornidos sujetos con todo el ánimo homicida que hallaron en sus cuerpos. El Rettem fluyo de inmediato en los músculos de los cuatro, liberando su providencial energía puesta al servicio de la batalla. Nehuen se cargó a tres con un su masa de combate, golpeándolos con su fuerza descomunal. Molares volaron acompañados por la sangre de sus víctimas, rodando por el suelo como los dados de una partida de generala. 

Ipsis los derribaba con su cayado golpeándolos en las piernas y rematando con un ataque firme de su argenta espada forjada en Nargh-Zull. Lily disparó una flecha directo al jinete que había hablado. Pero este, de su misma condición solo lanzó un ataque cobarde para cubrir su propia huida. Manipulando el viento en su favor desvió el disparo y se echó a la carrera con su caballo por donde había venido. Lily se abrió paso con su espada entre los enemigos con la intención de seguirlo, después de todo era la más rápida de los cuatro.

Loitar vio que la mayoría de los enemigos se habían vuelto hacia Nehuen, por ser el más fuerte y grandote de la compañía.  Deseoso por ayudarlo lanzó un rayo, como relámpago de fracturada figura atravesó sin piedad el pecho de dos de ellos, provocando que sus ropas ardieran en llamas súbitamente y sumiéndolos en el negro sopor de la muerte al instante.

Sobrepasados por la habilidad de los Dracidas los hombres salvajes restantes intentaron huir. Lily disparó una última flecha en dirección al jinete. Se tomó su tiempo a pesar de la distancia y de la oscuridad buscando una buena oportunidad de herirlo. Soltó la flecha de su arco y escuchó el alarido a lo lejos, pero no del jinete sino del animal. Este se desplomó en la curva y Shader quedó atrapado bajo él. Lily fue hacía él.





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