miércoles, 8 de junio de 2016

El Hechicero de Gadrass-Nun. Prólogo II

EL PRESENTE

Otoño del 99


de manejar en esta ciudad de mierda...
Roy Orbison interpretaba Pretty Woman en una grabación de la FM WALK. La radio que Ipsis tenía sintonizada esa noche en su Ford. Una ligera llovizna caía sobre la ciudad de The Kings Valley, el cielo se veía casi purpura producto de las luces de la metrópolis más grande del norte de Himburgo. Sobre la Avenida los Gallegos Ipsis había detenido su auto frente a Video Lanzadera, la famosa cadena de Video Clubs que se caracterizaba por su casi guarango estilo amerikano de decoración.

Un Mc Dowals de Películas pensó la mujer tras tomar su cartera. Nunca antes había ido allí, pero Darril había caído víctima de una gripe y le había tocado a ella ir a alquilar la película que verían esa noche. Aunque los Zombis Ninja no era precisamente algo de su gusto, tenía sus muy privadas razones para querer ver esa película. 

Sobre la Avenida principal de The Kings Valley los autos pasaban de a decenas. Dejando tras de sí una fina cortina de agua en el asfalto. La lluvia le daba a la ciudad esa tonalidad lustrosa, como recién lavada que a Ipsis le gustaba. Había llegado a acostumbrarse a The Kings Valley. Siendo, por decir así, una chica de campo nunca pensó que podría soportarlo. 

Cerró la puerta de su Ford y cuando se dirigía hacia el interior del local alguien la chocó por accidente. Ipsis no llegó a ver su rostro, pero llevaba un traje gris de aspecto costoso y una bufanda color azul. Se guardo sus puteadas para sí. La gente de esta ciudad era capaz de acuchillar a alguien por las razones más estúpidas que a uno se le ocurrieran. A pesar de tener el orgullo de ser la más grande y cosmopolita de las urbes de Himburgo, Kings Valley también ostentaba el mayor número de homicidios y robos en todo el país. Por suerte para Ipsis ella vivía a las afueras en un barrio residencial llamado Wood-Pines. Y aunque no estaba exenta de problemas cualquier cosa era mejor que vivir en The Kings Valley, sobre todo en tiempos de crisis económica.

La mujer, vestida con jeans y zapatillas cargaba un largo abrigo celeste. Además de su carnete de socia llevaba allí algunas cosas un poco más útiles y peligrosas. Por muchos años había intentado librarse de la odiosa costumbre de salir armada a la calle. Además estaba segura que a un pandillero armado con una 22 no le intimidaría demasiado una espada. Pero hay hábitos que la gente como Ipsis no se puede dar el lujo de perder ni en un millón de años.

Cuando ingresó a Video Lanzadera la cadena la recibió con sus carteles de novedades y estrenos. Sus estanterías rebosantes de caramelos, pochoclo, chocolates y cualquier cosa menos productos saludables. Parada frente a la caja empezó a buscar con sus ojos la clasificación adecuada para algo cuyo título era “Zombies Ninjas” ¿Sería terror? ¿Acción? Aunque no era asidua al lugar le había pasado en librerías encontrar El Señor de los Anillos en la parte de Ciencia Ficción. O Historias de Terramar en “infantiles”  Ni hablar de la ultima noverdad sobre Vampiros en "Clasicos Modernos"

Si había un trabajo que ella sabía hacer bien  era ser bibliotecaria. Ipsis era una persona que no podía concebir la vida sin clasificar las cosas en un orden claro y conciso. Sean películas, libros o cosas un tanto más tenebrosas. Iba a preguntar a uno de los empleados con su uniforme azul y blanco cuando alguien la aferró por un brazo. Ipsis giró algo consternada.

-          -Disculpe señora. - Dijo el cura de cabellos oscuros rapados y piel muy pálida. Tenía acento Helleniano pero hablaba bien el Himburgues. 

-          -¿Sí? – Contestó Ipsis tras examinarlo con el mayor disimulo posible.
-         - Estoy buscando la sección Religión. ¿Sabe donde esta?

La mujer hizo un rápido examen de todos los carteles y señalo hacía el fondo del local. El hombre le agradeció. Ipsis estuvo contenta de que no quisiera sacarle charla, pocas cosas la incomodaban más que los extraños. Cuando vivía en el sur solo tenía que lidiar con ellos cuando iba al  supermercado del pueblo. En The Kings Valley la gente tenía la costumbre de ponérsele a charlar.

Aliviada, Ipsis se decidió por la sección de acción. Encontró la cinta que buscaba, abonó en la caja, dijo gracias y buenas noches con la más falsa sonrisa que sus músculos pudieron generar y volvió al auto. No le tomó demasiado tiempo descubrir que detrás de su Ford un Haudi negro había aparcado. Cuando ingresó en la cabina vio al hombre de traje gris ingresar al carro detrás y poner el motor en marcha. Llevaba la bufanda azul que había visto antes. 

Tal vez fuera que no se acostumbraba a vivir con tanta gente alrededor o el hecho de que le había empujado unos minutos antes. Pero le resultaba algo sospechoso. Pensar en la posibilidad de un secuestro exprés no era descabellado. A pesar de ser una mujer dueña de una mente casi infalible había caído presa del pánico gracias a su esposo. Devoto de una nueva religión humana llamado Medios Masivos, muy en auge en ese entonces. Ipsis prefería FM WALK o aun COUNTRY LOCO. Cualquier cosa menos un noticiero. 

Dejó sus pensamientos aparte y arrancó hacia la autopista Primer Ministro Alsidus Omar. Condujo con la calma de siempre y se desentendió de todo mientras escuchaba el especial sobre Roy Orbison de esa noche. La voz fantasmal cantaba I Drove all Nigth mientras Ipsis tomaba el acceso a la Omar y allí se unió a aquella masa de autos y camiones con acoplado que formaban el transito usual alrededor de las 20:30 horas. Las luces de las enormes torres del centro de la ciudad se elevaban sobre la noche lluviosa como pilares sombríos  a media luz.

Los carteles de publicidad se deslizaban hacia atrás con sus gigantografías sobre programas de televisión, cadenas de comida rápida y compañías de celulares. El Futuro pensó como siempre lo hacía cuando le tocaba manejar por la ciudad. Esto es el futuro que tanto tiempo esperamos ver entonces. Video Lanzadera, Mc Dowals y novelas de televisión…Creo que me quedo con los Blondies violadores...

El Haudi estaba detrás de ella. De forma muy descuidada no había visto su patente, pero podría ser el mismo. La ansiedad que caracterizaba y escondía Ipsis hace unos años a Darril empezó a formar un cuadro de historias de espías y organizaciones secretas en busca de ella. Se mordió el labio Vamos…cuantos Haudis Negros hay en este país. ¿Cuántos toman la Autopista cada noche de viernes? Dedicate a manejar. Es más probable que te hagas mierda en la autopista por pensar pelotudeces.

Pero el Haudi negro no se alejó ni tomó otra ruta. Cuando ingresó en Wood Pines le vio detrás de un Wolks blanco. Su ansiedad comenzó a crecer de manera exponencial. Buscó en la guantera un paquete de cigarrillos que su esposo había dejado allí. Un médico le había dicho una vez que el tabaco calmaba la ansiedad. Tomó la caja de Amerikans roja y blanca y se prendió el cigarrillo con el encendedor del tablero. E incapaz de contenerse pegó un suicida giro en U que despertó la alarma de los conductores como también una catarata de puteadas y bocinazos. Producto de la lluvia el auto por poco se sale de control y las gomas chirriaron como un coro de alimañas en llamas. Tomó el carril que iba en sentido contrario y observó los movimientos del Haudi. Este siguió al sur por Garret Street hasta perderse lejos de su vista.

Ipsis paró el auto y se desplomó en el asiento. Vio sus ojos azules en el espejo retrovisor y puteo a sus adentros. Tenía que aprender a controlar esa ansiedad. Tal vez con un analista. ¿Sueña Mina? Oh los sueños sobre monstruos y espectros son muy comunes. Puso en mute la radió y se quedó allí fumando, escuchando la lluvia y el rugido distante de la autopista con las llantas de los vehículos marcando el repetitivo ritmo. Tal vez no fuera tan descabellado ir a un Psicólogo. Quizás podría hacer el tratamiento contando medias verdades o simplemente narrar los eventos que había vivido con otros nombres y figuras. Pero además de ser quizás demasiado complicado fingir algo así se sentiría, como siempre, una importante pelotuda. Odiaba sentirse examinada. Volvió a poner en marcha el motor.

***
Cuando llegó a casa encontró la puerta abierta y vio al Haudi negro estacionado justo delante del porche de su vivienda. Ahora sí…es un buen momento para el Pánico. Sacó por debajo del asiento una pistola Whalter PPK.  Cargó el arma y le quitó el seguro. Salió del Ford y caminó hacia el frente de su casa con un nudo denso en la garganta. La Whalter estaba escondida en su bolsillo delantero. Su peso y el frío del metal era algo que no sentía en muchos, muchos años. Su cuerpo y su mente se prepararon  para el encuentro. Su vista se volvió algo más aguda, sus músculos  se endurecieron para poder soportar los golpes. 

Cruzó el Jardín y llamó en voz alta:
-        - ¿Darril? ¡Darril! Te vas a cagar muriendo de esa gripe si dejas todo abierto. Dijo Fingiendo normalidad. Una silueta emergió por la puerta. Un sonido imprevisto casi la hace sacar la Whalter del bolsillo. Era un estornudo de su prometido, parado en el marco de la puerta.

-          -Deja de exagerar…iba ir a comprar cigarrillos porque alguien anduvo de paseo en el auto donde los deje. – Dijo Darril.

-         - Como si no hubiera escuchado antes eso de “Me voy a comprar cigarrillos”. – Dijo Ipsis, olvidando el Haudi, la paranoia y la ansiedad. Era su cabeza la que estaba mal. Ya estaba en casa.
-          -Me descubriste. Contestó Darril sonriente. Ella le dio un beso sencillo en los labios. 

-          -Te traje tu porquería. – Le extendio la película.

Darril no le contestó. Ipsis se dio cuenta de inmediato que miraba por sobre su hombro ahora y parecía… ¿Asustado? ¿Curioso? - ¿En qué puedo ayudarlo señor? Dijo. Ipsis se aferró de nuevo a la Whalter y se volvió hacia atrás lista para lo que sea. El sujeto de bufanda azul y traje caro estaba justo detrás de ella. Llevaba un paquete envuelto en papel madera en una mano.

-          -Disculpe la molestia. Dijo con un acento que Ipsis le resultaba familiar. Al verlo a la cara no podría adivinar su edad. Pero sin duda era uno de ellos. El corazón le subió hasta la garganta y tuvo que luchar por parecer normal.

-       -¿Es esta la casa de Mina Whiddens?- Dijo amable el hombre de cabellos oscuros largos y ojos marrones de mirada calma.
-          -Soy yo. Que quiere. – Contestó Ipsis poniéndose delante de Darril para protegerlo.
-          La Señora Liavenna Enarrmar le envía esto. – Ipsis tomó el paquete.
-          -Que tengan buenas noches.

El hombre de la bufanda subió al Haudi y se marchó.

***
Con ese nombre parece que te lo hubiera enviado una Bruja… Dijo Darril más tarde y no estaba muy lejos de la verdad. Ipsis no disfrutó demasiado esa noche ni de la comida y ni hablar de la película. Pero tendría una función privada tan pronto como Darril se durmiera. Porque en el paquete de papel madera había un VHS con una etiqueta que decía  Teniente Erickson. 83

Una vez Darril estuvo roncando, Ipsis se deslizó de la habitación a oscuras y cerró la puerta tras de sí. Tomo el casete de larga duración. Uno de esos que pueden albergar  hasta 3 horas. Parece que si va a ser noche de películas después de todo… Introdujó el VHS en la videograbadora y la luz azul del sistema tomo la pantalla. No hubo anuncios de estrenos, tampoco el logo de Flacsovideo o el texto obligatorio al inicio de cada film. Solo una pantalla gris con logo y letras Militares:

Departamento de Inteligencia Militar

ARCHIVO CLASIFICADO

#45 TESTIMONIOS CASO COCOON CLUB

Un hombre apareció sentado en una pequeña mesa de metal. Llevaba uniforme militar y en él podía leerse su nombre Teniente Hall Erikson. El hombre parecía no haber dormido en semanas, la forma en que sus dedos tamborileaban sobre la mesa le indicaba a Ipsis que estaba muy nervioso. Sus ojos se volvían constantemente a la derecha y luego al frente. 

-         - Entonces…- Comenzó a decir una voz fuera de cámara. – Usted afirma haber visto a esta mujer esa noche en el Hospital.
-          -Sí. Contesto el Teniente.
-          -Y está seguro que es la misma mujer que esa noche atacó a usted y a su unidad en el Club.
-         - Sí hombre, ya se lo dije.
-       - Como puede estar seguro. Estaba oscuro y el pueblo era un caos ese día. Había levantamientos civiles y manifestaciones en las calles. – Dijo otra voz de acento Helleniano.

-        - Mire, cuando usted le vacía un cargador a alguien y ese alguien ni se mosquea le puedo asegurar que se va a acordar su cara toda la puta vida. Era como si no sintiera dolor o miedo. Solo caminaba y arrollaba todo a su paso. ¿Entiende? Como un tanque soviético.

Ipsis sintió que algo dentro de ella se movía al escuchar esa descripción “Como un tanque Soviético”
-          Cuéntenos de nuevo, usted estaba…- 

-        -Estaba en el Ford Falcon de Howar esa noche frente al Tronador Hills, el Hospital de Fixa Town. ¿Qué podía salir mal? Era una pendeja de no más de 23 años internada en una cama semi muerta. Ni siquiera íbamos a hacerlo nosotros. Howar convenció al Medico que la atendía de hacer esa labor por nosotros. Habíamos hecho todo bien, no había nada que pudiera salir mal....





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