El Ritual de los Condenados IV
Capítulo IV Cada Bala tiene un nombre El Haudi Negro se detuvo en la pasarela oriental del río Margun. Desde la ventanilla rota del auto Crisald podía ver los viejos mataderos que se levantaban de ese lado del mismo y la baja Blondres, aquella mitad de ciudad destinada a los pobres, los trabajadores, los delincuentes y los inmigrantes. Era usual en los pertenecientes a las clases altas considerar el Margun y sus puentes una especie de frontera entre dos sociedades bien distintas. En el sur comían choripan en puestitos de la calle, vivían en edificios grafiteados y con forma de cajas de zapatos, se drogaban en la vereda y formaban bandas criminales. En el norte vivía la "gente bien" que visitaba los bancos para depositar o retirar dinero y no para asaltarlos. Que comía en los restaurantes caros del nuevo puerto transformado en una especie de Shopping con vista al río (no lejos de donde Crisald se encontraba) y qu...