Los Emperadores de Auksamaar V
Primera Parte Aquí Segunda Parte Aquí Tercera Parte Aquí Cuarta Parte Aquí La Caída De Narg-Zhul Solo y en medio de viejos despojos de batalla, Kurkox salió del pequeño arroyo donde por poco se ahoga. Se arrastró hasta la orilla como un animal herido y se tendió boca arriba respirando con dificultad. Sus quejidos apenas alcanzaban a perturbar el silenció grave de El Valle de los Reyes y sus estatuas de eternos durmientes. Exhausto como estaba tras la batalla y francamente a punto de la muerte sus ojos se tornaron a las estrellas sobre el palio oscuro de aquella noche de primavera. Como dijimos, en Kurkox el fuego del Dragón ardía más que en nadie sobre esta tierra. Sin embargo tal vez su verdadero poder no estaba solamente en la fuerza de sus golpes sino en su irrepetible capacidad de levantarse aun luego de semejante paliza. Si algo realmente aterrorizaba al hermano menor de Bilingord era la incapacidad de llevar a cabo sus propósitos. Cada paso en falso, fraca...