domingo, 7 de abril de 2013

El Ritual de los Condenados XXV

Capítulo XX

Un Mal Día en Oldbridge Town



Música
Hub Becker estaba sentado en su oficina administrativa en la planta de despacho de la Goodyes. La vieja radio Silco sobre el archivero anunciaba otra venida de lluvias y tormentas sobre el área Rural de la provincia de Platino y probables chaparrones en la zona norte de los suburbios. Becker miró por la ventana y se maldijo a si mismo por no haber traído un paraguas desde su casa. Había sido un día muy bonito, como pocos en mucho tiempo. Pero el fuerte resplandor solar que iluminó los campos unas horas atrás murió con el ocaso y dio paso a una noche larga, fría y aguada. 

El sonido de los portones se escuchó hasta el otro lado del patio. Uno de los camiones de la empresa venía de un largo viaje desde Lambridge y estaba estacionado lentamente cerca del área de descarga. La gorra roja de Bob Walton, camionero con más de 15 años en la empresa se podía ver asomando desde la cabina. La pintura amarilla del camión la hacia resaltar. Hub salió de su oficina a saludarle, era el ultimo viaje del día para Bob y tenían pensado ir en busca de algunas cervezas camino a su casa en el sur de Oldbridge. Pero tan pronto como Hub cruzó la puerta de su oficina vio una sombra arrastrarse por el muro, como bajando de él con mucho cuidado.  Bob también la vio y fue hacia el camión en busca de una llave inglesa. 

La Goodyes había sufrido algunos intentos de robo de mercadería en los meses anteriores, por lo que se había decidido poner un muro protector para la playa de estacionamiento de los camiones como ademas un par de guardias de seguridad privada. Sin demorarse mucho más, Hub fue en busca de los mismos temiendo que otra vez algún pobre diablo estuviera fantaseando con encontrar las joyas de la corona en el deposito de la planta.

Con su marcado sobrepeso y la panza contenida entre tirantes pasados de moda Hub Becker caminó entre los pasillos de la planta, un lugar para nada lujoso ni bien acondicionado. Un ambiente de machos, hierros, repuestos para los camiones, archiveros administrativos, cafés a medio terminar y cigarrillos abandonados en ceniceros de oficinas ya desiertas. Era tarde en la madrugada y la mayoría de los trabajadores se habían marchado a sus casas.

Hub llegó hasta la cafetería de la planta, pintada en un color verde espantoso y compuesta por mesitas de madera de baja calidad. Cerca de las planillas del menú posters de mujeres semi desnudas guardaban el ambiente, donde el único sonido que se escuchaba era de un viejo ventilador girando al mínimo de su potencia:
- ¡Custon!- Grito Hub. Pero no hubo respuesta. Se acomodo sus pantalones y fue a buscarlo al baño.
- ¡Custon! ¿Donde mierda te metiste?- Los pasos de Hub doblaron en el próximo pasillo hacia el cuarto de baño. Golpeó la puerta dos veces:
- ¡Custon! otro vago de Witters Alley se metió en la playa de estacionamien...- El sonido de un disparo grueso y apagado le llego a los oídos.  Gracias a Dios muy lejos de donde se encontraba. Pero Hub era veterano de guerra y sabía reconocer aun como sonaba una escopeta automática   

Decidido abrió la puerta. Solo su experiencia de más de 5 años en Alhastan pudo prepararlo para lo que vio. A los pies de los mingitorios cuatro hombres yacían muertos, tres de ellos decapitados, sus cabezas vueltas hacia arriba en un rictus de terror. Obviamente Custon estaba entre ellos, el brazo seccionado aun sostenía su arma 9 mm. El ventiluz del cuarto de baño estaba abierto, no había que ser Sherlok Holmes para saber que desde allí había ingresado un intruso. ¿Pero porque matar a los guardias de seguridad, esconderlos en el baño y luego salir de nuevo afuera al patio?

Era sencillo de adivinar si uno era un Jethi o un Vlaind. Cualquier arma blanca "inteligente" (tal y como Elmer) podría abrir el ventanuco y despanzurrar a cualquier pobre diablo sin sufrir un rasguño. ¿Pero quien llevo los cuerpos hasta allí  ¿O que los atrajo a todos al baño? No había rastros de sangre que llevaran desde el pasillo al baño. Obviamente Hub no reparó en estos detalles, porque era un hombre común. 

Hub salió de allí corriendo en dirección al teléfono en la cafetería. Los tubos de luz del pasillo pasaban a gran velocidad, la adrenalina provocó que la boca se le secara y el corazón se le agitara. Si bien el sargento Becker no recibió ninguna medalla por haber estado en el desierto luchando contra esos Hadjy si se llevó un millón de espantosas memorias y enfermedades provocadas por el síndrome de la guerra. Entre estas una insuficiencia cardíaca. 

Las manos sudorosas del pobre hombre intentaron tomar el tubo, se le resbaló entre las manos y lo cogió en el aire. Mientras marcaba con sus dedos gordos el numero de la policía vio la gorra roja de su amigo Bob venir desde la ventanita que daba al pasillo. Su bigote de camionero no lucia tan orgulloso como otras veces. 
- ¡Bob!- Dijo Hub. - ¿Por Dios que esta pasando?- 
Su compañero llegó al marco de la entrada de la cafetería con su vientre ensangrentado, sus gruesos brazos lo tomaban entre sus manos.
- Un idiota...esta..intentó..- Se sentó en una de las sillas.  En los oídos de Hub el sonido del pulso telefónico parecía perpetuarse una eternidad.
- Intentó robar el camión...pude darle con la llave en la cabeza...pero me alcanzó con un disparo antes. 
- Quédate tranquilo, ya viene la policía ..-  
El sonido de la puerta del pasillo abriéndose no tranquilizo ni a Bob ni a Hub. 
- Policía de Oldbridge Town- Dijo la voz de una mujer del otro extremo del teléfono. 
- Hola si, este, habla Hub Becker de la planta de Goodyes, algún enfermo acaba de...
El sonido del centro de comando de la Policía de Oldbridge al fondo de la comunicación fue interrumpida por una súbita estática.
- ¿Hola? ¿Hola?-
Hub creyó escuchar la voz de alguien o de muchos detrás de la granulada estática  pero no tuvo mucho tiempo como para reparar en ello.

Cuando la cara de su compañero Bob se convirtió en una de desamparo miró instintivamente hacia la ventana que daba al pasillo. Sangrando por la frente un hombre alto de tez caucásica y pelo bien peinado estaba allí.  Su mirada cubierta detrás de lentes oscuros a la moda, como si se tratara de un surfista californiano endemoniado. Su abrigo de cuero brillaba debajo de la luz blanca de los tubos y su brazo derecho se levantaba directamente hacia Bob apuntando con la escopeta.
- La llave. - Dijo roboticamente cuando entro a la cafetería. Hub todavía sostenía el tubo.
El camionero llevó sus manos a los bolsillos, pero el Caballero de Dios no tenía tiempo para el moribundo. Le disparó al pecho, sin piedad, sin contemplaciones y sobre todo sin necesidad. Aunque Karl estaba en un estado de "Gracia" demasiado nuclear como para recordarlo ahora, eso mismo había sucedido en la casa de los Larenthguer. Algo había provocado que en vez de matar a uno (el padre de Crisald) mataran a docenas. 

Sea lo que fuera aquello que hablaba con Karl ya se había devorado su cerebro. Se encontraba alojada como un parásito en sus cesos cambiando la paleta de colores de su realidad. Para el Jethi de Frigord era como experimentar un hambre que no deja de apretar en el estomago, un impulso violento  que desea llenar algún tipo de vacío en su persona y que para ello necesita, urge, de generar miedo y terror en los demás. Devorar sus voluntades para crecer y crecer hasta que sea momento de reventar y llevarse con ella todo el puto universo. 

Karl giró su cabeza hacia Hub. Detrás del Dracida apareció Elmer flotando a un metro del suelo.
Apresurese Jefe, la muchacha ya sabe que estamos aquí. 
- La llave. Repitió Karl a Hub. El hombre de mediana edad busco el llavero en el cinturón de su viejo y finado amigo y se la extendió, temblando como un niño.
- Que Dios lo bendiga. Dijo el asesino sonriendole sin mostrar los dientes y se marchó a la playa de estacionamiento. 
***

Daniela se gana sus Scooby Galletas



Música
La bruma se alzaba a los lados de la carretera. Rise, Daniela y Miranda llevaban caminando dos horas  luego del incidente ocurrido con la flecha dorada de Liavenna. La Jethi de Sigmund llevaba consigo a "La Niña", porque se había negado a dejarla abandonada en mitad del bosque de Pent. Esto provocó que avanzaran bastante más lento de lo que lo hubieran echo en condiciones normales. 

Otro contratiempo inesperado surgió luego de que levantaron sus cabezas de la canaleta. Cuando Miranda intentó encender su motocicleta (con la idea de ir al poblado más cercano y conseguir algún transporte adecuado para los  4 (porque la niña también contaba) la misma se negó a encender. Miranda cuidaba mucho a la "Niña", Rise no le había puesto ese nombre debido a que le recordara a la calavera de Colon. Sino porque efectivamente Miranda la atendía como si se tratase de un ser humano. Pero al no tener mucha experiencia con ese tipo de aparatos era Rise quien se encargaba de repararla o mejorarla. Los Jethis de Bilingord tienen aquel maravilloso don para manejar y arreglar cualquier vehículo o arma con la pericia de un experto. Sus amigos tienden a abusar un poco de estas cualidades de tiempo en tiempo...

En medio de las sombras del Bosque de Pent, en la carretera solitaria y fría  Rise la revisó por todos lados mientras Daniela sostenía la linterna y Miranda fumaba lejos de allí como esperando el parte medico de un familiar en problemas. Rise no encontró nada malo en apariencia, simplemente no arrancaba y ya. Para enojo de Miranda fue Daniela quien dio con la respuesta más plausible teniendo en cuenta el contexto 
-Tal vez esa cosa...la Flecha Rodada...
- Dorada, Flecha Dorada.- Dijo Miranda corrigiéndola.
- Bueno quizás eso le hizo saltar algún circuito.
- No, eso solo ocurre cuando se encuentran un Jethi y un Vlaind o cosas por el estilo, como paso en Troncor Street el día que escapamos de Karl. - Contestó Rise alcanzando el manubrio a Miranda para que llevase la moto consigo a pie. 
- No se. ¿Y si hubiera dos personas muy fuertes peleando aquí cerca?- Continuo Daniela, queriendo demostrar a Miranda que sus vacaciones con Rise no habían sido en vano y que era algo más que "un bicho raro".
- Pfff, por favor nena. Dijo Miranda con aires de superioridad.- He visto muchas peleas a lo largo de mi vida entre personas más viejas que este bosque y el radio de efecto de aquella onda magnética no supera los cien metros.

Daniela asintió  porque estaba consciente que Miranda nunca le daría la razón en nada. Aunque desde que salvo a su motocicleta la trataba con un poco menos de desprecio. Sin embargo no dejaba de desconfiar de ella.

Ahora habían pasado ya dos horas de aquel asunto y avanzaban en fila en dirección al norte. Rise tenía su escopeta sobre los hombros y su piloto verde se perdía entre los brazos de bruma que recorrían todo el lugar, cercado por los viejos e inveterados arboles de Pent. En su cara estaba patente una especie de satisfacción  como si se tratara de un Cowboy que viene de luchar con los indios y vuelve al pueblo para tomarse una pinta en el salón.

Daniela estaba sumida en sus pensamientos observando un extraño claro lunar formado en dirección al oeste y su cabeza no la dejaba tranquila. Mientras sus zapatillas transitaban el asfalto frío de la carretera y sus tobillos se enredaban en la bruma,  Daniela intentaba conciliar en un pensamiento coherente las sensaciones que invadían su cuerpo. Sentía que algo estaba mal, no particularmente allí, sino más bien en varios puntos.

La muchacha que Rise conoció en Troncor Street no era una chica callada ni abstraída,  era el entorno y las cosas que había visto en los últimos días lo que la había vuelto un tanto cerrada. Aunque la comparación era claramente maligna, Miranda no estaba tan equivocada al llamarla "E.T" por lo bajo. A menudo la encontraba mirando al cielo como embobada, con la blanca faz de la luna reflejándose en sus lentes.

Lo cierto era que en esos largos silencios Daniela estaba intentando utilizar lo poco que conocía de sus propios poderes para que le dieran una buena fotografía de la situación  Y si no lo dijo a sus compañeros de ruta se debía a que una vocesita en su cabeza le indicaba que aquello era lo más seguro para todos. Cosas peligrosas estaban sucediendo en muchos puntos de los alrededores, al sur, al este y al norte se concentraba una energía que a Daniela le era bastante familiar, bastante parecida al tipo de impresión que disparaba el padre Merry. Una suerte de fogata que se prepara lentamente para provocar un pavoroso incendio.

Cuando se encontraban en la camioneta, antes de que la misma volara por los aires había soñado con una hermosa flor blanca solitaria en un verde campo como de ensueño. Ese tipo de paisajes que aparecen en los wallpaper que incluyen como muestra los sistemas operativos. La flor se abría lentamente, cada jugoso y grueso pétalo se movía en la dirección correcta en el tiempo indicado. En el centro de esta podía verse una luminancia amatista que tomaba fuerza lo suficientemente lejos de su vista. También había vuelto a soñar con aquellos pies desnudos sobre asfalto ardiente solo que esta vez muchas patrullas de policía venían delante de las fueguinas piernas a toda velocidad con sus sirenas aullando en la bastedad de la ruta.

Podría ser un sueño cualquiera, podría ser solo producto de todas las cosas tan perturbadoras que vivió  Sin embargo en la cabeza de la muchacha ese retoño era ella misma. Daniela abriendo el capullo para mostrarle a los demás lo hermosa y lo peligrosa que podía ser cuando llegara la primavera. O lo aterrador de aquello que vivía en su interior, cubierto de hermosas imágenes que son solo el velo para algo mucho más macabro.

Cuando estuvo a escasos pasos de su compañero le habló en voz baja, como temiendo que el bosque fuera capaz de escucharla.- ¿Rise?

El Jethi de Bilingord estaba observando todos los alrededores con su vista aguda. A pesar de que en ese tramo de la ruta 4 no había tendido eléctrico  Rise (como todos los de su orden) era capaz de ver muy bien en la noche. Cuando Daniela se aproximó noto que los ojos de su compañero despedían un brillo casi imperceptible, de hecho imposible de notar si no se es parte del club de "Los Bichos raros". 
- ¿Que estas mirando?- Preguntó la muchacha.
- Me estoy asegurando de que no halla sorpresas desagradables delante y a los lados. Con el Rettem  un dracida de Bilingord puede ver en un angulo de 180 grados, también escuchar y sentir tan bien como un lobo estepario. 
- ¿Y hay algo?
- No, sí pude ver un par de jabalíes  a unos veinte metros de nuestra posición en dirección al sur. Dos venados cruzaron la carretera hacia el oeste a dos Kilometros de aquí.  Fuera de eso este lugar esta desierto y no se si alegrarme o preocuparme por ello. 
Detrás de Rise se alzo la voz de Miranda, siempre en ese tono de maestra ciruela que tanto la caracterizaba.
- ¿ Y a vos te dieron el rango de Maestro? Explícale a la piba como haces...en ves de decirle lo groso que sos. 

El Jethi de Bilingord volteó y le sacó la lengua a Miranda disgustado:
- Era lo que estaba por hacer, traga libros. - Rise se sentó a descansar un poco al costado de la carretera. Daniela y Miranda lo imitaron.
- Bueno Daniela, los Jethis de Bilingord usamos este tipo de trucos para entrar en territorios hostiles o guardias enemigas. Los Vlaind no pueden percibir el Rettem tan bien como nosotros por lo que llevamos siempre la ventaja en combates nocturnos o escaramuzas. 
- ¿Y como ves? Es una especie de visión nocturna o algo?
- No. No se "Ve" con los ojos solamente. En el bosque, a este truco se le dice "Unswig", que significa "Rastreador". Nos enseñan a utilizar el Rettem como si fuera un sonar de un submarino ¿Sí? Algo parecido a como funcionan los radares militares. Se lanza una onda hacia adelante que se encuentra con otros objetos o energías  Esa onda (que sería el Rettem nuestro) rebota contra dichas cosas y vuelve a nosotros con la información. Nos da una imagen mental de aquello que ha encontrado. 
- ¿Y a que tanta Distancia podes "ver" Rise?
- Eso depende de que tan bien entrenado estés y que tan fuerte seas. Se dice que Bilingord podía llevar su "Rastreador" por encima de las montañas. En mi caso, creo que no mucho más de  2 Kilometros, 3 con muchísimo esfuerzo. 
- Y para eso lo entrenaron toda la vida...- Dijo Miranda alcanzándole a Rise un poco de agua mineral.
- Ahora contanos E.T. Dijo Miranda - ¿Que dicen tus sensores? .
Daniela hizo silencio y miro a Rise como buscando su aprobación para hablar.
- Ya eres parte de esta alegre compañía Dani. Vamos, iluminanos con tu saber...- Dijo Rise en serio y en broma al mismo tiempo.

La muchacha miró hacia el sur y perdió su mirada en la carretera. Miranda pudo percibir de pronto como las pupilas de la muchacha tomaban aquel color tan misterioso, brillaron en la noche por tan solo un segundo y luego se apagaron. Consecuentemente, ella saco la mano de la culata de su arma de fuego.
- ¿De que Orden es Karl?- Preguntó de pronto la muchacha.
- Frigord. Contesto Rise levantándose y mirando al sur junto con Daniela.
- Ya no lo es, ahora es como yo.
- ¿¡Como!?- Pregunto Miranda.

Daniela se encogió de hombros y miro a ambos Dracidas tratando de sacar conclusiones:
- Bueno, así lo siento al menos.  Ya no me despierta la misma sensación que antes, es decir... el tenía un aura bastante atribulada, dubitativa, incluso había un dejo de nobleza en él.

Rise buffo y miró al suelo, pateo una lata de gaseosa que fue a parar a la canaleta a la izquierda.
- ¿Nobleza? Sea lo que sea que estas fumando, dámelo Dani. Ese tipo es repugnante.
- No dije bueno, dije noble. - Puntualizo Daniela. - Me refiero a que antes me daba una sensación más humana. Cuando trabajaba en el Chikis Karl siempre me daba miedo pero al mismo tiempo sabía que si se le diera la oportunidad el podría hacer una nueva vida. Siempre estaba hablando en el hotel con el jefe...ese Jhon, de que deseaba re emprender su vida y hacer algo mejor con ella.
- Son dichos de mono mesiánico Dani. Dijo Rise.
- Me parece muy interesante este comité sobre moral señores, ¿Pero que mierda pasa con ese Karl?- Interrumpió Miranda.
- Me refiero a que es como yo porque cuando a mi me dan esos ataques, mi parte racional desaparece, en mi cabeza todo parece muy claro. Como una computadora que lee números. Dejo de analizar la información  simplemente ejecutó.  Si ustedes no tienen mucha idea de como funciono yo menos. Ahora Karl esta en esa misma fase.
- Bien por el. Dijo Miranda yendo a buscar la moto. - ¿Y eso en que nos afecta?
- Que viene a buscarnos, con toda seguridad. Dijo Rise
Daniela asintió.
- Entonces solo tenemos que matarlo. ¿Cual es el problema señores? Dijo Miranda. - Es uno contra tres o dos en caso que E.T no pueda ayudarnos.
- Ya no sera igual, si es verdad lo que dice Dani entonces vendrá cambiado. No sera tan fácil Miranda, primero Daniela le encajó siete tiros, uno de ellos en el ojo. - Dijo Rise tratando de hacer entender a Miranda. Daniela vio un cambio en él, no era exactamente miedo pero tampoco euforia. Por un segundo le recordó a un Halcón que se prepara para volar. Eso la hizo sentir más segura a su lado.
- Karl se levantó como si le hubiéramos tirado con pistolas de cebita. Segundo, como 9 policías del pueblo lo volvieron a llenar de plomo, pero salio caminando de ahí. Caminando..
- Es un Jethi de Frigord, ¿Que esperabas Rise? - Contesto Miranda. - Tendrían que haberle cortado la cabeza cuando tuvieron la oportunidad.
- Con todo respeto...-Dijo Daniela siempre tímida y con la mirada gacha. Se sentía como en una discusión entre papá y mamá. - Creo que nunca fue un Jethi de Frigord...del todo al menos.
Miranda iba a preguntarle a Daniela que podía saber ella de estos asuntos, pero Rise la detuvo y dejo que ella hablara.
- Emm, muchas cosas que no tienen lógica sucedieron desde que salimos de Troncor Street. Primero que nada ese Vlaind que entró a mi departamento no tiro del gatillo cuando pudo hacerlo. Después nos escapamos del edificio al día siguiente teniendo delante a todo el Chikis disparando contra nosotros. Cuando se suponía que debía hacerlo o tuve mi oportunidad, no mate a Rise. Algo lo impidió...

Miranda podía ser muy obstinada, pero sabía reconocer cuando las cosas no tenían lógica alguna. Rise le había contado mayor parte de la historia que ahora rememoraba E.T y ciertamente no tenía mucho sentido. Ella misma había visto Dracidas morir en situaciones mucho menos peligrosas.
- ¿Osea que la providencia nos ha traído hasta aquí?- Continuo Miranda en tono de burla.
- Al menos eso cree Karl y con ello le bastaría para levantarse aun si lo pisara un tren. Apunto Rise. - No me gusta creer en esa clase de chapuza religiosa como saben. Pero lo que sea que esta atrás de Dani, ahora esta con Karl.
Miranda frunció su cejo.
Daniela interrumpió a Rise:
- El punto me parece que es el siguiente...- Daniela se llevó su mano a la barbilla y escogió bien sus palabras. Tenía deseos de que Miranda cerrara la boca luego de que ella hablara.
- Así como Rise puede "ver" con su Rettem, lo que sea que tengo yo alberga una increíble capacidad para analizar los sentimientos y anhelos más profundos de las personas. Desde el primer ataque que me dio a los 11 tuve la habilidad de conocer en profundo el corazón de las personas, ¿En eso estamos de acuerdo verdad?
Los Dos Dracidas asintieron.
- ¡Bien! en mi opinión ese conocimiento puede ser usado para dos cosas dentro de este mundillo de criaturas sobrenaturales y poderes. Para ayudar a las personas a encontrar su camino, digamos, o bien para que sigan el que a uno mejor le parezca.  Si ya de por si es posible manipular a alguien sin ser un mago, imagínense si pudiéramos conocer en detalle que quiere de su vida cada persona y que esta dispuesto a dar por ello.

Como dije, Karl era la clase de persona que vive esperando una oportunidad para rehacer su vida. Y seguramente en cada momento  en particular ha creído encontrar ese sentido. Pero como todos sabemos, a nadie le llega un fax de Dios diciendo que es lo que necesita hacer. Por lo que Karl va de fracaso en fracaso frustrándose cada vez más, lo que lleva a uno a terminar haciendo cosas como trabajar para los Dragones Negros.

Los Dos dracidas la miraban atónitos,  a Miranda le llegó a asustar la forma de hablar que tenía la muchacha, le recordaba a su maestra de meditación en el bosque. Daniela continuo:

- Ahora bien, alguien o algo con el suficiente poder como para mantener esa esperanza viva en su corazón podría desbarajustarle el cerebro sin mucho esfuerzo. Karl es de Frigord, ya esta marcado por...no se como lo llamaran ustedes, pero digamos el "destino" su tipo de personalidad. Alguien que siente placer a la hora de hacer justicia. Un tipo realmente enamorado de los viejos tiempos de leyenda. ¿Realmente creen que le sería difícil a alguien convencer a Karl de que él es un enviado de Dios? Es lo que todos los tipos como él esperan, como esos locos en Amerika que pasan de ser pastores evangélicos a asesinos seriales. Solo se necesita un empujoncito y un poco de fuegos artificiales para hacer saltar los pocos caramelos que quedan en el frasco de ese tipo de personas.

Miranda hizo un chiste, pero en un sentido más cariñoso que de reproche:
- Bien cerebrito, ¿Y que sugieres que hagamos? ¿Debatimos con el sobre el diseño inteligente?-
-  Lo que Dani quiere decir es que Karl esta totalmente cegado por una especie de...No se, una voluntad superior a él y a nosotros. Por eso se levanta y se levanta. Y va a venir hacia nosotros al grito de "Fi..Fa..Fo..Fu!" hasta que lo matemos. No podemos esperar que se rinda y probablemente nos siga hasta el bosque así tenga que pelearse contra toda la policía de las tres provincias en el camino.

Miranda asintió. - Bien, me gusta como esta resultando nuestro pequeño grupo. Te ganaste tus Scooby galletas Daniela. ¿Y que vamos a hacer Capitán Kenneth?

Rise no esperaba esa pregunta y por un momento no supo que contestar. Por lo que la evito transitoriamente. - Seguiremos el plan original, iremos camino al pueblo más cercano o en busca de un vehículo. Daniela, siempre obediente  se puso en marcha. Rise se acercó a Miranda y le dijo:
- Dentro de un rato voy a necesitar de tu amorosa objetividad.
- Ya era hora...


***
Música
Las copas desnudas de los arboles delante de "El Eden" arañaban la noche, intentaban llegar a las estrellas con sus nudosos dedos. El oficial  Willy esperaba dentro del patrullero mientras sus compañeros conversaban dentro con el Botones de la Hosteria.  Nada importante había pasado jamás en Oldbridge Town. Apenas algunos casos de robos menores, discusiones de pareja y muertes debido a accidentes de trafico.


- Sí, el Enfermo que están buscando esta aquí  Es el cuarto numero 304 y una vez lo tengan, por favor saquen el disco de Edith Piaf. Nos estuvo torturando con eso toda la noche...- Dijo el botones, alzando su voz por sobre la música conversando con la policía.
- ¿No ha salido del cuarto?- Pregunto uno de los oficiales.
- Solo una vez, un poco antes de que ustedes llegaran. Pidió el disco que están escuchando y nada más.
- Sera chiflado pero culto. Bromeó un cabo.
- Callate Parkson...- Ladro Starson, el Sargento.



Starson, el viejo sargento de la estación de policía más cercana llegó caminando hasta el patrullero con una mueca en su rostro. La chaqueta de cuero oficial del departamento y la gorra con una guarda de cuadros blancos y negros se asomo por la ventanilla:
- Willy, llama refuerzos. Según el botones el sujeto que buscamos esta acá  - Dijo el oficial de unos 60 años con su vos rasposa. 
- ¿El maniático de la biblioteca?- Pregunto Willy asustado. 
- Ajam, al parecer se encerró en su cuarto. Debe estar armado así que andaremos con cuidado, creo que entre los cuatro podremos. 
- Pero no sería mejor esperar a los refuerzos sargento...recuerde que mato a siete policías. 
- Siete idiotas del barrio rico tomados por sorpresa. Llama y quédate acá por si las cosas se ponen jodidas. 
- Sí señor.

Starson, un policía de esos que la gente quiere en el barrio y le invita con café, mate o torta frita, caminó hasta la hostería mientras las gotitas casi diminutas de una lluvia le golpeaban el cuero de su chaqueta. Otros tres de sus hombres esperaban en el hall, uno de ellos ya estaba tomándose un café de la maquina expendedora del hotel. 
- Bueno muchachos, adelante. - Dijo Starson. Miro hacia el Botones con el cejo fruncido. - ¿Cual dijo que era el numero del cuarto? 
- 304, En el primer piso, justo el del medio. 
- Bien, vamos.
Al botones le sorprendió la facilidad o la tranquilidad con la que Starson se tomaba la cuestión  Antes de que comenzaran a subir las escaleras el recepcionista pregunto:
- ¿Va  haber tiros?
- Esperemos que no llegue a eso, aunque si fuera usted me iría de aquí. 

Starson y sus hombres desenfundaron sus 9 milímetros y comenzaron el ascenso hacia el cuarto de Karl. Cuando arribaron al pasillo, Strason tomó la delantera y se posiciono al costado de la puerta con su numero  304 brillante bajo la tenue luz de las lamparas. Con sus espaldas en la pared toco la puerta dos veces.
- Abra, es la policía. Le doy 10 segundos ¿Escucho?
***

Tan pronto como llegó al departamento de policía la información de que el sospechoso se encontraba en el Eden, 9 unidades móviles salieron del garaje aullando como maníacos  Las luces rojas y azules iluminaban las fachadas de la avenida 7, todos los comercios allí se vistieron de ambos colores mientras los automóviles de la policía local rugían por la acera junto a dos camiones que contenían la unidad de apoyo.

- Oficial Timing. Dijo por la radio el líder del operativo. Willi levantó la suya en el patrullero. - Si señor.
- Escuche, voy con dos agentes de la MI5, no se muevan de donde están y no abra fuego a menos que el lo haga primero. El alcalde no quiere otra masacre como la de la biblioteca, llegaremos en quince minutos como mucho. 
- Si señor. 
La caravana de las fuerzas de seguridad se desvió al este por la calle 45 en dirección al Eden. Para ello deberían cruzar el nuevo puente que pasaba por el arroyo Limonero, como se lo llamaba comúnmente allí. Las calles estaban desiertas y los vidrios empañados debido al frió.

Willy habló por el Handy a su capitán pero este no encendía  Lo revisó y volvió a intentarlo  su voz se perdía en un eco de interferencia. - ¡ Capitán!- Grito desde la ventanilla del patrullero. La lluvia se hizo más pesada y constante. El oficial Willy tuvo la inefable sensación de que cosas muy malas estaban por ocurrir allí  en el poblado de paz de Oldbridge. Sus zapatos se resbalaron en el barro producido por las lluvias. Nuevamente intentó comunicarse por Handy pero de este solo emergió la sombra de una voz, si es que era tal cosa, en medio de una estática tan inteligible como perversa.
"Idu Era Sivallion "

Starson dejo pasar  15 segundos en vez de 10 antes de derribar de una patada la puerta. Al no recibir ningún tipo de respuesta hizo unos pasos hacia atrás y le dio un fuerte patadon a la madera.  Algo allí hizo "Clank" o tal vez "Plip" Ninguno de los tres tuvo siquiera un segundo para adivinarlo.

Desde la entrada Willy pudo ver la mitad del primer piso volar en cientos de pedazos. El polvo y las llamas de la explosión iluminaron todos los alrededores, cientos de cristales y esquirlas cayeron sobre Willy y su patrulla. La sirena de la misma murió con un grito ahogado. El fuego iluminó los arboles aledaños como endemoniados pinos navideños.

- ¡Jesus Maria!- Grito Willy corriendo a ponerse a cubierto en caso de que otra bomba estallara. Porque eso, sin lugar a dudas había sido un explosivo colocado por el enfermo mental de la biblioteca.

Entre tanto, los refuerzos de la policía se acercaban al puente. El conductor que dirigía el primer carro en la caravana prestaba atención al camino con sus antinieblas encendidos. Los campos a los costados, en posecion de terratenientes estaban vacíos a ecxepcion de algunos animales pastando allí. Las gotas de lluvia chocaban contra el parabrisas y todos los oficiales dentro de los autos se preparaban para la Redada. Desde su posición se podían ver las ventanitas de la hostería mas allá del puente en la ladera norte del arroyo Limonero.

- Apresúrate Chilton.- Dijo el jefe del operativo, un hombre canoso y de lentes.
- Si señor.

Cuando Chilton volvió a poner sus ojos sobre el camino noto que alguien caminaba en sentido contrario por el costado de la ruta, era una mujer alta de cabellos muy largos color negros y aparentemente se encontraba desnuda. Sus senos fueron por un instante iluminados por las luces de los coches patrulla. En los 3 Segundos que pasaron antes que la rebazaran, uno de los policías hizo un chiste guarro, Chilton tuvo un escalofrió al ver los ojos de esa mujer, quizás fueran la luces de sus sirenas, pero centellearon en amatista. La mujer, alta y de cuerpo humano aunque con aires sombrios saludo con sus manos pequeñas. Chilton se distrajo de esta extraña visión cuando la radio emitió sonidos extraños. Algo parecido a los gritos de Willy...

Cuando el jefe del operativo levanto la suya para saber que estaba ocurriendo Willy se le adelanto. No hizo mucha falta en verdad, todos vieron la explosión del otro lado del río unos segundos antes, excepto Chilton que había visto a la extraña figura femenina.
- ¡El hijo de puta acaba de volar La Hostería  Necesitamos unidades adi- La interferencia se transfirió a todas las radios de los demás agentes. Los sobrevivientes juraron haber escuchado voces en sus aparatos. Voces como lamentos escondidos detrás de la interferencia.
- ¿Que mierda esta pasando ahí Timing?- Dijo el jefe del operativo pero mientras su radio solo recibía la transmisión especial desde el infierno (porque a eso sonaban aquellas voces) el compañero que conducía le advirtió:
- Señor, creo que viene un camión de frente.
- ¡Pero si cerramos la carretera!, ¡esquivalo!. - Era tarde para eso, dos de los 9 vehículos ya estaba en la mitad del puente de un solo sentido cuando la fachada de un camión de la Goodyes apareció  El pobre diablo tocaba su bocina en vano mientras veía al camión de acoplado doblar en dirección al puente a una velocidad más que suicida.

En la cabina, el siniestro conductor de tez blanca y cabello bien peinado hacia atrás  accionó los cambios para imprimir a su transporte la mayor velocidad posible. - Fue buena idea Elmer. Dijo Karl a su compañero filoso. Desde su ventana podía ver el patrullero clavar los frenos desesperadamente, resbalando debido a la nieve y lluvia acumulada en los últimos días. Dos hombres bajaron  y saltaron al río congelado.

El Goodyes se llevó por delante el primer auto como si se tratara de un tren. El metal chirrió,  saco chispas que iluminaron los lentes oscuros de Karl. El primer patrullero sirvió de ariete para los otros siete, muchos de ellos tratando de desviarse a un costado. Con muchas toneladas a su favor Karl los empujó como si fuera un niño que juega con autitos de carrera. La Brigada especial, que llevaba dos agentes de la MI5 salió a tiempo de la carretera y bajaron de la caja de la camioneta abriendo fuego contra la parte delantera del Goodyes.

Karl sacó una mano del volante y levantó de debajo de su asiento el rifle F.A.L. Fue increíblemente certero para la velocidad y la posición en la que estaba disparando. Tres de los miembros del equipo especial fueron aniquilados como patitos en fila esperando ser cazados.  Lo último que vieron los agentes del MI5 cuando
paso junto a ellos fue una señal de Fuck You por parte de un gélido Karl en dirección al norte, a Pent, a Daniela, Rise y Miranda.



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