LUCY SUEÑA CON UN TIGRE
Es irónico que este texto aun no forme parte de un "Borrador Final" de MEMORIAS DE LA NEVADA. Aunque seguramente lo haga (como se aclaró en la entrada anterior hay varios textos que se incluirán en una versión final del libro) es llamativo dado lo significativo que resulto la imagen del Tigre como una señal ominosa en EL RITUAL DE LOS CONDENADOS. Supongo que como obras hermanas RLC y MDN se retro alimentaron la una a la otra a partir del año 2015.
Lucy, la carretera solitaria y la oscuridad se volvió luego una especie de Genesys para los acontecimientos de RLC.
Este Sueño se escribió ya para el 2016 y en cierta forma es casi un resumen alegórico de los acontecimientos. El encuentro al desnudo ante la oscuridad, la violencia de su apetito y la a veces afortunada reflexión final. "Alabado Alabado" "Todo es parte del plan de Dios" o de un plan si uno elige creer. Esta última frase tiene un profundo significado para Lucy pero para saber porque deberán leer la novela completa.
*Este sueño fue muy inspirado por la letra de Holy Diver de Dio.
***
Hacía frío y estaba desnuda. Su cabello húmedo se apelmazaba en su frente y en su cuello. La neblina era tan densa que apenas podía ver sus pies. En lo alto, como un faro, el cartel de la Wako Oil giraba sobre su eje produciendo un leve chirrido metálico. En la noche su luz de neón zumbaba como una avispa distante y sus coloridas luces apenas atravesaban la densa bruma. Besaban el vapor dejando informes lamparones de rosado y azul delante de ella. El castor con casco de obrero petrolero en el anuncio giratorio mostraba su estúpida sonrisa a una noche estrellada.
Estaba desnuda en medio de la ruta, podía sentir las mínimas irregularidades del asfalto en la planta de sus pies. La humedad de la neblina hacia su piel resbalosa, tomaba su cuerpo desnudo poco a poco como si deseara tragarla y desaparecerla en sus ciclópeas dimensiones.
Como la Eva de una pintura Lucy se cubrió sus senos con una mano y la vagina con la otra. Sólo esperaba poder llegar a la Wako y ponerse su uniforme de playera antes que alguien advirtiera la vergonzosa escena. Apresuró el paso hacia la Wako, de la cual solo podía ver el mástil del anuncio como si esta fuera un barco fantasma que emerge desde las umbrías profundidades del mar. Debía entrar muy rápido al office para empleados y ponerse su mono de playera. La luz se hacía menos difusa a medida que se acercaba pero había también una sensación…una punzada en la parte trasera de su cuello.
Había algo más allá de esa densa bruma, vedado a su vista. Un cazador implacable de meticulosos métodos que la observaba desde la seguridad de su escondite. Medía sus pasos para dar el salto. Tenía que llegar a la Wako antes de que le pusiera sus garras encima. Lucy empezó a traspirar, un nudo se le formó en la garganta, los intestinos parecieron revolvérsele. En su cabeza no tenía idea que forma tendría aquello, si era un hombre, si era una bestia o un fantasma. Tal vez fuera todas esas cosas juntas. Más sin importar el disfraz que cargara podía casi respirar su presencia y su condición. Más allá de esa neblina se escondía un depredador.
Lucy Drissen redobló el paso entonces y una vez se desembarazó de la telaraña de neblina llegó a la plataforma de surtidores de la Wako. La pequeña gasolinera parecía una isla rodeada por la oscuridad de un mar umbrío cuya espuma era la densa neblina. O tal vez la cima de una montaña por encima de las nubes. Las luces del mini bar y las del techo estaban encendidas pero la Wako estaba desierta. Llorando lágrimas de alivio Lucy Drissen se dirigió al office. Pero el depredador había adivinado tiempo atrás sus intenciones.
Cuando estaba a cuatro metros de la puerta roja escuchó un rugido que rasgó el silencio, haciendo pedazos los vidrios de la Wako. Como si acabara de escupir un vendaval o vomitar un terremoto los alrededores se conmovieron en su grito de guerra. La figura de gran tamaño se posó con homicida gracia felina delante de ella. Era un tigre de demenciales proporciones. Mostró sus fauces a Lucy haciendo una mueca tan aterradora como furibunda. En su rostro iracundo y mirada frenética llevaba el hambre insaciable de milenios de rondar famélico en la jungla.
Lucy no grito. Haciendo un esfuerzo sobrehumano se quedo quieta y lo miró fijo a los ojos. Por dentro se estaba muriendo, por dentro su psiquis se estaba derrumbando. Pero no iba mostrar debilidad ante el tigre, aun si este se la devorase no pediría piedad ni aullaría de dolor mientras sus gigantes dientes perforaban su níveo cuerpo. Lucy lo miró y el tigre comenzó a rodearla dando pasos cautelosos. Gruñía, murmuraba y su cola iba de un lado al otro, danzando sobre su morro de pelaje ardiente.
"¿No me temes?"
Pregunto el tigre.
"No". Contestó Lucy
"¿Por qué?" Sus ojos centellearon en un profundo y lejano color amatista.
Lucy hizo algo que al despertar le sonó tan extraño que se echó a reír. Saltó sobre el tigre con la gracia de un venado. Lo tomó por la cola y dándole palmaditas en el trasero dijo en tonó burlón:
"Alabado, Alabado."

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