domingo, 16 de junio de 2013

El Ritual de los Condenados XXXII

Capitulo XXV
Irremediablemente Vivo


Hay momentos en que la vida se detiene. No es una impresión, después de todo Einsetin ya dijo que el tiempo es relativo al observador. En el instante que Illagros posó su mirada sobre el nido negro de aquella Desert Eagle el mundo se puso en pausa para él, para Crisald. A algunos Kilómetros de distancia  lo mismo sucedía en Witters Alley. Los tres compañeros no dejaban de maravillarse (y horrorizarse) por los ojos amatistas de la mujer desnuda. 

***
La brisa que recorría los alrededores de Witters besaba dulcemente las plumas de la Mujer desnuda, el fuego crepitaba en su alrededor inconstante y alto, llenando el cuerpo de aquella figura de luces coloradas, amarillas y de aspecto peligroso. A Rise le pareció que, más allá de estos sonidos era capaz de percibir la respiración calma de lo que fuera que estaba delante de él. 

A esta altura de la historia creo no tener que ser muy explicito a la hora de decir que Rise no era Católico, ni Cristiano ni Judío o Musulmán. Las cosas con alas, para él, eran parte de alguna fantasía alocada de los hombres, una importante materia para su imaginación y deseos de encontrar cosas hermosas en un mundo desgraciado. En ningún libro Dracida que pudiera recordar se mencionaba algo alado que no fuera un Dios, como Shannon, hijo de Heills que obtuvo las mismas de Aidisil. O las terribles hijas de Killme, Aspota (Muerte) y Uptunar (Guerra)

Pero a juzgar por el aspecto decididamente "Danielistico" de la Mujer desnuda las hijas de Killme seguían por allí en el submundo y Shannon....bueno todavía los Jethis lo estaban buscando desde fines de la guerra contra los Vlainds sin mayores resultados; en verdad, sin ninguno en absoluto.

Suele ser sorprendente la manera instantánea que nos damos cuenta de las cosas a comparación de la cantidad de tiempo que nos lleva explicarlas en palabras. Ahora mismo, con semejante criatura delante de él este Dracida de Bilingord pasaba por exactamente el mismo proceso. Miró a su derecha y vio a Daniela con la guardia levantada, como hecha de piedra aguardando una casi segura lucha.  Luego volvió a mirar a la Mujer Desnuda que evidentemente preparaba la espada para atacar. Y en un milisegundo lo comprendió:

Los Jethis no iban a encontrar nunca al hijo de su Dios. Al señor con alas que vertió el Rettem sobre el mundo como última voluntad de su padre. Nunca Jamás ¿Por que? Porque había encontrado otros después de la guerra. Otros como Daniela, más parecidos a él. Otros que no se corrompieran y decididamente mucho más obedientes. 

Eran impresiones en el aire, impresiones increíblemente certeras de que Los Avistos, si es que así se llamaban, eran medio Dracidas y medio "ente desconocido" porque eran efectivamente una nueva Raza programada y diseñada para borrar del mapa todo lo que había sobrado tras la guerra. Pudo imaginar a Karl gritándole "Te lo dije" a sus espaldas.

Rise miró entonces a su compañera Miranda, que tenía 10.000 libros más de estudio en su cabeza que él, apenas un iniciado en esa compleja mitología. Y para sorpresa de uno de sus ojos una lagrima cristalina estaba cayendo de sus hermosos ojos verdes. Rise podía adivinar porque, no era de miedo, pero si de impresión. Miranda había visto esto antes, con toda seguridad en la torre que la llevó a buscarlo en un primer momento.  Ese lugar que Mitril visitaba pero que mantenía en secreto.

***
MÚSICA♫
La Mujer Desnuda no  sabía hablar de la forma que lo hacen los hombres. Pero si era capaz de transmitir y traducir sus pensamientos en sus mentes.  Y si intentara efectivamente usar sus cuerdas vocales estaría como una niña de  2 años que recién ha comenzado a comprender el lenguaje que la rodea.

Sin embargo, el poder que yace más allá de los muros de la noche no iba a enviar a la madre espiritual de Daniela a hacer un curso de Himburgues. No hacia falta decir mucho en verdad, sino más bien hacer. Su objetivo era uno solo, recuperar a la piba. Volver a ganar sobre ella influencia de la forma que sea posible. Linda o fea, buena o mala. No hay interés en libre pensadores cruzando los nubarrones de la Gran Sombra. Y si Merry, la primera carta, había fallado. Entonces le tocaba a ella, su malvado ángel guardián, poner las cosas en orden en esa cabeza.

Analizando los pensamientos de Rise la mujer Desnuda había llegado a una conclusión apremiante. El Jethi no estaba Nada lejos de la verdad, pero seguía siendo una verdad parcial. Eso trajo cierta tranquilidad a la Mujer Desnuda, los Dracidas estaban bastante en pelotas a lo que refería la cuestión de los Avistos. Por un momento llegó a temer que hubieran alcanzado a develar el misterio. Ella sabía muy bien que los Vlaind de Liavenna eran quienes más se aproximaban a las preguntas "¿Quien?"  y "¿Por que?" O al menos llegó a dicha conclusión gracias a la información recabada por Elogios luego de su casi mortal enfrentamiento con Lauro.

Todo el plan pendía de un hilo si Daniela, primer Avista en muchos centurias, lograba tomar el control total de sus poderes. El tiro podría terminar saliendo por detrás. Habría confusión en las mentes de quienes la siguieran, incluso existía la posibilidad de que los Avistos terminaran por dividirse, tal y como la basura de San Jorge intento hace mil años atrás sobre la torre más alta de Werdlegger, el castillo principal del reino Avisto.

Aquello casi que logra llevar al total fracaso toda la operación. Fue una especie de problema de diseño de fabrica. La parte "Dracida" de los Avistos era indispensable para su poder y funcionamiento, como el uranio enriquecido  de una bomba atómica. Sin ella no les eran útiles, pero les traía complicaciones con los sujetos más perceptivos y sobre todo los que entraban en contacto por mucho tiempo con otras razas. De pronto el Avisto empezaba a creer que su verdadero fin no era separar la paja del trigo, sino más bien tener una especie de iglesia Evangelica dentro de la raza para revivir o exaltar las mejores condiciones y aptitudes de los Dracidas. Una suerte de confirmación o evolución de su fe.

La chota, eso no iba a ocurrir, no debía suceder NUNCA. Era un plan arriesgado andar jugando con lo que otros crearon sin duda, pero era una apuesta que La Estrella de Misínas estaba más que dispuesta a hacer, ya había sido derrotados una vez por seres humanos. Raza con poderes relativamente pedestres a comparación de los Jethis.

Ademas, la cosa tenía un buen propósito, quienes aceptaran de buena gana la propuesta iban a ser enviados al Essea. ¡El Essea! el lugar donde descansan los Dioses y las almas virtuosas. Ninguno de sus Dioses les abrió las puertas a tal recinto nunca. ¿Cual era el problema? ¿Porque se resistían tanto a irse? ¿No era acaso su existencia dolorosa y miserable desde terminada la lucha contra los Vlaind? A ojos de la Misínas los Dracidas y los Vlaind eran como una especie de anciano que esta empecinado en seguir trabajando cuando debería haberse retirado hace tiempo. Y era una buena jubilación...el Cielo al que ni siquiera los hombres mortales tienen acceso. Al que solo los Dioses pueden ir cuando desean desentenderse de sus peleas. ¿Que no era mejor irse con Heills a flotar en campos verdes en vez de seguir Jodiéndose la vida? Bueno, al parecer sería cosa de convencerlos...de una forma u otra.

***
N/A: Pongo esta canción casi a modo de celebración debido a que disfrute mucho viendo  Illagros correr como un niña asustada. Saludos...(Se que ustedes también lo esperaban) 
MÚSICA♫
La bala que Crisald disparó dio directo en un hombro de Illagros. Esta iba dirigida a la cabeza, pero el Vlaind de Gerardie se las arregló para correrse en el momento exacto. Los gritos de quienes se encontraban entonces en "Salome" se elevaron por sobre la música, rebotando entre las paredes. Illagros apartó a los hombres que lo miraban atónitos y buscó la salida más próxima de aquel agujero, como un zorro perseguido por perros de caza. 

El bruso saltó por la barra del local y tanteó en la oscuridad una puerta que llevara a una cocina. Detrás de él las balas de Crisald repiqueteaban entre botellas de vodka y Whisky. Ingresó dentro de la barra ante la azorada mirada del barman y casi toma a su enemigo por las mangas de su sobretodo cuando este se desvanecía detrás de una puerta de metal. Sosteniendo la misma con su cuerpo desde el lado de adentro Illagros utilizo el don de Namidian para modificar la materia de la cerradura antes de que Crisald lograra vencer la misma a fuerza de empujones. El cerrojo se convirtió rápidamente en una mole de acero imposible de quebrar. Escuchó los gritos de Crisald desde el otro lado, se dio media vuelta, tropezó con una mesera y busco la salida hacia el exterior entre jarras, aditivos para los tragos y cubiertos. 

El Vlaind de Rolando adivinó lo hecho por su enemigo al ver la cerradura original desfigurada en una mole de bronce pegada a la pared. Y si Illagros estaba dispuesto a usar sus poderes, pensó que el bien podría hacer lo mismo. Estaba dispuesto a hacer estallar todo Salome con tal de que este idiota no se le escapara por segunda vez.

Mientras los clientes del local salían por la puerta principal Crisald incineró el bronce con su fuego verde y le pego una patada a la misma con tal fuerza que la chapa se aboyo y cayo en el otro extremo de la cocina. Cuando entró a la misma vio el portón de emergencia cerrarse con el perfume caro de Illagros en el aire aun. La camarera lo observaba asustada creyendo que se trataba de algún policía. Toda la figura del Vlaind de Rolando, envuelto en su gabardina negra cruzó los diez metros de la cocina con un gesto de ira implacable. 

Una vez en el callejón que daba a la calle, donde se acumulaba la basura de Salome no encontró pisadas de su enemigo a pesar de la nieve y en un atajo de inteligencia miró hacia arriba. A veces los Vlaind se olvidan que no solo luchan con gente de su propia orden, y ese fue un error que bien podría haberle costado la vida.  Illagros estaba encaramado sobre la pared con sus garras de combate, luciendo como el Alien del Octavo pasajero y sus colmillos relucían ante la luz del alumbrado eléctrico.

La mole de Illagros se le lanzó como una fiera, Crisald logró atajarlo evitando que los colmillos le arrancaran parte de la garganta y ambos rodaron en el estrecho callejón con la nieve saltando por sus violentos movimientos. Escuchó el sonido de su propia Desert Eagle caer lejos de él.

La mirada de su enemigo, su aliento y fiereza solo demostraban lo desesperado que estaba el Bruso.
 - Voy a matarte como a la idiota de tu mujer. Dijo logrando zafar uno de sus brazos con el objetivo de estrellar las filosas y gordas zarpas en el cuello de Crisald.
- Para eso...- Dijo Crisald luego de correr la cara justo a tiempo.  Activó el fuego verde en su mano derecha y libre
- Tendrías que haberlo echo a mis espaldas, maricón.- Terminó de sentenciar una vez su mano, envuelta en una llama esmeralda, le rostizo la parte derecha del abdomen a Illagros. 

Como una cucaracha el Vlaind de Gerardie, aun humeando en su costado, se trepó por la pared del callejón tratando de alcanzar la terraza de la farmacia contigua. Crisald saltó para tomarlo por sus piernas (patas) traseras, pero se le escaparon por unos centímetros. Mientras Larenthguer volvía a buscar su Desert Eagle al costado del callejón Illagros le mostró otra de las asesinas y desagradables capacidades de los Vlaind de Gerardie.

Mientras escalaba por la pared Crisald vio como de la espalda de Illagros parecían crecer espinas. Escuchó el sonido de los músculos tensándose y de la ropa desgarrarse. Rompiendo la tela aparecieron unas cuatro o cinco puntas de hueso tan afiladas como lanzas. Antes de que Crisald pudiera tratar de llegar a una conclusión plausible sobre como alguien puede modificar su espina y seguir caminando, las mismas salieron disparadas como flechas sin una dirección clara. Los pequeños y filosos fragmentos rebotaron entre los ladrillos y contenedores del callejón amenazando con clavarse en su carne de manera dolorosa y profunda. 

Al Vlaind de Rolando le alcanzó con sentir como una de estas le tajeaba la pierna izquierda como para meterse dentro del  contenedor de basura esperando que las mismas dejaran de saltar por ahí como endemoniadas pelotas de goma. Para su sorpresa, las espinas de Illagros tenían una capacidad que era desconocida para la mayoría de los Vlaind de Gerardie. Tan pronto como su errático movimiento se detuvo estas se encendieron como brazas y estallaron levantando la basura y la nieve en el pequeño callejón. 

Pero Crisald no había pasado toda la semana matando gente como para dejar que algunos trucos nuevos y espectaculares de su enemigo lo detuvieran. Con una de las espinas estallando muy cerca de él, salio del contenedor y corrió fuera del callejón tratando de ver a su enemigo andar por las terrazas como la versión grotesca de Spiderman. 
En linea recta por aquella calle, a dos cuadras de ahí se levantaba el edificio de la estación de trenes de Oldbridge Town. Los edificios que llegaban a ella eran clásicos y bonitos, pero no contaban con escaleras contra incendios para desgracia del Vlaind. Sin embargo podía adivinar el propósito de Illagros. Por esto mismo corrió directo a la estación de trenes con todo el odio y la adrenalina alimentando el motor de sus miembros. 

Desde los tejados, a unos 50 metros de distancia de él Illagros saltaba de terraza en terraza cuidando de no resbalar en la nieve. Sabiendo fehacientemente que la Desert Eagle no alcanzaría para matarlo, el Vlaind de Rolando decidió gastar las ultimas vainas de su cartucho en la silueta de su enemigo. Si tenía suerte podría lograr que perdiera el equilibrio y hacerlo caer en otro callejón. 

Entre antenas de television y viejas chimeneas de ladrillo, Illagros se vio obligado a esquivar Balas. Las esquirlas de lata que se producían por los impactos o del propio ladrillo le golpeaban el cuerpo. Uno de los proyectiles le dio en un brazo mientras daba un saltó al tejado contiguo. Por poco y cae, pero fue capaz de aferrarse a la mampara de una mercería local. Dispuesto a no darle tregua, Crisald llevó su mano derecha hacia atrás haciendo brotar de ella aquel fuego devorador y lo lanzó, sin demasiada precisión sobre la esquiva silueta de su enemigo.

Como viniendo de una película de ciencia ficción, el fuego impacto muy cerca de la mano que sostenía a Illagros en el aire. No tardo demasiado en sentir el ardor de aquellas llamas en sus propios dedos/garras e imposibilitado de controlar sus reflejos cayo derecho al callejón de la basura, de donde unos gatos huían como la pandilla de don gato. Su cabeza se golpeó con uno de los tarros de basura y una pierna por poco se le quiebra. Pero la adrenalina y su condición de Vlaind jugaban a su favor. Mientras intentaba ponerse en pie nuevamente escuchó el jadeo de Crisald venir hacia él. Pensó rápido y cambio de posición.

El Vlaind de Rolando Iba a doblar en el oscuro recoveco cuando el disparo de la 22 robada por Illagros  al policía tras el choque se le hincó en el estomago. Una herida no mortal para alguien de su raza, pero sin duda muy dolorosa. Crisald se tomó la herida con ambas manos. Illagros aprovechó su oportunidad para lanzarle un garraso al pecho. Pero Crisald, a pesar de sentir que había tragado ácido caustico fue capaz de tirarse al suelo, recibiendo solo tres rajuñones en el brazo. La sangre de sus heridas pronto comenzó a manchar el blanco de la nieve debajo de él
.
- Voy a matarte en un callejón como a tu esposa. ¿Que te parece eso Crisald?- Dijo Illagros tratando de respirar normalmente. Sin embargo, en el momento en que alzaba el cañón de la 22 y el rostro de Crisald aparecía en la mirilla todo se puso negro en un segundo tras sentir una terrible punzada en la nuca. 

Normalmente a este poder se lo conoce como "Velo de sombras" y es utilizado para marear o distraer al enemigo. Los Vlaind de Rolando pasaron mucho tiempo en las tinieblas y saben muy bien como mandar la cabeza de uno a ese lugar. Para Illagros alguien había apagado la luz de repente, pero era solo una ilusión mental con la cual debería luchar si quería salir de allí con vida. 

- Ni siquiera sueñes con una muerte Honrrosa como la de tu hermana, hijo de puta. Dijo Crisald tras encajarle un cross derecho con todo el odio que contaba. Illagros, quien andaba a tientas en la oscuridad de si mismo todavía, cayo al costado de la calle, muy cerca del asfalto. El Vlaind lo tomó del sobretodo caro y le volvió a propinar otro puñetazo, esta vez directamente en la cara. Illagros alcanzó a mantener el equilibrio pero su cabeza dio con un faro del alumbrado eléctrico, el sonido del metal congelado le rebotó en los oídos. 

Sintiendo que era Sony Corleone golpeando a Carlo Rizzi, durante estos dos minutos que tuvo a Illagros por completo a su merced, en la calle que le precedía a la estación de trenes, Crisald llegó a pensar que estaba inventando golpes nuevos, porque en el minuto 1 los tradicionales se habían acabado. Illagros quedo hecho una piltrafa en el suelo gimiendo y jadeando. 

Pero esto no era El Padrino y no había niños mirando la súbita acción suscitada en el barrio. Y Crisald no iba acompañado de otros matones que mantuvieran lejos al publico. Mientras Illagros intentaba, como podía, levantarse, Crisald hecho un vistazo a la calle y la desolación de la misma. La nieve no dejaba de caer entre los dos contrincantes, ambos cansados y heridos. La plaza de enfrente estaba vacía y lucia fantasmal ante las luces de la estación de trenes. 

Para esto había llegado hasta aquí. Solamente para esto y a  su modo de verlo era lo mejor que le había pasado desde que comenzó su raid de venganza en el último tiempo. Illagros si se lo merecía, tal vez aun más que el sufrimiento que Crisald podía proporcionarle. Tomándolo de los pelos para arrastrarlo al callejón y rematarlo llegó a pensar por un instante que tal vez todo lo que hacia no estaba tan mal. Tal vez era un héroe después de todo. Pero sobre todas las cosas el héroe de Liena...a la cual, no importara lo que hiciera no podía dejar de extrañar. 

- ¿Vas a matarme?- Pregunto Illagros como pudo con su boca inflamada por las contusiones. Crisald le pego un culatazo con la Desert Eagle en la mejilla. 
- Eso seria...
- Que lastima.- 

Finalmente liberado de la oscuridad de Crisald (quien se confió en dar la contienda por terminada) Illagros le  disparó con  la escopeta recortada que había robado al barman de los Cinco Gatos. La misma había quedado oculta debajo del sobretodo todo este tiempo. Illagros se aferraba a la esperanza de que Misínas no fuera tan poderosa ni tan previsora como Liavenna imaginaba. 

El disparo abrió un hueco en el sobretodo del Bruso, sus perdigones impactaron en el vientre de Crisald, cuya primaria herida no había dejado de sangrar. Las infernales bolitas de acero lo atravesaron como gel balístico chocando en la pared detrás.
- Que Lastima que seas tan idiota Crisald. Dijo Illagros. Crisald cayó sentado de espaldas.
- Te debes creer la gran cosa idiota ¿No? Una especie de Ángel vengador...Así terminan todos los boludos como vos que se meten en lo que no les importa. Tendrías que haberlo aprendido con tu esposa...- Illagros comenzó a recargar la escopeta recortada. Crisald quería moverse, pero el ultimo disparo lo tenía realmente abatido, con toda la furia de su ser no conseguía moverse ni un centímetro. De su boca comenzó a emerger cuantiosa sangre y casi podría decir que era capaz de percibir la vida misma yéndose de su cuerpo. 

Pero tal y como dijo la madre de Daniela antes de ser ultimada, ya no estaban solos los "Buenos" de esta historia. Illagros se disponía a rematar a Crisald cuando unas luces azules y rojas iluminaron las calles oscuras de los alrededores. El sonido de una radio, con sus voces como de fantasmas engranuladas ingreso en el ambiente.

- No...¡No!- Dijo Illagros, sintiendo que de pronto se había convertido en un ladrón de billeteras. 
Afortunadamente para Crisald, era la primera vez que la policía llegaba a tiempo. Si era obra de la estrella del abismo o de otra cosa no era capaz de saberlo. Pero su cuerpo pareció reactivarse con la esperanza de que  en algún lado del universo las cosas se alineaban para que, al menos, Illagros no se saliera con la suya.
- Corre Illagros...-Dijo el Vlaind de Rolando con el gusto a sangre en la boca. - Si tenes suerte, vas a aparecer en "Oficiales al Deber"

- Esto no termina aca...en unos años, cuando te olvides de mi..vas a ver. Dijo Illagros alejándose.

En su caso no le tenía miedo a la policía, sino a lo que podía llegar a ocurrir si lo atrapaban con vida. No estaba en condiciones, dadas sus heridas, de plantarse contra todo el departamento de Oldbridge Town y estaba seguro que eso sucedería tarde o temprano si no se iba de allí antes de que lo reconocieran como "El líder de una organización terrorista de extrema izquierda" Teniendo en cuenta su suerte en las últimas horas, de seguro, en ese auto de policías había algún Jethi de esos que trabajan para las fuerzas de seguridad. O Bilingord resucitado o algo parecido, no importaba. Tenía que correr. 

Con el sonido de una patrulla detrás de sí y el faro de la policía sobre sus espaldas Illagros corrió los 90 metros que lo separaban de la estación de trenes. Por su parte Crisald comenzó a levantarse llevando sus fuerzas y su propia vida al más delicado limite. Lo cierto es que le chupaba un huevo morirse ya, al menos deseaba morir un minuto después de Illagros y como súbito Héroe civil corrió detrás del Vlaind de Gerardie abriendo fuego como podía. 

MÚSICA♫
"Hay Vamos de nuevo" Penso Crisald. El estomago le ardía, le sangraba, trataba de obligarlo a tirarse en en el suelo para desangrarse hasta morir. Los músculos entumecidos por el frío de la nieve y el esfuerzo realizado, los copos blancos del invierno golpeándole la cara, haciéndole arder la frente y las mejillas sangrantes. Su paso acelerado y casi cojo por la espina de su enemigo. Aun así, seguía disparando y avanzando, no le importaba si le pegaba a la poca gente en la entrada de la estación ni si rompía alguna de sus bonitas ventanas, ni si la policía detrás de él se preparaba para balearlo.


Los cartuchos dejaban un camino detrás de sí, como Hansel y Gretel soltando migajas de pan para volver a casa. Una casa que ya no tenía  y que probablemente jamás podría recuperar. El único camino a seguir era adelante, adelante, hacia las mismas fauces de la muerte, tan próxima ahora con su guadaña analizando su pellejo para saber bien cuando cortar ese hilo dorado de la vida.

Illagros disparaba a medida que corría sin precisión alguna. Uno de sus tiros dio en la cabeza del oficial que conducía la patrulla, esta se fue de la calle y se estrelló contra el tobogán de la plaza en frente. Los oficiales que bajaron del mismo tras el choque devolvieron fuego inflados por un instinto asesino que no les resultaría propio después. Tres de sus balas dieron en la espalda de Illagros, con un pie en el hall de la estación de trenes. Nada que alguien como él no pudiera soportar, ante los gritos y el pavor de los humanos vio el anden y el expreso de medianoche hacia la huida. Iba a alcanzarlo, había logrado salir de ahí con vida, era el MEJOR. Saltó por los molinetes amenazando a medio planeta con la escopeta recortada. Dos oficiales vinieron a su encuentro desde el café de la Estación. Illagros los fulminó a medida que no dejaba de correr lleno de amor por si mismo.  

Uno de los oficiales logró atinarle en el pecho antes de caer preso de su plomo, la bala le atravezo el mismo y dio en la boleteria a su costado, pero La verdadera bala, la bala  dorada, la de Crisald  desde la puerta principal de la estación le impactó en el punto exacto, la médula espinal. El Vlaind cayo a 5 metros del anden totalmente inmovilizado como si los Dioses le hubieran robado sus terminaciones nerviosas. 

El Brazo armado de Crisald sostenía la puerta de cristal de la estación de trenes, la Desert Eagle humeaba lentamente. Desprovisto de casi todas sus fuerzas caminó, rengeando y abatido aunque de pie hacia Illagros, quien acababa de comprender que la bala de Crisald lo había dejado paraplejico. Solo podía morderse la lengua de la bronca al verlo llegar por sobre su hombro. 

El vlaind se movía entre un corredor generado por las personas presentes en la estación. Ni siquiera los policías que llegaron desde el piso superior de la estación o la entrada se atrevieron a moverse. Inspiraba mucho temor, con el pecho sangrando a graneles y su mano izquierda intentando en vano detener la hemorragia. Pero ademas, su figura alta y rubia, echa un desastre como estaba no dejaba de exhalar orgullo de ganador

Como el pistolero que era en sueños infantiles se paró adelante de su enemigo, en un angulo que sus ojos pudieran verlo bien.

- ¿Vas a matarme entonces?- Dijo Illagros esperando el disparo de gracia.
- Eso sería lo que yo querría Illagros. Pero imagino que Liena tendría otra cosa en mente...- Contestó el Vlaind encendiendo un cigarrillo. 
- ¿Que...que..dices?
Crisald sacó su celular y marcó un numero predeterminado en la agenda. Entre tanto los oficiales y los civiles se acercaban cautelosos. 
- Hola, con el agente Marco Warren  de la sección roja de la MI5 por favor...
- Sos una mierda Crisald....no tenes los huevos para...mierda...- se quejo Illagros. 
- ¿Ah no se encuentra? Dígale que llamó Crisald Larenthguer, el hombre que buscan esta detenido en la comisaria de Oldbridge Town. - Hizo un silencio y guiño un ojo a Illagros. - Si...intentó escapar tomando el último tren de la medianoche...Aja...sí Larenthguer. Sí, sí, el Vlaind. Bueno hasta luego.

Lleno de delicioso rencor por su enemigo Crisald tomó el paquete de Cigarrillos robados a Layla. Luego lo lanzó sobre el cuerpo de Illagros:
- Te van a servir en la cárcel...si llegas ahí con vida claro esta. 

La policía, con el Vlaind inerte y demasiado herido como para intentar usar cualquiera de sus poderes lo subió a una unidad medica escoltada por cuatro patrullas recién llegadas al lugar. La razón por la cual no detuvieron a Crisald era simple. Para los agentes locales ese Bruso era el culpable intelectual  de la muerte de más de 15 oficiales de la comisaria local. No iban a ponerse muy rigurosos con el procedimiento. Sin contar con que era mejor para el jefe local decir que habían sido los hombres del departamento quienes lo habían atrapado que algún insólito justiciero. 

Tal como vivió, Illagros fue apresado. Sin piedad de ningún tipo, sin que algún amante del código procesal elevara quejas sobre la forma en que fue atrapado. Y  al día siguiente de su aprensión, el MI5 hizo lo propio con él. Dos semanas más  tarde, tras pasar por sabe que tipo de interrogatorios   Illagros fue encontrado flotando por el río Margun en las cercanías del bajo Blondres. Y para variar, nadie pregunto por él, como tampoco buscaron la mitad faltante de su cuerpo.  Antes de irse de este mundo, la Mujer Desnuda se encargo de darle el beso de despedida. 

Crisald se escabulló en la noche buscando un lugar donde curarse las heridas recibidas, a pesar de todo estaba irremediablemente vivo y al parecer así continuaría por mucho tiempo más. Y por añadidura, genuinamente feliz.

Música de Cierre



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