jueves, 5 de septiembre de 2013

El Ritual de los Condenados XXXVIII

Capítulo Final
El Tren Fantasma 

Parte II


¿Lobo Esta? Lobo esta De Regreso



En este alocado viaje se acercaba el momento de pagar por el boleto. Dejar algo para obtener otra cosa. Nada bueno se consigue sin dar algo de uno. No hay ganancia sin riesgos. No hay finales felices sin pasar por amargos momentos. Si no atravesamos la maraña de fantasmas y de espectros que nos espera cada vez que abrimos los ojos, no podemos ver el sol. Ya lo dice la Biblia: Luchad por Vuestra Salvación con Terror y temblor. 

Tan pronto como Miranda vio a Crisald esa mañana supo que tocaba su turno. O que se aproximaba ese momento que había estado esquivando tanto tiempo viviendo en el bosque de Hosmusilias. De los tres, ella era la única que se resistía a ver a la cara aquellas cosas que la perturbaban. Porque pensar mucho te lleva a tocar zonas sensibles, que sinceramente, son la parte menos popular de eso que llamamos "Mi Vida". No son momentos para poner en nuestro álbum de Facebook o dejar colgados en nuestra pared. Todos escogen sus títulos universitarios y trofeos para exhibir en el living o la oficina. Nadie deja  las decepciones o las derrotas en una vitrina. Aunque lo más irónico sea que, sin ellas, no habría sentido para la vitrina en primer lugar. 



Witters Alley, 7:00 Horas

El "Idu Era Sivallion" de Daniela hacia Crisald actuó como una última bala directo al corazón del Vlaind. Si la Avista tenía intenciones secretas y escondidas para ello nadie ahí lo sabía. Era mucho más inteligente y perspicaz de lo que sus ojitos de perro mojado mostraban. Aunque no era malvada, sin duda a veces revelaba una parte de sí que demostraba un entendimiento de la situación superior al de Rise y Miranda juntos en ciertos casos.

Crisald sonrió de compromiso. 
- ¿Con que vos sos la muchacha que viene a matarnos a todos o algo así?- Preguntó buscando entre los bolsillos algún cigarrillo perdido. Cada tanto tenía suerte y encontraba algo. Rise se le adelantó y le ofreció uno de sus Lucky Blend

Los tres miraron al Vlaind esperando a que soltara alguna chapuza religiosa e intentara atacarla, como solía ocurrir con Daniela demasiado a menudo. Sin embargo el Vlaind, notando sus caras de preocupación añadió:
- No, me interesa un comino la Hip...digo, Daniela. Estoy aquí por otras razones. Lo cierto es que no creo la historia esa que se inventaron los alucinados de Liavenna y compañía. O al menos no la creeré hasta que lo vea en persona. 
- Creo que deberías reconsiderarlo, hemos visto lo suficiente como para creer parte de ese cuento al menos.-Respondió el Dracida.

Mientras Rise y Crisald entraban en charlas y dichos de machos sobre las últimas novedades y cambios de paisaje en Witters Alley tras las explosivas reformas de la Mujer Desnuda, Miranda tuvo un presentimiento muy Sigmund. Instintivamente se acercó a Daniela, como si ambas compartieran un pensamiento en secreto del que Rise no estaba al tanto.

Música 


Era una mañana muy hermosa, pensaba Miranda. Tal vez la más bonita que había visto desde que salió del bosque en busca de su compañero. Aun a pesar de la destrucción reinante en Witters, el humo y los cuerpos, los pajaritos cantaban contentos sobre el estoico bebedero de una plazoleta que había sobrevivido al cataclismo reciente y el sol parecía brillar más y mejor. Como en un recuerdo lejano de un buen verano pasado. Pero había algo más, había algo más y ese sentimiento no la abandonaba desde que vio por primera vez al Vlaind parado sobre los escombros de la zapatería. La cosa no acababa todavía...

Observando detenidamente los lentes oscuros de Crisald y su atuendo, Miranda recordó el cementerio que había al lado de su casa en el barrio pobre de Vincent Town. Tal vez algo en su forma de ser o en la cadencia mortecina de sus palabras le recordara a los enterradores que a menudo conversaban con su madre. 

No, no era una impresión de la memoria. Era una certeza, una real certeza compartida por Daniela. Ella la miraba con aires graves mientras Crisald gesticulaba de manera agradable y descontracturada frente a Rise. 
Miranda se llevó la  mano a la frente como intentando sacar de la punta de la lengua esas tres palabras que le dieran una pista. 

Eso "Más" que estaba entre ellos en este preciso instante era el mismo tipo de cosa que uno puede encontrar, justamente en un cementerio, grande o pequeño. La vida en la no vida, la energía de las cosas muertas. Lo vital que se esconde detrás de la noche y la bruma, como acechando entre las tumbas. Si hay que ponerlo de manera más gráfica deberíamos llamarlo "Vida creada a partir de la acumulación de la muerte" Un ente formado de los restos de muchas otras cosas que forman una nueva presencia en el aire, palpable y esquiva para la mente humana. 

Daniela sabía que forma tenía, pues la había visto cuando Crisald atacó su departamento en Blondres. Aquella sombra que vio por un segundo trasfigurando la imagen de Crisald delante de ella con una Desert Eagle apuntando a su cabeza. Era aquello lo que Miranda presentía y con lo que estaba, lamentablemente, muy familiarizada desde pequeña. 

Tumbas Pensó la Jethi con sus ojos clavados en Daniela. La Avista asintió con la cabeza pero guardo sus pensamientos para sí. 

- Así que la basura de Karl esta muerta. - Escucharon decir a Crisald. Ambas salieron de sus pensamientos para unirse a la conversación. - Es una lastima, me hubiera gustado coartarle la cabeza.
- Aunque suene extraño, si hubiera sido así yo no estaría vivo. - Agregó Rise. 
- ¿A que te refieres?- Pregunto Miranda.
- ¿Te crees que mi cuerpo esta hecho de Titanio? Fue él quien me salvó de la explosión. De lo contrario hubiera terminado como cualquiera de nuestros sonrientes amigos aquí. - Dijo Rise señalando un esqueleto carbonizado sentado en lo que fue la Gasolinera de la Wako.
- Es verdad Rise, ¿Como hiciste?- Preguntó Daniela.
- Sí, me gustaría saber que paso en este lugar, parece una zona de guerra. Añadió Crisald.

El Jethi se sentó en una silla que había llegado volando hasta allí algunas horas atrás y procurando no romperla dijo:
- Es confuso y tengo tantos golpes en la cabeza que apenas puedo poner los pensamientos en orden. Esa mujer me la hizo muy difícil.
- ¿Que mujer?- Pregunto Crisald.
- Am, no se si se habrá cruzado en tu camino también. Una muchacha alta de cabellos oscuros enrulados, desnuda y de ojos amatistas.

Ese fue el segundo balde de agua fría para Crisald esa mañana. Recordó a la muchacha en la ruta cuando viajaba con Alaysa hacía Oldbridge town. - Me cago en Namidian. - Respondió Crisald absorto. - La vi en la ruta cuando iba para Oldbridge. Creí que estaba soñando despierto, estaba muy cansado y estaba oscuro, pero la recuerdo bien. Mi compañera pensaba que era algo, bueno,...
- Algo como yo. Dijo Daniela cortante. 
Crisald, que odiaba pensar en que iba a tener que darle la razón a Alaysa sobre todas esas cosas que el pensaba tan imposibles respondió casi mordiéndose los labios:
- Y...sí. Básicamente. ¿Que se supone que es ella?
- Era...- Agregó Rise con cierta satisfacción. - Más allá de todas las conjeturas que pueda decirte, lo único cierto es que era una cosa que buscaba a Daniela también y estaba metida en todo, incluso en la mente de tu amigo Karl. Lo dominó por completo desde que escapamos de él en Oldbridge. Cuando llegó ya estaba como poseído por ella. Así que cuando lo vencimos ella ¡Pluff! salió de su cuerpo como una bailarina sorpresa de un pastel. Y ahí nos dimos toda la noche hasta hace unas horas. 
- Bueno ¿Y como sobreviste a la explosión, eso es lo que me interesa saber a mí Rise?- Apunto Miranda.
- No lo tengo muy claro, pero cuando estábamos en el tramo final de la pelea escuche la voz de Karl en mi cabeza. Me dijo que "seguía dentro de ella" como si estuviera atrapado dentro de la Mujer Desnuda. Supongo que cuando ella abandonó su cuerpo su ser quedo libre de su influencia pero atrapado en....no se es muy difícil de explicar.
- Atrapado en su Vacío. Dijo Daniela. 

Todos la miraron esperando explicaciones:
- De esa forma se sentía cuando ella tomaba el control en mí. Como si estuviera prisionera en algún lugar muy recóndito y oscuro. Después, cuando se marchaba yo sentía como si acabara de despertar, aunque recordara lo sucedido limitamente, a menudo confundía sus acciones como si fueran mías. Me tomó tiempo darme cuenta que no era así y llevo 18 años viviendo con ella. El pobre Karl no debe haber tenido la oportunidad de darse cuento de eso hasta que se murió. 

Rise se sonrió y le dio una palmada a Miranda en la espalda como diciendo "Viste, esta es mi aprendiz" Miranda le devolvió una mirada altanera, pero también sentía cierto alivio de tener a la muchacha de su lado. Mas, para no ser menos la maestra de Sigmund agregó:
- Pero el truco no le funciono del todo con él. 
- ¿Por?- Pregunto Rise. Mientras tanto Crisald los miraba como si acabara de entrar en un curso de Chono sin aprender sus lecciones del día. Solo podía pensar en Alaysa y en todas las cosas que le dijo en Oldbridge y que él se negó a escuchar o a creer. A su forma de verlo, era como sí los Jethis hubieran estado viviendo en un planeta distinto donde los eventos que narraban ya eran parte de la vida cotidiana, mientras él se sentía como un aldeano que persigue cosas extrañas al grito de "¡DUENDES!" Esta clase de pensamientos hicieron que su arrogancia con respecto a "El mundo y sus cosas" se fueran por la banquina.
Escuchó la voz de X en su cabeza. 
No tienes ni idea donde estas parado hijo

Miranda continuaba con su explicación con su tono de maestra:
- En el bosque los Dracidas de Frigord tienen la capacidad de separar su espíritu del cuerpo. Es una técnica que se usaba ya en la antigüedad antes de que emitieran un Juicio acerca de esto o aquello en los tribunales Dracidas. Se supone que de esa manera  alcanzan un conocimiento y entendimiento más puro que atados a su cuerpo mortal, como si se fundieran con el todo. Supongo que Karl hizo exactamente eso, y una vez dentro de la Mujer Desnuda ya estaba libre de su influencia y por ende, podía comunicarse con otros para ayudar a vencerla. Es como si se volvieran parte del Rettem. De la misma forma podían proteger o custodiar de alguien en batalla o en peligro. Nada que no este en los libros del bosque, por cierto.- Dijo mirando  a Rise  anotándose un punto para ella y su educación tradicional. 

- Esperen....esperen. Dijo Crisald. - ¿Están diciendo que esa basura hizo algo bueno? Tengo como siete cuerpos ahí atrás que dicen lo contrario.-

Miranda no entendió a que se refería con eso. Rise Sí.
- No...Yo conocí también a Karl, Vlaind. Vivía justo en frente de mi casa y se las cosas que hizo. Pero creemos que al final, final de su vida, quiso hacer algo como la gente. Nada que no veas en otros criminales comunes del Bajo. De hecho, en mi opinión, su mente se fue totalmente a la mierda desde que conoció a Daniela y la vio hacer su...buenos sus cosas de Avista. Como Dracida tengo que reconocer que al menos se fue de este mundo con  Honor.
- Matar a una familia inocente y desarmada no es lo que llamamos honor en el mundo Vlaind. - escupió Crisald con cierto enojo. 
- Bueno, debatan sobre eso más tarde si quieren. Dijo Miranda. En lo que respecta a mí Karl esta muerto y no va andar por acá, para bien o para mal. Nosotros tres estamos vivos y nos tenemos que ir Rise. Si mal no recuerdo este país esta gobernado por un club de paranoides que, con todo este descalabro deben creer que estalló la tercera guerra mundial. En dos horas como mucho van a venir con el ejercito a ver que carajo pasó. 

Rise asintió. 
- Bueno Crisald, un gusto volver a verte, creo. Gracias por lo de los escombros y suerte con tus cosas.- Dijo Daniela. 
El Vlaind apenas pudo creer lo que dijo luego. Pero estaba tratando de seguir los consejos (de una buena vez) de Alaysa y X.
- Esperen...¿Van al bosque encantado?
Daniela se despachó en una sana y amable carcajada. Rise y Miranda miraron a Crisald como si este preguntara en broma.
- No no...este...Hosmosis...Hos...
-¡Hosmusilias !- Grito Miranda, que odiaba que se hablara del sacro Santuario de esa manera. Crisald lo hacia más de ignorante que de malvado. - Eso. Perdón, la ultima vez que escuche ese nombre fue con mi tutor, como hace 10 años o más-
- ¿Por que lo preguntas? Dijo Rise.
- Bueno a pesar de que no crea (Tenía que anteponer esa frase antes de decir estas cosas) todavía en muchas de las cosas que hemos conversado, lo cierto es que tengo que encontrarme con una amiga ahí. Dijo que iba a ir a Hosmu...silias para charlar con un tal Nehuen sobre estas cosas del fin del mundo. Lo cierto es que si bien no me interesa demasiado, me dijo que si iba para allá me iba a encontrar con otros que andaban en "mi misma senda". Y aunque suene de la dimensión desconocida, en eso acertó. Nuestros relatos se cruzan en varías partes y me gustaría, al menos, escuchar que es lo que tiene para decir allá. Lamentablemente, las cosas que me trajeron hasta acá tiene menos contenido Harry potter que las suyas. 

Daniela se río de nuevo:
- Creo que soy la viva prueba de que, lo que sea que haya dicho tu amiga y que vos "no crees" es en parte cierto. Rise me dijo que ustedes los Vlaind son muy cultos, no entiendo cual es el problema. ¿Que no es normal conversar de estas cosas en su sociedad, raza, club o lo que sea?
- No...bueno, no para mí. Siempre me mantuve bastante al margen de la política de la Nación. Solo leí algunos libros raros (Ocultismo del más descabellado pensó) en mi vida. 
- Desde que conocemos a E.T todos nos sentimos igual querido.- Dijo Miranda  
- Eso parece. ¿Entonces...- En este instante el muchacho Larenthguer se sintió como un niño nuevo en la escuela. Preguntando, lleno de nervios, de miedo y un poco de frustración, si podía jugar con ellos. - ¿Les molesta si los acompaño?

Miranda se puso pálida de la sorpresa y Rise sabía que eso iba a suceder ya intuyendo que, de formas muy cínicas y extrañas, la vida, los Dioses o quien sea había puesto a este Vlaind ya muchas veces en su camino. Se alejó de él en dos ocasiones. La tercera es la vencida, el Sí había visto a la mujer desnuda, luchado con ella, había visto a Daniela volverse loca como una lavadora descompuesta con poderes sobrenaturales. No había razón para no creer que "El destino" apuntaba a que un Vlaind se sumara a su pequeña compañía. Miranda, conocida en el bosque como "La Maestra Ciruela" preferiría dispararse antes de que la vieran llegar con un Vlaind al santuario. Santuario al que los Vlaind no ingresaban desde hace miles de años por razones más que obvias sobre las que pesaban, prejuicios y mucha, mucha sangre.

Rise hizo un mínimo movimiento de hombro que le hizo percatarse a Miranda de que estaba por decir "No hay problema viejo" Y de inmediato lo tomó por su adolorido y quebrado brazo. Crisald y Daniela se dieron cuenta de esto y se miraron como si entendieran de lleno que acababa de ocurrir. 

- Rise. vamos a... ¡Buscar mi Moto! Jethi irresponsable, te juro que si la rompiste te voy a terminar de matar. - Mientras decía esto lo llevó lo más lejos posible de los oídos de Crisald. Rise, arrastrado y confundido se dejo llevar. 

El Vlaind se quedo solo con la Avista. Hubo un largo silencio entre sus miradas. Crisald fue hacia el paquete de cigarrillos que Rise había dejado caer luego de que Miranda lo secuestrara. - ¿No le gusto mucho a tu amiga verdad?- Le preguntó a Daniela. Ella los vio a los dos ir por detrás de las ruinas de la zapateria discutiendo en susurros mal disimulados.- Creo que no. 
- Es una lastima, es una belleza. 
- Ah no, ni se te ocurra mirarla. Es de él. Y aunque ella no lo admita,  la tiene loca. Él ganara. 
- Es la primera vez que intento hacer amigos en vez de matarlos ¿Sabes?- Le encendió un cigarrillo a la Avista. - Espero haber dejado una buena impresión...- Continuo irónico. 
Daniela no pudo evitar sentir un poco de miedo ante esa declaración tan sueltamente despachada. Crisald cayo en la cuenta de que no hablaba con Alaysa. - Pero creo que no me esta yendo muy bien. 
La Avista transformó sus nervios en risa y Crisald recordó como su hermana tenía ese mismo tipo de sonrisa que intenta esconderse de los demás. 

Los pájaros de la mañana continuaban con su canto. El Vlaind fue a sentarse sobre unos escombros donde daba la luz del sol, quería sentir un poco de ese raro calor primaveral. Daniela, aburrida, lo acompaño. Sabía que no iba a intentar matarla, ya había tenido su oportunidad y el muchacho no logró jalar del gatillo. Se sentó a su lado, limpió de entre los escombros una botella de cerveza Milton y le ofreció un trago. Crisald lo acepto amablemente y permanecieron unos deliciosos segundos en silencio bebiendo a la salida del sol, como si nada de lo ocurrido antes los afectara en absoluto.
- Diría que es un poco temprano para tomar...- Dijo Daniela. - Pero dadas las circunstancias...
- Siempre puede ser el último trago. ¡Salud!- Contesto Crisald. 
***

Música
La Cheby de los años 50 hace rato que había llegado a las puertas de Witters Alley. Cualquiera de sus habitantes estaría contento de saber que este pueblucho rutero sin importancia alguna era el lugar donde cosas muy importantes se definirían a futuro. Lamentablemente no les quedaría otra opción más que mirarlo desde la sala de espera del vacío en donde estaban la mayoría de sus habitantes ahora. 

Jhonny Woodward estaba sentado al frente de la camioneta como una estatua. Su boca babeaba y ensuciaba la campera inflada que utilizaba. Como el soldado perfecto, esperaba la orden de quien sostenía las cuerdas de su cuerpo y de su cabeza para acelerar y llevarse puesto lo que tuviera delante como un piloto Kamikaze. El Rincón de su cerebro que aun controlaba sus funciones vitales solo sabía que tenía que detener a alguien, lo sabría cuando fuera momento, lo sabría cuando la sangre en sus venas se lo dijeran.

Hay que detener al príncipe, hay que recuperar la espada, hay que detener a la muchacha, hay que jugar la última carta del primer partido. Anotar un gol antes de que suene el silbato. No tenía mucha importancia para él. Pero tenía que hacerlo y hacerlo bien y ya. Al parecer la Estrella de Misínas lo había convertido en una especie de idiota, un ser vacío de propósito y pensamiento. Pero eso tampoco importaba porque todo en él estaba acallado, adormecido, silencioso y eso sentía mejor que todos los mejores días de su vida juntos.

Jhonny esperaría y demostraría que podía ser algo más que un Maricón Descarado. O sería el rey de los Maricones descarados, dependiendo lo que dijera la dama de blanco y ojos amatistas sentada en el asiento contiguo. Era bonita y era amable. Vivía en un castillo de Cristal, la Cheby estaba estacionada en el Salón real. Desde allí podía ver las estrellas, no las que vemos nosotros. Otras estrellas, de otro cielo mucho más antiguo y calmo.

El motor llevaba encendido ya muchas horas y el combustible empezaba a escasear, no importaba. Ella usaría su poder para hacer que esta cosa con cuatro ruedas levantara la velocidad de un trasbordador espacial si era necesario. No importaba, no importaba un comino. Estaba enojada, muy enojada y muy ansiosa. Era la primera vez que sus planes habían acabado de forma tan rápida. Era la primera que vez que a su llegada no precedía un baño de sangre como el que ella necesitaba provocar antes de levantar su cabeza sobre el mundo Mortal.

Ahora mismo, la estrella de Misínas se revolvía en algún lugar de su alocada órbita girando sobre si misma, sacando cálculos apresurados, posibles escenarios y analizando todas las variantes que su enorme cabeza podía lograr. Como una súper computadora de defensa que informa a los comandantes sobre el desenlace de todas las variables a partir de un solo hecho. Su infatigable y vieja mente ya había alcanzado el punto deseado, el momento binario. El SI o NO. Hace miles de años que esto no sucedía. La vieja Misínas siempre tenía un lugar de escape, un puente a la victoria. Si no era ese sera aquel otro, pero todos debían terminar igual, Todos tenían que terminar con un festín de violencia para que las almas le llenaran la barriga hasta que le diera modorra y pudiera dormir otros cuantos siglos.

Pero el tiempo de las escaramuzas había acabado. Dios, la Segunda Guerra mundial iba a ser una maqueta de algún aficionado a la historia a comparación de lo que tenía en mente. El tiempo corría, tic, tac tic, tac, ¿Donde esta mi bocado? ¿Donde están esas bombas con Napalm? ¿Por que Liavenna no inicio la puta guerra? ¿Por que Daniela se rebela?¿Donde están esos ejércitos de condenadas almas girando y girando, bailando y bailando en mi vientre? 

El tiempo corría tic tac, tic tac, Cara Amarilla pronto abriría sus ojitos como un gigantesco bebe recién nacido y ella pasaría al olvido, a segundo plano. El levantaría la mano y diría "No más" y ella ya no podría comer, al menos no sin pelear con todas su fuerzas. Ese estúpido, estúpido gordo perezoso de Ishtol ya había metido algunas cuñas en sus planes, jugandola de galán, de Dios Cristiano que nunca muestra la cara pero si mete la cola. La era del Sol y toda esa mariconada Hippie no la asustaba, sabía que ese momento iba a llegar pero aun para ella estaba lejos. En la antigüedad, desde que los Dioses tomaron conciencia hubo mucha comida en la mesa. Con esa pelota amarilla cerca de reclamar el tiempo que le correspondía y volver a unir todo lo que nunca debió dividirse su voraz apetito corría peligro de no ser satisfecho. 

Si no comía ahora, sino devoraba todo antes de que ese gordo amarillento tomara plena consciencia su reinado en las sombras en el palacio de Cristal inalcanzable estaría acabado y ella tendría hambre y debería luchar una guerra donde las probabilidades estarían 50 a 50. Nada que estuviera dispuesta  a que sucediera. 

Iba a robar el banco antes de que lo fundaran. Iba a comerse la cena antes de que estuviera preparada. Iba a meterse todo el puto universo en la barriga. El reloj Corria, Tic Tac, pero el  bocado se demoraba demasiado. Aun estaba Crisald, aun podía darle lo que necesitaba, aun tenía fuerza sobre él. Y aun estaba Jhonny y su Cheby. Sí, para alguien que ha levantado imperios o hundido naciones no era la gran cosa. Pero a ella le gustaba arriesgar poco y ganar mucho. Esa formula le era conveniente desde antes que existiera el concepto de tiempo transcurrido, y haría lo imposible por salvar su táctica. 
***


Igual que ella, Miranda no estaba nada contenta.

- Ahora quiero que me expliques que carajo tenes en la cabeza.
Rise le hizo una mueca de disgusto.
- ¿Por que no vamos con La Mujer Desnuda también al Bosque?
- Cual es el problema.- Le Dijo Rise seco.
- ¡Ese es el problema!- Miranda Señalo hacia donde estaban Crisald y Daniela. - Una cosa es ir con E.T y ya es muy arriesgado. La otra es ir con E.T y un puto Vlaind de Rolando. Esos tipos son...son...
Rise tomo aire y elevó el tono de voz.
- ¡Nada distinto a vos y a mi!, Nada. ¿Donde estuviste los últimos días? ¿Que no te das cuenta que el mundo en el que vivimos esta muy cerca de cambiar. De cambiar para siempre...todo lo que aprendimos, toda nuestra tradición, todo eso esta siendo desafiado por esa piba, Daniela es la confirmación de que hay mucho más allá afuera, en algún lado, de lo que jamas soñamos. Y no se vos, pero a mi me intriga muchísimo saber como va a acabar esto.

Miranda le elevó el tono y sus ojos parecieron arder:
- ¿Queres sabes como va a terminar? Ese tipo nos va a matar tan pronto como alguien le haga una broma o cuando Elvis le pida que lo haga. Los Vlaind de Rolando son la cosa más sanguinaria, demente y fanática de los Vlaind. ¿Que no te acordas? ¿Nunca te hablaron de como masacraron aldeas y ciudades enteras en...
- ¡Sí, Hace  1000 Años! Miranda. ¡1000! no fue ayer, ni la semana pasada ni hace media hora. Hablas de eventos que no viviste como si hubieras estado ahí. Acá afuera el mundo es muy distinto al del bosque.

Miranda negaba con la cabeza mientras Rise hablaba, pero su compañera escuchaba como un Cura al que se trata de convencer acerca de la teoría de la evolución:
- Por dios mira a tu alrededor. ¿Te parece casual que nos lo hayamos encontrado ahora? ¿Cuando fue la ultima vez que un Vlaind te pidió ir al bosque? Hay algo mucho más grande que vos, Daniela, él o yo. Lo víiy lo vi mucho antes de pelear con la Mujer desnuda. Algo infinitamente más importante y peligroso que un montón de...- Rise se contuvo.
Miranda se acercó a él, desafiante adivinando lo que estaba por decir.
- ¿Un montón de que Rise?
El Dracida bajó la cabeza y sentencio:
- De idioteces.
- ¿Idioteces?
- Si Miranda, idioteces de la edad oscura. A veces te pones tan obstinada que me haces acordar a los curas de la inquisición. Ese tipo de pensamiento es lo que lleva a la gente como nosotros a morir por nada o a vivir sus vidas encerrados en una puta reserva ecológica como si fuera El Castillito encantado de Disney.

La Jethi de Sigmund estalló. No necesito palabras para hacerlo, solo le cruzó la cara a Rise de un bife que ni su madre le hubiera dado mejor. El sonido fue escuchado por Crisald y Daniela. Luego lo apunto con el dedo.
- Nunca me hables así...Krebel. - Dijo Miranda con voz de hielo, pronunciando las palabras como si fueran cuchillos. Krebel era una palabra peyorativa en Sixvandes que se utilizaba para denominar a los Jethis que no formaban parte de la orden, pero que no renunciaban al uso de sus poderes en su propio beneficio.

- Escuchame una cosa pedazo de pelotudo - Dijo Miranda levantando su dedo indice, muy cerca de Rise, quien también empezaba a enojarse con Miranda. - Me estoy jugando mi rango de maestra en esta aventurita tuya. Me costo los huevos que no tengo haber llegado a ser Maestra del Bosque y cuando llegue al mismo con E.T...Sí las cosas llegan a salir mal, si ella realmente resulta ser lo que todos dicen que es menos vos, entonces se acabo Miranda. Me van a enjuiciar y me van expulsar de Hosmusilias. Pero como soy la única persona que tenes por amiga y al que le importas algo a diferencia de los demás allá, elegí confiar en vos y en tus para nada ortodoxas ideas. Así que más vale que nunca, nunca, pongas en tela de juicio mi trabajo y mi conocimiento sobre estas cosas  como si fuera una campesina ignorante.

- Nunca me habías pegado un bife así.
Miranda intentaba calmarse, con sus brazos cruzados miró hacia otro lado. Estaba ardiendo de furia.
-Debería prenderte fuego los huevos.
- No sabía que...no había pensando en lo vos pones en riesgo estando acá. Es verdad. Tampoco fue mi intención bardear tus creencias.
- Si me guiara solo porque lo he leído en el bosque, tendría que haber cagado a tiros a esa piba ni bien se me cruzo en el camino.
- Perdón, ahora déjame que te explique...No es que me sienta más cómodo que vos con un Vlaind de Rolando en el asiento trasero de mi auto. ¿Pero escuchaste lo que dijo? Dijo que una amiga de él va a ir a conversar con Nehuen sobre estos asuntos. Eso significa que alguien de su lado tiene información sobre este tema y le dijo que iba a encontrarse con nosotros.
- Eso puede ser una mentira tranquilamente.
- ¿Y como sabe el nombre del Patriarca? ¿Y como lo conoce a Karl?

Miranda no le respondió. Rise se llevó los dedos al entrecejo y en unos pocos segundos de silencio la idea que buscaba le llegó a la cabeza como la luz de un tren que se acerca en la noche. Apenas podía creer lo que había olvidado mencionar a Miranda sobre este tal Crisald. Ella pudo sentir como se erizaban los pelos de la nuca de Rise en ese exacto instante en que pensaba haber encontrado un conocimiento superior y sombrío acerca de los acontecimientos.

 -¿No te acordas no?- Dijo al fin con aires cansados.
- ¿Que? Dijo Miranda aun si verlo a la cara.
- No te culpo,  yo también lo había borrado de mi memoria hasta que conocí a Daniela y me dijo esa frase "Idu era Sivallion"
- No se de que me hablas Rise. - Continuo Miranda orgullosa, pero ya era capaz de percibir, de aproximarse a lo que su compañero le mencionaba.

- Hace siete años me acompañaste hasta Kings Road por un tema de mi viejo. ¿Te olvidaste? Fue la última vez que estuvimos juntos de viaje por el país. Estábamos acampando una noche en unos bosquecitos de ahí cerca de un campo de golf y escuchamos unos ruidos como de tiros.

La Dracida se puso levemente pálida, recordando ese asunto de la casa de Kings Road.
Rise Continuo:
- Fuimos a ver a la mañana siguiente, nos quedaba de paso y vimos esa frase en la pared de un vestíbulo escrita con sangre. No me digas que no te acordas porque esas cosas no se ven muy a menudo Miranda...
- ¿Y que tiene que ver eso con esto?- Le preguntó Miranda a la defensiva.
- Era la casa de este pibe, lo leí en los diarios de la Biblioteca la noche anterior a que vos llegaras. A eso se refería con "Siete cuerpos ahí atrás" . Vos y yo nos acordamos muy bien como se sintió entrar ahí...
***
Música

Mansión de los Larenthguer
Año 5992
Kings Road, Himburgo.

Para entonces ninguno de los dos sabía a ciencia cierta porque estaban ahí. Pero la figura de la casa, recortando la noche de luna llena como un castillo embrujado les había incomodado toda la noche mientras uno hacía la guardia y el otro dormía. Los disparos fueron escuchados al igual que la explosión vista por los dos desde una colina cercana. Pero no se animaron a ir. Podían imaginar que era la casa de un Vlaind por la arquitectura y no era nada sabio meterse por esos lugares. Después de todo los Vlaind saben cuidarse y matarse solos.

Cuando todo acabo (y ellos habían logrado descansar algunas horas) ambos tuvieron la necesidad de saber que había pasado y hasta tal vez auxiliar a algún superviviente de lo que sea que hubiera ocurrido. Sin hablar mucho entre los dos, saltaron el muro protector y tan pronto como lo hicieron se percataron de que nada vivo había quedado siquiera para detenerlos de hacerlo. En los oscuros jardines el mundo lucía quieto y sombrío. Tal y como Miranda se sintió al ver a Crisald: En la casa había algo como en los cementerios. Una energía extremadamente comprimida aguardando el momento exacto para estallar. O para atacar.

Eran las primeras horas de la mañana y ambos habían entrado por un hueco grande como del tamaño de un auto. A pesar de que las paredes eran gruesas y de buen material, la explosión había sido lo suficientemente poderosa como para abrir una nueva puerta de invitados en el salón principal de la mansión. Dentro todo estaba a oscuras, pero algo de luz pasaba por las ventanas hechas pedazos. Una luminiscencia fría y azulada de mañana.

Miranda pasó primero y ayudo a Rise a saltar del otro lado del hueco. El olor a pólvora era insoportable, estando en Witters podía sentirlo todavía picandole la nariz. Como si estuviera oliendo el azufre emanando del infierno delante de sus ojos, era opresivo y abominable como todo lo que, estaba segura, aparecería tan pronto como encendiera su linterna. Rise hizo un comentario que la seguiría en sueños muchos años más tarde "Parece que alguien hubiera tirado un Tomahawk acá". Era referido a la abertura en la pared que daba al patio por donde acababan de entrar.

Estaba demasiado en lo cierto, cuando la Jethi de Sigmund prendió su linterna lo primero que noto fue la sangre manchando los cristales finos de una gran araña de cristal desparramada sobre el suelo. Los metales y brillantes adornos de aquella aristócrata lampara descansaban sobre el cuerpo de alguien. Un chico joven, tal vez menor de 18 años, de facciones caucásicas y cabello rubio. Sus ojos verdes y vacíos la miraron tan pronto como la luz se poso entre sus orbes. Distantes, lejanas y muertas.

- Heills nos proteja.- Dijo la Dracida a su compañero. Ella había visto algunos cadáveres en su vida, tanto en la vida en sociedad como en el bosque. Pero esto era algo distinto, no solo le bastaba el hedor y la diluida imagen en medio de la oscuridad del recinto para adivinar lo que había ocurrido, sino que era capaz de sentirlo, de percibirlo en todo su cuerpo, en su vientre y en su entrecejo.

Los dos Jethis empezaron a caminar por lo que lucía como una alfombra, pero no era un tapete lo que cubría el suelo, sino sangre. Ambos pudieron sentir como el rojo liquido acolchonaba sus pasos de manera casí imperceptible. Era resbalosa, muy resbalosa y ahora Miranda recordaba las ganas que tuvo de Vomitar ahi mismo.

La linterna de Rise fue derecho al fondo del salón, su luz blanquecina paso por algunos viejos cuadros de grandes señores. Todos ellos parecían de una Mansión digna de Scobby Doo. Altos, recios, con uniformes militares, perros de caza, espadas y escopetas. Todos los Larenthguer que habían vivido allí, en la casona de Kings Road. Las pinceladas, los colores claros y opacos les daban un aspecto fantasmal, como recios Dioses, altos e intocables parados sobre  aquello en lo que siempre derivaba su señorial legado: Un Baño de Sangre.

Cuando la luz de Rise hizo un movimiento leve hacia abajo, pasando por orificios de bala y marcas de ollin, se detuvo en una chica de una estatura pequeña para ser Vlaind. Su cuerpo, bellamente embalsamado en el traje de bodas de sus sueños estaba echado sobre lo que lucía como un altar, con sus brazos extendidos hacia la pared delantera de modo que parecía que se encontraba en algún desesperado ruego. Su pequeña espalda había sido destrozada por los fatales impactos de una sub ametralladora en un ta-te-ti sangriento. Quien debió ser el novio estaba a sus pies con  algunas ventilaciones extra para su cerebro.

Ninguno de los dos dijo una sola palabra, pero llevados por el temor o el espanto se acercaron mucho el uno al otro.  La Dracida de Sigmund continuo con su morbosa inspección. Lo que era la mesa del catering servia cosas muy distintas ahora. ¿Cuantos eran en total? No alcanzaban sus dedos para contarlos. La mayoría de las victimas no estaban armadas, en apariencia habían sido tomados por sorpresa y ni siquiera el perro de la casa, un golden muy bonito, había logrado escapar de los implacables asesinos. Los niños tampoco, uno de ellos yacía con su cuerpo seccionado en varias partes al costado de la puerta que daba al recibidor, abierta y rajada como por un hombre lobo. Seguramente un Vlaind de Gerardie. Alguien como ese tal Sarcant...

Rise le habló, su voz llegó desde el otro extremo del salón.
- Miranda, ¿Que es esto?
Ella se volteó y pudo apreciar la luz de la linterna iluminando la pared frente al altar de los novios. Alguien había dejado una leyenda escrita con sangre. "Idu Era Sivallion" Y como en una inconsciente ironía, el cuadro central de toda casa vlaind, el de Balabord sobre su caballo, yacía caído bajo la inscripción, con su adusto y terrible rostro manchado por las gotas que habían caído del horroroso graffiti.

Música
Eso fue suficiente para Miranda, quien se arqueó en un movimiento espastico y vomito todo lo que su estomago y poca comida ingerida se lo permitió. - ¿Donde mierda nos metimos Miranda?- Dijo Rise con el temor asomándole en los dientes. Pero ella sabía que no se refería a los cuerpos, ella sabía que aunque él lo creyera no se refería a la escena dantesca, a esta mala interpretación moderna del infierno de El Bosco, Rise quería decir lo mismo que ella sentía en ese instante y lo que sintió cuando vio a Crisald por primera vez: ¿En que cosa nos metimos? O, para ser más sinceros. Lo que Ella sintió al ver a la Mujer Desnuda la noche anterior en toda su guerrera gloria.

Para Miranda , miembra de las ordenes más sensibles de los Dracidas después de Dalstein, la pregunta y la respuesta que aterrorizaba su cabeza era "¿Que cosa hay acá? ¿Lobo esta? ¿Lobo Duerme? ¿Esta despierto? No, se esta poniendo los calzoncillos pero pronto va a salir de la casa y se va a comer a todos los chanchitos

Pocas veces Miranda tuvo un derrape de sentimientos tan profundo en su corazón como aquella vez en Kings  Road. Pero la Jugada de la vida había sido un golpe bajo. Ella sabía que Miranda había nacido al lado de un cementerio, que lo había visto en su ventana hasta los 8 años y sabía, sabía como nadie que había cosas ahí, ahí justo del otro lado de la baranda compuesta por bonitas y ordenadas piedras grises, guardada entre rejas de acero negro con alguna leyenda de la biblia como ellas. Algo demasiado parecido a un campo de Concentración, solo que en este caso estaba habitado por seres muy distintos que desafiaban la racionalidad, seres que solo pueden ser vistos, oídos y percibidos por la mente de una niña como ella.

Como el cementerio
Como La Mujer Desnuda Volvió a pensar
O como los Dibujos de la Torre por los que llegue aca en primer lugar. 

Oh Sí, Lobo esta. Pensó a sus adentros mientras Rise le recordaba, en Witters, lo sucedido.

Los dos lo habían visto y aunque su tétrica visita a la casona de Kings Road no duro mucho más de media hora, recordaba todavía haber tenido algunas pesadillas en la noche con este asunto y nunca le encontraba del todo el sentido a las mismas porque su mente había borrado todo recuerdo de esta cuestión, en apariencia, nada que alguien como un Jethi no vea alguna vez en su vida. Pero ella, igual que Rise, había escogido borrarlo de su cerebro para siempre, dejarlo que se entretuviera en algún rincón oscuro de su cerebro donde pudiera germinar como la semilla oscura que era: El mal.

Ambos habían adivinado cual había sido el visitante inesperado en esa fiesta; que era lo que vivía en esa casa, quizás mucho antes de que Crisald naciera, quizás mucho antes de que Himburgo se formara como estado. Por que el Mal, el de verdad,  ese que esta girando como una estrella amatista en algún punto de este loco y enfermo universo fue uno de los primeros colonos de bienes raíces en Balbania. Siempre comiendo y bebiendo de lo que otros dejan atrás, metiéndose en las heridas y en las grietas que se van formando a menudo que la sociedad avanza hacia su desesperado destino. Como un cínico que se dedica a re llenar baches con cemento que nunca se seca en realidad.

A pesar de que ambos tenían una moderada experiencia y conocimientos acerca de lo que pasaba fuera del bosque. Ese salón repleto de muertos asesinados de una manera casi ridícula superaba por lejos lo imaginable. Que los humanos se sorprendieran ante tales cosas era de esperar, pero que seres de su condición quedaran absortos era algo difícil de lograr. Uno no impresiona a un Jethi o a un Vlaind fácilmente... Claro que en el mundo había matanzas peores, no era en sí aquello que los ojos verdes de Miranda podían ver sino lo que se respiraba, lo que se sentía entre las paredes de la casona:

Odio. Odio desenfrenado, irracional, monumental y Señorial. Como si la sangre de los fiambres en el piso estuviera hirviendo, en ebullición, esperando a  rebalsar y volcarse sobre Rise y Miranda en cuestión de segundos. Era esa percepción de un inminente estallido de horror, como el campo de pruebas de algún malvado científico que acababa de lograr su primer experimento con estos ratones de laboratorio. La idea de que existía, en algún punto de esas habitaciones un mal superior a todo lo que sus pequeñas mentes conocían.

- Había niños ahí.- Dijo Miranda en Witters, tratando de salir del océano oscuro en el que se habían transformado sus memorias. - Y hasta un perro...un perro cortado a la mitad. Recuerdo haber pensado que la mayoría no murieron producto de disparos sino por armas blancas...casi que me da ganas de vomitar de nuevo.

- No era solo eso Miranda.- Le dijo Rise, tomándola de las caderas. - Era...era el ambiente, la energía o como quieras llamarlo que nos llamo a entrar. Ni siquiera se porque lo hicimos, solo sentimos una curiosidad, como si fuéramos animales que actúan por instinto.

- No... yo si me acuerdo porque fuimos. O al menos porque fui yo...

Fueron por que Miranda insistió en hacerlo. Esa había sido, más o menos la única razón. Ella percibió un olor particular en el aire, unas cosquillas en las puntas de sus dedos blancos, una molestia sobre los parpados o una picazón en la parte trasera de la nuca. Como quien adivina la noticia sobre un deceso familiar cuando el teléfono suena, siempre entre las 1 y 6 de la mañana. Ya una vez en el terreno entendió que por sobre ellos, los Jethis, o los Vlaind había algo más que consecuencias creadas por hechos y Dioses. Particularmente lo mismo que Rise acababa de mencionar. Esa cosa dispuesta a desafiar todo en lo que uno cree por unos breves y fatales segundos.

- Eso regresó a nosotros Miranda. Dijo Rise. - Y ha intentado hacerlo desde que entramos a esa casa.
- Luego de aquel asunto nunca más volvimos a salir lejos del bosque y con el tiempo me fui. Me fui entre otras cosas por que dentro mio siempre supe que aquello que vimos ahí era mucho más real que todo lo que hacíamos en el bosque, aunque suene cínico, pensé que me estaba perdiendo de cosas interesantes ahí afuera. Es la razón por la cual Crisald esta aquí ahora, esperando a venir con nosotros al bosque, como también la razón de que Daniela exista. ¿No me vas a decir que te parece una coincidencia verdad? Todos cruzados por la misma cuestión, personas que nunca  se han visto las caras pero que forman parte de la misma historia. Una historia que empezó con una masacre y que por lo visto esta empeñada en terminar con otra como podes apreciar acá, en Witters. Ese mal, venga de donde venga, nos usa. Y no te enfades si te digo que tu odio hacia los Vlaind de Rolando no esta siendo alimentado por este recuerdo, más allá de lo que hayas leído. Yo también me quede pintado cuando lo recordé y pensar que Crisald es producto de todo aquello me da escalofríos. Pero si tengo que apostar, diría que esa misma cosa que sentimos en la casa esta rogando por que lo matemos o que el nos mate a nosotros. Por poco y lo logra  en la casa de Daniela hace unos días. Pero no sucedió, extrañamente el Vlaind huyó y yo no estaba en condiciones en ese entonces de pelearme con alguien como él. Se que suena a Locura, sueno como si fuera Karl hablando del reino de los cielos. Pero por favor, teneme fe.

Miranda tomo aire y sintió las manos de Rise en su cintura, pero no le molestaron en lo absoluto. A veces ella también se sentía débil y frágil aunque odiara admitirlo. Se mordió un poco los labios y no contesto. Todo, todo lo que había escuchado, leído, visto le decía que era una mala idea ir con ese demente al bosque, que ponía en peligro a los tres de manera innecesaria. Que si los amiguitos de Rolando de este pibe eran capaces de dejarse llevar por semejante locura, como en Kings Road, él también estaría dispuesto a hacerlo.

- ¿A que te referís con que no lo hizo Rise?- Preguntó Miranda.
- Cuando lo enfrente el estaba apuntándole a Daniela. Podría haberle volado los sesos y huir, podría haberle pegado un tiro y luego matarme. Sin embargo simplemente disparó hacía mí como para detenerme y se fue corriendo, hasta lo perseguí por el callejón pero se fue. Nada que un Vlaind de Rolando haría ¿verdad?
- No se Rise...la refrescada de memoria que acabas de hacerme me dice todo lo contrario.
- Voy a hacerte una pregunta. Prometo no enojarme ni discutir más este asunto...¿Confías en mí? ¿Podes confiar en mí?

Ella le tomó la mano y se la apretó, no con aires de amor, sino como quien se aferra algo esperando no caerse. - Lo cierto es que...nunca confié en nadie más que en vos, supongo...
- ¿Supongo?- Contesto Rise.
- Bueno sí...
- Bien. Prometo dejar que me mates si esto nos sale mal.- Miranda se sonrió un poco y el le beso la mejilla.
- No vas a tener que dejarme, voy a hacerlo tan pronto como suceda.
- Voy a decirles y de paso voy a buscar tu moto. Vamos a necesitar alguna camioneta para llevarla...
- Dale...

Rise se alejó y el calor se fue con él. Por un momento Miranda volvió a ese fría y sanguinolenta mansión a las afueras de Blondres, con todos sus muertos encerrados en ella, tragados por ella. Tras un escalofrió apoyo sus espaldas contra lo que quedaba de una pared de hormigón.

A veces pensaba que los fantasmas del cementerio al lado de su casa todavía la perseguían y quizás fuera esa la razón por la cual no salía seguido del bosque como Rise. La certeza de saber que más allá de los nombres que uno puede darle a sus temores hay otras cosas que van desde lo loco a lo inexplicable siempre había tenido a Miranda atemorizada, envuelta en sus cobijas en el bosque como si esta pudiera protegerla de esa realidad.

Siendo una maestra de la orden de Sigmund había pasado incontables horas frente a libros gordos como biblias tratando de encontrar la respuesta a esa pregunta. Anotando nombres en lenguas extrañas y cultos tan desparecidos como la lengua Helleniana antigua que conformaba las palabras "Idu Era Sivallion". Pero era fácil hacerlo estando amurallada por la magia de Hosmusilias que evitaba que ellos pudieran ingresar a su mundo, a su realidad. Ponerlos en un montón de hojas de papiros como exponencias frente a una universidad y debatirlos con eruditos de forma que lucieran tan lejanos y esquivos como los sueños. El temor a que aquello regresara era el mismo que le produjo su rechazo inmediato a Daniela en un primer momento...

Y ese miedo todavía la perseguía y ella todavía tenía deseos de correr lo más lejos posible del cementerio frente a su casa y acerlarar el paso cada vez que pasaba delante de este de regreso de la escuela. Pero ahora la había encontrado, 24 años después y estaba dispuesto a seguirla hasta el bosque. El único lugar donde Miranda había encontrado refugio de estos. Y si salía lo hacia en moto, de esa forma nunca la podrían alcanzar ni de ida ni de vuelta.
¿Lobo esta?
Esta de camino a tu casa Miranda. 

Tomó una de sus Ballers y la cargó. Accionó el cerrojo y la dejo bien al alcance de la mano, sin el seguro. Al menos se aseguraría de enviarlos al puto infierno  si le saltaban encima por segunda vez.

Porque ya no había lugar donde correr.









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