Stephen King en La Chacarita



El Día que Enterré a mi vieja pensé en este libro. Lo tuve en mi frente como un resplandeciente talismán en el recorrido del interminable cortejo fúnebre. Supongo que en algo tan íntimo como la muerte todas las experiencias son distintas. Pero Stephen King describió con exactitud los sentimientos más personales de cualquier deudo en más o menos cualquier parte del mundo. 

En Chacharita tuve en mi cabeza al Doctor Creed. Recordé su pesadumbre al recibir el decimoquinto pésame en un velatorio de Nueva Inglaterra de los años ochenta. Supe que el autor tenía mucha razón. Cada pésame, por bien elaborado que se encuentre, es como una piedra que tenes que poner en una canastita que dice SOY DEUDO y llevártelo a tu casa, pese lo que pese; cueste lo que cueste. Es un tema de respeto ¿Por que tenes que respetar el pésame del tipo al que no se le murió nadie ese día? Que se yo. Tradición. Buenas o malas, por algo lo son. Si me preguntan a mí lo único que quería era volver a mi casa a dormir con la vana esperanza de que quizás durmiera para siempre.

Leí CEMENTERIO DE ANIMALES en mis vacaciones 2012-2013. Fue la primera vez que fui a Gesell solo y pague mi estadía de un mes con la plata que había ganado de mi laburo antes de renunciar. Fue el segundo libro que leí del autor; pero en verdad creo que se trata del primero. LOS OJOS DEL DRAGÓN fue mi debut con King; pero no es un libro muy de Stephen King. Creo que la experiencia real de conocerlo fue con esta novela de menos de 400 Páginas. 

A veces los libros tienen mucho que ver también con el momento que llegan a nuestras manos. No pocas veces algunos de nuestros favoritos durmieron el sueño de los justos meses o años luego de ser comprados. Muchas veces los empezamos y los dejamos por ahí después de 3 o 4 páginas volviendo en Bondi y reconectamos años después en una sala de espera, una noche de lluvia o después de ver la película.

Ese fue un verano de primeras veces. Primera vez solo en la casa de Gesell, primer asado, primer borrachera hasta quebrar abrazando el inodoro y primera vez con un libro de terror en las largas, frías y húmedas noches de Villa Gesell. 

El poderoso valor de esta obra reside en su abordaje del tema de la Muerte en todas las facetas de la vida. Como la vemos de niños, de adultos y en nuestra vejez. Y aunque uno pudiera pensar que todo sirve al propósito macabro de asustar; también es un libro que habla mucho sobre lo importante de disfrutar la vida y a los vivos. La mayor tragedia ocurre cuando los personajes no pueden abandonar su obsesión por vencer a algo tan natural como la muerte en vez de poner el foco en quienes aun habitan este lado del mundo con ellos. Prefieren entregarse a los poderes arcanos y engañosos de un Cementerio Indio antes que hacer el (enorme) esfuerzo de pensar en los vivos. 

Al Terminar mi relectura este año me preguntaba si los libros conservan las energías de aquellos quienes los leyeron. Pensé en ese gran verano del 2013 pero acabe mucho más atrás, después de todo este oxidado ejemplar es de 1984. Pude imaginarme a mi vieja leyéndolo cerca de algún diario Clarín donde dice que ganó River con gol de un joven Enzo Francescolli y que el Gobierno se reunió con no se qué dirigente Peronista de la época de Alfonsín. Supongo que ese día de 2014 en Chacharita poco podría haberme imaginado tan tranquilo con un libro en mis manos que fue de mi vieja sin que medie otro sentimiento que el amor y ya no la enlutada tristeza. Es un aprendizaje que ante una muerte súbita parece imposible de alcanzar pero que hay que salir a buscar todos los días, cueste lo que cueste. 

Este libro puede ser una poderosa herramienta; como un mágico talismán















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