domingo, 15 de julio de 2012

El Ritual de los Condenados VI

Capítulo VI
Un Vlaind de Rolando

La figura negra y seductora del nuevo Zitroen C4 que Crisald había regalado a Liena avanzaba por la carretera a una velocidad mayor a la permitida por la provincia de Platino. El cartel "Máxima 120" pasó totalmente desapercibido para los ojos del Vlaind, quien cuando tenía problemas gustaba de subir a alguno de sus muchos automóviles a quemar las llantas en las carreteras. Al igual que el cartel, tampoco pudo divisar la patrulla de caminos estacionada a un costado, donde el oficial Lacio estaba de guardia. 

Era de noche y de no ser por los poderosos faros y el antiniebla de aquella hermosa criatura, poco y nada vería el Vlaind. Alrededor la provincia de Platino vestía su mortaja negra y deprimente que tomaba tanto en verano como en el invierno.  Los graneros, los silos de trigo y alguna que otra chata estacionada al costado de la ruta no eran otra cosa que fantasmas en el rabillo del ojo del príncipe. Tenía su alto parlante al máximo y al costado de su asiento estaban los papeles que había recibido por parte de un amigo de la inteligencia que le debía un favor. No le gusto tener que rogarle a Marco Warren para que cumpliera con su promesa, pero aun trabajando para el MI5, Marco seguía siendo un Vlaind y eso era algo mucho más fuerte que los 20 mil balbans que le pagaba el estado por ser uno de sus mejores agentes. Y lo que era más importante, odiaba con toda su alma a los Dragones Negros. 

El Zitroen terminó de dar la vuelta a la curva y tomó la carretera numero 4 que llevaba al norte, Crisald iba con la ventana abierta y dejaba que, con frío y todo, el viento le diera en la cara como también en sus largos cabellos rubios sueltos al viento de la ruta. Apretó un poco más el acelerador. Delante el horizonte estaba lleno de penumbra, una larga masa de nubes avanzaba en dirección a la ciudad, su interior cargaba una tormenta eléctrica que comenzaba a gestarse a unos kilómetros de allí. Crisald, viendo que estaba en una recta (y ya que conocía el camino de memoria) apretó todavía más el acelerador y el Zitroen salió como un cometa contra viento y marea desafiando el silencio campestre de la campiña.

Mientras tanto Lacio, vio ese movimiento desde su posición y pensó "Bueno, vamos a ver cuanto le saco al pelotudo este.." y sin las sirenas encendidas y con las luces al mínimo fue detrás del auto. Pensaba en obtener unos buenos billetes de el idiota del Zitroen, no era la primera vez que lo hacia. Lacio estaba lejos de ser un orgullo para la policía, pero lo cierto es que aquella provincia apenas si tenía indice de criminalidad. Las guardias eran aburridas, el trabajo era feo y el no iba a dejar pasar la oportunidad de sacar su placa para, mañana o pasado hacer alguna compra extra en la ciudad. 
***

A pesar de no querer reconocerlo, el Vlaind estaba muy enojado. Le enfadaba tener que haberle mentido a Liena, una mujer tan bondadosa como inocente. Tener que sacar ventaja de la mente poco agraciada de su esposa le hizo doler el estomago. A penas si se reconoció a sí mismo unas horas atrás cuando discutieron en el apartamento.

"¿Por que te vas Cris? ¿Y por que necesitas mi auto?"
"Tengo que ir ya mismo a una reunión en Hellens dulzura. Va a tomar una semana o menos. Y el auto..."
"¿¡Que son esos agujeros en la puerta!? ¿Y que paso con el vidrio?" Decía ella poniendo sus dedos blancos y finos en los huecos que dejo la escopeta de Rise. 
"Me quisieron robar cuando pare en el bajo"
"¿Robar? ¿A vos?"
(odiaba que hiciera tantas preguntas)
"Si...robar, tiraron a una chica delante del auto. Cuando baje para ver si estaba bien me asaltaron. Por suerte solo me rasguñaron."
"¡Ay! te lastimaron la carita" Le dijo Liena, quien actuaba como si Crisald le estuviera diciendo que lo acababa de atacar un asesino en serie.  

En la cabina del auto, Crisald hizo una mueca de disgusto recordándose actuando como un idiota en ese entonces. Sabía que podría haberle dicho a Liena que lo había atacado un unicornio azul y que fue con su cuerno que este había agujereado la puerta y ella lo creería. O al menos le creería a él, probablemente fuera eso lo que más le dolía. 

El Celular comenzó a sonar, Crisald se detuvo a la vera del camino para atenderlo. La carrocería del auto hizo un alto cerca de un campo de maíz. Cuando estuvo fuera contestó:
- Hola Marco. Dijo Crisald apoyando sus espaldas en uno de los postes de alambrado. Aun sobre él y en algunas partes de aquel inmenso sembradío las estrellas titilaban todas.
- Lo que te di son los planos y una ficha del tal Jhon..ahora te conseguí lo que me pediste primero, pero no te lo puedo dar por escrito. ¿Tenes para anotar?
- Si, dame un segundo. - Crisald encendió la luz de la cabina y sacó de allí el anotador de Hello Kity que pertenecía a su esposa. Lo tomó para recordarla mientras ella no estuviera a su lado. Luego apoyó el simpático cuaderno en el techo del auto.- Dime...
- Bueno, en total hay un estimado de 30 personas los días de semana. Los Fines de semana son un poco menos, alrededor de 24 o 20. El personal de limpieza es humano en su totalidad al igual que los demás trabajadores del hotel. Eso nos deja entre 10 y 15 Dracidas en total. - La vos de Marco, un tipo frió como hielo sonaba apurada. Probablemente se había salido de la oficina para charlar con Crisald. 
- Listo, ¿Que más?
- Este tal Jhon es el líder regional del Bajo, maneja más que nada las apuestas ilegales, algo de la droga y según lo que pude averiguarte es un tipo bastante raro, tiene un "supervisor religioso" se llama Karl Godson, un jethi de Frigord con un prontuario de asesinatos bastante interesante. Acá en la ficha decía que él se define a si mismo como "un instrumento de Heills" y se cree una especie de pastor o juez. 
- ¿Karl Godson es un matón o tiene el nivel de Jhon?
- Parece que es el tipo que Jhon manda para apretar a sus enemigos. Si fuera vos me cuidaría, son 15 Dracidas, seguramente unos tarados y sin entrenamiento completo, pero los Jethis siempre te pueden dar una sorpresa. 
- No te preocupes, voy a saber manejarme. Gracias Marco, cuando esto termine te devuelvo el favor. 
- No hay problema, se las tengo jurada a esos hijos de puta. Ahora...tene en cuento esto Crisald: Los Jethis no solo usan armas de fuego...puede que ninguno de los matones del Chikis conozca en profundo sus poderes, a esos te los comes vivos...ahora, el de Frigord...me preocupa. 
- ¿Desde cuando le tenes miedo a un Dracida?
- No les tengo miedo, pero acordate que los de Frigord son los Dracidas mejor entrenados para luchar contra los Vlaind, te recomendaría que no te valgas solo de las armas de fuego. Si vas a entrar ahí vas a tener que usar todas las habilidades de Rolando...osea TODAS
- Eso me temo, lo cierto es que no me gusta mucho hacerlo...pero esto lo vale. Gracias Marco, nos vemos cuando este mejor de tiempo. No lo voy a olvidar.
- De nada y saludos a X cuando lo veas.

El permanente silencio y la calma de la provincia de Platino regresaron cuando Crisald cortó el teléfono. Encendió un cigarro con su zippo dorado y miró a las estrellas. Quería estar un tiempo fuera del auto antes de continuar su camino hacia "La casa de campo". 
"Mas de 10 Dracidas es un numero importante. Podría enfrentarme a dos o a tres, pero no a 10. Marco tiene razón...voy a tener que activar en serio la "Zona Tenebrosa" de mi mente antes de entrar ahí. La ultima vez que la use fue algo espantoso...apenas si me reconocí a mi mismo." 

Crisald cerró  el puño lleno de frustración..."La zona tenebrosa" de la mente de un Rolando es aquella que se activa para entrar en batalla, a menudo muchos tienden a creer que los Vlaind de esta orden tienen una especie de esquizofrenia. Pues tal y como Crisald, pueden pasar por los sujetos más amables, correctos, nobles y agradables que uno conozca. Pero si necesitan usar sus verdaderos poderes en un combate la frialdad más digna de un homicida despiadado los toma. Algo de eso ya había sucedido en el tiroteo en la casa de Daniela, los cuatro tiros en el vientre de Rick habían sido de puro gusto, sintió un placer grande al verlo lleno de huecos. Pero esa zona era peligrosa, a menudo si no se controlaba o si se usaba demasiado en busca de una victoria rápida, la zona tenebrosa podría comenzar a tomar la mente del Vlaind y dejarlo por siempre en ese estado de inhumanidad al que tanto temen sus enemigos. 

Crisald conocía muchas historias de parientes o amigos que habían terminado cambiados  por completo, al punto de tener ya otros nombres y modos. Aunque el Vlaind se aferrara a la idea de que Liena  y el amor que le tenía mantendrían aquella oscuridad controlada no estaba lo suficientemente seguro. ¿Que deseos ocultos? ¿Que ideas tan oscuras podrían despertar en su cabeza luego de entrar en el Chikis? Una vez estuviera sobre una pila de cuerpos, con la sangre en las paredes y los casquillos aun humeantes a su alrededor...¿No le tomaría a aquello un gusto demasiado fuerte como para retornar? 

La Zona tenebrosa de un Rolando es como un demonio que al probar una gotita de sangre crece y se vuelve más fuerte y despiadado a medida que ciega las vidas de sus enemigos. Es el poder, el deseo irrefrenable de convertirse en una suerte de Dios del miedo lo que hace que los Vlaind de Rolando tengan una historia tan violenta. Quien escribió "Las Artes secretas Auresianas" bien sabía esto y le valió la mente en su momento. Lo mismo le sucedió a Rolando cuando descubrió el libro y en base a las enseñanzas de Crodlock desarrolló sus poderes mentales y de ataque....solo que pudo controlar aquella otra parte de sí para sacarla a lucir en la batalla y convertirse en una pesadilla para sus enemigos. Claro que no todos tuvieron la misma  fuerza de voluntad que el señor. 

Crisald seguía allí parado cuando escuchó a una patrulla de Policía llegar hacia él. Siquiera le prestó atención cuando pasó junto a ella un tiempo atrás. Teniendo en cuenta lo ansioso y excitado que estaba manejando probablemente nunca la registró. Pero ahí venía con su sirena apagada listo para hincharle las bolas. 

El Vlaind tomó una decisión "Bien, Crisald, si tienes que activar tu Zona tenebrosa lo harás con una persona que lo merezca, nada de inocentes...veamos que tiene este muchacho". Correcto o no, era una buena oportunidad para constatar que aquellas enseñanzas tan controvertidas que tuvo que aprender en su adolescencia aun estaban allí.

De chico su padre le hizo practicar los ataques mentales con animales, cosa que a Crisald disgustaba tanto hacer que su padre no le habló hasta que destrozó el cuello de una gallina usando un poder llamado "Cabalgante" una ataque mental que provoca las mismas lesiones que una embestida de caballos. El suelo enrededor se abre como si las patas poderosas de los corceles de los Rolando llegaran con toda su pomposa acometida aplastando a los desgraciados enemigos.  Desde entonces no había vuelto a utilizar ninguna de estas técnicas, cuya mayoría son bastante crueles.

El príncipe cerró sus ojos y calló su mente para entrar en una concentración rápida, nunca había tenido problemas de atención durante su entrenamiento por lo que la primera parte fue fácil. Sintió que sus músculos se ponían más tensos y como la adrenalina aumentaba al escuchar la patrulla estacionar y al policía encender su linterna. Entonces aquella parte escondida de su mente, o de su alma, comenzó a hacer un sondeo de los alrededores y lentamente se acopló en su lado racional como un arma que se posa sola sobre sus manos, lista para disparar. Si el policía hubiera estado atento hubiera descubierto que la mano izquierda de Crisald había acomodado sus dedos de una forma que pareciera un objeto filoso. El Vlaind tenía el brazo izquierdo tan tieso como una piedra y con solo echar una mirada al Policía pudo entrar en su cabeza. Esto le produjo al Oficial una súbita jaqueca.

El hombre de azul le iluminó el rostro con su herramienta, tenía la pistola enfundada. "Veamos quien eres" pensó Crisald, relamiéndose mentalmente, sus ojos celestes se tornaron prontamente grises como una lapida. Pudo escuchar en su cabeza los pensamientos de su victima "A esta rubiecita le voy a sacar 500  Balbans, con eso va a alcanzar para el asado con los muchachos" 

Aquel demonio dentro de él, aquella sombra impiadosa y siempre dispuesta a regar la sangre de los inocentes para saciar su sed de provocar pavor abrió sus ojos y se sonrió. Quería que le temieran, que se arrodillaran ante ella con los ojos llorosos pidiendo clemencia. Las nubes comenzaron a arremolinarse por sobre ambos hombres, una brisa apareció en torno a Crisald y sus cabellos se movieron de un lado al otro al igual que su gabardina, sacudiéndose al viento como una bestia que refrena sus bríos infernales, como un Cancerbero que esta esperando a que su amo lo suelte para devorar a la presa. Para sentir sus huesos triturándose en sus poderosas mandíbulas y la sangre brotando de sus fauces.

- Documentos por favor y contra la alambrada señor. Dijo el Policía ya sintiendo temor sin aparente explicación.Un hueco se le formó en el estomago, una angustia o miedo difíciles de identificar. Pero a Lacio le recordó el tipo de terror que tenía cuando era niño a los fantasmas y los monstruos.

"Es una basura desgraciada...tiene dos hijos a los que golpea y una mujer a la que humilla" Supo Crisald luego de leer los secretos del oficial. "Es un golpeador de niños y de mujeres. Tiene un especial gusto por la pornografía infantil, aunque no tiene los huevos para ser un pedofilo...aun. Me voy a divertir mucho con este idiota..."

- Caballero, Documentos en mano y contra la pared  si sabe lo que le conviene- Escupió algo enojado el Policía. 

"Su vos titubeante solo deja en claro que esta cagado en las patas, ya me siente, ya sabe que esta atrapado" seguía pensando el Vlaind con su brazo aun tenso, como una escopeta lista para volarle el cerebro a Lacio.  
- Caballe...- 

- Buenas Noches oficial. Dijo el Príncipe haciendo el saludo militar y juntando los talones, sin ocultar que se burlaba de él. - ¿Cual es el problema?
- Superó el limite de Velocidad...- Dijo Lacio, cuya arrogancia cada vez parecía ser menor, no podía dejar de ver los ojos grises del Vlaind, que no parpadeaban ni parecían molestarse por la luz intensa de la linterna. - Haga lo que le digo...-
- ¿Yo?- Contesto Crisald mirando alrededor y encendiendo un cigarrillo. - ¿Usted quiere que haga lo que usted dice? ajajajaj, si claro. Vaya a hacerse la paja, pedofilo de mierda y déjeme en paz. - El Policía lo hubiera cagado a palos con el bastón, pero algo en esa sonrisa centelleante y perfecta le hacia temer, temer más que a cualquier otra cosa. Aunque no quiso, Lacio dio un paso hacia atrás.
- ¡Haga lo que le digo la puta madre!- dijo nuevamente. 
"El idiota tiene que gritar como un animalito asustado para que hagan su voluntad. ¿Con que eso te excita he? ¿manejar la voluntad de otras personas? Te voy a dar una lección de manejo mental botón de cuarta"
- ¿Es necesario Gritar? Creo que usted.- Crisald comenzó a acercarse. Lacio dirigió una mano a su pistola.
- Y yo...debemos tener una charla un poco más amistosa. ¿No lo cree?

Lacio empezó a sudar frió, y de pronto la brisa extraña volvió haciendo que el trigo se meciera de un lado al otro en el campo y que su auto empezara a hacer sonar la sirena sin explicación. Algo negro y tenebroso se poso entre los dos, Crisald soltó la cadena y se entregó a la zona


El Policía sintió que no podía moverse mientras veía como el Vlaind venia hacia él, sus botas negras relucientes hacían eco en la bastedad del campo. - Permiso. Dijo Crisald cuando supo que lo tenía bajo su total control y le apagó el cigarro en la mano donde el policía sostenía su arma. Antes de que el hombre pudiera reaccionar el Vlaind lo tomó del cuello y le estrelló el cráneo contra la patrulla, uno de los cristales de la sirena se hizo pedazos y le cortó algo del rostro.

- Tienes sangre como yo....¿Acaso esa pistola y ese uniforme te hace mejor o superior a mi Lacio?
- Ahora vas a ver pendejo de mierda. - Dijo el Oficial intentando recuperarse del golpe. 
- Lo dudo muchísimo.-Crisald lo pateó con toda su fuerza divina en una rodilla y la misma se doblo hacia adentro. El hombre cayo de rodillas gritando con sus ojos desorbitados por el intenso dolor.
 - Hay una ley superior a la tuya Lacio...- Dijo El Vlaind tomando la barbilla del policía, quien no dejaba de gritar.  
- ¡Hijo de puta...!-
- Tenes la lengua muy sucia...- Crisald le abrió la mandíbula de un solo movimiento, buscó su lengua con una mano y cuando la tuvo tiró de ella, arrancándosela sin ninguna dificultad. La sangre manó negra y espesa de la boca del oficial, sus ojos aun no podían creer lo que sucedía.  - ¿De eso te quejas tanto en casa verdad? Tu mujer habla mucho...No deberías golpearla por un problema que en verdad comparten. Y si...los niños son niños, superalo, no siempre van a hacer lo que decís. Menos azúcar y nada de Televisión es un buen remedio. 

Ya Lacio apenas podía balbucear algo inentendible. - Sí, eres la ley, pero las leyes de los Dioses como yo son más importantes y sus condenas mucho más terribles. Me cago en tu uniforme y me cago en tu código civil para viejas conchetas. Aca te dejo los 500 que necesitas, es una lastima que tengas que posponer el asado para ponerte una lengua nueva. -Puso el fajo de billetes en su boca sangrante.

El hombre cayó sobre el asfalto tomándose la boca, la sangre no dejaba de salir, no importara cuanto apretara, pensó que iba a morir desangrado.  - Y por último Oficial, le voy a enseñar una lección. Nunca salga con su autito de mierda creyéndose Robocop, ni siquiera cuando va al patio de esa escuela que tanto le gusta visitar en sus rondas diurnas para ver a las niñas.- Crisald apoyó su mano en el pecho del hombre y le arranco la camisa. El rostro de su victima, hinchado de lagrimas y hematomas estaba casi irreconocible debido al horror al que su cabeza estaba siendo sometida. 


- Porque siempre...siempre en esta vida y en este mundo bajo las estrellas hay alguien más loco que uno...Ahora veamos si este cuerpo puede aguantar el peso de su propia maldad. 

Lacio se quejó, sintió de pronto que el estomago se le hinchaba. Crisald encendió otro cigarro mientras le ponía la bota en el cuello y lo miraba disfrutando el espectáculo:

- La gente como yo, es decir un Vlaind de Rolando, tiene la maravillosa capacidad de condensar en un cuerpo humano todos sus pensamientos negativos: su lascivia, su orgullo, sus mentiras, su culpa, sus odios e iras. No es algo muy agradable, ese gas huele muy feo y necesita una vía de escape más grande. Primero va a sentir como su culo se pedorrea de una forma poco usual, luego de sus fosas nasales y de su boca va emerger un vapor negro como el carbón y cuando ya no pueda soportar la presión su barriga va a estallar en cien mil pedazos. Cuando lo encuentren tirado en el camino van a descubrir una especia de gelatina viscosa repartida entre la parrilla de su auto y el camino.

-mmmm!!!- Dijo Lacio sintiendo ya su ano lanzar un pedo fétido que le quemó las entrañas por dentro. 
- Si se dedicara a tener pensamientos más agradables de tanto en tanto, esta técnica seria menos efectiva en su contra . Pero usted decidió vivir como un cerdo...bien, morirá como un cerdo entonces. 


Tal y como dijo Crisald el gas comenzó a formarse dentro de su cuerpo para primero tratar de escapar por todos los huecos posibles, las sustancia negra comenzó a tomar la presión de una maquina de vapor, como la chimenea de una locomotora, sus fosas nasales se abrieron tanto que le rasgaron la piel y la nariz se fracturo producto de la erupción del gas. Luego el pantalón se le rajó y comenzó a quemarse debido al escape  de dicha sustancia y finalmente en el vientre cientos de pelotas aparecieron, tironeándole la carne, desagarrandole el peritoneo y los músculos. Su pecho era un montón de esferas del tamaño de un balón de tenis que intentaban mantener dentro lo que quería salir. 
- Pudrete, cerdo.-Ordenó Crisald con un ademan de su palma sobre la victima. Aunque se alejó de allí antes de quedar impregnado de las viseras del policía.

Pocos segundos después,  el cuerpo del oficial estalló de dentro hacia afuera, la sangre se abrió en miles de direcciones. Los ojos salieron disparados del rostro y la barriga quedo abierta. Todas las pelotitas estallaron al mismo tiempo hasta que solo quedo una forma irreconocible en el suelo, el gas salio al exterior y desapareció. 

El Vlaind, comenzando a abandonar de su cabeza la Zona tenebrosa, se subió al auto y encendió otro cigarrillo. Usar el poder llamado comúnmente "Locura Interna" o "Gas del mal"(Su nombres originales en Vlaind antiguo eran mucho mejores) era tan bueno como el sexo, por lo que requería un buen pucho al final.  

Se sonrió al verse a si mismo en el retrovisor, los ojos volvían a ser azules. "Si, fue espantoso, pero ese tipo era una mierda" Se dijo a si mismo mientras volvía a encender el motor.  Su ultimo pensamiento antes de dejar del todo su lado tenebroso fue "Bueno, veamos que hay en la radio ahora..." la música apareció y ya todo estaba bien otra vez. El auto aulló por la carretera y se perdió en el monótono paisaje mientras cantaba y bailaba como un niño que va de camping, regodeándose de su propio poder como todo buen Vlaind de Rolando.



1 comentario:

Susy Cadillac dijo...

Esselente!!!
PD: el ultimo tema podria hacerse tranquilamente en version cuartetera!