miércoles, 10 de octubre de 2012

El Ritual de los Condenados XV

Capítulo IX

Daniela Vounsheim

La Espada de los Dioses

Oldbridge Town 10 años atras

El atardecer estaba en su apogeo y la luz anaranjada del sol caía desde el oeste con mucha gracia sobre la fachada festiva de la capilla de Saint Couster al finalizar la misa de re inauguración.

Esmeralda Kenneth, una mujer de largos cabellos rubios y ojos muy verdes (imagen que luego Rise siempre asociaría con los Vlaind a pesar de que su madre era humana) salia con su pequeño hijo de la ceremonia. Ambos bajaban las escaleras, Rise se entretenía con un pan de sabor extraño que su madre había comprado a un hombre humilde durante la misa.
- ¿Te gustó venir a la iglesia? Le preguntó Esmeralda sosteniéndolo de la mano. 

Desde hace algunos años ella y su marido venían discutiendo en si era apropiado que Rise tuviera catecismo y se acercara a las creencias religiosas de su madre, una Católica "Profesional" como la llamaba Ben.  Para el padre de Rise Dios podía existir o no, eso no hacia la diferencia en sus vidas y si bien alguna vez acompañó a su esposa a la catedral de San Miguel (lugar de devoción para Esmeralda) no quería que su hijo, a tan temprana edad, ya estuviera creyendo en fantasías.  Bonitas y aleccionadoras fantasías como esas de la televisión y el cine, donde siempre ganan los buenos, la caridad hace la diferencia y  el capitalismo siempre funciona para todos.

- Más o menos mamá...- Dijo Rise cuando terminó de masticar aquel pan.
Esmeralda se asusto, había visto a Rise tan contento jugando con otros chicos en el pórtico de la iglesia y charlando animadamente con el padre Wittings sobre Jesús, Dios, Moisés y demás pandillas sandaliescas...
- ¿Por algún motivo en especial?
- No se... quizás vuelva con vos un día. Me gustaron las estatuas...


***

20 Años más tarde Rise tenía la respuesta a la pregunta. Difícilmente un chico de 10 años es capaz de expresar sus temores de una forma que los adultos puedan comprenderlo. Porque sus amigos habían llegado a entender porque Rise no quería jugar nunca más en la vieja capilla de Oldbridge Town, sin embargo su madre no.

Desde las ventanas de arcos amplios y los vitros se filtraba la luz blanca de las calles anegadas de lluvia. El Jethi de Bilingord se había cerciorado de que Daniela viviría;  lenta y dolorosamente su herida en el abdomen había comenzado a cerrar. Aunque de forma mucho más rápida y limpia que la ultima vez.

Aparentemente ningún veneno estaba dentro de su sangre por lo que pudo analizar al tener que probarla. Lo bueno de los venenos contra los Jethis era que se descubrían muy fácilmente debido a su hedor y gusto a lavandina. Se necesitaba un químico equivalente de una bomba atómica para dañar el sistema interno de un Dracida, por eso es muy difícil envenenarlos o enfermarlos. Sin embargo algunos tipos como Karl gustan de preparar sus armas con las pociones preparadas por Vlainds y Jethis a lo largo de décadas de guerra para cerciorarse al menos de dejarlos en el piso unos cuantos días.

Mientras esperaba que Daniela reaccionara Rise había estado pensando en algún curso de acción  Eventualmente iba a tener que enfrentar a su pequeña amiga para que esta contara de buenas a primeras todo lo que sabía sobre su origen e infancia, tema en donde Rise creía se encontraba la respuesta a su extrañisimo ser. Hasta el momento había aguardado a que ella se lo dijera por si sola, pero teniendo en cuenta las circunstancias ya era menester saberlo. Aquello de "No lo lograran" Dicho por Karl antes de caer le sonó a que evidentemente el Jethi de Frigord sabía mucho más sobre Daniela que él mismo.

Aquello lo hizo sentirse enojado con su compañera, pero al mismo tiempo no podía culparla. ¿Cuantos de sus amigos sabían en verdad que le pasaba por la cabeza en días como estos, llenos de lluvia y de un toque de angustia?

La sala del altar, ahora devenida en cama para Daniela estaba repleta de musgo y telarañas por donde se la mirara, Rise tuvo que usar algo de su propia sangre para limpiar todos los elementos con los que examinó a Daniela. El Rettem es un excelente  remedio que fulmina casi cualquier virus o bacteria con la que entra en contacto, lo que hace que no sea usual que los Dracidas mueran a causa de infecciones.

Mientras paseaba de un lado al otro del salón llegó al extremo opuesto, donde yacían las antiguas puertas de madera añeja. Luego dio la media vuelta y vio toda la bóveda del templo como la primera vez que ingresó a la misma a los 10 años. Si bien el panorama había cambiado mucho, pues ya no había viejas pidiendo donaciones para el orfanato a 2 kilómetros de la ciudad ni soldados vendiendo bonos de guerra (No recuerda con exactitud en que guerra estaba metido Himburgo en ese entonces, pero debió haber sido en algún país desértico como siempre)  algo permanecía igual y eso era el fresco sobre el altar con su cráter en la cabeza de un santo.

Entonces la frase de aquel joven párroco volvió a él nuevamente
"Acá adentro no ingresa ningún mal, de los hombres o de satanás"
Tal vez fuera cierto, después de todo Daniela se había curado sin una gran actuación de Rise como doctor...pero lo que le había provocado muchas pesadillas en su infancia era el contexto en que aquel cura (cuyo nombre no podía recordar ahora, aunque si lo había recordado muchas veces antes) había hecho tal declaración. 
***

Oldbridge Town Año 5979

Mientras su madre charlaba con la gente de la iglesia de las cosas del día y de la vida, Rise caminaba entre las estatuas de los santos que custodiaban las bancadas de la Capilla. Sobrecogido por el silencio que allí dentro se podía palpar casi con las manos no emitió sonido alguno y sus pasos eran cuidadosos. Lo primero que entendió Rise al ingresar en un templo católico era que el silencio allí era muy importante, como también debía serlo el sonido cuando sonara el antiguo órgano traído de Hellens según dijo el alcalde del pueblo en el breve discurso de inauguración.

La fiesta estaba afuera, dentro de esos muros de piedra tan bonitos había una atmósfera demasiado enorme, aun siendo una iglesia pequeña y pueblerina, todo en ella inspiraba respeto y sobre todo sumisión  Lo que sea que se hablara ahí todos los domingos era mucho más importante que lo se veía en la televisión  Y si los personajes de "Bonanza"  que miraba en la televisión al volver del colegio pensaban que los curas eran buenos...bueno, algo de bueno debían tener. 

Más allá de lo que pudiera comprender, en el pequeño mundo de Rise había dos cosas que no encajaban en esa gran pintura que formaba la capilla toda: La pintura central y el cura que acomodaba el altar. En el caso del fresco había un santo que al parecer había dejado las sandalias y las baritas con plantas para tomar una espada rutilante y una armadura centelleante. Rise pensó que ese santo tenía una historia mucho más divertida que cualquiera de los otros orates. Si le sumáramos al Dragón que emergía desde una cueva en el fondo de ese paisaje, todo indicaba que era un Santo muy distinto a los otros.  También había un castillo y una dama. Una señora alta con un cabello alocadamente ridículo  parecido al que usaban los personajes de las películas románticas que miraba su madre en la trasnoche. 

Mientras más se acercaba, con sus pasos cuidadosos, tratando de hacer el menor ruido posible, se percató de que la cara del santo había sido reemplazada por un hueco profundo en la piedra, un cráter ennegrecido y de medio metro de profundidad se había posado sobre su yelmo. A medida que observaba su pequeña figura ya se encontraba a unos pocos pasos del altar.

- ¿Buscas algo hijo?- Dijo una voz suave a su derecha. Rise casi se persigna del susto, había olvidado al nuevo y joven padre. Lo presentaron esa tarde como el futuro reemplazo del actual párroco  Cuando le miró, el joven de como mucho 30 años estaba parado del otro lado del altar sosteniendo una biblia . Tenía aspecto correcto e intelectual, cabellos raramente canos a pesar de su edad. 
Al ver que el jovencito no contestaba, el padre hablo:
- Veo que te llamó la atención el hueco en la pintura. Todos los que vienen acá hacen la misma pregunta. ¿Sabes quien es?- Le dijo el muchacho mientras se sentaba en uno de los escalones del altar como si no le importara en lo absoluto hacerlo.
- ¿El Rey Arod?- Pregunto Rise, cuyo padre le había contado la leyenda de un muy antiguo rey que había matado un dragón en el norte "hace muchos años en una tierra muy lejana" (Rise no lo sabia entonces pero La leyenda del Rey Arod es una de las más famosas en Himburgo aun hoy en día rivalizando con los Jethis y los Vlaind)
El cura se río alto y fuerte.
- Todos creen lo mismo. ¿Como es tu nombre muchacho?- 
"Mi mama dice que no hable con extraños" Pensó Rise. Pero algo en ese hombre lo hacia sentir seguro y muy tranquilo. Tenía un aspecto demasiado "Copado" para ser un cura. 
- Rise...
Música
- Bueno Rise, ese hombre que ves ahí es San Jorge. Un Santo Helleniano muy conocido, yo pertenezco a su Orden y en otro tiempo creo que esta iglesia también. 
- ¿Y que le paso a su cara?
- ¿Que no escuchaste el discurso que dio el alcalde?
Rise meneo con la cabeza, mientras todos escuchaban a ese tipo tan lento y aburrido para hablar él había estado jugando entra las tumbas del cementerio con sus amigos. 
- Bueno. Hoy abrimos de nuevo la iglesia por que se cumplen 50 años desde que este Fresco hizo un milagro. - Dijo el hombre levantándose para observar, desde la perspectiva de Rise la pintura. 
-Cuando en la segunda guerra mundial los Hellenianos invadieron este país un pequeño grupo de soldados Himburgueses terminó rodeado aquí  en la iglesia. ¿No viste las marcas de balas en las paredes de afuera y las tumbas?

Rise asintió  Un amigo suyo le había contado la historia de como los Nazis eran tan malos que ni siquiera respetaban la tierra santa de la iglesia y a menudo luchaban en ellas sin importarles nada.
- Sí las vi.
- Bueno, cuando los Hellenianos vieron que no podían sacarlos de aquí decidieron disparar directo a las puertas del templo con un cañón de 88 milimetros. - El pequeño podía no saber muchas cosas de la vida, pero su padre era un coleccionista de revistas y artículos sobre el tema, por lo que pudo imaginar a ese cañón anti tanque disparando contra la pobre iglesia. - La bala entro por las puertas y  dio de lleno en la cara de San Jorge.- Dijo El cura divertido, Rise se despacho en una carcajada. 
- Pero, la bala reboto en el fresco por obra de DIOS y salio disparada hacia el techo. ¿Ves el hueco?- el joven señalo con sus manos el buraco de salida en el techo. - Luego, por obra de San Jorge dio media vuelta hacia atrás y BOOM mato a todos los nazis. 
- ¿Como?- Pregunto Rise bastante incrédulo aun para su edad.
- Sí así es. 
- Yo leí en una revista de mi papá que eso es imposible, la iglesia tendría que haber estallado en pedazos como en "Acción y Combate" (N/A: Serie Bélica de televisión Himburguesa muy popular en su tiempo)
-Bueno...-Dijo el padre algo sorprendido por la respuesta. - El Señor y sus santos son invulnerables a cualquier arma humana. En el pórtico de esta iglesia esta escrito "Acá adentro no ingresa ningún mal, de los hombres o de satanás"
- ¿Pero Jesús es bueno no?- Pregunto Rise algo atontado.
- ¡Claro! ¿Por que lo preguntas hijo?
"Porque dijo que mato a todos los Nazis" pensó Rise
- Porque...mato a otros...osea...¿Matar no es malo?
- Obvio Rise, claro que sí. Pero Dios mato a gente mala ese día ..ellos invadieron muchos países y mataron a muchas personas inocentes también....

La charla siguió por unos minutos más, para cuando su madre le preguntó que pensaba de la Iglesia Rise tenía tanta confusión en su cabeza que apenas podía expresarla. ¿Osea que si uno era "malo" Dios te mataba de un cañonazo? Bueno eso podía tener bastante sentido si uno era malo al estilo Nazi. ¿Pero los Hellenianos no se habrían confesado antes de ir a la guerra como su padre le contó que hacían siempre los ejércitos "Todos te van a decir que lo hacen en el nombre de Dios".  ¿Y que pasaba si él un día hacia algo malo? ¿Y que pasaba si no sabía que estaba haciendo algo realmente malévolo como algunos de los Hellenianos en "Acción y Combate", en ese capitulo donde uno termina entendiendo que los buenos son los otros antes de que Littel Joe lo ametralle con la Thompsom por error.

Oh si, la religión es algo complicado y a Rise no le daba esperanzas, le daba miedo. Por que la pintura de esa iglesia había tenido la capacidad de matar de un plumazo a mucha gente. Esa noche, luego de leer algún que otro cómic de moda Rise llegó a la conclusión de que había una cosa segura: Dios Mata y por lo visto no avisa cuando lo hace. 


***

Desde el baño de la Biblioteca Karl podía escuchar a la policía llegar en su rutina actual. Las luces de sus linternas podían verse por debajo de la puerta. Afuera las sirenas de sus coches iluminaban toda la noche. Rise también podía verlas desde las ventanas rotas de la capilla. El hombre de Frigord tomó los dos últimos cargadores que le quedaban de su Colt 45 "Sagrada" y tirado contra la puerta del baño, ensangrentando todo el limpio blanco en rededor, hizo un esfuerzo por cargar su arma. 

Las comunicaciones de radio de la policía se acercaban a su posición  él conocía a las fuerzas de la ley en Blondres, normalmente lo detenían hasta que alguien de los Dragones Negros hacia un llamado. Pero las fuerzas de seguridad de Platino tenían muy poca relación con esa chusma. Seguramente lo iban a encerrar un largo tiempo, a interrogarlo y a humillarlo. Karl no había perdido un ojo para eso, sino por una razón mucho mayor y maravillosa.

La cuenta regresiva había comenzado, finalmente logró confirmar que Daniela Vounsheim era la Enviada del otro lado del Circulo. Los cálculos de su maestra eran correctos, sobre el final del siglo (en el año 5999), los Jethis y Vlaind comenzarían a ser historia. Ellos eran lo único que quedaba del antiguo orden, los últimos eslabones de una cadena que fue desapareciendo con el paso de los años. El orden natural de las cosas indicaba que debía llegar un punto en que a ellos también les tocara desaparecer para siempre. ¿Quien lo accionaria o como sucedería? eso era lo que los Guardianes del Umbral venían investigando en los últimos 1000 años. 

- Revisaremos el cuarto de Baño, ustedes vayan a la puerta trasera. Dijo la voz de un oficial.

Karl se puso de pie, hecho una porquería como estaba aun tenía fuerzas como para moverse. Aunque no estaba seguro de poder en ese estado contra varios humanos al mismo tiempo. Pero era justamente el tiempo lo que se estaba acabando para todos, y era aquello lo que mantenía desvelados tanto a Jethis como Vlainds de la organización de "Guardianes del umbral". Finalmente la espada de los Dioses había dejado la forja celeste para caer sobre ellos con todo el peso de su fuerza. Daniela Vounsheim era la prueba viviente de ello. Karl no tenía tantos años como Liavenna como para poder abordar el tema de una forma más exacta, pero sabía fehacientemente dos cosas:

La gente de Daniela, su "prole" no venía exactamente de los Dioses por más que parecieran  Dracidas, venían de un lugar mucho más oscuro y profundo; ella estaba hecha de una materia que se esconde detrás de los muros de la noche y sobre los tormentosos cielos de la Gran Sombra. Cruzando esas fronteras había algo o alguien que solo ciertos Notielienses de la Antiguedad conocían  Ese algo era lo suficientemente fuerte como para ser el secreto mejor guardado en los días sin sol.
Karl encendió un cigarrillo en la oscuridad de su escondite. El Zippo iluminó brevemente los azulejos y la sangre oscura en el suelo, aun chorreante de muchas de sus heridas. Por primera vez en su vida sentía el orgullo de los antepasados. Trabajar para Jhon Trimberg lo había mantenido vivo en este mundo tan horrible, lo había perfeccionado para este momento único en la existencia de su gente. No se arrepentía de ninguna de las cosas malas que hizo, todo tenía una razón  un propósito gigantesco y circular. Eso le dijo Alaisa muchas veces mientras el era otra persona. Era una buen excusa...el Destino. 

El Jethi de Frigord se arrancó parte de su camisa blanca para cubrir su ojo anulado por el disparo de Daniela. Era asombroso que estuviera aun con vida, siendo un Jethi tan fuerte era normal que pudiera resistir un balazo en la cabeza, lo que no era tan común, era que la bala le hubiera atravesado el cráneo y el siguiera allí. 

El Destino...

Tal y como el milagroso fresco de San Jorge, Karl tenía ahora la certeza de que el Bien lo necesitaba...el mismo no lo quería en sus filas, no era su caballero favorito, pero ahora lo necesitaba porque el Bien llevaba las de perder contra la fuerza que habita del otro lado del Círculo y que asomaba su cabeza en forma de estrella amatista sobre los cielos del mundo Mortal. 

Se agacho sobre sus rodillas y dijo en un susurro.
Con la palabra y
con la espada
llevo la luz de Heills
Ejecutó su sabia justicia.
Armado de Fe 
me inclino al alba
para soportar
la noche más larga. 

Con el sonido de sus zapatos chocando los azulejos del baño Karl abrió la puerta con una mirada gélida y fría  Vio las sombras de los policías en todo el lugar, entre cinco o siete, sus linternas eran como reflectores buscando un avión en el cielo nocturno. Besó su Colt 45 con el símbolo de la justicia Dracida:
- ¡Soy un caballero de la Orden del Dragón - Gritó en medio de la oscuridad para el susto y la sorpresa de los agentes. Dos de ellos, a pocos metros pensaron por su estado que era una victima y se acercaron lentamente con sus placas en alto -Tranquilo amigo, te vamos a sacar de acá.
- Yo soy el martillo de la santa justicia.
- Bien, bien, ven con nosotros para que podamos atenderte. Dijo una policía joven. Por el radio dijo en voz baja - Llamen a los paramedicos y a un psicólogo, tenemos un herido aquí. 
- ¡Fui escogido para enfrentar a las hordas sedientas de ambición que desean Balbania!- Saco de su cinturón la Colt-45. - ¡No dejare que mi pueblo sucumba!- Grito más fuerte. Tanto que Rise lo escucho desde la iglesia y Daniela se movió en sueños, como molesta por sus palabras. 

Tan pronto como la policía vio que el hombre estaba armado se prepararon para desarmarlo pero era muy tarde, El Et-Zuloth ya había cambiado, modificado todos los cálculos para desarrollar los últimos eventos del siglo.

Karl abrió fuego sobre la policía de manera precisa y profesional, inflado de orgullo y bríos románticos de caballeros de leyenda. Sus casacas azules fueron destrozadas una a una por las balas de la 45 plateada. Dos cayeron al suelo, el primero con un impacto en el estomago que lo doblo en dos, la mujer policía fue herida en el cuello y una de sus arterias dejo una preciosa fuente de sangre que empapo a su compañero. 

Karl seguía gritando mientras escogía uno a uno a sus objetivos, quienes corrían a cobertura y devolvían fuego apresuradamente iluminando la sala con súbitos destellos. -¡Se que estas cerca Rise!- Dijo luego de alcanzar en las espaldas a un policía que iba en busca de la radio del Patrullero.

 - ¡No es tu culpa!- Un disparó le rozó la cien. Karl respondió con dos a un agente escondido en el escritorio de la recepción  el mismo perdió dos dedos y parte de su boca en un doloroso segundo. Los casquillos marcaban el camino seguido por el Dracida. - Ella no es lo que parece. ¡Nos va a enviar a todos al VACÍO  Rise! Esa es su misión  su único objetivo en esta vida, aun cuando ella todavía no lo sepa. - Un balazo le dio en la pierna y vacilo en su equilibrio. Ya enfadado respondió con otros cinco. El cuerpo de su enemigo se hizo añicos por el plomo y cayo rodando escaleras abajo. Karl emergió de la Biblioteca como King Kong azotado por aviones de combate.

Los oficiales estacionados delante vieron no solo a un hombre grandote lleno de buracos por todos lados, vieron algo mucho más tenebroso y poderoso. Cuando se les hizo un examen psicológico tras el tiroteo dijeron haber escuchado el bramido poderoso de un Dragón  A pesar de que allí parado había un hombre en sus mentes solo podían concebir fuego, fuego como el de los inicios del tiempo bramando desde las fauces de una criatura enorme y llena de furia, despertada tras un largo sueño.

- ¡Tenes que entenderlo Rise!- Seguía gritando Karl mientras abría fuego con la escopeta de un policía sobre los patrulleros cargando cartuchos tan rápido que apenas si sus ocupantes podían moverse antes de que los cristales de sus autos estallaran y los perdigones les fracturaran costillas o les agujeraran el keblrar.

La última vaina colorada cayo a sus pies, humeando. - ¿Escuchaste Rise? Sos un Jethi de Bilingord sabes bien que es lo correcto y que no. Yo también  a pesar de todo lo se. - La lluvia le agregaba desgracia a su figura desesperada. Rise observaba y escuchaba desde el pórtico.

 - La chica no lo sabe aun, así como ninguno de los cuatro Jethis del comienzo sabían que sería de su destino o su misión  Pero tarde o temprano aquello que guarda en ella va a despertar y no reconocerá amigos entre los nuestros, porque es un ser creado y diseñado con el solo propósito de destruirnos-

***


Rise cerró la veta existente entre una puerta y otra luego de observar que Karl se marchaba. El sonido de los viejos portones clausurándose con los antiguos postigos de metal le pareció último y fatal. Como si el solo echo de accionar esos cerrojos hubiera sido su peor error en mucho tiempo. Detrás de sus espaldas podía palpar, sentir, el palpitar del Vació y de la inmensidad de algo, aquello que ni él ni Karl eran aun capaces de definir.

Dio la vuelta en dirección al altar. Con su cuerpo iluminado parcialmente por las luces de la calle Daniela se encontraba sentada sobre el mismo, los lentes de marco grueso aumentaban debido a sus cristales el color amatista de sus ojos, ahora dos teas encendidas, dos joyas preciosas; tan llenas de belleza como de misterio y oscuridad. A espaldas de la figura de la muchacha se levantaba el milagroso fresco de San Jorge, con su cara de cráter  y armadura Rutilante, escondido y esquivo entre las sombras y el polvo.

El sonido seguía siendo de lluvia, larga y lenta lluvia escurriéndose entre las numerosas filtraciones del techo y los marcos porosos de los vitros, donde los rostros de muchos santos (todos alzando sus compungidos ojos al cielo) iban y venían entre cada relámpago que caía en la desolación del afuera. Rise caminó en dirección a Daniela sintiendo un respeto (o temor) tan reverencial como el primer día que ingresó allí. Ahora mismo tenía un deja bu producto de aquella extraña y primera visita.

Daniela, aun silenciosa  saltó del altar al suelo con agilidad, como recuperada de todas sus heridas aunque infinitamente distinta y asceptica con respecto al entorno. Era una gélida espada de un metro setenta desprovista de cualquier humanidad de la que hubiera gozado minutos antes. El agua de la lluvia le estaba mojando los cabellos y el rostro pero sus ojos no parecían estar notándolo, tampoco su boca o sus cejas. Rise siguió acercándose a ella comprendiendo que lo que estaba allí no era su amiga, era otra cosa, algo nuevo y aterrador. Algo como lo que Karl venía persiguiendo. Algo como el padre Merry 20 años atrás.

Música
- ¿Dani?- Dijo mientras, por precaución llevaba una mano a la escopeta apoyada en uno de los bancos de la iglesia. No iba a matarla, pero...se sentía en peligro. Su más primitivo sentido dado por su humanidad le indicaba que....
- ¿Dani estas bien?

Algo paso volando a su costado, le rozó las espaldas con una caricia serena y se marchó. En su cabeza apareció  por solo un segundo la imagen de un cielo tormentoso que se alejaba en un campo de flores rosadas durante el amanecer. Su nariz percibió el perfume delicioso y profundo de un lugar que nunca había visitado y que sin embargo se le hacia familiar. Los ojos de Daniela estaban fijos en él, la muchacha se puso de perfil hacia él y llevó una mano a su cintura.

- ¿Daniela?
Nuevamente aquello lo rozó por el costado izquierdo, le beso los cabellos y el brazo cansado de tanto correr y disparar. Le erizó la nuca con una sensación tan profunda como un orgasmo que casi lo detuvo. La imagen de unos riscos yaciendo al costado de un enorme mar color esmeralda durante el fulgurante ocaso se filtro en su cabeza, en lontananza  una hermosa mujer desnuda lo saludaba, lo aguardaba con paciencia.

Un sonido extraño, como el batir de alas llego por detrás  A pesar de no quererlo los lagrimales se le hincharon hasta que derramó cristalinas lagrimas sin saber exactamente por que, pero se sentía bien...y era incapaz de ver el fulgor amatista que nacía a su alrededor sobre y al costado de los muros de la capilla, creciendo cada vez más.

La muchacha sacó de su cintura la Beretta que el mismo le había regalado, aun manchada en la propia sangre de la portadora, su argento cañón y negra recamara miro directo hacia él en un segundo. Aunque Rise pudo percibir que las manos y el brazo de Daniela estaban temblando no cabía ninguna duda de que iba a disparar.

Rise dijo con calma:
- Se que no vas a tirar del gatillo Dani. Te conozco.
Algo en el rostro blanco y bello de la chica cambio, se transformo en uno de profundisimo dolor, dolor y resignación ante la desagracia:
- No puedo detenerlo Rise, es más fuerte que yo.
La Mujer desnuda en el campo saludaba, reía y llamaba.
- Dani..vas a bajar el arma...
El brazo se puso más tenso y la mirada de Daniela volvió a tener aquel aspecto santo y asesino. Quitó el seguro con un click que hizo clack en toda la iglesia. Rise pensó en levantar la hitaca, pero sus brazos estaban rendidos a sus sentimientos o al destino.
- Vas a tener que dispararme, es la única forma Rise. Vas a tener que matarme porque sino...
- ¡No voy a...
- ¡Vas a tener que hacerlo! ya paso antes...con otros. ("Como el señor Doubts")
- Solo baja el arma y hablamos.- Decia Rise con sus ojos bien abiertos, sin importarle que no pudiera creer lo que fuera que estaba sucediendo.
- Dispara...te lo ruego, no quiero lastimarte Rise...no lo entenderías ni en un millón de años...
- Vos solamente...
Un relámpago que no venía de la tormenta ilumino el fresco de San Jorge, el tronido de la munición aturdió a Daniela producto de la acústica del lugar.El casquillo salio volando y choco contra un viejo cáliz  giro y giro dentro del mismo haciendo un sonido espantoso y ensordecedor. Cuando bajó la mira de la Beretta el cuerpo de Rise caía de rodillas delante suyo, tomándose el vientre.

Se mordió los labios con tanta fuerza intentando contener el dolor que se hirió y comenzó a sangrar.
 - Dani...- Dijo Rise
PUM otro mas, directo desde el cielo, otra bala le cruzó el hombro, perforándole la carne y rompiéndole los huesos. Daniela vió como Rise era empujado por el impacto atrás y hacia la derecha. El viento hizo estallar uno de los vitros cerca de ella. El dracida seguía en pie mirándola  resignado y desconcertado. Algo dentro de ella, esa cosa que no era incapaz de controlar comenzaba a preguntarse porque no oponía resistencia como el otro Dreglink. La Mujer desnuda en el campo quería que disparara, que se defendiera, que se sintiera traicionado, dolido, engrupido, pero no lo logró.

- Te quiero Rise... perdóname.-
Eso logro sacar de sus pulmones Daniela antes de que el poder que vive más allá de los muros de la noche tomara nuevamente el control. Luego lanzó un grito de espanto...

Los cuatro disparos restantes iluminaron desde dentro toda la iglesia, rápidos  certeros, siempre en el blanco exacto que deseaba golpear. Una ejecución perfecta de tiro hizo recular el cañón de la Beretta cuatro veces contra el cuerpo de su único y verdadero amigo. Siguió gatillando hasta incluso después de que se acabo el cargador.

Como en una vieja película de Western el cuerpo de Rise se desplomo sobre el suelo polvoroso, se levantaron las partículas de mugre todo a su alrededor y sus ojos se fijaron en el techo mientras percibía (más que escuchar) el llanto de su amiga, soltando el arma horrorizada y llevándose las manos homicidas a sus ojos.

La mirada perdida de Rise, quien ya no sentía ninguna de las partes de su cuerpo miraban al hueco milagroso dejado por el obús Helleniano. Fueron desde la alta cruz de madera en el altar hasta allí,  detrás de las tejas quebradas y la madera podrida del ático la tormenta pasaba, se deshacía con la misma rapidez que se había formado, las nubes abrían el camino a las estrellas, un buen lugar donde ir...o volver.




No hay comentarios: