Stephen King en La Chacarita
El Día que Enterré a mi vieja pensé en este libro. Lo tuve en mi frente como un resplandeciente talismán en el recorrido del interminable cortejo fúnebre. Supongo que en algo tan íntimo como la muerte todas las experiencias son distintas. Pero Stephen King describió con exactitud los sentimientos más personales de cualquier deudo en más o menos cualquier parte del mundo. En Chacharita tuve en mi cabeza al Doctor Creed. Recordé su pesadumbre al recibir el decimoquinto pésame en un velatorio de Nueva Inglaterra de los años ochenta. Supe que el autor tenía mucha razón. Cada pésame, por bien elaborado que se encuentre, es como una piedra que tenes que poner en una canastita que dice SOY DEUDO y llevártelo a tu casa, pese lo que pese; cueste lo que cueste. Es un tema de respeto ¿Por que tenes que respetar el pésame del tipo al que no se le murió nadie ese día? Que se yo. Tradición. Buenas o malas, por algo lo son. Si me preguntan a mí lo único que quería era volver a mi casa a dormir...