miércoles, 13 de junio de 2012

El Ritual de los Condenados II



Capítulo II


El Insomnio de los Corazones rotos 


La luz roja del cartel que decía "Hotel" en la calle del frente al apartamento de Rise ingresaba por la ventana como un espectro lacónico. "Chikis", un antro lleno de criminales y prostitutas era un lugar de donde provenían todo tipo de sonidos, especialmente gemidos tanto de dolor como de placer. Dependiendo como estuvieran los asuntos de Rick, quien lo regentaba a nombre de otros muchachos que obtenían dinero de las bandas de delincuentes que se encontraban en el barrio obrero del Bajo Blondres. 

Rise, recientemente llegado a Blondres intentaba dormir con el fulgor del neón entrándole al departamento tan próximo a este hotel y la sombra de la madrugada ya era larga en ese entonces. La blanca nieve que caía a destajo sobre los cielos grises y purpuras de la ciudad parecía compuesta por cristales de sangre que empapaban todo el suelo sucio de Troncor Sreet.

El Dracida de la Orden de Bilingord tenía un sueño tan extraño como esquivo, sus ojos a medio abrir estaban concentrados en las silla rota que utilizaba como mesa de luz. Sobre la misma colgaba su piloto verde y en su respaldo descansaba la larga escopeta que tenía siempre a mano cada vez que llegaba a la ciudad, no fuera cosa que un Dracida o un Vlaind lo agarraran desprevenido. Pero más allá de esto los pensamientos de Rise no giraban en torno a los negros monstruos de concreto que yacían dormidos en la ciudad, como tampoco en la tremenda batahola de gritos de placer exagerados de las prostitutas. Sino más bien se centraban en Miranda, la mujer que lo hizo abandonar el bosque y por la cual había llegado hasta aquí, al rincón más frío y despiadado del mundo humano. 

Detrás de él se podía escuchar aun encendido el televisor. La caja boba emitía por segunda vez la telenovela clásica de la emisora "Amores en Peligro"


Y ahora continuamos con "Amores en Peligro" (Música renacentista y estridente)
- ¿Mi señor a donde vais en mitad de la noche?- Dijo la peor actriz en todo el país.
- Ay mi Señora, ¡si supieras lo que mis labios han callado todo este tiempo!- Dijo el Galán.
- Decidlo entonces mi señor, decidlo porque imagino lo que usted guarda en su corazón noble...más temo que mi respuesta no sea la que vuestros oídos aguardan.

Tan pronto como Rise entró nuevamente en su apartamento y dejó sus cosas entendió por fin que su nueva vida en la ciudad no sería tan fácil como antes. Si bien nunca le había parecido algo maravilloso vivir allí, antes era un sujeto que no tenía nada ni a nadie en el mundo. Ahora su mente y sus impresiones sobre la misma habían cambiado. En el bosque supo lo que era, más o menos, tener amigos y compañeros de trabajo que al menos lo saludaban por las mañanas. Y de las más especiales, sin duda Miranda era la que se llevaba todos sus pensamientos. Porque Miranda era como él, de la ciudad, de los rechazados por sus pares, de los que sufrieron el abandono y las tormentas sin cobijo. Y no había mujer en todo el universo para él que reuniera esas cualidades.

Si bien pareciera que Rise era un adolescente enamorado, las características mencionadas eran en verdad difíciles de encontrar en otra mujer. Música 


Todos los Dracidas que alguna vez se mudan a la ciudad por decisión propia lo hacen en pareja. Pues saben que el problema no es solamente la soledad estandard que puede sufrir algún desamorado, sino más bien el aislamiento que conlleva ser un ser que tiene un pie en el mundo de los hombres y otro en el universo de inveteradas leyendas.

El Rettem que llevan en su sangre los empuja a buscar cobijo en otros de su especie para que juntos lleven a cabo la sagrada misión, o al menos eso era así antes. En los tiempos modernos, muchos de ellos (como Rise) se ven tan desamparados ante un mundo que no les dará lugar nunca más que tienen dos opciones: O trabajan para el gobierno en las organizaciones de Inteligencia y Seguridad o se van al bosque. La mayoría de ellos optan por el punto medio: La ciudad. Y allí se ilusionan con vivir junto a bellos niños y una hermosa esposa para tomar mate todas las tardes del otro lado de una cerca blanca.

Sin embargo tener relaciones con una humana es un problema en todo sentido. Algunas mujeres pueden llegar a perder la capacidad de quedar embarazadas producto del Rettem,  o bien terminar muertas en una balacera completamente ajena a ellas. Como también abandonar a sus esposos cansadas de vivir en un estado de huida y subterfugio permanente. Claro que todo esto siempre y cuando un Dracida pueda convencer a una humana de que sus poderes son reales y que en verdad es un ser mitológico. En fin, sí, mucho de ser un Jethi en los tiempos corrientes es una mierda. Es una vida de apartamentos silenciosos, sin día del padre ni salidas al parque ni picnics de primavera.

El Cruel Fuego del Dragón necesita lugar donde anidar...y muchos forman lindas parejas que se casan debajo de los arboles de Hosmusilias. En el caso de Rise eso no era posible, Miranda ni siquiera se podía imaginar que su compañero de toda la vida estaba perdidamente enamorado de ella. No era la clase de mujer que le da importancia a esas cuestiones "tan humanas y estúpidas" como ella las llamaba.

Pero lo que hacia que Rise siguiera prendido a ella eran su especial mirada cuando tomaban un descanso de los entrenamientos y vestían sus viejas ropas de la ciudad, o iban al pueblo cercano a ver el partido de Football entre el New Tower y el Chalsea. Pues ambos eran amantes del deporte nacional que conocieron en su infancia durante sus días en la sociedad de los hombres.

Por más de diez años Rise pudo creer que todo estaría bien en el bosque siempre y cuando la tuviera a su lado, recordandole que más allá de un Dracida, más alla de la misión, de los Dioses o de los Vlaind, él había sido un chico feliz que tomaba chocolatada en vez de comer una sopa de hierbas espantosa. Un muchacho que miraba pornografía a escondidas de su madre y que le gustaba meter goles en el colegio publico. Todo eso debido a que Miranda había tenido una crianza similar en Vincent Town, a unos dos kilometros del bosque de Mitril, es decir Hosmusilias.

Y si preguntan porque la dejo la respuesta es simple. Diez años al lado de una mina que no te da pelota,, no es nada sano. Ni aquí ni en el paraíso de los Dioses.

Cansado e incapaz de mantenerse dormido, sin trabajo ni nada realmente importante que hacer, Rise volvió a las mismas andadas. Se levantó del camastro hecho un desastre y vistió el largo piloto, sin ponerse abrigo alguno aunque afuera el hielo lloviera a cantaros. La escopeta esperaba ser tomada por el Dracida, pero Rise creyó que era mucho llevarla en su primer paseo nocturno desde su llegada. Solamente tomó del armario de puerta rota una pistola Beretta cromada que se había afanado en un enfrentamiento muchos años atrás.

(El televisor continuaba escupiendo sonidos, aunque Rise no les prestara atención)
- ¡Entonces prefiero callar hasta que el negro enemigo del norte me quite la vida! Ire a al norte y luchare contra los Salefianos junto a mis buenos compañeros, sera en el campo donde encuentre la negra muerte que me aguarda por desear lo que no me corresponde!- Sonido de armaduras y espadas preparándose para la lucha.
- ¿De que habláis? ¿Vienes y te vas como la golondrina del este?- Dijo llorando la peor actriz de Himburgo.
- Así es mi corazón mi señora, que cuando no busca lo que encuentra parte a oscuros horizontes tratando de aplacar el fuego del amor en la gélida ventisca de acero que es la batalla- Contesto el Galán. - A mi regreso esperadme y si volviera con las banderas de la victoria, consideradme digno de  usted. ¡Hasta siempre mi señora!
- ¡Mi Señor!
La mujer en off mientras observa a Ricardo y a Galvan cabalgar en dirección al norte "No tuve el valor entonces para aceptar que mi corazón ya era suyo mucho antes. ¡Ricardo! ¿Que manos tan gentiles han acariciado alguna vez a esta mujer? ¿Por que te dejo partir así? ¡Ay de mi desgracia!- 
Música de cierre del capitulo, tan pomposa y estridente como la anterior. 


Con los ojos aun hinchados producto del sueño, Rise se lavó la cara y miró el reloj de 15 balbans que tenía sobre la mesa de luz. Las 2 Am. Suspiró, bufo un poco y se marchó de su casa para perderse entre las sombras del barrio.
Música

Fuera del edificio el halo rojo del Hotel "Chikis" le tomó la figura y las rameras de la esquina, escandalosamente llamativas junto a un travestí le dedicaron los halagos correspondientes. Rise levantó el cuello de su piloto y salió sin dirección alguna a donde fuera que lo llevaran sus piernas entumecidas por el frío. El vapor de las alcantarillas salía de las tapas como súbitos géisers de la era moderna, en la esquina unos tipos se calentaban en torno a un tacho de basura. Como Rise podía apreciar nada había cambiado mucho en el barrio en los últimos años.

En las aceras estaban las mismas caras de siempre, desde los alcahuetes de la policía, pasando por los tranzas hasta los cafiolos. A ojos de Rise todos iguales, gente aplastada por la vida y por la sociedad en la que vivían. Gente que a los ricos los asusta y al mismo tiempo les entretiene en la TV cuando hacen algún descalabro a la salida de boliches o asaltando barrios ricos. El material literario de muchos escritores famosos que en su vida habrán pisado un lugar como el bajo. Es decir que en pocas palabras para Rise el Bajo Blondres era un compendio de sueños rotos, malas decisiones y una gran cantidad de frustraciones esparcidas sobre personas como bombas de racimo. Y aunque no le gustara demasiado reconocerlo, personas como él. Pronto su idea inicial de paseo nocturno se transformó de inmediato en la búsqueda de un bar donde pasar la noche.

Los carteles con mujeres desnudas empapelaban los tubos de alumbrado eléctrico. Sus ojos habían sido vaciados para ser reemplazados por una muy pedestre cinta negra de censura a la altura de su rostro. La pose insinuante y burda no incluía una sonrisa, ni si quiera una mirada agradable. Era carne vieja para los nuevos mataderos del Bajo. Ahora llevaban carteles de neón sobre sus puertas, saliendo hacía la calle reflejando su luz onírica en los copos de nieve al grito de "Chicas", "Solo adultos" o "Gatitas y gatotes" Los viejos Mataderos, los de inicios del siglo pasado estaban del otro lado del Río y en poco tiempo serían un gran centro comercial. Nada que le deparara a los añejos monoblocks del viejo Blondres ni a las personas que allí vivían.


La Sombra detrás del Jethi, que no era otra que la propia, le acompañaba en su solitario paseo proyectándose contra las paredes de ladrillo a la vista de los monoblocs que componían su barrio. Sobre las calles las farolas de lamparas de bajo consumo le daban a todo un tono muy aséptico, distante. Sus labios silbaban "I Beilive in Miracles" de The Ragones" su grupo favorito de toda la vida, con esa tonada en su cabeza se perdió en busca de algún callejón oscuro donde fumar un cigarrillo y luego tal vez tomar un trago barato en algún café pendenciero de los alrededores. Los transeúntes le dirigieron miradas nerviosas pero le olvidaron al instante, era otra sombra de Troncor Street y nada más, un sobreviviente de aquel tugurio rebuscándose la vida, rascando el fondo de la olla ya rascada unas 100 veces por otros. Algo que hacia a Rise tan humano como sus vecinos del Chikis.  


***

Desde la terraza de su apartamento sobre la rica y bella Pallance Avenue, Crisald observaba llegar al amanecer por el oriente. Sosteniendo con una mano la baranda que lo separaba del vació, y con la derecha un cigarrillo importado de Baresto (país famoso por su tabaco y su dictadura comunista-caribeña) Crisald disfrutaba del delicioso momento posterior al sexo. Detrás Liena dormía con la tranquilidad de los ángeles sobre la reposera que utilizaban para tomar sol durante el verano. Sus ojos grandes ocultos tras los bellos parpados bien maquillados y sus cabellos rizados parecían parte del paisaje vespertino. 

Hacia un frío verdaderamente endemoniado y a pesar de que sobre la madrugada las nubes habían dejado paso a las estrellas (razón por la cual decidieron hacer el amor en la terraza del piso 20 de su edificio) ahora nuevamente las largas caravanas de vapor venían a reclamar su reinado de temporada. El día era apenas una franja morada en el este, perdiéndose entre las oscuras sombras de los edificios más bellos y adinerados del mundo. 

Al mirar a su joven esposa Crisald no podía evitar sentirse muy seguro ante la decisión tomada unos días atrás. Por lo general los Vlaind de Rolando se encuentran siempre en situaciones muy complicadas con respecto a los valores que aprenden. Por un lado, su pertenencia a la prole de Namidian los empuja a ir siempre con sus compañeros y ser parte del esfuerzo común. Por otro lado, los conceptos más seminales de su orden se basaban en este código: "Primero esta el nombre y la familia,  luego esta la Orden, luego la Nación y por ultimo el rey"

Si nos remontáramos a la historia antigua veríamos que la Orden de Rolando, la caballería de Elite en los ejércitos que comandaba Balabord contra los Dracidas en el pasado fue una de las más problemáticas, cerradas, racistas y fogosas. Y si continuaban siendo parte del gran conglomerado de Ordenes de los Vlaind se debía principalmente a que, casi siempre, terminaban por acompañar las decisiones de la cúpula. Aunque en los años posteriores a la guerra habían llegado a un acuerdo. Algo bastante simple a decir verdad: "En las cuestiones oficiales estamos con la Cúpula. En el resto de nuestros asuntos tendremos plena libertad".

"Cuestiones Oficiales" significaba que los Vlaind de Rolando renovaban el compromiso hecho con Balabord cientos de años atrás y serían solidarios con el resto de las ordenes, trabajarían junto a ellos etc."El resto de nuestros asuntos" venía a cuento de sus territorios, la persecución de enemigos jurados, la libertad de hacer tratos con otras personas de forma heterodoxa o no. Muchos Vlainds de otras Ordenes envidian este tipo de cosas, pues en ellos el rigor de la Nobleza pesa mucho más. Y si tenemos en cuenta que los Vlaind de Rolando son, en su mayoría, descendientes de grandes héroes de los días de oro...bueno, son los muchachos más mimados y malcriados del mundo Vlaind. 

Crisald era, sin embargo, un tipo bastante particular dentro de ese grupo de recios homicidas. No solía meterse mucho en las cuestiones relacionadas en la orden más allá de lo necesario, pero la idea de ser el único descendiente de los Larentguer con vida le venía acosando desde la muerte de sus padres. La idea del vació, del vació frío sin fin donde sus seres más queridos habían caído producto de una vieja conjura le ponía sobre sus espaldas una mochila que no había escogido, pero que al mismo tiempo no se dignaba a abandonar. 
***

7 Años atrás

Música
- ¿El Mostross maestro?- Pregunto a oídos de su maestro aquella tarde. 

Un párroco local hacia sus ultimas oraciones con respecto a la vida de los difuntos. Los Larentguer eran conocidos en los suburbios del norte por ser una familia dada a la caridad y llevadora del progreso técnico y científico que se destacó en esas épocas. 

Frente al mausoleo donde serían encerrados los restos, Crisald, su maestro Klaus, el jefe de la Orden y algunos otros miembros importantes de la comunidad estaban con sus rostros largos y silenciosos aguardando el momento en el cual se cierra la puerta del palacio mortuorio para irse a sus casas. Era verano y llovía apenas, dejando en todos los materiales un aspecto lustrosos y recién lavado. La imagen de Ungil, la guardiana de la guerra para los Vlaind, se levantaba con su lanza dorada erguida sobre el mármol gris y negro de la bóveda. 

Entre las pausas esforzadas que hacía el cura, el maestro de Crisald Larentguer intentaba explicarle al desdichado heredero que iba a suceder con las almas de sus progenitores una vez abandonada la vida mortal. 
- Sí Crisald, el lugar donde las almas rondan perdidas por el resto de la eternidad. Caminan con congoja por larguísimos puentes de nieve y de cristal cortante buscando la salida de ese negro lugar. Muchos de ellos en un traspié producto de sus lamentos caen al foso que yace debajo de los puentes y se suman al coro de condenados en los que se regodea el señor del submundo, Amarak. 

A veces sus voces cruzan las barreras que los separan de nosotros y llegan a nuestros oídos en las noches de invierno, pidiendo que paguemos el precio que halla que pagar para evitarles ese largo sufrimiento. Es una lastima, pero así lo ha querido Namidian en su sabiduría. Si es justo o no ya esta más allá de mis conocimientos. Me gustaría decirte que moraran al lado del Altisimo dichosos de su compañía, pero eso no sera posible. Es una ley muy controversial aunque interesante mi querido.
- ¿A que se refiere?
- Bien, si un vlaind mata a otro a traición el alma de la victima ira al submundo, ¿verdad?
- Sí.
- ¿Y que crees que sucederá una vez se descubra que el fallecido a caído producto de tal innoble acto? Lo cazaran, tal y como somos los Vlaind de Rolando no hay otra posibilidad. Lo buscaran hasta los mismos salones del Infierno y lo mataran. Entonces, a fin de cuentas, el mismo traidor esta dictando su sentencia en el mismo momento en que planea asesinar a un hermano. Quien sea que ha preparado esto es un estúpido sin cerebro. 

***
El estúpido sin cerebro había logrado zafar de la investigación que llevaron a cabo los Vlaind con respecto al asalto y bombardeo de la casa. Producto de la tristeza, Crisald fue a vivir con sus tíos a Hellens, un país al sur de Himburgo y allí termino sus estudios tanto espirituales como humanos, se recibió de contador en tiempo récord. 

Cuando regresó a tomar lo que le pertenecía supo que nadie aun había encontrado una sola respuesta al misterio. Y era consciente de que la inteligencia Vlaind se había esforzado y hasta había pedido colaboración a los Dracidas en el asunto, pues se encontraron restos de Rettem en los despojos del tiroteo posterior a la bomba que destrozo el living. 

Tuvo una reunión con el mismísimo Gran Baron de Blondres (Los Vlaind se dividen los territorios en Barones  que responden al Gran Baron del país de donde sea que viven y que a su vez da cuentas al consejo compuesto por los jefes de las Ordenes que  deben, o deberían, rendir cuentas al difunto Balabord)
Junker Ferdinand le dijo que habían hecho todo lo posible por hallar a los responsables.

Crisald le creyó...o le creyó a medias. Estaba seguro que la movida había sido hecha por alguien importante dentro de la propia Orden de Rolando y que por eso mismo la cúpula no quería meterse. "Libertad en nuestros asuntos" significaba exactamente eso. 

El Vlaind continuó su vida, a pesar de todo, con relativa normalidad y se dedico a trabajar para el Gran Baron como contador en una oficina bastante poco visitada. Y sin embargo, mientras trabajaba en sus papeles aburridos llenos de números, de cartas y recibos, no podía evitar mirar hacia la ventana pensando en que como heredero de los Larenthguer debía hacer algo al respecto. La idea de salir a los tiros contra los asesinos de sus padres no le gustaba ni un poco, pero si fuera capaz de llevarlos hasta el salón de oro, entonces podría darse por satisfecho.

Ahora sabia que existía una forma de hacerlo, un ritual que le permitía matar dos pájaros de un tiro y que en apariencia no era nada difícil de llevar a cabo. 

Viendo que la hora de ponerse en marcha se acercaba, Crisald volvió a observar la maravillosa figura de Liena, quien dormía como un bebe, o como una princesa salida de un súbito paraíso con las luces del amanecer besandole los talones desnudos. La arropó dulcemente con la frazada y la besó en la mejilla. Era una lastima tener que dejarla sola hasta las más altas horas de la noche, si es que regresaba, claro esta.
- Hasta luego Sinierina- (Eso, en Vlaind significa "Sirena", nada muy original, ni muy jugado para nosotros, aunque tiene un especial significado en la historia de este pueblo) 

Recordando que le había prometido que tomarían un baño caliente al despertar, tuvo que hacer un ligero cambio de planes.

Caminó hasta el baño, puso el tapón en un movimiento rápido y dejó correr el agua. Luego, deseando que Liena no se apresurara a ir escaleras abajo, se quito la ropa de sábado que llevaba puesta mientas avanzaba hasta su cuarto de dormir. La parte menos difícil del ritual acababa de comenzar. Sus prendas quedaron regadas por el pasillo camino al dormitorio y sus ojos tomaron un fulgor tan distinto como tenebroso.

Música

Abrió de par en par el armario, sacó las cajas de zapatos caros y con una profunda sensación de decisión y seguridad tomó del fondo la Dersert Eagle dorada que estaba escondida allí. La misma que tenía el escudo de los Larentguer en su culata. Un Leon que se devoraba una serpiente con sus fauces hambrientas. El sonido del arma cargándose con sus balas de plata, deseosas de la carne enemiga como pequeños y argentos demonios hizo vibrar el ambiente, lo llenó de ansiedad y de adrenalina. 

Se posó frente al espejo y ajustó la gabardina oscura. Quitó del bolsillo derecho los guantes negros de cuero fino y se los puso en las manos con la destreza de un cirujano antes de una importante operación. Volvió a revisar el arma que no era disparada desde su entrenamiento y se dejó seducir por el reflejo de su propia mirada homicida proyectada en el cañón grueso y de oro pulido. No era la misma mirada tierna y amable que llevaba el otro día en el tren, ni la que despertaba con el jugo y las tostadas a Liena. Eran los ojos de un caballero de Rolando, de un Vlaind hecho y derecho. 

Arrancó de su anotador en la mesa de luz la dirección que había obtenido gracias a un amigo de la inteligencia en la Fundacion Ferdinand. Troncor Street y Tony Clair Avenue, apartamento 9. Dobló el papelito y lo depositó en el bolsillo interior de su gabardina a la altura del pecho. Tomó de otro cajón la cadena con la imagen del Adria de la Guerra y la besó. En esa caricia de bronce se fueron todos sus deseos y ruegos a la implacable Ungil.

Finalmente sacó de abajo de la cama a Epsurren y la ato al costado de su cinto con las correas especiales que tienen esos trajes que usan los Vlaind cuando van a algún combate o a una situación que puede derivar en algo parecido. No la desenvaino, lo haría en el momento justo y nada más. Esa espada no podía ser manchada con sangre inocente o clavarse innecesariamente en el vientre de otros. Agarró los lentes negros redondeados y se soltó el cabello rubio. Como ultimo acto destrabo el cerrojo sin hacer ruido y dejó una nota de esas que se pegan en la bañera "Lamento no poder compartir el baño matutino, pero prometo que esta noche habrá algo mucho mejor"

Cerro la puerta de su casa y partió, mientras el día se iba oscureciendo producto de las próximas nevadas, hacia su primera parada en esta salvaje cacería que estaba a punto de comenzar, por el nombre, por la familia, la nación y el rey. Su alta figura se mezclo con la de los despreocupados transeúntes que disfrutaban del primer sábado del mes, sin saber que entre ellos caminaba un príncipe que marchaba a la guerra, sin pompas ni bendiciones, acompañado solamente por su voluntad y sentido del honor.

Mientras Rise se perdía en el tugurio que encontró esa madrugada, el heredero de los Larentguer se dirigía a toda velocidad hacia su primera victima. Detrás de ellos, las mujeres, los recuerdos y los sueños quedaban atrás...después de todo la vida había demostrado tanto a Rise como a Crisald que no quedaban muchas razones por las cuales soñar, era mejor el insomnio.






3 comentarios:

Melu Zam dijo...

Pobre Rise! andar toda la vida detrás de una mina que no le da bola! Se nota que es un sentimentalista :P
Me encanta Crisald,lo adoro =)
Tengo una intriga enorme por saber cómo se van a cruzar estos dos...

Bilingord dijo...

esta en el tercer capitulo (arriba de este) :P

Susy Cadillac dijo...

Frienzoned Rise is Friendzoned