lunes, 27 de agosto de 2012

El Ritual de los Condenados XI



Capitulo V

El Judas del Ramkkara

Siempre después de la Tormenta....


Y ahora parece que la nieve va a regresar sobre nuestras cabezas.- Decía el locutor de la FM WALK 7.9. desde el Zitroen C4 con su radio que se escuchaba en la soledad del bajo.
 - Así es Carlton, de alguna manera la tormenta eléctrica podría degenerar en la primera nevada fuerte de este invierno. Así que a preparar esos mates, cafés y Chocolates para pasar la temporada. A abrazar a tu chica o a tu chico porque se viene el pesado invierno Himburgues. (Sonido de Lluvia de Fantasía para Radio accionado por el operador)
- Y en otras noticias, la policía busca resolver lo sucedido en el Bajo dos noches atrás en Troncor Street. Según fuentes cercanas a Herkrania Yard todo se abría desencadenado cuando un agitador de Izquierda cuyo nombre se mantiene en secreto secuestró a Daniela Vounsheim en su apartamento. La policía encontró el auto en que huyeron en dirección al norte abandonado a mitad de la ruta no lejos de donde se reporto robada una Camioneta Ford XTL Explorer. También han indicado que lo más probable es que se trate de una interna entre las bandas que operan en la parte sur de la ciudad. 


La silueta cuadradesca del Chikis se levantaba delante del edificio donde había entrado un tiempo atrás. Su figura alta y añeja no desentonaba del todo con el Bajo, aunque gracias a sus conocimientos de cultura y Arquitectura contemporánea (enseñados obligatoriamente como a cualquier Vlaind) Crisald sabía que el Chikis fue alguna vez algo más que una cueva de asesinos. Las marquesinas en sus pequeños balcones que daban a las calles sucias, sus cuatro entradas de altas puertas, el revestimiento de mármol en las paredes...Un edificio ancho aunque de solo tres pisos de altura contando la terraza. Sobre el tejado se amontonaban, como en el resto del bajo, las antenas de television  formando esqueléticas siluetas. 

Crisald no iba a estacionar delante. Estaba unas dos cuadras detrás escuchando algo de música hasta la hora señalada, la medianoche. Faltaban solo unos diez minutos para ello y fumaba solo en la cabina del carro con los lentes puestos. Algunos transeúntes observaban el Zitroen allí detenido pensando que pronto se armaría una buena, no muy tarde alguien intentaría desvalijar al pobre ricachon paseando por el barrio. Pero la energía que despedía la negra silueta de aquel automóvil, oscura y peligrosa, mantenía alejados a todos los ladrones.

Las Calles estaban más desiertas de lo normal, probablemente debido a la tormenta, cuyas gotas caían sobre el parabrisas formando pequeñas cascadas. Pero había algo más en esas veredas y recovecos oscuros llenos de basura y vagabundos. Mientras el Vlaind anduvo por allí nadie salió de su casa ni siquiera a comprar cigarrillos o asaltar al único supermercado asiático en los alrededores. El pip eléctrico de su reloj con alarma inició la carrera. Con el gesto de piedra característico, el Vlaind abrió las puertas del auto y dejó que la lluvia lo llenara con su providencial energía. El cabello se le empapó en un instante dándole una tonalidad oscura y dorada según la luz de las calles. Caminó debajo de los altos faroles de luz que extendían su pobre y amarillento fulgor sobre las baldosas de la calzada, la escarcha crujía debajo de sus botas.
***

La Biblioteca de Oldbrige Town no se especializaba en cuestiones Esotéricas, pero dentro de las demás ciudades de la zona era la que tenía un mayor grado de antigüedad. Según recordaba Rise mientras cruzaba las puertas de madera y vidrio junto a Daniela, el poblado fue fundado en tiempos antiguos, lo suficientemente antiguo como para aparecer en algunas crónicas Dracidas. La mayoría de los Jethis dejaron de habitar entre los hombres de Himburgo poco antes de la Primera Guerra Mundial, por lo que esperaba encontrar al menos un libro escrito por uno de los suyos.

Ustedes pensaran que esto es poco probable, seguramente en la biblioteca de la esquina de su casa no encuentren volúmenes añejos sobre hechicería y ocultismo. Pero los Jethis se han acostumbrado a estar en desventaja y durante los años han mantenido ciertas tácticas de guerrilla para ayudar a generaciones futuras. Una de ellas era escribir algunos libros (a mano inclusive) y depositarlos en las bibliotecas de sus pueblos por si otro Jethi necesitaba consultar ese tipo de materiales. Podríamos decir que tenían una secreta "Wikipedia" Dracida repartida por cada lugar donde han vivido. A menudo pasan las obras como trabajos de ficción o "estudios" del folclore Balbanes.

Daniela seguía a Rise por el pasillo blanco y estrecho que precedía a la recepción del edificio, bastante moderno a comparación de su exterior. Había sido re modelado hace poco debido a la antigüedad que este tenía. Como muchas otros pueblos que se encuentran en dirección al norte, Oldbridge  creció junto con el   ferrocarril. La biblioteca, la escuela, la torre de agua y la ex fabrica de databan de al menos 100 años. La capilla y algunas  casas eran más antiguas y seguramente las  pocas sobrevivientes en más de 1000 años.

Un hombre anciano de grandes lentes trabajaba en el escritorio del centro del salón amplio junto a una chica joven . Rise y ella se se posaron frente al mostrador y observaron alrededor. Solo podían verse algunos jóvenes estudiantes del secundario no lejos del pueblo buscando información para sus trabajos. A pesar de que todo iba en orden y que no esperaba encontrar nada extraño en su pueblo Rise tenía la sensación de que algunas cosas iban en movimiento. Afuera la tormenta continuaba caprichosa en su intensidad o lluvia. Pero los relámpagos no dejaban de iluminar los campos de sembradío en los alrededores o los arboles al costado de la carretera. 

- Buenas noches. Dijo Rise a la bella muchacha, obviando al anciano. El perfume de la mujer de cabellos castaños llamada "Tiara" lo alcanzó antes que su voz. 
- ¿En que lo puedo ayudar?-
- Buscó "La viejas lenguas de Balbania" de Sigfrid Mc Ciffield. - 
- ¿Tiene ficha ya?- Pregunto la mujer observando detenidamente a Daniela y a Rise, como si acabaran de llegar a un lugar que no les perteneciera. 
Rise iba a decir que no cuando la voz del anciano sentado allí hablo por él:
- Claro que la tiene...es Rise Thomas Kenneth, hijo de Ben...
Rise volteó y observó al viejo. Estaba sentado sobre una silla de ruedas con una frazada en sus pies. Era el Señor Opson, el bibliotecario que solía atenderlo cuando era un niño. Sus ojos llenos de cataratas y arrugas espesas giraron para verle la cara.

Daniela tomo instintivamente a Rise por su brazo derecho. El Dracida tenía la expresión de quien ve fantasmas. Quería hablar pero solo conseguía murmurar, Tiara solo cambiaba miradas con ellos nerviosa. Daniela comenzó a sentir un ligero albor, como de un orgasmo insipiente algo muy fuerte se había movido en la cabeza de ambos hombres, aun en el senil y avejentado Opson. Tiara interrumpió.

- Tenemos lo que pide, esta en el pasillo 4 de la sección "Historia de Himburgo" 
- Vos anda a buscar el libro Daniela y te encostras conmigo en la hemeroteca. 
La muchacha asintió. 


***
Crisald estaba cansado, no había dormido  en un millón de años. Las largas paredes de ladrillo a la vista revestidas por los graffitis del bajo acompañaban el paisaje en rededor. En las esquinas los semáforos daban paso a los pocos autos que andaban por el bajo, los vagabundos continuaban al lado de sus fogatas y la nieve tenía serias intenciones de regresar sobre ellos. Su bolso pesaba bastante, el cuero negro de sus guantes se aferraba a él como si dentro llevara la caja de Pandora que lanzaría cientos de males tan pronto como se abriera. Sus cabellos desatados llevaban sobre su dorada cimera rastros del invierno blanco. Sus botas andaban la acera con la calma de la muerte, sin observar las personas que estaban en los pórticos de los monoblocks intentando pasar una buena noche de viernes, sin escuchar la música que salia de sus alto parlantes, aunque con la mirada fija en el cartel que decía HOTEL CHIKIS en grandes letras rojas de neón que estaban encaramadas en la pared delantera de aquel edificio.

Anteriormente conocido como Dolfyn Hotel en los 40, el Chikis había tenido sus días de fama y buen jazz en épocas remotas que a los Vlaind no suponían nostalgia como para Rise. Su padre se había beneficiado bastante con el estado de Bienestar de aquellos años, pues llegó mucha mano de obra a sus fabricas en Platino y, sobre todo, gran cantidad de subsidios estatales para mantener un ritmo de producción que alimentara el insipiente consumo pasada la guerra. Pero Crisald no había conocido las bondades de una sociedad más justa...para los Vlaind lo único justo para ellos, a fin de cuentas, era que todo el mundo les perteneciera, como se suponía que debía ser.

Ahora, el príncipe era una silueta negra más dentro del corazón de la ciudad. Los grandes salones, las fiestas y pendientes habían quedado atrás...se preguntaba si podría regresar a ese estilo de vida tras estos acontecimientos. De alguna forma, oscura y retorcida, el Bajo le parecía un lugar mucho más real que las fincas y mansiones que conoció durante su juventud. Incluso las prostitutas que aguardaban impacientes en las esquinas albergaban en ellas algo que él nunca iba a poder entender por mucho que lo estudiara. Tenían lo único que Crisald nunca podría comprar o obtener por medio de favores...humanidad. Algo que a muchos Vlainds les faltaba. Observando aquello pudo comprender brevemente porque su padre los admiraba y no los subyugaba en campos de cuasi esclavos como sus compañeros. Eran personas peligrosas, cualquier raza dispuesta a vivir en un sistema como ese, lleno de injusticia, de castas escondidas detrás del poder del metálico y donde la justicia estaba entregada a un garante de los criminales como sus amigos empresarios podía estallar. Era mejor tratarlos bien....era mejor no hacerlos enojar.

Crisald llegó a la entrada. Abrió las puertas con ambas manos y la nieve ingresó en el vestíbulo del hotel, un lugar lleno de humo de tabaco donde una mujer esperaba paciente a clientes inexistentes. Sobre el centro de la sala una araña de buen aspecto adornaba todo con una luminancia esquiva y ensoñadora, opaca y nostálgica. El mostrador, largo y que precedía a los casilleros de las llaves estaba guardado por la mujer de cabellos colorados. Algunos sillones también marrones se encontraban repartidos alrededor de mesitas bajas. El clink de la campanilla despertó a la recepcionista de su sueño.
- Vengo a ver a Jhon Trimberg por favor. 
Clara vio dos esferas negras de vidrio observándola, los lentes de Crisald custodiados por sus cejas finas y rubias. La mujer le sonrió, contenta por ver a alguien tan apuesto en esa tapadera. El no se inmutó. Arriba los cerdos del Chikis la pasaban en grande con sus putas y sus crímenes. Debajo la muerte afilaba su guadaña.

- ¿Jhon Trimberg? ¿Tiene cita con él?- Preguntó ella sin dejar de observar lo hermoso que era ese sujeto.
- No me hace falta. - Dijo Crisald alcanzándole un papel y un fajo con 2000 balbans.
"Huye" Se podía leer sobre la banda blanca que envolvía el dinero.

Motivada por la poderosa presencia del Vlaind la mujer solo tomó sus cosas y salió del edifico, lo hizo más rápido cuando vio como debajo de la manga de la gabardina de Crisald salia, como eyectada, una Desert Eagle Dorada a su mano derecha. Crlisald debió haber visto cien veces Taxy Driver antes de aprender como armar aquel arnés. 

Crisald caminó hasta la puerta y la trabó modificando con sus poderes los metales del cerrojo formando una pequeña cruz con la inscripción "R.I.P" en su centro. Si alguien quisiera salir de allí con vida lo haría por la ventana. Camino detrás del mostrador y busco la coneccion eléctrica del Chikis. No era otra cosa que un vejestorio de la Segunda Guerra Mundial haciendo sonidos de desperfecto por todos lados. Crisald se quito los lentes y tomó el manojo de pequeñas tiras de tela, las luces de todo el edificio comenzaron a parpadear y se escuchó el lamento de los parroquianos del bar de arriba. Finalmente todo quedo a oscuras. 

Entrando por segunda vez en su zona oscura Crisald casi podía ver como de día. En algunos pasillos se encendieron las defectuosas luces de emergencia. Pero en muchos recovecos la oscuridad era absoluta y seguramente en más de un piso entero sus enemigos no podrían ver nada. Sin embargo Crisald había estado en las tinieblas, las conocía profundamente, las investigó desde pequeño y la oscuridad siempre es el mejor amigo de cualquier Vlaind de Rolando, siempre y cuando se le de a ella  lo que busca. 

Hoy el señor Sombra se daría un festín. El Vlaind tomó la escopeta recortada y camino fuera del mostrador hasta las escaleras que llevaban a los cuartos de arriba. 
***


Voces...voces en la oscuridad, las escuchaba, podía sentir sus cuerdas vocales moviéndose casi previendo el final aunque totalmente ajenos a cual sería este.
- ¿Que paso?
- Debe ser el tarado de Jhon, no debe haber arreglado con la policía y nos cortaron la luz que afanamos de ese orfanato. 
- Anda, baja y decile a Carla que la enchufe de nuevo. 
- No quiero, no me gusta un pito esto.
El sonido metálico de una pistola de corto alcance accionando el cargador. Crisald, un piso debajo en la base de la escalera contaba los segundos, aguantaba las fuerzas y la bronca. El acero gélido de sus armas le carcomía la carne llena de ansiedad homicida. 
- Dale tarado, ¿Que le tenes miedo a la oscuridad?
- Veni conmigo. 
- Bueno bueno...

Los pasos de zapatos baratos bajaron por las escalinatas amplias del Chikis, un lugar por donde mucha gente importante ascendía a vivir una alocada noche de alcohol y música prohibida en otro tiempo. Ahora el glamour y las risas habían cambiado por ropa barata con rastros de sangre y diversiones mucho más peligrosas y pervertidas.

- La puta madre, ¡no se ve nada!- Dijo la voz gruesa.
- Me cago en vos Tito, dale camina de una vez que tengo a Janne Blowjob esperándome arriba.
- Ya quisieras tarado...
Dos escalones más abajo.
- ¿Que no hay olor a quemado? Pregunto la vos gruesa.
Un sonido de ignición se escuchó, pero no había debajo ningún motor. Un bálsamo de fuego verde nació de la propia oscuridad, iluminó la figura de su ejecutor como si se tratara de alguna alocada alucinación producto de alguna droga muy poderosa. La espesa y ardiente llamarada cubrió a ambos hombres en un segundo, su ropa se hizo trisas en un abrir y cerrar de ojos, con sus  rastros volando en el aire como si se hubieran convertido en papel quemado, el sonido de algo parecido a una turbina se escuchó en todo el Chikis y las mesas, los vasos y ceniceros temblaron al retumbar  las paredes. 

El Vlaind pisoteo sus cenicientos cuerpos con su botas mientras preparaba la escopeta de doble caño. Al encontrarse a pocos escalones del primer piso notó que las llamas se habían extendido hasta el mismo y allí varias personas se escondían debajo de las mesas asustadas, pensando que una bomba había volado a la mierda la primera planta. Dos de ellos comenzaban a reaccionar y llamaban a grandes voces a otros a que se sumaran a la lucha. Los ojos de Crisald contaron velozmente a cinco hombres y dos mujeres. Una de ella estaba quemándose en el suelo e intentaba apagarse girando de un lado al otro, generando un resplandor verde de derecha a izquierda.

Con su mano derecha hizo un barrido rápido con la Desert Eagle, las balas entraron en los cuerpos de sus victimas atravezandolos y destrozando las botellas de la barra detrás de ellos. El sonido de los disparos hacia ping pong entre las paredes gruesas del chikis. La sangre negra y verde al resplandor de las llamas se mezclo con la oscuridad del recinto y los gritos. Había miedo, miedo a montones, estado de Shok. Con la mano izquierda apoyo el doble caño sobre un hombre agachado a su costado que pretendía esconderse y controlarse. Tras un alarido lumínico y blanco producido por los gruesos cañones de la escopeta de campo sus cesos quedaron esparcidos contra la pared, el cuerpo cayo al suelo sin gracia ni honor.  Incapaz de recargar rápido, sintiendo como alguien llegaba con un objeto contundente hacia él, Crisald tiró ambas armas al suelo y desenvaino a Epsurren. El acero forjado en el reino de Allion hace mas de mil años cruzo la carne de su enemigo como si se tratara de algún tipo de flan. Era un hombre joven, ¿Era un hombre inocente?

Sus lentes negros se fijaron un segundo en los ojos desorbitados de quien cargaba una silla entre sus brazos, aun alzados. No, no era una persona inocente...Quitó la espada de su cuerpo y volvió a bajársela entre el cuello y los hombros. 

- ¿Que mierda pasa ahi abajo?- Grito una voz. - ¿Y donde mierda esta el forro de Karl? 

Crisald volvió a tomar sus armas, las recargó con la paciencia del vencedor. Remató en el suelo a temerosos y heridos por igual.
- ¡Nos están cagando a tiros!, todo el mundo abajo, ¡ahora!- Gritaba la voz de Jhon Trimberg desde el ultimo piso. Un coro de idiotas llamó a las armas y bajó por las escaleras a forma de barra brava enardecida. 

El Vlaind actuó rápido, saco del bolso el M79 y disparó tan pronto como vio unas manos con armas salir por el codo de la escalera. La explosión llenó de polvo y algunos miembros ese lugar. El techo cedió un poco sobre ellos. El sonido de metal armado cayendo al suelo y rebotando contra los escalones de madera ascendió hasta desvanecerse. El Vlaind sacó el M16 y avanzó por las mismas disparando ráfaga tras ráfaga de plateado plomo.

Algunos lo vieron antes de que sus cuerpos fueran perforados por las balas. Un tipo rubio, alto y con la expresión totalmente cambiada a la de un monstruo, algo no humano estaba allí, algo no jethi sosteniendo un rifle de asalto que no dejaba de vomitar fuego sobre ellos  mientras corría al segundo piso. Los casquillos volaban detrás de su figura, las balas mal disparadas de sus contrincantes deshacían la pared a sus espaldas, cubriéndolo de polvo y de suciedad. El M16 no dejaba de sonar, de aturdir sus condenados oídos y de arrancarles dedos, perforarles los pechos o la cabeza. 

Cubierto de la sangre de sus enemigos el Vlaind llegó al segundo piso donde tiro el M16 Vacio al suelo y empuño nuevamente la Desert eagle. Dos hombres dispararon escopetazos, cubiertos detrás de un sillón caro del bar Privado del jefazo. Crisald se lanzó al suelo, ya había luz de emergencia encendida en este piso que daba a los pasillos de las habitaciones. Se deslizó por el suelo sucio del Chikis como un bailarín profesional y quedo debajo de una mesa, cuya madera comenzó a ser mordida por los disparos de los Dragones Negros. El Vlaind abrió fuego con su pistola reventando tres cabezas antes de tener que cambiar de posición. Saltó sobre la barra del bar poco antes de que se crearan decenas de huecos producto de los disparos y los fragmentos de espejo y botellas cayeron sobre su cuerpo. El liquido de las bebidas le empapó todo el cuerpo.  Crisald saco la espoleta de una de sus granadas y la envió como regalo a sus amigos. 

- La puta madre, es un puto Vlaind- Se avivó al final uno. 
- ¡Granada!- Gritó otro, siempre tarde en su reacción. Dos cuerpos volaron hacia arriba y cayeron abajo abatidos como pájaros en vuelo, el relleno de los sillones y los almohadones salió volando en varias direcciones. 

Ya se corría la voz entre los pasillos y los cuartos de los Dragones Negros: Un Vlaind había entrado en el Chikis y lo había hecho a lo grande. Mientras Crisald se demoraba un poco con dos contrincantes más (que le atacaban con saña a descubierto con armas automáticas), en el resto de las habitaciones, motivados por un temor insoportable, los hombres abrían armarios para sacar todo tipo de armas, viejas o nuevas. Cargaban las mismas nerviosos escuchando los alaridos de dolor en el bar privado. Pasaba el tiempo y el sonido de los tiros no se callaba. 

- ¡No!....¡no!- Gritaba una de las victimas cuya pistola se había quedado sin Balas. Crisald lo tomó por la chaqueta y se acercó a la ventana, lleno de fuerzas, de vitalidad, de poder embriagante. - Hoy nievan Hombres. Le dijo sádico y sonriente.

En la calle la gente veía como  desde el segundo piso unos pobres diablos salían disparados hacia la acera nevada y mojada por el clima del cielo, lleno de tinieblas sobre ellos. Las ventanas resplandecían en blanco y amarillo acompañadas por el tronido de las armas y los casquillos. 

La gabardina, agujerada con dos orificios de balas en un brazo y el pecho le incomodaba. Crisald se la quitó y la lanzó al suelo. Como si recién hubiera estado jugando a las escondidas con la gente de  Jhon, caminó hasta el pasillo derecho. Todos los hombres del Jefazo cuidaban el único pasaje a la oficina del señor del Hotel. Quien esperaba nervioso con una espada y un arma de fuego en el marco de su puerta, sintiendo el sudor caer sobre su cabeza de manera fría. -¿Donde mierda estará Karl?- No dejaba de pensar en voz alta. Con su otra mano sostenía inútilmente un teléfono rogando ser atendido por sus superiores. Pero la linea estaba muerte desde que Crisald la reventó poco antes de llegar a la entrada.

Los restantes, en un gran acto de valor y estupidez se juntaron todos. A una orden del ademan de su jefe emergieron de nueve cuartos distintos con escopetas, rifles, pistolas, sub ametralladoras, palos y cualquier cosa que hiciera daño. 

Delante de ellos el Vlaind de Rolando se quedó parado sonriendo con sus brazos  llenos de sangre propia  y ajena. La cara cruzada por rastros del cabello de alguien y el precioso liquido intravenal emergiendo de su boca como si estuviera sediento de más. A su relamido entre sobreactuado y sensual los sujetos respondieron cargando las armas. Todo el pasillo, blanco y verde se transformo en un coro de seguros quitándose. 
- ¿Que mierda queres acá seas quien seas?- Pregunto Jhon, tímido y asustado.
- Nada. Solo a vos, a tu amigo Karl, ambas almas  y algo de diversión con una de tus putas. ¿Pido Mucho Jhon Trimberg?

Los hombres miraron al jefazo dispuestos a mandar al inframundo a Crisald. Desde su oficina le echó un vistazo al Vlaind, a través de la ínfima ranura que había entre la puerta y el marco lo reconoció. Era el hijo de ese Vlaind que Karl había matado. Desde el primer momento en que leyó el diario el día posterior a la matanza de los Larentguer supo que prestar los servicios de su hombre de confianza a esa puta loca del norte iba a traer problemas...aunque también mucho dinero. En ese instante primó la codicia, ahora solo imaginaba de que forma podía sacarse el problema de encima. Primero probó por la más fácil de sus opciones:
- ¡Que carajo esperan! ¡Caguenlo a tiros pelotudos!- Y cerró la puerta cobardemente.
- ¡Sí jefazo!

Crisald, parado y solamente protegido por una musculosa que hacia honor a su fornido cuerpo soltó las armas en el segundo previo a que dispararan los hombres de Jhon. Sus manos se levantaron en un ademan hacia arriba como quien eleva a un chico en una hamaca. Las Balas, las decenas de balas, perdigones y objetos contundentes dirigidos a su cara se encontraron de pronto con una barrera invisible. "La Cabalgata de Rolando" aquel poder que mencionamos anteriormente.

Los desgraciados observaron como no solo sus balas volvían hacia ellos sino como el suelo del pasillo se abría formando los huecos de cascos pisoteando el concreto, abriendo la madera vieja y podrida debajo de la alfombra, el grito de batalla de una docena de corceles les llegó a los oídos y todos ellos sintieron en carne propia como la fuerza arrolladora de una compañía de caballería invisible les pisoteaba las cabezas, los pechos, los brazos o las piernas. Las armas se doblaron bajo los cascos espectrales de Pingues corceles y arrollados por la descomunal fuerza de la zona oscura de Crisald salieron todos disparados hacia adelante. Para cuando la energía hubo pasado solo quedaron tendidos cuerpos y heridos quejosos, gritando del espanto del dolor producido. Tres de ellos atravesaron la puerta de Jhon y dieron directo con el escritorio eyectados contra la pared. Crisald solamente hizo un sonido de reprobación, como el que hace un maestro frente a un alumno y caminó, indeclinable en su tarea hasta Jhon.

Dos de los tres que aun vivían intentaron moverse, a pesar de estar muy atontados por los golpes, dos corchazos a corta distancia de la recortada acabaron con sus nobles intenciones. La Sangre salto hasta manchar el techo y la camisa verde de Jhon.

Un espadazo violento quiso detenerlo cuando alcanzó la oficina. El Vlaind de Rolando lo detuvo con la propia y empujo a su oponente hasta su silla de "Jefe" que ahora le resultaba más parecida a una de interrogatorio. - Ustedes si que son muy ineptos en verdad. Dijo Crisald observando el reguero de cuerpos, casquillos y sangre que había quedado detrás de él.

- Con que uno solo me hubiera enfrentado como un hombre en combate justo esto se podría haber evitado. ¿Que acaso ustedes no tienen entrenamiento en códigos de lucha o algo así?- Preguntó a su victima embelesado por su propia capacidad de destrucción. 
- No hice nada.- Fue lo único que Jhon pudo decir, con sus ojos verdes totalmente aterrorizados y gesto perpetuamente nervioso.
- ¿Sabes quien soy?
- El...el chico Larentgher. 
- ¡Un Gusto!- Le Dijo Crisald golpeándolo con la empuñadura de su espada, cruzandole el rostro de un lado al otro.
***

¿...Sale el Sol? 

El sonido del proyector era lo único que podía escucharse en el rincón oriental de la Biblioteca. Rise pasaba las paginas del mes de agosto de hace siete años. Había escogido el rollo del "Daylay Sunday" por ser el diario más amarillo de Himbugo. Un medio que no iba a perderse de informar de una matanza semejante. Rise no buscaba buena información en sus paginas, seguramente solo el 10 por ciento del contenido de las notas no fue contaminado por los propios Vlaind, sino que buscaba fotos de la masacre, tenía que saber si efectivamente había estado allí algunos años atrás con Miranda.

Mientras bebía un café negro y fumaba (tras convencer a la bella muchacha con un poco de caradurismo y poder Dracida) leía los titulares, en grandes letras de molde negras, a veces rojas:

La comunidad de Old Kings Road conmocionada por inexplicable asesinato / Foto de varios cuerpos en fila cubiertos por una frazada. Todas las imágenes tenían ese granulado especial del papel de diarios, la mayoría de ellas era en blanco y negro. 

"Importante empresario asesinado en su casa"

"La Tragedia de los Larenthguer: Así fue el tiroteo"

"Dana Larenthguer iba a casarse cuando entraron a matarlos"


"Siete cuerpos" "Mas de 200 balas fueron disparadas según la policía" "Dos niños de 13 y 11 años brutalmente descuartizados" - Entre nota y nota, cada lectura rápida de copetes y titulares estaba llena de información horrenda. La cosa era peor de lo que el recordaba, había otras familias Vlaind ese día que también sufrieron. Durante la fiesta de casamiento de Dana Larenthguer una docena de hombres había ingresado por el garaje con armas automáticas y subido al primer piso, el cual conectaba al patio interior de la casona. Desde arriba habían ametrallado a medio mundo mientras celebraban en el patio mencionado. 

Rise empezaba a pensar que no iba  a sacar nada de allí más allá de muchos sustantivos para crímenes. Ya escuchaba los pasos de Daniela detrás de él con el libro en sus manos. Secta Satánica acusada del crimen/ La mente detrás del asesinato (La foto de un hombre con su cabeza gacha en el calabozo, una barba a medio crecer y pobladas cejas): Obreros de las plantaciones Larentguer Involucrados/ Nueve hombres sentenciados a Muerte por la justicia Imperial/ Crisald Larenthguer único sobreviviente  llega hoy de Hellens para testificar/ 

El libro que llevaba Daniela se cayó de sus manos al ver la foto del hombre que había entrado a su apartamento. Rise volteo para mirarla y le acercó una silla. Señalo la pantalla con sus dedos: Ese es tu amigo...- Dijo Sonriendo.

Peter Danok, autor intelectual es declarado Mentalmente insano/ Peter Danok: "La voz de una Bruja me obligo a participar"/ Danok ahora acusa a Serena Enarrmar "Trabajaba para ella, me obligo a hacerlo"/ Illagros Zarovich de Sipea, Abogado de los Enarmarr "No es más que un truco para ganar tiempo, la señora Enarmarr esta profundamente dolida" 

 Peter Danok enviado a la Horca. 

Aquí esta el libro Rise. Dijo Daniela tomando rápidamente un Cigarrillo de Rise y sentándose a su lado, apoyando los brazos con cansancio sobre la larga mesa de la biblioteca donde se extendían las computadoras y maquinas de la Hemeroteca. - Busca fotos Dani, la info me la llevó del deposito más tarde. Estos diarios no son muy viejos, deben tenerlos en papel también. Yo me encargo del libro..-
- ¿Que buscas en el libro?
- La frase...Idu Era Siavalion. La vi antes en la casa de tu amigo hace unos años y a pesar de que soy un jethi de Bilingord no puedo terminar de descifrar que significa...es una mezcla de Helleniano antiguo con otra lengua.

Pasaron los minutos y las horas. Daniela pasaba lentamente, prestando mucha atención, todas las fotos pequeñas y en blanco y negro de calabozos, cuerpos desmembrados, hachas ensangrentadas y casquillos. Policías frente a la casona de los Larenthguer, el rostro de Crisald sentado como testigo durante el juicio, números abultados de cuerpos y disparos.- ¿Buscas alguna foto en especial Rise? Pregunto Daniela acomodando sus lentes. La biblioteca iba quedando vacía y las ventanas vibraban producto de los truenos.
- Una del vestíbulo...si ves una pintura de un hombre alto sobre un caballo sosteniendo una espada avísame, creo que hay un hogar alto y de mármol debajo de él.

Rise se perdía entre los capítulos de esa antigua edición de hace unos 70 años, encontró finalmente un apartado "Lenguas muertas Hellenianas" fue a la maquina expendedora de Cafe y volvió a su asiento, abocado a su tarea como un profesional. Daniela continuaba girando la perilla del proyector. Las luces tenues de las lamparas con pantallas de vidrio verde estaban encendidas solo donde ellos, el resto de la biblioteca, de alto y redondeado cielorazzo permanecía en la oscuridad.

Entre las lenguas Hellenianas ya casi inexistentes se encuentra una peculiar mezcla de Sixvandez con un dialecto del sureste del país que fue usado por ciertos pueblos contemporáneos a la era del Dragón. Una de ellas es el Kinvaling. Idioma que solo ha sido encontrado en uno o dos libros escritos por monjes de ese país en la era oscura: "La Artes Secretas Auresianas" y "El Sol Negro". El primero es un libro encontrado por los Vlaind de Rolando en las catacumbas de los reyes de Tarcun en Himburgo y contiene la exploración de las artes oscuras o paganas de los pueblos anteriores al mandato de Heills alto en el cielo. El segundo es un desvarió esotérico sin mucho sentido ampliamente utilizado por los espiritistas de las costas de Himburgo y Hellens. Aun siendo una rareza, el Kinvaling es fácilmente legible si se tiene un profundo conocimiento de las lenguas antiguas como el Sixvandez y el Helleniano. Con un buen diccionario de cada lenguaje se pueden obtener resultados interesantes. 

¿Rise?- Preguntó Daniela temerosa de sacar al Dracida de su concentrada lectura.
- ¿mmm?
- ¿Es esto lo que buscas?

El Dracida se levantó de su asiento y observó dentro del proyector. Allí estaba el salón de entrada a la casa de los Larenthguer, el cuadro que indicó no estaba  más. Sobre la pared blanca se leía escrito en Sangre  "Idu Era Sivalion" rodeado de orificios de balas por todos lados. Un policía al costado estaba sosteniendo la imagen de Balabord que se encuentra en todas las mansiones Vlaind  y otros investigadores observaban el extraño acertijo.
- Eso mismo...anda a buscar estos dos diccionarios que te voy a dar, los escribió gente como nosotros y están especializados en estas cosas: La Lengua Antigua,  Kirk Mardsen y Dialectos de Hellens 1.

Al cabo de un rato, tras consultar varias veces ambos  libracos Rise anotó en un papel lo más acertado en traducción, lo dijo en voz alta para que Daniela lo escuchara:
- "La Era del Sol esta cerca"
Daniela casi se atraganta con el café.- ¿La era del Sol? ¿Eso dijiste?
- ¿Si, que tiene eso de raro?
Daniela recordó las palabras de Merry como si se las estuviera susurrando al oído en ese momento.
"Con el tiempo veras que el Demonio intentara convencerte de que tu gracia Divina es una tortura, que te apartara de las personas y de aquellos a quienes amas. Pero al fin, cuando seas más grande comprenderás que todo lo que el señor ha puesto en ti y en otros como vos lo ha dejado allí por una razón maravillosa. Y ese día...ese día saldrá un sol radiante y de luz tan clara que ya no habrá lugar para las sombras ni para los Dragones." 

Rise se echo atrás en la silla:
- Nuestro amigo Crisald entro a tu casa pensando en matar a ese tal Rick, era el jardinero de su familia. Acá dice que muchos sospechaban que el había abierto el garaje para que pasaran los asesinos. Tengo que buscar otros libros...dudo que pueda encontrarlos acá..pero se donde conseguirlos. Igual antes voy a ponerte a resguardo...no es tu problema resolver esto.
- No estoy tan segura de eso Rise. Dijo Daniela preocupada.
- ¿Que queres decir?
- Eso de "la era del sol" lo escuche antes, cuando era chica. Tiene que ver con...con mis poderes.
- Nunca supe de algún Jethi que adorara al Sol o algo así...estas confundida Dani.
- No Rise...- Ella se sentó a su lado muy cerca para hablarle en susurros.
- Vos dijiste que no podías saber de que Orden era ¿no?
- Ajam.
- Pero en teoría...es decir...¿Cuando fue la ultima vez que no pudiste reconocer de que Orden era uno de los nuestros o tuyos?

Rise Frunció el cejo y tomo un sorbo de café pensando:
- Bueno por lo general cuando se despiertan uno se da cuenta por el tipo de cosas en lo que es bueno...si es hábil en la lucha cuerpo a cuerpo, si levanta fuego o cosas por el estilo. De todas formas para asegurarse se hace un estudio de la sangre que solo los Jethis de Sigmund conocen..
- ¿Me viste hacer algo parecido a lo que hacen esas ordenes cuando "desperté"?
- No Dani...pero hay muchas cosas que todavía no se saben, ¿Que es lo que tanto te aterra? estas temblando...- Le dijo tomándola de sus blanquecinas manos.
- Creo...creo que..- Se saco los lentes para limpiarse una lagrima. - creo que no soy una Jethi Rise. Ya hable de eso con alguien cuando era muy chica el me dijo, en resumen, que sabría que era cuando "Salga un Sol Radiante y no haya más lugar para Sombras o Dragones".

- ¿Que no eras nueva en esto vos?-
- Prefiero el termino reincidente....- Le contestó ella sonriendo con cierta vergüenza.





***

"El primer recuerdo que albergo de mi infancia es el recuerdo de mis pesadillas..."
Crodlock, Libro de las Artes Secretas Auresianas.

Bosques de Pent, Mansión de la familia  Enarmarr

La luna estaba en cuarto menguante, la parte derecha de su figura era apenas un disco negro de débil contorno. La mirada tranquila y celeste  de Lauro observaba la entrada a la mansión Enarmarr mientras su anciano chófer doblaba afablemente por el camino de tierra que conducía a la misma. Tenía sus manos gruesas tamborileando en sus rodillas y los cabellos negros cayéndole a ambos lados de la cara. 

Añeja pero imponente la reja de la mansión pasaba al lado de la ventanilla del auto extendiéndose a muchos metros todo alrededor con sus puntas como lanzas negras que apuntaban al cielo, donde una dulce llovizna comenzaba a transformarse nuevamente en nieve. Pequeñísimos copos de agua nieve se pegaban en la cubierta gris del Rolls Royce o en la ventanilla algo empañada. Las luces antiniebla iluminaban el camino viejo y misterioso delante. 

La gran mansión estaba delante, con dos alas alargadas hacia el sur y el edificio central en medio como formando una gran letra C cuadrada. Sus ventanas estilo victoriano se encontraban encendidas, como faros guiando al chofer de Lauro. En el jardín, custodiando la entrada se podían ver fuentes color negro donde algunos ángeles sostenían la vasija redondeada de agua que alimentaba la fuente. A pesar de los más de quienientos años que tenía, El Santuario de Liavenna seguía inspirando tanto temor como respeto.  

Muchos años atrás, en ese mismo claro del bosque se encontraba el burgo de Rolando, una plaza fuerte donde toda la hidalguía de su caballería se hacia presente. Santuario donde las armaduras doradas de sus seguidores, familiares y amigos preparaban carros, caballos, espadas y lanzas para la ultima gesta tras ser derrotados por los Dracidas en Strickland. 

Lauro recuerda que de allí partieron al Sur, cansados y abrumados por la derrota pero con esperanzas de encontrar un lugar en el mundo donde su gente fuera capaz de vivir en paz, donde el dolor que los trajo a Himburgo junto a Balabord no los persiguiera más...una costa segura desde donde poder volver a lanzar un contra ataque voraz contra los Dracidas y obtener la Victoria Total

Hoy, mientras caminaba por el camino empedrado que lo llevaba al salón de su Maestra Lauro sentía nuevamente aquella sensación de que todo lo que construyeron en los últimos miles de años, con sus pros y contras, vendría a ser arrebatado, quemado, destruido, pisoteado y aniquilado por aquellos seres celestes que por mucho tiempo, quizás demasiado, tanto Dracidas como Vlaind habían olvidado. Solo que esta vez estaban juntos y preparados.

Delante de él una figura alta, encapuchada en azul pero con los cabellos dorados saliendo por detrás del cuello hasta los hombros lo esperaba, paciente y con la calma de una santa. Su boca rosada y amplia estaba recia como la de un juez. Sus manos juntas sobre su regazo, cubierto por una túnica ceremonial Blanca envolvían en sus dedos un amuleto Vlaind traído de los Años Dorados, tiempo que ella vivió, sufrió y luchó.

Lauro pudo observar como sobre ella ya brillaba, aunque muy tímidamente una nueva estrella en el cielo. Por el momento parecía celeste como todas las demás, pero sus halos de luz ya cobraban una fulgurancia Amatista, pronto sería lo suficientemente visible para los hombres y en el diario dirían que una nueva estrella era visible desde la tierra. Pero se equivocaban, el rostro de ese celeste podría verse desde cualquier punto de los cinco mundos de los Dioses anunciando lo inevitable...tal y como Crodlock la vio sobre la Figura de Igrrisen en la batalla de Situn.

Lauro se agachó frente  a su Maestra de manera reverencial.
 - Karl ha encontrado a la mujer que buscamos.
- Toma un baño con las sirenas y luego encuentrame en el estudio...


***
Los ojos de Liavena Enarmarr observaban la pintura a la que su familia había dedicado todos sus esfuerzos.

Sus manos finas y adornadas por un solo anillo de oro sostenían un baso de Whisky color oscuro. La otra albergaba un cigarrillo. Sus piernas desnudas se aparecían debajo de la bata de seda fina llegando hasta el suelo en una sinuosa y sensual figura que a Lauro sobrecogió por un momento. Llevaba así unos cuantos minutos, esperando que su Maestra reaccionara a su presencia en su despacho. Algo más pequeño y modesto que el de otros Barones o Baronezas del mundo Vlaind. 

El cuarto, de tres ventanas en forma de arco y vidrio repartido tenía las paredes blancas y a través de los cristales podía verse el cielo venirse abajo. Un silencio de muerte solo interrumpido por el estrépito de la tormenta sobre el tejado recorría la Mansión de los Enarmarr, uno de los linajes más antiguos de la Orden de Rolando y quienes se cree son los descendientes directos del propio fundador. 

Liavenna estaba con sus ojos de zafiro analizando detenidamente la pintura. Lauro, sirviente leal de la Orden de Hatanst y ocasional amante de la blonda Liavenna no podía evitar que sus ojos se fijaran en aquel oleo del tamaño de la pared, con una luz especial que le alumbraba desde arriba. Todo el cuarto estaba acondicionado de una manera en que uno no pudiera evitar que aquella espantosa visión pidiera, urgiera, ser vista por su visitante solitario. Lauro odiaba ese cuarto y detestaba que su Maestra siempre lo llamara allí. A pesar de compartir con ella muchos aspectos acerca de su importancia prefería olvidarlo.

La pintura era panorámica, como la versión Led TV de los tiempos antiguos, aunque con una imagen estática y tenebrosa. En su parte inferior se podían ver pequeños brazos, caras y manos levantándose al cielo. Flacas y desgarbadas animas, sombras, espectros, tenían sus rostros vueltos hacia el espectador. No había ojos ni cejas, ni cabellos, ni belleza, ni divinidad, ni poder. Eran sombras, ínfimos seres que caían de a montones en un pozo cuyo vació se perdía hasta el infinito. Una vacuidad dominaba el centro, un anillo de fuego en cuyo centro los relámpagos chocaban junto a las tinieblas. Era como ver un pozo desde su base. Solo observarlo un instante ya producía una real sensación de vértigo. Como en centrifugado los condenados caían sin reparo a un pozo sin fondo donde la nada misma les esperaba como destino final.

Entre cada cuerpo, cada costillar y cabezas calvas, maltratadas, se podían ver rastros de un fuego muy poderoso que iba de tonalidades coloradas a Amatistas. En el extremo superior derecho un León se aferraba con sus garras al borde del pozo, arañando en vano una tierra negra a la que intentaba aferrarse. Rugía con sus ojos inyectados de sangre ante su impotencia. En la esquina superior opuesta un Dragón hacia igual y escupía fuego inútilmente antes de que sus zarpas ya no pudieran sostener su propio peso. Entre ambos los detalles de cientos de mujeres y hombres, en diferentes posiciones de caída, de espaldas, de costado o boca arriba, luchaban por subirse el uno al otro buscando una salida de su malhadado destino. 
Debajo, pequeño pero legible se leía una frase
"Idu Era Sivalion, Ae Upnor sina Dualon"

La hermosa Liavena, que llevaba en su cuerpo lo mejor de la belleza Vlaind con algún retazo de una raza tan antigua como el mundo mismo (incluso anterior a los Dracidas) se volteó por fin para charlar con su interlocutor. Sus cabellos mojados producto de un baño reciente se acomodaban al costado de sus hombros brillando.
- ¿Si Lauro?- Dijo la mujer como esperando que este le dijera algo que ella ya sabía. 
- Karl llamó mi señora. Dice que sus sospechas se han confirmado. La mujer del Chikis es la que buscamos.  Pero se ha escapado, un Dracida de Bilingord la salvó. - Contesto Lauro con su voz gruesa y Helleniana. 
- ¿Que hay de Larenthguer?
- Tampoco pudimos atraparlo, descubrió el truco. Sarcant esta aquí con el rostro por completo deshecho. Creo que las cosas se están saliendo de control mi señora, recién...alguien llamó del Chikis, parece que ya Larenthguer ha encontrado a Jhon. 

Liavenna observó con su mirada de bruja (porque tal era) al hermoso Príncipe de la orden de Hatanst. El más fiel de todos los servidores de su casa, como buen servidor de aquella Orden, Lauro era un hombre correcto y que cuando encontraba  en quien poner sus esfuerzos se desvivía por cumplir las ordenes de su señor. Le enterneció que el muchacho se encontrara tan apesadumbrado por la fracasada tarea.

Apoyado en su rodilla sobre el suelo y con la cabeza gacha en forma de reverencia, sus cabellos oscuros le llegaba hasta el pecho. Tenía un rostro tan bello como el de cualquier Vlaind, aunque también mucho mas fuerte y vital. A pesar de sus años  en esta tierra, Lauro no había perdido el entusiasmo ni la esperanza. 

- ¿La muchacha es la que buscamos? ¿Que tan seguro estaba Karl de eso?
- Le retorció el brazo de una forma muy extraña, lo hubiera matado si no fuera porque ella recién despierta. Karl dijo que pronuncio la palabra "Misinas". ¿No es acaso aquella la estrella que se menciona en el libro de las Artes Secretas Auresianas maestra?
- Exactamente esa. La estrella que nace del otro lado del muro de la noche, la que yace del otro lado del círculo y donde se encuentro el Vacío.- 

- Si hay problemas con Crisald, déjeme...- Comenzó a decir su servidor selecto.

- No Lauro...se a quien recurrir si Karl esta fuera de combate.

Caminó hasta la ventana con sus largas y hermosas piernas, con su pecho pronunciando dibujando una silueta maravillosa y peligrosamente deseable. El cabello Rubio se le acomodo como por obra de magia a los lados de su rostro.

- "Idu Era Sivalion, Ae Upnor sina Dualon" "La Era del Sol se acerca, solo el vació nos espera" Ahora el abismo esta justo debajo de nuestros pies Lauro. El Poder que vive más allá de los muros de la noche no solo ha enviado a la mujer que mencionaste. Se las ha arreglado para tornar nuestras jugadas pasadas en nuestra contra. Si  Crisald no comprende que en nuestra Unión reside la Victoria Total llegara a nosotros para exterminarnos, dominado por los hilos del destino, por la voluntad de la estrella. Es nuestro propio Judas, solo que aun no lo sabe...

- Dudo que podamos tornarlo a nuestro lado mi señora. Los Vlaind de Rolando son...obstinados.
- Sera el precio a pagar por la salvación de ambas razas, su padre no quiso entenderlo...al parecer el tampoco. Es la crueldad de los Dioses la que nos persigue desde que salimos de Iridu junto a Balabord. Pero todo tiene un fin Lauro...incluso ellos. Esta vez estamos unidos y ya no podrán jugar con nosotros como antes. Quiero que se presenten aquí todos los miembros del círculo en el menor tiempo posible.
- Sí mi Maestra.
- Y no te preocupes mi bello Lauro. Le dijo tomándolo de la mano para que se levantara. - Hemos evitado antes ese pozo que ves en la pintura. Esta vez no sera distinto....esta vez ellos caerán para no regresar como debió hacerse en tiempos paganos.

Afuera seguía lloviendo, entre los cristales limpios de su ventana el agua se demoraba hasta formar pequeños ríos que se perdían en el jardín delantero de la mansión. No había luna llena como tampoco un macho cabrio en el centro del mismo, pero una bruja ya preparaba sus escoba para el aquelarre. 



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