domingo, 12 de junio de 2016

El Hechicero de Gadrass-Nun 4





La Criatura 

 

Monsters, monsters, monsters in the night
Monsters, monsters, monsters in black and white
Monsters, monsters, monsters out of control
Monsters, monsters, monsters when you're alone
Monsters, monsters, monsters feeding on themselves
Monsters, monsters on the road to hell...
Monsters- Blue Oyster Cult 
 
-         -Háblenos del último encuentro con aquella mujer en el Cocoon. – Dijo el interrogador en la cinta de Video que Ipsis estaba viendo ya entrada la madrugada.

El living estaba a oscuras a excepción de la luz que generaba el televisor. La Dracida miraba intentando comprender porque le habían enviado esta cinta. ¿Cuál era el mensaje que ocultaba? Llevaba treinta minutos de grabación y podía empezar a imaginar el motivo. Pero habían pasado tantos años que le parecía ridículo. 

Los rumores sobre Liavenna eran que estaba loca, tan demente como un plumero. O en todo caso un Plumero milenario.  Hace muchos años no sabía de ella y ni aun en el círculo de su especie tenían muy claro en que andaba la otrora Gran Dama de Urssgard. Le asombraba que aun la recordara.
-          -¿Qué quiere saber? - 

-       -Háblenos de cómo fue que Howar decidió enfrentarla. ¿Por qué no pidió apoyo a una compañía especial. De hecho la aerotransportada tenía una de esas unidades esperando entrar en acción si era necesario. Usted sabe…

-         -Mire no se que tenía en mente Howar esa noche. Pero creo que ninguno de nosotros creía que fuera ser necesario llamar a esas gentes que usted dice. Para empezar, hasta esa noche la piba no había hecho nada que llamara nuestra atención. Y supongo que para cuando nos dimos cuenta que no era humana era demasiado tarde.
-         -Pero si podían…
-       -No, mire. Nosotros no éramos precisamente un grupito de conscriptos. Aun el chiflado de Tigre era un hombre de probado talento a la hora de pelear. Entiendo a donde va. Pero aun si ella hubiera sido una… ¿Cómo los llaman?. 
      - Dracidas. -Contesto la otra voz de acento Helleniano. 
 
     -Aun sí ella hubiera sido una de esas cosas lo hubiéramos manejado sin problemas. Oiga, éramos todos veteranos de guerra, habíamos estado trabajando en operaciones clandestinas en el extranjero hasta hace un año atrás. Lo mejorcito de Himburgo.

-Además estábamos armados hasta los dientes. Desde el Cocoon también despegaban vuelos clandestinos repletos de armas a otros países. Teníamos minas Claymore, lanza cohetes Brusos  R.P.G, armas de gran calibre. Le puedo asegurar que usamos el mejor equipo disponible y preparamos la trampa tal y como Howar había ordenado.
-      - ¿Entonces? Tenían las armas, la experticia, el apoyo… ¿Qué paso? ¿Cómo fue que terminaron todos muertos?
-      -Mi abuela diría que el Diablo metió la pata. Aunque claro no creo en esas cosas. Pero bien podía empezar a hacerlo ahora. Si no pudimos con ella fue simplemente porque no era posible. Ni para nosotros ni para nadie de este mundo, viejo.

***
Lily podía escuchar los gritos de Ipsis detrás de ella. Le había sacado una buena ventaja al grupo y estaba alcanzando la curva donde el jinete había caído. La flecha que utilizó tenía un poderoso sedante hecho con veneno de Groul, capaz de poner a dormir un elefante. Sin embargo, por obra de los hados, no acertó al hombre sino a los muslos del equino. Este se desplomó instantáneamente y rodo algunos metros abajo hasta una canaleta paralela al sendero. En mitad de la noche podía escuchar con claridad a Shader forcejear para sacarse de encima aquella bestia. Le sorprendió que le tomara tanto tiempo siendo este un Dracida.

La Jethi saltó hasta la posición de su enemigo y lo vio allí tendido junto al caballo propinando todo tipo de insultos al mismo. Cuando la vio Shader empalideció.
 – Piedad…piedad…- Musitó nervioso. Lily le pegó una patada en la cabeza que hubiera quebrado el cráneo de un hombre mortal. – Ahí tenes tu piedad. – Luego gritó a grandes voces a sus compañeros – Acá estoy. Ya lo tengo. –
-        Tengo mucho oro…mucho oro…te lo daré todo.
-      Bueno, pero que sea rápido….- Dijo Lily poniendo el filo de la espada en el cuello de Shader. Temblando este le lanzó un saquito bastante cargado.
-         Gracias. – Lily volvió a patearle la cabeza.
-         ¡Para! – Rogó Shader.

La Dracida escuchó el sonido de pasos lentos venir detrás de ella. A pesar de la oscuridad que dominaba el ambiente imaginó que se trataba de sus compañeros. Después de todo un Dracida siempre puede sentir a otro cuando se encuentran cerca. Experimentan una sensación similar a un escalofrió.
-         ¿Por qué se tardaron tanto?- Preguntó la Dracida.  Pero no obtuvo respuestas. Cuando Shader irrumpió en una risita infantil se percató de que estaba en un problema. 

-          No tenes idea de con quién te metiste pendejita…Shiga Nagga Koligan. Dijo Shader  mirando por sobre el hombro de Lily.

Lily no había terminado de escuchar aquellas extrañas palabras cuando sintió que dos enormes manos la tomaban por los brazos con tanta fuerza que temió ser aplastada. Dedos gruesos con uñas largas o quizás garras. Sin ningún esfuerzo esas manos la arrojaron con una fuerza bestial. Lily se desplomó sobre unos arbustos y rodo dos metros. Aun confundida puso una mano sobre el suelo para levantarse. Sin embargo fue aferrada por los cabellos produciéndole un ardor insoportable en las sienes. Dio un codazo hacía atrás con todas sus fuerzas a su atacante, pero fue como impactar una pared de piedra. Nuevamente fue lanzada, en dirección opuesta, y se golpeó la espalda contra un árbol joven. Perdió su espada.

Hizo lo posible por tomar el control de su Rettem, por enfocarse y cuando lo hizo solo vio una silueta de lo que parecía ser un hombre de gran tamaño, alto y fornido como Nehuen. Sus ojos pardos brillaban con intensidad en la oscuridad. Su andar era pausado, hasta calmo parecía. Lily buscó entre sus ropas una daga que guardaba en la cintura. La criatura desarmada no amilanó en su ataque. Le pisoteó la pierna e imprimió tanta fuerza que quebró su tobillo. Lily aulló de dolor. 

-         Te dejo con Tomy…- Escucho decir a Shader. – Se ha vuelto muy bueno en eso de matar…Se escabulló hacia las sombras cobardemente.

La Dracida recurrió a las artes de su orden. Abrió una mano en dirección a esa silueta y el aire por un momento pareció concentrarse allí. Cerró el puño y de inmediato volvió a abrirlo. Tras un sonido similar al que produce una botella de champagne al descorcharse, una fuerza invisible golpeó a su enemigo y lo hizo caer varios metros delante. Lily empezó a llamar a gritos a sus compañeros. Pudo verlos venir desde el camino arriba. 

-         ¡Cuidado!- Gritó. – Creo que es uno de Frigord y me acaba de hacer goma un tobillo.

Ipsis, Loitar y Nehuen bajaron por la pendiente procurando no desplomarse. El primero en llegar fue Nehuen. Una vez allí fue recibido por el invitado sorpresa con un golpe de puño que le dio en el oído, haciéndole perder el equilibrio por un instante. Luego recibió un rodillazo en el vientre y finalmente una patada en la cara que lo tumbo en el suelo. 

Loitar pensó en usar el fuego, pero temía rostizar a su amigo en el intento. Por lo que saltó sobre el desconocido e intentó hacer una llave para ahogarlo. Mas fue un intento fútil. El enemigo se desembarazó de él sin mayor problema y aterrizó cerca de Lily tras ser lanzado por los aires. 

Quien fuera el extraño sujeto de ojos pardos no tenía demasiado contemplación para con las mujeres. Ipsis le atacó con su espada, buscando cortar uno de sus brazos pero la criatura le propinó un terrible golpe en el rostro y esta cayó también.

Nehuen se levantó y rojo de furia tomó su masa de combate para estrellarla en el cráneo de su contrincante. Este, provisto de una agilidad que pocas veces había visto esquivó el ataque aun estando de espaldas. Tomó algo del suelo.
-         Cuidado…¡agarró mi espada!- Gritó Lily

El Dracida de Frigord pasó su masa de una mano a la otra mientras calculaba un ataque. Con todas las fuerzas que le quedaban le dio un golpe en el rostro, la criatura se tambaleó. Luego volvió a impactarlo en el estomago y su enemigo se dobló en dos. No gemía, no lloraba ni maldecía. No mostraba señales de dolor o de ira en la lucha.
-          ¿Podes? Preguntó Ipsis incorporándose lentamente.
-          Creo que sí.- Dijo Nehuen.
-          Qué bueno porque yo no…- Continuó Ipsis quejándose por la paliza recibida.
-          Loitar…luz, dame luz…- Dijo apresurado Nehuen.

El Dracida de Sigmund elevó su mano en dirección a una conífera cercana y esta se encendió como un árbol de navidad. De inmediato las llamas treparon por las ramas y las agujas generando una luz anaranjada y cálida. También les reveló el aspecto de su temible contrincante. 

En efecto tenía forma humanoide, pero su piel era de una tonalidad gris similar a la piedra. Sus músculos eran los de un hombre que ha pasado una vida ejercitándose. Torneados, duros y llenos de fuerza. El rostro tenía facciones que uno podría llamar semi humanas. Nariz pequeña, ojos grandes y brillantes, orejas en punta como la que dicen tenían los elfos en la antigüedad. Su mentón era prominente pero detrás de sus labios se escondían colmillos blancos que podían desgarrar la carne más resistente. No tenía cabello ni en la cabeza ni en ninguna otra parte de su cuerpo. Era tan lampiño como un recién nacido y no llevaba ropas. Sus piernas eran aun más gruesas que las de Nehuen. Para derribar una cosa así necesitarían un ariete y no tenían ninguno.

La criatura reaccionó ante el sortilegio de Loitar y lanzó un susurró en una lengua incomprensible. Azorados todos notaron como, aparentemente, acababa de lanzar un contra conjuro. El fuego empezó a extinguirse lentamente. Loitar pudo sentir en su propia piel que una fuerza fría e indómita se adueñaba de los alrededores.

Nehuen tomó ventaja de la distracción y le golpeó en la cabeza por segunda vez con la maza de combate. El enemigo soltó la espada producto del golpe. Nehuen la tomó en el aire. Lanzó un grito de guerra final y la clavó en su hombro con tanta ferocidad que la hoja recorrió todo el camino desde allí hasta sus costillas. Una sangre negra y vaporosa brotó al instante. Y sin embargo esa cosa seguía de pie, una ligera expresión de sorpresa se adivinó en sus facciones. Nehuen retiró el arma y le decapitó de inmediato. La cabeza calva cayo rodando a sus pies. El cuerpo se quedó parado como una estatua. Lily llegó cojeando desde atrás y le dio un golpecito. Finalmente el cuerpo se cayó. - ¡Y que te quedes así porquería! – Dijo. Y lo escupió enfadada. 

Ipsis se paró con ayuda de Loitar. Los cuatro en silencio se quedaron observando por un momento la criatura que acababan de matar. Nehuen se sentó exhausto sobre una roca y dijo: - Jefa…creo que hablo por todos nosotros cuando pregunto: ¿Qué-mierda-es eso?
Por primera vez en mucho tiempo la Dracida de Dalstein contesto:
-       No tengo la menor idea. Lo mejor será…- Ipsis no hallaba de pronto las palabras que buscaba, su lengua se adormecía. – Cr…creo..-

Para sorpresa de todos allí cayó al suelo inconsciente. Un pequeño objeto puntiagudo estaba clavado en su nunca.

-        ¡Ipsis!- Gritó Loitar pero tras sentir un pinchazo en la parte trasera de su cuello sufrió igual suerte. Lily le siguió. Nehuen, por ser más fornido resistió solo un poco más el veneno. Vio una extraña silueta encapuchada salir de entre los árboles, luego se sumió en un profundo sueño, de sopor o muerte no lo sabía. 

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