El Hechicero de Gadrass-Nun. Prólogo II
EL PRESENTE
Otoño del 99
de manejar en esta ciudad de mierda...
Roy Orbison
interpretaba Pretty Woman en una
grabación de la FM WALK. La radio que Ipsis tenía sintonizada esa noche en su
Ford. Una ligera llovizna caía sobre la ciudad de The Kings Valley, el cielo se
veía casi purpura producto de las luces de la metrópolis más grande del norte
de Himburgo. Sobre la Avenida los Gallegos Ipsis había detenido su auto frente
a Video Lanzadera, la famosa cadena
de Video Clubs que se caracterizaba por su casi guarango estilo amerikano de
decoración.
Un
Mc Dowals de Películas pensó la mujer tras tomar su
cartera. Nunca antes había ido allí, pero Darril había caído víctima de una
gripe y le había tocado a ella ir a alquilar la película que verían esa noche.
Aunque los Zombis Ninja no era
precisamente algo de su gusto, tenía sus muy privadas razones para querer ver
esa película.
Sobre la Avenida
principal de The Kings Valley los autos pasaban de a decenas. Dejando tras de
sí una fina cortina de agua en el asfalto. La lluvia le daba a la ciudad esa
tonalidad lustrosa, como recién lavada que a Ipsis le gustaba. Había llegado a
acostumbrarse a The Kings Valley. Siendo, por decir así, una chica de campo
nunca pensó que podría soportarlo.
Cerró la puerta de su
Ford y cuando se dirigía hacia el interior del local alguien la chocó por
accidente. Ipsis no llegó a ver su rostro, pero llevaba un traje gris de
aspecto costoso y una bufanda color azul. Se guardo sus puteadas para sí. La
gente de esta ciudad era capaz de acuchillar a alguien por las razones más
estúpidas que a uno se le ocurrieran. A pesar de tener el orgullo de ser la más
grande y cosmopolita de las urbes de Himburgo, Kings Valley también ostentaba
el mayor número de homicidios y robos en todo el país. Por suerte para Ipsis
ella vivía a las afueras en un barrio residencial llamado Wood-Pines. Y aunque
no estaba exenta de problemas cualquier cosa era mejor que vivir en The Kings
Valley, sobre todo en tiempos de crisis económica.
La mujer, vestida con jeans
y zapatillas cargaba un largo abrigo celeste. Además de su carnete de socia
llevaba allí algunas cosas un poco más útiles y peligrosas. Por muchos años
había intentado librarse de la odiosa costumbre de salir armada a la calle.
Además estaba segura que a un pandillero armado con una 22 no le intimidaría
demasiado una espada. Pero hay hábitos que la gente
como Ipsis no se puede dar el lujo de perder ni en un millón de años.
Cuando ingresó a Video
Lanzadera la cadena la recibió con sus carteles de novedades y estrenos. Sus
estanterías rebosantes de caramelos, pochoclo, chocolates y cualquier cosa
menos productos saludables. Parada frente a la caja empezó a buscar con sus
ojos la clasificación adecuada para algo cuyo título era “Zombies Ninjas”
¿Sería terror? ¿Acción? Aunque no era asidua al lugar le había pasado en
librerías encontrar El Señor de los Anillos en la parte de Ciencia Ficción. O
Historias de Terramar en “infantiles” Ni hablar de la ultima noverdad sobre Vampiros en "Clasicos Modernos"
Si había un trabajo que
ella sabía hacer bien era ser bibliotecaria. Ipsis era una
persona que no podía concebir la vida sin clasificar las cosas en un orden
claro y conciso. Sean películas, libros o cosas un tanto más tenebrosas. Iba a
preguntar a uno de los empleados con su uniforme azul y blanco cuando alguien
la aferró por un brazo. Ipsis giró algo consternada.
-
-Disculpe señora. - Dijo el cura de
cabellos oscuros rapados y piel muy pálida. Tenía acento Helleniano pero
hablaba bien el Himburgues.
-
-¿Sí? – Contestó Ipsis tras examinarlo con
el mayor disimulo posible.
- -
Estoy buscando la sección Religión.
¿Sabe donde esta?
La mujer hizo un rápido
examen de todos los carteles y señalo hacía el fondo del local. El hombre le
agradeció. Ipsis estuvo contenta de que no quisiera sacarle charla, pocas cosas
la incomodaban más que los extraños. Cuando vivía en el sur solo tenía que
lidiar con ellos cuando iba al
supermercado del pueblo. En The Kings Valley la gente tenía la costumbre
de ponérsele a charlar.
Aliviada, Ipsis se
decidió por la sección de acción. Encontró la cinta que buscaba, abonó en la
caja, dijo gracias y buenas noches con la más falsa sonrisa que sus músculos
pudieron generar y volvió al auto. No le tomó demasiado tiempo descubrir que
detrás de su Ford un Haudi negro había aparcado. Cuando ingresó en la cabina
vio al hombre de traje gris ingresar al carro detrás y poner el motor en
marcha. Llevaba la bufanda azul que había visto antes.
Tal vez fuera que no se
acostumbraba a vivir con tanta gente alrededor o el hecho de que le había empujado
unos minutos antes. Pero le resultaba algo sospechoso. Pensar en la posibilidad
de un secuestro exprés no era
descabellado. A pesar de ser una mujer dueña de una mente casi infalible había
caído presa del pánico gracias a su esposo. Devoto de una nueva religión humana
llamado Medios Masivos, muy en auge en ese entonces. Ipsis prefería FM WALK o
aun COUNTRY LOCO. Cualquier cosa menos un noticiero.
Dejó sus pensamientos
aparte y arrancó hacia la autopista Primer Ministro Alsidus Omar. Condujo con
la calma de siempre y se desentendió de todo mientras escuchaba el especial
sobre Roy Orbison de esa noche. La voz fantasmal cantaba I Drove all Nigth mientras Ipsis tomaba el acceso a la Omar y allí
se unió a aquella masa de autos y camiones con acoplado que formaban el
transito usual alrededor de las 20:30 horas. Las luces de las enormes torres
del centro de la ciudad se elevaban sobre la noche lluviosa como pilares
sombríos a media luz.
Los carteles de
publicidad se deslizaban hacia atrás con sus gigantografías sobre programas de
televisión, cadenas de comida rápida y compañías de celulares. El Futuro pensó como siempre lo hacía
cuando le tocaba manejar por la ciudad. Esto
es el futuro que tanto tiempo esperamos ver entonces. Video Lanzadera, Mc
Dowals y novelas de televisión…Creo que me quedo con los Blondies violadores...
El Haudi estaba detrás
de ella. De forma muy descuidada no había visto su patente, pero podría ser el
mismo. La ansiedad que caracterizaba y escondía Ipsis hace unos años a Darril
empezó a formar un cuadro de historias de espías y organizaciones secretas en
busca de ella. Se mordió el labio Vamos…cuantos
Haudis Negros hay en este país. ¿Cuántos toman la Autopista cada noche de
viernes? Dedicate a manejar. Es más probable que te hagas mierda en la
autopista por pensar pelotudeces.
Pero el Haudi negro no
se alejó ni tomó otra ruta. Cuando ingresó en Wood Pines le vio detrás de un
Wolks blanco. Su ansiedad comenzó a crecer de manera exponencial. Buscó en la
guantera un paquete de cigarrillos que su esposo había dejado allí. Un médico
le había dicho una vez que el tabaco calmaba la ansiedad. Tomó la caja de Amerikans roja y blanca y se prendió el
cigarrillo con el encendedor del tablero. E incapaz de contenerse pegó un suicida
giro en U que despertó la alarma de los conductores como también una catarata
de puteadas y bocinazos. Producto de la lluvia el auto por poco se sale de
control y las gomas chirriaron como un coro de alimañas en llamas. Tomó el
carril que iba en sentido contrario y observó los movimientos del Haudi. Este
siguió al sur por Garret Street hasta perderse lejos de su vista.
Ipsis paró el auto y se
desplomó en el asiento. Vio sus ojos azules en el espejo retrovisor y puteo a
sus adentros. Tenía que aprender a controlar esa ansiedad. Tal vez con un analista.
¿Sueña Mina? Oh los sueños sobre
monstruos y espectros son muy comunes. Puso en mute la radió y se quedó
allí fumando, escuchando la lluvia y el rugido distante de la autopista con las
llantas de los vehículos marcando el repetitivo ritmo. Tal vez no fuera tan
descabellado ir a un Psicólogo. Quizás podría hacer el tratamiento contando
medias verdades o simplemente narrar los eventos que había vivido con otros
nombres y figuras. Pero además de ser quizás demasiado complicado fingir algo
así se sentiría, como siempre, una importante pelotuda. Odiaba sentirse
examinada. Volvió a poner en marcha el motor.
***
Cuando llegó a casa
encontró la puerta abierta y vio al Haudi negro estacionado justo delante del
porche de su vivienda. Ahora sí…es un
buen momento para el Pánico. Sacó por debajo del asiento una pistola Whalter
PPK. Cargó el arma y le quitó el seguro.
Salió del Ford y caminó hacia el frente de su casa con un nudo denso en la
garganta. La Whalter estaba escondida en su bolsillo delantero. Su peso y el
frío del metal era algo que no sentía en muchos, muchos años. Su cuerpo y su
mente se prepararon para el encuentro.
Su vista se volvió algo más aguda, sus músculos
se endurecieron para poder soportar los golpes.
Cruzó el Jardín y llamó
en voz alta:
- - ¿Darril? ¡Darril! Te vas a cagar
muriendo de esa gripe si dejas todo abierto. Dijo Fingiendo normalidad. Una
silueta emergió por la puerta. Un sonido imprevisto casi la hace sacar la
Whalter del bolsillo. Era un estornudo de su prometido, parado en el marco de
la puerta.
-
-Deja de exagerar…iba ir a comprar
cigarrillos porque alguien anduvo de paseo en el auto donde los deje. – Dijo
Darril.
- -
Como si no hubiera escuchado antes eso
de “Me voy a comprar cigarrillos”. – Dijo Ipsis, olvidando el Haudi, la paranoia
y la ansiedad. Era su cabeza la que estaba mal. Ya estaba en casa.
-
-Me descubriste. Contestó Darril
sonriente. Ella le dio un beso sencillo en los labios.
-
-Te traje tu porquería. – Le extendio la película.
Darril no le contestó.
Ipsis se dio cuenta de inmediato que miraba por sobre su hombro ahora y parecía…
¿Asustado? ¿Curioso? - ¿En qué puedo ayudarlo señor? Dijo. Ipsis se aferró de
nuevo a la Whalter y se volvió hacia atrás lista para lo que sea. El sujeto de
bufanda azul y traje caro estaba justo detrás de ella. Llevaba un paquete
envuelto en papel madera en una mano.
-
-Disculpe la molestia. Dijo con un acento
que Ipsis le resultaba familiar. Al verlo a la cara no podría adivinar su edad.
Pero sin duda era uno de ellos. El corazón le subió hasta la garganta y tuvo
que luchar por parecer normal.
- -¿Es esta la casa de Mina Whiddens?- Dijo
amable el hombre de cabellos oscuros largos y ojos marrones de mirada calma.
-
-Soy yo. Que quiere. – Contestó Ipsis
poniéndose delante de Darril para protegerlo.
-
La Señora Liavenna Enarrmar le envía
esto. – Ipsis tomó el paquete.
-
-Que tengan buenas noches.
El hombre de la bufanda
subió al Haudi y se marchó.
***
Con
ese nombre parece que te lo hubiera enviado una Bruja…
Dijo Darril más tarde y no estaba muy lejos de la verdad. Ipsis no disfrutó demasiado
esa noche ni de la comida y ni hablar de la película. Pero tendría una función
privada tan pronto como Darril se durmiera. Porque en el paquete de papel
madera había un VHS con una etiqueta que decía
Teniente Erickson. 83
Una vez Darril estuvo roncando,
Ipsis se deslizó de la habitación a oscuras y cerró la puerta tras de sí. Tomo
el casete de larga duración. Uno de esos que pueden albergar hasta 3 horas. Parece que si va a ser noche de películas después de todo…
Introdujó el VHS en la videograbadora y la luz azul del sistema tomo la
pantalla. No hubo anuncios de estrenos, tampoco el logo de Flacsovideo o el texto obligatorio al inicio de cada film. Solo una
pantalla gris con logo y letras Militares:
Departamento
de Inteligencia Militar
ARCHIVO
CLASIFICADO
#45
TESTIMONIOS CASO COCOON CLUB
Un hombre apareció
sentado en una pequeña mesa de metal. Llevaba uniforme militar y en él podía
leerse su nombre Teniente Hall Erikson. El hombre parecía no haber dormido en
semanas, la forma en que sus dedos tamborileaban sobre la mesa le indicaba a
Ipsis que estaba muy nervioso. Sus ojos se volvían constantemente a la derecha
y luego al frente.
- -
Entonces…- Comenzó a decir una voz fuera
de cámara. – Usted afirma haber visto a esta mujer esa noche en el Hospital.
-
-Sí. Contesto el Teniente.
-
-Y está seguro que es la misma mujer que
esa noche atacó a usted y a su unidad en el Club.
- -
Sí hombre, ya se lo dije.
- -
Como puede estar seguro. Estaba oscuro y
el pueblo era un caos ese día. Había levantamientos civiles y manifestaciones
en las calles. – Dijo otra voz de acento Helleniano.
- -
Mire, cuando usted le vacía un cargador
a alguien y ese alguien ni se mosquea le puedo asegurar que se va a acordar su
cara toda la puta vida. Era como si no sintiera dolor o miedo. Solo caminaba y
arrollaba todo a su paso. ¿Entiende? Como un tanque soviético.
Ipsis
sintió que algo dentro de ella se movía al escuchar esa descripción “Como un
tanque Soviético”
-
Cuéntenos de nuevo, usted estaba…-
- -Estaba en el Ford Falcon de Howar esa
noche frente al Tronador Hills, el Hospital de Fixa Town. ¿Qué podía salir mal?
Era una pendeja de no más de 23 años internada en una cama semi muerta. Ni
siquiera íbamos a hacerlo nosotros. Howar convenció al Medico que la atendía de
hacer esa labor por nosotros. Habíamos hecho todo bien, no había nada que
pudiera salir mal....
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