domingo, 3 de noviembre de 2013

Las Notas De Loudwoods I

Nota del Autor

Bueno he aquí la primera parte de "Las Notas De Loudwoods" una serie de relatos que iremos publicando por aquí sobre dos Agentes de la MI5 (Un Dracida y una Vlaind) que investigan los extraños sucesos ocurridos en una bella y alejada comunidad conocida como "Loudwoods Valley". La historia gira en torno de diferentes misterios ocurridos en dicha ciudad como ademas sobre la extraña capacidad de su protagonista femenina para reparar de  manera asombrosoa  las desgracias ocurridas a través de su maquina de escribir. Lo demás lo descubrirán a medida que se publiquen los relatos. Si quieren una pequeña reseña sobre la trama hagan clic AQUÍ 

Las Primeras dos Partes serán para presentar a los protagonistas y ponernos en contexto. Luego de esto los relatos serán Autoconclusivos por cada Entrada que se publique. 

Esta serie de Cuentos transcurre 14 años después de "El Ritual de los Condenados". Al igual que el anterior toma lugar en la Balbania. Una tierra de fantasía tan antigua o más que nuestro mundo. "Las Notas de Loudwoods" transcurre en la modernidad, vale decir en una Balbania muy similar a la Europa que conocemos aunque con algunos adelantos tecnológicos ligeramente más avanzados y criaturas o razas sobrenaturales que aun persisten bajo el anonimato en el mundo humano.

Sus protagonistas pertenecen a las dos últimas razas provenientes de los Dioses en la antigüedad, Los Dracidas y los Vlaind. Si usted Ya esta familiarizado con este universo, continué con la narración sin demora. Si no es el caso  dejamos aquí  la introducción hecha para "El Ritual de los Condenados" donde se narra rápidamente lo esencial sobre este universo:

La historia que leerán a partir de hoy trata principalmente sobre dos razas. Los Dracidas, también conocidos como Jethis (Se pronuncia Sheti, como el de las nieves, si) y los Vlainds. Si imaginaron algo remotamente parecido a Vampiros tengo el agrado de comunicarles que están equivocados. Aunque ambos tienen en ese caso una similitud. Viven por muchos años y  los Vlaind son tan o mas hermosos que estos últimos. Pero volvamos a lo que vamos a leer...

En años muy, muy, remotos en Balbania hubo una pugna tremenda por el poder entre los Dioses, principalmente entre tres: Heills, Namidian y Killme. Esto esta bastante bien explicado en "Los Hijos de Mara" al menos hasta la mitad, por lo que les invito a que lo descarguen para mas información.

Estos tres poderes lucharon en su momento por controlar el mundo que dejaron sus Dioses antecesores y esa batalla tuvo muchas caras, primero se entorpecieron sus planes en las tierras donde habitan los celestes pero llego un momento en que el ultimo combate debió ser dado en la tierra de los hombres. Para ello Heills y Namidian se centraron en controlar de una forma u otra las vidas y almas de los pobres humanos. 

Namidian envió a su tercer hijo varón llamado Balabord a generar una especie con las propiedades y dones de  los cielos. Estos fueron los Vlaind, que llevan en sus cuerpos la belleza de los hijos de los Dioses, tienen el don de de modificar los objetos casi a su total antojo y son valientes, bravos como también educados y sabios. Los Vlaind fueron la ultima extirpe con sangre divina que llegó a la tierra y habitaron por muchos años en un reino conocido como Allion en el oeste del país de Himburgo.

Heills no tuvo la suerte ni el tiempo como para hacer esto, pues  fue asesinado por su sobrino producto de la lucha que llevaban a cabo los tres Dioses. Sin embargo le encomendó a su hijo Shannon que, para salvar a los hombres de las garras de Namidian, tomara el fuego de la vida, conocido como Rettem para los Dioses.  Un fuego que Heills había robado y atesorado por muchos años hasta que, poco antes de morir, decidió legar a ciertos escogidos para que se enfrentaran a los Vlaind.

Shannon, bajo las ordenes de su padre, tomo la vasija donde este fuego estaba contenido y lo transformo en una providencial lluvia que cayo sobre la tierra durante siete días y siete noches. Luego el Rettem se transformo en una sustancia común en la tierra que ciertos hombres acumulan en su cuerpo a lo largo de los años hasta que su potencial llega a despertar. Esos hombres son los Dracidas, los hijos del Dragón del cual el fuego provino en un primer momento. 

Los Jethis, valiéndose de este elemento que albergan en su ser obtuvieron ciertas habilidades que pusieron al servicio del bien una vez se le rebelo a su líder la misión de su difunto señor. Los Dracidas no viven para siempre como los Vlaind, pero si obtienen una juventud tan extensa que hoy en día nadie sabe decir cuanto tiempo tarde en envejecer un Jethi. Se cree según los estudios de sus eruditos que en verdad un Dracida comienza a envejecer una vez ha perdido toda voluntad de vivir en este mundo. Allí los alcanza el tiempo y el largo sueño de la muerte. 

Los Dracidas tienen una especial relación con los elementos naturales, una gran percepción para encontrar criaturas malignas o espectros y están en general muy conectados a las cuestiones sobrenaturales que rodean la vida. 

Motivados por una serie de errores, imposiciones divinas y pasiones difíciles de congeniar los Jethis y los Vlaind entraron en guerra unos cuantos cientos años antes de la modernidad. Tras muchas sangrientas victorias y derrotas de ambos lados la cuestión se termino por dirimir en los campos de Strickland, donde Balabord cayo muerto por la espada de un Dracida.

Los Vlaind se retiraron del campo de batalla muy acongojados, luego entraron en luchas por el poder entre los diferentes lideres y terminaron por separarse en distintas familias que se contentaron con vivir en el mundo humano recostados en las fortunas que obtienen al ser capaces de modificar los objetos (Solo imaginenen poder transformar una piedra en oro puro) Hoy en dia están bastante unidos en un conglomerado empresarial que domina la economía mundial. Por lo que la cosa religiosa ya no pega mucho en ellos. 

Los Dracidas no tuvieron un futuro tan venturoso, con la raza de los hombres comunes retomando el control de sus asuntos se encontraron perdidos en un mundo que ya no necesitaba de sus servicios. A diferencia de los Vlaind se dividieron en cientos de bandos y tipos distintos que terminaron por diseminarlos a lo largo del globo. Solo permanece incorrupto el Santuario del bosque de Hosmusilias, donde los Dracidas mantienen el estilo de vida que llevaron a cabo en el pasado y donde pueden pasar muchos años intentando creer que en verdad nada ha cambiado tanto. 






PARA MAS INFORMACIÓN:


Por último les recordamos que los links que dicen "Música" llevan a canciones que acompañan la narración al igual que en nuestro relato Anterior. Que lo disfruten :D



Sofia Weedweber

La Huida

Nothing Good was ever Free*




Viernes 31 de Octubre del año 5013 / Provincia de Real Himburgo 23:12 Horas. 



Una mole de acero estaba chocando las paredes de la casa. Peter movía sus manos en vano en la oscuridad tratando de proteger a Sofia del enloquecido demoledor, la cama y los espejos vibraban producto de los sórdidos golpes, a veces constantes otras más pausados. - Sofia...Sofia..- Gritaba a su prometida mientras a tientas, bajo una surrealista oscuridad, buscaba que sus manos la encontraran. La necesitaba.

El mundo cobro otros colores y matices completamente distintos. Cuando sus ojos se clavaron sobre el techo de su habitación Peter no pudo evitar sonreír. La vieja pesadilla de una bola de acero destruyendo su hogar se las había arreglado para mezclarse con la tormenta fuera. Los truenos eran el sonido que oía en pesadillas a modo de golpes. Aunque las ventanas en verdad retumbaban debido a su poderosa descarga eléctrica allá en los cielos.

- Sofi..- Dijo el Vlaind llevando su mano a la derecha. Sus dedos solo encontraron las finas y suaves coberturas de la cama. Peter ladeo su rostro y encontró que su prometida ya no estaba allí. De seguro había ido al baño o a la cocina en busca de un poco de agua. Después de todo Sofia tenía un extraño amor por las tormentas eléctricas, especialmente luego de haber leído Frankestein. Ella y sus mañas eran algo que Peter había aprendido a amar con el paso de los años.

Mientras el Vlaind aguardaba a que su pareja regresara a la cama recordó que ella había elegido mudarse al norte para escribir allí la que sería su primera novela. Tal vez en algún arranque de artista se encontrara escribiendo en su estudio al fondo del segundo piso de la casa del mirador. Una bonita construcción sobre una colina que daba a las montañas. Si bien estaba lejos de ser una Mansión Vlaind tradicional, la casa del mirador era el futuro nido de amor de su aun no concretado matrimonio. Por Peter, mientras los negocios de Bienes raíces que tenía allí anduvieran bien podrían vivir en el bosque como salvajes.

Escucho distintos sonidos venir desde el estudio. Sin duda estaba escribiendo o algo así. Pensó que lo mejor sería ir donde estaba para ver que todo iba bien. Aunque pensándolo mejor ¿Que podía ir mal? No era la primera vez que Sofia se levantaba de la cama para escribir algún articulo del periódico o bien volver a intentar comenzar aquella novela. Ella era muy perfeccionista en lo referido a su profesión, se preocupaba demasiado por la calidad de su trabajo. Peter siempre le dijo que era exactamente debido a  eso que parecía nunca terminar "La Fortaleza de las Tormentas". El había leído los primeros capítulos y realmente le había gustado mucho. Pero Sofia siempre llegaba a la mitad y luego comenzaba de nuevo, así  había pasado 3 años.

Extrañamente curioso Peter se puso su pijama y fue a ver en que andaba su prometida. Después de todo era fin de semana y aun no había llegado el Sexo salvaje tan postergado por su trabajo. Quizás, enfundada por los hados de la escritura Sofia quisiera descargar las tensiones de su trabajo revolcándose hasta el amanecer. La noche lluviosa y tormentosa le daría el ambiente perfecto para un poco de intimidad junto a la chimenea de la planta baja.

El muchacho salio del cuarto hacia el pasillo oscuro que llevaba al estudio. Poso sus manos sobre la llave de luz pero esta solo soltó un clic en vano. La luz se había ido. - Puta madre - Dijo con voz somnolienta. ¿Como iba a escribir Sofia con la luz apagada? Ah es cierto su prometida solía escribir en una vieja maquina de escribir, incluso los artículos que hacía para el diario. Otro de sus "Caprichos" de autora. Cuando Peter le pregunto porque no usaba la Notebook le había contestado que aunque la batería durara 1000 años no era a prueba de fallas. En cambio la maquina de escribir solo necesitaba tinta, papel y manos. A pesar de que fuera una vieja Erfurt Helleniana, pesada y bodoquesca (sic) su prometida la llevaba en una valija añeja a todos lados con ella.

Entre las luces de los relámpagos que se filtraban por los ventanales de la casa, Peter camino hasta el estudio y golpeo la puerta. Cuando apoyo un poco su oído sobre la gruesa y fina madera escucho algo extraño. Sin duda no era el sonido de una maquina de escribir, ni siquiera de una computadora. Era...¿Un Sollozo? Volvió a prestar atención al sonido, entre los tronidos no le quedo claro si estaba riendo o llorando.

Oh sí, Peter estaba esperando esto. Era la típica histeria antes del casamiento, en dos meses iban a unir sus vidas para siempre. Y "Para Siempre" en términos Vlaind es, básicamente, la eternidad. Aunque claro que hace muchos años el Divorcio había sido introducido entre las practicas aceptadas en la raza, ambos sabían que estaban hechos el uno para el otro. Sin embargo Sofia era una chica muy ansiosa y nerviosa. Toda la semana desde que le anunciaron que estaban considerando ascenderla en el North View y que le iban a dar una columna de opinión semanal en la contra tapa, su pareja había estado como leche hervida, pasando de la euforia y el enojo al llanto interminable.

Para su prometido tenía con seguridad algo que ver con la realización de sueños. Sofia había trabajado muy, muy duro para ser periodista. Para su padre Walter era minimamente malo y mayormente una desgracia que su nenita quisiera jugar a la humana. Los Vlaind solo trabajan con Vlaind, es una de las leyes más viejas de la raza. Claro que hay excepciones, especialmente en el área de negocios, pero si no es una cuestión de dinero o de progreso para la casa, entonces no es bien visto. Sin contar con que ya de por si un Vlaind no cuadra demasiado en el mundo de los mortales. Salir de la burbuja del mundillo de los hijos de Namidian no era algo que un Vlaind deseara, después de todo la pasaban muy bien entre ellos, con sus fortunas, su política y sus lujos.

Peter tomo aire y abrió la puerta listo para abrazar y contener a su amada novia. Cuando así hizo encontró unas velas sobre el escritorio iluminando de manera tenue el cuarto estrecho, más los cajones y el guardarropas estaban revueltos por todos lados, casi vacíos. Sofia estaba de espaldas intentando cerrar una valija que parecía tener deseos de vomitar kilos de ropa. La maleta de la maquina de escribir estaba en el suelo, aguardando ser tomada por su dueña para salir corriendo de allí. Sofia tenía sus cabellos atados, llevaba un traje colorado y puteaba por no poder cerrar el equipaje. No se percato de Peter hasta que este hablo.
¿Lo estaba dejando?
- Emmm Cielo...-Dijo Peter con su voz de correcto burgués norteño.
Ella no le contesto, sus pequeñas manos intentaban forzar al máximo la valija.
- ¡Que idiota que soy!- Dijo ella como si hubiera olvidado algo de extrema importancia. Paso sus manos por el cierre utilizando el poder Vlaind para modificar la materia, el cuero viejo se ensanchó en breves segundos luego que una suave estela de luz dorada recorriera sus lados. Con el tamaño ampliado por el don de Namidian Sofia metió lo que faltaba: La maquina de escribir.
- ¿Sofi?
Seguía diciendo Peter sin entender que carajo estaba pasando.
Si amigo, creo que te esta dejando... 

Los que pertenecen a la Orden de Balabord como Sofia guardan dentro de sí una suerte de fuerza increíble procedente, supuestamente, de su ascendencia: El propio hijo de Namidian. Esto provoca que sean tan orgullosos como obstinados, mas no tontos o locos como otros. Simplemente algo de su hado es más divino que el del resto de los Vlainds y por ellos tienden a ser poco democráticos a la hora de tomar decisiones.

Peter perdió un poco la paciencia, se acerco a su prometida y llevo su mano a su hombro derecho. Una especie de corriente eléctrica le hizo retirar la mano de inmediato como quien toca a otro luego de haber cargado estática en una alfombra. - No Peter.- Dijo ella sin siquiera mirarlo.
- ¿Me podes explicar que estas haciendo...? Pregunto Peter lo más calmado que podía-
Ella ladeo su rostro para clavarle sus ojos verdes en los azules de Peter. Fue la primera vez que Sofia lo asusto de verdad. Su mirada era tan poderosa y arrasadora como los relámpagos de la tormenta fuera. Solo dijo  dos palabras:
- Me voy.
-¿Que?- Grito su prometido totalmente azorado.
Los ojos verdes de Sofia soltaron dos rápidas lagrimas sobre sus níveas mejillas. - ..Me voy..
- Espera un segundo.- Dijo el llevando sus manos al equipaje
- ¡No lo toques! grito ella de pronto alejándolo.

Era el casamiento. Por seguro que eso la había tenido tan ciclotimica la última semana. Un amigo del trabajo le contó que debía estar preparado para este tipo de situaciones. Incluso los Vlaind sienten nervios al tomar decisiones tan transcendentales. Una persona tan sensible como Sofia era la candidata perfecta para este tipo de ataques de histeria.


- ¿Quieres que nos tomemos un tiempo antes de la boda?-
- No tiene nada que ver con vos ni con la boda. Solo me tengo que ir es lo único que se y lo único que puedo hacer por tu bien.

 Ya apenas podía reconocerla esta era otra mina, no era Sofia en lo absoluto.

Peter trataba de que su adormecido cerebro Vlaind reaccionara ante lo que sucedía. Tenía que ser una pesadilla.
- ¿Es algo con tu viejo? ...-Le dijo intentando imponerse, más su voz sonó a un ruego lastimoso. - ¿Tu papá esta bien?
Sofia se calzo el piloto negro que siempre usaba para hacer notas los días de lluvia. - No, no es nada que puedas entender Peter. Me tengo que ir, no se por cuanto tiempo y no se cuando vuelvo. Ahora, despeja la puerta.

Su prometido enfureció y la tormenta arrecio sobre la casa del mirador, sobre la noche y sobre ellos. Puso ambos brazos en el marco de la puerta. Su cabello rubio largo, casi ceniciento parecía blanco a la luz de los fulminantes. - ¡Me vas a explicar lo que te pasa! ¿Que te agarro? Nunca te vi así. Si es algo grave podes contar conmigo, eso ya lo sabes...

La Vlaind pareció ponerse aun más furiosa:
- ¡No necesito de tu ayuda!Lo único que requiero ahora, Peter, es que me dejes ir.
- Estas chiflada....
Sofia titubeo entre la honda tristeza que sentía y la rabia que la aprisionaba. Dijo con la calma del llanto:
- Si me Amas...correte de la puerta y no me sigas Peter, no me lo hagas más dificil...
Peter que era un sujeto bastante bondadoso pero que nunca había aprendido a imponerse le dijo:
- No, no hasta que me des una explicación de esta locura. ¿Que paso?

Sin tapujos Sofia lo corrió de la puerta, el intento atraparla pero se le escapo por poco. Mientras la lluvia golpeaba las ventanas del segundo piso y el viento aullaba entre los arboles de los bosques del norte Sofia comenzó a bajar las escaleras junto a la maleta con la decisión de uno de sus personajes de "La Torre de las tormentas"
- Me llevo el auto. - Dijo tomando las llaves.
Peter corrió detrás de ella y fue hasta la puerta de salida que Sofia estaba abriendo.
-¡No seas ridícula no podes irte así!
Al abrirse las hojas de la puerta de entrada el viento frió y las gotas de la lluvia ingresaron dentro de la casa.
- No hay nada que explicar. Y si lo hubiera no hay forma de hacerlo para que lo entiendas. ¡Chau!- Sofia intento cerrar pero Peter se interpuso y salio en pijama hacía la noche larga envuelta en la tempestad.

- ¡Voy a llamar a tu viejo! - Grito su prometido lleno de impotencia y de terror. ¿Que mierda le había atacado ahora?  - Él seguro tiene algo que ver, ese viejo de mierda te debe haber dicho algo en mi contra o te lleno la cabeza con boludeces. ¿O no?

Sofia fue hasta la Ford Explorer colorada estacionada al costado de la casa bajo unas bonitas tejas rojas
 - Llama a Namidian, no me importa Peter. Hasta la próxima. - Puso las llaves en la cerradura del coche. El Vlaind corrió hacía ella bajo la intensa precipitación, casi resbalando debido a la cantidad de barro en el jardín delantero de la casa del mirador.
- ¿Me podes decir al menos a donde mierda vas?
- Ya te dije que No. Es por tu bien y por el mio. ¡Sayonara! - Sofia tiro la valija en el baúl y se puso al volante antes de que su prometido la alcanzara. Cerró las ventanillas para evitar oír sus lastimeros ruegos. Encendió el motor con el pobre Peter golpeando la ventana del auto, sus gritos apagados venían como de entre la noche:
- Amor, ¡háblame Por Namidian decime que te pasa!. Rogaba una y otra vez.

La mujer de acero se desvaneció. Sofia no era una mujer ruda, nunca lo sería al menos por más de unas pocas horas. Peter vio como su rostro empezaba a formar una mueca de sincero dolor y sus ojos se cristalizaron. Tuvo dos o tres abscesos de llanto  con su belleza desdibujándose ante el inexorable dolor del abandono mientras ponía los cambios. Poso su mano en el cristal como tratando de alcanzar la suya. El sonido de su voz fue un chillido agudo y punzante, saliendo de sus labios con muchísimo esfuerzo:
- Chau...-
Música:
 Las ruedas traseras rugieron y la Ford salio disparada hacía la carretera bajo las gordas gotas de lluvia. Intentando mantener una compostura más o menos decente para cuando llegara al peaje a unos 5 kilómetros al sur Sofia encendió la radio para que la acompañase en su solitario viaje al sur. Iba a Blondres, la capital de Himburgo en la otra punta del país.

En la casa Peter se abalanzo sobre el teléfono inalambrico. Comenzó a golpear con sus dedos el numero del hijo de puta de Walter, su Suegro. Seguro que esta vez había cruzado la linea con Sofia y la había convencido finalmente de que no tenían futuro juntos. Los relámpagos iluminaron los botones del teléfono pero no emitieron sonido alguno al ser presionados. La luz se había ido junto con su prometida...

Al ver que la casa del Mirador se había perdido entre los bosques y las colinas de Real Himburgo, Sofia redujo considerablemente la velocidad y mientras las luces del antiniebla espantaban las sombras delante se largo sobre el volante en un llanto largo y sostenido.  "Ojala me choque, ojala me choque con un acoplado ahora mismo" pensaba mientras abrazaba el volante, súbitamente enjuagado por las lagrimas de Sofia. Se sentía la versión desgraciada de "Novia Fugitiva" O como Victor Frankestein yendo en busca de la criatura a la que le dio vida sin pensarlo dos veces. Huyendo como si hubiera hecho algo espantoso, cuando en verdad su poder o su maldición era todo lo contrario. Pero como todo gran poder podía ser usado tanto para el bien como para el mal, nadie debía saberlo, ni siquiera Peter. Dios sabe que haría su padre si supiera que su hija tenía el maravilloso poder de cambiar las vidas de las personas sobre las cuales escribía a costa de sus propios sueños. A costa de ser periodista, a costa de dejar a Peter en la casa quien seguramente estaba reviviendo el momento en que sus padre lo abandono. A costa de todo lo que soñó desde su adolescencia Sofia tenía el poder de reparar las desgracias de terceros.

Era una elección demasiado grande para alguien, incluso siendo una Vlaind. No lo pidió, no le rogó a Namidian en la ventana de su cuarto cuando miraba las estrellas de pequeña. No lo compro en el supermercado ni se lo regalaron para navidad, no lleno cupones para ganarlo en un concurso como la camioneta que manejaba, no lo heredo de su severo padre ni de su drogodependiente madre, ni salio de ella.

Pero ahí estaba, en su maquina de escribir: El poder de reparar lo que estaba mal, el poder de equilibrar la negra balanza de la infausta muerte, o de la llorona tristeza o de la sádica guerra. El Poder de hacer Justicia...de hacer el bien a cambio de todo lo que amaba y deseaba para ella. En pocas palabras, todo de lo que debía huir...

Los escurridores del parabrisas iban y venían delante de sus ojos, que intentaban en lo posible concentrarse en las lineas blancas de la ruta 4. Las gotas de la lluvia chocaban contra la delantera de la ford como un enjambre de pequeños y acuosos monstruos que se deshacían frente a los ojos de la conductora. Vio el  verde y lúgubre cartel al costado del camino que anunciaba:
Salida a Himburgo: 90 Km

Sofia imaginaba que no sería la primera señal de transito en el viaje que le recordara lo mucho que estaba alejándose de sus sueños de Periodista en Real Himburgo. Pero, como dice el dicho "Nada bueno fue gratis alguna vez" y vaya que ella entendía el significado de ello. Por lo bajo, en la radio, Roy Orbison se encargaba de hacer los honores en el reciente  funeral de su futuro matrimonio con "Its Over"

Música de Cierre


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